"― ¡Silencio!
El hombre bramó esa palabra con fuerza, dejando a todos los demás en silencio. Su mirada se entornó a su alrededor. El decorado era de una vieja casa, con paredes blanquecinas, propias de aquella época donde las representaciones tenían valores simbólicos. El suelo, sin embargo, estaba conformado con baldosas de tonalidad negra, dando así un toque lúgubre y distinto a todo el lugar."
Quinn se acomodó mejor en la butaca, sintiendo como su hermana se entretenía con el móvil. Más bien, con un juego del móvil. ¿O sería esa aplicación para chatear con la gente de manera gratuita? No estaba segura, aunque le pegó un codazo para que la chica dejase lo que estuviese haciendo y prestase atención a la obra de teatro.
Para su sorpresa, participaban muchas personas del Glee club. Por lo que le había explicado Artie, intentó comunicarse con ella y con Rachel, pero no había supuesto que ambas muchachas tuviesen una vida tan ajetreada. Lo que más le gustaba a la rubia era que, sobre todo, ambas estaban disfrutando de la obra, junto con la idiota de su hermana, y sin la compañía de nadie más. Bueno, o al menos, eso pensaba ella.
La puerta del fondo se abrió, dejando paso a un Finn Hudson que llegaba con un comando negro en su mano. Como siempre, el moreno parecía un poco despistado, aunque enseguida localizó a las chicas y se acercó, sentándose al lado de la hermana de Quinn.
―Hola, chicas―saludó en un susurro, inclinándose a la par que Fabray para poder hablar un momento con ella―. He tardado porque he perdido el autobús… ¿Me he perdido algo?
―No mucho. Han matado a una de las protagonistas y se tiene que descubrir quién es el asesino.
―Oh… ¿Sabes quién es?
―Para desgracia, sí. La obra es muy interesante, desde luego; además de misteriosa, claro, pero…
―No es muy inteligente―añadió el chico, leyendo el pensamiento de su compañera.
―Exacto―rio, sintiendo como Rachel la llamaba con su mano.
―Es de mala educación hablar mientras se interpreta una obra de teatro.
―Y más si os han invitado a un entrenamiento antes de estrenar la obra―aseguró Frannie, hablando por fin sin apartar la vista de la pantalla de aquel artefacto―, así que callaros, por favor.
La mayor de las hermanas frunció el ceño, arrebatándole a la menor el móvil. Esta, pese a que pretendía montar un escándalo ante la acción de Quinn, decidió callar para no interrumpir a los actores, que parecían concentrados por completo en hacer su papel.
La trama consistía en un grupo de personas que habían viajado, años antes, a una casa que pertenecía a uno de ellos. Y allí, sucedió un asesinato. Años después, esas personas vuelven a viajar al mismo lugar de aquel entonces, intentando descubrir al asesino y solucionar aquel trágico asesinato que minó la confianza de los unos con los otros. Y el temor más grande era… ¿Qué quién era el asesino de esa casa?
― ¿Se puede saber quién es el asesino?
Quinn suspiró, pidiéndole a su hermana que se cambiase de asiento para situarse al lado de Finn y explicarle un poco quienes eran los personajes.
Mike interpretaba al pintor, un hombre estrafalario y de carácter severo que había permanecido años a la sombra del que fue asesinado. Siempre había sido la persona marginada del grupo.
Joe, en cambio, interpretaba al mejor amigo del dueño de la casa, que era el pintor. Su esposa lo abandonó por la víctima de la manera más cruel que cualquiera pudiera imaginarse, y la amistad se resintió hasta tal grado que todas las sospechas recaían en él.
Santana interpretaba a la vieja amante, la que había sido abandonada por la esposa del personaje del moreno. Su nombre, que era Bianca, era la que no tenía coartada para ese día, pero no había pruebas para relacionarla con el crimen en escena.
El otro era Blaine, un primo de la familia. El joven había contraído una enfermedad terminal que le estaba matando poco a poco. Su primo no quiso pagarle la operación, por lo que el sentimiento entre ellos se había resentido por completo.
Y finalmente, y para sorpresa de Quinn, Kitty. La rubia había aparecido esos días para llevar la obra al teatro. La chica sustituía el papel que tenía que haber sido interpretado por Tina. La joven a la que interpretaba era una joven ciega que era amiga de Santana, y que estuvo completamente enamorada de ella. Y odiaba a su compañero por acostarse con ella, utilizándola, a sabiendas que ella suspiraba por los huesos de la latina.
Todos tenían un móvil, explicaba Quinn, y sin embargo, el misterio era el quién, el cómo, y el por qué. Porque nadie en ese lugar sabía quién había sido el asesino. Se suponía que alguien con sangre fría, y aunque aparentaba que la muerte había sido por un disparo en la cabeza, también, por el guion, se había encontrado marcas alrededor del cuello.
― ¿Y ya sabes quién es el asesino? ―Una sonrisa se amoldó en el rostro de la aludida, mirando con complicidad a su ex novio.
―Fue el pintor…Estoy segura. Detalles que tiene una por ser inspectora.
El moreno esbozó una sonrisa extensa, llamando la atención de la morena. Una corriente se apoderó de su cuerpo, frunciendo el ceño y apretando los puños. Sabía que Quinn estaba encantada con ella, pero las dudas del por qué la chica no le había comentado nada de lo de su hermana, y el hecho de que la ignorase y estuviese hablando con el muchacho no le terminaba de agradar. Aún recordaba cómo fue el hecho de que Finn la dejase por la rubia, y tenía que admitir que no le terminó de agradar.
No le gustaba ni siquiera como la estaba mirando en aquel momento, aunque la verdad fuese que el pobre chico solo observaba a su compañera como a una buena amiga a la que tuvo mucho cariño por aquel entonces. Una sonrisa se apoderó de él cuando rememoró todos aquellos momentos que vivió con la rubia. Y pensar que había estado enamorado de ella… A veces se preguntaba qué es lo que hubiese sucedido si ambos se hubiesen tomado su relación seriamente, o si ella no le hubiese engañado con su mejor amigo, quedándose embarazada.
―Siempre has sido más avispada para percatarte de esas cosas, Quinn. Yo, ni siendo policía, lo hubiese adivinado con tanta facilidad.
― ¿Por qué no?
El chico sonrió, aparentando calma; sin embargo, él era consciente de que no era el hombre más inteligente del universo. Estaba cansado que todos los demás le tomasen el pelo, que pensase que no era una persona que había evolucionado. El verdadero reto, pese a todo, fue descubrir que con ellos como amigos, no conseguía avanzar. Necesitó conocer nueva, vivir experiencias, saborear la dulzura para poder madurar como persona en todos los sentidos. Y gracias a eso, estaba allí sentado, entablando una amistosa conversación con una de sus ex novias, y procurando no fijar su mirada en el rostro de Rachel.
Seguía enamorado de ella. ¿Cómo olvidar al que era el amor de su vida? Pero el muchacho sabía lo que existía, y pese a que la quería con todas sus fuerzas, sabía cuándo tenía que apartarse. No se consideraba una mala persona, y si hubiese reconocido un atisbo de sentimiento recíproco por la morena, lucharía por ella; pero no era así, y solo le quedaba ser un buen amigo, apoyarla en todo.
Había escuchado también los comentarios sobre que Quinn estuviese saliendo con una mujer; y aunque es cierto que al principio le chocó, después se alegró por la chica. Sabía lo que debió de ser para Fabray aceptar sus sentimientos, sus gustos, y confesárselos a su familia. Y justamente por eso, la admiraba. Hasta tal punto que se preguntaba si él, en esas circunstancias, hubiese sido tan valiente como ella.
― ¿Estás bien, Finn? ―Quiso saber la otra, sacándole de su ensoñación.
―Perdona…Es que estaba pensando.
"―Siento…Siento una presencia extraña en esta casa.
Mike apartó la vista, encaminándose al otro lado de la escena, colocándose en el decorado que simulaba una ventana. Se podía notar el truco que se utilizaba para que cayese la nieve, pero si se tuviesen que fijar en algo, sería en la interesante mirada que había realizado el oriental.
―Creo que deberíamos irnos―afirmó Santana con un gesto severo y asustadizo―, más que nada porque no me apetece morir.
―Nadie va a morir aquí―replicó Mike, seguro―, pero estoy de acuerdo; deberíamos irnos de aquí. No me gusta el aspecto de este lugar.
―Pues yo creo que no deberíamos irnos―intercedió Kitty con su voz perfilada, dedicando un suave apretón de manos a su amiga, la que esbozó una sonrisa intranquila―. Tenemos que descubrir quién es el asesino.
Todos se quedaron en silencio, observándose mutuamente, analizándose. Joe dejó escapar un suspiro, acercándose a la mesita que estaba en centro de las tablas de madera y tomó del cenicero un cigarrillo, dándolo una calada y dejando escapar el aire con suma fragilidad. Hizo una pose pensativa, girándose de nuevo para poder observar atentamente a sus compañeros. Todos parecían inocentes, pero los secretos les podían, y en el fondo, todos sabían el secreto de cada uno. Y también que todos se alegraban en parte por la muerte de aquel hombre que provocó un completo cambio en sus vidas.
― ¿Por qué? ―Inquirió con tono fuerte, manteniendo una postura que era impropia del moreno, pero que tenía que ser interpretada de manera magistral. Y sin duda algunas, Joe parecía un buen actor. Se detuvo, haciendo girar su anillo dorado. Se parecía al de Artie.
―Eso. No se merece que estemos preocupados por su muerte―aseguró Blaine, hablando por primera vez―. ¿Sabéis? En el fondo, todos estáis pensando lo mismo que yo. Ese hijo de puta se merecía morir.
―Yo creo que no―replicó Santana con aspereza―. Podía ser un capullo, pero era nuestro amigo. Y quien lo matase, pese a que tuviese motivos, no hizo lo correcto.
― ¿Y qué es lo correcto? ―Quiso saber Artie, dedicándole una sonrisa a su compañera―. Lo correcto es aquello que nos manda la mente, y no lo que nos imponga la sociedad, querida Bianca.
Todas las personas de aquella habitación se quedaron en silencio, respirando lentamente. Joe asintió, caminando con la muleta sirviéndole de apoyo. Todos prefirieron pensar un poco antes de actuar. Tenían que dejar claro quién era el asesino, y luego, si eso, entregarlo a la policía. Lo más importante era asegurarse que nadie iba a morir.
―Me voy a colocar aquí―avisó Artie, girando las ruedas de su silla y mirando hacia la ventana, donde el reflejo se podía observar. Una sonrisa amaneció en el rostro del muchacho―. Voy a estar aquí esperando hasta que dé la hora―señaló al reloj―, en la que el asesino mató a nuestro amigo. Cuando eso suceda, todos nos reuniremos en este lugar. Ahora, id. Necesito pensar con tranquilidad.
Los demás asintieron, dirigiéndose cada uno fuera de la escena."
― ¿A dónde van? ―Quiso saber Finn, completamente perdido.
―Ahora tendremos que escuchar las cavilaciones del personaje de Artie.
―Pues qué rollo, ¿no? ―Intercedió Frannie con curiosidad, dedicándole una mirada divertida a Rachel, la que permanecía seria en su lugar―. ¿Estás bien? ―Susurró ella, curiosa― Pareces…
―Estoy bien, Frannie―bufó, clavando sin poder evitarlo su mirada en el rostro de Fabray, viendo cómo parecía reírse con Finn―. Estoy bien―volvió a afirmar.
―Oh Dios mío… ¿Estás celosa? ―Lo comentó en tono bajo, procurando que su hermana no pudiese escucharla―. Lo que digo yo…Una morena tonta.
―No me hace gracia, Frannie.
―Qué poco conoces a mi hermana, Rachel―aseguró la rubia menor de las Fabray, sonriendo a la que sería su cuñada. Estaba segura de ello.
―No es que no la conozca. Es que…No puedo evitarlo―confesó sonrojada, llamando la atención de su amiga.
―Pues no deberías tomártelo así…Quinn te quiere mucho, Rachel. Solo necesita que le pidas salir para que todo se cumpla. Yo creo que debería ser ella la que lo hiciese, pero…No pasa nada.
Una sonrisa se amoldó en el rostro de la morena, acomodándose en el asiento, encontrándose con los ojos verdes de Quinn. Se quedaron así, encontrándose sus miradas en un ardiente contacto que dejaba a la morena sin respiración. Echaba de menos poder sentir la piel de la rubia bajo la suya, y sus labios sobre los suyos. Echaba de menos todo lo que tuviese que ver con ella; y como si Quinn hubiese leído sus pensamientos, sonrió, dejando de escuchar en un momento a Finn para poder fijarse en el rostro de la chica.
Ambas se levantaron, excusándose para poder ir al baño. Los otros dos se encogieron de hombros, disfrutando de la obra. Se perdieron a lo largo del pasillo, abriendo la puerta para, al cerrarla, unirse en apasionado beso que las dejó sin respiración.
Quinn rodeó el cuerpo de la morena con sus brazos, atrayéndola más para evitar así que el contacto de sus respectivos labios se rompiese por cualquier tontería. Había extrañado la calidez de la morena. El cómo era que los dedos de la diva se entremezclasen con su cabello. Y esa acción no tardó en ocurrir. Ansiaba cada momento con su querida cantante, dejando claro que estaba perdidamente enamorada en la estúpida y celosa de Rachel Berry.
―Creía que no me ibas a besar ya―musitó Rachel con una sonrisa, tirando del cuello de la camisa de la inspectora para atrapar su boca en un nuevo y ardiente beso―. Me encantas―susurró a escasos centímetros, aspirando la respiración agitada de la otra.
―Aún estoy esperando a que confirmes que somos novias, Berry―exigió la rubia, volviendo a unir su boca con la de su acompañante, chocando sus narices en ese encuentro tan deseado por ambas―. No me parece justo que me esté coqueteando Finn y tú no puedas defender mi honor como buena novia.
― ¿Cómo que te estaba coqueteando Finn? ―Inquirió Rachel, separándose algo molesta, aunque no pudo escabullirse del abrazo de Fabray.
―No te preocupes…A mí solo me van las morenas dramáticas―bromeó, riendo entre dientes. La aludida bufó, sintiendo un suave beso, lo que logró que se calmase―. Era broma, pero estás muy guapa celosa… ¿Lo sabías?
―Algo había oído―respondió, algo más relajada. No pudo evitar deslizar sus brazos por el cuello de la antigua animadora, dirigiéndola una sonrisa coqueta―. ¿Sabes que eres encantadora?
―Yo también había oído algo…Me lo dice cada amante a la que llevo a la cama―y soltó una carcajada, corroborando el hecho de que Rachel estaba preciosa si se enfadaba―. Qué mona eres, Berry.
"La hora pasaba, aparentemente, y Artie permanecía en el sitio con gesto impasible. La escena se volvía cada vez más fría, sonsacando una sonrisa por parte del castaño. Todo parecía estar sumergiéndose en la penumbra. Levantó la vista, clavándola en el cristal de la ventana. De repente, su rostro se modificó, cambiándose a algo de ligero nerviosismo, aunque parecía mantener la calma.
Y de repente, como si de una inspiración divina se tratase, el chico lanzó algo al suelo, tragando saliva y manteniendo la compostura.
―Picasso―bramó.
Y tras esta breve palabra, se pudo contemplar cómo una mano se asomaba de detrás de uno de los telones, apretando el gatillo de un revólver con una pistola. Pareció todo tan real que cualquiera se hubiese asustado con suma facilidad. Artie dejó caer su cuello, dejando ladeada la cabeza y cerrando los ojos al instante.
Todo permanecía en calma, hasta que Joe entró en la escena con la muleta. Se movió con movimiento, quedando al lado de su compañero. Parecía que la escena se seguía interpretando, pero algo raro estaba sucediendo."
― ¿Artie? ―Inquirió el moreno al lado de su compañero, levantándose con las manos manchadas de sangre.
Frannie se quedó desconcertada, desmayándose al percatarse de todo ese hecho. Todos los demás compañeros salieron en lo que ya creían que era su momento, para descubrir así como Joe tomaba el rostro de su amigo, intentando despertarle sin éxito alguno.
La voz de Kitty resonó en toda la habitación.
Rachel seguía sintiendo como Quinn la besaba calmadamente los labios, dejando escapar un suave suspiro. Amaba estar en esa situación con su antigua enemiga, y en verdad, se sentía afortunada de poder saborear lo que era besar a la famosa Quinn Fabray. La rubia se inclinó todavía más, depositando suaves besos por la mandíbula de la chica, sintiendo como todo su cuerpo se dejaba arrastrar por esa sensación de calidez y de amor en toda su totalidad.
―Rachel… ¿Cuándo me vas a pedir ser tu novia?
―Cuando llegue el momento adecuado―indicó ella, tomando las mejillas de la chica para poder besarla sin que esta la interrumpiese.
―Ya, pero a este paso, antes te pediré yo que te cases conmigo―afirmó la rubia, sintiendo como la otra la miraba con cierta incredulidad.
―A ver si te voy a pedir yo que te cases conmigo en el momento que menos te lo esperes.
Ambas se rieron, abrazándose un poco más, sintiendo ambas el aroma de la otra rodearles todo el cuerpo. Cuando Quinn quiso darse cuenta, ya estaba besando la frente de la otra con suma delicadeza, sonsacando una sonrisa en Rachel, que no pudo evitar volver a besar suavemente sus labios con cuidado.
―Te quiero, Quinn.
―Y yo a ti, Rachel―logró responder, sintiendo como la felicidad se apoderaba de ella.
Y antes de seguir con su sesión de besos, la escena fue interrumpida por el gran grito de Kitty, que llamó la atención de ambas muchachas. Ambas se apresuraron, abriendo la puerta del saló de teatro,, encontrándose con que todos se encontraban alejados del centro de la escena. Y cuando Fabray quiso darse cuenta, se percató de que Joe rodeaba con sus brazos un cuerpo tendido en el suelo.
La sangre se deslizaba lentamente entre los huecos de los trozos de madera, e incluso, manchando la ropa de Joe. Y cuando quisieron darse cuenta todos, la realidad se cernió sobre ellos. Artie acababa de ser asesinado.
Nota de la autora: ¡Wow! ¡Capítulo especial! Creo que es el primero en el que me centro solamente en un momento, no en varios como son Faberry, Anastasia y Marta, etc...No...Centrados en lo mismo xD Nueva experiencia. Nuevas sensaciones. Ummmmm Aseguro ya que...No va a haber ningún asesinato más :p Y...Pues del misterio...Queda fijarse. Mew...Soy de esas que con un puñetero detalle resuelve todo, porque soy rara y subrrealista ^^ En fin...Espero que lo disfruten :3
