"Una tarde más que memorable"

Suspiro. Juro que nunca en mi vida me he sentido tan feliz como me siento ahora. De verdad, me siento en la nubes, en algún lugar muy, muy alto en cielo.

Me he rendido. He admitido abiertamente que amo a Edward. Se lo he dicho. Lo que literalmente significa que he tirado por el retrete la misión que "supuestamente" tenía que cumplir.

¡Y me siento tan feliz!

Si, tal vez después de todo este tiempo, finalmente me volví loca.

¡Pero soy una lo loca feliz!

¿Así se sentirán todas las personas enamoradas? Pues ahora entiendo sus sonrisas y sus ojos brillantes y soñadores. Yo debo lucir así ahora.

No puedo creer que estoy aquí, en este hermoso prado, junto a la persona que amo. Tengo la espalda apoyada en el pecho de Edward, él me ha rodeado con sus brazos y yo he apoyado la cabeza en su cuello. Aspiro su aroma, huele tan bien. ¿Quién iba a decir que siendo lo que es me iba a hacer sentir así de feliz? En serio, si alguien me hubiera dicho que iba a terminar enamorándome de un vampiro, yo le habría llamado loco y reído en su cara.

Sus labios besan cariñosamente mi mejilla y yo sonrío.

-¿En que piensas?- me pregunta Edward, muy cerca de mi oído.- Aun me sigue resultando demasiado extraño no saberlo.

-Bueno, así es como los demás se sienten todo el tiempo-

-Una vida dura, supongo- dijo- Aun no me has contestado- me recordó-

Dudé, sin saber que decirle. En realidad no estaba pensando demasiado, solo en lo inmensamente feliz que me sentía. Eso me hiso pensar una cosa ¿Cómo se sentiría él?

-En lo feliz que me siento estando aquí, contigo- confesé, sonrojándome un poco- ¿Y tu?- le pregunté- ¿Qué piensas? Digo, tengo derecho a preguntar, ¿no?-

-Pensaba en lo perfecto que resultó todo esto- sentí una sonrisa en su voz- Siento una inmensurable felicidad… nada en realidad se le puede comparar. Bueno, quizá cuando dijiste que me amabas- Dudó un momento- También lo dijiste anoche, cuando estabas dormida-

Me tensé al instante y me giré hacia él.

-¿Y por que no me lo dijiste?- le pregunté, hasta yo misma me di cuanta del punto de histeria con que sonó mi voz.

-No quería incomodarte- trata de calmarme-

-¿Cuándo fue eso?-

-Fue… exactamente después de que te volvieras a quedar dormida, cuando regresé a tu a tu habitación. -

Me congelo.

¿Dice que regresó… ayer en la noche?

-¿Tu… volviste otra vez?-

-Si.- asintió- No pensaba hacerlo, de verdad, no iba a regresar. Pero luego pensé en ti, y tu tobillo, podrías necesitar ayuda… Bueno, tal vez esa fue mi excusa para regresar y verte- sonrió un poco, avergonzado- Entonces lo dijiste, justo cuando entraba por tu ventana. Dijiste : Te quiero, Edward. Aunque no debe hacerlo. -

Yo ya no prestaba mucha atención a sus palabras, ni tampoco tenía vergüenza. Ahora solo pensaba en una sola cosa ¿Cómo diablos entró si yo había cerrado la ventana? ¡Recuerdo perfectamente haberla cerrado antes de acostarme en mi cama! ¿Cómo es que…?.

No se, pero siento que aquello tiene mucho que ver con D. Siento que, de alguna manera, ella tuvo que ver con que la ventana estuviera abierta, aun cuando yo la había cerrado.

-En ese momento pensé que lo había imaginado- continuó- Pero ahora se que no- levantó una mano y acarició suavemente mi cara.-

-Te amo, Edward- dije, mirándolo a los ojos-

-Lo sé. Ahora lo sé- susurró- Yo también te amo. -

Me besó, por segunda vez.

Y me olvidé de la ventana abierta y de la posible intervención de D. Rodee su cuello con los brazos y el hiso lo mismo con mi cintura, atrayéndome más hacia él. Que bien se sentía besar a la persona que amas. Si lo hubiese besado desde el primer momento, esa vez en el auto, ya lo habría sabido. Cuanto me había perdido.

Nos separamos cuando yo realmente necesité respirar. Maldije internamente mis necesidades humanas.

-Esto se te está dando mejor de lo que pensaba- comenté, con la cabeza apoyada en su pecho, él aun me tenía rodeada con sus brazos.

-¿A que te refieres?- me preguntó-

-A todo esto. El hecho de estar juntos y que no te afecte más mi… sangre.- Dije la ultima palabra mucho mas bajo que el resto de la oración.

-Ah, eso- musitó-

-Si… ¿Por qué?- le pregunté.

No me contestó.

-¿Edward?- le llamé, alzando la cabeza para mirarlo-

Él desvió la vista, evitando mis ojos. Tenía un gesto pensativo y … ¿sorprendido?

-¿Edward?¿Que pasa?- pregunté, esta vez con mas insistencia. Estaba empezando a ponerme nerviosa y a asustarme.

-Ya.. Ya no me afecta, Bella. Hace mucho, en realidad. No tienes que preocuparte por eso-

Me dio un rápido beso en la frente e hiso que vuelva a apoyarme en su pecho.

Pero yo no me había tragado su explicación. Alcé la vista de nuevo.

-Hay algo que no me has dicho- digo firmemente, mirándolo con los ojos entrecerrados.

No me dice nada. Yo hago ademan de separarme.

-No, estoy bien. Lo digo en serio. El olor de tu sangre ya no es un problema para mi- dice rápidamente, atrayéndome de vuelta hacia él.

Pero aun sigo sintiendo que me oculta algo, y algo grande.

-No me estas diciendo todo- le vuelvo a repetir.

-A ti no se te puede ocultar nada, ¿verdad?- sonríe, aunque su mirada sigue siendo seria.

-Por supuesto que no-

-¿Y tampoco piensas dejarlo pasar?-

-No- negué.

No cuando él tiene cara de preocupación y no me quiere responder.

Él aun no me responde, y eso me preocupa. ¿Qué es lo que no me quiere decir?¿Por que no me lo quiere decir?

-¿Qué, Edward? Dime.- insisto.

Parece estar pensándolo, pensando si decirme o no, y me mira de soslayo, estudiándome.

Finalmente él suspira, como si se estuviera rindiendo.

-Bella, ya no me afecta tu sangre porque… no puedo olerla.- me suelta-

¿Qué? ¿Cómo que…? Mis neuronas están en estado de shock. Yo estoy en estado de shock ¿Que quiere decir con eso?

-¿Que?- dije, en un susurro. Es lo único que puedo decir.

Lo veo mirar a los lados, como si estuviese buscando una escapatoria o donde ocultarse para no continuar.

-Podía el primer día, y vaya que podía- tragó- Por eso me fui, tenía que irme si no quería…- se detuvo. Continuó después de una larga pausa- Pero luego, cuando regresé y volví a tenerte cerca, no fue tan malo como la primera vez. Era mas, mucho mas soportable- Me miró. Al parecer no vio nada malo en rostro así que continuó- Conforme iban pasando los días, se volvía más y más fácil estar cerca de ti. Como si cada día que pasara tu escencia fuera disminuyendo. Hasta que al final, ya no me afectaba en absoluto. Bueno, solo un poco. Aun puedo sentir tu maravillosa fragancia- pasó su nariz suavemente por mi cabello y aspiró- Si, aun puedo, pero no como antes. Ya no deseo… ya no siento deseos de beber tu sangre. - Se alejó un poco- Pensé que tu de alguna manera, conscientemente, estabas haciendo eso, para facilitarme las cosas. Pero si me lo estas preguntando, quiere decir que no-

Estaba paralizada. Mi mente también lo estaba, pero después pude reaccionar, encajar las palabras que me había dicho Edward, y darle sentido en mi cerebro. Él me estaba diciendo que, al principio, le afectó mucho el olor de mi sangre. Pero que, poco a poco, ya no podía percibirla. O sea, que iba desapareciendo poco a poco… o algo así.

Eso me hiso recordar a las palabras del maldito vampiro que asesino a mi madre.

-¿Sabes? Algo muy extraño pasó en la mañana. Antes de entrar en tu casa, sentí dos presencias. Pero, cuando entré y la revisé, solo estaba tu madre allí. Era tu madre ¿No?- Me preguntó, como si estuviésemos teniendo una conversación normal en ves de estar a punto de matarme- En fin- dijo cuando no le respondí- El caso es que, tu si estabas en la casa. Vi como te sacaba desmayada la policía- había burla en su voz- ¿Cómo es que no estabas cuando entré? Toda tu, tu presencia, tu olor, todo, desapareció. Eso no es normal, los humanos como tu no pueden hacer eso.

Entonces lo que dijo era cierto.

No sabía como era que pasaba eso, pero lo que si sabía era que los humanos comunes y corrientes no hacen desaparecer su aroma. Su escencia no puede desaparecer. No puede.

Los cazavampiros tampoco pueden, no pueden hacer desaparecer su escencia o su olor. Es imposible, nadie, nadie puede.

Yo soy la única.

La única rara.

La extraña y anormal.

-¿Y dices que no soy rara?- le pregunté en broma con una sonrisa, aunque la diversión no llegaron a mis ojos. Bajé la vista.

-Por eso no quería decírtelo, sabía que te ibas a sentir mal- dijo él, sosteniendo y levantando mi rostro con una mano- Nunca debes pensar negativamente de ti- sus ojos bajaron hasta quedar a la altura de los míos- No hay nada malo en ti, Bella-

-¿Y como explicas que…?-

Me besó. Interrumpiéndome. Haciendo que olvide el tema de nuestra discusión. Haciendo que me olvide de todo, en realidad.

-No pienses que eres un bicho raro- dice cuando finalmente nos separamos-

-Eres un tramposo- digo. Quiero parecer molesta, pero mi sonrisa me delata.

-¿Lo ves? De no ser por eso, no sería tan sencillo poder hacer esto-

-Pero…-

Edward vuelve a callarme con un beso.

-¿Hasta cuando vas a seguir haciendo eso?- le pregunto cuando nos separamos.

No es que me moleste.

-Hasta que saques de tu cabeza esa absurda idea de que eres un bicho raro o que algo está mal en ti- responde.

-Si es así, nunca me la sacaré-

Él me mira especulativamente por uno segundos , luego sonríe.

-Tienes razón.- coincide- Entonces, será todo lo contrario. No volveré a besarte hasta que quites esa idea de tu cabeza- dice firmemente.

Entiendo lo que está haciendo. Sorprendentemente, su pequeño juego me hace sentir mejor y sonrió un poco.

-¿Qué? Pero yo quiero besarte- musité, fingiendo un expresión triste, siguiéndole la corriente.

-Yo también, Bella. Por eso, cuanto antes borres aquel pensamiento de tu hermosa cabeza, mejor-

Acerca tentativamente sus labios a los míos, casi rosándolos. Su delicioso aliento me aturde y olvido lo que iba a decir. Levanto mis brazos y rodeo su cuello, enredando mis dedos en su cabello, tratando de acercarlo.

-No hay nada malo en ti- dice Edward, rosando sus labios con los míos al hablar. Suspiro- Nunca debes pensar eso, no cuando eres maravillosamente perfecta-

Sonrío contra su boca.

Tal vez para él lo sea, pero, aceptémoslo, no lo soy. Ni siquiera para mi misma.

Soy rara.

Incluso ante los demás cazavampiros, que de por sí no son normales. Pero ellos lo eran, antes de unirse, eran chicos comunes y corrientes.

Yo nunca lo fui. Ni ahora ni cuando era pequeña, antes que me uniera a la organización.

Nunca he sido normal y, probablemente, nunca lo seré.

Pero él me quiere así, a pesar de saber y haberse dado cuenta de todas mis rarezas.

Él piensa que soy perfecta. Aquel pensamiento me entristece un poco. Si tan solo supiera…

Pero el piensa que lo soy, y me quiere.

Con eso me basta.

Doy un pequeño asentimiento, aceptando lo que él me había dicho, y cierro los ojos cuando sus labios tocan los míos.

.

.

.

Miro atenta, pero rápidamente, a los lados. Buscando algún signo de Edward. No hay nada. Bien, aun no me a encontrado.

Luego de que Edward y yo abandonamos el prado, insistió en que me subiera a su espalda para regresar, cosa que me parecía innecesaria ya que yo podía correr igual de rápido que él, incluso más. Pero me insistió y bueno, yo terminé aceptando. Que les digo, no pude resistirme a su manera de convencerme. Supe que iba a ceder en cuanto me besó, o cuando me dio esas mirada que fácilmente hacia que me derrita y… Así que, conclusión, terminé aceptando.

La cosa es que, cuando llegamos, el empezó a fanfarronear diciendo que era muy rápido y eso, entonces yo le contradije y saqué a flote nuestra reciente carrera, la cual yo había ganado. Entonces, el me desafió a otra carrera, y yo gustosamente acepté. Pero, a comparación de la vez anterior, el me estaba igualando. Yo, viendo que podía ganarme, decidí hacer un movimiento rápido.

Ese movimiento rápido fue lanzarme encima suyo. Y besarlo.

Edward, como supuse, me respondió. Y antes de que mi conciencia se disperse, me alejé rápidamente de él y corrí. Cuando él se dio cuenta corrió detrás de mi, pero ya era demasiado tarde, yo ya había ganado.

Recuerdo exactamente sus palabras y las mías:

-Eres una pequeña tramposa- dijo, apareciendo de entre los arboles.

-Pudiste haberme rechazado y seguir corriendo- justifiqué. - ¡Volví a ganar!

-Eso no se hace, Bella- me regañó

-¿Ah, si?¿Y que harás al respecto?- le pregunté, desafiante-

-¡Oh, pagaras por eso!-

De pronto vi como sus ojos cambiaron y se volvieron divertidos y acechadores.

-¡Tendrás que atraparme primero!- canturreé.

Y eché a correr.

Y aquí estoy, escondiéndome de él. Ya me ha atrapado un par de veces pero sigo huyendo ¡No puedo creer que estemos haciendo esto! Edward y yo ya éramos lo bastante mayores para estar realizando estos juegos tan infantiles, sobre todo él (no se su edad pero de seguro debe tener regular de años) pero a pesar de eso aquí estábamos, jugando como dos niños.

Y aun así, no recuerdo la ultima vez que me sentí tan contenta y llena de vida.

Con una sonrisa, salto del árbol donde me había subido, cayendo con las piernas ligeramente flexionadas. Vuelvo a mirar a los lados. Aun no hay señales de…

Me tiro al suelo y esquivo a Edward antes de que me atrape.

Él logra coger mi tobillo, pero yo me zafo de su agarre y me levanto rápidamente. Una risita se me escapa mientras corro en dirección contraria.

¿Ahora entienden lo que digo?¡Esto es tan ridículamente infantil!

Pero a pesar de eso, yo quiero seguir.

Corro, sabiendo que él también debe estar corriendo atrás de mi. En momentos como estos, agradezco que Edward no pueda rastrearme por el olor, ya que me he dado cuenta que tiene que estar lo suficientemente cerca para hacerlo.

Tengo que admitirlo, era rápido, pero no más que yo, ¡nunca iba a atraparme!

Me trepo a un árbol con mucha facilidad, subiendo hasta la rama mas alta. Aguardo.

Solo alcancé a ver un borrón blanco pasar.

Sonreí. No se había percatado de que yo estaba arriba.

Estoy a punto de bajar del árbol cuando el aparece de nuevo, esta vez deteniéndose al lado del árbol donde estoy. Me tenso, pensando que me ha visto, pero cuando empieza a mirar a los lados, me doy cuenta de que no.

-¿Bella?¿Donde estas? Puedo sentirte cerca, en algún lugar, pero no logro localizarte por completo. Vamos, sal, solo quiero llevarte a casa- dice con voz inocente. Le hubiera creído si no fuera porque le estoy viendo sonreír ferozmente.

Silenciosamente, salto de la rama hacia la mas baja.

-Hola, Edward- dije con voz cantarina, en el mismo instante en que las puntas de mis pies y mis manos tocaban la rama, haciendo que esta se balancee un poco, pero sin romperse.

Él se gira hacia mi, un poco sobresaltado, para luego sonreír.

-Así que estabas allí, ¿vas a bajar y reunirte conmigo de una vez?- me pregunta, acercándose más a al árbol.

-Mmmm… a mi me parece que no- dije

-Entonces tendré que obligarte a bajar-

-¿Y como piensas hacerlo?- le pregunté desafiante, inclinándome hacia él.

-Humm…- meditó- Tal vez esto funcione- dijo mientras se acercaba más a mi.

Sabía lo que iba a hacer, así que le seguí el juego, inclinándome más hacia él, sosteniendo fuertemente en la rama para no perder el equilibrio y caer. Eso estropearía mis planes. Entonces, cuando sus labios estaban muy cerca a los míos, le empujé y calló al suelo. Inmediatamente salte del árbol y corrí.

-¡Eso ha sido tan tramposo, Bella!- le oí gritar a mis espaldas.

Solo pude reír, ¡Había caído en su propio juego!

- ¡No te escaparás por más que corras! - me amenazaba mientras comenzaba a correr tras de mí.-

-¡Nunca lograras alcanzarme!- le grite, mirando por encima de mi hombro-

Pero me equivoqué.

Ya había dicho con anterioridad que era realmente rápido, y lo era. Estaba a punto de alcanzarme, a unos poco metros de mi.

-¡Já! Ya eres mía- dijo al otro lado de dos arboles que estaban medio enredados y juntos, mirándome divertido.

Yo no podía dejar de reír, esto era tan surrealista. ¡Por Dios! éramos dos adultos... ¡jugando como niños! Bueno, yo aun era joven pero... ¡Nunca me había comportado así, ni siquiera cuando era chica!

- ¿Qué, me tienes miedo? - me provocaba mientras hacía el ademan de ir hacia un lado lo que me hizo gritar y correr hacia el otro.

- No dejaré que me atrapes- le contesté divertida tratando de tener siempre los arboles entre los dos.

-Te dije que me las pagarías, Bella. No debiste haber hecho trampa.- me amenazó y de un salto llegó casi a mi lado. Yo grité entre risas y salí corriendo en dirección contraria. Estaba casi segura que había escapado cuando sentí su cuerpo caer sobre mí, aunque afortunadamente se giró de manera que el golpe se lo llevó él.

- ¡Ah, Edward, eres un bruto!- le grité mientras él nos volvía a girar quedando yo tirada bocarriba y él sobre mí.

- Te dije que me las pagarías - y comenzó hacerme cosquillas.

-¡No, no… no…!- le gritaba pero se había puesto a horcajadas sobre mí inmovilizándome por completo, sólo podía patear desesperada intentando desestabilizarle.

-Admite que has hecho trampa y que yo he ganado- me obligó a decir.

- Te estas comportando como un niño pequeño, Edward- le regañaba entre risas, incapaz de contenerlas.

- Sólo dilo, Bella. Di que he ganado.-

- ¡Esta bien, esta bien. Tu has ganado y yo hice trampa. Si quieres podemos competir otra vez!- le contesté al borde de las lágrimas, de risa, claro.

Él dejó de hacerme cosquillas y apresó mis muñecas llevándolas a cada lado de mi cabeza. Yo me quedé mirándole mientras sentía que mi pecho se agitaba aceleradamente, mi respiración era jadeante y seguían brotando risas de mis labios.

- Eres preciosa- sus ojos se clavaron en mí con tal intensidad que me hizo sonrojar -. Tienes la sonrisa más hermosa que he visto- musitó provocando que miles de mariposas revolotearan en mi estómago -. Acepto tu invitación para volver a competir, pero no vuelvas a hacer trampa- me susurro mirándome más divertido, antes de besarme.

Y de nuevo me derretí ante sus labios. No pude más que dejarme llevar y encantada le di acceso a mi boca. Él soltó mis muñecas y nos giró de manera que yo quede sobre él.

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Apoyo la cabeza en el respaldo del asiento y me giro para mirar por la ventanilla. No puedo creer lo rápido que está atardeciendo, aun no es muy tarde pero el sol ya ha desaparecido y no está tan claro.

Como tantas otras cosas, la conducción no parecía requerirle ningún esfuerzo. Aunque apenas miraba a la carretera, los neumáticos nunca se desviaban más de un centímetro del centro de carretera. Conducía con una mano, sosteniendo la mía con la otra. A veces fijaba la vista en el sol poniente, otras en mí, en mi rostro, en mi pelo expuesto al viento que entraba por la ventana abierta, en nuestras manos unidas. Había cambiado el dial de la radio para sintonizar una emisora de viejos éxitos y cantaba una canción que no había oído en mi vida, pero, por mas raro que parezca, me sonaba familiar. Se sabía la letra entera.

-¿Te gusta la música de los cincuenta?- me preguntó. -En los cincuenta, la música era buena, mucho mejor que la de los sesenta, y los setenta... ¡Buaj! - se estremeció- Los ochenta fueron soportables.

-¿Vas a decirme alguna vez cuántos años tienes?- le pregunté, indecisa, no quería dañar su estupendo estado de humor.

-¿Importa mucho?- preguntó, aun sonriendo.

-No, pero tengo curiosidad- respondí.

-Me pregunto si te perturbaría... -comentó para sí.

Fijó la mirada en el sol.

-Créeme, he visto y escuchado muchas cosas en mi vida así que… no lo creo-

Suspiró. Luego me miró a los ojos, olvidándose al parecer, y por completo, del camino durante un buen rato. Fuera lo que fuese lo que viera en ellos, debió de animarle.

-Nací en Chicago en 1901- hizo una pausa y me miró por el rabillo del ojo. Puse

mucho cuidado en que mi rostro no mostrara sorpresa alguna, esperando el resto de la historia con paciencia.

Así que 1901 …. Entonces no es muy viejo… Ok, si era viejo, pero comparándolo con otros no.

¡Y yo que me burlaba de mi mamá por salir con un hombre quince años mayor que ella! ¡Y miren con quien estoy yo!

Esbozó una leve sonrisa y prosiguió:

- Carlisle me encontró en un hospital en el verano de 1918. Tenía diecisiete años y me estaba muriendo de gripe española.-

Se me encogió el corazón. Me oyó inhalar bruscamente, aunque apenas era audible para mí misma. Volvió a mirar mis ojos.

-No me acuerdo muy bien. Sucedió hace mucho tiempo y los recuerdos humanos se desvanecen - se sumió en sus propios pensamientos durante un breve lapso de tiempo antes de continuar- Pero recuerdo cómo me sentía cuando Carlisle me salvó. No es nada fácil ni algo que se pueda olvidar.-

-¿Y tus padres?-

-Ya habían muerto a causa de la gripe. Estaba solo. Me eligió por ese motivo. Con

todo el caos de la epidemia, nadie iba a darse cuenta de que yo había desaparecido.-

-¿Cómo...? ¿Cómo te salvó?-

Yo ya sabía como le había salvado. Convirtiéndolo. Todo cazavampiro sabe eso. Pero no todos los vampiros tienen la suficiente voluntad para detenerse en el momento preciso.

Transcurrieron varios segundos antes de que respondiera. Parecía estar eligiendo las palabras con mucho cuidado.

-Fue difícil. No muchos de nosotros tenemos el necesario autocontrol para

conseguirlo, pero Carlisle siempre ha sido el más humano y compasivo de todos. Dudo que se pueda hallar uno igual a él en toda la historia - hizo una pausa- Para mí, sólo fue muy, muy doloroso.-

Supe que no iba a revelar más de ese tema por la forma en que fruncía los labios. Y yo tampoco iba a preguntarle, no quería hacerle sentir mal y traerle malos recuerdos, no en un día tan perfecto como este.

-Actuó desde la soledad. Ésa es, por lo general, la razón que hay detrás de cada

elección. Fui el primer miembro de la familia de Carlisle, aunque poco después encontró a Esme. Se cayó de un risco. La llevaron directamente a la morgue del hospital, aunque, nadie sabe cómo, su corazón seguía latiendo. El jamás hubiera convertido a alguien que hubiera tenido otra alternativa - siempre que hablaba de su padre lo hacía con un profundo respeto-Aunque, según él -continuó- es más fácil si la sangre es débil.

Bien, ya estuvo que si algún día yo deseara convertirme en vampiro, no iba a ser fácil.

-¿Y Tanya?- le pregunté-

-Bueno… ella no fue convertida por Carlisle- dijo simplemente.- En realidad, hace poco que decidió mudarse con nosotros. Ella pertenece a otra familia, en Denali .-

No dijo como o quien la convirtió, ni tampoco su edad. Pero intuí que era bastante vieja. Si, seguro era una de esas vampiras ancianas de mil años.

Una gran carcajada interrumpió mis pensamientos.

-¿Has escuchado, A? ¡Les está llamando viejos a todos!¡Si Bella es mucho mas vieja que todos ellos! - y volvió a reírse-

-¡Cállate que te esta escuchando!- Gritó otra voz.

La risa paró en el acto.

-¿Be-ella?- me llamó, con voz temblorosa- ¿Me… me has escuchado?-

No respondo, aun estoy paralizada por lo que ha dicho. ¿Qué quiere decir con que tengo mas años que ellos?

-¡Oh mier…!Bien, calma, calma- se tranquilizó a si misma.- No prestes atención a eso ¿ok? No pienses en eso, no me hagas caso. Bella ¿Me oyes? A veces digo tonterías… es decir ¿Cómo vas a ser mas vieja que ellos?¡claro que no!- se ríe de una manera nerviosa e histérica.- Así que no me hagas caso… ehh… ¡sigue con tu cita! -

Y se va.

¿Qué… diablos fue eso?

Nada importante, me dije a mi misma. Es una de las locuras de D.

No pude ni engañarme a mi misma, pero lo dejé pasar.

-¿Y teniendo esa edad, actuaste de manera tan infantil hace un rato?-

Se rió.

-Si, supongo que ya estoy un poco viejo para eso, ¿no?-

-Pero fue divertido-

-Si, lo fue. No recuerdo la ultima vez que me divertí tanto, quizás nunca- su sonrisa se hiso mas amplia- ¿Qué diría mi familia si nos hubieran visto?-

-Uhh…¿Qué te volviste loco?- bromee-

-Si, muy posiblemente- se rió.- Carlisle tenía razón, eres divertida-

Me congele.

-¿Eso te dijo?- le pregunté.

-Si- asintió-

¿Carlisle pensaba que era divertida? ¿Le había hablado a Edward de mi?

-Me habló mucho de ti- dijo, como leyéndome el pensamiento- Todos esos días que estuviste en el hospital, regresaba a casa con un excelente humor-

Sonreí un poco.

Bueno, debo admitir que si le hacía reír. ¡Pero no apropósito! Simplemente, hacia algunos comentarios o bromas a las enfermeras y él, a veces de la nada, se empezaba a reír.

-Y bueno, ya que estamos hablando de mi familia…¿Te parecería bien ir a conocerla?- me preguntó.

-Pero ya … espera, aun no conozco a tu madre- medité.

-Pues por eso. Además, no te conocen formalmente como mi novia- sonrió.

-¿Soy tu novia?- le pregunté-

Él puso los ojos en blanco.

-Es que hasta ahora no me has pedido que lo sea- dije.

Estaba bromeando, pero parece que él se lo tomó en serio.

-Tienes razón. Bella…-

-No, no es necesario, solo estaba jugando.- le detuve .

-Bueno, entonces te llevaré a tu casa-

-¿No dijiste que íbamos a ver a tu familia?- le pregunté, frunciendo un poco el ceño por la confusión.

-Por supuesto-

-¿Entonces porque me llevaras a mi casa?-

-Bella, ¿te has fijado últimamente en como lucimos?- me preguntó.

Nos miré.

-Oh- dije, sonrojándome.

Estábamos despeinados, cubiertos de tierra y hojas.

-Exacto. Y a menos de que quieras ir así, seguro querrás tomar un baño y cambiarte, ¿cierto?-

-Si- asentí.

-Eso pensé-

Apretó mi mano y me dedicó una sonrisa antes de girarse y mirar al frente. Yo miré nuestras manos unidas por ultima vez antes de girarme y mirara al frente igual que él, aun sonriendo.

¿Quién iba a decir que esto pasaría?¿Quien iba a decir que finalmente terminaría enamorándome de alguien, de un vampiro?¿Que iba a sentir amor, un amor diferente al que he sentido por mi familia o amigos?

Amor.

El amor no tiene lógica. El amor llega, te golpea y hace contigo lo que quiere, tú solo puedes observar deseando que actúe como deseas. Humanos o vampiros su poder es el mismo, nada puedes hacer cuando llama a tu puerta y te arrastra.

Amor, ¿quién diría que es tan poderoso?