GRACIAS POR SEGUIR ESTA LINDA HISTORIA Y QUE LA DISFRUTEN TANTO COMO YO ESCRIBIENDOLA... LAMENTABLEMENTE ESTE ES UNO DE LOS CAPÍTULOS QUE SE ACERCAN AL FINAL DE LA HISTORIA... TRES CAPÍTULOS MÁS Y ESTA HERMOSA HISTORIA LLEGARA A SU FINAL.
NUEVAMENTE GRACIAS POR LEERLA!
Capítulo 37: Una boda y… ¿Una sorpresa?
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Año nuevo llego más rápido de lo que pensaban. Lo celebraron junto a amigos y familiares: Renji y Momo fueron a casa de los Kurosaki, ya que ellos organizaron la fiesta, para recibir el año; Orihime e Ishida asistieron junto a sus respectivas familias; Mizuiro, Keigo y Chad asistieron sin sus familias. Todos disfrutaron de los fuegos artificiales y convivieron casi hasta el amanecer.
Rukia, Orihime y Momo parecían niñas pequeñas al jugar en el jardín con pequeñas luces artificiales, mientras que Renji e Ishida se ponían como locos y gritándoles que tuvieran cuidado de no quemarse:
―No pasara nada, somos cuidadosas, además ¿Por qué Ichigo no le dice algo a Rukia? ―Momo inflaba sus mejillas para enfatizar su enfado.
―Aun que le diga que no lo haga ella no me hará caso. ―estaba parado, observándolas, con las manos en su nuca.
―Eso es cierto, Kuchiki nunca le hace caso a Ichigo. ―Orihime levanto su dedo índice para resaltar la verdad.
―Ya veo, ella puede llegar a imponer si se lo propone. ―Momo veía correr a Rukia con su luz artificial.
―Puede ser, pero cuando algo le afecta la única persona que puede sacarla de la tristeza es Kurosaki, y lo mismo pasa si él se deprime. ―Orihime le sonreía a Momo.
Momo solo podía ver que no solo contaba con otra familia con Renji, sino con sus nuevos amigos.
El año nuevo trascurrió con suma diversión en compañía de seres amados, sumergiendo otro año nuevo bajo los nuevos escritos, los cuales se grababan como una vivencia nostálgica y entrañable en la memoria de todos aquellos que habían atravesado y/o presenciado situaciones agridulces.
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La siguiente semana transcurrió más lento de lo que pensaba, por lo que caminaba por toda la casa como un león enjaulado. Sus nervios aumentaban conforme el día se acercaba:
―Rukia, cálmate, incluso me pones nerviosa y eso que no me casare yo. ―Hisana reía un poco ante la impaciencia de su hija.
―Lo sé, pero ya quiero que pase ese día. ―caminaba alrededor de los sillones.
―Me estas mareando, siéntate conmigo. ―estiro la mano para que se acercara.
―Bien.
― ¿Qué es lo que te preocupa? ―peinaba su negro cabello.
―No lo sé. ―jugaba con sus dedos.
―Cariño, todo estará bien.
―Mamá, ¿Puedo preguntarte algo? ―se ruborizo.
― ¿Huh? ―sonrió al ver la expresión en la cara de su hija. ― ¿Quieres preguntarme algo íntimo, verdad?
― ¿Qué? ―se puso más nerviosa. ―Bueno… es que… ―se había puesto más rígida que hace unos segundos.
―Rukia, mírame. ―cogió el mentón de la ojivioleta y la hizo verla a los ojos. ―Es algo natural, y ya hemos hablado de esas cosas cuando eras una adolescente, incluso antes de que te reencontraras con Ichigo, ¿Qué es lo que te preocupa?
―Bueno, es que… ―se relajó un poco y vio a su mamá a los ojos. ― ¿Estuviste con mi padre antes de casarse? ―sus mejillas quemaban de la timidez.
― ¿Huh? ―se quedó en silencio por unos segundos antes de reír un poco. ―Cariño, no niego que me tomaste por sorpresa con la pregunta, pero si responderé. Tu padre y yo… ―cerro los ojos y sonrió. ―… sí estuvimos juntos antes de nuestra boda.
― ¿Eh? ―a Rukia le sorprendió la respuesta, ya que al saber cómo era su padre no creyó que fuera más el amor por su madre que por las tradiciones ortodoxas que su abuelo mantenía en la familia.
― ¿Te sorprende? ―acariciaba su cabello. ―Solo fue una vez, y no nos arrepentimos.
― ¿Por qué no esperaron a su noche de bodas?
―Si pensábamos hacerlo, pero… ―levanto la cara al recordar. ―… me llevo a una última cita antes de la boda, y la lluvia nos sorprendió a medio camino a mi casa, así que lo deje entrar hasta que pasara la lluvia.
― ¡Oh! ―Rukia cubría la mitad de su cara con uno de los cojines del sillón.
―La lluvia en vez de disminuir aumento tanto que desbordo el río que estaba cerca, por lo que le dije que podía quedarse hasta el siguiente día. ―Hisana dejo que Rukia se acostara en su regazo para proseguir con el relato. ―Él fue a cambiarse al baño y yo le iba a dar una de las pijamas de mi padre. ―su sonrisa denotaba amor y timidez. ―Entre sin tocar y lo vi con una toalla envuelta en su cintura, así que deje caer la ropa y salí corriendo muerta de nervios. ―sus recuerdos aún eran vividos:
"―Hisana, espera, yo… lo siento. ―Byakuya sujetaba la toalla mientras corría tras de mí.
―No, yo… yo lo siento, debí tocar. ―no quería verlo a los ojos por la timidez.
―Amor, lo siento. ―me abrazo por la espalda.
―Sabes, eres muy cálido. ―le correspondí el abrazo.
―Hisana, mi dulce Hisana.―cogió mi mentón para levantar mi cara y darme un beso.
―Bya… Byakuya… ―cerré los ojos y antes de darnos cuenta ambos ya estábamos juntos."
Hisana se quedó callada por unos minutos hasta que Rukia la saco de sus recuerdos:
―Mamá.
― ¿Hum? ¡Oh! Lo siento hija. ―cubría sus mejillas.
―Ya veo. ―por un lado se alivió al saber que había hecho lo correcto al seguir, aquella noche, a su corazón; y por el otro se sumió en la timidez al saber aquella parte tan secreta de su madre.
―Claro que solo te diré eso. ―reía.
― ¡Ah! ¡Mamá! ―se levantó de súbito. ―No te iba a preguntar más sobre eso, eso solo es tuyo y de papá. ―salió corriendo hacia su cuarto.
Hisana se quedó en el sillón, riendo ante la actitud que su hija había adoptado.
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Yuzu se había esforzado en preparar una cena exquisita para consentir a su hermano:
―Ten, lo hice para ti. ―trataba de darle su mejor sonrisa y esconder las ganas de llorar.
―Gracias Yuzu, ¿Hum? ¿Te pasa algo? ―la veía desconcertado.
―Es que… es que… aun no puedo creer que en dos días te vayas a casar. ―no evito abrazarlo.
―Yuzu, tonta, no dejaras de ser mi hermanita. ―le correspondió el abrazo. ―Nunca dejare de cuidarlas, solo que Rukia será mi prioridad. Ustedes aún tienen tiempo y encontraran a alguien que sepa protegerlas.
―Yuzu, no te pongas así que me harás llorar también. ―Karin cerró los ojos para no dejar salir unas lágrimas.
― ¡Ohhh! Masaki, en dos días tendremos otra hija. ―Isshin lloraba dos ríos de forma dramática.
―No empieces viejo. ―Ichigo lo veía con furia.
―Vamos amor, no seas exagerado. ―Masaki reía por el drama que su esposo hacía.
―Hermano, ¿Estas nervioso por la boda? ―Karin lo veía.
―Sí, la verdad es que sí.―Ichigo deshizo el abrazo y acaricio la cabeza de Yuzu.
―Hermanito, espero queseas muy feliz. ―Yuzu le daba un beso en la mejilla.
―Gracias pequeña.
― ¡Ichigo! ¡Más te vale que nos des nietos pronto! ―Isshin trato de darle un puñetazo en la cara, pero Ichigo se hizo a un lado provocando que su padre se golpeara en el piso.
― ¡Cálmate viejo! Aún estamos muy jóvenes para esa responsabilidad.
Ambos comenzaron una cómica discusión acerca de tener bebes, la juventud y responsabilidades, ignorando por completo posibilidades latentes que, desde luego, podrían adelantarse.
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Después de salir corriendo y dejar a su mamá en la sala, Rukia abrazo a su peluche Chappy y fue al balcón para observar el hermoso atardecer:
―Vaya. ―suspiro. ―Mi madre realmente estaba segura de que solo estaría con mi padre, y por lo que se él pensaba igual, no por nada siguen juntos. ―abrazo con más fuerza al peluche.―También estoy completamente segura de que seré feliz con Ichigo. ―se sonrojo al recordar aquella noche.
Se quedó unos minutos viendo el atardecer antes de bajar a cenar. Aquella noche su padre llego un poco más tarde de lo normal, ya que quería terminar pendientes para disfrutar de la boda, por lo que no lo vio antes de retirarse a dormir.
―Solo mañana y ya…solo mañana y ya. ―sonreía al saber que pronto seria la esposa de Ichigo.
Durmió tranquila y calientita, sin dejar de abrazar a Chappy, ya que aún era invierno y la nieve caía ocasionalmente, siendo esa noche una de esas veces que prometían serenidad.
Por la mañana, la luz del sol era demasiado tenue a causa del espeso frío que se generó por la ligera nevada de anoche, por lo que se acurruco más en su cama para evitar congelarse.
― ¡Mm! No quiero levantarme. ―se aferraba a Chappy. ―Demonios. ―sentía un leve malestar estomacal y leves mareos. ―Espero que no me dé un resfriado o una infección intestinal, lo cual sería raro ya que no he comido fuera de casa estos días. ―acariciaba su pansa y su vientre.
En ese instante, una de las muchachas entro para preguntarle si bajaría a cenar, a lo cual respondió negativamente y aprovecho para pedir un jugo de fresa. Al estar sola de nuevo, se sentó en la cama y coloco su mano en su frente al sentir una ligera punzada.
―Demonios, creo que si me dará un resfriado, siento como si el cuarto girara lentamente y siento nauseas.―especulo esa posibilidad, ya que el vómito suele ser síntomas de una infección que provoca la gripe. ―Debí pedir algo para el resfriado. ―al querer levantarse de la cama, dio un traspié haciéndola sentarse a la orilla de la cama. ―Maldición.―como pudo se fue a bañar, y al salir vio que ya habían dejado su jugo en la mesita de centro, así que se lo bebió rápidamente para cambiarse y poder salir con Orihime y Momo.
Al estar lista, se apresuró para encontrarse con sus amigas. Ya no tenía mareos y el dolor estomacal paso a ser solo una leve molestia, y a pesar de ello mostró su mejor cara al llegar al punto de encuentro.
― ¡Oh! Kuchiki. ―Orihime sonreía.
―Creímos que no vendrías.―Momo la miraba preocupada.
―Hola, lamento la demora, es que me sentí un poco mal.
― ¿Estas enferma? ―la ojigris la veía preocupada.
―No lo sé, creo que me dará un resfriado.
― ¿Quieres ir a descansar? No puedes estar enferma en tu boda. ―le dijo Momo.
―Estoy bien, además este día lo quiero pasar con ustedes.
―Bien, pues vayamos a divertirnos, pero eso si Kuchiki, si te sientes mal te llevaremos directo a tu casa. ―Orihime la amenazaba.
―Está bien.
Sin más objeciones ni preámbulos, las tres chicas se dispusieron a comenzar un día de diversión y relajación, solo para ellas.
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La alarma de su reloj dejo de sonar tras un golpe que lo silencio. Ichigo no quería levantarse, hasta que recordó que Renji, Mizuiro, Keigo y Chad lo amenazaron con llevarlo a diversos lugares como despedida de soltero.
―Diablos, esos locos seguramente me llevaran a sitios extraño o pervertidos. ―su celular comenzó asonar. ― ¿Hum? Es Renji. ― ¿Hola?
―Ichigo, estamos a fuerade tu casa, apresúrate y sal de una vez para poder comenzar con tu despedida.
― ¿A dónde me llevaran? ―su cara denotaba algo de miedo y preocupación.
―Es una sorpresa, nunca lo sabrás si no sales de una vez.
― ¡Ok! Ya voy.
Se levantó muy a su pesar para cambiarse y salir para reunirse con sus amigos. Al salir, vio que en el toldo, de la camioneta de Renji, había seis tablas de surf.
― ¿Hum? ¿Por qué son seis tablas de surf? ―pregunto algo crédulo al ver que solo eran cinco.
―Y era hora de que salieras Ichigo. ―Renji estaba recargado en la camioneta.
―La primera parada es la playa. ―Mizuiro no dejaba de ver su celular.
―Ya lo note, pero eso no responde a mi pregunta.
―Ya cállate Kurosaki y sube de una vez. ―Ishida bajo el cristal de la camioneta.
― ¡Ehhh! ¡¿Qué haces aquí?! ―lo señalaba con el dedo.
―Lo trajimos a la fuerza.―Chad ya estaba dentro de la camioneta.
―No quería venir, pero me obligaron. ―Ishida estaba enfadado.
― ¡Ash! Ya cállense, vamos a divertirnos. ―Renji obligo a Ichigo entrar a la camioneta para irse.
La primera parada fue la playa, en donde estuvieron unas cuantas horas surfeando y jugando voleibol; las siguientes paradas fueron el karaoke, donde Keigo se desgarro la garganta por cantar a todo pulmón; posteriormente acudieron a un bar en done Renji se embriago por beber demasiado sake, por lo que Chad tuvo que cargarlo hasta la camioneta e ir a la casa de Mizuiro para cerrar el día con una pequeña fiesta.
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Después de ir a un karaoke y a un cafetería, Orihime y Momo llevaron a Rukia a la pista de patinaje para darle un regalo:
―No abras los ojos. ―Orihime iba tras de ella para taparle los ojos.
―Aunque quiera no puedo porque tú me los estas cubriendo. ―Rukia sonreía.
―Ya estamos adentro, ya puedes descubrirle los ojos Inoue. ―Momo reía un poco.
―De acuerdo, 1… 2… 3 ―Orihime descubrió los ojos de Rukia para dejarla ver una fiesta sorpresa.
Habían acudido algunas compañeras de la preparatoria y de la universidad, quienes no dejaban de abrazar a Rukia y darle algunos obsequios. En ese momento, Orihime la cogió del brazo para hacerla a un lado y decirle algo que posiblemente cambiaría el ambiente:
―Kuchiki, alguien más vino a la fiesta.
― ¿Hum? ¿De qué hablas? ―la curiosidad la había picado.
―Bueno es que, al parecer… ―junto sus dedos índices.
―Renji me dijo que tu boda seria en un par de días, así que decidí venir para felicitarte. ―Riruka caminaba hacia ellas.
― ¿Riruka? ¿Pero cómo? ―su confusión no la abandonaba.
―Rukia, de verdad estoy muy feliz por tu boda con Ichigo. Cuando llegue le pedí a Renji el número de Orihime para contactarla.
―Espero que no te enfades. ―Orihime la veía algo nerviosa.
―No tengo porque enojarme, gracias Inoue. ―Rukia sonreía con sinceridad.
―Bueno, hay una fiesta esperándonos, vayamos a divertirnos. ―Riruka quería olvidar los malos recuerdos.
―Sí. Por cierto, Renji me contó que estudiaste con tu novio en el extranjero.
―Sí.
Rukia presento a Momo y a Riruka antes de ponerse los patines e ir a la pista de hielo; desde luego, Orihime y las demás se turnaban en sujetarla de las manos para que patinara, ya que aún no aprendía. De ese modo, las fricciones, malos entendidos y mal sabores de boca se terminaron de disipar aquella tarde.
Al terminar la fiesta, y después de que todas se habían ido, Riruka noto algo extraña a Rukia, mientras terminaba guardar sus cosas: la vio sostenerse en una mesa al mismo tiempo que se tapaba la boca con su mano:
― ¡Oye! ¿Te encuentras bien? ―ya estaba a su lado.
― ¿Eh? Si, solo que sentí algo de nauseas, desde la mañana me siento mal, seguramente me dará resfriado.
― ¡Mm! ¿Estas segura? ―toco su frente para comprobar que no tuviera fiebre. ―Pues, estas bien.
― ¿Qué pasa? ―Orihime ya estaba con ellas. ―Kuchiki, ¿Aun te sientes mal verdad?
―Vamos a dejarte en tu casa. ―Momo la miraba con preocupación.
―Estoy bien, me tomare algo para cortar el resfriado.
―Está bien. ―Riruka recordó aquella vez que Rukia falto al colegio por culpa del resfriado.
Orihime y Momo flanquearon a Rukia durante el camino hasta el coche de Riruka, y al subir notaron que seguía algo mareada.
―Más te vale que no te enfermes, mañana es tu boda y no puedes llegar siendo una zombi.
―Ustedes están más nerviosas y preocupadas que yo, estaré bien. ―Rukia se dejó caer en el asiento trasero.
―Kuchiki, de todos modos nos quedaremos contigo, hablamos con tu madre y acordamos que te ayudaremos a arreglarte. ―Orihime estaba emocionada por la idea.
―Vaya, eso no es para mí, así que la dejare en sus manos. ―Riruka reía un poco al mismo tiempo que alzaba el pulgar.
Cuando llegaron a casa de Rukia, Orihime y Momo no tardaron en llevarla dentro después de despedirse de Riruka. Y a pesar de que la ojivioleta insistía en sentirse bien, sus amigas y su madre la consintieron aquella noche: le llevaron jugo de fresa, chocolates, vieron una película y conversaron antes de dormir.
― ¡Vaya! Muero de sueño.
―No tienes fiebre y no has sentido nauseas de nuevo, posiblemente no te de un resfriado hasta mañana. ―Momo tocaba la frente de Rukia.
― ¡Hinamori! No digas eso, quizá no se vaya a enfermar.
― ¿Hum? ―Momo coloco su pequeño puño en su mentón al mismo tiempo que observaba a Rukia dormir.
― ¿Qué pasa?
―Ya se durmió, así puedo comentarte algo que me no me atrevía porque no quiero que Rukia se ofenda. ―cambio su mirada a Orihime.
― ¿Algo? ―estaba curiosa.
―Sí, ¿No te parece extraño que sienta mareos pero que no tenga fiebre?
― ¿Qué intentas decir? ―la ojigris ya especulaba lo que Momo pensaba.
―Pues… creo que nuestra amiga esta…
― ¡Embarazada! ―Orihime se cubrió la boca al notar que había gritado.
― ¡Shhh! La vas a despertar.
― ¿Crees que este embarazada?
―Puede ser, es extraño que aún no tenga fiebre pero sienta nauseas, si fuera un resfriado ya tendría los síntomas completos.
― ¡Oh!, ¿Qué hacemos?
―Nada, si ella no quiere decirnos aún no tenemos por qué presionarla, esperemos a mañana.
―Está bien.
Ambas se fueron a dormir con la espinita de la curiosidad martilleando su inconsciente.
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Los chicos se durmieron donde cayeron tras la fiesta, y si no hubiera sido por Chad e Ishida todos se hubieran quedado dormidos:
―Kurosaki, levántate, hoy es tu boda. ―Ishida le daba algunos puntapiés en las costillas.
― ¡Ahhh! ¡¿Por qué me golpeas?! ―se despertó de súbito.
―Se te hará tarde, tú no debes hacer esperar a la novia. ―lo empujaba hacia el baño.
―Ishida, te odio. ―Ichigo lo miraba como si de sus ojos salieran llamas.
―Ódiame lo que quieras, pero date prisa.
― ¿Hum? ¡Oh! Ya es de mañana, hoy se casa Ichigo. ―Mizuiro estiraba sus brazos para ayudarse a espantar el sueño.
―Sí, todos dense prisa. ―Ishida era el único que ya estaba listo.
―Ya estoy listo. ―Chad salía del cuarto con su traje puesto.
―Muy bien, Keigo vamos a arreglarnos. ―Mizuiro lo golpeo con una almohada.
― ¡Ehhh! ¡Ahhh! Hoy se casa mi hermosa Rukia. ―Keigo hacia su berrinche.
Ishida se estaba fastidiando del alboroto, por lo que les grito que se callaran y fueran a los otros dos baños de la casa para que se dieran una ducha y se arreglaran. Y sin reproche, los chicos salieron corriendo para prepararse, mientras que Renji seguía durmiendo, pero Ishida lo golpeo para despertarlo y advertirle que se fuera a asear cuando alguno de los otros dos atolondrados terminara.
Después de casi dos horas, todos lograron estar listos para salir a la iglesia.
―Justo a tiempo, llegaremos sin retraso. ―Ishida le aventaba sus llaves a Renji.
―Llegaremos quince minutos antes. ―Ichigo lo seguía observando con odio.
―Ya te dije que tú no debes hacer esperar a la novia. ―abrió la puerta para salir, y tras él iban los demás.
Ichigo comenzaba asentirse nervioso y no dejaba de jugar con sus manos. Le parecía extraño vestirse como lo hizo: su traje era completamente negro, a excepción del chaleco, el cual era blanco puro al igual que la camisa de manga larga; su corbata también era negra y estaba acomodada para que quedara bajo el chaleco; sus zapatos eran de piel, con un tacón muy bajo, color negro.
Sus amigos vestían un traje similar al de él, pero de color blanco puro, sin chaleco y una corbata color violeta claro.
― ¿Por qué sus corbatas son de ese color? ―Ichigo los veía extrañado.
―Sí que eres tonto Kurosaki, la madre de Kuchiki nos avisó que el cinto del vestido de novia era de este tono.
―Vamos Ichigo, no te pongas así, la novia debe verse hermosa, ¿No lo crees? ―Renji reía y lo veía a través del retrovisor.
―No sé qué tienen que ver ustedes con eso. ―se cruzó de brazos y cerró los ojos algo molesto.
―Bueno, pues te darás cuenta del porque lo hicimos una vez que lleguemos a la iglesia.
Ya faltaba poco para llegar a su destino, e Ichigo seguía confundido por ese pequeño detalle.
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Momo y Orihime no deja bande revolotear alrededor de Rukia, quien tras darse un baño ya no pudo quitárselas de encima pues le secaron el cabello y la ayudaron a ponerse loción, de cerezos blancos, en los brazos, cuello y parte de la espalda.
―Quedaras hermosa, cuando vayas a ponerte el vestido procura terminar de ponerte la loción en lo que resta de tu cuerpo. ―Orihime le acercaba el pequeño frasco de cristal.
―Seguro, ¿Hum? ¿Dónde está mi madre?
―Ya se arregló y ahora está dando instrucciones para que la ceremonia y la fiesta salgan lo mejor posible. ―Momo terminaba de cepillar el cabello de Rukia.
―Bien, tu peinado será con el cabello recogido, de esa forma podrás lucir mejor el vestido.
―Pero mi cabello ya es corto, no le veo sentido. ―Rukia veía su corta cabellera a través de su reflejo.
―Lo sé, pero te verás aún más linda. ―Orihime ya comenzaba a estilizar el cabello de la ojivioleta.
El peinado ya estaba listo, solo faltaba el maquillaje, el cual Rukia deseaba algo natural, pedido que les agrado a sus amigas. Después de unos minutos ya la habían maquillado: sus labios asemejaban el tono de los pétalos de cerezo; sus ojos violetas resaltaban por la delgada línea color negro intenso que enmarcaban la parte superior de sus parpados; sus pestañas parecían las alas de una mariposa y sus mejillas tenían un ligero tono rosado.
Rukia quedo encantada por las maravillas que sus amigas habían hecho, por lo que no espero más para ir aponerse el vestido de novia: el corset era de cierre posterior y su escote tipo corazón; estaba unido a la falda, la cual era bastante esponjosa, ya que tenía diez capas de tul; en la parte de la cintura había un grueso cinto color violeta que se unía en la espalda baja, creando un lindo moño; el tocado era sencillo y se colocaba debajo del pequeño chongo que le habían hecho sus amigas; en cuanto a las zapatillas, estas eran estilo pump completamente blancos. Como accesorio, se colocó el anillo que Ichigo le había dado y una sutil cadena de oro blanco que su padre le dio como regalo de boda.
Cuando Hisana entro a la habitación de su hija se maravilló al ver lo hermosa que lucía, y detrás de ella Byakuya entro para avisarles que la camioneta ya estaba lista.
―Amor, Rukia, ya pueden bajar. ―estaba colocándose un gemelo, de oro, en el puño de la camisa, por lo que al levantar la vista quedo maravillado al ver a su hija. ―Rukia, te ves muy encantadora, me recuerdas a tu madre cuando la vi caminar hacia el altar.
― ¿Crees que le guste a Ichigo? ―Rukia estaba sonrojada.
―Cariño, tenlo por seguro. ―su madre le sonreía.
―Bien, vayamos ya. ―Orihime veía el reloj. ―sino se nos hará tarde.
Momo y Orihime bajaron primero y abordaron la camioneta blanca, mientras que Hisana bajaba detrás de Byakuya, quien llevaba del brazo a Rukia. Los tres, abordaron la camioneta negra.
Por un instante, Rukia creyó que llegarían tarde a la iglesia debido a un inesperado transito lento, pero el chofer recordó otra ruta que los llevaría más rápido a su destino. Para su suerte, esas calles estaban poco transitadas, ayudándolos a llegar con solo diez minutos de retraso.
―Madre, ¿Y si Ichigo se fue? ―No quería ver por el cristal.
― ¡Santo cielo! ¿Cómo se te ocurre pensar eso? Vamos, baja ya para que entres a la iglesia, todos están esperando.
En ese momento, Rukia vio con claridad el exterior del vehículo cuando su padre abrió la puerta y le extendió la mano para ayudarla a bajar. Riruka, Mizuiro, Chad, Keigo (quien lloraba a mares), Momo, Orihime e Ishida ya estaban en la entrada esperándola. Al único que no veía era a Ichigo.
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Ya habían llegado a su destino y la familia Kuchiki aún no llegaba, por lo que Ichigo no dejaba de caminar de un lado a otro frente a la entrada de la iglesia:
―Kurosaki, deja de caminar que me mareas. ―Ishida estaba cruzado de brazos.
―Te dije que llegaríamos muy temprano, y ya es la hora de que Rukia llegue. ―mantenía estirados sus brazos a sus costados y hacia un par de puños con sus manos.
― ¡Oigan! Miren ahí viene una camioneta blanca, seguramente es ella. ―Mizuiro veía a la dirección de donde venía el vehículo.
Esperaron a ver que Rukia bajara de la camioneta, pero en su lugar vieron a Momo y a Orihime. Renji quedo fascinado al ver a su novia vistiendo ese coqueto vestido; al igual que Ishida al ver a su tierna ojigris. Ambas vestían un vestido negó con un cinto grueso, color blanco, en la cintura; la falda llegaba ligeramente arriba de las rodillas, el vuelo tenía tres capas de tul negro y estaba cubierta por una ligera capa de encaje negro; es escote era recto en estrapless y lo sujetaban dos finos tirantes.
― ¡Vaya! Ya veo que se pusieron de acuerdo. ―Ichigo las veía con extrañeza.
―Enserio Kurosaki, que no le prestaste atención a Kuchiki cuando te hablaba de los preparativos.
― ¡Ash! No me molestes Ishida. ―cruzo sus brazos con enfado.
Orihime y Momo ya estaban con ellos preguntándose porque aún no llegaba Rukia.
― ¿Hum? Ya debería de estar aquí, salimos al mismo tiempo de su casa. ―la ojigris veía para todos lados
― ¿De verdad? ¡Ufff! ―la cara de Ichigo se ensombreció de tristeza.
― ¡Oye! No me digas que piensas que te dejara plantado después de todo lo que han pasado juntos.
Esa voz lo hizo reaccionar, tuvo que verla a los ojos para comprobar que no alucinaba.
― ¿Ri… Riruka? ―la veía aun crédulo.
―La misma, Renji y Orihime me trajeron para felicitarlos en su boda. ―ya estaba frente a él.
―No quisimos decirles para que no se enfadaran. ―Renji se rascaba la nuca mientras veía con miedo aIchigo.
― ¿Rukia ya lo sabe? ―el pelinaranja lo veía don odio.
―Sí, de hecho, ayer estuvimos las cuatro juntas. ―Momo intervino en la conversación.
― ¡Hey! No te preocupes, tome terapias y soy muy feliz con mi novio. ―Riruka le dio un golpecito en la frente.
― ¡Oye! Eso dolió. ―Ichigo se sobaba la frente. ― ¡Ufff! Entrare para avisar que Rukia está retrasada.
Todos se quedaron conversando cuando él entro a la iglesia, y como si lo hubiera planeado, una camioneta negra se acercaba a la entrada:
― ¡Oh! Ya llego. ―Orihime veía con emoción a donde estaba la camioneta.
―Sí, es el padre de Rukia. ―afirmo Renji al verlo abrir la puerta por la que Rukia estaba bajando.
― ¡Demonios! Kuchiki se ve hermosa. ―Keigo comenzó a llorar. ―Parece una princesa.
―Buen trabajo chicas. ―Riruka levanto el pulgar hacia Orihime y Momo.
―Nunca había visto tan linda a Kuchiki. ―Chado la veía al mismo tiempo que sostenía a Keigo del cuello de la camisa.
Rukia caminaba hacia ellos viendo a su alrededor, y al estar frente a sus amigos no evito preguntar, con nerviosismo, donde se encontraba Ichigo. Ishida estaba por responderle cuando una voz interrumpió la pequeña conversación:
―Aquí estoy. ―Ichigo la veía deslumbrado. ―Rukia… estas… muy hermosa. ―no resistió acercarse a ella y acariciar sus hombros. ―Malditos guantes, no me dejan sentir tu tersa piel.
―Ichigo, ¿De verdad crees que me veo linda? ―cerro los ojos ante su timidez.
―Preciosa. ―le dio un beso en la frente.
Aquel tierno momento fue interrumpido de súbito por los gritos dramáticos de Isshin.
― ¡Ohhh! ¡Hija mía! ―Isshin corrió para abrazar a Rukia. ―Ya están aquí, ¡Masaki, nuestra hija está aquí!
―Cariño, deja en paz a Rukia. ―Masaki estaba a lado de Hisana. ―Lo siento, ya saben cómo es.
―Lo sabemos de sobra Masaki. ―Hisana reía junto a ella.
―Bien, señores es hora de entrar. ―Byakuya estaba en el umbral de la puerta para que todos fueran a sus lugares. ―Kurosaki, ¿Dónde están tus hijas? ―buscaba con la mirada a las gemelas.
―Fueron a sentarse al jardín, ¡Oh! Ahí vienen.
Karin y Yuzu vestían un vestido completamente blanco, con un delgado cinto, color lila claro, en la parte de la cintura, y en sus manos sostenían un pequeño paraguas como canasta lleno de pétalos de cerezo.
― ¡Awww! Rukia, pareces una princesa. ―Yuzu corrió hacia ella para verla.
―Gracias Yuzu. ―le sonreía y le acariciaba su cabeza.
― ¡Cielos! Mi hermano deberá de cuidarte mucho si no quiere que lo dejes. ―Karin sonreía traviesamente.
―Bien, vayamos a dentro. ―Byakuya, hizo que los invitados entraran y se acomodaran en sus lugares.
Orihime, Momo, Renji e Ishida se quedaron, junto a Rukia y Byakuya, detrás de la puerta que llevaba al altar. Y una vez que la señorita comenzó a tocar el "Ave María", los organizadores abrieron la puerta e indicaron que salieran: primero Orihime con Ishida, después Momo y Renji, ya que Chad, Mizuiro y Keigo ya estaban a lado de Ichigo; por último, Yuzu y Karin le abrieron paso a la novia al crear un camino de pétalos.
Sus pasos eran lentos y firmes a pesar de los nervios, y sin darse cuenta se aferró al brazo de su padre, quien toco su mano para darle seguridad. Ya frente al altar, el cura pregunto quienes entregaban a la novia, Hisana se levantó de su sitio y respondió en unísono con Byakuya que ellos la entregaban, y antes de dejarla subir a lado de Ichigo, su padre le dio un beso en la mejilla.
Rukia sentía como su corazón latía con más rapidez causando que sujetara con más fuerza el pequeño ramillete, hecho con flores de cerezo. Y al notarlo, Ichigo busco su mano para sujetarla durante toda la ceremonia.
Ambos tenían la sensación de que el tiempo iba demasiado lento. Ya les habían colocado el rosario y les habían dado las arras, solo faltaban los votos y los anillos.
―Kurosaki Ichigo, por favor, diga sus votos. ―el cura le daba la palabra.
―Sí. ―Ishida le acercaba el anillo para Rukia. ―Kuchiki Rukia, no creí que el odio de infancia se convirtiera en el más grande y profundo amor que ahora siento por ti. Desde que volviste a mi vida no me arrepiento de cada momento que vivimos juntos, por muy dulces o amargos que fueran. Rukia, no necesitaba de esta ceremonia para hacerte saber que siempre te cuidare y protegeré, pero es otra forma de demostrártelo. ―Ichigo le había colocado el anillo junto al que le había dado antes.
―Señorita Kuchiki Rukia, por favor, ahora usted diga sus votos.
―Sí. ―Orihime le acercaba el anillo de Ichigo. ―Kurosaki Ichigo. ―una lágrima surcaba su sonrojada mejilla. ―Después de alejarme de ti tuve una experiencia más amarga que dulce, haciéndome creer que la tristeza siempre me embargaría, pero… ―se limpió la lagrima de su rostro. ―… al reencontrarme contigo las cosas se tornaron diferentes, los momentos amargos aun existían, pero los dulces eran y han sido más frecuentes. ―Lo veía fijamente a los ojos. ―Ichigo, gracias por hacer de mi vida algo agridulce, porque sé que siempre estarás conmigo sin importar que pase. ―le coloco el anillo.
―Rukia. ―Ichigo limpiaba otra lágrima que rodaba por la tersa mejilla de su amada.
―Lo que Dios a unido que no lo separe el hombre. Los declaro, marido y mujer. ―En ese momento, todos ya estaban de pie y comenzaron a aplaudir.
Ichigo poso su frente a la de Rukia. ―Te amo. ―le dio un beso en la punta de la nariz.
―Tonto, se supone que debes besarme. ―se limpiaba otra lágrima con el dorso de su mano.
―Tienes razón. ―la levanto como siempre lo hace y le dio un beso.
Mientras Rukia lo abrazaba del cuello, Orihime, Momo y Keigo no dejaban de llorar; Ishida simulaba toser ante el prolongado beso; Chad y Mizuiro seguían aplaudiendo. Por su lado, Isshin gritaba de emoción y no dejaba de hacer la señal de vitoria a todos los presentes.
Rukia e Ichigo salieron casi corriendo de la iglesia para ser recibidos por miles de burbujas de jabón, en lugar de arroz, así como el abrazo de todos los presentes. Apenas y podían caminar hacia la camioneta para poder irse a la casa de los Kuchiki, donde se organizó todo para la recepción.
Cuando al fin lograron entrar a la camioneta, Rukia se cubría la cara con el pequeño ramillete:
― ¿Hum? ¿Ocurre algo? ―Ichigo la veía con curiosidad.
―Nada, solo que… ―no quería verlo a los ojos.
―Tontita. ―la cogió del mentón para darle un beso. ―Te ves sumamente preciosa.
― ¿En verdad? ―acariciaba la mejilla del pelianranja.
―Sí.
Rukia se tapó la boca con la mano, al sentir un poco de nauseas, y con la otra tocaba su pansa.
― ¡Rukia! ¿Te sientes mal? ―se preocupó al verla así.
―Sí, ayer me sentía mal, posiblemente este por darme un resfriado.
―Tonta, no te vaya a pasar lo mismo que aquella ocasión. ―toco su frente para asegurarse de que no tuviera fiebre. ― ¡Hey! Segura que… es un resfriado. ―su voz denotaba nervios.
― ¿A qué te refieres? Estoy segura.
―Rukia… ―la miraba a los ojos. ―Me gustaría que mi padre confirmara que tienes resfriado.
― ¿Hum? Estas actuando muy extraño.
―Bueno es que… ―rascaba su mejilla denotando preocupación. ― ¿No recuerdas qué… no nos protegimosaquella noche? ―la cara de Ichigo estaba completamente roja.
― ¡¿Ehhh?! ―se le había olvidado por completo ese detalle. ―No… no… fue nuestra… Demonios. ―no sabía cómo reaccionar, le encantaba la idea y al mismo tiempo le asustaba.
―Rukia, ¡Ufff! Mi padre no dejara de molestarnos, pero estaré más tranquilo si verifica que es un simple resfriado.
―Está bien. ―Rukia no dejaba de tocar su vientre.
El chofer tuvo la discreción de no decir nada, ya que aparentemente Ichigo no se dio cuenta de que habían conversado en voz alta.
Al llegar a la fiesta y de recibir más abrazos junto a felicitaciones, Ichigo aparto a su padre de la gente para comentarle los malestares que Rukia estaba teniendo. Desde luego, Isshin reacciono con mucha euforia, pero prefirió confirmarlo antes de decírselos a Byakuya y a Hisana, así que fueron a la habitación de Rukia para poder revisarla.
―Bien, ¿Esta resfriada o no? ―Ichigo no dejaba de rascarse la nuca.
Cuando su padre se volvió hacia él su semblante se mantenía serio causando que especulara y se impacientara aún más.
~Rukia_Kuchiki~ (Laura Ro)
