¡Hola! ¡Al habla Curly!

Primero de todo, perdón por el retraso. En verdad lo sentimos mucho, pero hemos tenido algunos contratiempos con este capítulo.

Una vez dicho esto, paso a agradecer todos los favoritos, followers y reviews. ¡Muchas gracias!

thenordic5forever96: ¡Gracias por el review! Pronto se sabrá lo que ocurrirá con ellos… Y en cuanto lo que se conviertan en humanos, bueno, tenían que pagar algún precio, mejor eso que morir xD ¡Esperamos volver a verte por aquí!

DemonBlackStar: ¡Gracias por el review! Y tienes razón, malditos humanos xD Nos alegra que te haya gustado el capítulo y procuraremos no hacerte sufrir mucho (o sí? xD). ¡Esperamos volver a verte por aquí!

horus100: ¡Gracias por el review! A Corea del Sur de momento lo podéis dar por desaparecido (no me acuerdo si lo mencionamos), ya aclararemos ese tema más tarde. Y las torturas pronto empezaran… ¡Esperamos volver a verte por aquí!

Liz Jones Kirkland: ¡Gracias por el review! Sí, es una pena que se conviertan en humanos, pero tiene su parte buena también… Y este fic ya está llegando a su fin, pero aún nos tendréis por aquí algún tiempo xD. ¡Esperamos volver a verte por aquí!

Pinsel D34CM43: ¡Gracias por el review y por el cumplido! Eso se está volviendo nuestra definición xD. Esa es una buena pregunta. ¿Salvarán a las naciones? ¿Se volverán humanos? ¿Alguien tiene malvaviscos? ¡Esperamos volver a verte por aquí!

¡Y ahora, sin más demora, el capítulo de la semana!


The Last Life – Capítulo 14

Inglaterra

Inglaterra reconoció el lugar de inmediato. Lo sabía perfectamente, demasiado bien.

Y al instante supo que el más allá había empezado a jugar con él.

Se encontraba delante de una enorme casa de un estilo antiguo, de la época de sus primeras colonias, pero a pesar de eso, parecía nueva, como el día que la acabaron de construir, lista para vivir dentro de ella. Los jardines de sus alrededores presentaban muchos tipos de plantas. Algunas, eran de Europa, pero muy pocas, la mayoría eran de otra tierra, de un lugar muy lejano de Inglaterra, así como el tiempo, que no se parecía para nada al que había en Stonehenge hacía un rato. Era un día soleado y tranquilo, perfecto para estarse fuera de la casa donde había convivido con Estados Unidos cuando este era pequeño.

Pero Inglaterra no podía quedarse allí. Tenía que encontrar a Estados Unidos cuanto antes mejor. No quería quedarse en ese lugar mucho tiempo. Si las ilusiones ya habían comenzado debería ser porque se encontraba cerca de su objetivo. Supuso que cuanto más se acercara a su pareja, más peligroso y con fuso se volvería todo. Tenía que ir con cuidado y centrarse en su objetivo.

Pero esa casa… Le traía tantos recuerdos… Buenos y malos recuerdos. Desde los ratos que había pasado con la pequeña nación jugando y contando historias a las discusiones que tuvieron cuando este creció. El más allá o quien fuera que controlara ese lugar había elegido un buen lugar para que comenzara el juego.

Repasó todo lo que sabía sobre los hechizos para hacer que las ilusiones se desvanecieran y como luchar contra ellas hasta que se dio cuenta que esa lógica quizás no se aplicara a ese lugar. Los vivos tenían sus reglas, los muertos, otras. Si quería salvarle, tenía que aferrarse a las normas de lo que ya no respiraban.

Pensó en Estados Unidos, que se encontraba encerrado en algún lugar. Debía de estar pasándolo muy mal. Por la cabeza al instante le pasaron diez cosas que llevarían al americano al borde del terror y otras diez más que podían hacerle daño. Tenía que darse prisa, ya lo había esperado bastante y esa casa era un lugar bueno como cualquier otro para empezar a buscar.

Se dirigió hacia la puerta principal con paso apresurado con la intención de entrar de repente, pero cuando llegó allí, la encontró cerrada. Intentó forzarla, peor fue inútil, incluso con magia. Cuando estaba a punto de romper una ventana y entrar por allí, un sonido captó su atención.

Una risa.

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Italia

Al principio, fue con paso apresurado, después corrió, pero cuando se dio cuenta de que no le serviría para nada, empezó a relajarse y a andar con más tranquilidad.

Ese laberinto parecía no tener fin, lleno de pasadizos infinitos con rosas exactamente iguales.

Había ido marcando el camino rompiendo una rosa en cada esquina, pero cuando intentó volver atrás, esta volvía a estar como antes. No podía marcar el camino y ahora estaba perdido. Cada vez que parecía dar con el pasadizo correcto, acababa siendo un callejón sin salida. Pero tenía que acabar en algún sitio. Nada era infinito, no podía serlo, incluso en el más allá eso era imposible, tenía que serlo…

Se intentó convencerse de que así era, que al final, encontraría la salida. Por el momento, debía concentrarse en seguir el camino y no pincharse con las espinas. Tenía las sensación que esas rosas con ese olor tan dulce y ese aspecto tan bonito podían llegar a ser una trampa mortal si llegaba a tocarlas…

Otra cosa le había llamado la atención. Y era la ausencia total de sombras, incluso de la suya. Supuso que eso era una buena señal, pues esas pirañas debían de estar lejos. Aunque también podía ser que eso no fuera nada bueno…

Volvió a apresurar el paso, de repente sentía ganas de salir de allí más rápidamente.

Pero cuando estaba corriendo, se volvió más descuidado y la manga de su camiseta se rasgó con una de las espinas. Pocos segundo después, estaba sangrando de mala manera.

Entonces todo le empezó a dar vueltas, perdió el equilibrio e intentó agarrarse a algo. Pero entonces recordó que las rosas podían ser peligrosas y se dejó caer.

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Romano

"Fue todo eso… ¿Una pesadilla?"

Los rayos del sol despertaron a Romano. Para cuando decidió levantarse, calculó que serían sobre las 12 del mediodía. Una buena hora para bajar abajo y comerse un par de tomates que encontrase por la cocina. Abrió la puerta de la habitación y de nuevo se lo encontró allí.

-España…-murmuró nostálgico-.

Como recordaba, siempre estaba cultivando su campo de tomates. Después de todo, la económica de su país se basaba en eso. Cerró la puerta y se acercó hasta donde estaba la nación trabajando. Por lo rojo que estaba, seguramente llevaba toda la mañana trabajando sin descanso. Ese loco, ese entrañable y dulce loco…

-¿Ya te has levantado?-le preguntó España con una sonrisa-.

-¿Cuánto hace que estás aquí?

-Pues no lo sé-suspiró el otro mientras se tomaba un breve descanso- Por cierto, hay churros en la cocina si quieres…

-Prefiero ayudarte-murmuró Romano desviando la mirada hacia otro lado-.

El italiano pudo sentir como España lo miraba algo confuso. Ciertamente no era propio de él ayudar, y menos si se trataba de labrar el campo. Pero, puede que fuese esa pesadilla, lo que hizo que cogiera miedo a perder a España. Sintió mucho dolor, incluso si fue en sueño. Toda aquella guerra, todo fue tan cruel y él… Él no estaba. Su corazón le dio un pinchazo al recordar eso.

-¿Te encuentras bien?-rió España sorprendido-.

-Es que…

El rubor subió a las mejillas del italiano. No deseando que España lo viese, empezó a caminar hacía donde estaban las herramientas. Era un sótano que, desde hacía poco, España lo había habilitado para dejar las cosas del huerto y no tenerlas por allí en medio.

-¡Espera!

Romano sintió como alguien le agarraba el brazo. Volteó ¿Por qué España quiso detenerlo? Solo iba al sótano, a ningún lugar peligroso ni nada parecido.

-No vayas-le dijo- Ya… Ya iré yo…

Dicho esto, España emprendió rumbo a dicho sótano. Mientras, Romano lo miraba extrañado. Aquello no terminaba de encajar. Pensándolo más detenidamente, aquella no era la primera vez que España le impedía entrar en ese sótano ¿Qué diantres pasaba allí dentro?

-Romano-llamó una voz detrás suyo-.

Bélgica estaba de pie detrás suyo. Romano hubiese ido a abrazarla, como solía hacer, pero algo le hizo no acercarse. Puede que fuese que no sonreía, puede que fuese esa expresión de dolor y horror que había clavado en sus ojos, puede que fuese las numerosas heridas que tenía por todo su cuerpo…

-¡Bélgica!-gritó el italiano alarmado-.

-No te acerques-pidió ella con aparente calma- No soy yo a quien debes salvar

Romano frunció el ceño. No entendía a que se refería ¿A quién podía salvar él? Una nación recién creada, en todo caso sería España quien debería ayudarla.

-Romano, cuando un sueño es demasiado doloroso, terminamos por despertar. Cuando la realidad es demasiado dolorosa, terminamos por dormir. Cuando estamos dormidos, no hay escapatoria.

-¡Romano!-llamó España-.

El italiano giró la cabeza un instante, viendo como España se le acercaba cargado de herramientas agrícolas, pero, para cuando regresó sus ojos hasta donde Bélgica estaba, ella había desaparecido. Estaba confundido ¿Qué estaba ocurriendo? No se detuvo a decirle nada a España, simplemente salió corriendo, como siempre. Escapó de los guardias y se sentó a los pies de un gran roble. Le tranquilizaba estar allí. Bajó la sombra, sintiendo los rayos del sol alumbrarlos alternamente, con una suave brisa acariciándolo… Al final, Romano sucumbió al sueño.

-Llevaba durmiendo aquí toda la noche-le dijo ella- Le he visto desde mi ventana

-¿No sabes quién soy?-preguntó Romano confuso-.

Cerca del lugar, Romano era capaz de verse hablando con aquella niñita adorable. Podía ver como ella, a diferencia de los adultos, le sonreía. Algo que, en ese momento, su solitario corazón agradeció.

-¿Giorgia?-preguntó confuso, levándose la mano a la frente-.

-Exacto señor-escuchó detrás suyo. Para cuando Romano se gritó, la niña estaba de pie a su lado, sonriendo tal y como recordaba- recuerde, tiene que despertarle de su sueño.

Abrió los ojos sobresaltados. Sintió un sudor frío correr por su frente y no pudo evitar poner su mano allí ¿Aquello fue un sueño? ¿Soñó de nuevo con la misma niña? ¿La niña que le sonrió cuando todo su país lo estaba buscando? Aquello se volvía más confuso a medida que los días pasaban ¿Cómo explicarlo?

-¡Romano!-llamó una voz-.

El italiano miró hacía allí. A lo lejos, pudo ver a España corriendo hacía él. Parecía preocupado e inquieto. Lovino se lo miró algo desconfiado pero, cuando España se arrodilló a su lado y lo abrazó, fue invadido por la confusión.

-¿Q-Que haces, idiota?-trató de disimular, inútilmente, el sentimiento que lo invadía-.

-Estaba preocupado-le confesó sin soltarlo un solo instante, sino el contrario, estrechándolo más entre sus brazos-.

-¿Por mi?

-¿Por quién sino? Me asusté cuando de te fuiste de repente ¿Qué te pasó?

Romano entrecerró sus ojos. Se estaba tan bien entre sus brazos y, por alguna razón, se le hacía que había pasado mucho tiempo desde que no lo abrazaba.

-Me persigue una pesadilla

-¿Una pesadilla?-España sonrió y juntó sus frentes- Esto es la realidad-sonrió- No tienes que preocuparte más por esos sueños…

-Antonio…-murmuró el italiano-.

-Conmigo estarás a salvo, ya lo verás.

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Italia

Pero cuando cayó el suelo no sintió la supuesta nada. Sintió un suelo de madera. Miró a su alrededor, pero solo pudo ver oscuridad. ¿Había sido devorado esa vez? ¿Ya habían llegado las pirañas?

Pero entonces… ¿Por qué sentía el suelo de madera?

Lo palpó con las manos, no había duda, madera.

Intentó levantarse, pero su cabeza chocó contra más madera. Estaba encerrado en algún lugar ¿Qué demonios estaba ocurriendo allí?

Entonces oyó unos golpes que venían de fuera de lo que fuese ese lugar y se asustó.

¿Quién había allí? ¿Algún monstruo del mundo de los muertos? ¿Pirañas? ¿Los peces podían hacer eso? ¿Eran realmente peces esa cosa que les había dicho Leigh?

- ¿Qué hace una caja de tomates en un lugar como este…? – oyó una voz.

Iba a contestar una excusa sobre una hada en una caja de tomates. Pero entonces le pareció que esa conversación ya la había tenido antes… Hacía mucho tiempo atrás. Cuando tenía miedo, mucho miedo y entonces lo encontraron.

Y supo quien estaba fuera.

Con fuerza, empujó el techo de madera que fue volando a algún lado del bosque.

- ¡Alemania! – gritó.

Pero cuando miró la persona que tenía adelante, no era Alemania. Sino una persona que también conocía muy bien.

Había crecido, pero su cabello rubio y sus ojos azules seguían siendo los mismos. Aunque nunca lo había reconocido si no fuera por sus ropas negras. Las mismas que había llevado el día que se dijeron adiós.

- Sacro Imperio Romano…

- ¿Italia? – respondió el aludido.

Italia sintió como se mareaba durante unos instantes. ¿Qué hacía el Sacro Imperio Romano allí? ¿No debería haberse encontrado con otra persona? Le daba esa sensación…

- ¿Qué está pasando? – dijo él -. ¿Por qué te escondías allí?

- Yo… Yo... – intentó responder.

¿Qué estaba haciendo antes de llegar allí? Algo importante… Pero no podía recordar el que…

Oh, ya lo sabía. Se había escondido por el miedo de la guerra… Si, esa guerra… La que envolvía toda Europa.

- Tenía miedo… - murmuró.

¿Lo tenía? Y si era así, ¿era por la guerra? ¿O por algo muy distinto? Alguna cosa estaba yendo terriblemente mal allí. Algo no estaba funcionando. Faltaba algo o alguien, pero no sabía decir quién. ¿Qué estaba ocurriendo?

- Ven – le dijo el Sacro Imperio tendiéndole la mano -. Te llevaré a un lugar seguro. Aquí no estamos a salvo.

Esas palabras resonaron en su cabeza mientras alargaba la mano. No estaba a salvo… Había peligro por los alrededores. Podían herirle, podía morir. Ahora que era un humano…

Y entonces vio donde se encontraba el verdadero problema. Eso ya lo había vivido antes. Así era. Pero no era el Sacro Imperio Romano quién lo había encontrado. Ni tampoco le había ofrecido llevarle a un lugar a salvo. Había querido mucho al Sacro Imperio, pero ya estaba muerto entonces y aunque siempre lo recordaría con cariño, ahora había otra persona en su vida a la que tenía que salvar.

Ese día, era Alemania quién se encontraba en su lugar y allí era donde su historia había empezado. Y ahora tenía que continuar.

- ¡NO! – gritó retirando la mano de golpe.

De repente se escuchó un estallido, como si algo enorme se rompiera y todo se volvió gris. Ya no estaba ni la caja de tomates, ni el campo ni nada que hubiera habido antes a su alrededor. Ni siquiera el Sacro Imperio Romano. Todo había sido una trampa del más allá para que quedase atrapado allí.

Soltó un grito de rabia, seguido de otro de terror cuando se dio cuenta de que estaba cayendo. No entendía nada de lo que estaba pasando. ¿Se había dado cuenta de la ilusión por lo que el más allá iba a atacarlo de forma brusca ahora?

Pero antes de que pudiera horrorizarse más, la caída frenó y tocó el suelo suavemente. Justo en la entrada del laberinto de rosas.

Había vuelto al principio, lo que significaba que tendría que volver a entrar para seguir.

Le horrorizaba la simple idea de volver a encontrarse en medio de esas rosas. Pero el hecho de que también lo hubieran dejado allí, también significaba una cosa: Alemania se encontraba en el otro lado. Si conseguía cruzarlo y superar las pruebas, podría llegar a él. Solo tenía que encontrar la forma de hacerlo.

Con paso decidido, se adentró una vez más entre las rosas y se volvió a perder en ellas.

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Inglaterra

Miró hacia donde había oído la risa.

Y no pudo creer lo que veían sus ojos. Allí estaba un pequeño Estados Unidos, de la misma forma que el día que lo encontró.

Se quedó paralizado en la entrada mirándolo. Sabía que solo era una trampa del más allá, que no debía hacerle caso, pero no podía quitar sus ojos de encima de él. No podía creer que lo tuviera delante, después de tanto tiempo estando muerto…

El niño entonces volvió a reír y corrió hacia su derecha. Inglaterra le siguió con la mirada agradeciendo que se fuera. Si se le hubiera acercado… No sabía lo que habría pasado. Quizás el más allá lo hubiera atrapado en una ilusión y no podría salir de allí jamás.

Pero entonces le pareció extraño. ¿Por qué no se le había acercado? Si hubieran querido atraparlo allí, no haría falta que esa ilusión se esforzase mucho para que le convenciera que había vuelto a los tiempos pasados…

¿O no? Al fin y al cabo él estaba acostumbrado a las cosas sobrenaturales a diferencia de Romano e Italia. ¿Y si el más allá lo había "sobrevalorado" en cierta forma?

Pero si era así, ¿qué era ese niño? ¿Y por qué estaba allí? Estaba seguro que no era casualidad, no podía serlo. Allí nada era por casualidad. No, el más allá le haría pasar por un mal trago antes de encontrar a su pareja.

Antes de que pudiera seguir pensando, el pequeño Alfred volvió a aparecer riendo, esta vez más cerca y se lo quedó mirando un rato antes de ir hacia la misma dirección.

¿Quiere que le siga? pensó.

Dudó, pero tampoco podía avanzar quedándose encallado en la puerta principal. Lentamente, siguió los pasos del niño, que lo esperaba en la puerta trasera de la casa. Cuando vio que se acercaba, abrió la puerta y entró.

- ¡Espera! – le gritó Inglaterra.

Pero el niño no lo escuchó, y si lo hizo, lo ignoró. Cuando Inglaterra hubo entrado, hizo que lo persiguiera por muchos de los pasillos de la casa, como si estuviera buscando algo.

Hasta que se detuvo delante de una vieja puerta de madera. Allí, esperó unos segundos más para que la nación se le acercara. Pero antes de que pudiera decir nada, entró a aquella habitación.

Nada más abrirla, Inglaterra vio unas escaleras viejas y polvorientas, así como el sótano. A diferencia del resto de la casa, estaba en mal estado. Se preguntó el porque mientras entraba allí.

- ¿Por qué me has llevado aquí? – preguntó Inglaterra.

Pero el niño simplemente volvió a reír y le puso algo en la mano. Una pajarita.

- ¿Para qué…?

No tuvo tiempo de formular la frase. Antes de que pudiera hacerlo, la habitación se oscureció alrededor.

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Estados Unidos

Esperaba que todo saliera bien. Solo esperaba eso.

Llevaba mucho tiempo allí y por fin veía un rayo de esperanza para salir. Sabía que era peligroso y que lo que debería hacer era enviar a Inglaterra y los otros dos de vuelta al mundo de los vivos inmediatamente, pero los conocía lo suficientemente bien para saber que no iban a regresar tan fácilmente. Por lo que iba a ayudarles, tanto como pudiese.

Empezando por Inglaterra.

Se iba a asegurar que salían todos de allí, vivos otra vez desde esa pequeña habitación.


¡Gracias por leer el capítulo!

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