35. Déjate llevar

Pudo sentirlo.

El bulto en el mismo lugar que él lo tenía.

Wyvern inspiró al sentir el roce.

Ahora la Arpía descendía con su lengua entre los pectorales…hasta los abdominales…más allá del ombligo…hasta el borde de los vaqueros.

Su risa traviesa despertó los sentidos.

Las delicadas manos de Valentine desabrocharon la hebilla del cinturón y el botón del vaquero.

Y la cremallera.

Pero esta vez, no iba a tener tantas contemplaciones.

Deslizó el vaquero hasta las rodillas de Radamanthys junto al bóxer, arrastrando ambas prendas, retirándolas del cuerpo completamente, desnudando de una sola vez al juez.

A su juez.