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¿Estaba bailando? Maldita sea, estaba bailando.
Desde el sofá, tumbado boca abajo, Houtarou miraba hacia la cocina con un gesto parecido al desconcierto.
No era que la música (puesta de forma cuidadosa a un volumen bajo) le hubiese despertado, simplemente de pronto sus ojos se habían abierto y había rodado en el sofá, buscando a su novio con los ojos. Recordaba vagamente que le había dicho algo acerca de una sorpresa, pero no sabía qué, así que se mantuvo en silencio, mirando lo que hacía.
Satoshi se estaba encargando tranquilamente de la tarea que tenía entre manos, tarareando muy suave al compás de la radio. El tarareo se había convertido en un vaivén lento, mientras removía el contenido de un bol, apoyándolo en su cintura, y poco a poco había ido progresando, convirtiéndose en un pequeño baile.
Ver al castaño en un entorno doméstico, sin asomo alguno de tristeza y sin tener que preocuparse de nada le llenaba el pecho de una feliz satisfacción que le hacía dar gracias al universo por aquello. Las caderas del más bajo se meneaban de un lado a otro, haciéndole tragar con dificultad. Estaba enamorado hasta el tuétano de él, y a veces se preguntaba cómo demonios podía ser tan afortunado de que le correspondiese.
Con todo el sigilo que fue capaz se levantó, yendo con cuidado a la cocina. El otro seguía de espaldas a él, sin darse cuenta de nada, al menos, hasta que el moreno le pasó las manos por las caderas, apoyando la barbilla en su hombro.
- Hola.
- ¡Hola! ¿Has dormido bien?
Houtarou asintió, abrazándole un poco más fuerte, pegándolo más a él, mientras seguía con el vaivén que estaba haciendo el castaño con el cuerpo.
- ¿Qué preparas?
- Un bizcocho. ¿Quieres probarlo?
Satoshi sujetó la cuchara con la que estaba removiendo de forma que el otro pudiera probarlo sin moverse de donde estaba apoyado. El moreno lo probó un poco, asintiendo levemente para dar su aprobación.
- Está bueno.
- Me alegro de que te guste, porque lo hacía para ti.
Una risa cálida resonó en el pecho del más bajo, y Houtarou sintió como el corazón se le hinchaba en el pecho y un rubor comenzaba a cubrir sus mejillas, así que bajó un poco más la cabeza, apoyando los ojos en su hombro.
- Creo que he cambiado uno de mis razonamientos.
- ¿Cuál?
- ... Ya no puedo vivir sin tu amor.
A Satoshi le sorprendió tanto aquello, que aparte de abrir mucho los ojos, el bol se le escurrió de entre las manos, casi cayéndosele al suelo. Logró dejarlo en la encimera sin derramar nada, y se giró hacia su novio. Este parecía seguir sonrojado, pero no soltó el abrazo. El de ojos ámbar levantó una mano, acariciándole una mejilla mientras que dejaba con suavidad la otra en una de sus caderas, sonriendo ampliamente.
- No pasa nada, porque lo vas a tener para siempre.
Incapaz de contenerse más, Houtarou se agachó levemente, besándole. Poco después se separó de él, y cuando Satoshi apoyó la cabeza en su pecho, no le importó gastar un poco más de energía en seguir el vaivén de la música, siempre que sus cuerpos estuviesen pegados. Aunque cambiase la canción, podría aguantar otra más. O todas las que estuviesen por llegar.
No le molestaría llevar una vida así.
De hecho, quería hacerlo.
Por si alguien se lo pregunta, la canción que está sonando en la radio es 505, de los Artic Monkeys.
El fluff es bueno, y ya era hora de que fueran felices por completo por una vez, mis pobres niños.
