CAPÍTULO XXXV

LA IRA DE LA BESTIA

(Hace veinte años. Palacio Tritón)

Aquel hermoso joven de cabellos castaños ingreso a todo galope por el puente. La lluvia lo había sorprendido en medio de una diligencia y ahora se encontraba totalmente empapado.

"¿Cómo está?", pregunto mientras bajaba del brioso caballo y se quitaba los guantes para entregarlos en manos de su escudero.

"Muy mal alteza. El médico y la Ilitia llegaron desde hace más de dos horas. La reina ha estado pregunta por usted", con la cabeza baja, respondió el joven mayordomo.

El rey negó con la cabeza, dirigiendo velozmente sus pasos hacia la habitación real.

Con temor caminaba por el ancho pasillo, mientras el silencio que había en el mismo lo atormentaba. "¿Tan mal estará mi esposa?" Se preguntó a si mismo mientras colocaba la mano sobre la hermosa chapa de plata.

Con incertidumbre la empujo poco a poco, procurando que hiciera el menos de los ruidos posibles y con ello evitar que su amada esposa se sobresaltara.

Ingresando en la recámara real, de inmediato noto que su esposa dormía sobre la suave cama. Verla en ese estado de reposo le devolvió un poco la tranquilad.

"¿Cómo estás?", el joven Neptuniano se acercó hasta el lecho, comenzando a acariciar sus hermosos cabellos azules. Pero sin embargo ante su cuestionamiento no obtuvo respuesta alguna.

El médico que terminaba por guardar sus cosas en aquel maletín negro, negó con la cabeza; "Lo lamento hijo, pero llegas tarde… la reina estaba muy débil", dijo quitándose los lentes para limpiarlos con un pañuelo.

El soberano parecía no haber escuchado las terribles palabras que el médico le había dado; "¿Cómo estás?", con insistencia nuevamente pregunto a su esposa.

"Alteza", el afligido medico se acercó a él, colocando la mano en el hombro del joven.

"¿Por qué no responde?", el rey cuestiono mientras acariciaba las frías mejillas de su esposa.

"Alteza, la reina no resistió la labor de parto. Sufrió mucho", el viejo replico.

El rey comenzó a llorar, lanzando fuertes gritos de dolor que fueron escuchados en todo en el palacio. Derrumbándose al lado del cuerpo de la reina, sostuvo su pálida y fría mano entre las suyas, "¿Por qué?, ¿Por qué me dejaste solo?... se supone que esto no debería pasar", tanto era su sufrir que no escucho aquel leve quejido que provenía desde el otro lado de la habitación.

"Tiene que calmarse", el doctor recomendó, pero ¿Cómo podía pedirle eso, si había perdido lo que más amaba?

"Se ha ido, la mujer que amo se ha ido y me he quedado solo. Jamás quise nada para mí, todo mi mundo era ella y ahora no me queda más vida", grito mientras hundía el rostro en los cabellos la reina.

"Sabes que no estás solo"

"El mundo está solo para mí, ¿Por qué?", lleno de impotencia golpeo el lecho con su puño.

Adrastos ingreso en la recámara, observando como el rey yacía derrumbado junto a su esposa, "¿Qué sucede?", pregunto a una de las criadas que terminaba de limpiar la habitación.

La mujer se acercó a él, "La reina murió", murmuro en tono muy bajo.

Adrastos escucho con asombro lo que la mujer habida dicho, "¿Y el bebé?"

"No lo sé", la mujer replico antes de salir de la habitación.

Aun asombrado por la noticia y por como su primo lloraba, se acero a él para tratar de levantarlo. "Estas muy alterado. Tranquilízate"

"Está muerta", grito mientras escapaba de sus brazos y se inclinaba nuevamente a llorar sobre ella.

"Tienes que ser fuerte", contesto el joven.

El rey aprovecho el alboroto y tomando la daga que pendía de a cinturón de Adrastos, lo llevo contra su pecho.

"¿Qué haces?", grito el joven Adrastos mientras forcejeaba con él para quitárselo de las manos.

"Déjame, quiero ir con ella", grito mientras su primo y otro hombre lo inmovilizan sobre el suelo.

"Esta muy alterado, sal", el medico ordeno a aquella mujer que llevaba aquel pequeño bulto entre sus brazos, el cual comenzaba a llorar.

"¿Qué… que es eso?", el soberano pregunto mientras dejaba de forcejear.

"Es su hija, pero creo que esta demasiado alterado como para conocerla", el medico replico a su pregunta.

"¿Una niña?", el Rey pregunto mientras poco a poco comenzaba a reincorporarse, "Suéltame", ordeno a Adrastos.

"Es una niña", la hermosa ilita respondió mientras la tomaba de los brazos de la nana.

"Mi esposa me dio una hija", dijo con temor.

"Así es", replico entregándosela en los brazos.

El rey se echó a llorar mientras le besaba la mejilla, "Tengo una bebé y es hermosa", sonrió un poco.

Adrastos y los demás lo vieron sentarse con ella sobre el diván.

"Mi esposa, ¿La conoció?", pregunto al ver como la pequeña se estremecía en sus brazos.

"Sí. Su esposa pidió que la llamara Michiru", replico la Ilitia.

"Hola Michiru… soy tu papá", el Neptuniano dijo tomando su frágil mano entre la suya.

"La reina Serenity me permitió ingresar en Urano para atender a la reina… ahí también nació una hermosa niña… el exilio para ambos reinos término", sabía perfectamente lo que el nacimiento de la Uraniana significaba.

El rey de Neptuno sonrió, "¿Escuchaste eso Michiru?... eso quiere decir que iras a la luna y conocerás a la reina Serenity… tendrás una hermosa compañera"


Llegando hasta la casi desierta playa, Adrastos observo a aquellos dos hombres Uranianos que hacían guardia a las afueras del barco.

Aun con la ira que lo consumía, se acercó a ellos con la acerada espada en las manos. Los jóvenes de inmediato se sorprendieron al verlo sin compañía, y al ver como se acercaba a ellos de forma amenazadora, desenfundaron las broncíneas espadas.

"¿Dónde está Anker y los demás?", pregunto uno de ellos, temía que algo hubiera hecho en contra de sus compañeros.

"Eso no te importa", el tosco Neptuniano replico al mismo tiempo que se arrojaba con la espada sobre ellos.

Los valientes oficiales Uranianos como leones comenzaron a luchar contra él, pero la acometida fue inútil, Adrastos fue más hábil, logrando esquivar los ataques.

Blandiendo con gran técnica su espada logro herir a uno de ellos y luego se abalanzo sobre el otro joven, causándole una terrible herida cerca del pecho.

Viendo que ambos oficiales yacían inmóviles sobre la arena, ingreso en el barco.

Los ocupantes del mismo habían escuchado el terrible combate. Néstor de inmediato tomo una espada para tratar de hacerle frente.

"¿Qué haces anciano?", grito con cierta burla.

"¿Qué es lo que quieres?", el consejero pregunto sin demostrarle temor. Aunque era viejo, nunca aprendió del arte de la guerra, algo de lo que en ese momento se arrepentía profundamente.

"Entrégame a la reina de Neptuno y puede que no te haga daño", replico avanzando de forma amenazadora hacia él.

"Para que te deje pasar, tendrás que pasar sobre mí", el Uraniano se aferró al arma con todas sus fuerza.

"No será ningún problema", la garganta de aquel tosco hombre produjo un sonido y al instante se arrojó sobre Néstor y hundiendo su espada en las costillas del anciano, este no tardo en caer sobre el suelo, muriendo en aquel preciso instante.

El terrible Neptuniano rió burlonamente, mientras de apoco dirigía sus pasos hacia el camarote donde la hermosa reina dormía.

Parándose detrás de la puerta, llamo con un leve toquido; "Michiru… ábreme", pidió con tono sereno.

"Vete", la aguamarina ordeno desde detrás.

Adrastos nuevamente comenzó a reír, "¿Crees que obedeceré?", dijo alejándose de la puerta solo para tomar impulso y terminar derribándola bajo su pesado cuerpo.

"No te acerques", Midori grito con valentía mientras que Adrastos se acercaba a ellas.

"Apártate", la joven mujer no fue ningún problema para él. Empujándola hacia un lado, quedo inconsciente. La hermosa reina de Neptuno y Urano yacía a su completa merced. "No tendrás escapatoria"

Michiru estaba conmocionada, ¿De que habían servido los entrenamientos de la Cronida?, si ahora estaba sumida en un profundo terror, además de que había algo más que le impedía atacarlo con todas sus fuerzas...

Recuperando un poco la conciencia y viendo el inminente peligro que la acechaba, de inmediato tomo la espada, logrando salir del barco y dirigiendo sus pasos hacia la solitaria playa.

Al ver aquellos hombres sobre el suelo pensó que quizá el mismo destino había tenido Anker y el resto de los Uranianos, así que emprendiendo la rápida huida se perdió en la espesura de la selva

Adrastos quien era veloz como un lince, corrió tras ella, perdiéndose de igual manera entre aquella maleza.

Los Uranianos corrían de vuelta al barco. Anker se lamentaba profundamente por no haber puesto más atención al Neptuniano.

Completamente enfurecido blandía la espada, deshaciéndose de los obstáculos que el otro había dejado para evitarles el paso y con ello que le dieran alcance.

Por su parte, Adrastos como fiera perseguía a su presa, quien con dificultad se movía.

Entonces Michiru recordó aquellas palabras que Haruka le había dado antes de irse, así que llenándose de valor decidió volverse para hacerle frente. De forma amenazadora aferro sus frágiles manos a la espada de Urano.

Soltando una carcajada, Arastos se dirigió a ella "Ten más cuidado, que no quiero que me ensucies la espada", dio dos pasos hacia el frente.

"Aléjate, si te acercas la blandiré contra ti", la reina respondió con la firme intención de hacerlo.

"Dudo que una tonta princesita sepa usarla... debo decir que es un objeto muy hermoso y desde que la mire en manos de la Uraniana jure que un día me pertenecería, así como jure que un día yo sería rey de Neptuno"

"Jamás serás rey y mucho menos esta espada será tuya", una valiente Michiru respondió.

Adrastos desenfundo su espada y caminando hacia ella, comenzó a blandirla, "No podrías manejarla, mejor entrégamela y no te haré daño"

"Jamás será tuya", Michiru aferro aún más las manos a aquel magnifico objeto.

"Todo será mío, la espada, el reino y si quiero el universo. La reina Serenity se postrara ante mí y de igual modo tú lo harás. Estoy harto de recibir tus inútiles y estúpidas ordenes, soy yo quien debería dártelas a ti"

Michiru estaba temerosa, sabía lo que podría suceder si ella misma blandía aquel objeto que había sido labrado para la heredera de Urano, pero era un riesgo que estaba dispuesta a asumir. Moriría protegiendo a su hijo.

"Dámela", el hombre nuevamente ordeno.

Michiru se llenó de valor y blandiéndola contra él, un rayo descendió desde el cielo e impacto la espada. Aquella hermosa luz no hizo daño alguno a la aguamarina, pero cegó por un momento a Adrastos. El rayo termino por descender hacia el suelo al mismo tiempo que lo cimbraba, haciendo que Adrastos cayera violentamente sobre el fango. Con dolor se llevó las manos al rostro. Aquello le había dado a la aguamarina la oportunidad de huir.

"No escaparas tan fácilmente", el hombre poco a poco se reincorporo y tomando nuevamente su espada, corrió tras de la reina.

La aguamarina corría con la espada en sus manos, sentía que las piernas le temblaban y con ella la sensación de que de un momento a otro terminaría por desmallarse, el vientre comenzaba a dolerle y ahora lo sujetaba con una mano, dificultando aún más su marcha.

A pocos metros Adrastos le seguía, "No huyas, de mí", repetía a cada paso que daba sobre aquellos fangosos charcos.

Michiru se detuvo de golpe, viendo como un poco más haya un precipicio se abría bajo sus pies. Ahora con temor se debatía si debía esperar el ataque de aquel hombre o saltar hacia el fondo de aquel negro hoyo.

"Te dije que no podrías escapar", aquel sujeto finalmente cerco a su presa.

Michiru sabía que estaba perdida, en vano había corrido hacia allí en busca de los Neptunianos que cercas deberían estar acampando. "Piensa lo que vas a hacer, no saldrás vivo de esta"

"Ya lo hice una vez, cuando me deshice de toda la tripulación", su primo respondió riendo.

Michiru desesperada comenzó a llorar, estaba completamente indefensa, "Pídeme lo que quieras pero no lastimes a mi bebé"

Adrastos aprovecho aquel momento de debilidad, así que la tomo de la muñeca, arrojándola con violencia sobre el lodo. Michiru se llevó ambas manos al vientre.

"Muy conmovedor, pero ya es tarde para pedir... ¿Quieres que te cuente una historia?", preguntó acercándose a ella y tomándola por el cabello solo para volver a empujarla sobre el fango.

"No", la hermosa reina valientemente replico.

"Me da igual si quieres escucharme o no, pero ya es hora de que lo sepas... Se supone que yo sería rey... tu padre era un hombre fuerte, pero eso cambio luego de que su amada esposa muriera por tu culpa. Tu padre te aborrecía por ello, pero eso es algo que tengo que agradecerte, porque con su muerte se volvió un pelele"

"Ya cállate. Mi padre jamás me culpo de ello", Michiru grito ante sus torturadoras palabras.

"Como veras, mi oportunidad de ser rey se perdió con tu llegada, pero pronto encontré un plan… siendo tu muy pequeña, me deshice del inútil de tu padre y lo hice hundiendo su barco", en ese momento comenzó a reír a carcajadas, sin duda alguna había perdido el juicio. "Aun recuerdo como llorando pedías que te llevara en su barco, pero no quiso hacerlo. Si hubiera accedido, ambos hubieran muerto y yo gobernaría"

"Maldito", Michiru grito mientras recordaba con tristeza la última vez que miro a su padre.

"Creciste y te convertiste en una hermosa joven… yo realmente pensé que podría tomarte por esposa, luego algo malo podría pasarte y yo gobernaría a mi modo. Pero entonces llego esa mujer diciendo que deberías presentarte ante la reina y eso complico mis planes"

"Ya cállate", volvió a gritar con impotencia. Como hubiera querido acabar con él, pero quería saber más. Además de que aquello sería imposible, su estado de alguna manera le impedía usar sus habilidades. Así como alguna vez sucedió con el nuevo cuerpo de Haruka.

"Antes de que te fueras a la Luna, averíe la rueda de tu carruaje, ¿lo ves?, lo haría parecer un accidente... pero nada te sucedió. Luego te envié un caballo sin domar para que este te hiera, pero no lo conseguí. Mis esfuerzos parecían inútiles"

"Me rompí una pierna", Michiru dijo al recordar cuando Urano amablemente la había llevado en sus brazos hasta la enfermería, "Mi Haruka reparo el carruaje y ella misma domo ese caballo", con profundo orgullo añadió.

"Como sea. No me importa ya. Pero deja que continúe con mi historia, volví de una misión y me encuentro con que te has casado con una Uraniana...y si eso era poco, engendran un hijo... el trono de Neptuno está cada vez más lejos de mi... pero no por mucho, ya me deshice de tu padre y del estorbo de Tenousei, ahora es tu turno de morir. Su espada será mía y ella me ayudara a cumplir mis ambiciones"

Michiru estaba totalmente acorralada, sus gritos de ayuda eran en vano; "Tómala, es tuya", dijo con esperanzas de que Adrastos blandiera la espada de Urano y esta lo asesinara. "Entonces renunciare al trono, abdicare en tu nombre, pero no me hagas daño... permite que me retire a Urano y no volverás a saber de nosotros", la aguamarina suplico.

"Sabes que tu hijo es mi mayor problema. Nacerá, crecerá y cuando yo sea un viejo vendrá a vengar a su padre y a tomar mi lugar. No me puedo arriesgar", tomo su propia espada con la firme intención de herir a la aguamarina.

"No lo hará, yo no le diré lo que sucedió"

Adrastos sonrió y bajando el arma dijo aquello que hizo temblar a la frágil mujer; "... sí que eres una mujer muy hermosa, es una lástima que ahora me des asco por llevar en las entrañas a ese engendro..., aunque supongo que puedo soportar las náuseas", se inclinó sobre ella, rasgándole el vestido, "No te preocupes, lo haré con cuidado para no lastimarte tanto… aunque no te prometo nada"

Michiru comenzó a temblar, mientras que las lágrimas comenzaban a resbalar por sus mejillas; "Ni siquiera te atrevas, Haruka no te lo perdonara jamás. Te buscara hasta en el mismísimo inframundo para hacerte pagar"

Adrastos sonrío con malicia, "Entonces dile que venga a sálvate… ¡oh! espera, ella no está aquí… seré amoroso para que grites y pidas más", dijo mientras aspiraba el perfume de sus cabellos, "Que belleza de hembra", entonces de entre sus ropas sacó una navaja, con la cual hizo un pequeño corte sobre el vientre desnudo de la Neptuniana, "Si te mueves, la hundiré hasta herir a tu bastardo"

La aguamarina cerró los ojos, tratando de imaginar que era Haruka quien tocaba su cuerpo.

No, Haruka jamás la tocaría de esa forma tan asquerosa. Ni siquiera lo hizo así aquella noche que intento tomarla por la fuerza. Las manos de la rubia eran frágiles y aunque en medio del desenfreno de su pasión llegara a acariciarla con rudeza y desesperación, era algo que le resultaba agradable. Por el contrario, las manos de Adrastos eran toscas, sus caricias llenas de violencia le resultaban repugnantes. Michiru trataba de no pensar en nada, sin embargo le era inútil. El más profundo de los ascos se apodero de ella al sentir su ruda y repulsiva mano moviéndose sobre su frágil vientre.

"Creo que no te asesinare, te conservare como mi esclava. Lavaras los pisos de mi palacio y si eres obediente y complaciente dejare que conserves a tu hijo, de esa forma te mantendré sumisa. Cuando termines de engendrar a mi primogénito, matare al tuyo", grotescamente termino besándola.

La hermosa reina de Neptuno sabía que no tendría caso luchar contra él, así que simplemente se resignó a aquello que estaba por suceder. Resistirse equivaldría a que la golpeara o incluso la asesinara. Asqueada imagino lo que Haruka pensaría de ella por no haberse opuesto a ese sujeto, "Perdóname Haruka, pero si me resisto matara a nuestro hijo y es lo único que me queda de ti", pensó vencida.

Adrastos se reincorporo un poco, sonriente se deshizo del cinturón de su pantalón. "Me gusta saber que solo sientes asco hacia mí", nuevamente se inclino para tratar de besarla.

Entonces aquel sujeto gimió con dolor, Michiru abrió los ojos solo para descubrir que Adrastos poco a poco se reincorporaba, mientras la negra sangre fluía de su boca y por su vientre asomaba la punta de una filosa espada…


Notas de autor:

Y pensar que alguna vez Michiru considero casarse con él. Es justo en el capitulo 5 en el que Haruka y Michiru se miran por primera vez. Su carruaje se había averiado y la rubia ordeno repararlo (ahora sabemos que Adrastos lo hizo apropósito).En el capitulo 15 Michiru se dio tremendo fregaso por su culpa.

Ahora preguntaran, ¿Por que Michiru no se pudo defender?, es simple, en la serie explican que una vez que Chibi Moon nació, Sailor Moon perdió parte de sus poderes, es precisamente eso lo que le esta pasando a Michiru. Parte de sus poderes pasaran a su bebé.

Osaka, el destino eligió al papá de Haruka porque ademas de no sentir rencor hacia los Neptunianos, realmente no esperaba ni codiciaba tener una hija, cosa que los otros reyes ambicionaron.

Vicky, Felices fiestas. Ese Adrastos hasta cree que podría ocupar un lugar que no le pertenece y mucho menos el de Haruka. Pero en fin, alguien va a darle su merecido.

GreciaTenoh, ¿Crees que Haruka esta viva?. Muchas gracias por la observación, tratare de no utilizar palabras ambiguas.

Kyoky, el nacimiento de Haruka fue alegre, el de Michiru triste, queda esperar un poco mas. Y sobre Adrastos, alguien parece ya haberle dado lo que merecía.

Jessy, ¿Quien habrá salvado a Michiru?

Valeria Hudson, actualizo cada viernes, ya se hizo costumbre. Muchas gracias, me alegra que te guste mi historia.