Harry Potter: pertenece a JK Rowling.

Las Crónicas del Campamento Mestizo: pertenece a Rick Riordan.

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34: Araña/Medallón y Hefesto

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Vivir en el reino de los muertos, era… extraño para Nico y para Bianca, pero ambos se habían acostumbrado a los distintos parajes del inframundo, donde su padre les permitía pasear por los campos de Asfódelos y Elíseos, solo iban a los campos de Castigo, cuando su padre les pedía entrenar su Necromancia, Umbraquinesis y Osteoquinesis, esta última fue enseñada a los hermanos Di Ángelo, por Perséfone.

― ¿Cómo te enamoraste de papá, tía Perséfone? ―preguntó un día Bianca, mientras le ayudaba a plantar algunas rosas en su jardín.

―No es… ―Perséfone se giró y aseguró de no estar siendo espiada por su esposo― "La verdad, es que fui secuestrada por tu padre" ―susurró, con una sonrisa divertida que le extrañó a Bianca ―Cuando tu tío Zeus demandó a tu padre devolverme, él hizo que yo me comiera unas semillas de granada. Una semilla, por cada mes primaveral y solo podía estar con mi madre cierto tiempo. Mi amor por tu padre es… ―tomó asiento en una silla del jardín ―Hemos pasado por mucho y es muy, pero muy raro. Al comienzo era la obsesión de tu padre, para que yo estuviera a su lado, al final, me enamoré de él y no hay casi nadie, que nos pueda separar.

―Sé… sé que quizás mis palabras te hagan enfadar, pero… ―Bianca parecía pensárselo― ¿No es lo suyo tener muchas amantes?

―Y yo las he matado a todas… menos a tu madre, pues su esperanza de vida no era mucha ―dijo Perséfone, con una mirada lejana y muy calmada, tanto así, que Bianca sabía que de ningún modo la reina del infierno, tuvo que ver algo con dicha muerte desafortunada de su madre. ―Por cierto Bianca ―la sonrisa de su… tía Perséfone no auguraba nada bueno― ¿Irás al Campamento pronto?

―Y… yo…

―En caso de ir, asegúrate de no acercarte mucho a Percy, tu hermano apenas está superando su pequeño… flechazo por Percy y desea ver a Will, pronto.

― ¿Mi hermano está enamorado de Percy y de Will? ―chilló asombrada, antes de que su tía le tapara la boca.

―Ten cuidado con tus comentarios, tu padre podría escucharte ―advirtió ella, ambas se giraron y vieron hacía arriba, hacía el balcón del palacio, pero no parecía que Hades fuera a aparecer ―Aunque… admito que tu hermano tiene buen gusto.

― ¿No eras tú la celosa? ―preguntó Bianca divertida, mientras Perséfone se reía, con un gesto le dijo que guardara silencio y subieron a la habitación de Nico a pies puntilla, abrieron la puerta solo un poco, Bianca vio hacía dentro, su hermano estaba jadeando y ella se sonrojó. ― "É… él…" ―Perséfone sonrió y ambas se alejaron sonrojadas de la habitación. Bianca preferiría no haberse enterado de la obsesión de su hermano por Will y Percy.

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En un sueño, Annabeth vio a Luke.

Estaba aun sosteniendo el cielo y con un par de cicatrices, junto a él, estaba el sarcófago de Cronos, ante él varios otros Titanes, semidioses y monstruos, llevaba una túnica griega y una capa, ambos de color blanco, dejándolo como si fuera alguna clase de Olímpico menor. ―Según los informes… mi señor… ―murmuró Luke, al parecer el cielo no era lo suficientemente pesado a causa de la capa/manta sobre sus hombros y brazos ―El campamento mandará un grupo de búsqueda, tal y como fue previsto. Y nosotros casi hemos cumplido con nuestra parte del trato.

Excelente ―la voz de Cronos retumbó aquí y allá ―Una vez tengamos los medios para orientarnos en el laberinto, yo mismo guiaré la vanguardia del ejercito.

Mi señor: Tal vez, sea demasiado pronto. Quizás… Hiperión o Crio deberían… de encabezar la marcha.

Por culpa del amante de Atenea, del hijo de Hera y de las cazadoras de Artemisa y caballeros de Atenea, hemos perdido grandes efectivos ―dijo Cronos ―Luke Castellán, juraste ser fiel a mí y ahora, aquí tienes tu recompensa ―las arenas del tiempo se arremolinaron y dejaron ver una espada ―mitad acero, mitad bronce celestial, capaz de matar a monstruos, semidioses, dioses y mortales, por igual.

Hey Luke ―dijo una chica preciosa, ante él ―La avanzadilla está lista.

Bien…

Entonces, un sonido la despertó.

Y no solo a ella, sino a todos en el campamento, pero quienes contaron la primera vista, fueron Percy y Gwen al estar la cabaña de Poseidón/Neptuno junto al mar, ambos hermanos miraron hacia abajo, hacía el risco, encontrándose con… un par de piraguas encalladas en la playa, salieron junto a los demás campistas y encontraron una nota con conchas de mar. «Para mis hijos: Perseo y Gwendolyn, quizás una piragua no parezca demasiado, ni resistente, ni tampoco apropiada para la guerra, pero les prometo que serán veloces en las aguas y siempre contarán con su respectivo Pegaso en caso de que sea necesario ir volando; la piragua cambiará de forma, para poder ser ocultada de miradas indiscretas. Atte.: Su padre: Poseidón/Neptuno.» Al acercarse a las piraguas, estas tomaron forma de maquetas, de aquellos barcos diminutos, encerrados en botellas, les bastó con mirarse extrañados y llevárselas, eran lo suficientemente pequeñas, como para llevarlas en el bolsillo. Ambos se giraron, encontrando al resto del grupo, quienes parecían listos para partir hacía el Laberinto de Dédalo y luego detonarlo.

Harry llevaba una camiseta blanca y un pantalón negro con rasgaduras aquí y allá, típico en los adolescentes llevar esas ropas, por no nombrar las botas.

Mary llevaba una chaqueta negra, la camiseta naranja del campamento, un pantalón azul y botas.

Annabeth se había vestido con su camiseta naranja del campamento y un pantalón negro.

Lou tenía la camiseta del campamento y un pantalón azul.

Hermione llevaba una sencilla camisa gris, una bufanda azul y un pantalón azul.

Ariel tenía una camiseta blanca con el ojo de Horus y un pantalón negro.

Aunque Hermione y Annabeth, trataron de guiarlos por el laberinto, usando como referencia una pared de una entrada, pronto se encontraron saliendo de un túnel, con una cámara y varios otros túneles, era inútil y detrás de ellos, había muchos… túneles, cualquier entrada era la que podrían haber usado.

― ¡CON UN DEMONIO! ―gritó Harry furioso, dejando salir su eco.

― ¿Cuál es tu Defecto Fatídico, Harry? ―preguntó una divertida Ariel― ¿El estrés o perder la calma?

―Los celos. Pero ni Mary, ni Mione o Lou me han celado, así que no sé cómo reaccionaría ―contestó él con calma, mientras las tres aludidas sonreían, Harry sacó su varita ―Guíame ―una luz azul salió de la varita.

Lumus ―exclamaron Mary, Lou y Hermione, se formó una linterna en la punta de sus varitas, mientras que Lou y Harry sacaban de su bolsillo algunas de las esferas de detonación y las arrojaba en varias direcciones, todos comenzaron a sacar las mismas esferas y a lanzarlas de aquí, para allá. Siguieron la luz azul, hacía el túnel de la izquierda, el cual se fue estrechando.

―Llevamos aquí dentro como 5 minutos ―gruñó Ariel encorvada y avanzando por el túnel.

―Llevamos más tiempo ―aseguró Percy ―Cuando Annabeth y yo caímos al laberinto, la ocasión anterior, es decir: ayer, durante la prueba esa, creímos que fueron 5 minutos y eran 5 horas.

―El laberinto juega con la percepción del tiempo ―explicó Annabeth emocionada.

― ¿Por qué Pan estaría aquí abajo? ―preguntó Grover nervioso ―Esto es justo lo contrario a la naturaleza silvestre.

―Pan no habita en el laberinto. Solo tendrás que saber a dónde quieres ir o a quién quieres encontrar y el laberinto te llevará a ese lugar o persona, pero aun necesitamos del hilo ese ―aclaró Harry fue dejando más bombas en la pared y techo, lo mismo lo había hecho en la cámara de múltiples caminos. Solo Annabeth pudo notar como las paredes iban envejeciendo o más bien: como el ladrillo iba cambiando de forma y se hacía más antiguo, según ella, eso era señal de que iban hacía el taller de Dédalo. Las paredes se encorvaban, doblaban, se ramificaban, de ladrillo bajo sus pies, pasaron a tener roca y luego tierra. El tiempo pasó y todo se volvió madera, aunque Harry continuaba pegando esferas y Lou las conjuraba, para hacer que les esferas de multiplicaran, flotaran y se pegaran en rincones, cada vez más alejados de ellos, con tal de alcanzar todos los rincones posibles del laberinto, aunque ni ella estaba segura de donde estarían cayendo las esferas.

Derecha.

Izquierda.

Acero.

Luego se volvió de bronce celestial y hierro estigio.

―Esto comienza a carcomerme los huesos ―murmuró Harry y todos le miraron, extrañados por la frase ―Tengo escalofríos por el terror y ahora incluso, confundo las palabras ―dijo ―Espero encontremos el jodido taller, recuperemos el maldito hilo y podamos salir―dijo en griego antiguo, aunque le entendieron igualmente y no parecía darse cuenta, era por el nerviosismo que le estaba ganando.

Igual que a todos.

Encontraron, luego de quien sabe cuántos días allí abajo (esperaban que solo fuera una noche, a lo mucho) al dios Jano, señor de las decisiones, opciones y puertas, comienzos y finales: el dios Romano de dos rostros y el único sin una contraparte griega.

―Una elección correcta, será su salvación ―dijo el rostro… de la izquierda.

―La incorrecta, su muerte ―dijo la cabeza de la derecha.

― ¡Escojan! ―dijeron ambas.

«El último refugio de la criatura de Atenea»

― ¡Ya basta! ―gritó una voz femenina, se giraron encontrándose con una mujer de unos 30 años, la cual tenía el cabello rubio, ojos negros, llevaba un vestido blanco, pero al moverse cambiaba de color, y se veía enfadada ―Déjenme a los Semidioses y vete ahora mismo Jano.

― ¡Sí, mi señora! ―dijeron ambos.

―Cumplí con la profecía de las Moiras: Lelanto está muerto ―dijo Harry con una leve sonrisa.

―Buen trabajo, cariño ―dijo ella sonriente ―Aunque, sabes bien que…

―No importaba lo que hiciéramos ―aseguró Harry ―La batalla llegará. Solo estamos dejándolos sin efectivos a futuro. Así triunfaremos nosotros.

― "Hey, Harry" ―susurró nerviosa Ariel― "¿Es ella tu madre?"

―Lo soy, hija de Imhotep ―dijo ella, dejando asombrada a la chica de que la diosa supiera quién era su padre ―Soy la forma romana de Hera, soy Juno. Tomen asiento niños ―una sala de estar apareció, en la mesa apareció una jarra de limonada y sándwiches.

―Gracias madre ―dijo Harry, estaba estresado. Su hermana sonrió y se sentó junto a él, pero Hermione fue más rápida, tomando asiento entre él y Juno, agarrándole la mano a Harry y calmándolo― ¿Cuánto tiempo ha pasado en la superficie?

―Son las 21:00 ―dijo Juno, mientras que los jóvenes tomaban los sándwiches y procedían a comerlos. ―Perses y Palas serán complicados. Déjenlos en manos de Atenea y Ares, ellos sabrán controlarlos en la batalla futura.

―No pensé que le gustaran los héroes, su majestad ―dijo Hermione algo nerviosa.

―El problema con Heracles fue resuelto hace ya muchos años ―dijo Juno con una leve sonrisa y calmada ―Y… cuando naciste, me desquité con Júpiter, por todas las que me hizo.

―No irás a quedarte satisfecha, solo con haberme tenido a mí, ¿o sí? ―dijo Harry sonriente, mientras comía otro sándwich.

―Tu padre es carismático y un gran hombre, querido ―dijo ella con su imborrable sonrisa en labios ―No iré dándote hermanos como hacen tus hermanos, tíos y los demás ―Harry asintió y Juno se mostró preocupada. ―Algunos dioses menores, podrían apoyar el ascenso al poder de tu abuelo, Harrison.

―Lo evitaremos ―aseguró él, Juno sonrío. Atenea no le agradaba precisamente, pues su marido la tuvo por sí mismo, pero podía ver en Harry, la decisión de ser un digno guerrero de la diosa de la guerra justa.

―Nosotros, los 12 principales, debemos de mantener vigilados a los menores como Jano, Hécate o Morfeo, entre otros muchos dioses. Pues su lealtad al Olimpo bien puede ser pura palabrería ―explicó ella, era una reina y como tal, se encontraba preocupada de que sus súbditos se pusieran en contra.

―Por eso se ausentó Dionisio: Para vigilar a los dioses menores ―dijo Percy.

―Cada siglo, puede conceder un deseo… ―comenzó Juno, pero pronto se horrorizo, ante algo que debería de ser imposible, su hijo acababa de convocar la Lanza Negra, recitó unas palabras en Pársel, la hoja de la Naginata cambió de forma y se cercenó una parte del cuerpo, haciendo que su madre gritara horrorizada― ¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS HACIENDO?! ―ahora estaba histérica y casi se abalanza sobre él.

Tergeo―dijo muy tranquilamente, mientras que la magia actuaba y la herida dejaba de sangrar, murmuró algo en Pársel y la zona afectada por el corte fue recubierta por magia, el suelo comenzó a temblar y pequeñas piedrecillas de oro surgieron y reemplazaron aquello que se acababa de amputar, lo tomó y se lo enseñó a su pálida y horrorizada madre, mientras recitaba en griego antiguo ―Hago entrega de esta ofrenda a Tique, para que nos ayude, no solo hoy a triunfar en nuestra búsqueda del taller y del hilo de Ariadna, sino también en la guerra que se avecina ―la ofrenda fue aceptada, pues la parte amputada se quemó en fuego verde ―Debo tener algunas precauciones, madre.

―S… Sí ―dijo ella débilmente. Le costó calmarse y recuperar el color de su piel. Harry sonrió suavemente, no sabía quién era más amorosa, si Hera o Juno, aunque claro, Juno estaba más cerca de parecerse a su abuela, al menos físicamente y en cuanto a la preocupación por él, estaba seguro de que vio eso mismo en Rea.

― ¿Madre? ―preguntó Lou, todos miraron hacía una esquina, Hécate movió su mano y la prótesis tomó una forma más consistente y un color piel.

―Tu deseo de que tus compañeros salgan vivos, es admirable… lealtad hacía otros, pero no personal ―dijo Hécate ―Vaya Defecto Fatídico más curioso.

―Creí que mi defecto eran los celos ―dijo Harry asombrado.

―No porque yo sea celosa, significa que tú también lo serás, Harrison ―regañó Juno, para luego suspirar. ―Cada siglo, más o menos, puede otorgar un favor. Este laberinto es tan exasperante para mí, como para ustedes chicos. Pero si quieren conocer su destino, vayan con mi hijo Hefesto, Dédalo es un mortal a su gusto, él podría ayudarles. Puede ser él, el único que se ha mantenido en contacto con Dédalo.

―Pero ¿Cómo podemos llegar hasta allí? ―preguntó Annabeth ―Eso es lo que deseo. Quiero conocer el modo de orientarme en el laberinto.

―Deseas algo más, de lo que ya se te ha concedido ―dijo Juno, quien parecía decepcionada.

―No lo entiendo ―dijo la rubia.

―Ese medio de orientación, ya lo tienes a tu alcance. Percy conoce la respuesta. ―Todos miraron asombrados al hijo de Poseidón.

―Pero no es justo, no me estás diciendo que es ―protestó Annabeth.

― ¿La convertirás en algún animal o planta? ―preguntó Harry con una media sonrisa y todos le miraron asombrados.

―No. ―dijo mirando a su hijo y luego miró a Annabeth ―Conocer algo y saber utilizarlo, son cosas distintas. Estoy segura de que tu madre, Atenea coincidiría conmigo. Busca a Hefesto, cruza el rancho, sigue adelante, por más mundanos que parezcan los medios. ―La diosa desapareció en humo blanco y la comida también.

― «Comete un sándwich, pide un deseo, ¡ah, no puedo ayudarte!, puf» ―se quejó Annabeth.

―Vamos por la izquierda ―dijo Grover nervioso.

― ¿Cómo lo sabes? ―preguntó Percy.

―Algo viene por la derecha ―dijo Grover más nervioso y escucharon un sonido que se iba haciendo más fuerte y no pudieron descifrar. A Harry y a Hermione, los comieron los nervios por la criatura y con un par de ataques a una pared, acabaron por hacerla ceder, solo para acabar en una prisión de Alcatraz, lo reconocieron gracias a que Annabeth lo reconoció por una excursión escolar. ―Nadie se mueva, miren ―Sobre ellos, a un par de metros por arriba, había una… especie de centauro, pero en lugar de tener cuerpo inferior de caballo, dicha mujer tenía el cuerpo de un dragón.

―Es Campe, ella vigilaba a los gigantes cuando Cronos los encerró en el Tártaro, tendría que estar muerta, Zeus la mató, cuando liberó a los Titanes para ayudarles en la guerra ―dijo Lou asombrada y explicó ―Algunos idiomas son… mágicos y estaba hablando con un prisionero, ella quiere matarlo, pero Cronos le necesita.

―Quizás, si lo liberamos, pueda ayudarnos ―dijo Percy.

Así lo hicieron, era un Centimano, su nombre era Briares y aunque les costó, lograron darle esperanza para huir y así lo hicieron, pudieron huir del veneno de Campe, al cruzar una puerta de vuelta al Laberinto. Y aunque ofrecieron ayudarle en el campamento, Briares se negó, dijo estar muy asustado, pero Percy le dio una respuesta de porqué los monstruos se desvanecían: «Porque ellos, dejan de creer en sí mismos», siguieron avanzando y de un lago en medio del laberinto, surgió una Sirena, quien les dio instrucciones de por donde debían seguir.

―Represento al padre de Perseo Jackson, soy Brisa, he venido para otorgarles algunas indicaciones de cómo atravesar el laberinto ―dijo ella, mientras mostraba una especie de punta de lanza y escribía algo en una pared, eran indicaciones, en griego antiguo.

―Todos los planos que consulté con Hermione… las lecturas que he hecho sobre el laberinto a la largo de mi vida ―murmuró Annabeth, apoyándose en la pared opuesta, para mirar las palabras escritas por Brisa, respiró y luego dejó ir un suspiro ―Todo cuanto he estudiado… y ni siquiera sé donde estamos.

―No pierdas las esperanzas, hija de Atenea ―dijo Brisa con una sonrisa, antes de hundirse bajo las aguas. Percy creyó que quizás así podrían salir del laberinto, quizás su padre podría auxiliarlo o podrían… No. No podía dejar a sus amigos atrás, Lou transcribió las instrucciones en sus brazos y vientre, para que luego siguieran avanzando, según sus indicaciones, hasta que tuvieron que dormir, sobre un colchón de plumas y algodón, que apareció en su camino.

Annabeth soñó con Dédalo e Ícaro, como Ícaro murió por su propia culpa, por tratar de alcanzar a los dioses y cayó desde lo más alto, al acercarse al sol.

Despertaron aturdidos, al no encontrar el sol, siguieron su camino, pasaron de la piedra, a un corredor de tierra con vigas de cedro, como una mina de oro.

―Esto… esto no está bien ―dijo Annabeth nerviosa, mientras que Hermione pensaba en emplear un método de adivinación, usando algunas ínfimas esferas de oro que había encontrado. Ser nieta de Lytir le daba ciertas habilidades, como por ejemplo: saber por donde coger, para salir de allí. Tomaron por un camino a la izquierda, nuevamente a la izquierda, derecha, izquierda, llegando a un rancho. Pero Annabeth reconoció a las… vacas rojas ante ella, era el ganado de Apolo, pronto un hombre salió, acompañado de un perro de dos cabezas, el hermano de Cerbero, cuyo nombre era Ortos. Los Mestizos y las Legadas se presentaron, el hombre era Euritión, un hijo de Ares, con la Hespéride Eritia, él les indicó que siguieran por el bosque, eso hicieron, hasta llegar a una colina, resultaba ser que el dueño del rancho, trabajaba no solo para Cronos, sino también para los dioses mismos. Pronto todos acabaron no solo en manos de Gerión, el dueño del rancho, sino en manos de Cronos, pues Gerión trabajaba para él, Percy recordó uno de los trabajos de Hércules y le hizo una propuesta: él limpiaría los establos y si no lo conseguía para el atardecer, haría con ellos, o que quisiera, pero si lo lograba, los dejaría libres.

Percy recordó entonces a Hércules y su trabajo numero 5: Limpiar justamente ESE establo, pero no podría sin la ayuda del río, pero al acercarse al río cercano, se encontró con la Náyade de ese río, quien se negó a ayudarlo y le tenía una gran ira a Poseidón, y a Nereo, pues solo ellos eran reconocidos como señores de las aguas, la Náyade recordó que Hércules le pidió ese mismo favor y que tardó muchos años en limpiarse a sí misma, recordando cuan asqueada se sintió en esa ocasión, comenzando a llorar desconsolada. Entonces, algo pasó por la mente de Percy, seguramente la Náyade pensaba que él desearía atacarla, la mataría, pues él era mucho más fuerte que él y se apoderaría de su río.

―No tengo intenciones de atacarte ―reveló Percy, sorprendiéndola ―Tienes razón, es tu río y es tú hogar. Si tienes una idea, estoy dispuesto a escucharla.

―Recoge un poco de tierra ―dijo ella, con una sonrisa. El confundido pelinegro así lo hizo ―Son caparazones de molusco. Caparazones metrificados. Cuando Gea y Urano se encontraban al mando del todo, estas tierras estaban bajo las aguas, ¡formaban parte del mar! ―Percy le miró, sin entender qué deseaba que él hiciera con ellos y solo se desvaneció, transformándose en agua. Frustrado, lanzó los moluscos al suelo, se giró furioso y escuchó un "¡Puf!", se giró nuevamente, un chorrito de agua brotaba de entre el estiércol, sonrió y extendió su mano ―Crece ―continuó lanzando los moluscos, tras ir por más, creando un efecto de drenaje y dejando un agujero inmenso en el suelo.

Gerión se mostró asombrado, cuando Percy demostró que había limpiado todo y dejó libres a los demás, Nico apareció e invocó el estigia, haciéndole jurar a Gerión que no maltrataría al ganado, les deseó buena suerte a sus compañeros y aseguró estarse preparando para la guerra, igual que ellos. Todos asintieron, confiaron en su palabra y desapareció. Fue Euritión quien los ayudó, cuando explicaron que debían encontrarlo o Luke podría invadirlos, tarde o temprano, les enseñó una cadena con un medallón, la cual le fue dada por Hefesto, por si llegaba a necesitarle.

―Solo aprieta el rubí ―dijo Gerión sonriente, Annabeth así lo hizo y 8 patas le nacieron al medallón, haciendo saltar a la rubia ―El medallón los guiará ―aseguró y tomaron camino, hacía la fragua de Hefesto (o esperaban llegar a él), le siguieron, entraron al laberinto, cruzaron por muchos parajes, apenas y logrando ver el medallón, hasta que desapareció, cruzaron una puerta y se encontraron con una esfinge.

―Responde a la pregunta y tendrás un premio ―dijo la mujer con cuerpo de león ―Si respondes incorrectamente, tendré el placer de devorarte.

―Adelante ―dijo Annabeth.

― ¿Capital de Bulgaria?

―Sofía… pero…

― ¡Correcto! ―los aplausos se escucharon. ―Segunda pregunta: ¿Raíz cuadrada de dieciséis?

―Cuatro

― ¿Qué presidente estadounidense firmó la Proclamación de Emancipación?

―Abraham Lincoln, pero…

―Correcto ―dijo la Esfinge ― ¿Qué…?

― ¡Estos no son enigmas, son solo preguntas! ―se quejó ella.

―Annabeth ―dijo Hermione, un poco asustada.

―Soy una hija de Atenea, esto es un insulto a la inteligencia.

―Si no vas a responder… ¡Serás devorada! ―la Esfinge se arrojó contra ella, pero la rubia sacó su gorra de invisibilidad y salieron corriendo de allí, cruzaron una puerta, siguiendo al medallón y llegaron a una fragua.

― ¿Qué tenemos aquí? ―una voz retumbó.

―Te saludo, hermano mayor ―dijo Harry, arrodillándose, mientras el dios salía desde atrás de un carro el cual estaba preparando. Su cabeza era… deforme, un hombro era más bajo que el otro, tenía el cabello negro, ojos negros.

―Bienvenido Harry, debe ser importante ―dijo tomando un tamaño más humano y abrazando a Harry con efusividad.

―Buscamos a Dédalo ―dijo Harry, sacando su varita ―Ascendio ―Harry comenzó a flotar, rodeado por un aura negra, poniéndose a la altura de su hermano, mirándolo fijamente― "Mamá puede ser, tan estúpida" ―susurró, pero las paredes de hierro, hicieron que todos le escucharan y luego sacó la Piedra de Asclepios de su bolsillo, enseñándola a su hermano, mientras que con la varita apuntó al rostro de su hermano, para despues comenzar a moverla, como si estuviera comandando una orquesta― ¡Sanatore Colossus! ―la magia surgió de la piedra y rodeó a Hefesto.

― "Increíble" ―susurró una asombrada Lou, pero aun así, todos lo escucharon gracias a las paredes de hierro, Percy alcanzó una espejo y lo lanzó, siendo este atrapado por Hefesto, quien al ver su cuerpo bien proporcionado, el espejo cayó de sus manos y se quebró, tomó entonces un tamaño más humano y abrazó a su hermano menor, todos creyeron escuchar cómo le quebraba la columna, en un abrazo, entonces el perfume de Hera llegó a ellos y los demás vieron a la diosa abrazando a sus dos hijos varones, mientras susurraba un «perdóname», Hefesto y Hera se abrazaron, mientras que Harry daba indicaciones a su hermana y ella usaba el Braquiam Emendo, para unir sus costillas y columna vueltas polvo, por el abrazo de su hermano.

―Hermano, ¿puedes ayudarnos a dar con Dédalo? ―pidió Harry, mientras reacomodaba sus huesos, doblando su cintura y espalda, en un sonoro "crac" ―Estamos cerca, pero al mismo tiempo… lejos.

―Seguro hermano ―dijo él ―Pero les advierto: Dédalo no los ayudará. Espérame un minuto ―fue a la fragua, algunos martillazos aquí y allá, algo de trabajo en el horno y volvió con un dedo mecánico, el cual colocó en la mano de su hermano menor, el dedo se unía a lo que parecía ser un guante y una muñequera ―Descubre sus múltiples habilidades, hermano.

―Evita volver a amputarte algo, solo para tener el favor de un dios, por favor ―gruñó su madre ―Luego de esta misión, estarás castigado en el campamento, jovencito.

―Si señora ―dijo Harry desganado y suspirando ―Vamos ―salieron, olvidando la ayuda de Hefesto, hasta que algo sonó en la muñequera.

― ¿Una brújula? ―preguntó una asombrada Lou.

―Creo… creo que esto nos guiará. Ya sea a Dédalo o a su taller ―dijo Harry.

―Necesito de su ayuda ―dijo Hefesto apareciendo, ellos asintieron y él les enseñó un mapa ―Mi fragua más… avanzada tecnológicamente y también la más cómoda, está bajo el monte Saint Helens, pero es allí donde está Tifón.

― ¿Desea que lo matemos? ―preguntó Percy.

― ¡Claro que no! Deseo saber quiénes están invadiendo mi territorio, pues es mi fragua, elimínenlos o que no se acerquen de nuevo ―ordenó Hefesto, los héroes asintieron ―Recuerden: Sus nombres son conocidos y ensalzados en el Olimpo, de nada me serviría que ustedes mueran, es más: me pondría a casi todos los Olímpicos de enemigos con Poseidón, Atenea y mi madre ―Ellos asintieron y se retiraron de ese lugar tan caluroso. La araña/medallón se hizo más grande, volvió a cobrar vida para seguir guiándolos, Annabeth saltó asustada a los brazos de Percy, mientras que seguían a la araña/medallón.

Queridos Mamá y Papá.

Estamos buscando a Dédalo, el creador del laberinto y hemos hablado con uno de los hermanos de Harry: Hefesto.

El laberinto hace que el tiempo sea distinto en su interior, un día allí, pueden ser varios en el exterior. Recen para que demos con Hefesto, con el Hilo de Ariadna, tengamos tiempo de destruir el propio laberinto, refrenemos los planes de Luke (por cuarta ocasión) y que volvamos antes del 1 de Septiembre.

ATTE.: Mary Potter E.