¡Hola a todas, criaturillas de la creación! Bueno, no creo que haya necesidad de mencionar la manera en que acabé el capítulo anterior…Por lo que diré únicamente que todo es por una buena causa _9. Las cosas ya irán embonando, ya verán :3. Así que disfruten la actualización de este día y nos leeremos el domingo. Tengan un bonito fin de semana, sigan aprovechando las vacaciones, manténganse hidratadas y bueno, pórtense bien Xd. Gracias a todos por leerme y por seguir mi fanfiction hasta ahora : ).

Guest.- ¡Muchas gracias por comentar pequeña! Espero que te haya gustado el capítulo. Y algo por el estilo ocurre XD Me has leído el pensamiento ( ? ). Pero a partir de este cap, las cosas se pondrán mejor. Ya por fin podrán quejarse del exceso de drama y esas cosas triviales lol. Ten un bonito viernes, disfruta la actualización y nos estamos leyendo pequeña mía. Besos y abrazo *-*9

Capítulo 37

Esto es demasiado vergonzoso

Aquella sonrisa de enorme satisfacción solamente le hacía sentir más vergüenza de la que aún conservaba en su cuerpo tras el momento en que se separaron y observaron por breves segundos que parecieron largas y angustiosas horas. Seguramente sus mejillas estaban rojas hasta el punto en que le terminarían ardiendo. Y él por su lado, tan fresco, tan cínico, tan satisfecho por lo que su dulce fechoría había provocado en ella y que todavía continuaba causándole.

—¿Acaso estás avergonzada? –mofó, aún con esa sonrisa en sus labios-. Se supone que el orden de la conquista era al revés.

—Claro que no –soltó, intentando no sonar alterada. Estaba claro que había fallado, la risa del moreno así se lo hizo saber-. Odio que se esté retorcijando en razón…No es justo que él esté tan tranquilo. Estúpido Aomine Daiki. Además, él está en todo lo cierto…Se supone que sería yo la que intentara conquistarle y hacerle ver…Umm…

—Te dije que te haría pagar por lo que hiciste –musitó.

—Supongo que a este paso, el siguiente que vendrá a cobrársela de este modo será Taiga…-agregó burlonamente. ¿Por qué el moreno no tenía su mismo humor?-. ¿Qué? Él también debe tener un mal sabor de boca por ese beso que se dieron.

—Él no tiene derecho a quitarse el mal sabor de boca –chasqueó con malhumor-. Además, ese idiota ya tiene a esa chica, así que se aguante hasta que la vea.

—Ya se está demorando, ¿no? –hasta ese momento no notó que su cabello parecía estar bastante enredado, por lo que la única opción que tenía era intentar peinarlo un poco con sus dedos.

—Seguramente se distrajo con algo, es todo…¿Qué puedo decir en un momento como éste? Acabo de besarla sin siquiera pensarlo demasiado y ahora seguimos aquí, sentados los dos…completamente solos.

—No creo que le pase lo mismo que a ti –le echó en cara con una sonrisa burlona. Su ritmo cardíaco y mejillas regresaban a su estado basal-. ¿Qué se supone que diga o deba hacer en un momento como éste? Hasta ahora la única que había tomado la iniciativa había sido yo. Sin embargo, él ha sido quien me ha besado en esta ocasión…

—¿Ahora qué es lo que estás pensando, eh?

—En nada en particular –comentó tranquilamente-. ¿Por qué no se apura en llegar Kagami? Esto se está poniendo algo incómodo. Aunque hay algo que quisiera que Aomine me respondiera…

—Sobre lo que acaba de pasar…

¿Qué es lo que va a decir? Maldición, estoy nerviosa…Odio que me descontrole de esta manera…-lloriqueó en la protección de sus pensamientos.

—Creo que lo que deberíamos hacer es…

Si hace unos momentos atrás había deseado que el pelirrojo apareciera, ahora simplemente quería que no hubiera aparecido e interrumpido lo que aquel hombre estaba a punto de decirle. Ese día, su suerte apestaba.

—¿Qué sucedió Kagami? –preguntó Axelle tras ponerse de pie. Se veía un tanto serio el chico.

—Al parecer todas las chicas que aquí se hospedaban han reportado que les falta ropa. Así que la dueña está investigando todo esto para que pueda solucionarse el problema rápidamente. Aunque algunas de ellas decidieron irse de aquí.

—Es lo más normal. Supongo que en cuanto lleguen Riko y Momoi, y se den cuenta del embrollo que hay en nuestra habitación querrán irse.

—Por el momento te acompañaré a tu habitación para que puedas cambiarte. Si llegan y te ven así será mucho peor –estipulaba Taiga tranquilamente.

—Está bien –simplemente se dirigió hacia la salida del cuarto acompañada del despreocupado chico.

—¿Por qué demonios vienes tú también? –soltó el pelirrojo con malhumor. ¿Qué no entendía que lo menos que deseaba ahora era verle la cara?

—Yo voy a donde se me dé la gana ir, idiota. No tengo que darte explicaciones –le gruñó.

—Imbécil.

—Ya dejen de pelear ustedes dos, parecen niños de preescolar.

Tras unos minutos de espera la chica les permitió acceder a la habitación. Ya se había cambiado y al mismo tiempo arreglado el desorden con su ropa y la de sus amigas. Quedaba claro que la persona que había entrado a las habitaciones además de conocer en qué habitaciones se hospedaban las chicas, poseía las llaves para no tener que forzar la cerradura y a la vez, se las ingenió para no levantar sospechas.

—Claramente aquí también se llevaron algunas cosas –indicaba Axelle a la vez que sujetaba su cabello en un coleta alta. El calor no estaba para andar de pelo suelto.

—Será mejor que les llamemos para ver qué vamos a hacer.

—Yo les llamaré –comentaba Axelle, no obstante, ¿cómo pensaba hacerlo si no encontraba su teléfono móvil por ningún lado?-. ¡¿No está?! Yo lo dejé sobre la mesa y ahora ya no está…-el cuarto estaba nuevamente patas arriba. Pero su celular simplemente continuaba desaparecido.

Tras menos de media hora todos se encontraban de vuelta en el ryokan hablando sobre lo ocurrido. Tampoco era de dudarse que la propietaria se encontrara ofreciendo disculpas particulares a cada uno de los que allí se hospedaban, después de todo, el asunto había sido sumamente grave.

Y antes de que la tarde llegara sólo permanecían la mitad de todos los que habían llegado a hospedarse allí.

Por los chicos no había problema alguno, pero eran ellas las que enfrentaban el mayor riesgo de permanecer en un sitio con un pervertido suelto con cámara. Y tampoco los padres deseaban que sus preciadas hijas se expusieran a semejantes experiencias. Por lo que la decisión era más que clara.

—Si todo estaba yendo muy bien con este sitio –sentenciaba Riko quien estaba empacando todas sus cosas nuevamente-. Aunque…

—Las prendas que nos hacen falta…

—Es lencería –sentenciaba Axelle tras suspirar y ver que gran parte de sus prendas íntimas no estaban. Y esa era la misma historia para sus amigas.

—Me alegra mucho que nos marchemos de ese sitio. No quisiera permanecer en un lugar donde hay un maniático pervertido suelto –la castaña estaba furiosa, deseosa de hallar al sujeto que osó robarle sus prendas.

—Aunque lo lamento por la propietaria…-mencionó Momoi con notoria pena-. Este sitio es grandioso y ella hace su trabajo magníficamente.

—Pero si no hayan al causante de todo esto, ninguna chica estará a salvo –ambas miraron a Axelle, apoyando su noción.

Los chicos por su lado, se encontraban igualmente empacando nuevamente sus pertenencias. Entre más rápido terminaran más pronto podrían ir a buscar un nuevo sitio donde hospedarse y continuar con sus vacaciones sin mayor percance.

—Kagami-kun, Aomine-kun, ¿ya terminaron? –les interrogaba a esos dos que continuaban sin mirarse y con las maletas a lado. Ellos simplemente habían atipujado todo sin más.

—Mejor apúrate tú, Tetsu.

—Si no encontramos ryokan será tu culpa.

Kuroko sencillamente suspiró. Lo último que le quedaba de ropa por guardar se encontraba hasta el fondo de aquel armario. Lo cual no sería problema si no le hubiera tocado la zona más alta y que notablemente apenas y alcanzaba. Por lo que terminó pidiendo ayuda de esos dos altos hombres.

Y todo parecía ir bien hasta que ambos sintieron algo extraño al fondo del armario. Y ante su inevitable curiosidad terminaron jalándolo, llevándose una colorida y bochornosa sorpresa.

Aquellas suaves y ligeras prendas cayeron con lentitud contra el suelo mientras otras más permanecían sobre sus cabezas, incluso unas más estaban sujetas por sus manos. Pero no es como si alguno de ellos hubiera visto venir algo como eso.

Ambos estaban en shock, sin creérselo. Algo que no era para menos, no cuando estaban sumidos en aquel mundo de ropa interior femenina que los hacía ver como unos completos y depravados pervertidos.

Kuroko no dudó en inmortalizar el momento para generaciones posteriores.

—¡¿Pero qué es lo que estás haciendo, idiota?! –le gritaron a todo pulmón. Él como siempre, les miró serio de muerte.

—Así que ustedes fueron las personas que robaron toda esa ropa interior. De verdad me siento decepcionado por haber sido su sombra –notificó con una fingida desilusión.

—¡Te recordamos que ESTA PARTE DEL ARMARIO ES TUYA!

—Todo mundo sabe que ustedes dos son unos pervertidos. Es imposible que alguien como yo pueda hacer cosas tan viles. Por favor Aomine-kun, Kagami-kun, no me pongan en la misma categoría que ustedes dos.

—¡Si serás cabrón…!

Pero aquellos gritos no pasaron desapercibidos, no cuando aquellas chicas pasaban casualmente frente a su habitación con la intención de dirigirse a la recepción del ryokan.

Si ellos aún no podían explicarse cómo aquellas prendas íntimas habían terminado allí, ese grupo de chicas ya les estaban atravesaban con una mirada de asesino serial recién salido de prisión y con ansias de descargar toda la frustración y abstinencia de muerte que vivió dentro de aquel lugar.

No tuvieron la oportunidad de ofrecer alegato alguno, no, lo único que pudieron hacer fue soportar la paliza que esas tres chicas en conjunto les propinaron de forma continua y sin intenciones de detenerse en un largo rato. Su destino era sufrir por un malentendido, uno que Kuroko no se preocupó en aclarar.

Y estuvieron a punto de calmarse, pero en cuanto notaron que todas esas prendas les pertenecían a ellas, lo que aconteció después fue lo más cercano a la Tercera Guerra Mundial.

—¡Así que se trataba de ustedes! Tsk…Maldita sea, ¿por qué tenían que ser tan depravados? –Riko recién acababa de limpiar sus nudillos, al parecer "un poco" de sangre les había manchado tras terminar de apalear a Kagami.

—Dai-chan, ¿de verdad era necesario que hicieras algo como esto? Joder, no tienes remedio –ella por tu parte ya había dejado de patear a Aomine donde no se debe apalear a un chico.

—Mira que se portaron muy amables hace rato cuando vine a verlos para pedirles ayuda –objetó molesta la rubia, clavando fríamente su mirada en el moreno-. Me decepcionas Aomine Daiki.

—La verdad es que ninguno de ellos ha hecho algo como eso –mencionó Tetsuya, atrayendo la atención de las chicas-. Yo les pedí que me ayudaran a bajar el resto de mi ropa y cuando lo hicieron todas esas prendas les cayeron encima. Deduzco que el criminal se encargó de poner esto aquí a propósito mientras charlábamos sobre este asunto en el comedor.

—Así que eso era –suspiró ya más relajada la castaña-. Y yo pensando que eran algo peor que escoria –les sonrió cínicamente a esos dos, como si nunca les hubiera aplicado aquellas llaves de lucha libre.

—Dai-chan, por favor perdóname –mencionó apenada y con inocencia aquella susodicha amiga de la infancia al tiempo que le sacaba la lengua de manera infantil.

—Supongo que debimos considerar esa posibilidad –soltó Axelle tranquilamente.

—¡¿Por qué demoraste en decirles la verdad?! ¡Y ustedes son unos monstruos!

—Bueno, al menos recobramos nuestras pertenencias –Riko le halló el lado positivo a lo recién acaecido.

—Sabes, usas unas cosas bastante curiosas Daishi –soltó con enorme descaro el moreno quien sostenía entre sus manos aquella braga blanca de encaje.

—¡Deja eso inmediatamente! –le quitó la prenda de golpe, empezando a tomar todo lo que era suyo. Él simplemente le sonrió ampliamente mientras ella se ponía roja de la pena. ¿Qué clase de comentario era ése?¿Por qué tenía que haber caído en sus manos su ropa interior? Ya eran demasiados bochornos por un día, ¿no?-. ¡Eres un pervertido…!

—Es tu culpa por usar ese tipo de lencería –señalaba de forma indignada. ¿Cómo que ella tenía la culpa? Ahora resultaba.

—¡Dame eso también! –se había encargado de quitarle de las manos aquel bonito sujetador rosado de encajes. Estaba viendo que no quedara nada de su preciada intimidad por allí.

—Umm…Así que eres copa B….

El siguiente sonido fue el de aquella cachetada, cortesía de la francesa. El moreno simplemente bufó molesto mientras se sobaba su mejilla y ella, ella simplemente se había ido de aquella habitación notoriamente cabreada.

—…Te lo tienes bien merecido…-pronunciaron los cuatro sin excepción alguna.

—Todavía que le hice un cumplido…Tsk…

Y aunque su plan había sido abandonar aquel sitio, lamentablemente no tenían más remedio que permanecer allí; después de todo, ya no había lugares libres para que pudieran trasladarse a otro lugar. No quedaba duda de que era período vacacional y todo ya estaba hasta las narices de lleno. Así que solamente les quedaba una opción, atrapar al graciosito que estaba haciendo de las suyas para poderse sentir tranquilos.

No obstante, ¿cómo harían algo como eso? Estaba claro que debían tenderle una trampa al graciosito, pero no querían usar a ninguna de las chicas como blanco.

—Esto es demasiado estresante, ¿saben? –mencionaba Axelle mientras recién entraba a los baños termales aún custodiada por aquella albina toalla.

—Lo sé. Aunque me alegra que hayamos encontrado nuestras pertenencias –mencionó Momoi, quien al igual que las otras dos, conservaba su toalla alrededor del cuerpo.

—Sin embargo, mi celular nunca apareció –estipulaba la rubia un tanto pensativa.

—No sé ustedes chicas, pero esta toalla está empezando a fastidiarme –sus mejillas estaban rojas ante el bochorno producido por las termas en conjunción con esa humedecida prenda.

—Pues sólo quítatela, así de simple –indicaba Axelle con una ligera sonrisa.

—¿Escucharon algo…? –preguntó con cierto temor Momoi. Sus manos se habían detenido en su intento por deshacerse de su protectora toalla.

—Quizás estés imaginando cosas –intentó apaciguarla Axelle con aquel comentario. Aunque estaba claro que tanto ella como Riko habían logrado escuchar algo.

—Mejor terminemos de bañarnos y vayamos por algo de helado. Esta noche está inusualmente calurosa –sugería la castaña. Miró a sus dos acompañantes intentando aplacar su ansiedad naciente.

Sin embargo, aquella etapa de tranquilidad duró poco. Aquel ruido estaba más que claro y provenía indudablemente del otro lado de los baños termales. Justamente en el área de los hombres.

Las tres guardaron silencio, mirándose mutuamente. Estaban dispuestas a salir de allí en la brevedad posible, pero al mismo tiempo sin hacer ruido alguno. Y fue precisamente en ese instante en que otro sonido tan terriblemente familiar resonó en sus oídos tan claramente que podían jurar que lo tenían demasiado cerca.

—¡¿Qué ha sido eso?!

—Sonó como…cuando una fotografía es tomada…-le respondió Axelle a la peli rosa.

—Chicas, tenemos que irnos inmediatamente de aquí –nadie objetó al respecto. Sin embargo, había un problema que les impedía continuar avanzando. ¿En qué instante aquel chico había llegado hasta allí para cortarles el paso?-. ¡¿Pero quién…rayos eres tú?!

¿Pero por qué no respondía nada aquel intruso?¿A qué se debía que estuviera tan mudo?¿Y cómo es que no notó que ese hombre le faltaba poco para caerse contra el suelo en completa inconsciencia?

—¡Hay alguien más! –gesticuló Momoi con notoria mezcla entre el enfado y el terror.

Si bien habían escuchado ruidos del otro lado de las termas, parecía que estaban erradas en creer que aquel ojo vigilante estaba en esa área. No, el maldito pervertido que había estaba intentando grabar el mejor ángulo de esas tres chicas estaba escondido magníficamente entre el área verde que bordeaba a los baños y que le proporcionaba un magnifico lugar de acecho.

Y aunque se dejó ver por ese grupo de chicas no estaba dispuesto a ser pillado. Dejando en claro que conocía muy bien todo ese hostal y que poseía la condición física para escalar la barda y darse a la fuga.

—Se los dejo a ustedes chicos –pedía aquel padre mientras sostenía su celular. Él se había encargado de mandar al suelo a aquel sujeto desagradable que había intentado encerrar a las chicas en las termas-. ¡¿Estás bien querida hija mía?! –ahí estaba Logan intentando abrazar a su hija, ésta simplemente se lo impidió.

—¿Quién diría que el plan de Aomine-kun funcionaría?

—Es un pervertido, es normal que todo haya resultado bien –soltó cínicamente Momoi.

Al fin pudieron quitarse esas toallas de encima dejando apreciar sus trajes de baños. No iban a exponerse a aquel indeseable depravado así porque sí; debían engañarle y hacerle creer que de verdad no había más prenda que las cubriera que esas toallas.

—Me pregunto si ya lo habrán atrapado…-se preguntaba la francesa.

Aquel chico era prácticamente nada lo que podía hacer por escapar de aquellos basquetbolistas, ya que éstos corrían endemoniadamente rápido y tampoco se les veía muy contentos por haber estado haciendo sesiones de grabación a inocentes chicas. También estaba la parte en que esos dos padres los amenazaron al estilo de la vieja mafia por si se les ocurría perderlo de vista. No entrarían al ryokan si no traían consigo al culpable.

Y antes de que las ocho de la noche llegara, los dos culpables ya estaban siendo severamente regañados por la propietaria, por lo que les aguardaba una larga noche con aquella mujer de apariencia dulce pero que enojada podía convertirse en el mismo demonio. No iban allí sin recibir escarmiento y disculparse con cada una de las clientas a las que les habían robado sus pertenencias. Y fue solamente hasta ese momento en que la verdad emergió.

Aquel par de chicos habían sido contratados para echar abajo la buena fama que aquel hostal poseía, ya que siempre acaparaba a la mayor parte de los clientes y esto era algo que molestaba a la competencia. Y aunque al final se resistieron a confesar quién les había mandado a arruinar aquel lugar, tras un poco de persuasión de esos dos molestos padres no demoraron en abrir el pico.

Las prendas así como los objetos robados fueron devueltos a sus legítimos dueños. Y gracias a aquella heroica hazaña la propietaria les premió a todos con alargarles la hora del toque de queda; ya que comprendía que eran jóvenes y que querían aprovechar el verano para divertirse por la ciudad, una que se tornaba mucha más activa pasada las diez de la noche.

—¿Y a dónde se supone que vas tú? –cuestionó Aomine en el momento en que contempló a aquella chica salir de su habitación, claramente sin intenciones de pasear por el ryokan.

—La propietaria alargó el toque de queda, lo que significa que puedo ir a esa fiesta en la playa que está a punto de comenzar –mencionó con enorme emoción. Ella adoraba salir de fiesta-. Así que me iré. Qué tengas muy buenas noches Aomine –sentenció. Al moreno eso no le hizo ni la más mínima gracia. ¿Es que estaba loca o algo así? No sólo ya pasaban de las nueve, sino que también iba vestida de manera impropia, entiéndase que iba de short y una blusa de tirantes.

—No vas a ir a ninguna parte –no fueron sus palabras las que la tomaron por sorpresa, sino más bien la acción de éste. La había pescado del brazo, impidiéndole que continuara avanzando.

—Pero si ya pedí permiso y toda la cosa –informó.

—Pues no vas a ir –estableció con firmeza.

—¿Como por qué? –cuestionó interesada. Él simplemente se quedó callado, sin soltarla-. Entonces arreglemos esto fácilmente. Ven conmigo a divertirte y así no habrá problema para ninguno de los dos –soltó sonriente. ¿Él yendo a una fiesta en la playa?

No es como si no hubiera podido negarse a salir a semejantes horas con dirección a la playa para involucrase en una fiesta, sino más bien que no podía permitir que esa despreocupada chica se fuera del hostal para divertirse sin considerar que sus ropas pudieran desatar los insanos pero naturales deseos de algún hombre. Por alguna razón la idea de que otro hombre tuviera malos pensamientos con ella, le incordiaba.

—Vas a divertirte Aomine –mencionó la chica. Ambos caminaban tranquilamente con dirección hacia la playa sin mucha prisa. Había un gran número de turistas por los alrededores disfrutando de la calma noche.

—Me sorprende que tu padre te haya permitido venir, con lo posesivo que es –comentó.

—Ojos que no ven, corazón que no siente –sí, ella le había mentido a su progenitor para salirse con la suya. Y estaba claro que esas amigas suyas habían tenido algo que ver dentro de su cuartada de niña bien portada.

—Debí suponerlo –suspiró. Ya era demasiado tarde para volver, ahora no le quedaba más elección que "divertirse" en la susodicha fiesta.

—Vamos, no te arrepentirás. Además debo improvisar a falta de Marko, Leo y Hadrien. Ellos son mis compañeros fieles para las fiestas –era el primer verano que no pasaba al lado de sus entrañables amigos.

Tras una caminata de más de quince minutos pudieron vislumbrar la aclamada playa. Estaba claro que la fiesta recién estaba dando inicio ya que la gente continuaba llegando sin descanso alguno, dirigiéndose con cierta prisa hacia la improvisada pista de baile.

Había chicos de todas las edades, bailando, charlando y unos más disfrutando de bebidas alcohólicas de apariencia vistosa. Él simplemente no estaba acostumbrado a un ambiente como ése, sin embargo, ella parecía muy tranquila y veía con buenos ojos toda esa insana diversión nocturna.

Para cuando colocó la mirada en Axelle, ella llevaba entre sus manos una deliciosa piña colada que disfrutaba con enorme ahínco. Estaba claro que no podía quitarle la atención de encima ni un minuto o a saber qué haría después.

—Eres menor de edad y no deberías estar bebiendo eso –sentenció. Ya le había arrebatado esa bebida de las manos, alejándosela de su alcance.

—Vine con Aomine no con mi padre –refunfuñó-. Por dios, es sólo una piña colada. No es cosa del otro mundo –sus intentos fueron en vano, no alcanzaba su dulce bebida.

—Si te la tomas nos iremos inmediatamente de aquí –ante la amenaza ella suspiró y se rindió con su bebida. No era justo que la limitara de esa manera; ahora más que nunca extrañaba a los ruidosos de sus amigos.

—Eres peor que mi padre –murmuró con pesar-. Pero bueno, hay otras cosas que todavía puedo hacer –de nuevo sus ánimos se vieron renovados. No permitiría que su noche se arruinara por una pequeña prohibición.

Aomine cantó victoria ante lo que había logrado, no obstante, para cuando se dio cuenta aquella escurridiza chica ya se encontraba en la pequeña pista de baile integrándose a todos los que allí se encontraban. Él solamente suspiró y tomó asiento; empezaba a arrepentirse de haber acompañado a esa chica en aquel impulso inesperado.

Fue en ese instante en que logró darse cuenta que posiblemente estaba un tanto equivocado al pensar que ella se comportaba completamente como un chico. Quizás debió pensar en la posibilidad de que ella podría adorar bailar y que lo haría demasiado bien para poder ser cierto.

Y sin siquiera hacerlo de forma consciente toda su atención se centró en ella. Había pasado de verle bailar y ahora se enfocaba en aquellos detalles que tal vez no notó anteriormente o simplemente ignoró por completo.

Tras poco tiempo se sintió tanto ridículo como avergonzado por hacer algo así. Es decir, él se había encargado de rechazarla hace más de un mes atrás y así mismo, intentaba no demostrarle que todavía le guardaba interés personal. Pero algo como eso era complicado, ya que había sido él quien cruzó su espacio personal y le había arrebatado un beso hace horas atrás con una excusa poco convencional. Y también estaban esas palabras que ella le había dicho con una seriedad y decisión abrumadoras.

Deseaba creer que gran parte de sus actuales pensamientos se debían a la sugestión de aquellas palabras. Quería creer eso a que ella se estaba convirtiendo en una persona importante en su vida.

—…Ahora soy yo el que está dudando de que haya sido ésa la mejor opción…