Capítulo 37
Un inventor en apuros
Todos se asomaron para verla, estaba con la piel de color violeta y los cabellos de color verde, sus ojos eran como los de un lagarto y sus uñas eran de unos diez centímetros de largo
Fred, que ya estaba vestido, salió de su dormitorio, bajó las escaleras y la enfrentó
- Disculpa…
- ¿DISCULPA? ¡LO QUE MENOS TE MERECES ES UNA DISCULPA! – Le dijo ella he intentó golpearlo, Fred se hizo a un lado para evitar el golpe, ya que las afiladas uñas podrían lastimarlo y así, uno a uno eludió los intentos de la chica por pegarle. - ¡QUÉDATE QUIETO! – ordenaba
- Puedo explicarte – le decía él
- UN CUERNO…
- Si no me dejas decirte lo que sucedió, deberás alcanzarme – retó él y salió corriendo de la sala común.
Ella lo siguió y también toda la casa de Griffindor que no querían perderse la pelea, incluido George que intentaba alcanzarlos para asumir su responsabilidad pero los muchachos se conglomeraron en la puerta y debió aguardar para salir.
La pareja llegó al campo de Quiddicht y Fred tomó una escoba y salió rápido volando, Angelina lo imitó e intentaba darle alcance, pero el chico era muy veloz.
- ¿Me dejarás explicarte? – Le decía Fred
- ¿QUÉ QUIERES EXPLICAR? ¿QUÉ TE BURLASTE DE MI? – Ella estaba furiosa y no era para menos, parecía un fenómeno
- Podrías confiar en mí – le reprochaba él
- ¿CÓMO PUEDO CONFIAR EN TI? ¡SI LO ÚNICO QUE HACES ES GASTARLE BROMAS A TODO EL MUNDO!
- No contigo Angelina, no contigo – Fred intentaba disculparse mientras continuaba eludiéndola.
- ES MI CULPA – gritaba George en el suelo, pero ella no lo escuchaba, entonces tomó una escoba y subió – ES MI CULPA – repitió llamando la atención de Angelina que se detuvo en el aire
- ¿Qué dices? – Preguntó la chica
- Que fue mi idea, Fred no lo sabía, yo pensé que tu no le gustabas, no sabía que estaba loco por ti, no al menos en términos románticos – aclaraba – Y cuando le dije que ese collar te gustaría y él asintió pensé que quería gastarte una broma, nunca me imaginé que quisiera salir contigo – luego miró a Fred – lo siento, en verdad, lo último que querría en este mundo es perder a un hermano, mucho menos a mi gemelo – aclaraba
- ¿Y eso? – Preguntaba Angelina
- Fred me dijo que si te enojabas con él, no me hablaría más, así que por favor, él no tiene nada que ver, te digo la verdad – agregó mostrando el ojo morado por el golpe que le dio su hermano la noche anterior
- ¿Tu le hiciste eso? – Le preguntó Angelina a Fred y este asintió – Nunca creí que pudieras pelearte con George, mucho menos por mí – declaró Angelina mas calmada.
- Disculpa George, no debí golpearte – Le decía el gemelo
- No tienes que disculparte, yo me confundí y lo enredé todo – decía el chico – así que debo remendarlo, es que prefiero tener una cuñada gruñona que un gemelo menos, al fin y al cabo tengo solo uno – reía
- ¡Que no soy gruñona! – Exclamaba Angelina
- Bueno, dilo cuando se acabe el hechizo, porque así no lo pareces – decía Fred
- Cuando se le pase el hechizo será igual de gruñona – bromeó George
- ¡Que no soy gruñona! – Repitió Angelina y luego sonriendo dijo – Bueno, solo un poquito - y los tres rieron – Entonces… ¿Lo de ayer era verdad? – Le preguntó a Fred
- Por supuesto – contestó él
- ¿Cuándo se acabará el hechizo? – Le preguntó a George
- Exactamente en tres, dos, uno – declaró el muchacho y mágicamente Angelina volvió a la normalidad.
Los tres bajaron, los curiosos se fueron dispersando y se acercaron los Weasley y Harry a saludarlos, enterándose de la noticia del noviazgo de Fred.
Rose regresaba al avión invisible donde la pareja se miraba enamorada.
- Entonces tuvo un final feliz, él no fue el culpable – decía Diana
- Pero hubo una ocasión que si lo fue – contaba Angelina – Total y absolutamente culpable
- pero también me has perdonado – agregaba rápido Fred.
- Si – decía ella no muy convencida
- La verdad que esa vez se me pasó la mano – recordaba Fred – Es que, con mi hermano estamos permanentemente creando nuevas bromas y hechizos graciosos, y nuestra idea era usarlas con nuestro hermanito Ron, pero luego nos enteramos de sus capacidades y lo cierto era que no nos era útil – reía – ya que él reacciona diferente a los hechizos y drogas – aclaraba
- Así que los señores utilizan a sus esposas para sus experimentos – agregaba Angelina cruzándose de brazos
- Bueno, a veces lo hacemos con Ginny y Harry – intentaba bromear Fred – Igualmente ese invento quería probarlo con ella, hacía ya casi dos años que estábamos casados– agregaba – se suponía que iba a ser para mi beneficio – sonreía meneando la cabeza – pero no resultó así.
Rose ingresó en el relato de Fred, se encontró en el callejón Diagon, frente a la tienda de Sortilegios Weasley.
Dentro George y Fred se peleaban por mantener en su poder una poción
- La idea fue mía – decía Fred atrayéndola hacia él
- Yo la creé – decía George atrayéndola hacia su persona, así se originó un tira afloja hasta que Fred resultó victorioso
- La pruebo yo, la pruebo yo jajajaja – se burlaba de su gemelo quien meneaba con la cabeza.
A la noche y durante la cena Fred aprovechó que Angelina fue a buscar el postre y colocó parte de la poción en su bebida.
Aguardó durante toda la noche para que la fórmula hiciera efecto pero nada, así que finalmente se quedó dormido.
A la mañana siguiente lo despertaron unos gritos fuera de su casa
- ¡LOCA! ¡DESCOCADA! – Gritaba Mildred, su vecina, entonces Fred se levantó raudo, bajando las escaleras a trompicones, salió de la casa y llegó hasta donde los vecinos, donde la mujer intentaba separar a Angelina de Gustavo, su esposo, que estaba siendo acosado por ella, quien lo besaba y se apretaba contra él.
Se podía ver que el hombre intentaba separarse con poca prestancia y que a la vez disfrutaba del roce que la chica le daba, aún a pesar de los escobazos que su mujer le estaba dando.
Fred tomó a Angelina del brazo y la separó bruscamente, atrayéndola hacia él.
- Disculpen – les decía a la pareja, ella despeinada por los escobazos que daba y él aún suspirando por los fogosos besos de Angelina – Es que… que…
- ¡OTRA DE TUS OBRAS! – Le decía Mildred que también había sido sujeto de estudio de las pócimas de los gemelos.
- Si, este, no debía ser así – decía Fred que sostenía a Angelina quien intentaba alejarse de sus brazos e ir a los de Gustavo que ya se amparaba detrás de su mujer.
La tomó como un costal de papas y la llevó a su casa, Angelina intentaba soltarse
- ¡maldición mujer! ¡Puedes dejar de moverte! – Le decía pero ella no paraba.
- Juguemos un juego Fred – entonces le dijo ella sensualmente y él la dejó en el piso, comenzando a gustarle la poción, Angelina lo arrastró a la habitación y lo arrojó en la cama
- Ese es el resultado que quería – decía sonriente Fred, mientras ella hurgaba en el ropero, luego salió con varias bufandas y subiendo encima de él comenzó a atarlo, Fred estaba reacio a ser maniatado e intentaba eludir el agarre
- Te va a gustar – le decía ella – Te lo prometo mi vida – acotaba sensual poniendo un dedo dentro de su boca y cara de niña traviesa ante lo cual Fred se dejó atar sin rezongar
Estaba esperando que ella hiciera algo pero la chica se levantó y comenzó a vestirse rápidamente
- ¿Qué haces? – Le decía Fred intentando inútilmente desatarse
- El callejón diagon debe estar lleno de hombres – decía ella
- ¡Yo soy un hombre! – Decía él
- Tú eres mi esposo. Es diferente – explicaba ella
- ¡Pues te aviso que como salgas de la casa no tendrás más esposo! – La amenazaba él intentando soltarse con tanta fuerza que la cama se movía.
Sin importarle Angelina salió corriendo de allí.
Fred se desesperó, podía pasar cualquier cosa, Gustavo era bueno y aún así se había dejado llevar por el efecto de la poción, no quería imaginarse a un extraño.
Observó su varita en la mesa de noche e intentó agarrarla con la mano, estirándola hasta donde las fuerzas le dieron, luego de varios intentos logró tomarla e invocó un patronus.
Al instante Ron se apareció y comenzó a desatarlo
-¿Qué sucedió? – preguntó preocupado el menor de los hombres Weasley
- Una poción que salió mal – decía Fred desatando sus piernas – Necesito que ubique a Angelina – le decía Fred, Ron lanzó un patronus y Hermione se hizo presente
- ¿Qué sucede? – Preguntó ella al llegar
- Otra vez en líos – decía Ron
- ¿Cuándo dejarán de probar las fórmulas con sus seres queridos? – Preguntaba irritaba Hermione
- Ahora no – la detenía Fred – tienes toda la razón, no lo haremos más, pero por lo más sagrado, ubiquen a Angelina – rogaba Fred
- Esta vez se les debe haber ido la mano en serio – llegaba a bromear Ron tomando de la mano a Hermione – ya sé donde está – dijo Ron - ¡Y puedo ver lo que está haciendo! – Agregó casi riendo
- Hermione – pidió Fred - puedes quedarte con George Junior – el infante estaba en la habitación de al lado durmiendo placidamente en su cunita
- Si – dijo la castaña dirigiéndose allí
- Vamos Ron, por favor – decía Fred extendiéndole la mano – estoy muy nervioso para desaparecerme – Ron le tomó la mano y los dos se desaparecieron.
Reaparecieron en la casa de Olivander, por suerte no era época de inicio escolar, con lo cual había muy pocos clientes, apenas un par de incautos, uno de ellos estaba siendo prácticamente atacado por Angelina que se le había arrojado a sus brazos y lo besaba sin importarle el espectáculo que estaba dando.
- Buen día – saludó Ron al entrar y el dueño del establecimiento simplemente asintió con la cabeza, sin dejar de mirar a la mujer aferrándose a su cliente.
Fred corrió e intentó separarlos, cosa que se hacía imposible
- Donde estará Mildred, ahora que la necesito –refunfuñaba Fred extrañando los escobazos de su vecina, entonces Ron se acercó, y haciendo uso de su fuerza, empujó al hombre haciendo que se estrellara contra la pared y provocando que varias cajas cayeran sobre él.
- Lo siento – llegó a decir, mientras Fred abrazaba a Angelina, Ron acomodó con un movimiento de varita todo el desorden y luego los tres desaparecieron.
Apenas llegar a la casa Fred arrojó a Angelina en la cama y comenzó a atarla, pero ella intentaba resistirse
- ¿Puedes ayudarme? – Le pidió a Ron y él así lo hizo, pero en cuanto estuvo cerca de la chica esta intentaba besarlo y abrazarlo provocando que el pelirrojo se riera - ¡Búrlate! – Lo amonestaba Fred
- Te lo tienes merecido – decía Hermione apareciendo desde la otra habitación - ¡Suelta a mi marido! – Le gritaba a Angelina, pero la chica no le hacía ningún caso.
En algunos segundos ya la tenían atada, ahora era cuestión de esperar
- Sería mejor si estuviéramos a solas – les pidió Fred a los muchachos – la verdad no sé como agradecerles – les decía
- La mejor forma es dejar de experimentar con nosotros – decía Hermione desapareciendo sin siquiera saludar
- Si necesitas ayuda, con Angelina o George Junior nos llamas – le decía Ron antes de desaparecer.
Poco a poco el efecto de la poción iba cediendo, Fred fue varias veces a ver al niño que dormía plácidamente.
Cuando Angelina regresó a la normalidad la desató.
- ¡Esta vez no te perdonaré! – Lo amenazaba Angelina apartándolo y dirigiéndose al ropero sacó su arcón y comenzó a llenarlo con su ropa mágicamente mientras se dirigía a la habitación del pequeño
- Debes perdonarme – le decía Fred
- ¿Debo? – Preguntaba ella virando y enfrentándolo
- Soy tu esposo – aclaraba él – En las buenas y en las malas – recitaba el muchacho solemne
- pero esta vez la mala se te fue de las manos. ¿Me dices como miro ahora a la cara a los vecinos? ¿Me explicas como iré cuando George junior deba ir a comprar su varita a Olivander? ¡Me explicas!
- La culpa es mía – decía Fred
- Por supuesto, yo lo sé, tú lo sabes, pero el resto del mundo no – declaraba Angelina – estoy cansada de ser tu conejillo de indias…
- Eres mi esposa – la interrumpía él
- ¡Entonces trátame como tal! – Exclamaba ella - ¿Qué clase de invento es que me obsesione con todos los hombres? ¡Hasta intenté seducir a Ron! ¡Que vergüenza!
- Esa no era la idea – decía Fred – la idea era que te soltaras conmigo – explicaba
- ¡Acaso soy tan insulsa que necesitas de una poción para disfrutar conmigo! – Fred se tapó el rostro, la explicación no hacía más que avivar el enojo de Angelina
- No, es que… - no sabía como explicarse, y la verdad era que no era del todo cierto, ya que Angelina era apasionada, otra vez había arruinado todas las cosas, y se iba a disculpar, pero el largo silencio le hizo suponer a Angelina otra cosa y ella declaró
- Lamento no llenar tus expectativas – Y se marchó a la habitación del pequeño George, para cuando Fred reaccionó y fue al dormitorio ambos ya no estaban.
Lo primero que hizo fue ir a la casa de sus suegros, quienes le dijeron que Angelina no estaba allí, luego fue a la madriguera, pero su madre también le dijo que allí no estaba. Entonces regresó a su casa y llamó a Ron.
- ¿Qué sucede? – Le preguntó su hermano
- Angelina se fue – contestó Fred
- Te lo tienes merecido – le decía seriamente Ron
- ¡Tú nunca has metido la pata! – Le recriminaba Fred
- Por supuesto – contestaba Ron – Por eso, si Hermione me ha perdonado a mi, Angelina lo hará contigo
- No es tan fácil – reflexionaba Fred
- Si, lo es, los que la hacemos difícil somos nosotros – contestaba Ron – Ve, está en casa – le decía – Hermione te dejará a solas para que lo soluciones, y no lo arruines.
- Gracias hermanito – le decía Fred desapareciendo. Al llegar a la casa de su hermano Hermione lo esperaba cruzada de brazos – Ya lo sé, ya lo sé – decía cabizbajo – no meteré más la pata – y entonces ella desapareció, llevándose a George Junior y a Rose con ella.
Fred entró en la cocina, donde Angelina, sentada en la mesa, tomaba un té, podía ver que estaba llorando y se arrodillo a sus pies abrazándose a sus rodillas
- ¡Fred! – Decía ella sorprendida limpiándose las lágrimas con un pañuelo – No debí confiar en esos dos – agregaba refiriéndose a Ron y Hermione
- No, no debes confiar en nadie más que en mi – decía él mirándola y secando una lágrima que había quedado en su mejilla
- No sé como podrá ser eso – decía ella tristemente apartándole la mano de su mejilla
- Perdonándome – decía él
- Es mucho más que perdonarte Fred – contestaba Angelina poniéndose de pie dándole la espalda – Creo que jamás seré más que tus bromas e inventos, jamás podré superarlos, comparada con ellos soy insulsa e inadecuada para ti.
- No es verdad – le decía él acercándose y abrazándola por detrás – Tú eres justo lo que yo necesito, y si quieres que deje la tienda mañana mismo me busco otro trabajo, papá me podría buscar un puesto en el ministerio – decía
- ¿Lo harías? – Preguntó ella – ¿Lo dejarías todo por mí?
- ¿Recuerdas que casi dejo de hablar con George el día que nos pusimos de novios? – respondía el con otra pregunta y ella asintió – Yo lo dejaría todo porque te quedaras junto a mi, todo – repetía convencido
- No hace falta Fred – le decía Angelina volteando y abrazándolo – Me basta con saber que lo harías – le decía acariciándolo – Pero no puedo dejar que abandones lo que te gusta hacer, además, te conocí así, y sabía muy bien a que me atenía al casarme contigo. Aunque no puedo evitar enojarme cuando suceden cosas como las de hoy – agregaba
- No lo haré más – decía él
- Si lo harás – replicaba ella y el la miraba sonriente – y yo me enojaré y luego te perdonaré
- ¿Me has perdonado? – Preguntaba él
- No, todavía no – le decía ella – deberás trabajar mucho para que te perdone esta vez– agregaba sugerentemente y acercándose le lamió lentamente los labios haciendo que él temblara de excitación - ¿Esto es lo que querías lograr con la fórmula? – Decía ella apretándose a su cuerpo
- Si – jadeaba él ante el roce
- Si eres un tonto, para eso no necesitas fórmulas – decía ella – sólo debes pedírmelo - y bajó su mano comenzando a acariciar su hombría por encima del pantalón al punto en que Fred comenzó a gemir de placer
- Si soy un tonto – decía él intentando acariciarla también pero ella se separó abruptamente.
– Pero aún no te he perdonado – agregaba – Y para que lo haga deberás hacer algo – decía sensualmente
- Lo que quieras – decía Fred suponiendo algún pedido sexual de su mujer
- Mañana irás a trabajar, luego de beber esto – le decía ella mostrando una de las pociones de broma de los chicos
- ¡No! – contestaba Fred
- ¿No? – Preguntaba ella – Que pena, yo creí que querías que te perdone – decía virando
- Está bien. Ya lo tenías todo planeado – decía Fred tomando la botella - ¿Algo más? – Preguntaba molesto
- Si – decía Angelina
- ¿Más? ¿Me torturarás más? – Preguntaba él sorprendido
- Quiero que regresemos a casa y que hagamos el amor de la forma en que…
- ¿Yo quiera? – La interrumpió él y Angelina sonrió
- No – negó – de la forma en que yo quiera – agregó levantando una ceja.
Fred tembló, no sabía si de emoción o de temor, lo cierto era que, cuando Angelina tomaba las riendas de una sesión de sexo podía resultar cualquier cosa.
Ambos desaparecieron, Angelina les agradeció a los muchachos, atender a George y luego de cenar y cuando el pequeño ya dormía tranquilamente ambos se fueron al lecho. Angelina estaba enfundada en su bata de entre casa de paño, rosada y con flores azules. Luego fue al ropero y agarró unas bufandas
- ¡No! – Retrocedió Fred – No pienso dejarte atarme – negó firmemente
- Pero esta noche mando yo – le decía ella tirando de una de las bufandas y haciéndola sonar – además te puedo asegurar que preferirás que me escape – declaraba sacándose la bata y dejando verse enfundada en un provocativo conjunto de lencería con encajes en color blanco que resaltaba su piel morena.
Fred quedó boquiabierto observándola de arriba abajo y se tendió en la cama poniendo los brazos hacia arriba
- Hazme lo que quieras – agregó risueño – aunque yo creo que disfrutarías más si me dejaras las manos sueltas – agregó cuando ella se le subió encima.
Por un instante Angelina reflexionó, entonces arrojó las bufandas al suelo y declaró
- Esta vez tienes toda la razón. – Se acostó sobre él besándolo con una pasión desbocada, brindando y recibiendo placer, ambos se amaron con locura, desmedidamente.
Las manos, los pies, piernas, brazos, cuerpos se confundían, a pesar que la blanca piel de Fred y la oscura de Angelina se contraponían, eran uno al momento de amarse, indistintos.
El orgasmo llegó furioso, colmándolos de placer.
Al día siguiente, un Fred, con la piel violeta, el cabello verde, los ojos de lagarto y uñas de 10 centímetros estaba parado frente al mostrador de la tienda y ni las burlas de los niños que se acercaban, le sacaban esa sonrisa de tonto de su rostro.
Rose riendo apareció en el avión, donde Harm, Fred y Diana se reía casi sosteniéndose el estómago, mientras que las otras dos muchachas meneaban con la cabeza.
- ¡eso fue genial! – Decía el militar ya más calmado
- ¡Ustedes piensan que eso fue genial! Pero fue un bochorno – Respondía Angelina
- Lo mismo digo – agregaba Celina – ¿Ustedes los hombres siempre son así de irresponsables? – Preguntaba molesta
- No – respondía Fred- Ron y Harry son las personas más responsables y serias que conozco, ellos debieron cargar con algo muy pesado sobre sus hombros
- Todos lo debimos hacer – decía Angelina
- No en igual medida – aclaraba Fred
- La guerra es la guerra, es igual para todos los involucrados, aunque debo admitir que en un concurso de graciosos tu llevas el listón azul querido – declaraba para dar fin a la discusión.
