XXXII._ Bandidos de Tierra y Mar: I
En pueblo Lavacalda había muchos ancianos. Por lo mismo, el ritmo del pueblo en sí era muy lento y pausado, y los jóvenes se habían acostumbrado a eso.
En cierto momento Flannery dejó su gimnasio para atender ciertas quejas de los aldeanos; que últimamente las aguas termales necesitaban mucho más mantenimiento, que sus pokemon se encontraban nerviosos, que había muchos temblores, que había gente sospechosa rondando el pueblo.
Suspiró apenas dar tres pasos desde el edificio.
-Estoy harta de la gente vieja- pensó para sí, cuando algo llamó su atención.
Muy arriba, más allá del bosque tropical que separaba Lavacalda de la punta del volcán, se veía humo. Eso no era buen signo. Pensó en ir a investigar, pero entonces alguien irrumpió sus pensamientos.
-Disculpe, señorita- la llamó una voz suave, pero robusta.
Flannery se giró, y se sorprendió de ver un pokemon que no había visto en su vida, al menos no en persona. Su forma era humanoide, sus brazos y piernas eran flacos, pero en sus manos llevaba rojos guantes muy gastados.
-¿Ha visto a un Teddiursa paseando por aquí?- le preguntó el Hitmonchan.
Flannery se quedó tan pasmada que no logró siquiera reaccionar. Como no le contestaban, el Hitmonchan sacó una fotografía de su objetivo y se la mostró. Dentro se apreciaba a un tierno pokemon infante, con garras en sus patas, ojos grandes y negros, y una especie de luna menguante dibujada en la cabeza.
-¿Un Teddiursa?- repitió ella, consternada, y finalmente comprendió qué le estaban preguntando- Ah, no. No lo he visto.
-Okey, gracias.
El Hitmonchan se guardó la foto en el bolsillo y se marchó sin más. Flannery se quedó plantada un momento, preguntándose qué clase de pokemon eran esos.
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Ruby abrió los ojos de golpe, despertando de un sueño que olvidaría por completo en treinta segundos. Sus ojos no se tuvieron que acostumbrar a la luz de la mañana, puesto que habían ido a dormir bajo la protección de los árboles junto al camino.
Lo primero que vio fueron dos ojos grandes y juguetones que lo observaban atentamente. Pronto la dueña de estos ojos se sonrojó por haber sido descubierta mirándolo, pero de todas formas no dejó de hacerlo.
-Robin…- la saludó un soñoliento Ruby.
-Ruby…- contestó ella.
Se quedaron mirando por largo rato el uno al otro. Varias e intensas emociones cruzaron sus arterias, pero no hicieron nada más.
-Ruby- lo llamó Robin nuevamente.
-¿Sí?
Ella desvió la mirada, un poco avergonzada.
-He estado pensando un rato esto… es algo incómodo, y no sé cómo debería decirlo.
Ruby sonrió, dándole a entender que podía contarle lo que quisiera. Quería preparar su mente para cualquier intención que saliera de la boca de Robin, de cada posibilidad por igual, pero no pudo evitar que surgiera dentro de sí una pequeña esperanza de una confesión de cierto tipo. Mientras ella tomaba aire para decirlo, él hizo como que ignoraba aquella esperanza.
-¿Podrías… quitar tu mano?
-¿Ah?
Ciertamente no era lo que se esperaba, pero al seguir la línea de su brazo con la mirada comprendió luego de qué hablaba Robin. Por esas casualidades de la vida, su mano derecha había terminado reposando plácidamente sobre el plano pecho de la muchacha. Ruby resistió la enorme tentación de contraer sus dedos para confirmar la falta de grasa en los senos de su amiga, y la retiró rápida pero gentilmente.
-Lo siento- dijo, aunque sin mucho remordimiento en su voz.
-¿En serio?- ella pareció desilusionada. Suspiró. Ruby no supo qué decirle.
-No, no quise decir eso- alegó, aún medio adormilado.
-Está bien- Robin sonrió de repente- En verdad soy yo la que tiene que aceptar que nunca me… desarrollaré completamente.
Esto plantó una duda dentro de Ruby.
-¿Cómo que nunca te vas a desarrollar completamente?
Robin miró hacia el cielo a través de los pequeños agujeros que dejaban las hojas de los árboles.
-Tengo una enfermedad muy rara, o algo por el estilo. Nunca llegué a entenderlo del todo. Mi cuerpo llegó a los catorce años, y se quedará de esta forma por siempre. Envejeceré, por supuesto, pero nunca tendré la constitución adulta que debería- suspiró- No es malo del todo, en verdad me gusta mucho cómo me veo, pero nadie me toma en serio. Todos piensan que soy una niña, cuando en verdad tengo veintiuno.
Miró a Ruby, junto a ella. Él se quedó callado, con los ojos muy abiertos. Eso la hizo reír.
-¿Qué?
-¿Tienes 21?
-Claro- se sentó, y le revolvió el cabello de forma cariñosa- Puedo emborracharme, manejar, jugar juegos de azar y comprar servicios de mujerzuelas.
Ruby ignoró lo último, y se sentó con ella, un tanto embobado.
-¿Qué?- le espetó Robin- ¿No me crees?
-En verdad, sí. Tiene bastante sentido… aunque es difícil de tragar.
Robin se echó a reír.
-Eres un amor- le dio un beso en la frente- Para ser un niño, eres buena compañía.
-No soy un niño- exclamó él, intentando parecer ofendido- Solo tenemos cuatro años de diferencia.
-Sí, tienes razón. Eres todo un hombrecito- Robin le agarró uno de sus brazos para estrujar sus músculos. Ruby, nuevamente, no supo cómo reaccionar.
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Zafiro vio el final del abrupto camino hacia la cima de la montaña, y se detuvo. Podría haberse alegrado, después de días de escalar, caminar y entrenar. Había dormido incómoda, había comido poco, se había escondido de gente sospechosa y por fin podría llegar a la cima, pero… después de terminar no se sintió mejor.
Se sentó en una roca, junto al camino, y dejó que sus pokemon tomaran aire y estiraran las piernas. Estos se fijaron en su actitud meditabunda, y prefirieron no perturbarla. Cuando interrumpían sus pensamientos se llevaban una reprimenda, por eso se sorprendieron cuando ella les habló.
-¿Qué debería hacer ahora?- alegó, afirmándose la cabeza con las manos.
Los tres pokemon se miraron, nerviosos, sin saber si esa pregunta había sido dirigida a ellos.
-¿Qué dices, Marshtomp?- le preguntó Zafiro.
El aludido sintió que un escalofrío recorría su espina. Tragó saliva y respondió.
-¿A… ¿A qué se refiere, señorita?
-Bastó un solo pokemon de Ruby para vencerme. Por más que entrene, nunca llegaré a ser tan fuerte como él. Tampoco puedo ayudar o pedir ayuda a entrenadores de niveles superiores, como los líderes de gimnasio o el Alto Mando. Ellos ya están buscando a Ruby… ni siquiera soy lo bastante buena para obtener las medallas de gimnasio ¿Qué crees que debería hacer ahora?
Marshtomp miró a Slugma y a Lombre, los tres estaban confundidos.
-Ehm… yo…- se rascó la cabeza, sin saber qué decir.
Entonces la miró, y se sintió culpable. Zafiro podía ser cruel a veces, pero nunca era mala por ser mala. Simplemente quería ser más fuerte a través de sus pokemon, y lograr algo en la vida para sentirse digna. Marshtomp se sintió culpable por no esforzarse más por ella, por no aguantar más en las batallas decisivas, por anteponer su propio bienestar a los deseos de su entrenadora. Después de todo, los pokemon solo estaban en ese mundo para hacer felices a los humanos ¿No? Así lo habían educado desde pequeño, esperando el momento de salir en una aventura con esa muchacha perdida frente a él. No podía defraudarla.
-Señorita- la llamó con toda la autoridad que pudo reunir. Ella levantó la mirada, sorprendida del tono en la voz de su pokemon- Por favor, no se rinda ahora ¿No recuerda las palabras de su padre?
-¿Qué dijo papá?
-"La única forma de perder es rindiéndote" No importa si pierde cien veces, siempre que se vuelva a parar tendrá otra oportunidad. No debe dejar su aventura pokemon a medias, no después de todo lo que hemos luchado.
Slugma y Lombre retrocedieron a medida que su compañero le hablaba a su entrenadora. Dirigirle la palabra con tanta insolencia lo metería en un lío enorme. Cuando terminó, esperaron con horror a que Zafiro se levantara y lo pateara hasta que no pudiera ponerse de pie, pero no ocurrió nada de eso.
Zafiro se quedó mirándolo por largo rato en silencio, pensativa.
-Tienes razón- se levantó, se acercó a él y le acarició la cabeza- Gracias, Marshtomp.
Sin más, echó a caminar los últimos pasos hacia la cima de la montaña. Se oía mucha gente arriba, seguramente habría muchos turistas y alpinistas.
Pero de pronto se detuvo, con lo que sus pokemon chocaron con su poto.
-¿Qué sucede, señorita?- inquirió Marshtomp
Zafiro se limitó a apuntar al frente, y toda su frustración se transformó en excitación en cuestión de instantes.
-¡Un pokemon desconocido!
El aludido, que andaba mirando algo a la lejanía, reparó en ese instante en la presencia de aquellos extraños. Era pequeño, de largas y redondas orejas, pelo marrón y una luna menguante surcando su cabeza.
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-Entonces… ¿Es un adiós?- inquirió Ruby, apenado.
-Es un "hasta luego"- le corrigió Robin.
Se encontraban en la ruta 112, frente al teleférico que llevaba a la cima del Monte Cenizo. Habían compartido poco tiempo juntos, pero no tenían muchas ganas de separarse.
-¿Vas a seguir causando problemas?- supuso Robin.
-Por supuesto.
-Niños, vigilen la espalda de su padre ¿Oky?
-¡Cuenta con nosotros!- exclamó Fiercy, mostrando sus músculos.
-Te extrañaremos, Robin- le espetó Smoky.
Cloudy se acercó a la Altaria que había sacado Robin de la pokebola. Era alta, esbelta y hermosa, con plumas de un azul profundo y dos coletas largas saliendo de su cabeza. Esta la miró a ella, y le sonrió.
-¿Algún día seré como tú?- le preguntó.
-Seguramente, siempre que entrenes duro y obedezcas a tu entrenador.
-Ya estoy lista- le espetó Robin a la Altaria.
Esta asintió con la cabeza, y se puso de espaldas para que la muchacha pudiera encaramarse a ella. Ruby y sus pokemon vieron cómo la Altaria se levantaba sin problemas con el peso extra y expandía sus enormes alas. Entonces las batió una vez, con lo que creó una corriente de aire tan potente que Birdy y Brainy casi se caen de espaldas. Cuando por fin el viento les permitió volver a mirar, contemplaron a Robin y la Altaria volando muy lejos. Robin agitó su mano enérgicamente hasta que se volvió un punto diminuto.
Los siete se quedaron plantados un momento, contemplando el cielo en donde ya no veían nada más que nubes y azul.
-Algún día se nos unirá- aseguró Smoky en voz alta, para que todos pudieran oírlo.
-Sí, no te preocupes, Ruby- le espetó Kitten.
-¿De qué están hablando? ¿Preocuparme de qué?
-Jeje. Ruby es un tonto.
-No digas eso, Cloudy- le pidió Birdy.
-Ruby- Brainy se giró hacia él- Robin me da mala espina, está ocultando algo.
-Aquí vamos otra vez- alegó Fiercy.
-¡Lo digo en serio!- reclamó Brainy- Ruby, en verdad que Robin oculta algo. Casi todo el tiempo que permanecimos con ella pude leer sus sentimientos de culpa y miedo, mucho más cuando se acercaba a ti. Esa tipa no me gusta, para nada.
-¿Culpa y miedo?- se extrañó Ruby- Lo tendré en cuenta, Brainy. Gracias.
-¡Pero si Robin era tan buena!- continuó Fiercy.
Smoky sintió la necesidad de intervenir por el bien del grupo, y en eso se fijó en Cloudy. Ella siempre decía tonterías que les sacaban una sonrisa a todos, sin embargo su expresión en ese instante no mostraba intención alguna de hacer un chiste. Cloudy continuaba mirando fijamente el punto en el cielo donde Robin había desaparecido volando. Lo miraba con desconfianza y un deje de irritación. Smoky nunca había visto a Cloudy con el seño fruncido, y por lo mismo le costó reconocer que esa pokemon junto a él era su compañera.
Pero solo duró un instante, nada más. De repente Cloudy se giró con su alegría de siempre, corrió hacia Ruby y se encaramó a sus brazos.
-¡Ruby es mío!- exclamó.
-¡¿Qué?!- saltaron los demás.
Pero antes de que pudieran reaccionar, Cloudy se subió a la cabeza de Ruby y lo instó a echar a correr.
-¡Arre, arre! ¡Corre, que nos alcanzan!
-Entonces será una carrera.
Ruby se lanzó hacia el camino a toda velocidad, seguido de sus pokemon.
-¡No se vale! ¡Mis piernas son muy cortas!- alegaba Brainy.
Fiercy se acercó a ella para sacarle la lengua y sobrepasarla con toda facilidad, lo que la enrabió más.
-¡Yo te tengo!- Birdy acudió en su ayuda, y la agarró de los hombros para darle ventaja.
Smoky alcanzó a Ruby y Fiercy con sus poderosas piernas, pero entonces Kitten saltó sobre él y le pisó la cara.
-¡Eso no se vale!
-Nadie dijo que había reglas- contestó ella mientras lo sobrepasaba.
Corrieron y corrieron hasta el teleférico, que parecía funcionar correctamente. Se subieron todos en un vagón a descansar, mientras se ponía en marcha.
-Oh, vaya. Estoy cansado- anunció Ruby.
Sus pokemon reían y jadeaban como él, y en cuanto comenzaron a subir, contemplaron el paisaje por la ventana.
-¡Miren, puedo ver una torre hacia allá!- apuntó Kitten.
-Se pueden ver muchas cosas- admitió Brainy, y entonces miró a Birdy y Cloudy- Aunque me imagino que para ustedes dos no es mucha sorpresa.
-En verdad, creo que hasta aquí es lo más alto que he llegado volando- aseguró Birdy- Para volar más o a más altura se necesita un cuerpo muy fuerte.
-¡Cuchufleta real!- exclamó Cloudy.
-¡Kitten, casi me pasaste en esa carrera!- la felicitó Fiercy.
-¿De qué hablas? No fuiste rival para mí- se vanaglorió, usando un gesto de la mano para dar un efecto de superioridad.
Fiercy resopló sonoramente por la nariz.
-Parece que a alguien se le subieron los humos de la evolución a la cabeza- gruñó, mirándola detenidamente. Kitten sonrió.
-Intentaba imitarte, por si no se notó- mostró sus manos, sucias y llenas de tierra- Correr a cuatro patas no me agradaba mucho antes, pero ahora se sintió vigorizante.
-¿Cierto que sí?
-¿Y qué me dices que al bajar nos damos una "vigorizante" entretención, tú y yo?- le espetó Fiercy.
-No me vendría mal- contestó Kitten.
Smoky se dedicó a oírlas en silencio. No lograba entender si se daban cumplidos o si se estaban matando con la mirada, y ciertamente no quería arriesgarse a preguntar. Luego se fijó en Cloudy, la cual jugaba a hacer caras chistosas con Birdy. Smoky se preguntó si esa expresión que había visto en aquella cara inocente en verdad había existido y no había sido un producto de su imaginación. No, probablemente había sido un lapsus, un juego de sombras. Con eso, Robin le llegó a la mente. Se fijó en Ruby, que mantenía su mirada en el horizonte, más o menos hacia donde se había ido ella ¿Estaría esperando encontrarla en el cielo?
-Ruby- lo llamó Smoky.
-¿Sí?
-Cuando le pediste a Robin unirse al grupo ¿Qué pensaste que pasaría si aceptaba?
El muchacho se quedó un momento quieto, sorprendido con la pregunta.
-Ah, sí. Se me olvida que pueden ver y oír todo a través de las pokebolas- alegó en voz alta. No tenía muchas ganas de contestarle, pero ya era tarde para echarse atrás; todos lo miraban curiosos- Pues… me pareció que era una buena adición al equipo
-¡No puedes hacer eso!- insistió Brainy.
-Aunque tienes que admitir que tenía una fuerza tremenda- apuntó Kitten- Digo, no fuerza, pero sí sabía pelear como nadie. Incluso venció a Ruby.
-Y aunque no pudiera pelear, seguiría siendo una adición valiosa- agregó el chico- Con su previsión, nos ahorraríamos muchas de mis metidas de pata.
-Metidas de pata de todos- corrigió Smoky- Tal vez Robin no pueda unírsenos, pero sí podemos aprender de ella- golpeó su palma con un puño- Tenemos que volvernos más fuertes y más inteligentes. Hemos logrado mucho, pero eso solo significa que cada vez será más difícil.
Todos aplaudieron cuando terminó, tomándolo por sorpresa y haciéndolo sonrojar. Ruby sonrió, orgulloso. Smoky no era un líder nato, pero siempre cargaba con el peso de todos con una sonrisa. No había otro individuo en el mundo a quien pudiera encargarle liderar Pokemon Gijinka en su ausencia.
