"De inmediato reconoció el cabello oscuro que cubría la cabeza del hombre en la habitación iluminada por la luna."
-¡Black!
Aunque no pudo pronunciar más que un gemido de desesperación, su mente gritó el nombre, aterrorizada, mientras Pan luchaba por superar la fuerza de sus enormes manos. El bandido le dio la vuelta y la colocó boca abajo y, contra su voluntad la tomó de las muñecas y las aseguró detrás de la espalda. Luego envolvió la ropa de cama alrededor de su cuerpo hasta que, para acrecentar su angustia, comenzó a tener dificultades para respirar. Moviendo la cabeza hacia delante y hacia atrás, Pan trató de encontrar una abertura donde pudiera obtener aire hasta que Black reconoció el problema, le dio la vuelta y le acomodó la manta debajo del mentón.
-¿Así está mejor?- le preguntó mientras sus ojos oscuros brillaban cerca de los de ella. En la débil luz de la habitación parecían echar chispas de alegría. -Me sentiría muy mal si se muere por la falta de aire antes de que le haga el amor, preciosa.
Miles de epítetos insultantes surgieron en su mente mientras luchaba con valor contra la fuerza que la superaba. ¡En verdad! Los calificativos le habrían alcanzado si ella hubiera podido hablar a través de la mordaza. Lo máximo que Pan pudo hacer fue mirarlo con toda su furia e indignación, pero la evidencia de su agitación no favoreció en nada que el bandido la soltara. Por el contrario, Black se rió de ella, la alzó de la cama y la apoyó con descuido sobre un hombro. Antes de salir, hizo una pausa para considerar la puerta abierta del vestidor.
-Supongo que, como todas las mujeres, preferirá vestirse con sus ropas elegantes en lugar de andar desnuda por la casa. Yo apreciaría esa vista, pero dudo que Mai tenga la misma opinión.
Entró en el vestidor y guardó una gran variedad de ropas de mujer en una gran bolsa, luego se echó una gruesa capa de invierno al brazo antes de cruzar la habitación en dirección a la antecámara. En el pasillo al que daban las habitaciones, hizo una pausa para escuchar hasta que estuvo seguro de que nadie en la casa había despertado; entonces, con pasos largos y presurosos, atravesó las sombras del corredor y bajó las escaleras. Abandonó la mansión por una puerta que daba al jardín y corrió por un lateral de la casa hasta donde, detrás de un portón, un grupo de sus hombres esperaba en los caballos.
Pan levantó la cabeza buscando con desesperación a los guardias. Desgraciadamente, los encontró atados al pie de un árbol al lado de la pared de ladrillos que bordeaba el jardín. Aunque luchaban contra las cuerdas que los inmovilizaban, era incapaces de hacer otra cosa más que observar el progreso del rapto, pues habían sido amordazados después de haber sido derrotados por la fuerza superior de los bandidos. A pesar de los gruñidos roncos que emitían, no pudieron detener a Black que atravesaba con ella al hombro, el ornamentado portón de hierro.
-Pronto habrá luz -observó Black mientras la arrojaba a los brazos de Broly.- Debemos abandonar la ciudad antes de que salga el sol, o el príncipe N°17 llamará a los soldados del zar para que nos den caza.
Una risa profunda acompañó la réplica de Broly.
-Al príncipe no le va a gustar que se lleve su oro y a la muchacha también, después de que le advirtiera que la llevara directamente, sin trampas.
En la oscuridad, el brillo de una sonrisa de dientes perfectos dio prueba de la indiferencia jovial de Black.
-El príncipe N°17 nunca nos pagó por cumplir con su último requerimiento, mi amigo, te prometió a ti y al resto de los hombres el oro y a mí, la muchacha. Él es el que está loco por buscarnos otra vez. Debería haber sabido que querríamos quedarnos con lo que nos correspondía.
-Al coronel inglés tampoco le va a gustar que se lleve a su esposa. Vendrá detrás de nosotros, creo...y tal vez hasta lo aprese si usted pierde tiempo con ella.
-Primero tendrá que encontrarnos, ¿no es cierto, Broly? Y yo, por mi parte, no tengo intenciones de ir con lentitud hasta que alcancemos nuestro campamento y estemos a salvo tomó la oscura crin del caballo que había pertenecido a Trunks y saltó al lomo del animal. Se inclinó hacia delante para darle unas palmadas en el cuello y sonrió al gigante. Ya verás, Broly. Montaré a su mujer como monto su caballo. No podrá detenerme.
…
Trunks se dio la vuelta sorprendido cuando Goten entró en la carpa.
-¡Coronel Brief!
-¿Qué pasa? -la pregunta estaba llena de temor, pues Trunks conocía bien a su segundo en el mando como para percibir que lo que le preocupaba era de naturaleza seria. Si su tono no había sido indicación suficiente, su gesto adusto, sí.
-¡Black está llegando!
Trunks casi sonrió y se relajó. Pensó que se había puesto demasiado nervioso de tanto esperar.
-¡Por fin! Todavía no había perdido la esperanza.
-¡Trunks! ¡Hay algo más!
Trunks se detuvo. Una vez más sintió una frialdad que le invadía el centro mismo de su ser.
-¿Más? ¿Qué quieres decir con más? ¿Trajo a todo el clan de los cosacos con él?- el gesto nervioso de Goten no desapareció, lo que impacientó a Trunks que quería saber sin más dilaciones qué era lo que tenía que decirle.- ¿Qué lo asusta, Goten? ¡Maldición, dígamelo!
-Es su esposa... lady Pan...
En un solo paso Trunks cruzó la carpa y tomó a Goten de la capa. Su temor se había convertido en un miedo glacial.
-¿Qué pasa con Pan?
-Black la ha raptado, Trunks. ¡Ella está ahora con él, de camino al campamento!
-¿Estás seguro?-con una angustia agonizante Trunks golpeó con el puño en el pecho de subalterno mientras exigía la confirmación de lo que acababa de escuchar. -¿Estás seguro?
-¡Shu y yo la vimos, Trunks! Cabalga detrás de Broly, en su caballo y desde lejos parece como si una correa la mantuviera atada al hombre.
-¡Maldición!- la palabra explotó en los labios de Trunks mientras pasaba a Goten y salía de la carpa. Sin prestar atención al viento frío de pronto le penetró la túnica de lana, caminó hacia donde se encontraba esperándolo Shu y le preguntó sin preámbulos: -¿Está seguro de que no se equivoca, Shu? ¿Usted la vio?
El explorador le respondió mirándolo fijamente a los ojos azules.
-No hay dudas, coronel Brief. Es su esposa. Esperamos cubiertos por los árboles y vimos pasar a Black. Luego vimos el rostro de ella. No podemos equivocarnos: es lady Son Pan.
-¿Cómo puede ser posible?- Trunks golpeó una mano contra la frente. El error de este anuncio era un peso difícil de soportar. Frenéticamente empezó a buscar en su mente un plan de acción que asegurara la inmediata liberación de su esposa, pero sabía que ninguno estaba libre de peligros. Dio media vuelta y se dirigió a Goten que se acercaba. -¡Tengo que rescatarla, Goten! ¡Tengo que ir allá abajo y enfrentar a Black cara a cara!
-Trunks, te ruego que esperes hasta que entren en el campamento- le aconsejó Goten, que comprendía muy bien la angustia de su amigo. -De otro modo, Black podría escapar y llevarse a ella con él.
-Pero si es Pan... -Trunks estaba dispuesto a discutir con todo su corazón.
-Entonces debes ser extremadamente cauteloso con lo que hagas. Si se escapan de nuestra trampa con un premio tan precioso en sus manos, tal vez nunca la recuperemos. No tenemos otra posibilidad que esperar hasta cerrar la trampa sobre ellos y así evitaremos que escapen.
-¡Tengo que bajar antes de que la trampa salte y sacar a Pan de allí!-Trunks rugió impaciente.-Si no, la usarán de rehén contra nosotros.
-Si estás decidido a ir allá, por favor, considera la posibilidad de que se queden con un segundo rehén, ¡uno al que probablemente maten! Tal vez Black quiera cortarlo en pedazos sólo por el rencor que siente.
Enfrentado a ese dilema, Trunks se pasó los dedos por el cabello enredado por el viento mientras sopesaba sus posibilidades, pero sólo brevemente. Pronto llegó a una rápida decisión.
-Hasta los ladrones- dijo con brusquedad-tienen que saber lo que es una bandera blanca. Voy a bajar a hablar con Black y trataré de hacerle entender cuán peligrosa es su posición. Si mata a Pan, o me mata a mí, entonces tendrá que responder a los cañones. Tengo que convencerlo de que no podrán escapar una vez que se cierren los pasos que comunican el campamento con el exterior. Cuando se enfrente con esta amenaza, dudo que Black se comporte de un modo irracional.
Shu trepó con cuidado a los árboles que crecían en el borde y apoyó la mano en el tronco de un pino mientras se inclinaba para observar lo que acontecía en la cuenca. De pronto miró a su comandante y le hizo una seña con la mano para que se acercara. Desde ese punto de vista, los dos hombros observaron cómo Black conducía a su partida a través del paso desfiladero.
-Coronel Brief, le recomiendo que actúe con la mayor prisa antes de que Black tenga tiempo de relajarse y se ocupe de su mujer. Mi hermana está en ese campamento. Tal vez pueda encontrarla y traerla de regreso conmigo.
Trunks cerró la mano sobre el hombro del explorador en una despedida sin palabras y se alejó. Dio órdenes para que ensillaran su caballo y que ataran un paño blanco a la punta de un estandarte. Luego se colocó una pesada chaqueta de cuero que lo protegería de las armas, y tal vez del frío que se había apoderado de la madrugada. Su segundo en el mando lo observó muy preocupado, como si tuviera plena conciencia de todos los peligros que lo acechaban. En vista del hecho de que no llevaba armas para defenderse, Trunks sintió una gran necesidad de brindar seguridad a su amigo, y con toda sinceridad, confesó:
-Por la gracia de Dios, Goten, saldré de esto con vida y con mi esposa a salvo. Te aseguro que no tengo razón para vivir si ella está allá abajo en manos de mi enemigo. Sin ella, no viviría mucho tiempo.
Con un largo suspiro, Goten se cuadró de hombros y buscó la mirada de Trunks con una sonrisa hosca.
-Mi Padre siempre decía que yo me preocupaba demasiado, amigo. Tal vez tenía razón.
Trunks logró ofrecerle una sonrisa ladeada con su respuesta.
-Todos tenemos esa tendencia a veces, Goten. Yo no estoy precisamente calmado y dominado cuando sé que Pan está allí abajo. Además, debemos convencer a ese maldito bandido de que hablamos muy en serio. Sabe lo que hay que hacer mientras esté ausente. Cuando dé la señal para disparar el cañón, cierren la puerta trasera con rapidez. Ya sabes cuál es el plan, de modo que lo dejo todo en sus manos para que determine qué hacer de acuerdo con el curso de los acontecimientos.
-No te preocupes, amigo- Goten se esforzó en otra sonrisa apagada. -Haré que Black se siente y tome nota.
-¡Bien! Si no tengo otra opción, treparé hasta aquí por una soga con Pan a mis espaldas. Manténgase alerta y esté preparado para arrojarla.
-Créeme amigo mío, estaré vigilando cada uno de tus movimientos- le aseguró Goten.
Trunks montó su caballo y, con las riendas en una mano, aceptó la bandera con la otra. Saludó con la cabeza a Goten e hincó los talones en el caballo para que empezara su rápido descenso de la colina.
Debajo, en el valle, Black detuvo su caballo delante de la casa más grande del campamento y desmontó mientras sus hombres se dispersaban y continuaban su camino hacia diferentes áreas del pequeño pueblo. Completamente agotada, Pan aceptó la ayuda de Black que la bajó del lomo del caballo de Broly, pero, desesperada por encontrar un apoyo, se recostó contra el caballo mientras el jefe de los bandidos sacaba su cuchillo para cortar la correa de cuero que la ató al gigante musculoso durante la mayor parte del trayecto.
Con una sonrisa a Broly, Black levantó el ánimo.
-¿Ves, amigo mío, qué mansita se ha vuelto la muchacha?
Broly hizo un gruñido escéptico.
-Espera hasta que recupere sus fuerzas, luego veremos.
-¡Ah, nooo, Broly!-replicó Black de buen humor. -No entiendes mi relación con las mujeres. Primero dejaré que esta se bañe y duerma un poco. Será una mujer diferente cuando esté bien descansada. Te lo digo, Broly, ¡Me amará cuando despierte!
-¡Hummmm!
Black giró hacia la fuente de ese sonido de desprecio y tuvo que bajar la cabeza ante Pan que lo miraba con creciente resentimiento. Miraba el rostro de un pequeño duende que parecía haberse deleitado enfrentando a casi todos sus hombres. Al menos unos veinte de sus acompañantes habían sentido el aguijón de su lengua, cuando no un pequeño puntapié, un golpe, o un mordisco si osaran acercarse demasiado. Sólo Broly parecía inmune a su abuso, tal vez porque el gigante se había convertido en una especie de protector. Fue él quien se había interpuesto repetidas veces entre ella y aquellos que buscaban vengarse por los dolores que le había causado, y aunque muchos de ellos se habían sentido provocados por la sonrisa desafiante de Pan, ninguno se había atrevido a probar los músculos de su benefactor.
Sin hacer esfuerzos por quitarse de la cara los mechones que le caían desordenados, la recalcitrante condesa Son Pan miró al jefe de los bandidos a través de la maraña que formaba un velo.
-¡Ves!- le advirtió Broly señalándola con el pulgar.- ¡Te matará si eres tan loco de confiar en ella! Como la otra noche, cuando trató de escapar y tomó mi cuchillo.
Black se frotó el rasguño en la palma de la mano que ya se estaba curando. Recordó vívidamente su conducta estúpida al tratar de sacar ventaja del intento de huida de Pan. A través de los párpados entreabiertos, la había visto inclinarse con cuidado sobre Broly, que dormía y roncaba con estrépito, y quitarle el cuchillo de la vaina. Después había cortado las cuerdas que los mantenían unidos. Aunque Black albergaba la idea de atraparla y obtener su placer mientras los otros hombres dormían, no estaba preparado para el perverso ataque que ella lanzó sobre él cuando osó reptar en las sombras para alcanzarla. Por muy poco, saltó a tiempo para evitar la amenazadora caída de la hoja después que ella salió de su escondite y trató de atacarlo. Él logró tomarla, con la idea de desarmarla, pero en el siguiente intento, tomó conciencia de que la punta del cuchillo había abierto una herida en la palma de su mano. Si no hubiera sido porque sus hombres se despertaron con los gritos de sus maldiciones, Pan se habría escapado. Pero terminó arrastrada de regreso a su estado anterior en medio de puntapiés y gritos, además de todos los insultos que se le pudieran ocurrir.
-¡Mai!- Black gritó con todas sus fuerzas mientras se dirigía a la casa.
La puerta de delante se abrió de par en par y, en el silencio que siguió, rebotó con un sonoro crujido. Una mujer de cabello oscuro, a punto de dar a luz un hijo, salió de la casa y se situó en el borde de la galería mientras observaba a Black. Los ojos oscuros se posaron un instante en Pan, consiguiendo toda su atención. Pero pronto la mirada de ella volvió a dirigirse, con un frío desprecio, hacia Black.
-¡Bien! Así que trajiste a una mujer a casa para que comparta la cama contigo, como si yo no hubiera servido a tus lascivos deseos todos estos meses. ¿Qué pretendes? ¿Hacerme a un lado ahora que llevo en el vientre a tu bastardo?
Black se echó a reír sin darle demasiada importancia a la pregunta enfadada.
-Vamos, Mai, sabes que no te he hecho ninguna promesa de que fueras a ser la única. ¡Al hombre le gusta disfrutar de un poco de variedad cada cierto tiempo!
-¡A los hombres como tú! -Mai sacudió la cabeza disgustada.- Hablabas con tanta dulzura a mi lado en la cama y me decías que me amabas cuando querías mis favores. Ahora que estoy embarazada de tu hijo y que apenas me puedo mover, traes a esa... esa...
- Pan Brief- informó de inmediato Pan con una sonrisa, pues vio una pequeña posibilidad de escapar a lo que Black tenía planeado para ella gracias a la presencia de esa mujer. Era evidente para ella, aunque no para él, que Mai no soportaba la idea de compartirlo con otra mujer.- Esposa del coronel sir Trunks Brief, comandante de los Húsares de Su Majestad Imperial- anunció Pan, luego terminó la frase con una prisa que la dejó sin aliento:-¡Que seguramente matará a este maldito patán si me pone un dedo encima!- dijo con la vista fija en su captor.
Al ver que las dos estaban en total acuerdo, Mai le devolvió la sonrisa en reconocimiento de la presentación e hizo una seña hacia la puerta en cordial invitación. Al menos Black todavía no se había acostado con la mujer, lo cual despertaba una pequeña esperanza de poder detenerlo antes de que saciara sus deseos y la hiriera en el proceso.
-Venga, señora. Sin duda debe de estar agotada con todo lo que pasó y quiera un baño...
Black sonrió, pensando que sería capaz de manejar a las dos mujeres que se estaban conociendo y aparentemente iban a llevarse muy bien. Dedujo que podía compartir la hospitalidad que se brindaban entre ellas, y comenzó a subir las escaleras detrás de Pan, pero fue detenido por una pequeña mano desafiante.
-¡Niet! ¡Niet! ¡A los establos a lavarte! ¡La casa es para nosotras!
-Vamos Mai- trató de convencerla Black y luego miró incómodo a Broly, que había estallado en una explosión de risa.-¡No puedes hacerme esto! ¡Ninguno de mis hombres se atrevería a hacer una cosa así!
-¡Fuera!- gritó Mai y plantó su pequeño pie en señal de indignación.-¡Te prohíbo que entres!
Black subió las escaleras de todos modos y separó los brazos para contener a la mujer en un fuerte abrazo con la esperanza de aplacarla, pero Mai lo rechazó con vehemente determinación y lo miró a los ojos.
-¡Te vas de esta casa en este mismo momento, Black, o me voy yo! No me quedaré en tu campamento para dar a luz a tu hijo mientras haces otro con la esposa del coronel. ¿Me escuchaste?
-¡Maldición! ¡No puedo dejar que me des órdenes como si fuera un mocoso! ¿Qué pensarán mis hombres?
Mai se puso de puntillas para mirarlo a la cara mientras vociferaba la pregunta:
-¿Y qué pensarás tú, Black, si te dejo ahora? ¿Quieres que me vaya? ¿Acostarte con la mujer del coronel significa tanto para ti que no te importa si me quedo o si me voy?
-Mai, sabes que te quiero...
Sin abatirse, Mai lo enfrentó con los puños afirmados a los lados. A pesar del terror inicial que sufrió cuando él la robó de la casa de sus padres hacía un año más o menos, ahora lo amaba con todo su corazón, y quería de él algo más que una relación casual. Pronto nacería el hijo de ambos y ella quería que él la tratara con la misma consideración con que un hombre trata a su esposa.
-¡Black, elige ahora! ¡La esposa del coronel o yo!
Black levantó las manos indefenso. Por mucho que quería complacerse con Pan, sabía que no podría soportar que Mai lo dejara, pues había pasado a significar mucho para él en los meses que estuvieron juntos. Había mantenido en alejada reserva y había jugado el papel de doncella ofendida. Pero poco a poco él se había sentido atraído por su presencia tranquila y seria en la casa. Sorprendido, se descubrió interesado en sus suaves modos. La cortejó con flores salvajes y largas caminatas por el bosque; le ofreció sonetos de amor de un libro que había encontrado en un baúl que él y sus hombres habían robado a algún noble rico. Hasta le había enseñado a leer y ella lo había aplacado recitándole dulces versos. ¿Cómo podía dejarla ir si con ella se iría su corazón?
Un disparo sacó la mente de Black del asunto y pasó a considerar de inmediato las necesidades del momento. Su principal preocupación era la seguridad de su campamento y todos los que estaban en él. Se alejó abruptamente de las dos mujeres y hasta Broly hizo girar su caballo para dirigirse hacia la barricada de entrada donde un guardia gritaba y hacía señas con el brazo para ganar su atención. El gigante levantó una mano y se la llevó al oído para escuchar. Pronto transmitió la información a Black.
-Un hombre cabalga hacia el campamento con una bandera blanca. El guardia quiere saber si debe dejarlo entrar.
Black saltó de la galería y, con sus brazos en las caderas, frunció el entrecejo un largo rato antes de dirigirse a Broly.
-¿Pueden decir quién es el hombre?
Broly echó la cabeza hacia atrás y llevó la mano hacia la boca para proyectar su grito.
-¿Quién viene? ¿Sabes quién es?
Broly volvió a colocar la mano en el oído para escuchar la respuesta del otro. Al dirigirse a su acompañante parecía atónito por lo que acababa de oír.
-¡Dicen que viene el coronel inglés! ¡Cabalga en el caballo de Black!
-¿Qué? -dijo Pan sin aliento, asomándose a la baranda de la galería. Con una mano hizo pantalla para que el reflejo del sol en la nieve no la cegara y miró hacia la entrada.
Black pensaba de un modo diferente, y se animó ante la idea de que su adversario viniera a su campamento.
-¡Déjenlo entrar, si es verdad que el bribón viene solo!
En un silencio pétreo, Pan esperó una eternidad antes de ver a un jinete solitario que salía del estrecho desfiladero. Cuando un guardia señaló hacia la casa donde ella se encontraba, su marido levantó la cabeza para mirar y azuzó al caballo a seguir un paso vivaz. Aun desde lejos, Pan no tuvo necesidad de ver su cabello para estar segura de que era su amado el que venía, pues nadie cabalgaba con esa confiada tranquilidad que él exhibía. Sus ojos se alimentaron con cada uno de los movimientos hasta que enfrentó al señor de los ladrones desde una corta distancia.
Pan habría volado por las escaleras y corrido a su lado, pero Black levantó una mano y gritó una orden: debía quedarse en el lugar donde estaba. Pan no quería obedecer, pero decidió enviarle una sonrisa de calma a Trunks, que apartó la vista de su enemigo lo suficiente como para asegurarse de que todo estuviera bien.
-¡Coronel, usted entra en mi campamento como un loco sin cerebro, sin más protección que su arrogancia!- le increpó Black. Pensativo, observó a su rival, en busca de algún puñal o pistola, pero sólo vio la vaina vacía donde debía estar la espada.- Viene con una bandera blanca y completamente desarmado, ¿no es cierto? ¿No teme que mis hombres lo saquen a rastras de mi caballo y le quiten la carne de los huesos, como hicieron la última vez que nos encontramos? Estoy seguro de que tiene cicatrices que le recuerdan ese hecho.
-He venido por mi esposa- declaró Trunks sin pestañear.- No me iré sin ella.
Black se echó a reír estrepitosamente y abrió los brazos en un movimiento exagerado de asombro.
-Pero usted dijo que podía tenerla, amigo- le recordó a su enemigo-¿No se acuerda? ¿Acaso, ha cambiado de idea?
-Si lo que quiere es pelea, Black, eso tendrás- le aseguró Trunks con una notable falta de humor.
-¿Qué? ¿Y privar a mis buenos compañeros del placer de atarlo entre dos caballos para ver cuál de los animales se queda con la mejor parte? Vamos, coronel, no soy tan egoísta.
Trunks levantó una mano, y, con una breve mirada a Pan, le ordenó que se acercara. Ella obedeció sin perder tiempo, lo que hizo gruñir a Black que saltó hacia delante para tomarla, pero el ladrón se vio detenido por el semental negro cuando Trunks le cortó el camino con el animal. Con los dientes apretados por la furia, Black dio un salto para sacar a su adversario de la silla, pero Trunks controló con las riendas al animal para que hiciera un giro completo. Un ruido audible fue seguido de un rugido de dolor. Black trastabilló en una niebla de estupor. Se llevó una mano a la cara y, al pasar el dedo por debajo de la nariz, comprobó que su orificio nasal izquierdo sangraba con profusión.
Broly tosió abruptamente para contener otro amenazador estallido de risa. Controlando su comportamiento, bajó del caballo de un salto, y, solícito, ayudó a Black a subir los escalones de la galería donde urgió a su jefe a sentarse por un momento hasta que recuperara la lucidez. Mai corrió el interior de la casa, y un minuto después reapareció con una toalla húmeda que pasó con suavidad debajo de la nariz de Black.
Mientras la atención de todos se dirigía hacia otra parte, Trunks se inclinó hacia abajo, tomó a Pan de un brazo y la subió a la montura detrás de él, en el mismo momento en que el mosquete de Broly hacía su ominosa aparición. El arma del cíclope apunto al centro de la chaqueta de cuero.
-¡Quédese quieto, coronel o morirá!
Aunque Pan se aferró a la espalda de su esposo, presa del terror, Trunks tomó la amenaza casi a la ligera.
-Si me matas, Broly, estas colinas se vendrán abajo sobre su brillante cabeza. Juro que así será.
Broly no pudo contener la risa mientras miraba a Trunks incrédulo.
-¿Acaso usted es Dios para hacer caer la montaña sobre nosotros?
-Preste atención, Broly- le sugirió Trunks. -Escuche mis palabras con cuidado. Si necesita evidencia de mi poder, le daré un pequeño ejemplo. Pero primero debo insistir en que apunte un momento hacia otro lado para impedir la posibilidad de que su arma se dispare por accidente.
Los ojos de Broly se desviaron hacia las colinas cubiertas de árboles mientras se preguntaba qué hacer con la propuesta del coronel. Sentía curiosidad y levantó despacio la pistola, pero la mantuvo en una posición desde donde podía de inmediato, alcanzar al hombre. Mientras observaba de cerca a Trunks, este levantó la bandera blanca y la bajó con rapidez. En ese mismo instante una atronadora explosión perforó el silencio y fue seguida, en rápida sucesión, por varias descargas más. Broly sintió una súbita conmoción y, girando hacia la izquierda, quedó totalmente sorprendido cuando las balas de cañón impactaron en las colinas que rodeaban la segunda entrada desprendiendo enormes bloques de piedra que cayeron al valle. Los pedazos que caían llevaban un tremendo impulso que obligó a que los guardias que se encontraban allí salieran corriendo. Con creciente terror, se dispersaron hacia el centro del campamento, mirando, nerviosos, por encima del hombro mientras escapaban de los fragmentos de roca.
En ese preciso instante, casi ninguno notó que Trunks hacía girar el caballo y comenzaba a galopar hacia el extremo de la cuenca. Saliendo del sopor que había experimentado antes, Black se puso de pie de un salto y señaló, reclamando la atención de Broly, a los dos que estaban tratando de escapar a pesar de la cuestionable dirección que habían tomado.
-¡Dispárale al caballo! ¡Dispárale al caballo! -gritó Black.
Broly levanto el mosquete y lo mantuvo derecho por un instante antes de apretar el gatillo. La descarga fue seguida de una pausa. Luego el caballo se desplomó dando una voltereta, que envió a los jinetes despedidos...
... Continuara.
