¡Hola!

Hubiera actualizado antes, pero mi internet ha muerto y me veo obligada a mangar wifi de la facultad xD

Gracias a Jandrovins, Ali M.D, Zeita y Druida por sus reviews.


II

Ineficacia

o—o

La idea de James de pasar el primer día después de haber terminado su último año en Hogwarts con Elijah paseando por Londres se le olvida nada más levantarse.

Pese a que se ha despertado temprano, en cuanto sale de su dormitorio se da cuenta de que no ha sido el primero en salir de la cama. Escucha los pasos apresurados de sus padres en el salón. Frotándose los ojos y tratando de no pensar en el momento de pelearse con su pelo para no parecerse al abuelo Arthur cuando se le ocurrió investigar la instalación eléctrica de la casa, James baja las escaleras.

Sabe que algo no va bien en cuanto ve la expresión de su padre. Y sabe que se trata de algo grave cuando Ginny Potter intenta llevar el asunto como si James tuviera ocho años.

—¿Quieres desayunar, cielo?

—¿Qué pasa?—pregunta James a su vez. Se gira hacia su padre, que recorre el salón de arriba abajo, lanzando miradas llenas de ansiedad a la chimenea—. Papá, ¿se os ha escapado alguien de Azkaban?—intenta que su voz tenga un tono ligero, pero no está seguro de conseguirlo.

—No—responde el hombre, sin mirar a su hijo. A James no le extrañaría que empezara a morderse las uñas—. Arielle Baudin ha desaparecido.

Si su padre le hubiera dicho que los Chudley Cannons van a quedar últimos en la liga, James hubiera estado igual de afectado.

—¿Y? Quiero decir, pobre de ella, pero ya aparecerá, ¿no?

Su padre suelta un suspiro de exasperación.

—¿Desde cuándo no lees el periódico, James?—él se encoge de hombros, pese a que sabe que debería estar más atento a lo que ocurre en el mundo—. Desde que se sabe que la justicia francesa ampara a antiguos mortífagos, las relaciones entre su Ministerio y el nuestro son tirantes—explica con paciencia.

James asiente. Eso sí lo leyó, aunque fue poco después de Navidad. Al parecer, hay una especie de vacío legal –cuya naturaleza el joven no comprende mucho; no sabe a lo que dedicarse, pero tiene claro que Derecho Mágico no es una opción– en el que los mortífagos que huyeron tras la Segunda Guerra contra Voldemort se amparan para no ser llevados de vuelta a Reino Unido y juzgados por sus crímenes. Al parecer, a nadie se le había ocurrido comprobarlo hasta que un grupo de periodistas lo investigaron, y desde entonces los Ministerios de Magia de Francia y Reino Unido han estado intentando negociar para que los mortífagos no se libren de su condena.

—Y supongo que… Baudin venía a hablar con Kingsley—conjetura James. Su padre asiente—. Ah, ya veo. Los franceses pensarán que le hemos hecho algo—frunce el ceño—. No le habéis hecho nada, ¿no?

—Claro que no—se exaspera Harry—. Sabemos que llegó ayer a Liverpool y que fue a visitar a una prima que vive a las afueras, pero no a partir de ahí se le pierde el rastro—suspira—. En fin, creo que Ron no va a avisarme por aquí. Voy al Ministerio.

Le da un beso a su esposa y se desaparece.

James se queda mirando el lugar del que se ha esfumado su padre, ligeramente preocupado.

o—o

Pese a que James no pensaba dejar que las malas noticias chafaran su día con Elijah, parece que su novio tiene problemas en casa y no puede quedar. Algo enfurruñado, el joven va al Refugio, esperando que Louis no haya quedado con Noah. Desde que empezaron a salir están de lo más acaramelados y él se siente un poco fuera de lugar.

Afortunadamente, cuando llega, sus tíos le dicen que Louis está en la playa. Solo. James baja rápidamente y encuentra su ropa y una toalla junto a una roca, y no tarda en localizar la cabeza rubia de su primo sobresaliendo del agua. Ríe entre dientes. Louis debería haber nacido pez; adora bañarse. Tanto es así, que sus padres dicen que aprendió a nadar antes que a andar.

Sin embargo, su primo lo ve apenas unos minutos más tarde. Nada hacia la orilla y en cuanto sale coge la toalla y se envuelve en ella. Sacude la cabeza para apartarse el pelo de la cara, salpicando a James.

—Hola—lo saluda, sonriendo—. ¿No ibas a irte con tu novio?

—Tiene no sé qué en casa—responde James, encogiéndose de hombros—. Oye, ¿tú te has enterado de la diplomática que ha desaparecido? La que ha venido por el tema de los mortífagos.

Para su sorpresa, Louis asiente, y su expresión se ensombrece.

—Ayer llegó una carta de Francia, de mi tía Gabrielle—explica—. Al parecer, hay protestas. No quieren tener a los mortífagos viviendo ahí, pero el Ministerio no quiere buscarse problemas. Creo que…—frunce el ceño, repentinamente irritado—. Comment ça se dit?—James se encoge de hombros. Desde que era pequeño, Louis ha tenido problemas para conciliar el inglés y el francés. Pese a que con el paso de los años ha conseguido dejar de mezclar los idiomas, a veces se le olvida cómo se dice determinada palabra y se frustra—. Ah—sonríe tras unos segundos—. Sobornar. Según mi tía, los mortífagos se han encargado de que se haga la vista gorda.

James enarca una ceja. Pese a que a lo largo de su vida se han destapado varios casos de pagos y subvenciones con fundamentos moralmente discutibles, esas cosas siempre consiguen sorprenderlo.

Luego se pregunta hacia dónde va a llevar esa supuesta ineficacia del gobierno francés.