Bueno y aquí la segunda parte del día! Espero les guste! :D

Lady Kid: reaparecerás seguro con este capítulo XD Happy Birthday! :3


Por favor, con disimulo.

Antes que te cases, mira lo que haces.

Refrán.

Unos meses antes

Aoko había vuelto de trabajar y se había ido directa a la cama. Había sido un día muy largo que le había hecho saltarse la cena directamente e irse a dormir. M Para ella había sido un día tan extraño que no había llegado a entender los sucesos y los seguía repasando una y otra vez, quitándole horas de agradables sueños. Se había quedado mirando al techo de su habitación mientras la luz de la luna llena iba moviéndose al paso de las horas. No se había dado cuenta de la hora que era cuando de repente escuchó un ruido en su balcón. Se levantò corriendo y sin hacer ruido, se fue hacia el comedor y miró en un cajón que había en el grande mueble de la sala. Sacó su pistola y se acercó a la ventana grande del salón, había la silueta de alguien dibujándose en las cortinas. La silueta se acercó a la ventana y golpeó el cristal para llamar la atención. Aoko arqueó una ceja y alzó el arma hacia allí mientras corría la cortina con la otra mano. Bajó la pistola al ver la cara de Kaito sonriendo detrás. Se fue a guardar la pistola y se fue hacia el dormitorio.
- Vamos, Aoko –se quejó el mago golpeando el cristal de nuevo sonriendo.
Ella sacó la cabeza y lo miró.
- Hace frío –se quejó.
Aoko suspiró y se acercó para finalmente abrir la ventana del balcón.
- ¿Qué haces aquí? –preguntó la chica sin muchas ganas de hablar con él.
Hacía dos días que no le veía y lo echaba de menos de nuevo, pero que apareciera a media noche le estaba haciendo coger mal humor. Kaito se rió mientras cerraba la ventana.
- Gracias por reconsiderarte lo de dejarme afuera –sonrió girándose y quitándose la capa de Kaito Kid de encima.
- ¿A dónde vas vestido así? –preguntó la chica.
Kaito iba vestido de calle solo con la capa del ladrón.
- Es más fácil viajar por la ciudad por el aire que por el suelo –sonrió él.
- Sigo sin entender el porqué te gusta tanto volar –sonrió ella.
- Un día de estos te llevo conmigo –sonrió él abrazándola.
Ella le devolvió el abrazo sonriendo… no quería estar enojada con él. No podía.
- ¿Te ha dicho alguien la noticia de la semana? –preguntó el ladrón.
- Hace dos días que no veo a nadie –susurró ella– ¿qué ha ocurrido?
- Ya terminamos con la BO –sonrió él– soy oficialmente Kuroba Kaito de nuevo –sonrió el mago sacando de la nada un pasaporte con su nombre.

- Que bien, yo sigo siendo Nakamori Aoko un placer –sonrió ella alargando su mano para que la encajara, el mago arqueó una ceja– ¿Entonces dejas la policía? –preguntó la chica viendo que no era ella la única que el sueño le estaba haciendo tener un humor extraño– había sido divertido que te disfrazaras de mi padre mientras se mantenía enfermo en la cama.

- Fuiste la única en reconocerme, así que olvídalo –se rió él– cuando tu padre se entere me va a hacer picadillo.

- Que pena –sonrió Aoko cruzándose de brazos– ¿y bien? ¿Qué te trae por aquí con una entrada tan triunfal?

El mago se tomó la libertad de sentarse al sofá cómodamente, apoyando sus brazos al respaldo y cruzando sus piernas ella le siguió con la mirada.

- Tengo a Pandora –informó con una voz triunfal.

- ¿La has robado? –preguntó la chica volviendo sus pasos para coger la pistola de nuevo.

- No seas bruta, la he comprado… com-pra-do… –se quejó él viendo la falta de confianza que tenía su amiga con él.

La chica volvió a dejar el arma en el cajón.

- ¿Estás convencido de haber comprado una joya tan impresionante? –preguntó Aoko sonriendo sin creerlo.

Kaito se acercó a la ventana y le hizo señas para que se acercara también. Ella se acercó a la ventana. Kaito se puso detrás de Aoko y le tapó los ojos. Cuando volvió a destapárselos, Aoko estaba viendo a través del rojo vivo de un Ópalo de Fuego con forma de rosa, conteniendo pequeños tintes anaranjados y verdes dentro de ella, que con la luz de la lana dejaba ver a dentro una pequeña piedra de Lapislázuli con forma de gota de agua.

- Te presento a Pandora –susurró el mago a su oído.

La joya estaba colocada en un colgante de color dorado, y a su lado había dos pequeñas hojas de esmeralda que completaban la rosa.

- Pero esto… –susurró Aoko cogiéndolo entre sus dedos de manera muy delicada, parecía que tuviera que romperse a sus manos– ¿Cómo que has comprado esa maravilla?

- Parece ser que quién la vendió no tenía ni idea del valor auténtico de la joya –sonrió Kaito– fui a una casa de empeños y lo vi allí y como ya había salido la luna pude comprobar que era esa. El vendedor lo había comprado a muy bajo coste y lo estaba vendiendo por el doble de lo que lo había comprado… tengo que comprobar si es auténtica, pero si es así voy a tener problemas serios ahora –se rió.

- ¿Te han visto? –preguntó Aoko.

- Para nada –Kaito ya sabía que se refería a esa gente– pero si ven que dejé de buscar sabrán que lo he encontrado.

- ¿En serio vas a destruirlo? –preguntó ella.

- Después de nuestra boda –sonrió el chico cogiendo el colgante y poniéndoselo en el cuello– si es que quieres casarte conmigo, por supuesto.

Aoko se giró a mirarlo. Nunca sabía cuando ese chico hablaba en serio y por el tono que había dejado ir parecía que se estuviera burlando de ella. Pero solo con mirarlo podía comprender que estaba hablando en serio.

- ¿Me estás pidiendo que me case contigo a las…? –miró el reloj que colgaba de la pared detrás del chico– ¿…a las 3 de la madrugada, dándome un colgante y habiendo entrado por el ventanal de mi casa después de llegar con el ala delta del ladrón más buscado por mi padre? –preguntó la chica para saber si había entendido bien.

- Bueno, dicho de esa manera suena más raro a como estaba saliendo, creo –se rió el chico.

Aoko cerró los ojos por un momento sonriendo complacida. Quería grabar ese momento en su memoria. No había sido precisamente la declaración más romántica que le habían hecho nunca, y de hecho le habían hecho ya como cuatro proposiciones de matrimonio esos brutos de su trabajo.

- ¿No te lo estás pensando demasiado? –preguntó Kaito con un tono de voz nervioso.

- Cállate un segundo –se quejó ella sin abrir los ojos y cruzándose de brazos– solo estate quieto un momento déjame saborear el momento más raro de mi vida por unos segundos.

Hacía tanto tiempo que había soñado con ese momento que ahora le parecía demasiado incomprensible que hubiera llegado con un día como ese. Abrió los ojos sonriendo medio roja.

- Podría hacerlo… –respondió.

- Podrías… –respondió Kaito afirmando con la cabeza– ¿pero?

- Dame un beso antes de que te responda lo contrario –se quejó ella arqueando una ceja y aún sin descruzar los brazos– Que poco romántico eres cuando quieres…

Kaito sonrió. Se acercó a ella y la rodeó con los brazos delicadamente. Ella cerró los ojos mientras notaba sus manos a su espalda.

- ¿Estás segura? –preguntó Kaito sonriendo– Tu padre va a enfadarse mucho si se entera que soy Kaito Kid alguna vez…

- No estropees el momento y hazlo –se quejó ella descruzando los brazos.

Kaito subió una de sus manos detrás de su cabeza y acercó sus labios a los de ella. Se estaba poniendo nervioso a medida que se acercaba, como si la chica tuviera que derretirse con su contacto. La besó suavemente.

- ¿Eso es todo lo que vas a hacer? –preguntó ella en medio de ese delicado beso que él le daba.

Kaito se apartó.

- Ahora voy a ser yo quien te pida que te calles –se quejó él.

Aoko le rodeó por el cuello y le besó sonriendo. Se apartó y lo miró.

- Soy policía no una rosa delicada a la que tengas que tener miedo –se quejó.

- Oye, te aseguro que ahora si estas estropeando el momento –se quejó Kaito.

Ella sonrió abrazándolo.

- Quiero casarme contigo, Kaito… –susurró ella a su oído.

Él la abrazó acercándola más a él.

- Pero por favor… –susurró ella– que no se entere mi padre hasta que lo hayamos hecho… –se quejó– es capaz de interrumpir la boda.

Kaito la miró entre sus brazos.

- Estás hablando de tu padre –se sorprendió el mago– ¿no tendría que estar contigo ese día?

- La última vez que vino alguien a pedir que me casara con él por poco no le prende fuego –sonrió la chica– por suerte pude quitarle de las manos la manguera de gasolina…

- Está bien, acepto ese trato –sonrió Kaito– mi madre tampoco va a venir porque ahora que he vuelto se ha vuelto a sus giras con los magos de alrededor del mundo… –sonrió.

- Hagámoslo con disimulo… –susurró ella.

- Acepto… –sonrió él volviéndola a besar, esta vez con más firmeza.

- Deberíamos de decirlo a alguien –se rió Kaito– tienen que firmar los papeles.

- Seguro Keiko o Akako querrán –sonrió ella.

- Koizumi lo dudo –respondió él.

- Decidido que se lo diré a Akako-chan –sonrió la chica.

- Va a fastidiar tu boda –advirtió el chico.

- Lo dudo –sonrió ella– sé que le gustas –confesó– así que no le tengas miedo. Y el otro podría ser Kudo –sonrió.

- Ni hablar, prefiero al pomposo –respondió el ladrón– Kudo me sigue persiguiendo por lo de Kaito Kid.

- ¿Y cómo trabajabas con él? –preguntó Aoko separándose

- La verdad no tengo ni idea –sonrió Kaito– seguramente porque nos necesitábamos mutuamente… los dos necesitábamos de la ayuda del otro…

- ¿Qué tipo de ayuda? –preguntó ella mirándolo.

- Moral… de inteligencia y artes expertas.

- ¿Artes expertas? –preguntó Aoko– dudo mucho que Kudo necesitara de tu arte del robo.

- Te sorprenderías –se rió él.

- Está bien… –susurró ella cogiéndole la mano– anda vámonos a dormir que mañana tengo que madrugar.

- ¿Y por qué tengo que ir contigo? –preguntó él llevándose una mirada fulminante de la chica– ¿Quién ha hablado? –preguntó mirando a su alrededor antes de que la chica le tirara algo por la cabeza.

Ella se tumbó a la cama y él se sentó a su lado. Aoko lo miró.

- ¿No vas a dormir? –preguntó la chica abrazándose a su torso.

- No… hoy voy a velar por ti –susurró Kaito con una sonrisa acariciando su pelo.


Espero les haya gustado!

Y de nuevo pido reviews!

Seguramente será hasta dentro de otro largo mes! TT:TT

Mata na!

^^Shihoran^^