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Promesas

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Era tarde, demasiado tarde para que Hermione estuviera despierta. Fleur le había dicho varias veces que necesitaba descansar si quería que su recuperación fuera más rápida, pero Hermione no podía dormir. Si lo hacía, sabía que soñaría, y también sabía que esos sueños serían pesadillas. Era imposible aguantar los que ella tenía y seguir durmiendo profundamente.

Oyó pasos en el vestíbulo. Su mano instintivamente saltó hacia su varita. Ella sabía que lo más probable era que la fuente del sonido proveniera de algún otro habitante de la casa, pero sus meses al aire libre le habían dejado un sentido constante de alerta que probablemente sobreviría mucho tiempo después de la guerra. La puerta se abrió. Su mano se aferró fuertemente a su varita, pero se relajó al instante. Era Ron.

Él simplemente se dedicó a mirarla por unos momentos, sonriendo al entrar. Ella nunca lo sabría, pero su mente se llenó completamente de pensamientos referentes a su belleza.

—Hola —ella dijo después de un tiempo, en cuanto el silencio la hizo sentir algo incómoda.

—Hola —respondió él, sentándose con cuidado sobre el borde de su cama. Aún no había alejado sus ojos de ella ni una sola vez.

Hermione le dio un momento para explicarse. Cómo no lo hizo, decidió tomar la iniciativa.

—¿Estás aquí por alguna razón en particular? No me importa si no es así, pero es sólo que…, eh, me gustaría saber si necesitas algo, o no sé —terminó ella sin mucha convicción, y sus mejillas se enrojecieron por la vergüenza de su propia estupidez.

—Ah, no, no necesito nada. ¿Tú sí?, porque iré a traert...

—No, no, yo tampoco. Sólo quería saber si tú sí.

—Bueno, no, así que… eh, sólo quise entrar para asegurarme que estés bien.

—Lo estoy. Entonces...

—Tal vez deba irme, ¿no?

—No, no te vayas. Es decir, no tienes que hacerlo...

—No me quiero ir, si no tienes ningún problem...

—Sí, quédate. Quiero que te quedes, si así lo quieres tú.

Volvieron a quedarse en silencio. Luego, él preguntó lo mismo que ella se había estado preguntando.

—Hermione, ¿por qué esto es tan condenadamente incómodo? ¡Eres mi mejor amiga, por amor a Merlín!

—No lo sé. La verdad es que estaba a punto de preguntarte lo mismo.

Ella estudió su rostro. Ron aún no había alejado los ojos de ella ni por un segundo. Esos ojos…eran del mismo azul que siempre, pero había algo diferente en ellos. Algo en su expresión, quizá.; algo en la forma en que la estaba mirando. Había algo más en ellos además de la calidez amistosa con el que solían mirarla durante esos pasados siete años. Era algo más profundo…, hasta incluso parecía colarse en su mirada un destello de temor. Temor por ella. Era como si temiera que ella fuera a romperse hasta el punto de nunca más poder volver a repararse.

—Algo ha cambiado —dijo ella sin rodeos, fijando sus propios ojos en los de él.

—Tienes razón —respondió Ron con una voz cercana a un susurro.

Hermione esperó una vez más por una explicación, pero esta no llegó inmediatamente. Sus ojos perforaron los de ella con gran intensidad por un largo instante antes de que él finalmente apartara la mirada, y contestara suavemente.

—Ya sabes que siempre me han asustado los cambios. Pero ahora soy yo el que lo causa. ¿No te encanta la ironía?

Ella se quedó en silencio por un instante antes de responder.

—¿Cómo sabes que eres sólo tú el que lo ha causado?

Los ojos de Ron se entornaron y volvieron a posarse en ella. De repente, cada uno entendió lo que el otro estaba tratando de decir. En un instante, los siete años inundados de sentimientos ocultos, celosía, juegos mentales, argumentos insustanciales, y un gran descolorido de fondo, dejaron de importar. En un instante, sintieron estar teniendo todas las conversaciones que habían evitado para ahorrarse incomodidad y vergüenza. Sólo llegaron a entenderlo todo en ese preciso momento. Era asombrosa la diferencia que un simple minuto podía hacer. Era increíble como tantas cosas que necesitaban ser explicadas podían ser entendidas con un simple contacto visual.

—Tú sabes que no podemos —susurró ella—. No ahora, no aquí. No está bien, y lo sabes.

—No quiero perderte.

—No lo harás

—Casi lo hice —Ella descubrió que los ojos de Ron estaban demasiado aguados, conteniendo sus propias lágrimas, y eso la asustó. Él nunca lloraba. Hermione nunca lo había visto llorar. Él siempre había sido el fuerte, y ahora estaba llorando por ella… porque también sentía miedo. Miedo de perderla. Y, sin darse cuenta, ella comenzó a derramar lágrimas por su cuenta—. Lo siento —dijo él—. No llores. No puedo soportar verte llor…

Ella se enderezó y acomodó a un lado de él, para así poder recostar su cabeza sobre aquel hombro. Poco después, pudo sentir algo apretando contra su cabello ondulado. Él besó su frente suavemente, y luego giró su mejilla para poder descansarla sobre su cabello. Se mantuvieron en esa pocisión por unos minutos, teniendo un extraño sentimiento de entendimiento mutuo. Por primera vez, ambías sabían exactamente donde estaban parados. Pero dejar esa seguridad no iba a serles fácil.

Despacio, él movió una de sus manos para cubir las de ellas. Hermione la oprimió con cariño.

—Quiero esto..., te quiero a ti —susurró Ron—. Quiero que podamos estar de esta forma por siempre.

—Yo también —susurró ella en respuesta.

—Sé que he sido estúpido... —comenzó él, pero Hermione lo interrumpió.

—Eso no importa ahora. Todo lo que sé, Ron, es que estoy aquí; tú estás aquí; y se siente muy bien.

—Es la primera vez que sé lo mismo que tú.

Ella levantó su cabeza con cuidado para descansar su barbilla sobre su hombro, pero no apartó la mano de la suya.

—Esto pasará, tarde o temprano. Tiene que pasar, ¿cierto?

—Será mejor que así sea. Para serte honesto, Hermione, eso es todo lo que he querido durante los últimos tres años. Soy tan idiota que tuve que estar al borde de la muerte para finalmente darme cuenta. Pero ese es el punto, ¿no? Quiero decir, uno nunca sabe, ¿o sí? Cuando todo esto haya termiando… esto finalmente podrá pasar.

Ella oprimió su mano otra vez y rió débilmente, fijando sus ojos en los azules de Ron.

—Te prometo —le dijo Hermione suavemente, escogiendo cada palabra con cuidado—, que cuando todo esto haya terminado, pasará. Si así lo quieres, claro está.

Él sonrió ante aquellas palabras, pero no se atrevió a decir nada. En cambio, se inclinó hacia abajo muy lentamente para besarla suavemente, sobre los labios. Fue su primer beso, y fue, para ambos, simplemente increíble. Ninguno de ellos hubiera sabido antes de ese beso que era posible sentir tanto en un simple instante. Pero ambos sabían que así debía ser. Ahora no era el momento adecuado; era hora de enfocarse en la guerra, ayudando a Harry y salvando al mundo mágico. Su beso ni siquiera llegaba a ser un principio, no aún. Era la promesa de lo que habría de venir.