Saba fidelium est

-Vine tan rápido como pud--

- ¡Cierra esa puerta!-

- ¿Qué pasa?-

- ¡Cierra la puerta, Sami!-

- ¿Me puedes decir qué está…? ¡Ay no! ¡Artemis!-

Abrazada de sus rodillas, con la cabeza entre ellas, temblando, como si estuviera congelándose.

Sami corrió hacia Saba, pero no dio un paso más. Los dos la miraron desde un espacio prudencial.

Gimiendo, apretando más sus brazos a sus piernas.

-Esto no puede ser el aniversario… me dijiste--

-No es-

Una ráfaga de viento les alborotó las capas. Saba miró en todas direcciones, pero no había ninguna ventana o puerta abierta en el salón destruido. Tal vez por eso ese viento se sentía tan familiar.

Mechones de cabello de Artemis empezaron a flotar y ella gimió aún más fuerte.

Sami tembló en su lugar.

- ¿Qué está pasando?- chilló.

-Estábamos yendo a almorzar- empezó Saba, mecánicamente- de pronto Artemis se quedó quieta y me dijo que tenía que irse porque se sentía mal. Ya se había estado sintiendo incómoda todo el día. Entramos al salón y ella empezó a rascarse el brazo, las manos, a sacudir el cuerpo como si se le hubiera dormido algo y luego nada… se quedó así-

Sami lo miró sin entender y luego clavó los ojos en su mejor amiga. Dio un pasito nervioso y luego un par más rápidos antes de que Saba pudiera detenerla.

- ¿Artemis?- llamó- ¿Artemis?- preguntó una vez más, acercándose.

-No- lloriqueó ella.

- ¿Tienes náuseas? ¿es eso? ¿quieres vomitar?-

Artemis gimió.

-Eso es. Ya, no te preocupes, tienes que vomitarlo todo- animó Sami- ya vas a ver cómo luego te sientes mejor. Saba- se volvió hacia su mejor amigo- asegura la puerta-

- ¡Hazte a un lado!- gimió Artemis.

Saba y Sami se quedaron inmóviles cuando su mejor amiga levantó la cabeza. Su rostro estaba surcado por gruesas gotas de sudor y un chorro continuo de lágrimas que habían puesto rojos a sus ojos chiquitos. Su boca, temblorosa, estaba manchada por la sangre que se había sacado al morderse el labio inferior tan fuerte. Y toda su cara estaba arrugada por la desesperación con la que estaba llorando.

-Asegura la puerta, Saba- repitió Sami- Artemis… ¿qué…?-

Artemis negó. Su cuerpo convulsionaba con más fuerza cada vez.

- ¿Qué te pasa?-

Ella volvió a agachar la cabeza y gritó contra una de sus rodillas. Los ojos de Sami también se llenaron de lágrimas y quiso acercarse más, pero no pudo. Estaba asustada.

- ¿Qué te duele? ¿La cabeza? ¿Es muy fuerte?-

-Mis dedos, Sami- la oyó, aterrada.

- ¿Tus dedos? ¿Qué le pasa a tus dedos?-

Artemis gimió y empezó a llorar sin control. Sami se mordió el labio para no imitarla, jamás había visto a su mejor amiga tan desesperada.

-A ver si te sueltas de una vez-

Una ráfaga de viento aún más fuerte cruzó la habitación. El llanto de Artemis se volvió más desesperado y aún más porque intentaba ser lo más contenido y silencioso que podía. Saba y Sami fueron hacia ella pero algo los detuvo. Una nueva ráfaga, más fuerte que todas las anteriores juntas.

Los cristales de las ventanas empezaron a vibrar peligrosamente, al igual que sus marcos, los zócalos del piso y el cuadro de la rana que cubría una entrada a los pasillos secretos de Stormenhand. Sami y Sami se cubrieron las cabezas por todo el tiempo que la ráfaga sacudió el salón, pero tan pronto como esta empezó, terminó.

- ¿Artemis?- llamó Sami.

Su mejor amiga estaba ahora sobre sus rodillas, con la cabeza hacia un lado, el cabello cubriéndola toda y su mano derecha rascando con vehemencia el antebrazo izquierdo, como si quisiera removerse la piel.

-Perdón- les dijo, bajito.

Saba corrió y se hincó junto a ella.

-Es eso ¿no?- le preguntó.

Artemis asintió.

-Trato de pararlo pero…-

-No- Saba rodeó sus hombros con los brazos y apoyó su cabeza en la espalda de Artemis- dale, yo te voy a sostener-

-No- lloró Artemis.

-Tienes que dejar que todo eso salga, es como el vómito-

- ¿Te refieres al viento?- preguntó Sami.

-No…- pidió Artemis- no…-

-Artemis, Artemis… escúchame, es como cuando vomitas, si te pones más nerviosa es más difícil. Yo te estoy agarrando, no te va a pasar nada malo. Mira, mi cabeza- Saba frotó su mejilla contra la espalda de su mejor amiga- ¿ves? No me voy a ir. Suéltate-

- ¿Ya ves? ¡Suéltate!-

¿Y las hormigas? ¿Y los escalofríos? ¿Y esa sensación horrible de que estaba vomitando una masa granulada por cada poro de su cuerpo?

Artemis agachó la cabeza.

-Esto solamente te va a empeorar- continuó Saba- si no botas todo…-

Artemis gimió y empezó a llorar de nuevo.

-Aquí estoy, aquí-

El cabello de Artemis empezó a flamear con más fuerza conforme todo su cuerpo se iba poniendo más y más tieso. Saba apretó el abrazo. Artemis empezó a sacudirse y a hacer todo lo posible para liberarse de su mejor amigo, pero le era imposible, en apariencia, porque mientras ella más se sacudía, Saba más se aferraba a su abrazo.

Las ráfagas de aire empezaron a hacerse más y más intensas y los intentos de Artemis más y más violentos conforme su rostro se contorsionaba más y profería gritos descarnados y mudos.

-Sami, sal de ahí- dijo Saba, sin aire.

Sami asintió y se acomodó torpemente en una esquina y en ese preciso momento, después de lo que pareció una explosión que hizo que las ventanas casi se rompieran, todo cesó.

Las capas de los tres dejaron de flamear al instante, las capuchas volvieron al lugar y el cabello de Artemis se pegó a su rostro sudoroso. Saba seguía sosteniéndola, sin embargo y por primera vez, Artemis no peleaba el abrazo.

Unos segundos después lloraba como una niña que se acababa de hacer una herida muy fea y sangrante y Saba la consolaba como si fuera su papá, sobándole la cabeza y dejando que se desahogara.

Y desde atrás Sami los miraba con el rostro neutro, incapaz de mover un solo músculo para unirse al abrazo.

…..

Artemis y Saba llegaron a Encantamientos Ocultos pero decidieron saltarse la clase de Encantamientos. Ver a Gamma no era lo que más le apetecía a Artemis, en cambio se la pasaron colgados de los pies de las vigas más altas del gimnasio, como cuando eran más chicos.

Ninguno de los dos dijo una sola palabra, es más, teniendo en cuenta el comportamiento de Artemis después de los aniversarios pasados, el asunto en el salón destruido podría pasar fácilmente como algo que nunca sucedió. Esas eran sus intenciones al menos, ni siquiera quería dejar ese recuerdo en el Pensadero, aunque nadie lo fuera a ver.

-No vas a durar mucho tiempo así-

Artemis no respondió.

-Sabes que no vas a durar mucho tiempo así. La primera, ya, puede que seas capaz, pero no va a ser la única. Tú te has dado cuenta de eso, no es como cuando vomitas y te quedas vacía y satisfecha… porque no estás ni vacía ni satisfecha- Harry la miró fijamente a los ojos- ¿por qué crees que te pican los dedos?-

-Asu, que falta de condición. No hemos estado ni la mitad del tiempo que solíamos y ya se me subió la sangre a la cabeza- dijo Saba, cuando terminaron de bajar de las vigas del gimnasio.

Artemis asintió.

-Bueno, creo que me voy- le dijo su mejor amigo- ya van a venir los del equipo de esgrima a entrenar ¿no? Creo que hay un par de resentidos que todavía no aceptan que Fleance esté en la enfermería…- le dio un beso en la mejilla a Artemis- ¿te espero despierto?-

Artemis se encogió de hombros.

-Será- Saba sonrió y salió trotando del gimnasio.

No pasaron ni dos minutos de que su mejor amigo se fue para que llegaran los miembros del equipo de esgrima. Una de las tradiciones del club, recordó Artemis, mientras veía a los mayores desvestirse para ponerse encima sus sudaderas y ropas de trabajo, era que sus miembros eran puntuales al extremo. Es más, la mayoría de ellos aprovechaba el tiempo antes de clase para practicar relajadamente, mientras conversaban.

Artemis sintió un vacío curioso dentro de ella. Se suponía que esgrimir era aquello que más le hacía feliz y que cada práctica con el equipo era la oportunidad perfecta para olvidarse de todo… pero no sentía nada, sólo una vaga impresión de conformidad. Culpa del aniversario, probablemente.

- ¿Y Saba? Te has sentido feliz antes ¿o no? En el Paso ¿no te acuerdas?-

-Vete-

El profesor Pólux Altair llegó a las 7 en punto de la noche, lo flanqueaban Cástor Altair, su hermano gemelo y Gerard Greenhouse, el genio de la esgrima.

Los dos profesores estaban más parecidos que nunca, a pesar de las cicatrices en diferentes ojos. Ambos tenían el cabello suelto, probablemente a la misma altura, que flameaba ídenticamente y la misma manera de caminar, con pasos largos y fuertes. Pero había algo que permitía distinguirlos, la manera en la que sonreían: el gesto de Cástor era más relajado y afable, e incluso juvenil, de lo que la más alegre sonrisa de Pólux podría llegar a ser.

-A ver, dejen las armas- pidió el profesor Pólux. Todos le hicieron caso al segundo y se agruparon en torno a él- creo que ya se estarán imaginando la razón por la que mi hermano me acompaña esta noche…-

- ¿Revisión sorpresa?- preguntó Leto Dagar, la chica de Valthemoon.

Pólux y Cástor asintieron a la vez. A Artemis le pareció que Gerard Greenhouse esbozaba una sonrisa de suma satisfacción.

El procedimiento era sencillo y todos empezaron a ejecutarlo sin necesidad de una orden. Luego de un bufido generalizado, chicos y chicas se dispersaron por todo el gimnasio, unos entraron al baño, otros, como Artemis, caminaron parsimoniosamente hacia la esquina más alejada y todos arreglaron aquello en ellos que podía llamar la atención de los profesores Altair y por ende, requerir una cita con la enfermera. O una llamada de atención.

Artemis sacó disimuladamente el frasquito de poción que le había dado Miss Grapehood y bebió un sorbo considerable del contenido. La cabeza le latía con fuerza, no con una particularmente alarmante, sino dentro de lo que esperaba tras el aniversario, pero lo más probable era que los profesores no lo supieran y la enviaran con la enfermera si es que se daban cuenta de que algo estaba mal.

En realidad, todo estaba mal.

Luego de tomar la poción, Artemis se aseguró de que la venda de su brazo estuviera firmemente ajustada y que no hiciera ningún bulto que pudiera llamar la atención. Inmediatamente después, con la misma dedicación de un relojero, empezó a vendarse las manos y los brazos, fuerte. La aspereza de las vendas viejas del equipo de esgrima era el paliativo perfecto para los miles de golpes de pequeñas patitas que producían las hormigas al recorrer a Artemis una y otra vez. Y al apretarlas sentía que todo estaba bajo control, en su lugar, sin peligro a que escape.

Finalmente ajustó las vendas gruesas que se ponía en el pecho y volvió al centro del gimnasio, en donde se formaba una larga línea de estudiantes listos para la revisión.

La razón por la que el profesor Pólux sometía a su equipo a revisiones de sorpresa era por la conocidísima aversión de los muchachos a someterse a los chequeos médicos rutinarios de principios de año. Malcriados, engreídos y caraduras. Así los describía Miss Grapehood después de pasar todo el día con ellos y no le faltaba razón, los esgrimistas de Goldenwand eran conocidos por creerse superiores a cualquier diagnóstico médico. Además, en el equipo había una tradición de larga data (que estaba incluso cuando el profesor Pólux era estudiante y parte del equipo) de encantamientos para evitar, confundir y ocultar.

Así que no había mejor manera para llevar una real cuenta de lo que sucedía con los muchachos, que haciéndoles esos exámenes sorpresa. Y estaba el hecho de que el profesor Pólux sabía que su equipo lo respetaba lo suficiente como para no evitar, confundir u ocultarle algo.

Su trabajo era simple, dentro de todo, al menos en apariencia: abrir la boca, ver dientes, lengua y paladar, luego los ojos, un breve estudio del semblante, de la mandíbula y de algún lugar junto a las orejas para ver si se habían hinchado o algo. Sonar la nariz para encontrar obstrucciones y si es que había secreción, se llevaría a Miss Grapehood. Luego estirar brazos, confirmar la fuerza de ellos, el alcance, color de la palma de las manos, búsqueda de moretones, heridas, luxaciones o miembros débiles y lo mismo para todo el cuerpo.

La revisión por lo general tardaba todas las horas de práctica. El primero en someterse a ella siempre era el capitán. Y en esa ocasión, como de costumbre, Gerard Greenhouse fue declarado saludable como una manzana.

El siguiente, Zar Simon, no tuvo tanta suerte. Aunque su brazo roto estaba recuperado casi del todo, el profesor Pólux prefirió enviarlo con Miss Grapehood… y eso para los miembros del equipo era indicador casi preciso de baja por enfermedad.

Artemis tomó una profunda bocanada de aire y decidió ir practicando una explicación lo suficientemente convincente de por qué estaba tan débil. Zar Simon había sido dado de alta desde hacía más de un mes y cada vez más se iba readecuando al ritmo regular de los entrenamientos… mientras que su aniversario había sido hacía menos de tres días. Sus pómulos seguían sobresaliendo porque sus mejillas estaban hundidas y las ojeras de sus ojos estaban tan pronunciadas que parecía que se había maquillado, pero eso no era lo peor. Tenía que explicar por qué sus brazos y sus piernas se estaban sosteniendo a penas y si no tenía suerte, entonces tendría que decirles a los profesores la causa de las vendas tan apretadas en sus manos.

Hormigas, señores, hormigas.

-Ya era hora de que te dieras cuenta de quién es el que manda por aquí- oyó que alguien le decía, justo detrás ella. Era la voz inconfundible de Greenhouse- y no es porque me guste que la gente sepa que soy más grande que ellos o que tengo el poder o cualquiera de esas conclusiones esotéricas mágico-antropológicas que la gente se imagina… en fin, ya era hora, Black. Por suerte, tuya, claro, has pasado esa pequeña prueba que se me antojó tomarte. Ghana Abies está en el equipo como titular y tú has demostrado que puedes ser mi suplente- con sólo escuchar el nombre de Ghana dicho por la voz de su capitán, Artemis sintió que la presión se le bajó tanto que podía desmayarse- Tengo una estrategia bastante precisa para los Juegos, no es que les vaya a decir cómo atacar ni nada, eso lo deciden ustedes, pero cuanto a los movimientos de personas… en fin, no te explico porque no vas a entender, el asunto es que necesitaba saber que eras capaz de hacer lo que te pidiera aunque lo más probable era que no se te antojara. O que creyeras que era un imbécil. Sí, no me digas que no lo pensaste, no soy idiota. El equipo es lo más importante, Black, que no se te olvide… lo más importante. ¿Qué estaba diciendo? Ah, sí, mi suplente. Vas a pelear en mi lugar, tenlo por seguro… y si no das la talla, te juro por el sagrado suspensor de Merlín que voy a hacer que te quiten esa espada que te dieron como premio en el Pre-Torneo. Ahora, ni bien acabe esta revisión, me vas a explicar por qué tienes la cara que tienes… acuérdate de nuestro trato Black, si te enfermas, te descubro-

Artemis asintió y miró hacia su izquierda levemente, para ver si los profesores estaban cerca. No. Tenía el suficiente tiempo como para recobrar el aliento y dejar de sudar compulsivamente por lo que le acababa de decir Greenhouse.

Se había olvidado por completo de Ghana.

Las amenazas que su capitán le había hecho desde que empezó el año le llegaron una a una como provenientes de un pasado muy lejano. No enfermarse. Traer a Ghana, traer a Ghana. Viernes como última oportunidad. Pero el aniversario pasó y los meses anteriores se disolvieron y se juntaron en una parte pequeñita pequeñita de su cabeza. Todo. Con Ghana incluida y las amenazas de su capitán. Entonces ¿qué estaba haciendo ella ahí? ¿Por qué Greenhouse no la estaba obligando a hacer diez mil abdominales como mínimo?

"Ghana Abies está en el equipo como titular"

No era una oración encriptada. Ghana estaba en el equipo. Y al parecer ella había cumplido su misión...

Esperó a que Greenhouse dejara de observarla por detrás (sentía su respiración, pero, sobre todo, su ego chocándole la espalda como olas de mar) y luego se hizo hacia delante lo más disimuladamente que pudo para buscar en la fila a Ghana.

La vio adelante y tembló.

- ¡Ya llegó la alegría de la vida!-

El profesor Cástor se apareció delante de ella, sonriendo.

Verlo tampoco fue el gran alivio, porque ni bien lo hizo, el recuerdo de su encuentro con el profesor Wingolf le volvió a la cabeza.

Tenía demasiado acumulado en la cabeza, no podía estar más tiempo sin una sesión de Pensadero.

- ¿Tú también te pones tensa con estas cosas?- le preguntó el profesor Cástor, tranquilamente- no tienes nada de qué preocuparte ¿qué es lo peor que puede pasar? Que te manden a la enfermería y que… horror… te curen- y sonrió.

Artemis recordó a la profesora Ater con esa sonrisa y no dejó de recordarla durante todo el tiempo que duró la revisión. Bueno, en la medida de lo posible porque Greenhouse y su vocecita todopoderosa seguían dándole vueltas en la cabeza. ¿Qué hacía Ghana ahí? Ella no le podía haber dicho nada, no había manera porque sus sueños post-aniversario eran intensos y profundos y era imposible que ella se levantara a menos que la despertaran. Era imposible, sobre todo, porque no recordó absolutamente nada del asunto hasta minutos antes, gracias a Greenhouse.

Que le decía que había cumplido su misión.

- ¿Has estado cargando mucho peso?- le preguntó el profesor Cástor.

Artemis asintió sin mirarlo a los ojos.

-Sea cual sea la razón tienes que dejar de hacerlo, si mi hermano se da cuenta de que estás perdiendo fuerza en los brazos, te va a mandar con Miss Grapehood. Yo mismo te mandaría… pero creo que mejor te doy el beneficio de la duda- miró a Artemis con sus ojos enormes y la cicatriz que cortaba uno… y nunca fue más diferente a su hermano- siempre has sido misteriosa, dando la impresión de que estás metida en algo más. Bueno, para mí-

Artemis asintió, no se le ocurrió qué más hacer.

El profesor Cástor sonrió y siguió revisándola atentamente.

- ¿Algo relevante, Cástor?- preguntó el profesor Pólux, pasando a su lado en su camino al siguiente alumno.

-Si te digo que Black está pálida ¿te sorprendería?-

-No-

-Entonces no. Salvo un leve bajón de energía-

El profesor Pólux se detuvo para revisar a Artemis rápidamente y sonrió satisfecho.

-Aunque… a ver qué hay debajo de esas vendas Black-

Cuando Artemis se quitó las vendas y mostró los antebrazos, evitó mirárselos. Tenía la sensación de que las hormigas que la recorrían podían sobresalir de su piel porque liberarlas de la presión había causado que sus movimientos se hicieran más intensos.

-A ver, Artemis ¿qué es esto?-

Mierda.

Artemis miró al profesor Pólux, luego sus propios antebrazos… y se sorprendió. Tenía enormes rasguños en cada uno, algunos tan profundos que se veían rojísimos, como si hubiera sangrado.

-Estamos esperando-

Artemis bajó la cabeza.

- ¿Fue una pelea?-

Ella asintió, era lo que mejor podía explicar eso.

Cástor y Pólux negaron reprobatoriamente.

-Antes de irte pasa por el botiquín de primeros auxilios y échate un poco de pomada para que se te baje la hinchazón- dijo este último, duro.

-Vendarte tan fuerte tampoco es la mejor idea del mundo- añadió su hermano.

-Trata de no meterte en peleas- dijeron los dos al unísono, aunque no a propósito.

Artemis asintió.

-Está bien enojarse, Artemis- le dijo Cástor, cuando la llevaba al botiquín, porque su hermano le había dicho que era mejor escoltarla para asegurarse de que se curara, porque confiaba en ella, claro que sí, confiaba en que se iba a ir sin darle mayor importancia a sus heridas- pero la idea tampoco es ir peleándose por el mundo-

-Lo siento- dijo Artemis.

-No te disculpes conmigo- admitió el profesor Altair- con Pólux tampoco… sólo no vuelvas a hacerlo por ahora-

-Sí profesor-

- ¿Es tu pelea la razón por la que estabas tan agitada?-

Artemis fingió no haberlo escuchado por estar demasiado concentrada en untarse la crema con cuidado. Cástor pareció creerlo y se limitó a mirarla fijamente y a darle un último vistazo a sus brazos cubiertos de una capa espesa color esmeralda.

-Eso deberá bastar… es lo mismo que les doy a mis chicos cuando se--

Pero Artemis dejó de escuchar. Acababa de ver a Ghana yendo a una esquina a recoger sus cosas para salir.

Se puso de pié torpemente, se despidió del profesor Cástor con un asentimiento de cabeza y corrió detrás de Ghana.

El objetivo de Artemis era alcanzarla antes de que llegara al Paso o a las escaleras de entrada del Castillo Joven. Atraparla en el claro, entonces, donde no hubiera luz que delatara su cara de preocupación o de ansiedad, después de todo era ella la que había llevado a Ghana al entrenamiento de esgrima, porque esa era su misión y la había cumplido, según Greenhouse.

Se quedó un rato pegada a pared del gimnasio, mirando la espalda de Ghana alejarse cada vez más de ella, pero no podía moverse hasta saber si iba a la Isla o al Castillo. Así que esperó hasta que cualquier indicio la llevara a definir su destino.

Sin tardarse mucho, Ghana dirigió su pierna derecha hacia la derecha y el resto de su cuerpo la siguió. Artemis empezó a correr en dirección al Castillo Joven, pero siempre con los ojos fijos en Ghana y atenta a la presencia de cualquier persona que pudiera estar saliendo del castillo.

Una sombra encapuchada apareció en el espacio que separaba a Ghana y a Artemis. Ella se detuvo de golpe y esperó a que el encapuchado la pasara, no iba a tardar mucho porque la sombra avanzaba rápidamente.

Hacia el claro. Hacia el Paso, específicamente.

No.

Hacia el gimnasio. No. Hacia más allá del gimnasio.

Hacia el Bosque.

Iba rápido hacia el Bosque.

Sin pensarlo una vez, Artemis cambió de objetivo y empezó a perseguir a ese encapuchado que iba directamente hacia el Bosque, sin dudas ni espacios de tiempo para confirmar que seguía el camino correcto.

…..

- ¿Artemis?-

Junto con un concurrido grupo de chicas que bajaba casualmente a las 7 de la mañana, llegó Saba y desde los últimos escalones reconoció la espalda de su mejor amiga medio oculta por el respaldar alto del mueble de tres cuerpos que estaba en la sala común de su señorío.

Se hizo paso entre sus admiradoras sin mayor problema y cuando llamó a Artemis nuevamente, esta se sobresaltó, como si la acabaran de despertar de un susto. Pero tenía los ojos bien abiertos y los dirigió a Saba casi con desesperación.

-Te estaba esperando- le dijo.

- ¿Desde hace cuánto estás despierta?-

Artemis negó.

-No he dormido- admitió.

Pensando en Ghana, en Greenhouse y en el profesor Altair. Pero pensando, sobre todo, en lo que había visto en la noche, cuando se fue persiguiendo a alguien hasta el Bosque.

-Anoche llegué después de la 1-

Saba asintió y abrió la boca para hablar, pero notó que Artemis tenía una urgencia rara, como si quisiera vomitar una larga tanda de recuerdos.

Se sentó a su lado y agachó la cabeza, de manera que sus oídos estuvieran más cerca de la boca de su mejor amiga, para que así ella no se esforzara en levantar la voz.

-No tenía idea de la hora- continuó Artemis- esperaba verte, pero cuando vi el reloj… en fin. Ayer, saliendo de esgrima- prefirió ocultar lo que tenía que ver con Ghana, porque lo más probable era que su mejor amigo la reprendiera por haber dejado que alguien más hiciera su trabajo- vi a alguien que se iba para el Bosque. Fui detrás. Desde el principio me di cuenta de que la persona sabía perfectamente a donde estaba yendo porque no paraba para ubicarse. Yo me quedaba rezagada porque nunca he ido por ahí. Por este de la persona hay muchas más ramas y el Bosque parece todavía más tupido. Y estábamos a oscuras, supongo que por el asunto de las Lámpades. Pero poco a poco me fui dando cuenta de algo, me estaba familiarizando con el paisaje. Sospeché. En eso me crucé con una piedra enorme y me caí. Cuando me levanté, la persona ya no estaba… pero yo sabía perfectamente a donde había ido. Me levanté y empecé a correr. Salí del Bosque en segundos-

-No…- susurró Saba, levantando la cabeza para mirar a Artemis.

Ella asintió.

-La persona estaba entrando al Castillo Viejo. Esperé un rato afuera, entre las columnas y luego me fui por otro lado, por si acaso me encontraba Aristóteles y empezaba a molestar, pero ni rastro de él. Corté camino y llegué. Y cuando llegué, la vi. Sabía que iba a estar ahí, desde que la seguía en el Bosque empecé a sospechar. La persona encapuchada estaba frente al Pensadero, agitada. Pero nunca se me habría ocurrido que era ella. Cuando se bajó la capucha…-

- ¿Quién?-

-La profesora Ater-

- ¿Qué?-

Artemis asintió y el recuerdo de la profesora Ater la asaltó como un escalofrío. Su perfil surcado de sudor y sus ojos rojos. Tal vez el sudor se confundía con las lágrimas, pero ella prefería no pensar en eso. Su cabello estaba más despeinado que de costumbre, era una maraña enorme de pelos, y en las comisuras de su boca y de sus ojos se marcaban arrugas incomprensibles para su edad. De preocupación. Marcas en la cara que la hacían verse cansada y tan turbia como la profesora Gabrián. Artemis estaba muda en su escondite, incapaz de hacer un solo movimiento, aunque sabía que la profesora merecía toda la privacidad que podía tener.

Cuando Ursa Ater se dirigió la varita a la cabeza, Artemis tuvo la sensación de estar viendo a alguien muy respetado haciendo algo muy malo. Igual se quedó quieta, mirando, atenta a cada uno de los hilillos plateados que salían de las sienes de la profesora. Atenta a cada reacción. A las exclamaciones de dolor, a los sollozos. Al silencio horrible lleno de incomodidad.

Aún cuando la profesora se fue, con el rostro mil veces más joven y los movimientos menos pesados, Artemis no pudo moverse. Estaba atontada, confundida, como si alguien la hubiera atacado por detrás. Las hormigas empezaron a caminar más fuerte dentro de ella. Unas piedras en el piso temblaron y luego de un intenso movimiento, levitaron. Pero ella estaba absorta en lo que pensaba.

¿Así que eso era lo que hacía?

Su secreto, para ser infinitamente feliz.

Porque esa noche la había visto infinitamente triste, reconcentrada en el Pensadero, actuando con frialdad, calculadamente, sin un solo atisbo de simpatía en la cara, tan tiesa como Gamma cuando leía sus informes y tan dura como Gabrián. Esa era otra Ursa Ater. Y era otra cuando lloraba.

Todas eran otra.

Lloraba como una niña.

-No pude usar el Pensadero- admitió después de un rato.

Aunque se hubiera quedado minutos frente a él, mirándolo fijamente, viendo los hilillos plateados flotar. No había podido entrar a ver los recuerdos uno a uno. No eran suyos.

-Creo que primero tenemos que comer algo- le dijo Saba, poniéndose de pié- luego duermes un rato y después vemos qué hacer-

-Tenemos que hacer algo hoy- indicó Artemis

-Antes de que anochezca, claro- respondió su mejor amigo, volviéndose a ella- no he dicho que no-

Durante el desayuno acordaron encontrarse después del almuerzo fuera del gimnasio. Hasta entonces, Artemis tenía cuatro horas para recuperar el sueño de toda una noche (o intentarlo) y volver con Saba con las energías repuestas… pero no habían energías gastadas así que la cuestión se complicaba.

-Ha pasado menos de una semana, papá- le dijo Artemis a un encapuchado, que estaba echado junto a ella en su cama cubierta de doseles- menos de siete días y… ¿me ves? Mi cara está volviendo a hincharse. Mi color es el de siempre… y no estoy cansada-

- ¿Eso es raro?- respondió el encapuchado.

-Rarísimo. Debería estar echada en una cama, sin poder hacer nada-

-Estás echada en una cama sin hacer nada-

-No es eso-

- ¿Estás cansada?-

-Sí-

- ¿Entonces?-

-Debería estar casi muerta. Sin hablar. Sin…-

- ¿Qué?-

Artemis negó.

Podrías llegar a creer que soy un monstruo papá. No tendrías la culpa, después de todo, es lo que la gente se imagina cuando me ven durante los días del aniversario. Mi tío Remus te puede hablar de eso. No hablo, no siento, ni siquiera calor o frío. Nadie me habla. Nadie se molesta. Es bastante cómodo, de verdad, como un descanso de todo el movimiento. No estoy acostumbrada a lidiar con mucha gente a la vez como te podrás dar cuenta, pero tío Remus tampoco y tengo la impresión de que tú eres un poco así también. Como decía, todo es más cómodo. Dentro de lo que se puede, papá. Dolores de cabeza permanentes, de los que no te dejan ver. Latidos en todo el cuerpo y las malditas hormigas que me traspasan las venas y la piel y los nervios. Son dolores inimaginables… y hoy, no sé si los esté sintiendo tanto como antes.

¿Los estoy engañando, papá?

Artemis se incorporó de golpe. No había podido conciliar el sueño durante las cuatro horas, pero al menos se sentía descansada. Hasta hacía un momento, cuando empezó a sentir una presión en el cuerpo, como si quisiera ir al baño, pero de manera más general. Como si vejigas a lo largo de su cuerpo se estuvieran apretando contra sí mismas, apunto de explotar.

Se aseguró de que no hubiera nadie dentro de la habitación, corrió bien los doseles de su cama y se sentó al centro, con las piernas pegadas a su pecho gracias a un abrazo y se imaginó que era su papá el que estaba ahí, conteniéndole el cuerpo que había empezado a temblar sin cesar, producto de las hormigas que se disparaban fuera de ella y que habían empezado a revolverlo todo dentro de su cama.

Cuando llegó junto a Saba, todavía tenía una ligera corriente de viento alborotándole el cabello y la capucha.

- ¿Tuviste otro de tus ataques?- le preguntó su mejor amigo cuando la vio.

Artemis asintió.

- ¿Estás bien?-

- ¿Has visto a la profesora Ater?-

-No, ni la he cruzado- admitió Saba después de quedarse mirando a su mejor amiga unos segundos.

Artemis continuó hablando como si nada pasara.

- ¿Qué vamos a hacer?- preguntó- he pensado en ir al Castillo Viejo, pero tendríamos que perder nuestra siguiente clase-

-No debemos perder la siguiente clase-

- ¿Por qué?-

-Es martes- dijo Saba, como si fuera absolutamente obvio- tenemos Pociones-

Dos horas de clase con Ursa Ater actuando frente a ellos. Artemis no podía creer que se había olvidado de que era martes y que por tanto vería a su profesora. Era justo lo que necesitaban, dos horas frente a ella, analizando cada uno de sus movimientos, sus miradas, sus gestos y hasta su manera de hablar. Dos horas con ella para ver qué tan feliz y qué tan perdidos estaban sus ojos en el espacio, para comprobar si es que había estado en el Pensadero antes de llegar a clase. Artemis y Saba conocían, como expertos, las miradas que la pérdida de recuerdos provocaba.

El plan era obvio y ninguno de los dos tuvo que ponerlo en palabras: sentarse lo más atrás que pudieran y ver. Punto. De todas maneras, Saba era un maestro en Pociones y no había mucho que él no pudiera hacer con facilidad, así que tan atentos a clase no tenían que estar.

Sin embargo, ni bien ocuparon sus lugares, Marcus se les acercó.

-Buenas tardes, Saba, Artemis-

-Hola- saludó Saba. Artemis sólo asintió.

- ¿Cómo están?- preguntó Marcus, sonriente.

-Bien…-

-He estado pensando que nos hemos demorado para empezar con lo del encantamiento- dijo Marcus, de golpe, pero manteniendo la sonrisa y el tono casual que tenía en un principio- mentira, Ru ha estado jodiendo, dice que no avanzamos nada. No entiende que estas cosas no son instantáneas, pero algo tenemos que hacer. ¿Mañana en la biblioteca a la hora del almuerzo? Porque en la noche tú tienes esgrima, ¿no Artemis?-

Artemis asintió.

-Sí, Ru me dijo- confirmó el moreno.

-Nos podemos saltar la clase de latín- propuso Saba- para tener más tiempo-

Marcus lo miró como si acabara de maldecir a toda su familia.

-No hay manera- dijo.

-Pero…-

-No hay manera-

-Es muy poco tiempo-

-He estado pensando en cosas por mi parte- admitió Marcus.

-Buenas tardes, muchachos-

La profesora Ater entró al salón y Artemis y Saba se volvieron hacia ella como girasoles al sol. Por suerte lo único que hizo Marcus fue reírse burlonamente de sus caras hasta que se sentó con Ru, dos carpetas más allá en la misma fila.

- ¿Nuevo chiste, Marcus?- le preguntó la profesora Ater, emocionada.

-No, no-

-Ah… bueno… yo tengo uno muy gracioso que me contó el profesor Cástor en la mañana, pero se los digo en el receso. ¿O se los digo ahorita? Sí, mejor, para empezar con ganas la clase. Y digo así: Dice que un día una banshee…-

-Está demasiado normal, Artemis- susurró Saba, con los ojos fijos en la profesora Ater.

Artemis supuso que su mejor amigo también tenía las pupilas dilatadas, como cuando leía a alguien.

-Sé lo que vi- afirmó ella.

-Pero ni siquiera se le siente… ida. O más feliz. Está igual que siempre-

En ese preciso momento, todo el salón empezó a reírse a carcajadas, producto del chiste de Ursa Ater. Ella misma daba palmadas contra su muslo y pequeños saltitos al reír.

-Yo la vi ayer ¡AU!- una pelotita de papel le dio directamente en la sien a Artemis.

A unas carpetas de ella, Marcus y Ru se estaban aguantando la risa, mientras los miraban de reojo. Artemis los fulminó con la mirada.

-Léelo- gesticuló Marcus, volviéndose a penas hacia ella.

Artemis le pasó el papel a Saba.

- "Ideas para encantamientos: marcadores. Necesarios, porque tenemos que saber con qué puertas hemos trabajado y con cuales no y no creo que entre los tres nos acordemos de todas. Pero tienen que ser lo suficientemente sutiles o invisibles como para que sólo nosotros sepamos cuales son. Fácil un encantamiento de memoria ayude. Hay más en la siguiente hoja"- leyó Saba- ¿Qué siguiente hoja?-

Inmediatamente después de que terminara de decir eso, otra pelota chocó en la cabeza de Artemis. Las risas de Marcus y Ru se mezclaron con los rezagos de carcajadas del chiste de la profesora Ater.

- "Ideas para encantamientos II: Los más importantes. Que se dividen en dos: encantamientos para abrir las puertas selladas y encantamientos para evitar que las puertas abiertas sean selladas-

La profesora Ater dejó de reír de golpe. Artemis codeó a Saba y él miró reconcentrado a la profesora, pero segundos después negó.

-No hay nada- le dijo.

-No puede ser-

-Muy bien, empecemos- llamó la profesora- En la clase pasada no terminamos de discutir los ingredientes de Poción del Rebote, ¿verdad? Creo que nos quedamos con las opiniones de Lila y de Ghana, en contra y a favor del uso de pus de armadillo, respectivamente. Hay que dedicarle unos minutos más al debate, como para ir llegando a una conclusión- la profesora Ater se sentó en mariposa sobre su escritorio, como siempre y le dio la palabra a Lila Elmira, que ya levantaba la mano y saltaba sobre sí misma.

-Es la misma de siempre- aseguró Saba- ni siquiera siento que se esté aguantando nada… es la Ursa que concemos-

-No te estoy mintiendo-

-No digo que… ¡qué diablos!-

En esa ocasión, la pelota de papel le dio a Saba en la oreja.

-O, lo que es igual, algún intento de asesinato o de estupidizamiento hacia Viper, porque se va a dar cuenta de lo que estamos haciendo. Ah. Empezar a rezarle a algún santo tampoco caería mal-

Saba y Artemis se miraron y sonrieron ácidamente.

-Mejor un encantamiento que borre la memoria- escribió Saba en la parte de atrás.

-Si Viper nos encuentra…- dijo él, al cabo.

Artemis miró a la profesora Ater ponerse de pié de su carpeta de un salto y aplaudir para captar la atención de todos. Y notó que cuando hablaba, sonreía. Y cuando sonreía, parecía una niña de nuevo. Ni rastro de la mujer a la que había visto unas horas atrás, llorando, desesperada y luego maquinalmente, frente al Pensadero.

No tenían de otra, tenían que volver al Castillo Viejo y mirar sus recuerdos. Pensarían en las torturas de Viper luego.

Luego de qué.

Luego de que se enteraran de por qué la profesora estaba así.

Luego de saber si el Centro estaba involucrado en el asunto de las Lámpades.

Saba llamó la atención de Artemis con un codazo y le estiró el papelito de respuesta de Marcus.

"¿Encantamiento para borrar su memoria o la nuestra?"

Artemis asintió y Saba sonrió. Esa había sido la última virtual obsesión de Artemis antes de que las cosas se complicaran. Es más, su interés por cosas que la hicieran olvidar tenía una larga data: desde Apple Easthouse, pasando por Azkaban, los aniversarios y esa horrible manía que su mejor amigo y ella tenían de meterse en cosas que no les interesaban, aunque a veces los llamaran. A ella no, a Saba, casi siempre. Pero igual. Por alguna razón, Artemis sentía que tenía la pésima suerte de haber entrado en una red de asuntos que se complicaban más de lo que ella quería. Y eran más asuntos de los que ella podía aguantar con más gente implicada de la gente con la que ella pudiera comunicarse. Y todo eso la atarantaba. La perdía. Sólo quería hacer esgrima, magia, comer aceitunas y estar con Saba, Sami y Apollus. Tal vez saludar a los Stormenhand y llevar la fiesta en paz con ellos. Y con los de la Sociedad Secreta del Salto…

Y de pronto se encontraba no queriendo desprenderse de relaciones que en un principio no quería.

La misma Ursa Ater. ¿Ella qué tenía que ver en su vida? ¿Por qué le interesaría que el Centro estuviera involucrado? ¿Por qué le importaría lo que su tutora le decía?

Su pregunta habitual era ¿cuándo?

La búsqueda del encantamiento para olvidar estaba dirigida a eso, a olvidar paso a paso acontecimientos hasta llegar a los puntos originarios de cada relación y olvidarlos. Excepto los de Saba, Sami y Apollus.

-Buena clase, chicos, buena clase- dijo la profesora Ater, cuando salían- ¡incluso las chicas! Qué es una clase de Pociones sin un par de quemados, ¿no?- preguntó, refiriéndose a Ghana y Creixell, que se escurrían por la puerta con las manos rojas y ampolladas- ustedes dos sobre todo, han estado más concentrados que nunca- les dijo a Artemis y Saba, sonriendo complacida- me levantan el ánimo. ¿Han entendido todo, verdad?-

Saba asintió y la profesora Ater les pasó una mano por el hombro a ambos. Artemis habría preferido que no lo hiciera.

- ¿Así que eres el favorito de Ater?- le preguntó Marcus.

Los tres empezaron a caminar, aislados del resto, hacia la siguiente clase: Runas, con Viper.

-No soy el favorito de nadie. A Artemis le dijo lo mismo que a mí-

- ¿Ah sí? ¡Jo! Perdón, Artemis, no me di cuenta-

Artemis se encogió de hombros.

-Ya, hablemos de nuestros asuntos: ¿han pensado en algo a partir de lo que les dije? Espérate…- Marcus se separó de ellos y dio dos zancadas gigantes hasta que llegó junto a Sean y le pegó un golpe fuerte en el brazo.

- ¿Qué mierda estás haciendo?-

-Enfermándome- oyeron que respondió Sean, con firmeza.

Artemis lo vio con la varita entre los dedos de la mano que Marcus había alejado.

-No seas idiota, no sabes…-

-Ru dice que Black hace los encantamientos de enfermedad perfectamente, entonces no deben ser tan difíciles-

-Ese no es el punto, Sean. ¿Por qué te estás enfermando antes de una clase de Viper? Estás viendo que Ghana y Creixell no van a venir-

- ¿Ellas no se han quemado de verdad…?-

-Sabes perfectamente por qué no van a venir. Jo, no tengo ningún problema con que no nos apoyes, es tu decisión y aprecio que seas tan franco con nosotros… pero por favor no estorbes-

-Que no me haya metido a su plan de expulsión masiva no implica que no esté en contra de Viper. Y esta es mi manera de demostrarlo… y tú no puedes hacer nada porque yo no soy parte de nada que te incluya. Si me quiero enfermar, me enfermo-

-Tú no lo estás haciendo por quejarte, lo estás haciendo por flojera-

-Si quieren gritan más alto, creo que Viper no los escuchó- susurró Saba, pasando a su lado con Artemis.

-Nada más te lo digo antes de que venga Ru y te vea- terminó Marcus.


Si Artemis cerraba los ojos durante la clase de Viper podía tener la certeza de que no había nadie ahí. Absolutamente nadie. Ru, Saba, Creixell, Ghana, Marcus y aparentemente ella habían acordado no hacer ninguna estupidez que pudiera delatarlos con el profesor, como responderle, flojear demasiado en clase, participar, contestar bien sus preguntas, mirarlo mal o simplemente mirarlo. También acordaron faltar por turnos. Esa semana les tocó a Ghana y a Creixell.

Faltar a clases era algo normal para Artemis y no tenía idea de por qué le daban tanta importancia a eso. Pero a mitad de clase se sorprendió a sí misma sintiendo una corriente de algo caliente que subía y bajaba de la boca de su estómago. Se le quitaron por completo las ganas de hacer los Y ella se negó a seguir aprendiendo.

¿Por qué? No tenía idea. Y se lo preguntó toda la tarde, echada en el centro de su cama, como cuando no podía dormir, con una mano bajo la cabeza y la otra sobre el estómago. No tenía idea. Tampoco quería seguir dándole vueltas al asunto, pero era el menos nocivo de los que tenía en la cabeza.

¿Por qué había reaccionado así ante Viper? ¿Por qué había reaccionado del todo? El asunto de los pasillos y la revelación de Joshua ocurrieron casi al mismo tiempo del aniversario. Y todo lo que antecedía al aniversario era cubierto por una tela, como si los primeros meses del año no importaran. Y todo lo que pasaba inmediatamente después… pues… a ella solía no importarle, porque solía, digamos, no sentir. ¿Entonces?

Tal vez si iba al Castillo Joven y se encontraba con Sami para hablar de cualquier cosa antes del toque de queda se le despejaría la cabeza… pero Saba la había mirado con una de esas miradas de amenaza y preocupación y la había enviado a su habitación justo después de que la clase de Viper acabara diez minutos antes por una curiosa corriente de viento que voló y confundió todos los pergaminos que estaban en el salón.

- ¡Quién ha sido el responsable!- exclamó Viper, mientras se paraba de un golpe de su lugar.

Todos se pusieron en fila con las varitas estiradas en el brazo estirado para que Viper comprobara que ninguna de ellas había sido. Todos, excepto Saba, que abrazaba a Artemis que se había puesto helada de golpe y había empezado a temblar.

-Es el frío, profesor, Artemis es muy sensible a los cambios de temperatura- mintió su mejor amigo.

-Es verdad, Artemis es muy delicada- apoyó Ru.

Esas cosas no podían seguirle pasando, pues. No puedo tener más de estos. No cuando estoy en clase. O cuando estoy entrenando. O cuando estoy en el Pensadero. Llamaría la atención de todo el mundo. Podría hasta volcar el Pensadero...

¿Cuántos han sido? Al día, dos o tres desde el aniversario.

Le escribo al tío Remus.

¿Para qué? No creo que le interese.

No entiendo. Ya debería de haberse agotado… eso. Ya tuve el aniversario, ya se acabó. ¿Por qué hay más? Parece que hay mil veces más hormigas en mi cuerpo que antes. ¿Por qué?

Y pienso. Con claridad.

Voy a destruir otro salón si me descuido. Me van a descubrir si me descuido. Sami se va a desmayar si me descuido y hasta me pueden botar de la escuela porque se darían cuenta de que fui yo la que destruyó ese salón hace años y que soy una…

Papá, me gustaría que estuvieras aquí para que me dijeras que no soy…

Papá ¿qué harías tú?

Pedirle la poción de muertos a Saba. Tomarla. Sin pensar. Decirle a Saba que me despierte cuando pueda, cuando mi piel se ponga caliente.

Pero Saba no va a aceptar, papá. No a menos que haya un segundo aniversario en este año o algo así de grave. No me va a creer. No va a querer que la tome porque dirá que es muy peligroso y… creo que te caería bien Saba, papá. Es mi mejor amigo y de verdad es una buena persona. De verdad se preocupa por mí. Pero no va a aceptar. Y no sé qué más hacer. Esperar preparada. Es lo que he estado haciendo, como si pudiera voltear los ojos y oídos hacia adentro para estar atenta de todo lo que me pasa y sentir si las hormigas suben o bajan. No es sólo cuando me enojo, papá. Eso era antes y era más fácil, porque sólo tenía que evitar molestarme y ya. Pero ahora no. Cuando sea. Una hormiga más apura el paso y las demás la siguen y a veces no estoy suficientemente atenta a mí y me toman por sorpresa y casi no tengo tiempo de escapar. Como hoy. Y me pongo a temblar como si me estuvieran sacudiendo y mi cabeza me duele y toda la piel, como si la traspasaran. No. Como si vomitara mi piel.

Pero esperar también me da miedo papá. ¿Y qué pasa si viene en esgrima? No sólo es eso, no sólo es por eso, es que… esperar… no puedo estar tranquila, siempre estoy en guardia, asustada. Cualquier cambio de ritmo y ya me pongo a sudar. No me gusta papá.

Y pienso, papá. Con claridad. A sólo días después del aniversario.

Eso no está bien. Algo ha pasado, algo ha ido mal.

Tendría que irme ya, Saba me debe estar esperando abajo.

No. Lo olvidé. Saba ha cancelado el asunto del Pensadero, dice que es demasiado peligroso que vaya porque ya he tenido dos ataques en menos de doce horas…


A la hora del almuerzo del día siguiente, después de haberse saltado la clase de Transformaciones, Artemis se encontró con Saba y con Marcus en la biblioteca. Juntos separaron un cubículo privado y se acomodaron allí.

-A ver- empezó Marcus, cerrando la puerta con seguro y fijándose, por la ventanita, de que nadie estuviera cerca- ¿alguna vez han hecho esto?-

Artemis y Saba negaron.

-Yo tampoco- admitió el moreno- pero he estado leyendo un par de cosas que me recomendó el profesor Bridge-

-Marcus…- empezó Saba.

-Ya sé que Ru dijo que no lo involucremos, pero no le he dicho al profesor para qué quiero saber cómo se hacen los encantamientos, lo he disimulado bien, de verdad, ni siquiera sabe qué es lo que quiero hacer- Marcus miró a Saba y a Artemis fijamente unos segundos y luego continuó- el latín nos sirve bastante. ¿Cómo está su latín?-

-Bueno- respondió Saba.

-¿El tuyo, Artemis?-

-También-

-Ya. Al menos tenemos eso. Luego…-

Marcus se pasó media hora explicándole a Artemis y Saba cuál era el mejor método para aprender un encantamiento sin que se los enseñaran, cosa con la que ellos ya estaban bastante familiarizados, pero lo dejaron hablar, porque estaba emocionado.

- ¿Entendieron?-

Artemis y Saba asintieron.

-Ya. Bueno, pero eso es con encantamientos de nivel medio, supongo. Y los que necesitamos tienen un rango de dificultad, tienen que ser más sofisticados que uno cualquiera-

-Tenemos que definir qué encantamientos vamos a buscar- opinó Saba.

-Exacto. ¡Jo! Qué bien, estamos avanzando. A ver… para empezar, un encantamiento para marcar, pero que sea disimulado. Luego uno para abrir y otro para mantener cerrado lo que tenga que estar cerrado-

-Ru dice que no tenemos tiempo. Hay que dividirnos los encantamientos-

Y también por idea de Saba quedaron en que primero reunirían toda la información necesaria para luego ver a quién se le daba mejor qué encantamiento y así repartirse los que tenían que hacer.

Por lo tanto, los tres salieron cada uno por su cuenta a perderse entre los estantes, buscando cualquier tipo de información relevante.

Artemis pensó en sacar "100 Encantamientos que debes saber antes de morir", el libro que Sami, Saba y ella usaban frecuentemente, pero algo le dijo que debía dejar ese libro sólo para ellos.

- ¿Por donde empiezo a buscar, papá?-

-No tengo idea, tu biblioteca es enorme-

-Supongo que sería buena idea empezar por la sección de Encantamientos. No creo que hojear en la parte de Herbología te sea tan útil-

Artemis asintió. Y empezó a cruzar los pasillos con Harry y su papá a sus flancos.

La biblioteca era, en realidad, enorme. Sobre todo cuando se caminaba entre los pasillos formados no por paredes sino por las decenas de miles de millones de libros acomodados en estantes que casi tocaban el techo. A Sami le gustaba caminar por ahí, aunque dijera que era un lugar desordenado y que si el algún momento la nombraban directora de la escuela construiría un edificio especialmente para que fuera la biblioteca, porque con tanta fila tan grande los estudiantes podrían sobrecogerse y, sobre todo, porque los libros no se apreciaban como debían.

En eso último Artemis le daba la razón.

- ¿Por qué estás buscando un encantamiento, después de todo?- le preguntó Harry.

-Por los pasillos- respondió Artemis.

-Tienes bajo el brazo un tratamiento sobre encantamientos modificadores de la memoria. ¿Eso es referente a los pasillos?-

Artemis prefirió no responderle a Harry.

-Hablando de pasillos, ¿le has vuelto a escribir a tu tío Remus?-

-Eso no tiene nada que ver con pasillos, papá-

-No sabía cómo colar el tema. En fin. Ahora que estamos hablando de tu tío Remus ¿le has respondido?-

-No he tenido tiempo-

- ¿Esgrima?- preguntó Harry- debes estar muy cansada después de haber perseguido insanamente a Ghana Abies- terminó, con cierta malicia.

-No molestes- le espetó Artemis.

-No se peleen- medió su papá- y hablemos de otra cosa-

-Tampoco quiero hablar de mi tío-

-No te iba a hablar de eso-

-Mentira-

Artemis miró a su papá y él le sonrió con tanta inocencia que la hizo sonreír a su vez.

-Shhh- le gruñó alguien.

-Ya. No me hagan reír- pidió

-Pero hay gente que habla, como tú… escucha…-

Artemis se detuvo, aguzó el oído, justo como Harry le sugería y oyó claramente la voz de su mejor amigo a través de los estantes enormes de libros. Se acercó sigilosamente hacia donde creía que estaba Saba y, justo cuando pensaba quitar de en medio los libros que lo separaban y llamar su atención, oyó una voz más, la de Marcus.

Harry y su papá se ocultaron detrás de ella.

-Oye, ayer me encontré con tu novia- oyó que comentó Marcus, casualmente, pasando las hojas de lo que parecía ser un libro enorme.

Artemis se pegó a la columna.

Vio a Saba sonreír por un resquicio.

- ¿Ah sí?- preguntó él- ¿dónde?-

-Aquí-

- ¿Se acercó a hablarte?-

-Sólo un rato y me preguntó por ti- Marcus reflexionó por unos instantes- es un ángel, tu novia-

Artemis casi grita de rabia. Hanna Marianne era todo excepto un ángel. No, era todo lo malo y odioso y falso que podía existir en el mundo, todas las enfermedades infecciosas y molestas y los desperdicios intestinales. Hanna Marianne no sólo era lo contrario de un ángel si no que jamás, jamás, jamás, podría llegar a ser uno.

Tal vez había confundido a Marcus por detrás.

Las hormigas dentro de ella empezaron a acelerar el paso.

No. No tenía necesidad de confundirlo, sólo bastaba con que Marcus le diera un vistazo a sus ojos, su cabello, su cara perfecta y su cuerpazo, para que se quedara completamente estupidizado, descerebrado y sin juicio. Todos los hombres eran iguales.

Saba y Marcus salivaban hasta con su recuerdo.

Tenía tantas ganas de aparecer entre los estantes y empezar a golpearlos en la cabeza y darles de cachetadas hasta hacerles entender que ese monstruo rubio y desarrollado era pura fachada. Tenía ganas de cazar a Hanna Marianne y advertirle que si volvía a acercársele a un Stormenhand más…

Marcus cerró el libro sonoramente y miró a Saba. Artemis suspendió su rabieta silenciosa. Hasta sus hormigas se detuvieron por la sorpresa.

-No es que sea mi asunto, pero ¿Se puede saber por qué diablos no pasas todo el tiempo posible con ella?-

Saba se encogió de hombros. Artemis lo vio, todavía con la sonrisa en el rostro y las mejillas ligeramente rojas.

-No es porque no quiera- admitió su mejor amigo.

-Se nota que le gustas un montón. Y se nota que a ti te encanta-

-Más que eso-

- ¿Entonces, elfo?-

-Es…- Saba suspiró y Artemis contuvo la respiración- hay cosas ahora que necesitan mi atención más que Hanna-

-¿Artemis?-

-Ahora no-

Caminó directamente hacia el cubículo que ocupaban, arrancó pedazo de pergamino de sus cosas y garabateó unas letras rápidas. Dejó el mensaje sobre la mesa, tomó sus cosas y salió de la biblioteca a zancadas, con los ojos perdidos, vueltos hacia ella.

La voz de Saba le taladraba la cabeza. ¿Por qué? La estaba prefiriendo a ella sobre la estúpida Hanna Marianne. Era claro. ¿Eso había dicho? Lo estaba imaginando. Saba no había dicho eso. No lo había querido decir.

¿Había dejado de estar con ella? No se había dado cuenta.

- ¡Ghana!- llamó.

Los delegados siempre se reunían quince minutos antes de que acabara el almuerzo para coordinar las acciones de la tarde. Una que otra vez había acompañado a Sami al salón en el que lo hacían, así que sabía perfectamente que a esa hora Ghana estaría allí.

-Artemis- Ghana corrió hacia ella, sonriendo, pero con cierta preocupación- ¿ha pasado algo?-

-No-

-Ah. Me asusté… ¿qué pasa? ¿Es por la quemada de Pociones? Mis manos y las de Creixell están bien, fue un… ya sabes- Ghana bajó la voz- truco-

-No es por eso. Esto… estás en el equipo de esgrima-

-Ah, sí-

- ¿Cómo?-

-Porque me pasaste la voz-

-No-

-Claro que sí, al principio tú me fuiste a buscar y me dijiste que Greenhouse te había dicho que hablaras conmigo… y yo te dije que no estaba muy segura y luego vino Saba el viernes en la mañana y me preguntó si es que ya había tomado mi decisión… pensé que se lo habías encargado-

Artemis negó.

-Porque tú justo estabas enferma ¿te acuerdas? Entonces yo pensé que le habías mandado a decir a Saba que el equipo me reiteraba la invitación y que por favor fuera el viernes a la práctica-

- ¿Qué más te dijo?-

-Que dijera que estabas haciendo mis labores en la enfermería, como un intercambio. Y que por eso no podías ir… Greenhouse es muy duro, me alegro de haberle dicho eso, sino quién sabe qué te hubiera dicho-

- ¿Por qué aceptaste?-

Ghana se tardó unos segundos en reponerse de la sorpresa que la pregunta directa de Artemis le provocaba y otros más en contestar.

-Porque- dijo finalmente- cuando Saba me repitió la oferta, no pareció tan mala. Además, ya hablé con Greenhouse y le he dicho que sólo puedo estar con ustedes hasta que terminen los Juegos-

Artemis asintió, era justo lo que se imaginaba.

Se despidió de Ghana con un asentimiento y salió corriendo del Castillo Joven.

Desde el aniversario Saba se había hecho cargo de ella.

La había protegido de absolutamente todo. Se quedó junto a ella, atrás, cuando él se moría de ganas por ir adelante junto a Ru y hablar, la noche en el cuarto de los chicos. La sostuvo cuando se desmayó, la llevó a su habitación y mientras ella dormía, él se encargó de arreglarle todo lo que debía arreglar. Había mentido con todos para que dijeran que ella estaba enferme y que por eso no iba, había establecido guardias para que la cuidaran… y había convencido a Ghana con sus encantos de elfo (que detestaba usar sobre sus amigos) para que fuera al entrenamiento de esgrima y así le salvara el trasero a Artemis. Y no sólo la había salvado, sino que había conseguido que Greenhouse la considerara como su suplente para los Juegos.

Pasaba todo el día con ella, atento a cualquier dolencia que tuviera, la abrazaba cuando ella empezaba a temblar y apretaba más fuerte sus brazos cuando el viento salía de su cuerpo.

Había dejado a su novia de lado. Y amaba a esa tipa. De verdad la quería. Artemis lo sabía… aunque siempre prefería pasarlo por alto… la adoraba, pasar tiempo con ella hacía que su mejor amigo rejuveneciera, como si se hubiera pasado mil horas frente al Pensadero. Y ya no la veía. Por estar con ella, que no lo rejuvenecía ni lo alegraba, sino que lo llenaba de problemas y preocupaciones.

¿Y el equipo de quidditch?

Ella jamás le había preguntado sobre cómo se sentía por no estar en el equipo de quidditch.

- ¿Por qué estamos colgados de la rama de un árbol del Bosque?- preguntó Harry, columpiándose con las piernas para dirigirse mejor a Artemis.

-Saba no nos va a encontrar aquí- respondió ella, quieta, mirando fijamente a las hojas del árbol de enfrente.

-Bueno. Pensé que lo querías ver-

- ¿Para qué?-

-Para darle las gracias-

Artemis negó.

-No puedo-

- ¿Por qué hay hojas en tu cabeza, Black?- le preguntó Greenhouse como saludo, cuando llegó al gimnasio para el entrenamiento de esgrima.

-No seas chismoso, mierda- le espetó Lupo Munin, de Valthemoon, el chico que le había ganado a Alina Hamal en el Pre – Torneo.

Greenhouse sonrió y le dio una palmada a Lupo Munin, que éste respondió con un golpe amistoso en la cabeza.

-Bueno, veo que estás… menos pálida- dijo su capitán, cuando el Valthemoon se fue- si eso significa que estás mejorando, entonces genial. Aunque si puedes mejorarte no subiendo de peso, mejor- Greenhouse le dio la espalda- buenas noches, Abies-

-Buenas noches, capitán- saludó Ghana, cuando lo cruzó- hola Artemis… ¿has estado durmiendo en el claro?-

Artemis asintió.

- ¿Podemos ser pareja en el entrenamiento de hoy?-

Artemis asintió de nuevo.

Por suerte pudo concentrarse durante la práctica de esgrima y cuando llegó a su habitación, bañada y cansada, se sentía mucho menos cargada que en la tarde. Aunque de todas maneras casi no durmió, sino que se quedó tumbada sobre su cama, con una mano en la nuca y la otra sobre su panza, pensando en Saba, en Ghana y en ella. En los pocos días que habían pasado desde el aniversario y en esa horrible sensación… de sentir.

No fue a las clases de la mañana del día siguiente, tampoco bajó a almorzar. Se quedó sentada en el balcón, con las botas colgando hacia el vacío.

Así la encontró Saba cuando llegó, a la hora del almuerzo.

-Te van a ver- fue lo primero que le dijo Artemis.

-Le he pedido permiso a la delegada- admitió Saba- no fue muy difícil de convencer-

Artemis sintió una punzada en el estómago.

- ¿Te sientes mal?- le preguntó su mejor amigo.

Artemis se encogió de hombros.

-El profesor Bridge preguntó por ti. No fuiste ayer a Latín y hoy tampoco a Historia… Marcus también preguntó por ti-

-Perdón por irme así-

- "Me tengo que ir. No me siento mal. A."- recitó Saba- pudiste haberme buscado… igual, no tenía idea de que estabas así, ni siquiera sentí nada, no había viento o…-

-No me sentía mal, en serio-

- ¿Ah no? Pensé que esa era tu manera de despistar a Marcus…- Saba se tomó unos segundos en silencio para reflexionar, Artemis no volteó a verlo- entonces no entiendo ¿por qué te fuiste?-

Artemis se encogió de hombros una vez más.

- ¿Qué piensa Marcus?-

-Le dije que tenía que ver con algo de esgrima, pero en verdad piensa que estoy ocultando que estás enferma. Igual no le dio mucha importancia. Consultamos el libro que dejaste escrito y sirvió…-

-Me cubriste-

-Claro- admitió Saba, como si fuera lo más obvio del mundo- ¿qué tienes?-

-A ver, dí gracias-

Artemis negó ligeramente, girando la cabeza unos centímetros y fijando su mirada en el pequeño Bosque de Stormenhand.

-Saba- llamó.

Se puso de pié de un salto y apoyó su abdomen en la baranda para poder hacerse más hacia delante y ver con claridad lo que estaba pasando.

Saba corrió junto a ella y ajustó la mirada.

-Es la profesora Ater- confirmó- y el profesor Cástor. O Pólux… de espaldas son iguales-

- ¿Están entrando al Bosque?-

-Sí. Es el momento preciso- dijo Saba- vamos al Pensadero ¿Artemis?- llamó, en vista de que su amiga se había quedado quieta, mirando al frente- querías ir a ver los recuerdos…-

-No puedo- admitió ella, víctima de un miedo súbito- no son míos-

Saba asintió.

-De verdad te cae bien esa profesora, ¿no? Bueno. Entonces vamos a espiar al profesor Pólux o Cástor-

Artemis asintió esa vez y junto a Saba se escurrieron por los pasillos de la Fortaleza a una velocidad increíble, dirigiéndose a una de las salidas laterales, para que en lugar de alcanzarlos por el claro, pudieran escabullirse hacia el Bosque y observarlos desde ahí.

-Estaba pensando- dijo Saba, mientras corrían- puede ser una charla de amor-

Artemis se encogió de hombros.

-Sí, mis piernas tampoco se pueden detener- admitió su mejor amigo- además, haría un buen chisme-

Cuando llegaron al Bosque de Stormenhand treparon en uno de los árboles más cercanos al claro y esperaron pacientemente.

La profesora Ater apareció entre las hojas, caminando a paso relajado. Junto a ella estaba uno de los profesores Altair… su cicatriz estaba al lado… mmmm… Artemis no recordaba de qué lado debía estar la cicatriz de cualquiera de los dos así que se concentró en estudiar el semblante del profesor que tenía al frente.

-Pólux- aclaró Saba.

-No sé Ursa- oyeron que decía el profesor Pólux.

-No quiero que me obliguen a hablarle, Pólux- dijo la profesora Ater, apoyándose en el tronco de un árbol.

-No es su culpa…-

-Todo el mundo me ha dicho que Morgana estaba cansada y que se ha tomado las cosas personales porque fue justamente su señorío y sus chicos los que fueron atacados. Pero eso no justifica que se haya puesto así. Además…- Ursa dudó unos segundos antes de hablar- tú y yo sabemos que no se lo tomó personal solamente por eso-

Pólux asintió y los dos se quedaron en silencio. Artemis y Saba se miraron.

-Morgana está bajo mucho estrés--

- ¿¡Y yo!?- explotó Ursa- ¿acaso creen que yo no? ¡Hace unos meses nomás todos ustedes me insinuaron que me saliera de mi cargo de Directora de Eventos al Aire Libre porque no era lo suficientemente fuerte como para soportar el Centro…! ¿Y tienes idea de lo mucho que me he esforzado? ¿Sabes qué dolores he tenido que aguantar, callada, para que no me dijeran nada? No, espera… ¿te acuerdas de la tanda de gritos que me metió Morgana? Pues te cuento: esos chicos que casi se aplastan en el suelo ¡¡SON también mis chicos!! ¿Alguien le dijo eso a Morgana? ¿Alguien pensó en eso?... ya, pero todo quedó atrás… las cosas están en revisión, me están evaluando… y ya, todo tranquilo… ¡pero ahora!… no hay manera de que ella pierda ¿no?-

-Tampoco es que ella esté libre de presión, Ursa. Morgana tiene al profesor Dimber y a Vega encima de ella. A Vega, sobre todo. Tú y yo sabemos que él comparte la idea del profesor Hamal de que Morgana es muy joven y muy inexperta como para ocupar los cargos que ocupa-

- ¿Y por eso tiene que desahogarse conmigo?-

-En ningún momento le he dado la razón. Sólo quiero que entiendas que la reacción de Morgana no ha sido sólo culpa tuya-

-Me dijo que me fuera, Pólux. "Eres una inútil, lárgate de la escuela" eso dijo. Tú lo oíste. Tu hermano también…-

Artemis se agachó un poco para ver mejor a los profesores. Justo en ese momento, Pólux le pasaba una mano a Ursa por la maraña que tenía como cabello y ella se encogía sin muchas ganas.

-Yo no tengo la culpa, Pólux- musitó Ursa, tan bajito que Saba tuvo que susurrarle a Artemis lo que había dicho- yo sé perfectamente que la función del Salto es ser el mayor canal de drenaje de los poderes del Centro… Morgana no me lo tenía que repetir tantas veces… pero no pasó lo que pasó porque yo hubiera hecho un mal trabajo. O sí. Ya no sé. He estado pensando y pensando y pensando- y cada vez que decía esa palabra se daba golpes en la cabeza con el puño- la mitad del tiempo me he roto la cabeza pensando en qué había podido fallar y la otra mitad intentando hacerme entender que no todo fue mi culpa. Que el Salto esperó demasiado tiempo ese año y que esa podía ser la causa por la que no pudo terminar, porque tenía demasiado poder acumulado y por eso me dolió más esa vez… y todo vuelve a ser mi culpa, pero luego recuerdo que yo no atrasé la fecha… y que…- Ursa dejó de hablar y se paró de espaldas a Artemis y Saba. Pólux amagó un abrazo, pero se detuvo en seco.

Saba le hizo señas a Artemis para contarle que la profesora estaba llorando.

-Y que las Lámpades han aparecido mucho después del Salto y no aparecieron en el Centro- cuando volvió a hablar, sonaba alterada y agitada, como si estuviera llorando- si hubiera sido así, hubieran atacado el Castillo Joven…-

- ¿Por qué no le dijiste eso a Morgana?-

- ¿Cómo? Estaba como loca. Si no me atacó fue porque Gabriel entró. Y yo… no podía hablarle, estaba muy preocupada en otras cosas como para pensar qué responderle. Quería que gritara, que acabara y que me dejara sola para ordenarme, sabes que no proceso las cosas así de rápido y necesito tiempo…-

- ¿Por qué no se lo dices ahora?-

-Va a pensar que me he tomado tanto tiempo para encontrar una excusa. Pero igual… quiero que ella sepa que no ha sido mi culpa. Porque no puede echarme la culpa de todo así, Pólux… y dijo… dijo que yo lo había planeado. Que estaba haciendo que en Centro juntara poder a propósito para…-

Pólux abrazó a Ursa.

-Yo no quiero revivir a Azul, te lo juro, Pólux. No… no te puedo decir que no pienso en eso de vez en cuando, pero sería incapaz de… hacer lo que ella dijo que hacía… usar a mis alumnos… hacer pruebas…-

-Tampoco entiendo por qué Morgana tenía que traer lo de Azul al tema-

-No es mi culpa, Pólux-

-Yo sé que no ha sido tu culpa. Morgana también lo sabe. Lo que pasa es que todo este asunto del Centro ha sido demasiado confuso y demasiado pronto. Pero Morgana ha cometido un error-

-Por eso te pido que se lo digas-

-No puedo, Ursa-

- ¿Por qué no?-

-Porque ella no es idiota. Va a saber que tú me lo has dicho y eso va a terminar metiéndome en una pelea en la que no me quiero meter porque me parece una estupidez desde que estábamos en el colegio… y porque va a hacer que Morgana piense peor de ti-

-No tiene por qué saber que yo te he dicho algo…- Ursa se soltó del abrazo de Pólux, se limpió las mejillas y lo encaró firmemente- imagina que has estado caminando por aquí, un paseo por el terreno desabitado de los Stormenhand. De pronto lo recuerdas, PLA! Como una idea que te golpea la cabeza. Estuvimos aquí. Las Lámpades vinieron aquí ¿no? ¿Acaso caminaban todas en fila india desde El Paso? No ¿lo notaste?-

-Lo noté- Pólux accedió.

- ¿Desde dónde estabas peleando?-

-Del centro de este bosque hacia fuera-

- ¿Hay Lámpades acá?-

-No-

-O muy pocas. Una, dos, máximo. Aquí no hay nada que ellas quieran. No tienen alimento y además, es la Isla de los Stormenhand, tienen un acuerdo con ellos desde que ocuparon este terreno…-

- ¿Has estado investigando?-

-Cada vez que me despejaba la cabeza, sí. Tenía que hacerlo, Pólux. Desde el principio todo me pareció extraño. ¿Lámpades aquí en el Bosque? ¿Atraídas por el poder del Centro? ¡Este no es el Centro! Pero vinieron y ellas no viajan por gusto. Algo las ha hecho venir. Y quedarse. Y acercarse a la Fortaleza-

-Ursa, estaban descontroladas, tú las viste. Eso es lo que hace el poder del Centro… y bien pudieron haber ido hacia el Castillo Joven o hacia el Castillo Viejo-

-Pero vinieron hacia acá-

-Estaban fuera de control, ya ha pasado antes-

-No, Pólux, esto no es como antes. Estoy segura de que algo… cualquier cosa ha explotado aquí. Algo ha liberado poder… y las atrajo-

Saba miró a Artemis y Artemis tuvo que agarrarse fuerte del tronco del árbol para no caer.

Lo último que ella recordaba antes de que la golpeara el dolor del aniversario, fue que había árboles a su alrededor, cuyas hojas se batían al ritmo de su viento. Ella estaba en piso. Mirando al cielo, esperando que el encantamiento hiciera efecto y que la desmayara, pero sabía que era demasiado tarde.

Estaba dentro del Bosque.

Las Lámpades llegaron.

Algo las ha hecho venir. Y quedarse. Y acercarse a la Fortaleza.

Y acercarse a la Fortaleza.

Y acercarse a la Fortaleza.

Y acercarse a la Fortaleza.

Estoy segura de que algo… cualquier cosa ha explotado aquí. Algo ha liberado poder… y las atrajo.

Ella estaba en el piso, mirando al cielo. Y explotó.

Y luego estaba en la Fortaleza. Y las Lámpades se acercaron.

-Artemis- la llamó Saba.

Estaba detrás de ella. Y abajo ya no estaban los profesores.

-Fue mi culpa-

-No ha sido tu culpa…-

- ¡No digas que no! La profesora Ater ha dicho—

-Lo que ha dicho la profesora puede ser mentira o verdad con la misma probabilidad… además, escuchaste a Pólux, es algo disparatado, no tiene pruebas-

- ¡Porque no sabe de mi! Pero tú sabes lo que pasó…-

-Es imposible-

-Deja de hacer eso…- le pidió Artemis, sombríamente.

- ¿De hacer qué?-

Artemis negó.

- ¿Por qué convenciste a Ghana?-

-Porque si no la llevabas el viernes te ibas a ganar un problema-

-Eso era mi asunto-

- ¿Preferirías que no lo hubiera hecho?-

-No. Sí. No-

- ¿Entonces?-

- ¿Por qué?-

- ¿Por qué, qué?-

-Por qué estás haciendo todo eso-

- ¿Ayudándote? A ver, déjame ver… mmmm… ¡Por qué eres mi mejor amiga!-

Artemis volvió a negar y bajó de un salto de la rama sobre la que estaba. No oyó los gritos de Saba mientras corría hacia la Fortaleza, pero tampoco los estaba esperando.

Todo era demasiado.


Ella no ha venido a clases desde el miércoles en la tarde. Ni siquiera a esgrima, que se supone que es su clase favorita. O no. Yo qué sé.

Ni siquiera la veo en la Sala Común. Tampoco es que la espere o que la busque pero antes, al menos, la veía una vez cada día y ahora… nada. Ha desaparecido. Marcus dice que Saba dice que no tiene idea de dónde puede estar, pero que de Goldenwand no ha salido. Además tiene que comer y dormir.

He pensado en preguntarle a Saba, pero eso significaría que me preocupa o que me interesa y no es del todo cierto. Del todo porque… bueno, es una pieza clave. No como un Rey o una Reina, ni siquiera como un Alfil. Es uno de mis Caballos, junto con Saba. Claro que no son caballos porque son mis amigos, pero… yo me entiendo.

Ni siquiera ha ido a las reuniones que tiene con Marcus para ver lo de los encantamientos. Pero si no se aparece no hay manera de que sepa que tiene reuniones.

Es rara. Es muy rara. Más rara que cualquier otra chica de Goldenwand, eso es seguro.

Creixell me dijo que Ghana le dijo que la vio caminando por el claro. Parecía que iba a la Fortaleza pero no podía decir. Creixell dijo que Ghana dijo que caminaba como perdida y que se estaba sobando fuerte las sienes, como si le doliera mucho la cabeza. Ghana habrá gritado su nombre un par de veces pero ella no respondía porque parecía que estaba en otra realidad, como si el mundo, nosotros, no existiéramos.

Creixell dice que hoy se la topó junto al gimnasio. Que estaba sentada en el pasto con la capucha arriba, comiendo aceitunas de un saco de cuero. Creo que lo he visto antes. Ella dice que comía las aceitunas muy atenta, que, además, le pareció que tenía un pergamino en las piernas al que miraba fijamente… y no la quiso interrumpir porque seguro estaba pensando en algo.

Marcus la ha visto pasar, cree. Por los pasillos de aquí. Pero fue rápido, cuando se dio cuenta de que podía ser ella y quiso pasarle la voz, ya había desaparecido. Se esconde como una Darkenlord.

Es como si pudiera convertirse en niebla. Como si sólo quisiera que la veamos de reojo, nunca seguros de que es ella, con su cuerpo escondiéndose tras los hombres de las personas.

Eventualmente va a tener que aparecer y tomar responsabilidad por haberse ido. Eso le va a quedar claro porque yo mismo se lo voy a decir. Todos prometimos, aquí, en el cuarto de chicos, que nos íbamos a encargar de los pasillos y dudo que haya algo más importante que eso este año… no puede desaparecer así nomás. Aunque no le gustemos. Nunca le ha gustado estar en un grupo, me acuerdo de eso, desde que éramos más chicos, pero esta vez lo está y por eso mismo, por respeto al grupo me tiene que responder.

No me va a decir por qué ha desaparecido. Yo quien soy para ella. No tiene por qué contarme. Si fuera Creixell podría, pero no. Igual yo tengo todo el derecho de… tiene que tomar responsabilidad, somos pocos comprometidos en el asunto como para darnos la libertad de ir desapareciendo por ahí. Nos necesitamos todos.

¿Por qué todo el mundo se la puede cruzar o la puede ver y yo no?

Ofelia en el lago. Creo que me la imagino como esa pintura. Flotando en el Lago de Stormenhand, con el pelo suelto y los ojos vacíos. Sólo que ella no está muerta, sólo está pensando, como siempre.

¿Por qué piensa tanto?

¿En qué piensa?

- ¿Oe Ru, estás durmiendo?-

-No Marcus, ¿qué pasa?-

-Nada. ¿Entonces quien chucha está roncando?-

- ¡Duerman nenas!-

-No jodas, Sean. ¡Ajá! ¡Tú estabas roncando!-

-Sí pe ¿y?-

-Que no dejas dormir a nadie maldita sea… ponte un corcho en la boca-

-Si hago eso me muero, imbécil-

- ¡Cállense!-

-Ya ves, tampoco dejas dormir a Ru-

-Él no estaba durmiendo-

- ¿Y tú como sabes?-

-Porque te escuché chillando como nena para llamarlo-

-Marcus, si quieres te canto para que te duermas, pero déjense de pelear de una maldita vez, tengo sueño-

-El elfo al rescate-

-Y a ti te puedo patear el culo para que te quedes inconsciente a ver si así dejas de roncar, Sean-

- ¿Qué tanto escándalo? Mañana es domingo, babosos, pueden dormir hasta tarde-

Ha empezado a llover. Ojalá que Artemis no esté fuera.


Hola!

Espero que les haya gustado este capítulo, aunque sea más chiquito que el anterior.

Eh... ahora no tengo mucho tiempo para responderle a cada una, lo siento mucho, pero prometo que para el póximo lo haré. Es que acaba de comenzar la semana del terror (más bien las dos semanas y media del terror) correspondientes a los finales... exámenes, trabajos, trabajos de campo, pensar, pensar, pensar... y estadística. Es horrible... pero bueno, voy a estar ausente por lo menos un mes, claro que eventualmente voy a correr al fic para desahogarme de toda la presión pero no creo que le pueda prestar una atención real.

Un besote a todas. Cuidense mucho.