Capítulo 36.
La tormenta azotaba con gran intensidad, tato que el agua se filtraba aún con las ventanas cerradas, cierto joven de rojiza cabellera y ojos verdes, inmerso en su soledad, permanecía sentado sobre el duro colchón de la cama, con la mirada en el suelo, metiéndose una mano a su bolsillo, para rescatar una vieja fotografía, doblada y arrugada, una posesión que él había guardado celosamente, su consuelo en los meses que estuvo apresado por esa secta, los recuerdos eran lo que aún lo mantenían con vida, porque la esperanza era algo que había perdido, su corazón volvió a palpitar, aunque no por mucho tiempo, solo le quedaba el alivio y alegría de saber que ella estaba sana y salva, todo esto lo hacía por ella, lo único que le quedaba, y que daría incluso la vida para protegerla.
Flash back
Durante su infancia y parte de la adolescencia se había destacado por su timidez y un carácter extremadamente reservado, no como es ahora. Nacido en una familia Italiana acaudalada, el y su hermana tuvieron una vida que parecía buena, con lujos, todo lo que pedían lo obtenían sin ningún esfuerzo, desde pequeño siempre fue bastante unido a Virginea, su querida hermana, su madre solía decir que eran la mitad del otro, hacían todo juntos, eran inseparables, incluso se vestían igual.
Sin embargo muchas veces el dinero, objetos, cosas vanas y superfluas no compensaban en abandono de sus padres, quienes se deslindaron por completo de la educación de ambos gemelos, dejándolos al cuidado de tutores e institutrices, impartiéndoles una educación bastante estricta y conservadora, hasta que cumplieron seis años de edad, siendo llevados desde su ciudad natal, Verona hasta Roma, donde pasaron los próximos catorce años de su vida refundidos en un instituto dirigido por sacerdotes y monjas, inculcándoles principios y una educación bastante prohibitiva, extremadamente represora, forjando en el a un tímido chiquillo inexperto, si se traba de socializar, le asustaba tan solo el convivir, nunca destacó en nada, no fue ni el mejor ni el peor estudiante, no tenía muchos amigos, si se le podía llamar así a un compañero de clase que se sentaba de tras suyo que siempre olvidaba algo, ya sea un lápiz, una libreta, su mochila.
Se refugiaba en su alcoba, dedicando noches enteras en vigía trabajando en sus bocetos, dibujar, era de las pocas cosas que se le daban bien, lo único que en verdad le interesaba y esforzaba, en cuanto a su gemela, que aunque eran parecidos en apariencia, jamás en carácter, ella siempre había sido más sociable, vivaz, traviesa y precoz, soliendo escaparse en las noches con cierto grupo de amigos, regresando a altas horas de la madrugada con la melena despeinada, siempre se metía en problemas o metiéndolo a el de alguna manera, los años pasaron, y el crecía, llegando a su adolescencia, esa peligrosa etapa, decisiva para el desarrollo de una persona, fue una bella y fría tarde de un sábado en otoño, hermosa, tranquila y apacible, los pasillos eran solitarios, una vez a la semana les daban un día libre para salir y pasear, teniendo de diez de la mañana a cinco de la tarde, el lugar estaba casi desierto, los rayos de sol traspasaban las ventanas, que hacía que todo se viera rodeado de una aura naranja, cuando Fabriccio tocó la puerta pero nadie respondía, sin embargo se escuchaban quejidos, risas.. se dispuso a entrar sin permiso, sorprendiendo a su amada hermanita desnuda, acariciándose con uno de los alumnos de último grado.
No lo pensó, casi por instinto se abalanzó sobre aquél sujeto, tomándolo por la espalda, tirándolo de la cama al suelo con brusquedad, dando comienzo a una pelea en donde el pelirrojo salió perdiendo, solo recordó haber escuchado a su gemela pegar un grito, mientras un rodillazo daba en el estómago del muchacho, seguido de un golpe a la mandíbula, dejándolo tenido en el suelo, mientras el vencedor bastante indignado y disgustado tomó su ropa aún lado de la puerta, y salía de aquel cuarto sin mirar atrás.
Un par de horas más tarde, la pelirroja se encontraba en una vacía enfermería cogiendo un botiquín de primeros auxilios, mientras el menor de los Inozzence, con el cuerpo golpeado, y una pequeña costura de su labio que había sido roto por la fuerza de uno de los golpes, se frotaba una bolsa con hielo en la cara para aminorar el dolor.
─te duele mucho? - preguntó la pelirroja, ya vestida con su uniforme escolar que consistía en una camisa negra, y un conjunto de saco con la falda negra, por más molesta que estuviese con él, no podía dejarlo solo después de semejante golpiza, que aunque se lo había buscado, ella no podía dejar de sentir cierta culpa.
─no, me siento como en un lecho de rosas, hermana -respondió con sarcasmo, haciendo un esfuerzo por sonreír, y ocultar su indignación.
─no te esfuerces tanto, que intentabas hacer?, solo mírate.. no vuelvas a hacer eso, no sabes lo asustada que estaba! - reprochó la mayor.
Fue cuando él tomó la decisión de vigilarla, buscando protegerla y que no se metiese en más problemas, intentando fallidamente detenerla cuando quería darse sus escapadas, acabando el por sucumbir ante sus quejidos, dejándola ir, pero solo si accedía a que la acompañase, así fue como él se comenzó a introducir en la vida nocturna, poco a poco adoptando los mismos vicios, siguiendo el mal ejemplo de las amistades Virgínea, como de ella misma:
Sexo, alcohol, música estridente, bailar hasta el amanecer y luego al día siguiente amanecer con una horrible resaca, al lado de una mujer desconocida preguntándose qué carajos pasó a noche?
Pero a pesar de esos malos hábitos se sentía muy bien, era divertido, sentía como si una parte de él se liberase y aliviase, una parte oculta y reprimida con todas esas reglas y estúpidos protocolos, aburridos e irreales normas de conducta que ni siquiera los que las dictaban seguían, poco a poco estrechaba nuevamente la relación con su hermana, que se había llegado a alejar de el con la llegada de la pubertad e intereses distintos, ya no se sentía tan solo como antes, al menos la tenía cerca nuevamente, se sentía en el paraíso, no pasó mucho tiempo para que incluso en el colegio notasen su cambio de actitud, dejando de ser el niño invisible, juntándose ahora con el grupo de los populares, destacando por su actitud despreocupada, vivaracha, sarcástica y burlona.., un completo cabronazo, obteniendo beneficios, tanto sociales como académicos, no necesitaba estudiar, solo le bastaba con coquetearle a esa chica que se sentaba al fondo para que le pasase las respuestas, aun así una extraña opresión en el pecho, acompañadas de un vacío inundaban su existir, que le podía faltar? Sui vida era perfecta, sin preocupaciones, tenía amigos que lo invitaban a fiestas salvajes, si quería a una chica solo bastaba con invitarle un par de copas y era suya, no tenía que preocuparse por la escuela, que podría faltar más que unos padres a los que solo ve una semana en navidad y en verano?, quienes solo se limitan a darles dinero mensualmente, que se creían con la autoridad moral para decirles que hacer cuando nunca estuvieron con ellos cuando más los necesitaban? no los quería.
De nuevo su atención se centraba en su amada "Vi", la consideraba su mejor amiga y confidente, podría ser que no fuese la mejor compañía, o el mejor ejemplo, pero a diferencia de todos estaba para el cuándo el telón caía y las luces se apagaban, siempre presente en sus pensamientos y en su corazón, podía ser llamada "zorra", pero para él era su querida hermanita, por la que terminaba haciendo cualquier cosa que le pidiese con sus ojitos de chivo a punto de ser degollado, por más que hacía intentos por resistirse, siempre acababa cediendo, era su debilidad, pero más que un simple amor fraternal:
Nunca supo si era una enfermiza obsesión que presentaba con ella desde hace mucho, la excesiva confianza que se tenían, la adrenalina de hacer algo prohibido, una inmensa tensión sexual entre ambos o tal vez porque era una jodida ninfomaníaca que se tiraba todo lo que se movía (y lo que no se movía también), y como buen hermano que era; Fabriccio un muchacho "inocente", "puro," "virgen e Inexperto", más virgen que el aceite de oliva.., eran más de uno los momentos donde llegaban a mantener relaciones sexuales, tantas veces que habían perdido la cuenta.
Aún en medio de esa noche tan fría, el calor invadía los cuerpos extasiados de ciertos gemelos de cabellera rojiza, leves gemidos y jadeos se escuchaban bajos las sábanas, culminando con un profundo aullido de ambas voces al unísono, cayendo exhaustos y rendidos, quedando tendidos en la cama dándose unos momentos para tomar aire y descansar, ambos voltearon a verse el rostro del otro, sonriendo de manera maliciosa, para luego besarse y cubrirse de nuevo con la sábana.
El tiempo transcurría, las primaveras pasaron, llegando al último grado, no faltaba mucho para que se retirasen de ese colegio, comenzaban a pensar en la universidad, pero el destino tenía otros planes para su amadísima hermanita, se iría a un programa de intercambio, un año entero sin ella, sería duro, pero esperaba verla al menos en navidad o escribirle, todo fue bien, sin embargo un día él fue llamado a la oficina de director del instituto, el cardenal, quien lo entregó a tres altos y fornidos hombres trajeados, quienes le sometieron y pusieron una mordaza en la boza, llevándoselo arrastrando por la puerta trasera, metiéndolo en la cajuela de una caminata, había sido vendido, posteriormente fue apresado, no volvió a ver la luz del día por diez meses, dando un giro de 180 grados a su vida, compartiendo calabozo con veinte personas más, que con el transcurso de los días algunos más se les unían y otros más se iban para no volver a verlos nunca, eran asesinados, no tenía idea de lo que ocurría, ni sus razones, fue allí cuando conoció a Akesh, refundido en la celda de al lado, que era más bien un congelador, muchas veces escuchó a su amigo quejarse del frío que hacía allí, al parecer era un preso especial, que además de mantenerlo encadenado de pies a cabeza, el estaba completamente solo, refundido en un congelador, fue el quien le dijo la verdad; los estaban cazando uno a uno, a muchos los matarían, otros eran sujetos de experimentos, a otros como a el dejarían que el hambre y la hipotermia los matase, qué culpa tenía el de lo que había hecho un ancestro de hace más de diez mil años que ni sabía hasta ahora que existía?, investigando sus árboles genealógicos hasta llegar hasta ese punto, las lágrimas inundaron allí el rostro de Fabriccio al darse cuenta de la verdad, quería gritar pero no podía, el tan solo pensar que su familia, sus padres, que aunque nunca los quiso, tampoco los odiaba, y de Virgiena, la estaban torturando, ella no.., calló de rodillas, llevándose ambas manos para cubrirse el rostro empapado, transcurrían las semanas donde se refugiaba en la apatía, ya le daba igual lo que hiciesen con su vida, tanto la de el cómo de sus compañeros de celda que disminuía conforme pasaba el tiempo, algunos morían de hambre, quedando sus cadáveres putrefactos en el lugar, otros eran llevados al altar de sacrifico, pasaron meses, donde el dejó de tocar comida y bebida, disminuyendo su peso considerablemente, dejándole la pieza de pan que solían darle cada tres días al hindú, a quien le daban menos que eso semanalmente, era ya una rutina escuchar cómo era torturado, como el dijo hace tiempo, los que no morían por ninguna de las causas anteriores terminaban siendo sujetos de prueba para los experimentos de esos sujetos, escuchaba gritos desgarradores emanar de la pared de al lado, era el conejillo de indias favorito de esos sujetos, muchas veces eran gritos desgarradores, no solo se Aakesh, sino de que a veces veía a algunos guardias heridos salir de allí arrastrando los cuerpos calcinados de sus colegas, reducidos casi a cenizas, sin embargo no era el único, justo frente del calabozo donde estaba refundido había una niña, en una cámara similar a la de su amigo, con una camisa de fuerza puesta, rodeada y estrujada por cadenas excesivamente gruesas, en una cámara aislada que a pesar de eso le asombraba ver cómo era posible que una pequeña hiciese temblar unas ataduras que mínimo pesaban media tonelada en total, contenida bajo puertas selladas al vacío, murió de inadmisión tres semanas después ya que ningún miembro del personal se atrevía a entrar, fueron diez meses, los sujetos con los que compartía celda, que llegó un momento donde llegó un punto donde llegaron a ser más de cuarenta gentes, fue disminuyendo a treinta, veinticinco, luego a quince, diez, siete, tres, dos.. hasta quedarse solo, fue un día en que las puertas de su celda se abrieron nuevamente, sabía lo que le esperaba, miró hacia el lugar donde estaba encerrado su amigo, había sido también vaciada, en parte se entristeció, le hubiese gustado poder despedirse de él, fue sacado del lugar, donde volvió a ver el exterior, y el hermoso cielo estrellado, a pesar de que , a punta de empujones y golpes lo condujeron donde se encontraban ocho sujetos más, entre ellos su él hindú, su buen amigo, bastante herido, y brutalmente golpeado, una mujer embaraza en un deplorable estado de desnutrición y un pequeñín que extrañamente se mantenía calmado e inexpresivo, llevados al lugar de sacrificio para morir, no le asustaba en absoluto, después de todo lo que habían tenido que pasar, tal vez podrían liberarse de lo tortuosa que se había vuelto su vida en aquel sitio, morir era ya un ansiado regalo, a pesar de lo doloroso que podría ser lo que le hicieran en ese altar, no tenía nada de que arrepentirse, quizás solo si pudiera ver a su hermana, feliz, sonriente y libre de esos problemas, podría encontrar la paz que el buscaba, se resignó, avanzando a donde fuese que lo llevaran, pero al parecer a él, ni a ninguno de ellos les había llegado la hora, siendo rescatados por unos peculiares sujetos, entre ellos un demonio llamado Dante, trayendo a su hermana con ese grupo de mercenarios, librándolos de esa horrorosa muerte que los esperaba, dejándolos completamente sorprendidos, siendo llevados inmediatamente a urgencias, donde les suministraron sueros, transfusiones sanguíneas, chequeos, en especial por el preocupante estado de Aakesh, que estaba presentando síntomas de septicemia y cuya herida en su brazo era carcomida por gusanos, además preocupaba la salud de Siara, le hubiese gustado pasar más tiempo con "Vi", pero no podía, esos sujetos la contrataron como una especie de interprete, en cuando a el, se quedó un tiempo más en Castle Rock, dando comienzo a una revancha, según explicaba el sargento Seminov.., ojo por ojo, diente por diente, vida por vida, pagarían no solo por lo que le hicieron a ellos, sino por todas las personas inocentes a quienes habían dañado con su carnicería, que los llevó con una chica llamada Diana, la bruja que esos mercenarios buscaban en un principio, parecía ser que no eran los únicos que ansiaban ver a esos tipos muertos, conduciéndolos con otro demonio, Vergil, una persona en una situación común se hubiese asustado, pero habían visto tantas cosas que les daba igual, tal vez ..solo tal vez, se lo imaginaban de otra manera, con un aspecto intimidante, cuernos, un tridente y patas de chivo, este parecía más un tipo bastante.. estirado, podría ser que tuviese algún cargo de nobleza, no como su hermano Dante, el si era buena onda, pero las apariencias engañaban, según lo que contaban, ese tipo tenía fama de ser más cruel, despiadado y más sádico que los sujetos que los apresaron, o eso platicaban sus sirvientes, cualquiera que se atreviese a desafiarlo era ejecutado públicamente de la forma más brutal que podían imaginar, aun así terminaron haciendo una especie de trato, aunque no sabía bien que era lo que realmente se traía entre manos, dejando a su capitana, a vigilarlos, esa tía estaba igual de zafada que su jefe, igual de orgullosa, estirada, una gritona y mandona, no solo teniendo que soportar la tortura que esos psicópatas llamaban "entrenamiento", y tener que estar a punto de perder un ojo porque a ella se le ocurrió afirmar sin pruebas que Virginea había robado no sé que cosa, no mame.., no sabía cuáles eran los gustos de Sparda, pero como decía Pacheco "pinche vieja"!, a pesar de ese mal comienzo le andaba comenzando a caer bien, le parecía muy gracioso ver sus reacciones, en especial cuando hablaba mal de vergil, había encontrado su debilidad y no perdería ninguna oportunidad para joderle la existencia con eso,.. era un cabronazo de lo peor, eso ya se lo habían dicho desde hace mucho, pero no podía evitarlo, hacía mucho tiempo que no se divertía así, aunque fuese a costa de otra persona, pero regresando al punto; no faltaba mucho para entrar en la guerra, solo había una cosa que le aterraba, no le temía a la muerte ya, su único temor era una cosa, que la persona que más amase..
Fin del flash back.
─por favor no me odies, te lo suplico - decía el pelirrojo, mirando aquella fotografía, era Virginea, luciendo tan feliz y aliviada, su sonrisa era lo que muchas veces lo reconfortaba, una lágrima salió de su mejilla, cerró los ojos para contenerse.
El sonido de la puerta abrirse lo interrumpió, se limpió la cara frotándose discretamente los ojos, guardando ese papel en su bolsillo, era el chamán, su camarada, que solo deseaba descansar un poco, recostándose en el colchón de al lado.
─espero que algún día comprendas que todo lo que hago es por ti, por favor.. no me odies, Vi, es lo único que te pido..- imploraba Fabriccio en sus más profundos pensamientos.
notas de autor: espero que les haya gustado este capítulo, pido una disculpa si es que no les agradan los capítulos del punto de vista de cada OC, pero pensaba poner una historia de cada uno (aunque procuraré no hacerlas tann largas como en este capitulo).
_ me inpiré de mi escritor de novelas eroticas Vladimir Navokov (en especial de su libro "el ada o el ardor", que toca una temática similar), ojalá es haya gustado, espero actualizar pronto, los quiere Bourdica.
