Todos los personajes de Ranma ½ pertenecen a Rumiko Takahashi

Marido & Mujer

por

Freya & Sakura

Hola chicos, gracias a todos por continuar con nosotras a pesar de nuestras largas ausencias por falta de tiempo. Esperamos que disfruten de este capítulo, personalmente me encanta por ciertas escenas graciosas que hay por ahí :P


Segunda Parte

Capítulo 17: Todo depende del punto de vista.

Genma y Soun se sentaron junto a una de las tiendas que había montado Ryoga con la ayuda de Mousse. —Es una historia muy larga ¿para qué quieren saber cómo llegamos aquí? —espetó Genma robando una lata de ramen de la mochila del joven eternamente perdido.

Happosai aprovechaba a mirar de reojo al par de muchachas que tomaban un baño refrescante en un arroyo que pasaba lindando el lugar donde se encontraban, a unos pocos metros. En cualquier momento se armaría el desastre, solo bastaba que el viejecillo se lanzara a 'atacar' a las jovencitas.

Ryoga se cruzó de brazos mientras escrutaba con la mirada a los dos hombres. —No creo que vinieran de paseo, además queremos saber cómo diablos consiguieron ese mapa —masculló mirando de reojo el papel que estaba en las manos de Happosai—. Maldito vendedor, se suponía que sólo existía una copia… —bufó.

—El vendedor nos dijo lo mismo, ¿no es cierto, Tendo-kun? —espetó Genma acomodándose los lentes para comenzar a tragar con poca delicadeza la lata de comida china—, al parecer era un estafador —refunfuñó limpiándose el rostro con un pequeño pañuelo que guardaba en su bolsillo.

Espontáneamente las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. —¡No me lo recuerde! Con eso y los gastos de la boda necesitaremos que se ponga a trabajar usted también, Saotome-kun —gimoteó provocando inmediatamente pánico en el otro hombre.

—¿Trabajar? Pero si yo me esfuerzo diariamente con el Doctor Tofu ¿debería encontrar otro trabajo? ¡Pobre de mí! —lloriqueó el hombre del turbante. Totalmente angustiado tomó la mochila del joven de la bandana para desbaratarla en menos de cinco minutos.

—A nosotros también nos cobraron muy caro, ni siquiera trabajando un año en el Neko hanten podría pagar esa deuda —chilló el cegatón totalmente deprimido. Estaba loco por ir a espiar a su esposa tomándose un baño pero estaba seguro que si llegaba unos metros cerca del arroyo ella acabaría prohibiéndole tomar sus derechos maritales por un mes, como mínimo.

—¡Oiga, qué rayos cree que hace! —protestó Ryoga recuperando rápidamente su mochila— Al menos juntando estos tres mapas podremos llegar al lugar donde se encuentra la sucursal de Jusenkyo en Kyoto —comentó resignado al imaginar lo que sería una travesía junto a ese grupo—; puedo hacer el mapa, soy todo un experto y mis mapas son los mejores —añadió orgulloso.

—¡Y yo seré el mejor guía para conducirlos hasta el lugar donde indica el mapa! —sonrió Mousse acomodándose sus lentes.

Genma agachó el cabeza, resignado. —Estamos perdidos —murmuró para sí mirando de reojo a su compañero. Incluso el viejecillo había conspirado contra ellos para seguirlos, siempre tenía que suceder algo así en un viaje crucial. Agarrando su cabeza con ambas manos comenzó a recordar el inicio de todo…

Flash Back

El hombre de largos cabellos negros dejó sobre la mesa un pequeño trozo de papel mientras le dedicaba una gigantesca sonrisa a su antiguo compañero de entrenamiento. —Hice el mejor negocio de nuestras vidas —espetó entusiasta—, este mapa nos llevará a una sucursal de Jusenkyo en Kyoto; no se preocupe sólo tiene que pagarme la mitad de lo que gasté —agregó observándolo fijamente.

Con un ligero tic en el ojo Genma miró a su compañero como si se tratara de un loco de un psiquiátrico. —¿Y para qué quiere ir allá? ¿Cuánto le costó el mapa, Tendo-kun? —preguntó escudriñándolo con desconfianza.

—¡Cómo pregunta eso, Saotome-kun! —exclamó tomándolo por el gi, su expresión comenzaba a transformarse en una visión realmente aterradora— Es por la felicidad de nuestros hijos, estoy seguro que mi pequeñita sería más feliz si su hijo es hombre todo el tiempo.

Genma apoyó sus manos sobre el suelo detrás de su espalda para evitar caerse ante la furia de su consuegro. —Ha… hai, hai —asintió mirándolo con un cierto pánico—, en eso tiene razón… pero insisto que mi hijo va a poder con esa deuda —se excusó poniéndose de pie desesperado por lanzarse al estanque.

Lamentablemente no pudo cumplir con su objetivo ya que una brisa helada le impidió realizar su proeza: su mujer estaba a su lado y el brillo metálico de su katana lo paralizó por algunos segundos. —Yo quiero que vayas con Tendo-san, no quiero verte más como Panda —espetó Nodoka con una sonrisa que congeló toda su espina.

Soun río sonoramente mientras se ponía de pie para palmear bruscamente la espalda del otro hombre. —¡Será como en los viejos tiempos, Saotome-kun! —exclamó emocionado.

—¡Me parece una excelente idea, y no podía faltar su amado maestro! —chilló de alegría Happosai apareciendo de la nada. Sin dudarlo se colocó sobre el mapa para luego tomarlo entre sus pequeñas manos— ¿Qué es esto? —preguntó fingiendo amabilidad.

—Na… nada, ma… maestro —tartamudeó un aterrorizado Soun; los recuerdos de los entrenamientos de su juventud comenzaban a provocar que deseara huir en el mismo instante para no tener que viajar nuevamente con el anciano—. No es necesario que se moleste… ¿na, Saotome-kun?

—Claaro, claro… nosotros dos podemos ir solos, no necesitamos de su honrosa presencia… es mejor que descanse y se quede a practicar su hobbie —murmuró por lo bajo Genma cruzando los dedos para que el viejecillo desistiera de la idea.

—Saotome-kun tiene razón, maestro, usted no puede dejar sus distracciones por nosotros… e… estaremos bien no se preocupe… —pronunció balbuceando algo atemorizado por la aterradora mirada del anciano.

El anciano bastante molesto por la falta de consideración de sus discípulos se encargó de darles un correctivo golpeando con vigor sus cabezas. —¡No piensen que les será tan fácil abandonar a su querido maestro! —chilló con lágrimas en los ojos tomando el mapa para alejarse unos pasos hacia atrás.

—No queremos abandonarlo maestro, es que no habrá nada interesante para usted en nuestro viaje —murmuró Soun aún algo aturdido por el golpe.

—Será un viaje muy duro, no necesita arriesgar su salud… hace mucho frío en las montañas —agregó Genma intentando parecer convincente.

—¡Ahora voy a ir! Estoy seguro que me están ocultando algo… ¡si no me lo dicen ahora voy a darles una muy buena lección con mis bombas! —gruñó molesto— O también podría acabar con el mapa… ¿ya no me quieren llevar? —sonrió amenazante. El viejecillo no estaba para bromas.

Soun posó rápidamente su mirada en el mapa que estaba sobre la mesa, luego miró a su amigo esperando que entendiera que el debía apoderarse del mapa mientras distraía al anciano. —¡No es eso! ¡Sólo nos preocupamos por su salud! —exclamó riendo tontamente mientras masajeaba los hombros del pequeño hombrecito.

—¡Mi salud está perfecta y si no voy con ustedes la salud de ustedes va a empeorar! —espetó encolerizado el pequeñín volteando para golpear repetidas veces en la cabeza del hombre de largos cabellos azabaches.

—Yo creo que Tendo-kun debería ir con el maestro… no tenemos suficientes recursos para uno más, la próxima oportunidad me curaré de la maldición, no hay problema —rió Genma lavándose las manos.

Una mueca que intentaba fallidamente asemejar una sonrisa se formó en el rostro de Soun. —¿No sería lo mismo sin Saotome-kun, no maestro? Tiene que ser como en los viejos tiempos —espetó masajeando los hombros del anciano intentando de algún modo calmar su ira.

—Estoy de acuerdo con Soun, y si intentas escapar voy a encargarme de darte tu merecido Genma —sonrió heladamente el anciano. Totalmente relajado cedió a los masajes propinados por su pupilo.

—Opino lo mismo que Tendo-san —sonrió Nodoka develando para Genma una parte de su katana con un ligero movimiento de sus blancos y delicados dedos.

Genma tembló aterrorizado, luego se encargaría de darle su merecido a su amigo de la juventud. —Está bien… voy con ustedes, no me queda otro —suspiró resignado.

Fin Flash back.

—Completamente perdidos —repitió Soun dejando escapar un largo suspiro—, y creo que los problemas comenzarán pronto —murmuró observando de reojo al anciano acercarse al manantial donde tomaban un baño Shampoo y Ukyo.

—No tenemos otra chance, ya estamos aquí —suspiró Genma dejando de lado sus pensamientos.

—¡Chicas allá voy! ¡El maestro va a hacerles compañía! —chilló con los ojos brillantes lanzándose al par de jovencitas que retozaban alegremente en las aguas tibias del arroyo.

—¡Dónde demonios cree que va, viejo pervertido! —exclamó un enfurecido Ryoga lanzándose rápidamente sobre el anciano, ambos cayeron al piso pero no pudo evitar que consiguieran una visión bastante privilegiada de las muchachas.

—¡Qué diablos están haciendo! —chilló Ukyo emergiendo del agua sin importar que les brindaba al par de hombres una generosa imagen de su torso desnudo hasta la cintura. Rápidamente lanzó dos de sus espátulas en dirección a ambos. Ryoga no necesitó del arma para dejar de observarla ya que el shock había sido tan grande que no pudo evitar desmayarse en el río con su nariz sangrando.

—¡Viejo pervertido, Shampoo matarte! —exclamó Shampoo tomando una inmensa roca para luego lanzarla hacia el anciano—. ¡Estúpido Mousse, Shampoo también acabar contigo por no hacer nada!

—¡Sham… Shampoo! ¡Estaba buscando mis lentes! —chilló Mousse lanzándole una serie de armas al anciano que fueron fácilmente interceptadas por este y arrojadas hacia él nuevamente dejándolo inconsciente.

—¡Eso te pasa por intentar intervenir con tus superiores, idiota! —chilló el viejecillo para lanzarse a las jovencitas nuevamente. Pero la mirada amenazante de ambas muchachas lo detuvo— ¿Qué sucede? Soy un pobre anciano en busca de amor —lloriqueó pataleando en el lugar.

—Shampoo no estar pensando en darte amor, viejo pervertido, sólo una buena paliza —espetó amenazante la amazona con el aura completamente encendida. Si se atrevía a dar un solo paso más lo molería a golpes.

—¡Y mucho menos yo, si intenta acercarse vamos a atacarlo con las técnicas más poderosas, se va a arrepentir de haber nacido! ¡degenerado! —chilló Ukyo colocándose en posición de combate. En menos de medio segundo tomó su espátula más grande para defenderse del viejecillo aparentemente inofensivo.

Happosai retrocedió algo asustado por el aura de batalla que desprendían el par de muchachitas. —¡Creo que lo mejor será emprender la retirada! —sonrió nervioso mirando a sus discípulos. En menos de cinco segundos fue hacia ellos para tomarlos por las ropas y arrastrarlos con él hacia las profundidades del bosque. Hasta el mismísimo maestro no podía contra una mujer enfurecida, mucho menos dos.


—No podemos quedarnos aquí toda la vida —protestó levemente sintiendo como el ardor se apoderaba de sus mejillas al notar la pícara sonrisa de su esposo, que parecía decirle que si fuera por él no saldrían de allí hasta que tuvieran que volver a Nerima—. Llevamos aquí tres días, baka —añadió mirando de reojo al muchacho que estaba de pie junto a la puerta bloqueándole el paso.

—Pero es tan cómodo… ¿para qué necesitamos salir? —preguntó tomando de la cintura a la chica para acercarla a su cuerpo. Su mirada azul penetró descaradamente el cuerpo de la jovencita.

—No creas que vas a seducirme con esto, pervertido —bufó aún más sonrojada apoyando sus manos sobre el pecho de Ranma en un intento fallido por apartarlo algunos centímetros—. Porque estar de luna de miel no significa que tengamos que estar… ya sabes… aquí encerrados… —finalizó avergonzada casi en un imperceptible murmullo.

—¿Por qué no? —sonrió sugerente rozando con la punta de su lengua el lóbulo derecho de la muchacha—, a mí me parece una excelente idea —murmuró ronco en el oído de su mujer.

Un intenso escalofrío le recorrió la espina desatando además un fuerte cosquilleo en su estomago. —Ra… ¡Ranma! ¡Ba… baka, deja de jugar! —protestó apartándose rápidamente del muchacho—. Ya… ya sé que te encantaría no… no dejar… de… de… de estar aquí pero… recuerda que prometiste llevarme de nuevo a ese lugar en el bosque… —agregó hecha un manojo de nervios, sentía que en cualquier segundo se olvidaría de salir y arrastraría a Ranma hacia la cama nuevamente.

—Mañana… prometo que mañana vamos —murmuró gutural acercándose rápidamente a la chica para tomarla nuevamente de la cintura y arrastrarla hacia la cama—Dicen que mañana será un día perfecto, temperatura agradable… yo creo que hoy lloverá, algo me lo dice —mintió descaradamente mientras besaba el rostro de la chica.

—No… no creo que llueva… —pronunció en un débil susurro cerrando los ojos, disfrutando de los labios de su esposo que recorrían una y otra vez cada rincón de su rostro como si no la hubiese besado en días. Dejándose llevar rodeó con sus brazos el cuello del muchacho, y fue así como de un instante a otro se encontró recostada sobre la cama con el cuerpo de su esposo cubriendo completamente el suyo—. Po… podríamos ir a tomar un helado… —sugirió aunque por dentro se estuviera muriendo de ganas de enganchar sus piernas en sus caderas incitándolo a tornar las cosas un poco más intimas.

—Me parece estupendo —sonrió Ranma acercándose al cuello de la jovencita para comenzar a mordisquearlo—, seguro que va a saber mejor sobre ti… ¿qué te parece si lo ordenamos? Me comentaron que el hotel tiene helados muy buenos —sonrió mirándola intensamente.

—Oye… nu… nunca dije que quisiera hacer algo así —murmuró sin poder evitar exhalar un suave suspiro—. Vamos a salir del hotel y no vas a con… convencerme con na… nada… —musitó nerviosa, en ese instante la intensa mirada de Ranma clavada en sus ojos la incitaba a dejarse llevar hacia sus brazos.

—Oe… solo estoy sugiriéndote que el día es excelente para mi propuesta ¿no crees? —sonrió de medio lado —, además… no soy el culpable, ayer yo quería salir y tú no quisiste… ¿no lo recuerdas? —espetó comenzando a recordar.

Flash Back

Ranma se desperezó abriendo los brazos perezosamente. A un lado, su esposa, aún estaba durmiendo. El día estaba caluroso y habían preferido dormir solamente con las sábanas. Sin embargo, la muchacha se había destapado durante la noche. El joven de la trenza, fascinado, miró la fisonomía de la jovencita. Aquella camisa roja que nunca había prestado tanta atención se veía muy bien en el cuerpo de su mujer. Algunos botones dejaban ver parte del comienzo de sus senos y sus piernas contorneadas eran iluminadas por los tenues rayos de la mañana. Sin pensarlo dos veces acercó sus labios al cuello de la chica para despertarla. —Ohayou… —murmuró por lo bajo.

Inmediatamente rodeó con uno de sus brazos el cuello del muchacho buscando atraerlo un poco más hacia su cuerpo. —Ohayou… Ranma… —pronunció en un susurro cargado de deseo mientras deslizaba lentamente una de sus piernas contra las del chico.

Ranma se sonrojó en el acto ante el contacto íntimo con su esposa. —¿Qué te parece si vamos a tomar un helado? —preguntó inocentemente.

—¿Helado? —preguntó esbozando una pícara sonrisa mientras recorría lentamente con una de sus manos la espalda del muchacho—. Se me ocurre algo más interesante que ir a tomar helado —susurró en su oído.

—¿Qué cosa? —preguntó besando una de las mejillas de la chica—, ah ¡ya sé! Me dijeron que en el bosque hay unas termas naturales mucho mejores que las del hotel… tal vez quieras recorrer el lugar —sonrió.

—O podríamos quedarnos aquí…—pronunció dedicando una sugerente mirada al muchacho mientras abría un par de botones de la camisa que vestía—, y… descansar un poco… —añadió mordisqueándole el lóbulo de la oreja.

Ranma sintió un escalofrío recorrer su cuerpo ante aquel roce íntimo y la sonrisa que su esposa le estaba dedicando. —Etto… ¿De… descansar? Pero dormimos muy bien… al menos yo tuve una muy buena noche —murmuró con un hilo de voz.

—Tal vez no estaba pensando en descansar… solo en quedarnos aquí… en esta cama… puede ocurrírsenos algo que hacer, ¿ne? —preguntó sin dejar de mirarlo a los ojos mientras abría un par de botones más.

Las mejillas del joven ardieron al ver prácticamente los senos descubiertos de su mujer. Algo nervioso retrocedió mirando hacia otro ángulo de la habitación. —Ha… hai, pero … ¿no te parece mejor salir un poco? Ha… hace más de dos días que estamos a… aquí encerrados, koishii —balbuceó moviéndose hacia un costado intentando ponerse de pie.

Jalándolo por la trenza lo atrajo nuevamente hacia ella recostándolo a su lado, de un rápido movimiento se acomodó a horcajadas sobre el muchacho. —No creas que voy a dejarte escapar —pronunció esbozando una traviesa sonrisa antes de besar sus labios apasionadamente.

Fin flash back

—¡Matte! ¡Eso sólo pasó en tu pervertida imaginación, baka! —protestó ofendida apartando al muchacho de su suave empujón, logrando de esta forma que quedara recostado a su lado.

Ranma sonrió de medio lado. —¿Pervertida por qué? Eso es lo que sucedió… yo quería salir y tú no me dejaste —espetó tranquilo—, tenías mucha energía ese día —agregó riendo divertido.

El rostro de la muchacha se coloreó rápidamente de un intenso rojo. —¡Baka, sabes bien que… que las cosas no sucedieron así! —protestó comenzando a recordar.

Flash back

Los labios de su esposo besando apasionadamente su cuello consiguieron despertarla. —Ohayou…Ra….Ranma —balbuceó ruborizada por la apasionada mirada que él le estaba dedicando.

—Ohayou koishii —murmuró gutural Ranma mordisqueando el lóbulo izquierdo de su esposa—. ¿Dormiste bien? —preguntó mirándola intensamente.

—Hai, muy bien —susurró dedicándole una dulce sonrisa—. Podríamos ir a tomar un helado, el día está muy bonito —comentó volteando el rostro levemente para observar por la ventana la soleada mañana.

Ranma tomó a la chica de las caderas para acercarla más a su cuerpo. —Me parece una excelente idea… tal vez podríamos ordenar uno aquí mismo y quedarnos un poco más —murmuró sensual acariciando lentamente los muslos de la chica.

—Pe…pero, Ranma, llevamos dos días sin salir… y no hemos dejado de… ya sabes… estar juntos… deberíamos salir —murmuró ruborizada, sintiendo una serie de intensos escalofríos recorrer su espina al sentir la mano de su esposo subiendo lentamente en dirección a su trasero.

—Anoche descansamos mucho… tengo mucha energía, koishii —murmuró ronco pegándola a su pecho—, podemos salir a la tarde ¿no te parece una buena idea? —sonrió apretando levemente con sus dedos las nalgas de la jovencita.

—Aprovechemos esa energía y llévame otra vez a aquél lugar tan bonito en el bosque —sugirió sonriendo dulcemente.

—Solo si encontramos un lugar lo suficientemente confortable para hacer lo que estoy pensando —sonrió besando uno de los hombros de la jovencita.

—¿Para qué quieres un lugar cómodo? Estábamos bien el otro día cerca del lago donde te atacaron las abejas —comentó recordando divertida aquel momento.

—¡Je! tú sabes a lo que me refiero… creo que sería una excelente ocasión para continuar lo que hicimos estos dos días… ¿no crees, koishii? —murmuró gutural tomándola de la cintura.

De un segundo a otro sus mejillas se colorearon intensamente. —No… no… estaba pensando en… es decir… deberías dar un paseo… y un helado… primero… yo… —balbuceó hecha un manojo de nervios antes de moverse rápidamente alejándose del muchacho; ignorando totalmente la seductora sonrisa de Ranma se sentó sobre la cama dispuesta a alejarse lo antes posible de aquella tentación.

Sin más palabras, el muchacho de la trenza tomó con presteza a la chica del brazo para acercarla rápidamente hacia su pecho y robarle un beso apasionado.

Fin flash back

Ranma miró ofendido a su esposa. —Y dices que soy yo el que miente, no fue eso lo que pasó —farfulló mirando a la chica de reojo.

Sentándose en la cama le dedicó una traviesa mirada. —Tampoco lo que tú dijiste… mi versión es más creíble, ¿ne? —preguntó sacándole le lengua.

—¡Ja! La mía coincide más con tu forma de ser, koishii… no tienes porque ocultarlo —sonrió divertido.

—Eso no es verdad, la mía te retrata tal y como eres con… bueno… con respecto a ciertos asuntos, pervertido —comentó algo ruborizada sonriendo de medio lado.

Ranma negó con la cabeza para luego sonreír divertido. —¡Je! al menos el final de las historias coincide —comentó mirando fijamente a la muchachita.

La muchacha arqueó levemente una ceja. —Sí… ¿te refieres al final que se parece a esto? —preguntó acercándose para besar levemente los labios de Ranma.

El joven de la trenza correspondió a aquella caricia leve que duró apenas unos segundos. —Algo así, aunque creo que fue más intenso… algo como esto —murmuró ronco tomándola de la nuca para besarla con más intensidad. Su otra mano rodeó la cintura de la chica para estrecharla contra su cuerpo.

Ella apoyó sus manos sobre el torso del muchacho sujetando con fuerza su camisa mientras se dejaba llevar y correspondía con pasión al ardiente beso del muchacho. Una y otra vez dejó que sus labios juguetearan con los de él atrapándolos entre los suyos para mordisquearlos lentamente. —Sí… —exhaló en un suave murmullo separándose escasos centímetros de su boca—, fue algo como esto… —suspiró volviendo a mordisquear juguetonamente su labio inferior—, pero no creas que vamos a revivir ahora lo que ocurrió después, anata —añadió dedicándole una traviesa mirada.

Sonriendo divertido Ranma robó un beso fugaz de su esposa. —Entonces después del paseo podríamos continuar con el entrenamiento ¿no crees? —inquirió puerilmente—, no podemos dejar de entrenar… tú sabes —se justificó con una media sonrisa para luego besar lentamente uno de los hombros de la chica.

—¿Quieres seguir recordando? —preguntó esbozando una pícara sonrisa—. No lo sé… tal vez deberías convencerme durante el paseo… —murmuró dedicándole una intensa mirada.

—¡Je! Seguro que voy a lograrlo, puedo ser muy convincente cuando lo quiero, koishii —murmuró ronco en el oído de la joven para luego mordisquear delicadamente su lóbulo.

Una traviesa risita escapó de su garganta. —Puedes intentarlo todo el tiempo que desees, pero ahora… —pronunció consiguiendo que el muchacho fijara su mirada azul en su rostro—, quiero que mi esposo me lleve a tomar un helado… si no lo hace creo que tendré que arrastrarlo yo misma hasta llegar al pueblo —añadió divertida.

—¿Por la trenza? —murmuró con un leve escalofrío—, entonces es mejor que vayamos ahora… pero después no vas a salvarte de tu esposo —susurró tomándola de la mano.

—¿Crees que yo haría algo así? —preguntó fingiendo inocencia mientras se ponía de pie junto al muchacho.

Ranma suspiró resignado. —Tal vez sí, es probable —espetó con una media sonrisa.

Arqueando levemente una ceja rodeó con uno de sus brazos el cuello del muchacho. —Tal vez debería hacerlo, recuerdo que nos tardábamos poco en llegar a la escuela de ese modo… seguro ya estaríamos en la ciudad ahora —comentó jugueteando con la trenza del chico.

El joven de la trenza frunció el ceño para luego rascarse la cabeza. —¿Serías capaz de hacer eso con tu adorado esposo, koishii? —murmuró con una expresión infantil.

Los labios de Akane se curvaron en una traviesa sonrisa. —Lo hice muchas veces antes, ¿por qué no ahora? —preguntó jalando levemente su trenza.

El joven colocó sus manos detrás de su cabeza. —Sencillamente porque ahora somos marido y mujer, creo que no debería existir ese tipo de peleas infantiles entre nosotros, ¿no crees? —comentó natural.

Ella rió divertida, alejándose del muchacho avanzó hacia la puerta. —No puedo creer que nuestra luna de miel te haya cambiado tanto, baka, seguro tienes miedo de que lo haga —comentó antes de sacarle la lengua.

—Eso no es cierto… Ranma Saotome no le teme a nada —refunfuñó mirando de reojo a la muchacha. De alguna forma lograría concretar sus deseos luego del paseo.

Mientras tanto, en la recepción…

Yamato se acercó a su compañero que estaba revisando unos papeles. —Oe… ¿no crees que ya estuvieron demasiados días encerrados? —preguntó.

—Si sigue con vida, Saotome, será mi ídolo —comentó Takeru, era admirable que no hubiesen salido de la habitación en varios días—. Seguro sigue con vida, no creo que la preciosidad coma tanto ella sola —añadió al recordar la enorme cantidad de comida que pedían de vez en cuando.

—Saotome es un maestro, ya quiero que nos de algunos consejos más —sonrió el muchacho de cabellos rubios imaginándose una serie de jovencitas persiguiéndolo luego de tomar tan solo una clase con el muchacho de la trenza.

—Tenemos mucho que aprender de él —pronunció Takeru con un tono lleno de admiración—, para empezar como ha resistido tanto… ya sabes… ella debe ser una fiera —comentó esbozando una pícara sonrisa.

—Hai, hai… es cierto —murmuró levemente sonrojado el jovencito de cabellos claros imaginándose a la muchacha en diferentes 'proezas'—. Es mejor que intentemos verificar que todo esté bien, ¿no crees? —sonrió divertido.

—¿Crees que deberíamos ir luego de lo que escuchamos el otro día? —preguntó recordando los aterradores gritos y golpes que habían escuchado al pasar.

—No te preocupes, estoy seguro que deben estar muy bien —murmuró soltando una carcajada.

El otro muchacho asintió guiñando un ojo. Ambos se dirigieron al piso donde se encontraba la habitación de la pareja de Nerima.

—Vaya…nunca pensé que sería tan fácil convencerte de salir de la habitación mencionando que usaría otros métodos para hacerlo —comentó una divertida Akane observando de reojo a su esposo que caminaba algunos pasos detrás de ella.

—¡Je! no sé de qué hablas... yo... yo salí porque quería invitarte un helado, es eso... antes te lo había dicho, pero tú no quisiste —murmuró con una media sonrisa intentando fingir naturalidad.

Ella volteó para luego acercarse al muchacho. —Eso sólo lo imaginaste, anata —pronunció conteniendo la risa—. Hace algunos minutos no querías salir… no creo que necesite recordarte qué deseabas —pronunció suavemente dedicándole una coqueta mirada.

—¿No me digas que no era más interesante lo que te sugerí? y estoy pensando lo que haremos en el regreso —sonrió provocador apoyándose en una de las paredes del ascensor.

—Pervertido —susurró esbozando una media sonrisa mientras se acercaba al muchacho hasta quedar frente a él—, no creas que voy a responder a eso —comentó dedicándole una traviesa mirada mientras le rodeaba el cuello con los brazos—. Y no vas a lograr tentarme diciendo esas cosas…—añadió aunque fuese casi obvio que estaba a paso de arrastrarlo de la trenza pero en dirección a la habitación.

—No lo sé, puedo ser muy ingenioso… mis ideas siempre son excelentes —rió cediéndole el paso a la muchacha para salir del ascensor—, estoy seguro que te encantará —espetó con una voz lo suficientemente alta para que escucharan el par de jovencitos.

Al pasar por el lado de su esposo le dio un leve codazo en el estomago. —Nunca dejarás de ser un idiota engreído —bufó rodando los ojos mientras salía del ascensor—, además yo te inspiro a ser ingenioso, baka —agregó dejando escapar una traviesa risita.

Ranma se acarició la zona afecta con una media sonrisa siguiendo rápidamente a su esposa para tomarla de la cintura. —Tal vez sí, por eso deberías aceptar mis propuestas —comentó guiñando un ojo.

Sonrojada subió el rostro para mirarlo a los ojos. —Sabes que nunca he rechazado tus propuestas…me… menos ahora…—susurró recordando inevitablemente los momentos de gran ingenio que su esposo había demostrado durante esos tres días.

El muchacho de la trenza sonrió levemente sonrojado siendo atentamente observado por los muchachos de la recepción. —¿Está todo bien? —se animó a preguntar Yamato.

—Saotome, eres mi ídolo… sigues vivo —murmuró Takeru, en su rostro se reflejaba una gran admiración para lo que él consideraba una gran proeza.

—¿Estoy vivo? ¿y por qué debería haber muerto? —preguntó extrañado el muchacho de la trenza volteando distraído hacia los jóvenes.

Frunciendo el entrecejo la muchacha se apartó de Ranma. —Deberían dejar de ser tan entrometidos si no quieren meterse en problemas —espetó algo sonrojada.

—¡Solamente estábamos halagando a nuestro maestro Saotome! es todo un ejemplo a seguir —sonrió galante el muchacho de cabellos rubios.

—¿Maestro por qué? —preguntó algo distraído el ojiazul mirando de reojo al par de muchachos y a una sonrojada Akane.

—¡No seas modesto! —exclamó entusiasta Takeru palmeando la espalda del muchacho— Escuchamos muchos ruidos al pasar por su habitación hace un par de días… ruidos extraños… para sobrevivir a eso tienes que ser muy fuerte… te admiramos, Saotome…—espetó mirándolo fijamente, como si estuviese seguro que con solo mirarlo lograría adquirir algo de la experiencia de Saotome.

—Di... diablos... ustedes estaban pensando en... —murmuró el joven de la trenza furiosamente sonrojado comenzando a recordar.

Flash Back

Ranma sonrió mirando intensamente a su esposa mientras se abrochaba los botones de su blusa para vestirse luego de tomar un baño caliente. —Creo que debería volver a entrenar, hace varios días que no me he ejercitado —comentó distraído fingiendo demencia.

—¿No te has ejercitado? —preguntó ella mientras en sus labios se dibujaba una traviesa sonrisa provocando un leve rubor en las mejillas de su esposo—. Tal vez tienes razón, seguro cualquier podría derrotarte en este momento —comentó divertida.

—No… y creo que sería una buena idea que entrenáramos, dudo que me logres ganar —sonrió de medio lado mirando a la chica terminar con el último botón.

—No deberías confiarte tanto… no creo que logres concentrarte mucho, anata —comentó observando al muchacho que seguía recostado sobre la cama vistiendo sólo su ropa interior—, además te distraen muy fácilmente ciertas cosas —sonrió volviendo a desabotonar un par de botones de su blusa antes de colocarse en guardia.

—Dia… diablos… ¡estás haciendo trampa! —balbuceó el joven de la trenza sintiendo sus mejillas arder al ver el comienzo de los senos de la muchachita de cabellos azules.

—No es trampa, conozco a una pelirroja que a veces usa estas técnicas —respondió dedicándole una media sonrisa a su ruborizado esposo—. ¿No puedes con una pequeña distracción, anata? Pensé que tu concentración era mejor —añadió antes de sacarle la lengua.

El joven de la trenza respiró una y otra vez. Tenía que concentrarse. Rápidamente se dirigió hacia la chica para susurrarle un par de frases en el oído que la dejaron furiosamente sonrojada. —¡Tengo mis métodos, koishii! —agregó alejándose un par de pasos sonriendo satisfecho.

—¡Baka pervertido! —protestó frunciendo el entrecejo, aún tenía dificultades para controlar aquellos deliciosos escalofríos que le habían provocado las palabras de su esposo—. Eres un… ¡eso es trampa, baka! —espetó desviando su mirada por algunos segundos del torso desnudo de Ranma.

—¿Y lo tuyo qué fue? —preguntó riendo divertido ante la ofuscación de su esposa. Su mirada permanecía intensa en los senos de su mujer.

Cruzándose de brazos lo retó con la mirada. —Yo no hice nada, solo me desabotoné un poco la blusa… pero tú… lo tuyo si fue… ya sabes… sabes muy bien lo que me dijiste, pervertido —bufó ruborizada, al recordar las palabras del muchacho un intenso ardor se apoderaba de hasta el último rincón de su cuerpo.

—Cada uno tiene sus armas —comentó el jovencito cruzando sus brazos detrás de su cabeza—. ¿Aceptas el reto, entonces? —preguntó colocándose en posición de combate.

—¿Todo vale? —preguntó dedicándole una calculadora mirada, tenía un par de ideas que estaba segura le darían ventaja.

—Seguro… así es en la escuela de combate libre Saotome-Tendo —afirmó el joven observando atentamente a su mujer.

Ella esbozó una traviesa sonrisa antes de lanzarse en un rápido movimiento hacia él. En menos de un segundo movió su puño en dirección al muchacho haciéndolo retroceder mientras esquivaba con facilidad cada uno de sus ataques. —No creas que voy a darme por vencida —espetó observando con diversión como el muchacho se acercaba a la pared. Con un rápido movimiento lo empujó acorralándolo contra ésta—. ¿No te das por vencido, anata? —preguntó a escasos centímetros de su rostro.

Ranma tartamudeó una frase ininteligible mirando sonrojado a su esposa. Había tenido una agilidad para atacarlo que no podía ser la misma Akane de algunos años atrás. Realmente había mejorado mucho. —¡Di… diablos! Me… me atrapaste —murmuró mirando fascinado de arriba a abajo la figura de la muchachita.

Una juguetona risa escapó de su garganta mientras se alejaba rápidamente de su sonrojado esposo. —Fue muy fácil, creo que estás fuera de práctica, Ranma —comentó observando divertida al muchacho mientras volvía a colocarse en guardia—. ¿Vas a atacarme o te da miedo? —añadió desafiándolo.

—¡Je! ¿miedo yo? Sabes que Ranma Saotome jamás siente miedo —afirmó con una media sonrisa—. No estoy fuera de práctica koishii, solo estoy entrando en calor —murmuró mirando a la muchacha atentamente pensando en su próxima estrategia.

—Lo estás —afirmó segura que era capaz de distraer fácilmente a su esposo y hacerlo bajar la guardia—, tu concentración no es la mejor desde que… desde que estamos de luna de miel, anata —pronunció suavemente dedicándole una sugerente mirada.

Repentinamente, el muchacho de ojos azules se lanzó a su esposa para acorralarla en una de las esquinas. —¿Ahora qué me dices de esto, koishii? —murmuró gutural colocando sus brazos a ambos lados de la chica. En el trayecto dejó caer un jarrón que se encontraba sobre una mesa produciendo un estridente ruido.

—Eso… no… no fue na… nada —balbuceó sonrojada mientras intentaba no caer rendida frente a la seductora mirada azul que el muchacho le dedicaba—, no fuiste muy rápido —añadió recuperando levemente el control de sus emociones, no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente—. Esperaba algo que me dejara fuera de combate —susurró deslizando suavemente sus manos sobre el torso de Ranma.

El suave toque de la muchacha provocó que el jovencito trastabillara hacia atrás y tropezara nuevamente con la mesa para dejarla caer junto a un vaso de vidrio. —Apenas estoy comenzando, no deberías menospreciarme —murmuró gutural poniéndose de pie nuevamente para avanzar hacia ella con renovadas energías. En pocos segundos estaba junto a ella, sin pensarlo tomó con ambas manos el trasero de la joven para apretarlo levemente mientras clavaba su azul mirada en su rostro.

Ella dio un leve respingo producto del inesperado contraataque de su esposo. —¡Qu…qué demonios crees que haces, baka! —protestó frunciendo fieramente el entrecejo—. ¡Esto no tiene nada que ver con entrenar, degenerado! —-exclamó tomándolo por la camiseta para luego aplicarle una llave y lanzarlo con todas sus fuerzas contra la pared.

—¡Oe! Forma parte de mis técnicas de ataque —murmuró el joven acariciando su cabeza algo adolorido por el golpe repentino de la chica. Realmente había mejorado mucho estos últimos meses—. Dijimos que todo valía… —agregó poniéndose de pie para acercarse nuevamente a la chica—, ¿no recuerdas? —preguntó a una distancia considerable para evitar ser golpeado nuevamente.

—¡Lo recuerdo! ¡Pero no tienes que acosarme, baka, eso es trampa! —espetó mirándolo fijamente, esperando que de un momento a otro reanudara su ataque—. No… no tienes que exagerar… estamos entrenando… no hacemos o… otra cosa —murmuró entre dientes completamente ruborizada.

—¿Otra cosa? Solamente estaba utilizando mi habilidad para distraer a mi oponente —respondió con una media sonrisa avanzando un par de pasos—, mis encantos son mi mejor forma de ataque en este tipo de entrenamiento —rió totalmente ególatra.

—¡Ja! ¡Puedo resistir muy bien a ese tipo de ataques, engreído! —exclamó frunciendo el entrecejo acercándose ágilmente al muchacho para luego lanzar una serie de patadas altas que él evadió con gran destreza—. No estoy segura que tú pudieras hacerlo si yo hiciera lo mismo —agregó barriendo con una patada los pies del muchacho consiguiendo que cayera sentado al piso.

Ranma se quejó por el golpe agudo en su trasero. —¡Oe! Mis técnicas no son tan sucias como las tuyas —se quejó mirándola de reojo—, además… no sabía que reaccionarías tan rápido —murmuró para sí. Sigiloso, se acercó nuevamente a la chica.

Una traviesa sonrisa iluminó su rostro mientras se acercaba cautelosamente a su esposo. —Tal vez tienes algo de razón… mis técnicas hasta ahora han sido algo sucias —pronunció acercándose aún más sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos—. Pero no te preocupes… creo que sé cómo utilizar tus técnicas, anata —comentó antes de presionar con sus dos manos el trasero del muchacho.

El muchacho de la trenza se detuvo en el acto, notablemente sonrojado por la acción repentina de su esposa. —¡Je! ¿y quién estaba actuando de manera sucia? —murmuró intentando controlarse. Rápidamente la tomó del trasero para subirla y tomarla por los muslos. En el trayecto hacia la cama olvidó la mesa que estaba en el camino y tropezó con ella provocando un gran estruendo.

Akane no pudo controlar una carcajada al ver a Ranma sobando su cabeza en un intento por atenuar el golpe. —Baka, ya deberías saber que te pasan cosas así cuando te pones pervertido —comentó cómodamente recostada sobre él mientras le dedicaba una traviesa mirada—. ¿Por qué demonios me llevabas a la cama? ¿No íbamos a practicar? —añadió esbozando una pícara sonrisa.

—¡Por supuesto que vamos! Solo estoy intentando distraerte —murmuró notablemente ruborizado por su torpeza—. ¡Tienes que prestar atención! —exclamó intentando fingir demencia.

—¿Estás seguro? —preguntó arqueando una ceja—. Porque el que no vio la mesa por estar pensando en… ya sabes distraerme… fuiste tú —comentó acercándose a su rostro para besarlo levemente—. Tienes que admitir que tu concentración está muy mal y que podría ganarte si estuviéramos peleando en serio…no me distraigo tan fácil como tú, baka —afirmó colocándose de pie, observando burlesca a su sonrojado esposo.

A pesar de la ventaja que su esposa podía tener Ranma se concentró para realizar el próximo movimiento. De un segundo a otro se arrodilló en el suelo para tomarla de los muslos y tirarla hacia él. El ruido de la caída retumbó notablemente en el piso de abajo. En menos de un abrir y cerrar de ojos la dejó fuera de combate colocándola de espaldas al suelo. —¿Ahora qué me dices? ¿quién se distrajo? —preguntó triunfal sonriendo egocéntrico tomándola de los brazos para inmovilizarla por completo.

—¡Kuso! ¡Baka, no estaba distraída! —protestó intentando liberarse inútilmente, Ranma se había encargado de inmovilizarla completamente con sus brazos y su cuerpo—. No creas que voy a darme por vencida—afirmó orgullosa, no estaba dispuesta a rendirse aunque fuera un juego.

—¡Oe! ¿Desde cuándo te molesta que tu esposo esté sobre ti? —murmuró con una media sonrisa recordando los días anteriores. —, recuerdo que te gustaba mucho esta posición —comentó divertido.

Inmediatamente las mejillas de Akane se tiñeron de un intenso color rojizo. —O… Oye… eso no tiene na… nada que ver —balbuceó hecha un mar de nervios, los recuerdos de los días pasados se adueñaron rápidamente de sus pensamientos provocando un intenso cosquilleo en su estomago—. Tú…tú… estás jugando sucio, ba… baka —pronunció con dificultad al sentir su mirada fija en sus labios.

—¿Solo yo? Digamos que el asunto está repartido —sonrió Ranma satisfecho ante el rubor en las mejillas de su mujer—. Admites que te gusta esta posición… ¿na? —agregó acomodándose mejor sobre ella frotando su cuerpo de una manera que provocó un ligero estremecimiento en ambos cuerpos.

Inevitablemente un suave gemido escapó de su garganta, pero rápidamente logró recuperar el control de sí al notar la egocéntrica sonrisa de su esposo. —No tengo porqué admitir nada y no hay forma en que me hagas hacerlo —bufó dedicándole una retadora mirada. Una parte de ella se moría de ganas por que le demostrara lo contrario.

El joven de la trenza arqueó una ceja. —¿Así que no vas a admitir nada? ¡Eso vamos a verlo! —espetó acercando sus labios a uno de los lóbulos de la oreja de la joven para mordisquearlo levemente. Sus manos acariciaron los senos de la chica apretándolos con delicadeza pero firmemente. La respiración del muchacho era ronca, estaba incitado y decidido a ganar aquel reto.

Ella cerró los ojos inhalando y exhalando un par de veces en un intento por ignorar aquellas manos que comenzaban a recorrer con anhelo puntos demasiado sensibles de su anatomía. —Ya… ya te lo dije… no hay forma en que lo logres, baka—pronunció con dificultad, tendría que tomar rápidamente medidas o se arrojaría sobre él y le exigiría cambiar el tipo de entrenamiento a uno más intimo.

Ranma cedió el agarre y continuó con las ardientes caricias. No podía creer que la muchacha pudiera resistir a sus encantos y habilidades que habían perfeccionado en los últimos días. Sin embargo, de un momento a otro, la jovencita escapó de sus brazos como una ágil liebre para sentarse a su lado y mirarlo desafiante. Rápidamente se puso de pie y retrocedió algunos pasos. —¡No creas que te será fácil escapar de mí! —afirmó algo molesto con la terquedad de la chica.

Aún algo agitada por el rápido escape se dedicó a observar al muchacho esperando descubrir cuál sería su próximo movimiento. —¿Pensaste que caería sólo con eso? Eres muy bueno, pero no me harás caer tan fácilmente —comentó fijando una traviesa mirada en su esposo—. Además íbamos a entrenar, ¿no?... ¿qué estás esperando para atacarme? —preguntó colocándose en guardia.

Ranma frunció el ceño. —¡Por supuesto que estamos entrenando! —exclamó algo irritado. En un santiamén la tomó de los hombros hasta llevarla a la pared —, tengo mis técnicas, no es necesario que me lo recuerdes —exclamó. Su respiración ya estaba agitada antes las idas y vueltas.

Los labios de la muchacha se curvaron en una media sonrisa. —¿En qué tipo de entrenamiento estás pensando, anata? —preguntó mordiendo suavemente su labio inferior—. No creo que estés pensando en artes marciales, ¿ne? —preguntó deslizando lentamente una de sus piernas contra la de su esposo provocando un suave y tentador roce.

—¿Yo? Es parte de mi encanto Saotome —murmuró el muchacho de cabellos trenzados acercándose a la chica lentamente mirando sus labios con deseo.

Un agradable escalofrío le recorrió la espina. —¿Me estás diciendo que cambiar un tipo de entrenamiento a otro… es parte de tu encanto? —murmuró suavemente. Cada una de las reacciones de su esposo comenzaba a encender una intensa hoguera en su interior que no se extinguiría hasta que pasaran al tipo de entrenamiento que estaba segura él tenía en mente—. Ranma… —añadió en un suave suspiro tomándolo por la trenza para acercarlo un poco más hacia su rostro—, tenemos que continuar…anata… —susurró casi rozando sus labios.

—Ha… hai, creo que sí ¿es… es lo que habíamos pactado, na? —murmuró casi en un susurro tomándola de la cintura para ceñirla contra su pecho. Lentamente caminó hacia atrás llevando a la muchacha consigo. Sin darse cuenta resbaló con el agua del jarrón que estaba hecho trizas a un lado del charco. Adolorido, el joven miró rápidamente a su esposa para asegurarse que estaba todo bien—. ¡Kuso! —se limitó a maldecir.

Akane miró por algunos segundos a su esposo, que seguía refunfuñando por lo bajo una serie de maldiciones, antes de estallar en una sonora carcajada. —Ya déjalo —pronunció entre risas mientras se acomodaba a horcajadas sobre el muchacho—, cada vez que tú… cada vez que estás demasiado… etto… acalorado terminamos en el piso, baka —habló con dificultad ya que no podía parar de reír—. Tal vez deberías dejarme ese trabajo a mí —afirmó dedicándole una traviesa mirada.

Ranma sintió sus orejas arder. —¡Oe! Solo he tenido un par de imprevistos, pero voy a lograrlo —farfulló molesto poniéndose de pie tomando a la chica entre sus brazos. Cuando se acercó a la cama resbaló con una parte de la sábana que estaba en el suelo. Afortunadamente, la muchacha cayó sobre el colchón, logrando así su proeza—. ¡Chikuso! —se limitó a exclamar con la boca besando el suelo.

La muchacha continúo riendo divertida, recostada sobre la cama volteó levemente para observar a su esposo que seguía con el rostro pegado al piso. —¿Tenías ganas de besar al piso en lugar de mí? —preguntó entre risas mientras secaba alguna de las lagrimas que caían inevitablemente producto de sus carcajadas.

Ranma se sentó rápidamente en el borde de la cama mirando a la jovencita de reojo, notablemente irritado. —¡Diablos! Al menos logré dejarte aquí, no tengo la culpa de ese maldito imprevisto —farfulló por lo bajo.

—No recuerdo que te pasara algo así antes… estás perdiendo la práctica, anata —comentó irguiéndose levemente mientras observaba de reojo al muchacho—. Estás fuera de forma… —añadió retándolo con la mirada a que le demostrara lo equivocada que estaba.

Sin pensarlo, Ranma se lanzó a la muchacha para sentarse sobre sus piernas y tomarla de los brazos para evitar que se moviera. —¡No es nada de eso! Yo estoy perfecto, mejor que nunca —afirmó mirando a la chica intensamente acercándose a sus labios.

—¿Por qué debería creer eso? —preguntó arqueando levemente una ceja—. ¿Me lo vas a demostrar? —agregó esbozando un coqueta sonrisa dispuesta a olvidar completamente el entrenamiento que tenían en mente al inicio de la conversación.

El joven de cabellos azabaches esbozó una media sonrisa. —¿Demostrarte qué? —preguntó ronco acercándose al rostro de la chica. Sus labios estaban apenas separados por algunos milímetros.

Podía sentir perfectamente como sus mejillas ardían; ya no le importaba que él notara que con solo un par de movimientos podía tenerla fácilmente rendida a sus pies. —Que estás en mejor forma que nunca —sonrió pícaramente mientras rodeaba con uno de sus el cuello de Ranma—, puedes demostrármelo todo el día… si lo deseas, Ranma —agregó en un sensual murmullo.

No podía ser más complejo aquel debate encarnizado que se había generado en su mente: por un lado deseaba arrancarle toda la ropa y hacerla suya una y otra vez para demostrarle sus habilidades. Por otro, sabía que tenía que autocontrolarse y seguir con el juego que habían comenzado minutos atrás. Sus manos se movieron automáticamente hacia los muslos de la muchacha hasta rozarlos. —Yo… yo… ¡tenemos que seguir con el entrenamiento! ¿no recuerdas? ¡je! —espetó intentando calmar su nerviosismo.

Enredando su mano entre sus cabellos se encargó de acercar un poco más sus rostros. —¿No es lo que estamos haciendo, mi amor? —susurró en su oído mientras rodeaba con una de sus piernas su cadera.

—Ha… hai —se limitó a responder sintiendo sus mejillas arder ante la cercanía con su esposa. Una leve molestia comenzó a manifestarse en cierta parte de su anatomía.

Suavemente movió su rostro hasta dejar que sus labios rozaran por un instante. —Lo demás… —pronunció en un sensual murmullo pegada a sus labios—, puede esperar… nosotros no… —suspiró esbozando una sonrisa antes de besarlo apasionadamente.

Fin flash back.

—¡No deberían ser tan entrometidos! —protestó furiosa cruzando los brazos sobre su pecho—. Además no fuimos tan ruidosos —masculló entre dientes.

—¡Era imposible no escuchar, hermos…! Etto… ¿Akane, na? —murmuró lo último Yamato con sus mejillas levemente sonrojadas por su equivocación. —, solo pasamos para indicarle la habitación a un matrimonio que llegó hace pocos días —aclaró aún con sus orejas ardiendo.

—¡Oe! Deberían haber pasado de largo… ¡no tenían que quedarse a escuchar al lado de la puerta! —masculló Ranma tomando a su esposa de los hombros para acercarla a él. Ese idiota era un atrevido, acabaría con él si seguía mirando a su esposa de aquella manera. Y no había ningún elogio que lograra doblegarlo.

—En realidad se escuchaba desde el otro pasillo —comentó Takeru provocando que el rubor de la pareja aumentara considerablemente—. ¡Pero eso ahora no importa! ¡Saotome eres nuestro ídolo! —exclamó efusivamente palmeando la espalda del muchacho—. Hay que ser muy hombre para resistir tantos días… tienes que decirnos cuál es tu secreto —agregó observándolo con gran admiración.

El chico de la trenza tenía que admitir que se había equivocado. Aquel elogio realmente había logrado doblegar sus celos y había aumentado su ego al mil por ciento. —Je… mi… mi secreto es innato, muchachos… creo que eso no se aprende —murmuró levemente sonrojado intentando fingir compostura.

La muchacha presionó sus puños con fuerza mientras miraba de reojo a su egocéntrico esposo. —Kuso… ¡Deja de decir tonterías, baka! —protestó avergonzada.

—No puede ser innato, debes tener alguna técnica especial, Saotome… deberías compartirla con nosotros —espetó suplicante Takeru ignorando completamente a la furiosa jovencita de cabellos azulados.

—Podría compartirla, pero tendría que ganar algo con ello, na? —propuso Ranma con una media sonrisa ignorando por completo a su mujer que apretaba furiosa los puños.

—¡Todo lo que podamos hacer! ¡Solo tienes que pedir! —exclamó Yamato. Sus ojos brillaban de la felicidad que sentía.

—¡Todo lo que quieras, Saotome! Hasta olvidaré que no quisiste presentarnos a la sexy pelirroja —comentó un ilusionado Takeru.

—¡Kuso! ¡¿Estas pensando en contarles algo, baka? —exclamó furiosa tomando al muchacho por la camisa, obligándolo a prestarle atención.

—¡Hai, Ranma-sama! Tienes que contarnos… puedo conseguir lo que desees, eres el mejor ¡nunca había visto a alguien con tanta disposición como tú! —sonrió admirado el chico de cabellos claros.

Ranma rió divertido ante la molestia de la jovencita. No pensaba contar nada de su intimidad, pero si inventara algunas cosas para el par de idiotas conseguiría muchos beneficios. —No creo que contarle un par de secretos de las técnicas Saotome vaya a afectarnos ¿na? —murmuró con una media sonrisa mirando al par de jóvenes que asentían entusiasmados.

La muchacha frunció el ceño, se disponía a mandarlo al demonio cuando fue interrumpida por uno de los empleados del hotel.

—Ya lo imaginaba, tiene que haber alguna técnica secreta para poder sobrevivir a una mujer tan efusiva y exigente —afirmó Takeru—. Nunca olvidaremos todo el movimiento que hubo aquí la primera vez que vinieron —sonrió guiñándole un ojo a la sonrojada jovencita.

—Fue estremecedor… nunca vimos a ninguna chica con tanta energía —agregó Yamato olvidando la presencia de la chica por algunos segundos—. ¡Debes tener muchos secretos para poder complacer a alguien como la preciosi… etto… tu, tu mujer! —tartamudeó nervioso por la posible respuesta del joven de ojos azules.

Ranma prefirió ignorar aquel pequeño desliz del chico. Sabía que su esposa era hermosa y era normal que otros idiotas lo notaran. —¡Je! Realmente… son muchos, técnicas que requieren de años de práctica… pero soy un buen maestro, quizás puedan hacerlo en unos pocos días, muchachos —sonrió de oreja a oreja.

—¡Chikuso! ¡Idiota engreído! —exclamó dándole un fuerte codazo en el estomago—. ¡Y ustedes dejen de ser entrometidos! ¡Vuelvan a su trabajo! —agregó mandando a volar con una fuerte patada al par de muchachos que seguramente tardarían horas en volver a su trabajo—. Y luego te quejas de esos tipos, baka —bufó caminando orgullosa con dirección a la salida del hotel. No había avanzado ni siquiera un par de pasos cuando sintió que era tomada por la cintura y rápidamente atraída hacia los brazos del muchacho—. No creas que vas a convencerme con esto —masculló frunciendo el entrecejo.

—¡Oe! Solo quería obtener alguna cosa interesante de ese par de idiotas —sonrió divertido Ranma—, ¿tú creías que iba a decirles algo? ¡je! Jamás podrían dominar ninguna de mis técnicas —afirmó totalmente egocéntrico.

La muchacha frunció más el entrecejo. —Idiota egocéntrico, deja de hablar de técnicas que no existen…sólo tienes suerte —refunfuñó tomándolo por la camisa.

—¿Tú crees que solo sea suerte, koishii? ¡Yo creo que es innato! —sonrió divertido tomando a la chica de la cintura para apretarla contra su pecho.

Akane bufó frustrada, estaba segura que el ego de su esposo alcanzaba niveles muy superiores a los de cualquier ser humano. —¿Innato? —preguntó arqueando levemente una ceja—. No lo creo… sólo es suerte y te ayuda mucho que esté enamorada de ti, baka —afirmó tercamente, nunca admitiría que tal vez él tenía algo de razón.

—Hai… es una de mis cualidades —bufó mirando de reojo a la chica por herir su ego al afirmar que solamente se trataba de suerte—. ¿También crees que logré conquistarte por simple azar? —preguntó mirándola de reojo.

Inmediatamente las mejillas de Akane se colorearon de un intenso color rojizo. —Eso no tiene nada que ver, hablamos de que eres un idiota engreído que insiste en tener ciertas técnicas… no de cómo me conquistaste —protestó débilmente desviando la mirada.

—Yo quiero mi respuesta ¿no puedes contestar a eso? —preguntó Ranma sonriendo divertido.

Rápidamente volteó el rostro para fulminarlo con la mirada. —Puedo responder a eso, pero no quiero —masculló presionando con más fuerza la camisa de su esposo.

—¿No quieres? —murmuró gutural Ranma en el oído de la chica para luego mordisquear su lóbulo—, voy a convencerte… ¡tienes que responder! ¿o acaso tienes miedo? —preguntó mirándola desafiante.

Su rostro se encendió aún más si es que esto era posible luego de la tentadora caricia del muchacho. —¡¿De qué tendría miedo? —protestó frunciendo fieramente el entrecejo mientras correspondía ampliamente su mirada—. Sabes bien que no creo que fuera por azar, baka, y no me digas que usaste alguna técnica para conquistarme porque no fue así —agregó presionando con más fuerzas su camisa.

—Entonces es parte de mi encanto innato, koishii —murmuró besando una de las mejillas de la chica. —, ¿o estoy equivocado? —susurró por lo bajo mirándola intensamente en sus ojos chocolate.

—Yo… ¿a qu… qué te refieres con tu encanto natural? —balbuceó perdida en aquella mirada azul que siempre lograba cautivarla.

—Por ejemplo… etto —murmuró el muchacho levemente sonrojado. —, creo que tuviste una muy buena impresión cuando nos conocimos, na? —sonrió mirándola de reojo algo tímido.

—¿Qu…qué… yo tu… tuve qué? —preguntó con dificultad sintiendo su rostro arder—. La… la … u… única impresión que tuve fue que eras grosero y engreído —añadió hecha un manojo de nervios; sabía que precisamente a qué se refería el muchacho pero no estaba dispuesta a admitir que a pesar de lo vergonzoso que había sido ese día le había parecido increíblemente guapo.

—¿Grosero y engreído? ¿Solamente eso? —preguntó Ranma guiñándole un ojo acercándose más a ella hasta casi rozar sus labios.

—Y… y… ta… también un pervertido —musitó estremeciéndose al sentir su cálido aliento acariciando sus labios.

—¿Eso era un elogio? —preguntó con una media sonrisa en su rostro. —, creo que no me molesta como antes… me gusta verte sonrojada cuando me llamas así, significa que mi encanto innato es muy efectivo —susurró ronco besando las comisuras de la chica.

—Engreído… —pronunció casi en un suspiro dejando que sus labios se unieran en un corto beso—, tal vez tu encanto natural tuvo algo que ver… ¿tú te enamoraste a primera vista, no? —preguntó dedicándole una traviesa mirada.

—Ha… hai, fue algo así —murmuró levemente sonrojado. —, me gustó mucho tu sonrisa… fuiste muy amable cuando me pediste que fuéramos amigos —agregó en un susurro para luego rozar sus labios.

Sonriente rodeó con sus brazos el cuello de Ranma. —¿Amigos? —preguntó arqueando levemente una de sus cejas— Quería que fuéramos amigas, baka —comentó divertida sacándole la lengua—. Ahora entiendo por qué te pusiste tan celoso cuando decidí quedarme con P-chan —añadió dejando escapar una pequeña risita.

—¡Diablos! No deberías burlarte de eso —murmuró levemente irritado—, y mis celos tenían un motivo justificado, ¡cerdo degenerado! No sé cómo pudiste perdonarlo —agregó por lo bajo apretando los puños.

La sonrisa que se dibujaba en sus labios aumentó. —¿Aún te molesta que lo perdonara? —preguntó dejando que sus dedos se enredaran suavemente en sus negros cabellos—. Creo que me costó más perdonarte a ti —afirmó atrayendo inmediatamente la mirada de su esposo.

—Y no entiendo aún por qué… ¿Cuántas veces te advertí no estar cerca de ese degenerado? —preguntó arqueando una ceja al recordar la expresión de felicidad de Ryoga al estar cerca de los senos de SU esposa.

Una ligera sonrisa escapó de su garganta, era evidente que Ranma aún sentía celos al recordar aquella época. —Tal vez tuvo que ver que estuviera enamorada de ti, baka —comentó divertida, antes de depositar un ligero beso en sus labios.

Un ligero sonrojo apareció en el rostro del joven. —Sab… sabes cuantas veces quise evitar que durmiera contigo… maldito sea, deseaba tanto estar en su lugar —pensó en voz alta recordando a la muchacha en sostén cargando al cerdito.

La muchacha se alejó algunos centímetros de su esposo, mirándolo completamente sonrojada y con mucha dificultad para articular sus palabras preguntó: —¿Tú… tú pen… pensabas… es decir… ya en esa época… tú… tú querías dormir conmigo?

—Yo… yo… —el muchacho sintió su cuerpo arder ante la pregunta de la chica—, tú… tú sabes… yo pensaba acercarme un poco más, en aquella época no podía siquiera estar a algunos pasos de ti —comentó mirando hacia un lado.

Frunciendo levemente el entrecejo lo miró a los ojos. —Si no hubieses sido tan grosero no te habría costado tanto acercarte —replicó algo ofendida.

—Era mi forma de defender mi orgullo —se justificó entre dientes. —, tal vez temía que no fuera correspondido, por eso decía esas cosas… —murmuró por lo bajo mirándola de reojo.

—Eso demuestra solo una cosa, ¿sabias? —afirmó Akane acercándose nuevamente al muchacho para rodearle con uno de sus brazos el cuello—. A veces actúas como todo un idiota —comentó divertida dedicándole una traviesa mirada.

—¿Idiota? ¡oe! —murmuró algo indignado por aquella afirmación de la muchachita—, aunque… tal vez pude serlo, un poco, solamente —agregó cambiando su expresión facial. Había tardado demasiado en estar junto a aquella mujer, realmente había sido un imbécil.

—¿Sólo un poco? —preguntó divertida acercando nuevamente sus rostros—. Aunque yo tampoco fui muy agradable… no era fácil notar que yo… ya sabes —agregó algo ruborizada.

—¿Qué tú? ¿Qué estabas perdidamente enamorada de mí? —preguntó con un tono seductor besando una de sus comisuras. Entrelazó sus manos con las de ella—. ¿Vamos a salir, entonces?

—¡Oye! Nunca dije que estuviera perdi… —Sus palabras se vieron interrumpidas cuando el muchacho selló sus labios en un corto beso, pero lo suficientemente intenso como para hacerla olvidar cualquier tipo de protesta—. Hai, ¿qué esperas para llevarme a la ciudad? —preguntó dedicándole una dulce sonrisa.

Ranma y Akane habían terminado de atravesar el bosque, estaban a unos pocos pasos de la ciudad. En unas cuadras más llegarían a la heladería que Akane tanto deseaba visitar.

—¿Vamos a pedirlo y tomarlo en el cuarto? —preguntó Ranma mirando intensamente a su mujer.

—Pervertido —protestó levemente sin poder evitar que sus labios se curvaran en una juguetona sonrisa—, no sé qué te hace pensar que quiero volver tan rápido al hotel —añadió mirando de reojo a Ranma.

—¿No es una excelente idea? —preguntó mirándola fijamente—, ¿para qué quedarnos en la ciudad? Allá estamos más confortables —sonrió.

—Porque ya pasamos mucho días en el hotel… podemos estar confortables en cualquier lugar… pensé que te gustaba la aventura —comentó acercándose un poco más a su esposo—. El día está soleado… no sería una mala idea —añadió susurrando suavemente en su oído.

—¡Me gusta! ¿qué te parece una visita al bosque? —murmuró con una media sonrisa mirando a la muchacha.

—Me parece que te has vuelto un buen discípulo del maestro Happosai, baka —comentó antes de reir abiertamente—. Sólo estaba bromeando, baka —afirmó mientras se alejaba algunos pasos dejando tras de si a un sonrojado Ranma.

—¡Kuso! ¿por qué no podríamos ir? No dije nada malo… solo visitar algunas termas vírgenes… y caminar ¡solo eso! —sonrió mirándola intensamente dejando claro que sus intenciones eran otras—, es una buena idea… ¡no dije nada sugerente! ¿o tú que imaginabas? —preguntó malicioso.

Rápidamente se devolvió sobre sus pasos para enfrentarlo. —No necesitas decirlo, baka, co… conozco esa mirada —espetó algo nerviosa indicando el rostro del muchacho. No podía engañarla, conocía esa mirada desde aquella vez que Shampoo le había dado aquel afrodisiaco con el que estuvo a punto de caer en sus brazos.

—¿Esa mirada? ¿Cuál? —preguntó Ranma fingiendo demencia mientras intensificaba aquella mirada especial que solo utilizaba para observar a su mujer. Sus pupilas se dilataron, levemente mordió su labio inferior—. ¿Estás bien? —preguntó acercándose aún más a ella.

Como una fuerte ráfaga una intensa oleada de calor le recorrió el cuerpo. Estaba segura que Ranma actuaba de esa forma a propósito, pero no pensaba delatarse tan fácilmente aunque en ese instante sintiera que en cualquier momento sus piernas flaquearían producto de aquella mirada que provocaba en ella el mismo efecto que un intenso rayo de sol sobre un cubito de hielo. —Sa… sabes muy bien de qué hablo —balbuceó con dificultad volteando levemente el rostro para enfocar su mirada en algo que le permitiese olvidar sus ganas de lanzarse sobre su esposo—, y por supuesto que lo estoy… ¿por qué demonios estaría mal? —bufó cruzándose de brazos.

Ranma tomó a la chica de la cintura apretándola entre sus brazos. —¿Estás nerviosa, koishii? —preguntó acercando su boca al rostro de la muchacha para rozar sus labios en sus mejillas—, no deberías estarlo… creo que es normal que sucedan ciertas cosas entre nosotros… ya lo hemos hecho tantas veces, ¡y las que nos faltan! —espetó besando la comisura de su mujer.

Un delicioso escalofrío le recorrió la espina al sentir sus labios rozando tentadoramente su piel mientras en su mente no dejaba de repetirse una y otra vez las últimas palabras de Ranma. —Ya… ya te dije que no lo estoy —afirmó tercamente mientras rodeaba con sus brazos el cuello del muchacho—, tú si lo estarías si yo te estuviera coqueteando del modo en que… ya sabes… lo estás haciendo —murmuró sonrojada.

—Estoy coqueteando así porque tú me estimulas para que lo haga, mi amor —murmuró ronco en el oído de la joven mordiendo levemente el lóbulo de su oreja. Lentamente se dirigió a sus labios para rozarlos dulcemente—, aishiteru —concluyó.

Ella rió suavemente antes de acercar sus rostros, estaban a escasos centímetros de besarse cuando un estridente crujido los hizo voltear el rostro en dirección al bosque.

—¿Ranma? —preguntó un maltrecho Ryoga abriéndose paso entre los arboles con una de sus técnicas. Había salido esa mañana a buscar leña para el desayuno y luego de varias horas aún no conseguía volver al campamento— ¿Qué demonios hacen tan lejos de Kyoto? —agregó curioso.

—¿Y tú qué mierda haces aquí? —preguntó Ranma exaltado separándose de su esposa para mirar amenazante al muchacho eternamente perdido. Una vez más había arruinado uno de sus mejores momentos—. ¡Diablos! ¡eres tan oportuno! —se quejó.

—Óyeme —farfulló frunciendo el entrecejo—, no es mi culpa que estuvieras acosando a Akane-san en medio del bosque, baka, además deberías agradecer que nos encontramos —afirmó acercándose al ahora curioso muchacho de la trenza.

El joven de ojos azules arqueó una ceja sin comprender. —¿Alegrarme por qué? por tu inoportuna presencia lo dudo… —masculló irritado.

El muchacho eternamente perdido esbozo una media sonrisa. —Tenemos un mapa que nos llevará a un lugar donde podré deshacerme de P-chan.

Continuará


Notas de las autoras:

¿Cuál creen ustedes que fue la versión más cercana a lo que pasó? La de Ranma o la de Akane? Creo que eso nunca lo sabremos :P

La escena a la que me refería al empezar es la de los tipos que trabajan en el hotel, ellos son un encanto jajaja y por Dios como ayudan a la autoestima ya de por sí muy elevada de Ranma.

Esperamos que les haya gustado el capítulo y las dejamos en la duda sobre lo que pasará en al expedición a la sucursal de Jusenkyo :P

Nos vemos en tres semanas, como siempre esperamos sus comentarios ;)

Besos,

Freya


Palabras en japonés:

Hai: Sí

Na: Pregunta que requiere siempre de una respuesta afirmativa (¿no?, ¿cierto?) Las chicas usan la partícula ne y los chicos el na.

Baka: Idiota

Ohayou: Buenos días

Etto: Interjección de duda (¿Uhm?, ¿Eh?)

Anata: Significa tú pero también es la forma en que las mujeres se dirigen cariñosamente a sus parejas (Amor, querido, cariño) :

Koishii: Mi amor, amada

Matte: Espera

Oe: Hey , Oye

Chikuso: Mierda, maldición, maldita sea

Kuso: Mierda

Aishiteru: te amo