DISCLAIMER: Los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, Igarashi y Toei Animation, yo solo los tomo prestaditos para jugar con ellos y escribo historias sin fines de lucro.

Hola amigas bellas, cómo han pasado, espero que estén disfrutando del mundial de fútbol y apoyando siempre a sus equipos en las buenas y en las malas =). Les cuento que he estado delicada de salud en estos días y hasta tuve que pasar por una operación, por eso no he tenido oportunidad para actualizar pero ya me estoy reponiendo y tendré más tiempo para escribir puesto que debo obviamente descansar por prescripción médica. Por lo pronto les dejo el capi 36, que se refiere a un día de convivencia al comienzo del segundo verano en Escocia, quería darles una oportunidad de flirtear un poco a Terry y a Candy antes de proseguir con la historia...Mis Anthonyfans no me maten, nuestro rubio bello volverá a hacer su aparición muy pronto, ya lo verán.

A todas las amigas que me dejan sus comentarios y opiniones les mando un gran abrazo, sus reviews son muy importantes para mí. A Lis69, Majo, Angld, Verito, Aide22, Lupita1797, MissBrower, Diana, Jecely, Takatogiah88, Kumicogina y a quienes se olvidan de ponerme sus nombres, gracias chicas por todo el apoyo, gracias por acompañarme en este sueño.

Ahora sí...¡A Leer! jejeje

Capítulo XXXVI: Edimburgo

-¡Listo, terminé!- Patty expresó cerrando su cuaderno, refiriéndose a la primera tarea que debían presentar en el colegio de verano en los Talleres de Artes y Literatura, para los cuales se habían inscrito ese año.

-¡Oh, eso no es justo!, tu resumen ha de estar perfecto porque te sabes de memoria el libro- objetó Annie a forma de broma

-Oigan yo no tengo la culpa de que mis padres me hayan regalado la "Divina Comedia" en mi doceavo cumpleaños- Patty defendió

-Sí que te pareces a Stear, son tal para cual- opinó Annie estudiándola mientras movía la cabeza simulando sentir rabia.

-Déjame revisar como vas, te ayudaré- le ofreció Patty riendo y sonrojándose, Annie le dejó ver como requería su cuaderno pero al hacerlo reparó en el de Candy, quien estaba también al lado de ellas y se sorprendió, ya que su deber apenas contaba con un par de párrafos a lo mucho. La joven rubia lucía bastante distraída esa tarde mientras observaba entre sus dedos las puntas de su cabello.

-Pero Candy, no has avanzado nada y debemos presentar por lo menos cinco hojas para el lunes- le recordó – es mejor terminarlo ahora porque mañana ni pasado nos sobrará tiempo, por el paseo-

Candy sabía que era verdad más no se preocupaba, si no lo finalizaba allí lo haría al día siguiente durante el camino a Escocia pero en esos momentos su mente andaba en otro lado. Dentro de su cabeza bailaban cientos de ideas, tenía las pruebas de un misterio por resolver y las estaba calibrando en una balanza.

-Chicas…¿Ustedes creen que alguien ebrio dice la verdad?- se animó a preguntarles por fin

-¿A qué viene eso?- inquirió Annie completamente extrañada, más Patty enseguida contestó

-Sí, mi abuelita Martha siempre cuenta que mi abuelo en paz descanse era un todo un Casanova por eso no le gustaba que se embriagara porque empezaba a coquetear con todas las mujeres que veía su paso. Ah y también tengo un tío que cuando se pasa de copas se vuelve generoso y empieza a regalar dinero, si vieran como todo el mundo se le acerca…-

Las chicas sonrieron pues con su inocencia Patty contaba sus anécdotas de una forma divertida sin querer. Era viernes al anochecer y estaban reunidas en la habitación de ella, sentadas en la alfombra haciendo la tarea con miras de no desvelarse puesto que al día siguiente debían levantarse temprano para asistir a la tradicional misa antes del viaje. Por suerte ya las tres tenían su equipaje casi listo.

Olvidando el tema y volviendo a concentrarse en las líneas escritas por Annie, Patty tomó uno de los chocolates que Candy había llevado para compartir y que yacían en una bandejita en el medio de las tres.

-¡Uhm, están deliciosos!- opinó mientras masticaba uno -¿acaso son los del pretendiente secreto, no me digas que ya sabes quién es?- preguntó emocionada

-Ehm… aún no a totalidad pero tengo una ligera sospecha- Candy confesó

-¡Quién!- pidieron saber las dos amigas al mismo tiempo

-Bueno… Terry me regaló un bombón ayer…- empezó a contar Candy un poco insegura pero en ese momento Patty casi se atraganta

-¿Qué?- exclamó tosiendo asustada, arrepintiéndose en ese mismo instante de ser tan comelona –es broma ¿cierto?, ¡esto puede tener drogas o algún veneno!-

Annie totalmente de acuerdo se incorporó sobre sus rodillas para darle unas palmaditas en la espalda y ayudarla a escupir

-¡Chicas por favor no exageren!- Candy protestó –Quizá Terry parezca a simple vista un rufián rebelde y temible como todos piensan pero por dentro no es un mal tipo…y además es mi amigo- aclaró

-¡Candy tienes acaso idea de lo que estás diciendo!- Annie la encaró, por lo general ella era tierna y dulce pero la actitud de Candy la asustaba, si era su amiga debía decirle de frente las cosas, así dolieran -¿Qué crees que pensaría Anthony si se llegara a enterar de esto?-

-Anthony no tiene nada que ver en esto- refutó Candy levantándose un tanto exasperada porque como siempre estaban confundiendo las cosas –Él es mi gran amor, yo lo adoro...Terry es solo mi amigo- esclareció cruzándose de brazos, prefiriendo mirar un momento hacia la ventana que a ellas

-Ok, ok, que tal si nos olvidamos de esta conversación y pensamos mejor en lo que vamos a hacer mañana- propuso Patty conciliadora pues intuía que de no ser así se formaría un ambiente de discordia –tenemos una buena noticia Candy. Stear y Archie también irán a Escocia, no al colegio pero se hospedaran en la mansión Ardley. ¡Te imaginas, pasaremos otra vez juntos como el verano anterior, de seguro va a ser divertidísimo!- comentó para alegrarla, sin notar que el decir eso le hacía reparar aún más en la falta de Anthony, haciéndola sentir peor -…Para mañana tenemos planeado ir a recorrer todo el centro de Edimburgo y por la tarde hacer un picnic al aire libre en el Parque de Holyrood- añadió -¿Te nos unirás, ¿verdad?-

Candy dudó antes de contestar pues ya tenía planes

-Chicas creo que no podré ir- se le hizo pesado decir pero al final lo soltó –…verán, quedé con Terry en acompañarlo a dar una vuelta por allí en la ciudad… y al cinema-

Las muchachas al escucharla primero guardaron absoluto silencio pero luego Annie fue la primera en reaccionar

-¿Queeé?-

Patty solo optó por bajar la mirada y mover la cabeza

-¡Lo ven, por eso no quería decirles nada!- Candy las afrontó

-¡Candy acaso perdiste la cabeza, estás permitiendo que esto se te salga de las manos!- opinó Annie levantándose también dispuesta a hacerle recapacitar, sin poder creer la nueva forma de comportarse de su amiga de toda la vida

-¡Annie no malinterpretes las cosas, no se trata de una cita romántica sino solo de un paseo de amigos. No me gusta Terry!- Candy reiteró

-¡Eso ni tú te lo crees!- la pelinegra le acusó señalándola y después cruzándose de brazos para luego regresar a su puesto. A la final como quería, Candy se sintió mal.

-¿Creen que haría mal en ir?- les consultó ya atareada. Patty la quedó mirando con algo de pena pero asintió

-Candy, si hay una frase de Amber Smith que se me ha quedado grabada es que "no existe la amistad entre un hombre y una mujer" porque a la final ellos siempre terminan queriendo algo más…- añadió Annie por último, refiriéndose a la más experimentada de las compañeras que conocían, quien de cuando en cuando les daba consejos.

Candy meditó aquello durante el resto de la noche. La teoría no estaba exenta de razón, después de todo ella misma lo había comprobado con Archie una vez, quien había confundido su sincera amistad con algo más…un asunto del cual jamás hablaría con Annie, pero regresando a cavilar en el tema porque no iba a dejar que le sucediese lo mismo con Terry. Se prometió a sí misma poner un límite si las cosas se le empezaban a salir de control y dejar bien en claro con él que solo quería su amistad.

Si se ponía a reparar en Terry, aunque éste hacía tiempo parecía haber dejado sus serios flirteos para con ella de lado brindándole en cambio solo una sana amistad, había veces en que se comportaba de una forma extraña, atenta e incluso romántica que la hacía dudar, inclusive haciéndola llegar a creer por esto que podía ser el pretendiente secreto… solo el tiempo le diría la verdad.

Las conclusiones a las que llegó esa madrugada después de consultar el problema con su almohada, influyeron en sus decisiones a tomar al día siguiente.


Esa mañana a la salida de la iglesia, Terry la esperó oculto detrás de un frondoso árbol del jardín para conversar un ratito, tal como solía hacer después de las misas a las que él rara vez entraba. Candy ya conocía de su escondite por lo que lo único que hizo fue pasar cerca de allí al disimulo mirándolo, lo que constituía la señal para que la siguiera. Terry obedientemente fue detrás de ella.

-¿Tienes algo que decirme Pecosa?- quiso saber sin reparos al notarla extraña en medio de su silencio después de llevarlo a una parte no muy transitada del jardín sin siquiera voltearse a mirarlo. Candy dudó un momento en como proceder ante lo que le iba decir

-Terry…debo decirte que mañana no podré acompañarte como quedamos…es que… tengo algo que hacer al llegar a Escocia que había olvidado…- empezó a explicar mientras él la miraba expectante -…Es algo que tenía planeado con bastante anticipación…-

-Claro, y no lo recordaste hasta hoy- profirió él con sarcasmo. Candy tuvo que bajar la mirada con timidez en cuanto notó que no le creía nada.

-No te preocupes Tarzán Pecosa, no tienes que inventar ninguna excusa tonta, sino quieres ir conmigo, solo dímelo en mi cara, al fin y al cabo no me hace falta tu compañía- le respondió con su habitual acidez, haciéndole notar que lo que hiciera o dejara de hacer no le importaba en lo más mínimo.

-Bue…bueno- Candy tartamudeó

-¡Asunto arreglado!- concretó Terry abriendo los brazos y sin disimular su enojo, pues su anterior buen humor y emoción de principios del día se le había dañado. Sin decir más se retiró.

Cuando Candy se quedó sola por fin pudo exhalar el aire que había estado conteniendo de los nervios por tener que rechazarlo aunque sin poder evitarlo se sintió también triste.


Un día después…

Un sol cálido brillaba en el cielo acompañado de una suave brisa, irradiando de alegría la hermosa ciudad de Edimburgo. Las risas y voces de los estudiantes llenaban de algarabía y amenidad el ambiente de la estación de tren, haciéndolo muy especial.

Annie, Patty y Candy bajaron corriendo del vagón para encontrarse con Alistear y Archie, quienes les esperaban ya en el andén. En ese lapso de tiempo mientras conversaban poniéndose de acuerdo para comenzar a realizar los planes que tenían para el día, Candy se puso a observar entre la gente para ver si divisaba a Terry si se encontraba por allí. No perdía la esperanza de pedirle que se volviera a unir al grupo en último de los casos para que no anduviese durante el paseo solo, aunque su intuición le decía que no lo aceptaría. No obstante, era una opción a la que su remordimiento le había llevado.

A punto de desistir de su búsqueda, lo vio salir con su maleta del vagón de los varones, algo desganado y rezagado de los demás. Se sintió entonces apenada y sumamente culpable de arruinarle el viaje al dejarse vencer por el "qué dirán", pero en cuanto él al sentir que era su centro de atención le clavó la mirada, ella enseguida desvió la suya avergonzada….Iba a ser un día muy largo, lo vislumbró.

Después del largo viaje del día anterior, la mañana transcurrió apacible en una reunión entre amigos en una cafetería del centro de la ciudad, donde tomaron el desayuno. Luego, ya exclusivamente el grupo, se aventuró en un divertido paseo por los lugares más relevantes y turísticos del sector y al llegar la tarde, después del almuerzo en un tradicional restaurante alquilado con exclusividad por las autoridades del colegio, fueron de compras a una librería, algo infaltable en la mayoría de sus salidas.

Candy en esa ocasión se sintió atraída por la sección de Esoterismo, la cual era más amplia y variada en ese local que en cualquier otro que hubiera visitado. Tomó entonces de una de las repisas, un ejemplar sobre los signos zodiacales y el horóscopo en diferentes culturas.

Candy no creía mucho en esas cosas pero tampoco negaba que fuesen ciertas. Ella había vivido de cerca la oscura premonición de una adivina en la feria de Lakewood acerca de Anthony y el accidente que había ocurrido poco después, gracias al cielo sin fatales consecuencias…Aquello era un recuerdo que siempre le haría estremecer… Ahuyentándolo de su cabeza se dispuso a abrir el libro pero antes se percató de donde estaban el resto de los chicos.

Vio así que Patty y Annie se hallaban deslumbradas metros más allá en la sección de Literatura Juvenil y romántica, Archie se había visto atraído por la sección de revistas de deportes y Stear se encontraba embebido hasta las narices en el área de Ciencias. No había por lo tanto obstáculos para que pudiese leer. Lo menos que necesitaba en esos momentos eran también objeciones respecto al tipo de lectura que escogiera revisar.

Ojeando el texto se enteró que su año de nacimiento 1898, respecto al Calendario Chino estaba representado por el Perro como animal sagrado y las características de los nacidos durante ese período coincidían con su personalidad: Tierna, leal y feliz. Candy estaba concentrada en el texto hasta que alguien le tocó el hombro, haciéndola sobresaltar.

-¿Qué lees?- Era Annie que se había acercado junto a Patty, movidas por la curiosidad que les generaba el gran libro negro que sostenía entre las manos de ella y también su profunda concentración

-Es sobre Astrología- admitió Candy

-¡En serio, déjame ver!- pidió Patty impresionada como un niña, asombrándola con su actitud puesto que la consideraba muy católica y poco creyente en ese tipo de cosas, sin embargo no objetó y le entregó el libro.

-¡Yo también quiero ver!- dijo Annie acercándose más a sus amigas para poder otear algo del libro -¿Hay algo allí sobre los "Star-Crossed-lovers"?- preguntó emocionada ante un tema que ampliamente le interesaba.

-¿Qué eso?- Patty quiso saber

-Los amantes que lo tienen todo en contra- expuso Annie como si no pudiese creer que no lo supiera –Como Romeo y Julieta, Tristán e Isolda, así…hay personas que lamentablemente aunque se enamoren no están destinados a estar juntos o ser felices…- explicó añadiendo melancolía

-Ah- Patty comprendió, poniéndose a curiosear entonces el índice -¡Aquí hay algo!- exclamó de repente y enseguida buscó la respectiva página –Escuchen esto, aquí dice que los caminos predestinados en el amor siempre terminan colindando así las condiciones entre ellos sean desfavorables o estén a la larga destinadas a fracasar… Nadie se enamora por casualidad-

-Esto es interesante, muy romántico – opinó sonriendo Annie - ¿ustedes que opinan chicas?-

Candy vio que ambas amigas se ponían a conversar al respecto pero ella apenas prestó atención a lo que decían porque su mente enseguida viajó a lo que le había dicho Terry la madrugada en que por equivocación se metiera borracho a su alcoba.

"Si no fuera por ese rubio pedante…tú y yo estaríamos destinados a estar juntos…Lo sé, puedo sentirlo"

Quedó abstraída en sus pensamientos, recordando…hasta que la voz de Patty le distrajo

-¿Candy estás allí?- le dijo blandiéndole la mano sobre la vista a forma de broma

-…Sí…- contestó Candy confundida -es solo que…recordé que debo comprar algo- añadió más para sí misma que para tratar de excusarse y abandonó enseguida el lugar.

¿Qué era lo que le pasaba con Terry? ¿Por qué ahora empezaba a sentirse triste cuando no sabía de él o no lo veía durante muchos días? ¿Por qué le hacía falta que estuviera bromeándola o molestándola todo el día?... Terry era un malcriado que a veces la sacaba de quicio, lo reconocía y con su comportamiento espontáneo sin reglas cerca de ella, hacía que la gente pensara cosas acerca de los dos. Sin embargo había algo en él que no le permitía odiarlo, algo que ella podía ver y los demás no… Quizá un grito de soledad desesperado que emanaba de su alma, que solo una persona tan sufrida como ella podía comprender…Terry tenía un alma tan parecida a la suya.

Sus amigos sospechaban que entre los dos ocurrían cosas y lo condenaban. Era la razón por la que no podían tener una amistad normal como cualquier otra y debían estar siempre escondiéndose, era difícil de explicar pero aún así quisieran hacerlo nadie iba a creerlo, por eso la verdad solo existía entre ambos…la verdad sobre su amistad especial….

Respirara aire fresco le hizo entender con claridad a Candy que no quería alejarse de él sin importarle lo que los demás rumorearan más su resentimiento ese día (del cual ella tenía toda la culpa) la estaba lastimando. Aunque Terry un par de veces la había visto de lejos, no había hecho nada para acercarse ni mucho menos dirigirle la palabra….Ella no podía dejar de preguntarse que estaría pesando acerca de su persona, si la odiaría… por ser una mala amiga… Tampoco podía apartar de su mente los chocolates y lo mucho que le gustaban, lo había descubierto el día en que se escaparan al zoológico y le brindara algunos… aquello que era una pista contundente que lo relacionaba con su pretendiente secreto, aunque no podía creer que realmente estuviese interesado en ella.

Caminaba confusa en pensamientos y llena de sentimientos encontrados por la cuadra cuando se topó sin querer con Stear, quien iba saliendo de la heladería, unos cuantos locales más adelante de la librería.

-¡Hey Can!- dijo alegre al verla

-¡Stear! ¿Pero no se supone que estabas en la librería?- preguntó ella extrañada

-Sí hasta que encontré un artículo sobre una máquina moderna para hacer helados en el folleto que estaba leyendo y pues se me antojó uno- confesó él enseñándole el cono de vainilla que había comprado -¿Te gustaría uno?- le preguntó –hay de varios sabores combinados, te van a encantar-

-Bueno- acordó Candy sintiéndose de repente más alegre. Stear entonces le ofreció galantemente el brazo para ingresar a la heladería

-¿Y dime las chicas siguen metidas hasta las narices en la onda esotérica?- quiso saber. Candy sonrió pensando que parecía no darse cuenta de nada y en realidad sabía todo.

-Creo que sí- confesó


Minutos después de terminarse el helado regresaron a donde debía encontrarse el resto del grupo pero no los hallaron, así que decidieron emprender el camino de vuelta a la plaza cerca del restaurante donde debía estar reunida la congregación del colegio

-Te noto pensativa Can, ¿te sucede algo?- preguntó Stear mientras caminaban sin prisa por la avenida

-No, no es nada importante, creo que me está empezando a dolor un poco la cabeza por el sol- ella respondió

-¿En serio? Si quieres podemos pasar por una farmacia antes de regresar- propuso él

-¡No!- se apresuró a decir Candy -…todavía no hace falta-

Stear la miraba con curiosidad como si no le creyese a totalidad lo que decía. Ella ya no sabía como mentirle, él siempre era para con ella tan buen amigo, escuchándola, dándole consejos. En esos momentos se moría por contarle lo que le preocupaba para que le diera su opinión pero no se atrevía. ¿Cómo iba a preguntarle acerca de qué pensaba que ella y Terry fueran buenos amigos? Qué tal si sus opiniones también la condenaban, después de todo Anthony era su primo.

-Stear yo quisiera saber que piensas tú…- empezó a arriesgarse en un momento de valor a interrogarle, después de todo era mejor que ella misma le ayudase a despejar cualquier duda que tuviera al respecto a que llegara algún chisme a sus oídos que lo escandalizara y lo pusiera en su contra. Estaba a punto de hablar de no ser porque Stear notó entonces que no andaban solos como creían…alguien los estaba siguiendo.

-¿Pasa algo?- Candy quiso saber al notar su repentina seriedad

-No…no es nada- contestó él dubitativo al tiempo que la acercaba más a él por protección mientras seguían caminando. Una vez que cruzaron la calle, Stear pidió que se detuvieran enfrente de una sastrería.

-Stear, no sabía que te atrajera el buen vestir –comentó Candy sorprendida guiñándole el ojo, reparando en que después de todo sí se parecía en algo a su hermano menor

-En realidad no es algo que me preocupe pero en este caso sirve para confirmar mi teoría- confesó mirando hacia el frente, hacia la otra cuadra donde se encontraba una juguetería con grandes vitrinas. Solo entonces mirando Candy hacia el lugar que observaba él con atención pudo darse cuenta de que en realidad Stear no observaba los juguetes a través del cristal, sino al cristal en sí porque funcionaba a forma de un opaco espejo con la luz del sol, en donde se reflejaba una vasta parte de la cuadra más atrás, lo suficiente necesaria para descubrir quién era el intruso que los perseguía.

-¡Terry Grandchester!- exclamó Stear de pronto, volteándose rápidamente a mirar a un kiosco cercano, donde Terry enseguida aparentó ponerse a leer un periódico para disimular. Cuando Candy oyó ese nombre, su corazón dio un brinco de la impresión.

-Me pregunto qué querrá- comentó Stear mirándola por si ella tenía alguna idea al respecto, Candy sin poder evitarlo se sonrojó

Un poco después renovaron su camino al igual que Terry detrás de ellos.

"¿Por qué se comporta así?" no dejaba de preguntarse Candy en su interior "Si no le importa lo que hago…si no le importo… ¿Por qué nos está siguiendo?"

-¿Por qué no lo invitamos? A lo mejor quiere decir algo- propuso Stear deteniéndose de repente ya enfadado

-¡No, Stear espera!- pidió ella pero el chico de lentes exasperado, se volteó de una vez y llamó al castaño con la mano

-¡Oye Terry, por qué no te nos unes!-

Para su sorpresa el rebelde se encontraba parado a pocos metros mirándolos fijamente, sin disimular. Tenía los brazos cruzados, mirada inquisitiva y cara de pocos amigos. Candy sintió en ese momento que las piernas le flaqueaban.

-¿Qué hay?- saludó a secas intentando mostrarse amable y empezó a acercarse despacio para fijar al fin toda su atención en ella, haciéndole entender a Stear sin palabras que allí estaba demás.

-Qué tal- expresó el joven de gafas desconfiado pero sin perder con ello su amabilidad y Candy solo le saludó con una inclinación de cabeza sintiéndose de pronto tímida mientras sentía la mirada interrogativa del rebelde sobre ella más intensa que el sol veraniego.

Los tres empezaron a avanzar un poco en medio de un incómodo silencio. Terry confianzudo enseguida se colocó en el medio.

Si bien Stear con anterioridad había llegado a considerarlo al inglés un amigo, ya no podía verlo de esa forma puesto que éste le había quitado el habla tanto a él como al resto del grupo al separarse de Eliza. Para entonces ante sus ojos era solo un extraño con problemas sociales.

-¿Vienes al colegio de verano?- preguntó con el afán de entablar una conversación

-Sí, tengo materias que recuperar- no tuvo problemas en responder Terry - ¿Y tú y tu hermano?- quiso saber, respecto a Candy no le hacía falta preguntar pues ella mismo le había contado semanas antes de sus planes de tomar cursos de verano

-Vinimos esta vez por vacaciones a hospedarnos en la casa Ardley, en el vecindario cercano al colegio- contó Stear

-Eso suena interesante- comentó el castaño con sinceridad volviéndose a mirar a Candy, quien iba al lado suyo sin decir nada. Recordó así, los celos que había sentido hasta hacia poco y quiso enterarse de qué era lo que habían estado haciendo.

-¿Y…ustedes dos…a dónde se dirigían ahora?- preguntó sin más preámbulos

-A la plaza a encontrarnos con el resto del grupo, puedes venir si quieres pero te advierto que con nosotros no encontrarás a Eliza- expuso Stear con ingenuidad pero enseguida por la mirada de poca tolerancia que le dirigió Terry comprendió que su comentario había sido desubicado. Candy también lo notó, sintiéndose incómoda, no le agradaba la oscura historia pasada de Terry con la odiosa pelirroja.

-No me importa, ya no me interesa- declaró Terry para que quedara claro, sin dejar de mirarla a ella

-Uhm…ya veo- mencionó Stear sintiéndose aún fuera de lugar

En cuanto Candy levantó su mirada cristalina que con timidez había dejado caer, se encontró con los fuegos azules de Terry sobre ella, intensos…indagadores.

-…Ahora, me pregunto si Candy ya realizó aquello que decía tener pendiente- mencionó, haciéndola palidecer. Terry observó a Stear pero el inventor se encogió de hombros sin entender

-¡Ok, basta, Terry ven conmigo!- dijo Candy con determinación avanzando enseguida hacia el castaño de cabello largo y halándolo de la solapa del gabán oscuro –Debo hablar algo con Terry, Stear, disculpa después los alcanzo- le indicó a su primo mientras conducía a duras penas al rebelde aparte.

Stear se quedó observando la escena con atención, sin embargo al fin y al cabo se quitó los lentes, exhaló sobre ellos, los limpió y decidió alejarse de allí.

-¿Qué es lo que te sucede, estás loco?- le reclamó Candy a Terry una vez que estuvieron solos en un corto callejón que conectaba con otra cuadra.

-¿Qué pasa Pecosa, acaso no tengo derecho a tener curiosidad sobre lo que tú misma mencionaste? No me digas que me dijiste que "no" para venir a pasear aquí con la copia juvenil de Thomas Edison- la encaró. Candy abrió la boca sin poder creerlo

-¡Stear es mi primo!- le recordó exasperada sin importar alzarle la voz

-¡Ah sí, pues parece olvidarlo cuando te mira, acaso no te has dado cuenta!- le respondió él de la misma manera

-Es suficiente, no voy a oírte- dijo Candy bajando la voz y tapándose los oídos para conservar la calma, se dio la vuelta para alejarse de él pero Terry insistente la siguió.

-Está bien Pecosa, no era mi intención asustarte, ¡regresa!- bromeó.

Candy al voltear vio que caminaba hacia ella descomplicado, con una sonrisa en la cara y las manos metidas en los bolsillos de su largo abrigo negro, una vez que cruzaran el pequeño paso y salieran a una calle aledaña

-¿Quién dice que te tengo miedo?- objetó desafiante mientras lo esperaba. Había vuelto a recobrar la confianza

-¿En serio?, entonces demuéstramelo- propuso él divertido acercándosele. Candy permaneció cruzada de brazos para ver que se le ocurría.

-Allí- dijo él señalando algo que había a su espalda, en lo que ella no se había detenido ese día a reparar. Candy volteó siguiendo la dirección de su mano y entonces vio la enorme fortaleza antigua que se levantaba contra el horizonte

Vamos al Castillo de Edimburgo…- agregó él susurrándole al oído.


Empezaba ya el sol a caer en el horizonte en medio de nubes crepusculares que parecían dibujadas en el cielo y Candy no aparecía. Pronto las autoridades del colegio ordenarían que el alumnado se reuniera para empezar a abordar los carruajes que ya empezaban a llegar, que les llevarían a la extensión del colegio en la campiña de las afueras de la ciudad, ubicada a una hora de allí.

-¿Dónde está Candy, creen que se haya perdido o que alguien haya podido hacerle algo malo?- llegó Annie angustiada a preguntarle a los chicos, después de haberla estado buscando con Patty arduamente por los alrededores.

-La última vez que la vi estaba con Terry- dijo Stear al enterarse del problema

-¡Con quién!- clamó indignado Archie para quien el aristócrata inglés jamás había sido santo de su devoción

-La dejé con Terry- reafirmó Stear también preocupado

-¡Hay que avisar pronto a los supervisores e ir a buscarla! No confío en ese tipo- empezó a inquietarse Archie

-Archie cálmate, es cierto que Granchester es un maleducado que no respeta normas pero no creo que sea capaz de lastimar a una joven indefensa- opinó con sinceridad el inventor mientras intentaba analizar donde podrían estar ambos, ya que si se ponían a ver por toda la plaza donde poco a poco ya se estaba concentrando todo el alumnado del colegio de verano, el rebelde tampoco daba señales de vida.

-Annie y yo ya buscamos a Candy en todos los negocios a la redonda pero no está por ningún lado- contó Patty visiblemente cansada y afligida

-Pronto anochecerá, debemos encontrarla- insistió Annie en voz baja. No podían rendirse, era verdad la última hora habían pasado buscándola por todas partes, inclusive en los lugares donde planeaba ir todo el grupo pero que por el tiempo no habían alcanzado. Habían ido a parar así al museo, a la catedral, a la oficina de turismo, al parque, hasta el local donde proyectaban películas con cinematógrafo, donde Candy les mencionara planeaba ir con Terry antes de desistir de la idea, noches atrás …solo faltaba un lugar.

Annie observó la imponente estructura a lo lejos...un lugar de mitos y leyendas como los de las fábulas.

-¡Avisaré a los profesores!- Archie determinó

-¡Espera!- Annie le pidió colocándole una mano sobre los labios para que se calmara –tengo una idea de donde puede estar… ¿Stear me acompañas?- agregó dirigiéndose a su cuñado, que estaba un poco más atrás de ellos. Archie la miró sin entender, algo irritado por toda la situación pero entonces ella se le acercó de forma coqueta mientras le arreglaba el cuello polo de la camiseta, la cual tenía húmeda de transpiración después de haber pasado jugando el resto de la tarde al futbol con sus compañeros de equipo en el parque. Annie sabía que sí la premeditada desaparición de Candy y Terry llegaba a oídos de los supervisores o las religiosas, las cosas no terminarían bien y hasta corrían el riesgo de ser expulsados.

Cariño luces exhausto, ¿por qué no vas junto a Patty a reunirte con los demás y aprovechas para descansar un rato? Stear me acompañará a ver Candy, no vamos muy lejos, por favor aún no le digas a nadie sino castigarán a Candy…pero si en media hora no regresamos, da la voz de alarma- convino

Archie tomó la mano de su novia entre las suyas, dejándole saber que estaba de acuerdo

-Está bien, pero si no regresan en media hora como acordamos, movilizaré si es posible hasta la Guardia Nacional- confirmó. Annie le agradeció entonces con un besito en la mejilla y enseguida partió poniéndose manos a la obra. Stear no objetó nada por qué en silencio, reflexivo como era, entendía bien las razones del proceder de Annie y tampoco quería que Candy saliera perjudicada.

-¡Cuatro ojos, la cuidas!- no se olvidó de gritarle su hermano mientras los observaba alejarse

-¿A dónde vamos Anne?- quiso saber Stear mientras se daban prisa por las calles solitarias

-Al término de esta cuadra te lo diré- respondió la pelinegra tomándole de la manga del buso instándolo a que se apresurara y en cuanto llegaron a un espacio abierto, señaló el lugar

-¡Allí, al Castillo de Edimburgo!-

-¡Qué!- contestó Stear pasmado -¿Allá, a esta hora?-

Era poco menos de las seis de la tarde y era de conocimiento público las historias de fantasmas y apariciones que se suscitaban en el sitio, que aunque era turístico no dejaba de ser tétrico.

-Ya debe estar cerrado, ¿Qué te hace pensar que están allá?- demandó saber Stear para no tener que ir de por gusto, pues aquello le parecía de lo más arriesgado e imprudente

-No sé por qué pero algo dentro de mí me lo dice... Si ya está cerrado a lo mejor los encontramos por el camino, ¿qué dices? ¡Anda, vamos, debemos ayudar a Candy!, no perdemos nada con ir, además no está tan lejos- Annie insistió empeñada en auxiliar a su mejor amiga

-¡De acuerdo, vamos!- confirmó Stear obligándose a sí mismo a tener coraje, mientras ambos se ponían en marcha. Todo se valía si era por su prima.


-Es un sitio tan grande, tan espléndido…- comentó Candy mientras daba vueltas por un amplio salón lleno de cuadros antiguos dentro del castillo, admirándolo todo –solo tengo una inquietud, ¿Quién te enseñó esa entrada secreta?- no pudo contenerse de preguntar, refiriéndose a la forma clandestina en que habían logrado ingresar sin que los guardias que custodiaban en los exteriores se dieran cuenta.

-Lo aprendí con los años de visitar este lugar que es uno de mis sitios favoritos… Lo conozco desde que tengo uso de razón pues pasé gran parte de mi infancia aquí en Escocia…Tengo incluso un vago recuerdo de una vez que vinimos con mi padre cuando todavía no se había casado...y yo aún podía llamarle así- Terry le contó con un dejo de nostalgia al tiempo que se detenía a admirar una de las pinturas donde había sido retratado una alegre familia antigua jugando en un jardín.

El lugar donde se encontraban tenía una tabla clavada en el umbral de la puerta, donde se leía la palabra "Remodelación", por lo que no tenían mucho cuidado de que alguien pasara por allí entonces a molestarlos. La hora de trabajo de los restauradores ya había finalizado.

A Candy le pareció su anécdota muy tierna y le tocó el brazo para recordarle que no estaba solo. Su gesto logró que la tristeza de Terry se borrara de su rostro cambiándola por una mirada de emoción.

-Candy ¿bailamos?- se atrevió a preguntarle extendiéndole la mano, ella le miró sorprendida y extrañada pero al ver que él no desistía de la propuesta, le pareció divertida y aceptó.

Aquel majestuoso salón alumbrado únicamente por la luz del sol del ocaso que ingresaba por los inmensos ventanales descubiertos era propicio para un momento mágico.

Candy aceptó la mano que Terry le ofrecía y colocó la que tenía libre en su hombro mientras él con la maestría de un buen bailarín y sin dejar de mirarla a los ojos, empezaba a conducirla por todo el salón tarareando un conocido vals que siempre ponían en los festivales del colegio. Su voz era hermosa y se le daba bien cuando entonaba alguna canción o melodía aunque no siempre acostumbrara a hacerlo.

Terry quería que aquel momento fuera inolvidable y lo estaba logrando, de no ser porque en el mejor momento cuando se encontraban más compenetrados, escucharon el silbato de unos de los guardias en el pasillo, así como su voz atronadora

-¡Quién anda allí!-

Asustados, se dieron cuenta de que les habían descubierto por lo que tapándose la boca, tuvieron que salir corriendo lo más rápido posible de vuelta por el camino secreto. El guardia al escuchar los pasos provenientes de aquel salón se apresuró hacia el lugar no obstante, en cuanto llegó no encontró a nadie.

-¡Santo cielo, los fantasmas!- exclamó aterrado al tiempo que se persignaba para echarse a correr un segundo después de regreso por donde había llegado.

Terry y Candy erraron un poco el camino en la creciente oscuridad sin embargo, lograron salir por un estrecho pasadizo medieval casi en penumbras, donde toda la opulencia y esplendor del interior del palacio quedaba atrás para convertirse en una fachada de tierra y rocas que recordaba que los tiempos de gloria habían pasado y ahora solo eran ruinas de la memoria.

Tomados de la mano sin desprenderse, llegaron hasta unas escalinatas que al descenderlas les condujeron a una galería de piedra al aire libre que daba a una salida, donde estuvieron a salvo.

-Listo pecosa, ya puedes abrir los ojos- expresó Terry exhausto pero conforme de haberlo logrado

Candy que con cierto temor había mantenido la mirada entrecerrada durante todo el escape, se sintió por fin aliviada al poder respirar aire fresco de nuevo.

-Ese no fue el mismo recorrido que hicimos al principio- le reclamó

-¿De qué te quejas, es que acaso no te pareció emocionante la travesía o es que estabas asustada de los fantasmas?- inquirió él para molestarla

-¿Y tú no?- se defendió ella, torciéndole los ojos mientras se sacudía el polvo de la ropa que le había caído durante la carrera por el antiguo camino recién recorrido, que se adivinaba a simple vista poco frecuentado.

-Te dije que no tenías nada que temer si estabas conmigo- le recordó Terry entonces de manera coqueta

-¿Y por qué crees que estoy aquí?- profirió ella, sacándole después la lengua. Terry esbozó una mueca de decepción.

-Ese guardia entrometido arruinó nuestro vals- comentó mientras se acercaba al disimulo para tomarle la mano y sorprenderla al hacerle dar una vuelta. Candy no pudo evitar reír, divertida –Quizá podríamos terminarlo- sugirió entonces él, empezando a girar con ella en forma juguetona, tomándole de la cintura

-¡Terry detente, que haces!- Candy decía entre risas, hasta que nuevamente alguien los interrumpió.

-Así que es aquí donde andaban sin importarles preocupar a los otros- las palabras de Annie sonaron dolidas y su voz muy decepcionada.

Candy sorprendida se dio cuenta de que estaba junto a Stear, quien la miraba también con pena

-Chicos no piensen mal por favor, ya íbamos de regreso- se apresuró a aclararles pero Terry también se metió

-¡Así es! ¿Por qué?! ¿Estás celosa de tu mejor amiga?- le encaró a Annie con sarcasmo

-Oigan muchachos, sin ánimos de discutir con nadie, pero esta vez se excedieron, hay que reconocerlo- intervino entonces rápidamente Stear para apoyar a Annie.

-¡Lo que faltaba, la policía!- se mofó Terry levantando lo brazos, más Stear no se dio por aludido y mantuvo la seriedad

-Mejor dejen las bromas para otro momento y regresemos. ¡Candy…sígueme!- pidió determinado, al tiempo que se dirigía a la salida. Candy y Terry solo se miraron, más a esas alturas ya había anochecido por lo que ninguno se atrevió a objetar y sin decir más los siguieron.


-¡Annie es en serio, no estábamos haciendo nada malo, no sucedió nada!-intentó explicarle Candy a su mejor amiga por quinta vez mientras viajaban junto a Patty y otras tres chicas de otro curso, en el carruaje de camino al colegio. Trataba de ser lo más discreta posible aun cuando las estudiantes a quienes no conocían iban embebidas en sus propios asuntos.

Patty por su parte solo intentaba mantenerse al margen de la conversación mirando hacia la ventana.

-¡Candy basta, dejemos de hablar de eso, está bien!- respondió Annie fastidiada. Candy comprendió entonces que su mal humor con ella duraría por el resto de la noche pero aun así volvió a insistir más tarde en el tema porque no quería dar pie a malentendidos.

-...Fue una visita artística, una exploración a un lugar histórico, se nos hizo tarde nada más- les contó en chiquito una vez llegaron a la institución y comenzaron a dirigirse escaleras arriba hacia las habitaciones asignadas

-Ok Candy, quieres que te diga qué es lo que pienso...-contestó Annie exasperada deteniéndose en un punto del corredor -pienso que es de lo más desubicado que te comportes así. Siento que te desconozco...y además estoy totalmente en contra de esa confusa amistad que mantienes con Terrence Granchester- expuso

-¿También crees que hay algo entre los dos, no es así?- profirió Candy entristecida de que su casi hermana no creyera en ella -¿crees que yo sería capaz...?-

-¡No lo sé!- manifestó Annie abriendo con su llave su dormitorioe ingresó. Candy y Patty permanecieron a la entrada sin hacerlo -No sé si tú...pero él no es de confiar- empezó a tratar de completar lo que le quería decir, sin lastimarla -...Está detrás de ti, te ve como a otra de sus víctimas, otra de sus conquistas- concluyó dejando a un lado su equipaje y sentándose en la cama

-¡Annie no sabes lo que dices, ni siquiera lo conoces. Terry ha cambiado!- defendió Candy entrando, sin poder dar crédito a lo que oía pero la chica morena sonrió con sarcasmo

-La que parece no tener idea de lo que dice eres tú- corrigió -¡Candy que haces andando con él, es que no te preocupa que sucedería si Anthony se llega a enterar de todo esto!... ¡él es un buen chico, no se merece una traición!-

Era todo, había dicho lo que pensaba. En ese momento Patty que era la única que no había pasado aún a la habitación se sintió incómoda, pidió disculpas y se retiró, dejando a las dos amigas en un claro gesto de enemistad mirándose frente a frente

-No me importa lo que pienses de mí, no voy a ser hipócrita contigo, te he dicho lo que pienso, que es de seguro lo mismo que ya opinan o empiezan a creer los demás...ten cuidado Candy- argumentó la pelinegra

-No hace falta que me digas todo esto porque yo estoy segura de mis sentimientos. ¡Amo a Anthony y jamás haría algo para lastimarlo, no me importa lo que pienses tú o los demás!- Candy le dejó en claro ya exasperada -¡Ya estoy harta de todos estos rumores!-

-En serio pues deberías decírtelo a ti misma, porque eso no es lo que a mí me pareció hoy- comentó Annie, quien los había encontrado en el Castillo de Edimburgo muy compenetrados

-Te equivocas…- contradijo Candy a punto de llorar pero Annie se levantó, estudiándola de brazos cruzados. A su vista le parecía toda una pecadora suplicando por una redención.

-Siento que te desconozco- Candy agregó

-¡Yo te desconozco a ti!- Annie enseguida se defendió, no acostumbraba a discutir muy a menudo por lo que al hacerlo se ponía roja como un tomate -¡Yo solo sé que si no hubiese creído que mi mejor amiga, mi casi hermana, estaba en peligro a merced de ese patán, no me hubiese expuesto a ir a ese lugar frío, lleno de polvo y fantasmas al anochecer para ayudarla!... Ten un poco de sensatez Candy, porque parece que últimamente la estás perdiendo- sin tener más que decir Annie decidió salir a tomar un poco de aire fresco sin importarle dejar a Candy regañada dentro de la habitación.

Solo entonces al escuchar cerrarse la puerta detrás de ella, Candy entendió que ese día se había comportado de una forma irresponsable, egoísta por no pensar en la preocupación de sus amigos y exponerlos, y además terrible al comprometer con ello su fidelidad hacia Anthony… Al final tanta explicación saliendo de su boca solo era para convencerse a sí misma de que no corría el riesgo de quemarse al acercarse demasiado al fuego, a ese elemento que representaba Terry y que irremediablemente la atraía…"Terry"… ya no sabía a ciencia cierta después de esa tarde lo que sentía por él, los últimos momentos juntos habían sido tan especiales y podían haberlo sido aún más si no los hubiesen interrumpido…

…Cuando Terry se abría ante ella, era realmente encantador, cuando irradiaba esa calidez de su interior que le hacían querer cada vez más asomarse a su alma… sin embargo, no era correcto y ella estaba consciente de ello, lo sabía. Estaba dentro de sí ponerle un límite a todo antes de que se le saliera de control… Debía hacerlo por su bien y por el de Anthony, su novio amado, aun cuando por dentro poner distancia de por medio entre ella y Terry, la entristeciera.


Muy lejos de allí, un caballero sin querer al pasar por la habitación de su hijo, notó que éste se esmeraba en terminar de guardar su equipaje, aun cuando faltaban algunos días para que emprendieran un viaje.

-Veo que quieres tener todo listo lo más pronto posible- comentó desde el umbral de la puerta

-Es bueno ser precavido para no olvidar nada- contestó el joven rubio mientras cerraba su maleta y se erguía luego algo exhausto pero satisfecho de haber concluido con esa tarea

-Sé lo emocionado que estás por ir allá- comentó el señor guiñándole el ojo, a sabiendas de los sentimientos de su hijo

-Un buen médico te espera papá, saldremos totalmente de esta calamidad, ya lo verás- respondió Anthony con optimismo, dándole ánimos -además un corto tiempo de verano en Escocia te hará bien-

-Y además podrás visitar a la niña de tus sueños- agregó el Capitán para entusiasmarlo

-Además- corroboró Anthony con una sonrisa iluminándole el rostro - la verdad es que estoy muy impaciente- confirmó -...la he extrañado tanto papá, cómo quisiera no tener que volver a separarme nunca más de ella...-

Al pensar en su Candy, la mirada azul de Anthony se perdía en el vació llena de nostalgia.

-Sé cuanto la amas, ya falta poco- alentó el Capitán Brower

-Así es papá, ya falta poco- respondió Anthony lleno de esperanzas.


-¡Es el colmo de desvergonzada! le importa un comino que todo el mundo la vea, ¿puedes creer que ayer se escapó con Terry al Castillo de Edimburgo para estar a solas con él?...Annie Britter y el soquete de Stear tuvieron que ir a buscarlos. Tres chicas que viajaban en el mismo coche que ellas lo escucharon- le contó Eliza indignada a la mañana siguiente a su hermano en la sala de estar del colegio -Ya era hora que ese par de gusanos traidores sacaran a la luz ese affaire que esconden- el odio de la pelirroja se hacía cada vez mayor a medida que más pensaba en ellos -¡Terry desgraciado!- agregó para sus adentros en voz baja - así que te fue tan fácil cambiarme pero ya verás, no me voy a quedar de brazos cruzados-

Neal Legan que en esos momentos descansaba en un sofá la resaca de su libertina noche anterior, intervino, harto de presenciar las maldiciones y maquinaciones de su hermana que no dejaba de pasearse celosa, enfadada y neurótica por toda la sala

-No creo que Grandchester la quiera de verdad, solo busca acostarse con ella- opinó en medio de un bostezo

-¿Qué dices?- las palabras de su hermano captaron toda la atención de Eliza

-Copular, fornicar- especificó Neal con sinónimos y desdén -Lo escuché el año pasado apostar con Fabricio Maccini en un bar a que la conquistaría-

-¡Neal, tú sabes lo que estás diciendo, lo que eso significa!- agregó Eliza emocionada al enterarse, enseguida empezando a idear un malévolo plan con eso -¿Tienes algún testigo que pueda ayudar a corroborar aquello?-

-Todos mis amigos lo oyeron- contestó Neal encogiéndose de hombros -¿Por qué?-

-¡Porque es perfecto!- respondió la maliciosa chica, acordándose con coraje de las frases hirientes que le dijera Terry al finalizar su relación con ella y en las palabras de afecto dirigidas a su peor enemiga. Lo que más quería era sabotearlo -Habrá personas a las que de seguro les interesará saber esto...y será también mi perfecta venganza- determinó.


A la hora del almuerzo, Candy se encontraba sentada en una de las mesas del comedor, en compañía de Annie y Patty como siempre, solo que esa vez entre las tres se extendía un incómodo silencio y ninguna quería referirse a lo ocurrido la tarde anterior.

-Annie lo siento- Candy fue la primera que se decidió a hablar -se que ayer te preocupaste por mí…solo quiero decirte que valoro inmensamente tu amistad...eres mi amiga y me cuidas, yo haría lo mismo por ti- no fue tan fácil pedirle disculpas sobre todo por la indiferencia de ella, sin embargo Candy lo hizo con el corazón y a la final Annie lo terminó aceptando

-...Está bien Candy...yo también te debo una disculpa...me excedí- acordó dejando el resentimiento a un lado

-¡Perfecto, ahora sí podemos disfrutar de la comida en santa paz!- comentó Patty dando por finalizado enseguida el asunto. Las otras dos chicas sonrieron con gracia.

En eso, aprovechando que no se encontraban presentes en esos momentos las autoridades, Archie y Stear se acercaron a dejarles un mensaje

-Señoritas- saludó Stear

-Qué tal princesas- saludó el galante Archie poniéndose al lado de su enamorada

-¡Archie!- exclamó Annie sorprendida con su vocecita dulce

-¡Stear!- dijo Patty emocionada

-Hola corazón- contestó él, extendiendo su mano sobre la mesa para alcanzar la de ella.

Candy una vez más se sintió un poco incómoda ante las demostraciones de afecto del resto del grupo emparejado y su soledad, pero cuando vio que al descuido Stear se volteaba a mirarla y le entregaba un sobre, olvidó todo lo que estaba pensando para concentrarse únicamente en el nombre del remitente sobre el papel… Con manos temblorosas abrió la carta y al leerla los ojos se le llenaron de lágrimas.

-¡Anthony, va a venir!- murmuró sin poder creerlo… Iba a ir a Escocia, a visitarla. Su corazón empezó de repente a latir a velocidad, casi sin poder contener la emoción. De repente todas sus dudas y oscuridad se dispersaban. Él era su felicidad, todo lo que le hacía falta para sentirse completa.

-Nos llegó esta mañana, él quería que fuera una sorpresa pero creímos con Archie que era mejor decírtelo o de lo contrario podía darte un paro cardiaco- el joven inventor le comentó

-Les hubiera matado si no me lo decían- concordó Candy limpiándose para entonces sus húmedas mejillas, pero algo en la actitud seria de su primo le dijo que también lo hacía para que se mantuviera alejada de Terry y tuviese presente a Anthony en todo momento. Stear también estaba al tanto de su "extraña amistad" pero leal como era, no decía nada. Candy comprendió sin saber por qué que incluso no le había comentado nada a Archie sobre los pormenores presenciados la noche anterior para no encender más la chispa de la discordia en el grupo hacia ella -...Gracias- le reconoció en voz baja algo azorada

-Anthony debe estar impaciente por verte...- añadió él, pero en esa ocasión Candy solo pudo bajar la mirada

-¡Qué Anthony va a venir, qué emoción! Siempre les desearé lo mejor, hacen una hermosa pareja- comentó Patty al escucharlo, inclinándose para felicitar a su amiga con sinceridad.

-Gracias Patty- expresó ella, más en eso como si su propia inconsciencia lo advirtiera sintió la presencia de alguien que la observaba de lejos y cuando al disimulo dirigió la mirada hacia un lado, vio a Terry moverse y pasar por el comedor con su insolencia e inconfundible gallardía, así como con un profundo resentimiento gravado en su semblante dirigido hacia ella, que al instante la confundió y le hizo darse cuenta que de alguna forma ya lo sabía todo. Estaba al tanto de que Anthony regresaría...como prueba de ello, desde aquel día el chocolatito de regalo ya no apareció.


Continuará...

¡Mil gracias por leer!

Belén