Esta es la primera parte de uno de los capítulos que me gustan mucho, debido a que no solo se están centrando en Stiles y Derek, sino que tomare los demás personajes.
Pregunta del dia: ¿Desde dónde leen? ¿De que país son?
Spam Time: Bueno, acabo de publicar una historia nueva, Hobrien para variar, y les invito a pasarse a mi perfil para leerla. Ya saben, no es obligatorio, solo una sugerencia. De nuevo muchas gracias, y sin más que decir, el cap.
You are mine
Capítulo 32: Historias I
Talia Hale verdaderamente comenzaba a pensar que las cosas estarían bien. Comenzaba a hacerlo.
Su vida no fue fácil, la de ningún Hale lo es en lo absoluto, eso lo aprendió de su padre cuando apenas era una niña.
Peter siempre fue el más pequeño, uno de los niños más problemáticos también, y habían decidido hacer una carrera por el bosque, atravesando toda la extensión de este hasta llegar al lago. Charlotte, su hermana mayor, en ese entonces solamente miraba con aburrimiento todo lo que hacían, sin importarle en lo más mínimo que hicieran un castillo de cajas, pero cuando ambos le propusieron correr, no se opuso, e incluso sonrió enormemente como siempre hacía cuando exploraban el bosque en busca de tesoros ficticios.
No tardaron absolutamente nada en salir corriendo. Esa fue la primera vez que vio a los Argent de cerca, cuando ella tenía quince años y Peter tenía doce, y ambos de inmediato se quedaron quietos, observando como aquellos hombres vestidos de negro colgaban algo de los arboles con curiosidad, e incluso Talia estuvo a punto de ir a preguntar que demonios hacían en su propiedad; al contrario, Charlotte, con dieciséis años de edad, solo les dijo que no hicieran ruido, tomándoles de las manos y escondiéndolos detrás de uno de los grandes robles.
—¿Qué están haciendo ellos aquí?—pregunto Talia en susurros, frunciendo el ceño. Recuerda eso como si hubiera estado ahí ayer, en la misma posición, su corazón latiendo con fuerza contra su pecho y el sentimiento de alarma recorriendo todos y cada uno de los rincones de su cuerpo—. Si papá se entera...
—No pueden invadir el territorio de un Alfa—dijo Peter—. Papá dice que...
—Papá no está aquí ahora—Charlotte dejó brillar sus ojos, de color dorado, y Talia y Peter lo hicieron en un movimiento de reflejo, los de ella de color rojo ya—. Escúchenme por favor, niños. Deben de correr. Corran lejos de aquí hacia la casa y díganle a papá que... que ellos volvieron.
—¿Y tu te quedaras aquí?—su hermano se puso a la defensiva de inmediato, frunciendo su entrecejo—. No te dejaremos, las manadas no...
—Por favor, váyanse yo...
Pero Charlotte no termino de decir nada en lo absoluto, puesto que un hombre se asomo por el árbol, con una gran arma que en ese momento Talia no logro identificarla lo bastante rápido, pero que sin dudarlo fue levantada en contra de ellos. El miedo que recorrió su espina dorsal no se comparo con el sentimiento de protección que le invadió, y sin pensarlo demasiado se coloco frente a Peter, sus ojos brillando antes de rugir con fuerza en una clara amenaza.
—Alfa—dijo el sujeto, levantando aun más el arma.
El hombre se sorprendió, y Talia juro que escucho el gatillo apretarse antes de ver como Charlotte se lanzaba contra el hombre, mordiendo con fuerza el brazo donde sujetaba el arma y arrancando un trozo de carne empapado de sangre que cayo con un sonido espantoso al suelo. la sustancia roja caía a borbotones, y el hombre dio un grito de puro dolor que de inmediato Talia relaciono con el aullido de un hombre lobo herido.
Estaba alertando a los otros.
Charlotte se separo, su boca llena de sangre goteando por sus comisuras y los ojos brillando en dorado.
—Corran.
No basto más para que Talia tomara a Peter y comenzaran a correr en dirección a la mansión, llorando, las lagrimas cayendo sin detenerse una tras otra como si sus ojos fueran llaves abiertas. Los sollozos espantados de su hermano incitándole a correr aun más por el rocoso camino.
Sin embargo, no conto con que Peter se caería.
—Charlotte...—pronuncio entre gemidos el pequeño, y no encontró otro modo de ayudarle más que tomarle en brazos, alzándolo y correr más rápido.
No habían llegado a la mansión cuando el aullido atravesó el bosque, seguido de un rugido que Talia de inmediato identifico como su padre.
No supo que sucedió después de eso.
Charlotte no volvió más a casa.
.
El hecho de estar en este momento rodeado de hombres lobo, ya era simplemente increíble. Que dichos hombres lobo estuvieran pidiéndole explicaciones a un cazadores que decía venir en paz, era aun más irreal, y aunque su vida es un poco, o demasiado, subrealista como para sorprenderse por algo tan mundano como las coincidencias, pero que dicho cazador sea el padre de la ex novia de tu mejor amigo, que además era su ancla, es sumamente irreal.
Ciertamente, Stiles sabe que su vida es un poco, o demasiado, surrealista como para sorprenderse por algo tan mundano como las coincidencias, pero aun así, no puede evitar hacerlo. El mundo es demasiado pequeño.
Exageradamente.
—Mi padre ha llegado a Beacon—dice Chris Argent, recargado en la mesa de madera algo negruzca del interior de la sala. Laura esta al lado de su madre, mirándole con la misma mirada inquisidora que te hace querer escupir todo lo que piensas para tratar de evitarla. Arthur está alejado de la mesa, y Derek está a su lado junto a los demás, incluso Charlie está presente en la reunión—. No sé exactamente lo que quiere, pero puedo decir que con tan solo ver su equipaje que no es nada bueno.
—¿Qué?—pregunta Stiles con ironía—. ¿En su equipaje hay viagra o algo parecido? No me digas que las galletas que trajo no tienen azúcar.
—Stiles—Derek gruñe, levemente, de esa manera que sabe no es intencional pero no puede decirlo de otra manera. Cuando el omega se gira para verle, los ojos verdes le miran con suavidad.
En ese preciso momento entiende lo que quiere decir, así que decide estar callado lo que queda de la reunión, o bien no abrir la boca solamente para comentar cosas sin sentido. Esto es serio.
Él no sabe quien demonios es Gerard, pero si están reaccionando de esa manera, la cual parece que se preparan para una guerra, es suficiente para comprender que quien quiera que sea es una mala noticia. Demasiado mala.
—Nada de eso—Chris se molesta lo bastante para contestarle, mirándole un momento antes de centrar su atención en Talia—. Trae consigo una jaula, la dejo en el sótano y solamente la he visto una vez.
—¿Una jaula?—Laura ahora sí luce interesada, inclinando la cabeza como una cachorrita que no comprende en un ademan que Stiles ha visto demasiadas veces en su propio Hale—, ¿tiene un perro o algo parecido?
—La jaula es demasiado grande para que sea de un perro.
—¿Estas diciendo que tiene un hombre lobo en tu sótano?—pregunta Peter, cruzándose de brazos, sospesando lentamente la hipótesis—. ¿Para que quiere un hombre lobo? ¿Atacarnos? ¿Experimentar nuevas armas letales?
—No lo sé aun. Pero no es nada bueno si es de Gerard la idea.
—No creo que planee nada con el hombre lobo—Stiles dice, sin siquiera medirlo y pensando en voz alta. Algo en todo esto se le hace demasiado familiar, tanto que cree haberlo vivido antes. Lo cual es algo irracional, si se tiene en cuenta que su experiencia más cercana con los cazadores fue con Kate.
Con Kate, las cosas fueron demasiado obvias, el hecho simple de secuestrar a Scott y Isaac fue tan...
Eso es.
—¿Qué? ¿Qué es?—Derek pregunta, y Stiles no tiene tiempo para pensar si lo dijo en voz alta o no, pero se gira a verlo, y a Laura y Talia.
—Creo que quiere hacer lo mismo que hizo Kate—dice, llevándose su mano al mentón para tratar de concentrarse, viendo el techo de la habitación, de un lado a otro, recorriéndolo con la mirada—, un trueque, cambiar... tener una moneda de cambio que funcione para todo...
—Eso no tiene sentido—Laura dice, mirándole con el ceño levemente fruncido—. ¿A quien utilizaría para hacerlo, en caso de ser cierto?
—No lo sé—dice, y de manera compulsiva recorre la sala con la vista. Scott, Cora, Isaac, Erika, Malia, los Gemelos, Arthur, Charlie... —. No falta nadie.
—No—Talia —. Si faltara alguien créeme que lo hubiera notado en seguida.
—¿No hay otro miembro en New York?—trata de darle sentido, en serio que trata, buscando algo que pueda usar Gerard para hacer daño, si ese es su verdadero motivo. Stiles sabe que el daño físico es nada comparado con el emocional, que mientras el físico sana, el sentimental persiste, completamente aferrado al subconsciente para que una persona lo recuerde una y otra vez.
Ese dolor es el peor que cualquier persona puede sentir. Constante, fuerte, lleno de desesperanza que le hace querer llorar a cualquiera.
—Solo a Elena pero...—Laura no termina la oración, porque de inmediato toma el teléfono de su bolsillo, marcando compulsivamente un número en él y llevándoselo a la oreja segundos después. Stiles no sabe cuanto tiempo pasa hasta que alguien contesta del otro lado, pero sí sabe que está prácticamente con los nervios a flor de piel—. ¡Elena, gracias a todo!—dice de forma aliviada—, soy Laura. ¿Cómo estas? ¿estas bien? ¿No hay cazadores rondando? —pasa unos cuantos segundos hasta que la Hale vuelve a hablar—. De acuerdo, si solo... ten cuidado, y ven cuanto antes. Por favor.
Y con eso cuelga.
—¿Y bien?—pregunta Stiles, siendo al parecer el único que no ha escuchado la conversación—. ¿Cómo esta?
—Está bien, en la universidad. Cash y Jimmy la han adoptado a su manada mientras tanto—Laura niega con la cabeza—. Dijo que vendría en unos días, pero es mejor tener a todos los aliados posibles pronto si es que Gerard intenta algo.
Stiles frunce el ceño, comprendiendo.
—Entonces... ¿por qué tiene un hombre lobo?
—Cualquier plan de Gerard es lo bastante retorcido para que no cualquiera pueda descubrirlo—dice Peter, frunciendo el ceño.
Suelta un suspiro de frustración, mirando hacia ningún lado en especifico.
—Aun así...
—¿Cómo sabemos que no es una trampa, Chris?—Derek gruñe, tensándose en dirección al hombre—. ¿Qué no nos traicionaras como hiciste con Peter hace mucho tiempo?
—¡Oye!—trata de protestar el Hale mayor, pero Chris le ignora por completo, hablando directamente a Derek solamente ante los atentos ojos de Talia y Laura.
—Yo no mentiría respecto a esto. Solo quiero lo mejor para el pueblo, y definitivamente una guerra no lo es—él también gruñe, y se impone, sacando el pecho de una manera que le recuerda a Stiles que es un Alfa ante todo. Derek no se deja amedrentar tan fácil, y le mira de la misma manera, sus ojos brillando peligrosamente sin llegar al carmesí sobrenatural—. Y aún así, el lado de Gerard siempre traerá más bajas de las necesarias. No los traicionare.
Laura no interviene en lo absoluto en la pelea de miradas, ni Talia, y Stiles sabe perfectamente porqué. Derek es un alfa. Debía de hacerse valer como tal.
—¿Y por qué venir con nosotros? La pelea se hubiera ahorrado si nos hubieran eliminado como Kate planeo hacerlo. ¿Por qué no simplemente dejarnos morir?
Argent gruñe, frunciendo el ceño.
—No me quedare de brazos cruzados viendo como mi hija se convierte en una asesina.
«Así que era eso»
Stiles puede ver claramente como Scott se tensa por la mención de la Argent, e incluso como Isaac le toma del brazo antes de que haga una tontería. Allison es su amiga, cualquier persona lo sabe, y por lo mismo, que Chris dijera que... no, es impensable, inimaginable, Allison sencillamente no puede matar a nadie. La simple idea es aberrante a los ojos de Stiles.
Sin embargo, eso era lo que piensa de los cazadores, lo que hacen, matar a los hombres lobo que rompen con su código, exterminándolos como si fueran plagas que no sienten ni piensan. De acuerdo, que ninguna persona puede mayar a otra, y eso incluye también a los lobos. La vida es algo que cualquier persona querría, un derecho simple que nadie puede arrebatar. Un asesino es un ladrón de vidas, de almas y esperanzas.
Allison simplemente no podía hacerlo.
Nadie en lo absoluto se da cuenta como Peter sale de la casa.
.
Chris Argent caminaba de manera distraída entre los arboles del bosque, el musgo que se adhería a sus zapatos y a los pies de sus Jeans comenzando a convertirse en una molestia. Suspiró, demasiado alto al parecer, pero no podía evitarlo.
Su padre de nuevo regresaba de una cacería, charlando con sus compañeros y mostrándole los nuevos descubrimientos que había agregado al bestiario. Gerard era en todos los aspectos un gran padre, una persona que te enseñaba a mejorar tu potencial, y la única a la que quería hacer sentir orgullosa.
Sin embargo, hoy había sido su primera prueba, la demostración de estar listo para ser por fin un cazador, o al menos entrenar como uno. Chris ya tenía más de dieciocho, casi veinte, lo suficiente como para comenzar a entrenar de una buena vez por todas. No obstante, el resultado no fue lo que ninguno esperaba.
Era simple. Desatarse de un silla, salir por la puerta y decirle al guardia que lo había hecho.
Cuatro horas y quince minutos habían pasado cuando Chris por fin salió. Mucho más que el de los otros.
Y ahora solo podía caminar por el bosque, el sentimiento de haber decepcionado a su padre rodeando por completo sus huesos, y sus botas haciendo ruidos secos en el musgo.
O al menos hasta que vio a un joven recargado en un árbol.
—¿Perdiste algo en el bosque?—comento como si nada el joven, sonriéndole un poco.
—No es de tu interés, chico—Chris bufo, mirando a los alrededores—. Ahora vuelve a tu casa.
—¿Por qué?—el chico fingió demencia y le miró confundido.
—Porque es peligroso.
Él, como cualquier otra persona, sabia que no era común ver personas rondando por el bosque tan tarde, sobre todo no después del toque de queda que habían levantado por los constantes ataques animales que había tenido la zona—los cuales, irónicamente sí habían sido provocados por un león de montaña—. No tardo mucho en darse cuenta que el joven no era para nada común.
No cualquiera tenía garras en lugar de manos.
—¿No me tienes miedo?—pregunto el chico, observando con interés como jugaba con sus garras. Chris frunció el ceño, sabiendo que el joven no podía ser mayor a quince años.
—¿Debería?
—Bueno, tu dijiste que había cosas peligrosas en el bosque. Y yo soy peligroso.
—Estoy acostumbrado a lidiar con cosas peligrosas—de manera nada discreta, enseñó el arma que tenia en el cinturón, y el joven solo alza una ceja en su dirección.
—¿Cazador?—bufó, mirando hacia otro lado—. ¿Por qué no me sorprende? Además eres un Alfa ¿no?
—Creo que no debes fraternizar con el enemigo.
—Si viera un enemigo por aquí, tomaría ese consejo en cuenta—le guiñó el ojo.
Chris solamente le miro un poco más, antes de comenzar a caminar de regreso al pueblo donde había estacionado el coche.
—¿A dónde vas? ¿A entrenar para ser un gran perrero?—el joven dijo a sus espaldas, y le sintió caminar hacia él.
—¿No es un poco ofensivo para tu especie hacer chistes de perros? —pregunto, tratando de en serio borrar la sonrisa que estaba amenazando con aparecer en su rostro.
—Los cazadores dicen chistes de perros todo el tiempo. Solo estaba hablando tu lenguaje. Además, si a lo que vas es a entrenar, yo puedo hacerlo.
Eso fue suficiente para que Chris se girara, mirándole con impresión en sus ojos. El chico solo sonrió.
—¿Quieres entrenarme?—pregunto de manera incrédula—. ¿Por qué entrenarías a una persona que lo único que quiere es matar a los tuyos?
—¿Y que mejor que un hombre lobo para entrenar a un cazador a luchar contra hombres lobo?—el chico acercó su mano hasta la nariz de Chris, dándole un golpecito—. ¿Aceptas?
Chris lo pensó, en serio que sí, las consecuencias y los beneficios, pero lo único que imaginaba en el futuro era la sonrisa de su padre, orgullosa, como la que dedicaba a Kate todo el tiempo.
Él quería también una sonrisa como esa.
—Acepto.
El joven asintió, antes de girarse y caminar hacia el bosque.
—Por cierto—dijo antes de perderse por completo en los arboles—. Me llamo Peter.
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Peter se convirtió en su entrenador personal, y se encontraban en el bosque por lo menos tres veces a la semana desde ese día. Pronto descubrió que era una persona a la que le encantaba usar la ironía y el sarcasmo para hacer chistes que de vez en cuando casi le sacaban una que otra carcajada, y que además de eso era un luchador innato.
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Después de unas semanas, Peter llego mucho más tarde de lo normal. Habían acordado quedar a media noche, cuando su padre se iba a los recorridos por el pueblo, en uno de los territorios que les era prohibido a los cazadores entrar. Chris solamente le vio un poco, mientras él bufaba, maldiciendo por lo bajo.
—¿Estas bien?—pregunto, y Peter solo negó con la cabeza.
—No. No lo estoy. Mi hermana de nuevo cree que soy demasiado inmaduro como para darme un lugar en el circulo interno—bufo de nuevo, dejándose caer en las camas de hojas que se formaban naturalmente.
Chris solo se quedo callado, levemente, pero Peter no terminó ahí, y siguió quejándose en voz alta.
—Entonces mi padre estuvo de acuerdo con ella, diciendo que no, que soy un irresponsable... ¿Y sabes que? ¡Su Omega está embarazado! ¡De nuevo! La pequeña Laura apenas esta aprendiendo a caminar y ya vuelven a meter un pan en el horno. Y sí en la casa hay muchas personas que...
—Peter—interrumpió, de inmediato, tomándole los hombros—. Respira.
—Soy un hombre lobo—Peter bufo, fastidiado, pero hace caos, respirando profundamente—, no necesito respirar...
—Sigues siendo humano, idiota.
El chico joven le sonrió cuando dijo eso, moviendo sus cejas levemente, con travesura.
—Acabas de decir que soy humano.
—Sí, lo dije—Chris giro su vista hacia otro lado, con incomodidad. Si su padre se enteraba, estaba muerto.
—Eso es lo más lindo que nunca me había dicho un cazador—no pudo evitar no reparar en el tono coqueto, y cuando le miro, no le sorprendió encontrarlo demasiado cerca de su rostro. Y tampoco hizo algo para alejarlo—. Lo más lindo que tu me has dicho.
—¿Y eso que?—no, definitivamente Chris no se sonrojo. Eso solo... fue la luz.
—Bueno, mis padres me enseñaron a agradecer un cumplido.
Y eso es todo. Chris sintió labios en su boca, suaves, jóvenes, mucho más jóvenes que los suyos, y se separo un poco, simplemente para murmurar levemente un "soy mayor que tu" que Peter mando a la mierda tan rápido como volvió a unir sus labios.
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—En serio—Stiles dice, por enésima vez desde que esta en su posición en un árbol. Sí, un árbol, leyeron bien, al parecer los lobitos le vieron complejo de gato, o mono araña, y le mandaron a vigilar la casa de los Argent desde el árbol del vecino—, recuérdenme porque estoy haciendo esto antes de que me vaya a casa.
—¿Por qué eres un buen amigo?—dice la voz de Isaac en su oído, por el auricular que Peter elocuentemente traía consigo
(—Siempre he querido ser espía—había dicho el Hale, encogiéndose de hombros mientras repartía los auriculares)
—Porque te necesitamos—esa es la voz de Derek, y Stiles suspira, asintiendo con la cabeza para él mismo.
Sí, es verdad, piensa, antes de tomar los binoculares y observar por la ventana de la estancia, donde un anciano aparentemente inofensivo prepararse una taza de té. La casa está completamente rodeada por lo que es ceniza de cerval, la cual, según entendió Stiles la explicación rápida de Talia, repele completamente todo lo sobrenatural.
Lo que deja, por supuesto, al humano de la manada como única opción para averiguar los planes de Gerard.
Sin embargo, ninguno pensó que esos serian prepararse cuatro tasas de té en un día.
«Lo que gano por tratar de ayudar...»
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Derek definitivamente no está tranquilo, cualquier persona lo nota cuando este entra por la puerta de la veterinaria seguido de Peter. Laura lo sabe mucho antes de que entre, pero sabe que es completamente normal.
Ni siquiera puede imaginar a su madre sin Arthur, y lo mismo sucede con su hermano y el omega humano. No obstante, no es momento de pensar en eso en lo absoluto, se recuerda, tomando de la repisa de Deaton las hierbas medicinales que este le indico antes de salir por algo a la bodega trasera; es momento de pensar con la cabeza fría y buscar soluciones.
—¿Los betas?—pregunta Laura, sin girarse a verlos y más concentrada en tomar la raíz correcta para la poción sanadora en caso de emergencias.
Peter atrás de ella suspira.
—Fueron con Chris a retirar los sensores—explica—. Debo decir que tus betas no son las personas más inteligentes del mundo.
—Te estoy escuchando—Isaac dice con molestia a través del auricular, y el mayor no puede evitar sonreír burlonamente.
—Esperaba que lo hicieras.
—¿Qué sigue?—pregunta Derek, cruzándose de brazos, lo sabe sin verle, conociéndolo perfectamente como la palma de su mano.
Laura se gira, sonriéndole levemente mientras mete el frasco a la bolsa de tela que traía consigo. Mira a su hermano una sola vez antes de abrir la boca para contestar, pero Alan Deaton, cargando en sus brazos más recipientes similares a los que encontró en la repisa, le interrumpe antes de comenzar.
—Su madre dijo que necesitarían estos—dice, colocándolos sobre la mesa de metal en la que Stiles reposo la ultima vez que estuvieron en la enfermería.
Derek es una de las personas que, ante todo, recuerda cada una de las cosas que han pasado a lo largo de su vida, y precisamente por ello fue que eligió ser maestro de historia, puesto que era demasiado sencillo memorizar las fechas y hechos. El estar ahí hoy, con Stiles lejos en el territorio enemigo, y pensando simplemente que si el humano es descubierto no podrá salir es...
Ruge, sintiendo su Alfa tensarse debajo de su piel como una segunda alma aferrándose con garras y dientes a la suya, tirando con fuerza, queriendo salir, destrozar, proteger, buscar a su Omega y llevarlo en donde definitivamente no será lastimado nunca. Pero sabe que eso no es posible, principalmente porque no puede desobedecer a su madre de esa manera tan directa hoy, cuando más necesita que sus betas estén unidos.
Y lo único que puede hacer, mientras siente como Peter y Laura le detienen de los hombros para que no cometa una locura, con sus ojos rojos brillando con fuerza; es pensar que todo saldrá bien.
Aunque eso sea engañarse a sí mismo.
