— Sam, ¿podrías disculparnos un momento? — pidió el teniente.
El menor de los Winchester miró a su hermano, esperando alguna clase de explicación. Dean simplemente alzó los hombros en señal de ignorancia.
— ¿Qué sucede? — demandó saber el ex detective tan pronto como la puerta se cerró con un clic.
— Mientras estabas inconsciente no teníamos mucho con qué trabajar, así que mandamos al laboratorio la gabardina de Castiel — el teniente apretó los labios con tanta fuerza que formaban una delgada y tensa línea.
Bobby no parecía querer continuar, así que Dean dirigió su mirada a Gordon. Finalmente, el otro detective habló:
— Además de sangre, encontramos rastros de droga. En una de las bolsas de la gabardina había una cantidad minúscula, pero importante. En laboratorio creen que el paquete pudo haberse roto y derramado dentro — por mucho que Gordon quisiera saborear otra victoria contra Dean, el rostro perdido y triste del otro le impidió hacer algún comentario sarcástico, e incluso se le salió un "lo siento" al final.
No había enojo, ni gritos, ni golpes contra la pared, tampoco insultos para ninguno de los presentes. Volvió a mirar al teniente:
— Oh, okay — fue lo único que Dean pudo elaborar en ese momento. Se instalaba un nudo en su garganta, trataba fuertemente de controlar cualquier emoción que pudiera reflejarse en su rostro —. Eso explica muchas cosas — rio nervioso.
Gordon y el teniente Singer salieron de la habitación. Sam esperaba sentado afuera. Los labios de Bobby estaban apretujados, formando una delgada y recta línea. Sam se levantó con rapidez, se adentró una vez más a la habitación y lo único que vio fue la vista de Dean dirigida a la pared frente a él, o quizá, al plano de su memoria.
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El teniente Singer y Chris bajaron de la vieja patrulla. Bobby patrullaba con ella en sus primeros días como policía y jamás se había separado del vehículo. Así de sentimental era. El pequeño Dan hacía segundos que había entrado a la cafetería, ignorando a su padre que le gritó que esperara.
— Ve por el frente, yo iré por detrás — estiró las piernas, como si estuviera preparándose para una carrera o persecución.
— ¿Creí que eran buenos amigos? — inquirió Bobby alzando una ceja.
— Lo somos — sonrió y caminó hacia la parte trasera del edificio.
Bobby no pudo hacer otra cosa mas que suspirar. Cats on Mars era una cafetería común y corriente. Vidrios transparentes. Ambiente retro. Lo único que la diferenciaba de otros establecimientos era una bandera arcoíris pegada en la entrada. Bobby enseñó su placa a quien parecía ser el manager o dueño del lugar.
— ¿Kyle está aquí?
— ¿Va a arrestarlo, teniente? — observó la placa y anotó los números de la placa.
— No, sólo quiero hacerle algunas preguntas — contestó en un tono apaciguador y menos sarcástico del acostumbrado —. Podría hacerlas aquí mismo — observó el menú escrito en el muro detrás de la barra —, y pediré un capuchino y una rebanada de pay — guardó su placa y esperó, haciéndose ver lo menos amenazador posible. Incluso sonrió un poco. No podía culpar al dueño por ser tan precavido y desconfiado, muchas cosas estaban pasado en la ciudad.
— Está fumando, en la parte trasera — señaló una puerta hacia el fondo luego de un largo escrutinio.
El teniente dijo gracias y con permiso, preguntándose por qué Chris no había entrado simplemente. Lo más seguro es que allí lo conocieran, dado que Dan hablaba con una divertida mesera sobre lo delicioso que había estado la leche con chocolate de la última vez.
Abrió la puerta y allí se encontraba: la versión adulta, bien vestida y arreglada de aquella foto en la base de datos. Tenía el resto de un cigarro entre sus dedos, ardiendo todavía pero sin haber sido fumado en varios minutos.
Bobby carraspeó, rompiendo la profunda concentración del chico. Para él era un chico, de todos modos. Movió su mano para mostrar su placa pero Kyle de inmediato se puso de pie y en guardia, con los ojos grandes y expectantes de cada movimiento.
— Soy el teniente Robert, sólo vengo a hablar — habló con el mismo tono qué había utilizado con el manager hace unos minutos.
— Sí, claro — contestó con sarcasmo y confidencia, cuando su cuerpo entero se preparaba para huir de la escena —. Nadie manda al teniente a hablar solamente.
Diciendo esto último, Kyle dio media vuelta y corrió. Dios, cómo corría. Nadie hacía correr al teniente Robert Singer desde que era teniente.
Para la fortuna de Bobby, la carrera de Kyle fue demasiada corta como para volar de la escena. Ya a la salida del pequeño callejón estaba Chris sosteniéndolo. Ahora entendía por qué había insistido en ir por detrás.
— Te prometo que sólo estamos aquí para hablar — apaciguó Chris a Kyle. Le dio unas torpes palmadas en la espalda y lo dirigió hacia Bobby para entrar al lugar.
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— ¿Qué es lo que quiere saber, Teniente? — Kyle seguía con la mirada todos sus movimientos, haciendo parecer que el interrogado era Bobby y no él.
— ¿Dónde estabas el sábado por la noche?
— En la casa de Chris, cuidando a Dan — contestó de inmediato, habiendo repasado los últimos días en su mente.
— ¿Antes de eso?
— Estaba en un bar-disco. Se llama Yaranaika, con signo de interrogación al final, aunque lo conocen sólo como Yara. Está a la salida de la ciudad, junto a la zona industrial — dio un sorbo al té que el dueño le había dado en cuanto entraron por la puerta trasera —. Estuve ahí hasta poco antes de media noche, después Chris llamó y fui a su casa.
— ¿Con quién estabas antes de que llamara Chris? — preguntó exasperado. Al parecer, Kyle había estado en tantos interrogatorios que sólo ofrecía la información mínima para cooperar, agregando un detalle aquí y allá para parecer que colaboraba con ellos. Chris parecía que los ignoraba, sin embargo, escribía en una libreta todo lo dicho aunque la rústica grabadora de mano del teniente ya estuviera guardando cada palabra dicha.
Kyle soltó un largo y amargo suspiro.
— ¿Esto es por el exnovio imbécil? Sabía que era policía — masculló lo último y apretó los puños.
— ¿Qué exnovio? — Chris levantó la cara de la libreta.
— De acuerdo. Sabía que ese idiota era un problema tan pronto como lo vi. Pero qué puedes hacer, ¿uh? Los guapos y sensibles siempre se enamoran de imbéciles — se alzó de hombros y dio un sorbo a su té de nuevo.
— ¿Qué exnovio? — repitió Bobby.
— El viernes, casi al momento de cerrar, entró un cliente. Se veía muy solo y triste, así que hablamos. Dijo que no tenía donde pasar la noche así que le ofrecí mi departamento.
Chris ahogó una carcajada y recibió un puntapié por debajo de la mesa.
— ¡Se durmió en el sillón de la sala! El tipo se veía miserable. Sospeché que había roto con su novio o algo parecido, así que simplemente hablamos y bebimos cerveza. Fue todo.
— ¿Y? — alentó Bobby.
— El sábado por la mañana, antes de venir a trabajar, él seguía dormido así que le dejé una nota de que podía tomar una ducha, desayunar, o qué se yo.
— ¿Dejaste un completo extraño en tu departamento? — preguntó el teniente, aquello parecía poco creíble.
— No es como si tuviera algo para robar, teniente. Además, vivo en una especie de vecindad, si alguien entrara a robar los demás lo notarían — jaló la libreta donde Chris anotaba lo que hablaban y garabateó su dirección y teléfono —. Ahí es donde vivo.
Bobby aprovechó la interrupción para sacar una fotografía de Castiel que Ash había impreso antes de ir a ver a Dean al hospital.
— ¿Lo reconoces?
— Sí, es el cliente. No recuerdo su nombre, era algo angelical. Su apellido era Newman, más fácil de recordar.
— ¿Qué ocurrió el sábado, entonces? — dijo Chris mientras continuaba escribiendo.
Kyle revolvió su cabello con ambas manos, volviendo a soltar otro suspiro.
— Cuando regresé de trabajar, por las ocho de la tarde, seguía en el sillón, aunque ya estaba despierto. Se veía miserable, ni siquiera había visto mi nota. Hablé con él, lo convencí de que tomara una ducha mientras yo prepara algo. Se puso la misma ropa del día anterior excepto un chaleco. Como sea, comimos, hablamos un poco, y luego de que admitiera que había peleado con su hermano y con su pareja el mismo día lo invité a Yara. Aunque él no hubiera estado en el departamento iba ir al bar de todos modos.
Sus hombros se tensaron de pronto, al mismo tiempo que repetía en su mente las escenas del sábado.
— Fuimos al bar, como a las… 10 de la noche. Bailamos, tomamos, seguimos bailando… tomamos más. Luego… las cosas subieron de tono, así que fuimos a un lugar más privado.
Bobby arqueó las cejas.
— Los baños, para eso son los baños, además de… eso. Conseguí desabrochar esa estorbosa gabardina cuando el exnovio bastardo nos encontró — Chris apretó los dientes —. Fue muy rudo y amenazante. Apenas lo vi supe que era policía o algo por el estilo… comenzó a gritar y pedir a Newman que hablara con él. No quería ningún problema así que salí del baño por un momento — bufó, dio un sorbo a su té y continuó — no dejó que nadie entrara a ese baño durante 10 o 15 minutos. Después de eso, el exnovio salió más furioso de lo que había entrado. En seguida salió Newman como si nada hubiera pasado y sólo dijo "necesito un trago".
— ¿A qué hora fue eso?
— No lo sé, por las once de la noche. Fuimos hasta la barra, donde comenzó a beber como camionero.
— ¿Qué hay de la gabardina? — preguntó Chris.
— ¿Qué?
— En el baño, dijiste que te deshiciste de la gabardina — aclaró.
— Ah, cuando salió de él la traía puesta de nuevo. Nunca se despegó de esa cosa. Continuó bebiendo y bebiendo, comenzó a preocuparme. Traté de que se detuviera pero me contestaba de una forma muy vulgar e insultante — torció una mueca —. Me senté junto a él por un largo tiempo convenciéndolo de irnos. No sabía a dónde había ido su exnovio pero podía regresar en cualquier momento. Chris llamó por la media noche. Contesté pero no escuchaba absolutamente nada, me alejé de la barra, lejos de las bocinas, para tomar la llamada. Chris necesitaba alguien que cuidara a Dan el resto del fin de semana, dije que sí… Cuando regresé a la barra, Newman ya no estaba.
Nadie habló por un momento, únicamente Chris hacía ruido, rayando con la pluma el papel.
— ¿Y eso fue todo? ¿Lo dejaste solo? — El teniente levantó la voz.
— Claro que no — respondió con un tono de ofensa en su voz —. Le pregunté al cantinero si había visto a dónde había ido, me dijo que otro tipo le había invitado a bailar. Dijo que era un poco más alto que él, blanco, cabello castaño y apuesto. Lo busqué durante diez o quince minutos, pero no pude encontrarlo. Media noche es cuando hay más personas… apenas y puedes moverte allí adentro — se excusó y se hundió en la silla —. ¿Está muerto, verdad?
— Está desaparecido — respondió Chris.
— Desaparecido y muerto es lo mismo en estos lugares — contestó Kyle con un tono amargado —. Y por si aún tienen dudas: yo no lo hice.
— ¿Por qué estás tan seguro de que está muerto? — preguntó Bobby. Esta vez era él quien apretaba los puños.
— Mike está muerto, no me sorprendería si alguien más apareciera muerto en una banqueta — se encogió de hombros —. Esas noticias viajan rápido.
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El olor a cloro mezclado con sangre es tan potente que lo despierta. No está seguro si ya ha abierto los ojos porque su alrededor está opacado y sin ninguna luz, ventana, o algo que le indique el tiempo. Está flotando en medio del espacio inmutable. Levanta la cabeza y su cuello duele, aprieta los dientes y saben a metal. Una gota de sudor baja por el puente de la nariz. Trata de acercar su mano derecha pero un sonido metálico y un dolor en la muñeca se lo impiden. Está flotando en medio de la nada con las manos atadas encima de él. Agita sus manos, las mueve de un lado hacia otro pero sólo consigue más dolor en sus muñecas y brazos.
El corazón se le sube a la garganta, y es tan ensordecedor en tan vacío silencio que es lo único que puede escuchar. Trata de moverse pero sus pies no alcanzan el suelo.
Trata de hablar pero su garganta está seca. Emitir un sonido es como tragar navajas. Aun así, emite un lastimero "ayuda".
Su vista fue acostumbrándose a la oscuridad, y el presunto vacío ya no lo era tanto. Estructuras lo rodeaban, veía una silla delineada, el marco de una puerta muy al fondo, pilares de la construcción… y justo en la pared de enfrente discernía una figura guardada en la pared, en una especie de nicho. Una débil luz emanaba del nicho, titilaba como la flama de una vela al final de su vida. Agudizó la vista lo mejor que pudo, entre la intermitente luz pudo distinguir la figura.
Castiel escuchó una puerta de metal abrirse. Con la luz que ese acto trajo, pudo ver claramente: era una especie de virgen, pero no estaba rezando; a cambio sostenía en un plato con su mano derecha dos admirables y delicados ojos.
FIN – Un solo túnel
Por si aún quedan dudas: no he muerto. No puedo creer que ha pasado más de un año que actualicé. Finales del 2013 y finales del 2014 fue una época muy negra para mí. Realmente negra. Resta decir que ahora estoy mucho mejor y que he comenzado el 2015 con el pie correcto.
Este fanfic es muy especial para mí, y durante todo el tiempo que no actualicé siempre pensé en la historia y en cómo continuaría y qué escribiría. Más de un año sin actualizar pero yo me prometí y dije por aquí algunas veces que continuaría y terminaría; ahora que mi salud mental mejoró puedo permitirme continuar escribiendo.
No puedo expresar el agradecimiento que tengo a todas aquellas personas que durante el tiempo que no actualicé mandaron mensajes preguntando por esta historia. Muchas gracias y espero que les haya agradado este corto capítulo. Me gusta pensar que mi escritura mejoró aunque sea un poquito.
Dee, corto.
