Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.
… Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…
Capítulo XXXVII
–Será muy aburrido ahora que lo pienso.
Hermione se dio la vuelta y quedó apoyada contra la encimera de la cocina, su mirada era más pensativa que de costumbre y su entrecejo se encontraba profundamente fruncido. Sirius bajó el libro que leía y rio socarronamente, mientras la miraba con incredulidad.
–¿Aburrido? Debes estar de broma, Mione.
La castaña se cruzó de brazos y encogió los hombros de forma caprichosa.
–No habrá emoción o sorpresa, será todo tan normal. –La queja de la castaña era sincera y casi infantil –Pobre Harry y Ron.
Sirius volvió a reír y esta vez se acercó a su esposa con comprensión. Entendía su punto, simplemente era algo descabellado analizarlo.
–Por supuesto, será muy aburrido tener una infancia y adolescencia normal, solo preocupados de los exámenes… –La ironía de Sirius crecía con cada palabra –¡Y cómo olvidar! ¡Ni pensar llegar tarde a las clases o meterse en líos con las otras casas!
Hermione entrecerró sus ojos y enseguida hizo un puchero.
–Solo digo que son inquietos, o lo eran cuando los conocí, en algo tendrán que entretenerse.
La réplica de la castaña no era muy convincente y por supuesto que su esposo lo sabía a la perfección.
–Tranquila, Mione… Harry y Ron encontrarán la forma de divertirse en Hogwarts sin tener a un psicópata tras de ellos cada año.
Hermione rodó los ojos y se dio la media vuelta una vez más, aunque sonriendo, como cada vez que Sirius llevaba la razón.
La conversación que había mantenido por más de una hora finalizaba. Básicamente habían discutido los puntos positivos y negativos de Voldemort en la vida de Harry. Hermione recién caía en la cuenta de que cuando finalmente destruyeran al ahora Mago más perverso de toda la historia mágica, su amigo tendría una vida normal, con padres y amigos, una infancia común y corriente y una adolescencia igual. De hecho ni siquiera Hogwarts sería lo mismo.
¿Serían acaso Harry y Ron amigos?
Y ella… no, era mejor no pensar en ello.
–La cena está lista, Sirius, coloca los platos.
Sirius obedeció enseguida y se dispuso a ayudar a su esposa, ese día habían salido antes del Ministerio por orden de Dumbledore.
No eran idiotas, sabían que algo ocurría por la actitud que traían Dumbledore y Moody desde hace unas semanas, ellos conocían lo suficientemente bien a ambos hombres como para estar seguros de que algo ocultaban, y por supuesto no era bueno.
Alguien llamó a la puerta y quebrantó la tranquilidad del hogar de la pareja. Hermione miró a Sirius que se dirigía a atender a quién fuese que esperase tras la puerta. Abrió con cuidado y se encontró con una sonriente Dorcas que cargaba entre sus brazos al pequeño Orion que casi cumplía un año de edad.
–Hola Sirius, –la chica lo saludó tan feliz como de costumbre y entró junto con su hijo –lamento venir tan tarde.
Hermione al ver que se trataba de Dorcas se acercó con prisa para saludarlos. Sacó a Orion de los brazos de su madre y se dispuso a jugar con su sobrino.
–Se está quedando dormido. –Dijo Hermione decepcionada al sentir la cabeza del niño contra su pecho, respiraba acompasadamente.
–Estaba durmiendo, lo tuve que despertar para sacarlo de casa. –Se quejó Dorcas mientras buscaba algo entre los bolsillos de su túnica –¡Bingo!
Le mostró a ambos un pequeño pergamino y se lo tendió a Sirius, quien leyó rápidamente y entornó los ojos con sospecha.
–¿No es muy tarde? –Preguntó a Dorcas mientras miraba el reloj de la pared –Pronto serán las diez de la noche.
Hermione se acercó a Sirius y leyó por encima de su hombro.
Dorcas, por favor ven a casa. Necesito que me ayudes con algo de suma urgencia.
Cuídate de camino, me envías un Patronus si necesitas algo.
Alastor.
–Sirius tiene razón, –intervino Hermione –es muy tarde.
Dorcas sonrió y negó muy confiada.
–Estamos hablando de Alastor Moody, chicos. Él es así, se le ocurren estas cosas a cualquier hora y para eso nos tiene a nosotros, sus Aurores. –La explicación de Dorcas tenía lógica, hasta para Hermione, sin embargo algo no andaba del todo bien –Por eso les traje a Orion, no tengo con quién dejarlo, y sé que no dará problemas.
–¿Dónde está Charlotte? –Preguntó más intrigada Hermione.
–Mamá está en el Ministerio, Dumbledore le pidió que se quedara trabajando en unos asuntos del Wizengamot.
–No recuerdo que pronto haya una reunión o algo. –Insistió Hermione preocupada –Además todos salimos antes, no hay motivo para que se quede en el Ministerio sola, puede trabajar en casa.
–Está con los Aurores… –Dijo no muy segura Dorcas.
–¿Regulus? ¿Lo has visto? –Preguntó Sirius comenzando a notar algo muy extraño en todo.
Dorcas negó.
–No ha respondido mis lechuzas y no es como si pudiese ir a Grimmauld Place a verlo. –En su voz había tristeza.
Sirius miró a Hermione que se paseaba por la sala meciendo a su sobrino que dormía profundamente.
–No me gusta nada esto, Dorcas. –Comentó Sirius guardando el pergamino en el bolsillo de su pantalón –¿Sabes si llamó a alguien más? –La chica negó.
–Sirius, no puedo desconfiar o andar con miedo todo el tiempo, esperando que algo muy malo ocurra. –Dorcas trató de tranquilizar a su cuñado y amigo.
–Iré contigo entonces. –Informó el chico decidido –Mione se quedará con el bebé, serán solo unos minutos en los que te acompaño y me aseguro que llegas bien, además Dobby está en su habitación.
Dorcas negó agradecida, aunque luego lo pensó mejor.
–Me apareceré directamente en casa de Alastor, aunque sí me preocupa mamá. –Comentó preocupada Dorcas –Saldrá tarde y no podrá aparecerse en casa ni tampoco usar la Red Flu, por algún motivo ha habido problemas con eso esta semana.
Hermione se tensaba más con cada palabra que salía de la boca de la chica. A ella no le habían reportado ningún problema desde el Departamento de Transporte Mágico, y sabían que cuando se producía ese tipo de problemas debían llevarle un informe. Miró a Sirius sin saber qué hacer.
–Iré por Charlotte. –Decidió finalmente Sirius –Y luego te vamos a buscar donde Alastor.
–Puedes llevarte a Dobby. –Propuso Hermione.
–No se preocupen tanto, –dijo Dorcas restándole importancia al asunto –además puedes necesitar ayuda con Orion y Dobby te será muy útil.
A regañadientes Hermione asintió y vio desaparecer a Dorcas en el centro de su sala y a Sirius siendo consumido por las llamas verdes.
–¡Dobby!
El elfo estuvo a su lado en cuestión de segundos.
–Supongo que escuchaste todo. –Comenzó la castaña sonriente al darse cuenta de que el elfo había estado escuchando tras una puerta –Quédate a mi lado, por favor, hay algo que no está bien en todo esto.
Hermione fue por su varita a su habitación con Dobby siguiendo sus pasos, mientras presionaba a Orion contra su cuerpo, esperando poder defenderlo de lo que estuviese acechando fuera esa noche tan particular.
Sirius avanzó rápido por el desierto Ministerio, solo estaban los Aurores que cumplían guardia esa noche. Llegó hasta el despacho de Charlotte y no la encontró, el lugar estaba vacío. Corrió en dirección al despacho del Ministro y sintió risas provenientes del interior.
–¡Sirius Black!
Orion Black se giró molesto a su hijo al ver que no llamaba a la puerta antes de entrar. Sirius se quedó estático mirando la escena sin comprender nada.
Su padre estaba sentado al lado de Charlotte que revisaba un montón de papeles mientras se los pasaba a Dumbledore frente a ellos. Todos tomaban té y comían galletas con tranquilidad.
–Buenas noches, Sirius. –Saludó amable Dumbledore mientras lo miraba con un particular brillo en los ojos –Estaba terminando de revisar estos documentos con Charlotte cuando de sorpresa llegó Orion.
Charlotte se acercó a Sirius y lo invitó a unirse a la pequeña reunión que tenían, le acercó una silla y comenzó a contar muy animada lo que estaban haciendo antes que él apareciera en el lugar.
–En realidad iba a terminar todo esto en casa, pero justo llegó tu padre y no nos dimos cuenta en qué momento comenzamos a planear el cumpleaños del pequeño Orion. –Charlotte le sonrió de forma muy maternal y de pronto la preocupación la embargó –¿Ocurre algo con Dorcas? ¿Por eso estás acá?
Sirius no era estúpido, y sabía perfectamente lo que pasaba en ese despacho, su padre y Dumbledore estaban manteniendo ocupada a una Charlotte muy agotada. Su instinto le decía que querían mantenerla fuera del departamento esa noche, sumado a la mirada que le dio Albus en cuanto llegó, y por supuesto a la advertencia escrita en los gestos de su padre.
Suspiró, se calmó y compuso una carismática sonrisa.
–¿Qué más podría pasar además de los gritos que da Orion cuando comienza a llorar, Charlotte? –El chico rodó los ojos a tiempo que todos reían –Solo vine porque Hermione olvidó unos documentos y como no los encontré en su despacho pensé que los podía tener Dumbledore.
El Ministro rápidamente tomó unos papeles de su escritorio y se los tendió a Sirius que los guardó presuroso.
–¿Te espero o regresas más tarde? –La pregunta iba dirigida a la mujer que dio una mirada al alto de documentos y negó.
–Yo la acompaño de regreso, Sirius. –Intervino Orion.
–Bien, entonces que tengan buenas noches.
Sirius salió del despacho entre los recordatorios de Charlotte en donde le pedía estar al pendiente de Dorcas y el bebé. Se detuvo algo desorientado cuando sintió los pasos de Orion tras él. Lo acompañó en silencio hasta las chimeneas, en donde fue testigo de cómo su hijo mayor se cruzaba de brazos y exigía una explicación sin decir ni una sola palabra.
–Lo más probable es que esta noche ataquen, por eso tenemos a Charlotte en el Ministerio, bajo protección. –La voz de Orion era apenas audible –Hay Aurores vigilando el edificio donde viven, no pasará nada malo mientras Dorcas esté dentro. Tenemos todo bajo control.
Sirius rebuscó en su pantalón y le tendió la nota que había recibido Dorcas.
–¿Moody también tiene todo bajo control? –Preguntó preocupado el chico –¿Qué demonios está pasando?
Orion arrugó la nota y su rostro se transformó, pasó de la calma a la ira.
–¿Fue con Moody?
Sirius asintió.
–¿Dónde está Regulus?
Su pregunta fue respondida solo con la mirada de desesperación de Orion.
–¿Qué está pasando, Orion? –Insistió el chico comenzando a desesperarse al no saber qué ocurría.
Por supuesto que estaba al tanto de que eran blancos de Voldemort, pero no tenía fechas y últimamente todos estaban muy herméticos.
–Moody no mandó a llamar a Dorcas. –Susurró Orion entre dientes –Regulus va camino a su casa en este momento con los Mortífagos, a matarlo.
El corazón de Sirius se detuvo por una breve fracción de segundo y recordó que Hermione estaba sola en casa con el bebé. Se lanzó a una de las chimeneas mientras su padre corría hasta el despacho de Dumbledore.
Dorcas apareció cerca de un claro que estaba por el costado de un sendero que llevaba directo a la casa de Alastor Moody. Emprendió su camino alumbrada solo por la luz de la luna. Sacó su varita por las dudas y se apresuró, esperaba que la reunión con el Jefe de Aurores no fuese muy larga, al día siguiente debía madrugar para llevar a Orion a un control en San Mungo, luego volver a casa para dejarlo con Dobby, y finalmente ir al Ministerio, en donde además de todo el entrenamiento tendrían un examen.
¿Cuánto faltaba para las vacaciones? Necesitaba descansar y poder dormir hasta tarde, además…
El sonido de una hoja siendo aplastada detuvo el hilo de sus pensamientos, junto con alertarla. Se giró sobre sí misma y no vio nada extraño.
–Es un animal salvaje solamente.
Susurró esa frase durante lo que quedaba de camino, que de hecho no era mucho, y apresuró su andar. El último trecho corrió y tocó tan rápido en la puerta que sus nudillos dolieron.
Alastor abrió sus ojos de par en par y bajó su varita en cuánto vio a Dorcas, miró en todas direcciones y la arrastró de un brazo dentro de la casa. Dorcas por poco cayó al suelo, estaba muy oscuro y el movimiento del hombre había sido brusco y repentino.
–Buenas noches para ti también, Alastor. –Dijo la chica intentando acostumbrarse a la oscuridad.
Nuevamente fue jalada de un brazo y dio un grito de dolor cuando su espalda chocó contra una pared. Frente a ella Moody la apuntaba con su varita.
–¡Pero qué demonios te ocurre! –Gritó furiosa y asustada Dorcas.
–¿Qué te regaló Regulus Black cuando aún no se frecuentaban? –La voz de Moody era amenazadora.
Dorcas por primera vez sintió que algo andaba realmente mal y que quizá se había equivocado al no permitir que Sirius la acompañara. Tragó pesado y respondió.
–Un escarbato.
Moody bajó su varita y se giró en dirección a la puerta. Dorcas también lo había sentido.
En el patio de la casa se acababa de aparecer más de una persona.
–Recibí una nota tuya, pedía que viniera. –Susurró aterrada la chica mientras se aferraba al brazo de quien era el Auror más sanguinario y experimentado.
–Y acabas de darte cuenta que yo no fui. –Asumió Moody con su humor inquebrantable –Nos tendieron una trampa a los tres.
–¿A los tres? ¿Qué quieres…?
Dorcas se vio interrumpida por el potente hechizo que lanzaron sobre la puerta, la cual desapareció por completo. Una nube de humo cubrió todo el lugar y si por la oscuridad era difícil ver, ahora no estaba ni siquiera la opción de ocupar el instinto.
Alastor tiró de la chica y la puso tras su cuerpo.
–¿No te enseñaron a tocar antes de entrar, Bellatrix?
La voz de Moody sonó fuerte y sin una gota de miedo.
Lo siguiente que escucharon fue la risa malvada de la aludida.
–No teníamos ganas de esperar, ya sabes, hace mucho no nos vemos mi querido Alastor. –Respondió con fingida dulzura en la voz la mujer.
–Me hubieses avisado y los esperaba con algo de comer. –El lamento de Moody sacó una sonrisa llena de maldad de la bruja.
–No te preocupes, seremos breves, Alastor.
Bellatrix Lestrange hizo una señal y dos figuras cubiertas por túnicas negras aparecieron a su lado.
–¿No eres capaz de acabar sola conmigo, Bellatrix? –Comentó burlescamente el Auror.
–No es mi deber, Moody, pero no lo tomes personal, me habría encantado el honor. –Respondió la bruja con su habitual optimismo a la hora de hablar de masacres –Aunque tú tampoco estás solo. –Agregó con diversión.
Dorcas que hasta ese momento había estado congelada tras el cuerpo del Auror, entendió que la referencia era sobre ella y reuniendo todo el valor que le infundía el haber luchado muchas veces contra Mortífagos, salió de su escondite con la varita alzada y finalmente pudo ver la casa que era más hogareña y cálida de lo que esperaba, y también reconoció a los Mortífagos frente a ellos.
Bellatrix y Travers los miraban con maldad e impaciencia, mientras que a Regulus se le había descompuesto el rostro al ver a Dorcas. La chica no entendía nada, solo sabía que si salía de ese lío tendría que comenzar a escuchar los consejos y presentimientos de Hermione.
–¿Ocurre algo, Regulus?
La pregunta seca y llena de odio por parte de Bellatrix sacó del trance en el que estaba sumido el chico.
–Espero no te moleste el ligero cambio de planes, –comenzó a explicar su prima mientras se paseaba por la casa y tocaba todo lo que veía con burla –solo que me pareció una pérdida de tiempo ir a dos lugares al mismo tiempo. Mejor acabar con los dos aquí y ahora. De la madre de la chica y el bastardo se deben estar encargando ahora Malfoy y Dolohov, se los pedí como favor personal, quien a mí me importa es la traidora. –Explicó con alegría.
Dorcas explotó llena de furia y solo se calmó cuando Alastor la tomó entre sus brazos.
–¡Tú enviaste ese mensaje! –Gritó culpando a la Mortífaga –¡No tocarán a mi hijo y tampoco a mamá!
Bellatrix comenzó a dar saltitos mientras reía eufórica.
–Sabía que no fallaría, eres aplicada. ¿Te das cuenta el daño que pueden causar un par de palabras? –Preguntó –¿Alcanzaste a despedirte de tu bastardo?
Eso colmó la paciencia de Dorcas que se lanzó sobre Bellatrix y ambas se comenzaron a maldecir sin parar. Los hechizos rebotaban en las paredes destruyendo todo a su paso.
Travers sacó su varita para maldecir a Dorcas, pero Regulus fue más rápido y lo aturdió. Cayó en medio de la sala con un golpe sordo.
Regulus y Alastor apuntaron con sus varitas directo al cuello de Bellatrix quien se paralizó y giró su mirada cargada de odio a su primo.
–Se lo dije, pero él se niega a creerlo. –La voz de Bellatrix destilaba asco y rabia –¿Cómo fuiste capaz de traicionar tus ideales, tu sangre y a tu familia, Regulus? ¡Eres una vergüenza!
–Alguien apareció fuera. –Susurró Dorcas sin dejar de apuntar a la Mortífaga.
–Son los refuerzos, por las dudas. –Respondió Moody sonriente.
En segundos Frank, Gideon y Fabian se encontraban dentro de la casa.
–Me lo llevo. –Dijo decidido Frank señalando el cuerpo inmóvil de Travers.
Desapareció del lugar con el Mortífago y los Prewett se quedaron esperando instrucciones al ver que tenían rodeada a Bellatrix.
–Asegúrense de que no hayan más Mortífagos fuera. –Ordenó Moody y los hermanos obedecieron enseguida.
Bellatrix que no había quitado la mirada de su primo habló nuevamente.
–Cuando expulsaron a Sirius de la familia sentí alegría, me daba asco tener que siquiera mencionar su nombre, desde siempre se le notó lo traidor. –Habló muy pausado y sintiendo cada palabra –Pero tú, Regulus, siempre fuiste diferente, había tantas expectativas puestas en ti, el heredero de los Black.
–Tú no me conoces, Bellatrix. –Respondió Regulus con voz afilada.
La mujer giró la vista a Dorcas y sonrió con burla.
–Desde la primera vez que los vi en la misma sala supe que estaban juntos, no tuve ni la menor duda de que eras el padre del bastardo.
–¿Por qué no hablaste entonces? –Preguntó curioso Regulus.
–Porque eres un Black y al verte tan obediente en nuestras filas me dejé convencer por tu excelente actuación, pensé que eras sensato y harías lo correcto. –Escupió su prima con rencor –Lo de la chica y el bastardo se podía obviar, siempre y cuando cumplieras tu deber. Pero no, optaste por convertirte en el informante de Dumbledore y Moody, y eso no lo podemos tolerar, Regulus. Nos traicionaste, te convertiste en uno de ellos.
Regulus se acercó lo suficiente a su prima para mirarla directo a sus negros ojos.
–No me convertí en nada, Bellatrix, siempre he sido uno de ellos.
Bellatrix respiraba agitadamente, esperó unos segundo para recuperarse de esa confesión y volvió a hablar, esta vez susurrando, era una súplica desesperada.
–El Señor Tenebroso está dispuesto a perdonarte, –dijo haciendo una pausa –solo tienes que matar a Moody y pedir perdón. Te prometo que intercederé por la chica si tanto te importa. Pero si no haces lo que te digo, no podré hacer nada, él te matará y lo tendrás merecido.
Regulus se alejó de ella y sonrió.
–Entonces tendrá que matarme antes de que yo lo haga.
Bellatrix negó y miró a Dorcas nuevamente.
–Te quedarás sola, Dorcas Meadowes, perderás al hombre que amas y todo lo que tienes, y en ese minuto me rogarás que acabe con tu agonía.
Dorcas entrecerró sus ojos y respondió llena de rabia.
–Yo no me quedaré sola, Bellatrix. Tengo a mi familia, a Regulus y mi hijo, además de amigos que están dispuestos dar la vida por los suyos. Y no dejaré que le hagas daño a ninguno de ellos. Tú sí estás sola… sigues sin darte cuenta de que por más que mendigues su amor, para Voldemort jamás pasarás de ser una más en sus filas.
Todos en la sala se quedaron en silencio. Fuera se sintió movimiento, alguien acababa de aparecer.
Bellatrix le dio una gran sonrisa a Dorcas, quien acababa de comprender el enorme error que había cometido al estar presa de su rabia.
Los hermanos Prewett apenas alcanzaron a levantar sus varitas contra Lord Voldemort, quien llegó acompañado de una decena de Mortífagos con los cuales tuvieron que comenzar a luchar en el jardín de Alastor.
–No los maten, todavía no.
La orden del mago tenebroso iba dirigida a sus seguidores, y había sonado tal como él se sentía en ese momento, lleno de rabia.
Entró en la casa, caminando lento y alargando la agonía de la cual era prisionero hace semanas. No quería creer lo que veía, lo mismo que había dicho Bellatrix era cierto. Su hombre de confianza lo había traicionado, era su enemigo… ¿Ahora en quién podría confiar? Eso era lo que buscaban, destruirlo desde dentro, pero él no lo iba a permitir.
Se acercó al grupo y apenas susurró con decepción.
–Regulus Black…
Hermione puso su dedo índice sobre sus labios y se acercó al elfo, separándose de la ventana de su habitación en donde había estado hace solo unos segundos.
Malfoy y Dolohov acababan de llegar y se encontraban frente al edificio. De la nada también habían salido de entre los arbustos una decena de Aurores. Eso sería una pelea y ella debía salir de inmediato de allí.
–¿Dónde vamos?
La pregunta de Dobby la hizo dudar un segundo. No sabía qué ocurría esa noche, tenía solo el presentimiento de que era algo muy malo, y de que no podía ir a cualquier lugar, además no estaba Sirius y tampoco podía esperarlo.
–Vamos con… –barajó un segundo más sus opciones mientras rayos de todos colores comenzaban a colarse entre las cortinas. Finalmente se decidió – Andrómeda.
El elfo obedeció en cuanto escuchó la respuesta de Hermione y ambos aparecieron en la pequeña comunidad mágica de Bristol, que a decir verdad era muy parecida al Valle de Godric.
Hermione caminó junto a Dobby que no se despegaba de su túnica y apresuraron el paso por el camino de la plaza hasta llegar frente a la casa de los Tonks. Dio tres golpes suaves en la puerta, aprovechando de mirar por una de las ventanas, estaba todo muy oscuro. Seguramente por la hora ya estaban dormidos, aunque Andrómeda solía andar de un lado para otro hasta muy tarde. Volvió a tocar esta vez más insistente y gruñó frustrada al no obtener ningún tipo de respuesta.
–¿Hermione?
Tanto el elfo como la castaña se dieron vuelta asustados, aunque no del todo, solo había sido la impresión inicial de escuchar la conocida voz en el medio de la noche y del silencio.
–Marlene.
Hermione suspiró aliviada apenas vio a la rubia que hacía un puchero mientras los miraba con una ceja enarcada. Llevaba unas bolsas de papel entre sus manos.
–¿Qué haces tan tarde fuera, Marlene?
La pregunta de Hermione fue contestada con una risa burlona por parte de la chica que comenzó a acercarse y miró más de cerca al bebé que cargaba entre sus brazos la castaña.
–¿En serio me preguntas eso? Yo debería haber hecho esa pregunta primero, tan tarde y por una comunidad que no conoces. –Rodó los ojos en dirección a Hermione y Dobby –¿Robaste el hijo de Dorcas y planeas que te ocultemos? –Su pregunta era suspicaz, al igual que su mirada.
–Vengo con Andrómeda, necesito que me haga un favor.
Marlene negó.
–Los Tonks fueron de vacaciones una semana a Irlanda, partieron ayer. –La información de la chica rubia caía pesada sobre Hermione –Pero si necesitas ayuda con algo puedes pedirlo.
Ese ofrecimiento sí que le venía bien.
–¿Podemos ir a tu casa? –Pidió Hermione mirando asustada en todas direcciones.
–Claro. –Respondió Marlene y les indicó el camino –Ya decía que te estabas robando al pequeño Orion, son realmente dementes tú y Sirius. –La rubia se rio de sus propias palabras y enseguida se puso más seria al ver que el elfo y Hermione seguían tensos –Y en cuanto a lo que hacía tan tarde fuera… –comenzó a contar mirando de reojo a sus acompañantes –vine por cosas para comer.
Llegaron bastante rápido.
Marlene abrió la puerta y ellos ingresaron primero a la hogareña casa.
Hermione se sorprendió al ver que la sala estaba llena de gente, amigos. James, Lily, Alice, Remus y el padre de Marlene miraron a los recién llegados con una sonrisa de alegría y extrañeza al mismo tiempo.
–Me encontré con Hermione en la plaza, robó al bebé de Dorcas y ahora huye. –Explicó Marlene con complicidad.
Hermione miró la escena y comenzó a terminar de armar el puzzle que había esa noche en su cabeza. Alguien preguntó algo, sin embargo tenía los oídos sordos.
–¿Estás bien? Solo era una broma…
Marlene movió un poco a Hermione quien finalmente reaccionó y le pasó al pequeño Orion a la rubia.
–Serás su madre sustituta esta noche. –Informó Hermione y luego se dirigió a Dobby que la miraba sospechando lo que le pediría –Te quedarás, y si pasa cualquier cosa… ayudas a Marlene y a Orion, ellos serán tu prioridad.
La castaña se dio la vuelta y finalmente entendió lo que estaba pasando.
Iban tras Dorcas y Alastor.
Por eso estaban todos allí, no habían llamado a nadie más a ningún tipo de reunión extraña. A Charlotte la estaban protegiendo en el Ministerio, y por eso Regulus no había estado cerca de Dorcas y su hijo. Malfoy y Dolohov seguro iban tras Orion, y podía apostar que Moody sabía todo esto y también había sido engañado, les tendieron una trampa.
–¡Hey, Hermione! ¿Qué come este niño?
La pregunta ansiosa de Marlene fue interrumpida por James que cerró el paso de la castaña que se dirigía a la puerta sin dar explicación.
–¿Qué está pasando, Hermione? ¿Dónde están Dorcas y Sirius?
La exigencia en la voz de James la desconcertó.
Ahora todos estaban de pie y esperaban una respuesta.
–Le tendieron una trampa a Alastor y a Dorcas.
Ninguno necesitó más explicación para actuar.
–¿Sabes dónde ir? –Preguntó James muy serio.
Hermione asintió.
–Iré con Hermione, seguro necesitarán ayuda. –James sonó muy seguro y miró a Remus.
–Yo me quedo con Marlene, si pasa algo no estará sola con el bebé y su padre.
–Yo voy contigo. –Dijo desafiante Lily que ya tenía su varita lista.
–Te quedas pelirroja. –Ordenó desesperado James.
–No me das órdenes, Potter.
Lily se ganó al lado de Hermione lista para partir.
–Seguro Frank estará donde sea que vamos. –Comentó preocupada Alice uniéndose al grupo.
Hermione asintió y miró al grupo que se quedaba.
–Estarán bien, ellos van tras Dorcas, además tienen a Dobby que es un héroe.
–¡Mátenlos a todos!
Escucharon el grito de ánimo de Marlene cuando ya estaban en el patio. Se tomaron de Hermione y desaparecieron del lugar.
Sirius atravesó la chimenea desesperado y recorrió todo el departamento sin encontrar nada extraño, ningún indicio de que alguien hubiese ido, además de que Hermione y Dobby habían desaparecido junto con Orion.
–Ella lo descifró sola.
El chico susurró para sí mismo con una sonrisa de alivio y enseguida se acercó a la ventana al ver que luces de distintos colores se proyectaban. Frente al edificio una decena de Aurores lucían frustrados al ver que Dolohov y Malfoy se les escurrían de las manos.
Se apareció presuroso en el lugar en donde los Aurores le contaron lo que había sucedido.
–¿No alcanzaron a subir? –Preguntó preocupado Sirius.
–No, los retuvimos acá, se vieron sobrepasados y huyeron. –Contestó frustrado uno de los Aurores –La orden de Moody fue que no entraran y que por todos los medios protegiéramos a la familia Meadowes.
–Vamos entonces, –dijo Sirius entusiasmado –acabo de revisar y los Meadowes ya no se encuentran. Hermione tampoco, y seguramente Alastor nos necesitará.
En las cercanías de la casa de Alastor Moody se produjeron sorpresivas apariciones simultáneas. Para todos, el tiempo corría en su contra, al mismo tiempo que parecía no avanzar, cada segundo se alargaba interminablemente cuando pasaba por sus cabezas el hecho de que no estaban siendo lo suficientemente rápidos o hábiles.
Hermione y su grupo se ocultaron por el bosque que daba al sendero y comenzaron la avanzada de forma sigilosa. No habían recorrido mucho cuando desde el otro extremo vieron a Sirius y el grupo de Aurores correr sin ningún tipo de cuidado por el sendero, iban decididos.
Lily tapó la boca de James que dio indicios de llamar a su mejor amigo.
–No sabemos con qué nos encontraremos en casa de Moody.
Hermione le dio una seria advertencia al chico y por supuesto su aprobación a la pelirroja.
–Yo también estoy preocupada, Sirius es impulsivo, y también sabe lo que hace. –Susurró zanjando el tema.
Les hizo una señal y continuaron avanzando. Si Sirius iba de frente, seguramente se encontraría con alguna pelea en el jardín y dependiendo de qué situación se estuviese llevando a cabo, podrían equilibrar las cosas. Ellos entonces debían seguir en las sombras y darles la sorpresa.
El aire dentro de la casa de Alastor se sentía pesado, en parte por los hechizos lanzados y la destrucción de sus cosas, y por otro lado por la situación de tensión que se vivía. Él y Dorcas continuaban apuntando directo al cuello de una Bellatrix furiosa y desarmada, respiraban pausadamente todos sin quitarse la vista de encima unos a otros.
Regulus se dio la vuelta, dejando de apuntar a su prima, y quedó cara a cara con Lord Voldemort.
Ahora Moody se arrepentía de no haber pedido refuerzos, pero en su plan inicial no incluía que fueran todos traicionados, y por supuesto él junto a Regulus, los Prewett y Longbottom eran más que suficiente. Para qué involucrar a más personas innecesariamente. Fatal error.
–Mi señor… –Dijo el chico con falsedad y burla impregnada en cada palabra.
Voldemort iba saliendo de a poco de su estado de decepción, aceptando que todo lo que veía frente a él era cierto, que Bellatrix jamás le había mentido por perjudicar a su primo víctima de los celos, y que él, el mayor Mago Tenebroso de la historia había sido vilmente engañado.
Finalmente encontró su voz y habló muy tranquilo mientras miraba al más joven de los Black con una mezcla de cuestionamiento y rabia que comenzaba a crecer en su interior. No le gustaba ese sentimiento de confusión.
–¿Por qué, Regulus?
Se interrumpió a sí mismo y le hizo un gesto a Regulus con su mano para que no respondiese, luego comenzó a reír de lo que para él significaba a estas alturas una pregunta estúpida y giró sus ojos en dirección a Dorcas.
–Pero qué pregunta más tonta. –Dijo con voz pausada y casi atorándose con sus propias palabras –Por supuesto que lo es, sobre todo cuando la respuesta está frente a mí. Dorcas Meadowes, ¿o debería decir Dorcas Black?
La chica tragó y no respondió, siempre hablaba de más, y esa lucha era exclusivamente de Regulus.
Al ver que nadie contestaba separó sus labios que antes formaban una sonrisa para continuar, sin embargo fue interrumpido por una conocida voz que no tenía el gusto de escuchar hace mucho. Por la puerta trasera, evadiendo el jardín de enfrente apareció Hermione.
–No fue solo por ella, tu error todo este tiempo fue subestimar a Regulus.
–¡Oh, Hermione!
Voldemort rodeó a Regulus que se quedó estático en cuanto escuchó a su cuñada, y se acercó hasta la chica decidido.
–Tanto tiempo, Tom. –Saludó Hermione.
–Me llegaron rumores sobre tu inestable estado de salud mental hace un tiempo, me había decepcionado, pensé en todo ese talento desperdiciado y en tu persona convertida en una rata, oculta tras paredes.
–¡Oh, no tengo la habilidad para transformarme en esa clase de bicho! –Hermione contestó segura y con burla, le fascinaba de cierta forma tener ese tipo de conversaciones con el asesino frente a ella –Lamento haberte preocupado, Tom.
Lord Voldemort sonrió complacido y miró tras ella, viendo a sus tres acompañantes.
–Moody eres un hombre con suerte, aun cuando caíste en una infantil trampa… los refuerzos llegaron.
–Había que equilibrar las cosas, ¿no te parece?
Hermione contestó mientras miraba por la ventana que daba al jardín de enfrente, en donde ya se enfrentaban Mortífagos con Aurores en una lucha bastante pareja ahora que los Prewett no estaban solos.
Voldemort se giró para mirar lo mismo que Hermione y rio malvadamente. Asintió y volvió con la castaña, tomó un mechón de su cabello y suspiró.
–Ya tendremos tiempo para hablar a solas, Hermione. La verdad me divierte bastante, claro… cuando no está interfiriendo en mis planes. –Le dio una última sonrisa y soltó su cabello –Salude a Grindelwald de mi parte y dígale por favor que nos veremos más temprano que tarde. Lamento no tener más tiempo para usted, pero mi prioridad hoy es Regulus Black.
Le dio la espalda y volvió con Regulus que no bajaba la mirada.
–Ya le dije que su problema tenía que ver con subestimar. –Hermione levantó su varita en cuanto termino de hablar y también apuntó a Bellatrix.
Lily, James y Alice rodearon a Voldemort y Regulus.
–Ya dijimos que la primera pregunta era innecesaria. –Dijo Voldemort retomando el hilo perdido de la conversación inicial –Pero, ¿cómo fuiste capaz? Traicionar tus ideales, a tu familia. Siempre supe que eras excelente en Oclumancia, aunque nunca lo vi como un arma en mi contra, al contrario… ¡Yo confiaba en ti Regulus, eras casi un hijo para mí! Tú eras el futuro.
Regulus seguía serio y su respuesta fue con tanta calma como de costumbre.
–La real pregunta es cómo no fuiste capaz de darte cuenta de que estaba jugando con todos ustedes, cómo permitiste que me ganara tu confianza y engañara hasta a tus más experimentados Mortífagos. ¿Es acaso que tus sentimientos te traicionaron, Lord Voldemort? –Hizo una pausa en la que gustoso vio desencajarse el rostro del mago –Soy un Black y no traicioné a mi familia, están hoy conmigo. Mis ideales cambiaron en el momento en que entendí lo equivocado que estabas y decidí hacer algo bueno con toda esta oscuridad que me persigue, destruirte.
Lord Voldemort apretó fuerte su mandíbula y ladeó su cabeza.
–Siempre fuiste tú. –Masculló con rabia contenida para luego susurrar –Arrepiéntete ahora Regulus, y te daré una segunda oportunidad, la chica y tu hijo pueden venir si muestran lealtad.
Regulus dio una rápida mirada a Dorcas que tenía los latidos de su corazón paralizados por la expectación.
–Soy Regulus Arcturus Black y rechazo tu oferta, Voldemort. El amor y actuar con bien no son debilidades para mí, sí para ti. –Respondió el chico mirándolo desafiante –Prefiero enfrentar las consecuencias y el sacrificio antes de convertirme en tu vasallo, aunque… tendrás que ser más rápido si quieres alcanzarme.
Lord Voldemort cerró un momento sus ojos y sonrió por última vez mientras lo poco que le quedaba de corazón se rompía en cientos de fragmentos, lo que le aseguraba que no volverían a unirse jamás.
El amor no era una fortaleza, solo te destruía y te traicionaba. Eso él lo sabía muy bien.
–Entonces eres mi enemigo y acabaré contigo. –Voldemort respondió cargado de odio y su mirada se volvió gélida como el hielo.
Ambos desenfundaron sus varitas y comenzaron una lucha a muerte. La casa de Alastor Moody de pronto fue muy pequeña y las paredes explotaban a medida que cada hechizo y maldición no daba en su blanco.
El Auror arrastró a Bellatrix hasta el jardín trasero acompañado de Dorcas. Debía sacar del lugar a las dos mujeres que eran la máxima debilidad de esos dos.
James desvió una de las maldiciones que pretendía acabar con la vida de Regulus y Lily junto a Alice maldijeron efectivamente a Voldemort. Frank apareció en el lugar justo a tiempo para ponerse al lado de su esposa y enfrentar al mago tenebroso.
–¡Osan desafiarme! –Bramó Voldemort desquiciado.
–Te desafiaríamos una segunda y tercera vez si fuese necesario. –Respondió James mientras el resto asentía.
Hermione al lado de Regulus quedó petrificada por un segundo.
La profecía.
Ellos cuatro acababan de desafiar a Lord Voldemort, era la primera vez que lo hacían directamente, y lo harían dos veces más antes que todo comenzara a llegar a su fin.
James no era consciente del peso de sus palabras en ese momento.
La espalda de Hermione chocó contra una estantería, uno de los pocos muebles que seguían en pie, y fue recién en ese momento que se dio cuenta de que había estado retrocediendo lentamente. No había sido consciente de sus actos. Sus piernas se sentían débiles, su cuerpo cedió y cayó sentada sobre la alfombra, su mente se nubló y apenas era capaz de sostenerse sobre sus palmas que cerraba con todas las fuerzas que le quedaban alrededor de la alfombra.
El dolor en su cabeza era insoportable, cientos de cuchillas intentaban atravesar las barreras y protecciones que tenía sobre su mente. No sabía si era Voldemort o Regulus, pero uno de ellos, o ambos, estaban intentando entrar en sus pensamientos.
Cerró muy fuerte sus ojos y trató de respirar calmadamente, mientras a su alrededor se desataba nuevamente una batalla campal en la que rayos de todos los colores atravesaban muros, impactaban en cuerpos que caían o simplemente rebotaban. Una silueta cubrió su cuerpo justo cuando soltaba un grito aterrado y enrollaba su cuerpo en el suelo producto del dolor. Luego fue inundada de imágenes que no recordaba.
–Somos mucho más fuertes cuando sabemos lo que él planea.
Hermione fue enfática al decir esas palabras, mientras sostenía la mirada de un Sirius molesto y algo agotado de la situación que fuese que se estuviera viviendo.
–Acepto tu punto, Hermione. –Reconoció el hombre paseando por su Biblioteca mientras ordenaba unos libros –Sin embargo…
–Y aquí viene el "pero"…
La castaña dejó caer los libros que estaban entre sus manos y se acercó a Sirius.
–…si está en nuestras manos intervenir de alguna forma y evitar ciertas situaciones, sería mucho más fácil acabar con él y no comprometer la vida de quienes significan algo para nosotros.
–Me pides que intervenga, que modifique el pasado.
Lo de una ofendida Hermione era una afirmación. Se cruzó de brazos para escuchar la réplica.
–Lo dices como si viajar al pasado no fuese de por sí una modificación.
Sirius había mascullado entre dientes y eso sacaba lo peor de Hermione.
–Lo acepto, sin embargo… hay límites, ya lo hemos hablado con Dumbledore y solo interferiré en ciertos puntos de la historia, no en todo, la idea es que las cosas se den de forma natural y entonces estemos preparados para actuar.
–Eres una hipócrita. –Soltó Sirius haciéndole frente a la chica.
–¿Podrías explicarte, por favor?
–Quiero que me respondas con franqueza, Hermione. –Pidió Sirius antes de continuar –¿Realmente crees que solo alterarás ciertas cosas del pasado? ¿De verdad eres tan inocente o es que prefieres cegarte ante la realidad de que desde el momento en que comience tu viaje todo se verá alterado y que muchas veces para seguir el plan y tener éxito tendrás que hacer cosas que no quieres o ni siquiera estaban planificadas?
Hermione apretó sus dientes y elevó su cabeza en gesto de altanería. No respondería a eso.
–¡Jaque Mate!
El grito triunfal de Sirius solo logró ponerla de peor humor.
–¡Y qué demonios quieres que haga entonces! –Preguntó la castaña olvidando sus modales y perdiendo el control.
Sirius que había comenzado nuevamente con la tarea de organizar la Biblioteca, se dio la vuelta y respondió muy serio.
–El lunático no puede enterarse de la Profecía.
–¿Mato a Pettigrew entonces? –Preguntó Hermione con ironía –Te recuerdo que él fue el soplón.
Sirius dudó un poco.
–No, solo pido que seas ingeniosa y busques la forma de que no se entere, eso resolvería el problema de tener que esconder a James y Lily, además habría menos opciones de un Harry huérfano.
Lo último sonó cruel para ambos.
Hermione asintió molesta y fue hasta el escritorio. Se sentó y comenzó a revisar los cajones sin ningún cuidado, su intención era molestar a Sirius que seguía tranquilamente ordenando libros.
–No te prometo nada.
–Con eso me basta. –Agradeció Sirius de buen humor.
Fue abriendo uno por uno los cajones y removiendo papeles, pequeñas cajas y otras chucherías. En casi todas las cosas estaban las iniciales O.B.
–¿Son todas cosas de tu padre? –Preguntó más calmada y con curiosidad Hermione.
Realmente odiaba pelearse con Sirius, sobre todo cuando Dumbledore le había dicho que su viaje sería más pronto de lo que tenían pensado.
–Era la Biblioteca y despacho de Orion, así que sí, la mayor parte de las cosas que hay le pertenecen, aunque me estoy mudando, por eso reorganizo y termino de instalar mis cosas.
Hermione asintió y levantó unos papeles del último cajón. Al final resplandecía un pequeño objeto plateado que se le hizo muy familiar. Parecía un encendedor de aquellos con los que los muggles encendían sus cigarrillos, pero no… esto era más sofisticado y tenía la certeza de haberlo visto, o quizá escuchado su descripción de algún lado.
Lo tomó y presionó en su palma mientras recordaba y lo examinaba. El metal poco a poco comenzó a calentarse hasta quemar su mano. Hermione soltó un grito y sopló donde había quemado, ardía insoportable.
Sirius tomó presuroso su mano y aplicó un hechizo con su varita, alivió bastante el dolor.
–¡Es el Desiluminador de Dumbledore! –Gritó Hermione.
De pronto había recordado, es por eso que se le hacía tan familiar. Sirius ni siquiera la miró y presionó un poco sus labios, estaba molesto. Terminó de curarla y recogió el pequeño objeto que puso en el bolsillo de su pantalón.
–¿Por qué no te quemó cuando lo tomaste? –Quiso saber la castaña sosteniendo su mano y más intrigada que nunca –Y además, ¿qué haces con el Desiluminador de Dumbledore?
Sirius se encogió de hombros despreocupadamente.
–Me lo prestó, y no tengo idea de por qué te quemó, seguro lo presionaste muy fuerte.
Hermione no estaba del todo convencida, cuando había tocado el objeto sintió una poderosa fuerza que estaba segura era magia oscura. Iba a rebatir lo que Sirius había dicho, pero justo en ese momento la puerta se abrió y entró Harry sonriente.
–La cena está lista. –Anunció.
–Bajen, los sigo en un minuto. –Dijo Sirius sonriendo a su ahijado.
Hermione le dio una mirada más que significativa y siguió a su amigo. Mientras cerraba la puerta tras de sí no pudo dejar de notar que Sirius colocaba el Desiluminador dentro de una caja de madera junto a un libro de cubierta aterciopelada.
Hermione dio un hondo respiro y se aferró fuerte al suelo y lo que fuese que lo estaba cubriendo. Era húmedo, parecía césped. Intentó abrir sus ojos pero una nueva punzada en su cabeza la hizo retorcer. Alguien a su lado gritó algo y luego sintió una explosión.
Harry bajó muy despacio la escalera y se apresuró en llegar a la sala en donde Hermione esperaba ansiosa.
El rostro de la castaña pasó a la decepción en cuanto vio la negativa que llevaba Harry plasmada en los ojos.
–Solo hay un cajón abierto, el resto tienen hechizos muy poderosos.
Hermione resopló. Por supuesto que Sirius pondría cientos de hechizos en la Biblioteca, algo le escondía.
–¿Estás segura que es el Desiluminador de Dumbledore? –Preguntó Harry algo incrédulo –Le pregunté a él como me pediste, y me dijo que su Desiluminador estaba muy bien guardado y a salvo, lo dijo con humor, Mione. Creo que estás exagerando, es solo para apagar y encender luces, él mismo lo creó.
–Sirius me oculta algo, Harry. –Respondió la chica inquieta.
Harry ocultó una sonrisa, pero Hermione lo notó de todas formas.
–Estás actuando como una novia celosa, Hermione… y eso es divertido, mucho en realidad.
–No soy celosa y tampoco su novia. Tengo curiosidad, actuó raro, es eso solamente. –Dijo Hermione mientras sus mejillas se teñían de rosa.
Harry se puso serio y suspiró, tomó la mano de Hermione e intentó infundirle tranquilidad.
–Dale tiempo, Mione. –Pidió su mejor amigo –Si es importante te lo dirá, aunque lo más seguro es que estés exagerando, además… tú también guardas secretos.
Hermione hizo un puchero y le dio la razón a Harry.
–O tal vez guarda un anillo de compromiso dentro del Desiluminador, señora Black.
La broma le costó a Harry un cojín directo en su cabeza, y por supuesto la risa de su amiga.
El dolor comenzó a ceder y Hermione finalmente logró abrir los ojos. Estaba muy oscuro y solo la luna los iluminaba. Se estiró sobre su espalda y sintió el húmedo césped. De a poco su respiración se fue normalizando y todo lo que antes era borroso ahora tomaba forma.
Alguien la ayudó a sentarse, se sintió agradecida de la ayuda. Cuando fue capaz de enfocar su mirada, se dio cuenta de que se encontraba en un jardín trasero y a su lado Sirius la sostenía.
Miró a Sirius confundida al principio, pero luego se dio cuenta de que los recuerdos se habían acabado, ahora estaba en el presente, o al menos en su nuevo presente y con Sirius, con quien estaba casada. En un movimiento rápido tocó su mano izquierda y sintió su anillo de matrimonio, eso logró aliviarla un poco.
Sirius acarició su mejilla con mucho cuidado esperando una mala reacción que nunca llegó. Aliviado también la envolvió en un acogedor abrazo y recuperó el aliento.
–Lo que sea que pasó en tu cabeza, ya terminó, estás de vuelta.
Hermione se abrazó muy fuerte a él y asintió.
–¿Qué pasó?
Su pregunta era necesaria, no recordaba nada después del dolor en su cabeza.
–Estaba con Fabian y Gideon luchando contra los Mortífagos, cuando un grito nos heló la sangre a todos. –Relató Sirius en un susurro –Lo reconocí enseguida, eras tú gritando. No lo dudé ni un segundo y entré en la casa de Moody. Lily estaba a tu lado, pero no reaccionabas, y Voldemort luchaba fascinado contra James, Alice y Frank, mientras Regulus estaba en el suelo sin quitarte la vista de encima, fue entonces que comprendí que hacía el contra hechizo para que Voldemort no entrara en tu mente. –Sirius hizo una breve pausa –Regulus me gritó que te sacar de allí, así que te arrastré hasta acá y estaba Bellatrix luchando contra Moody y Dorcas… ella también intentó entrar en tu mente, pero la detuve a tiempo.
Hermione tardó unos segundos en procesar todo lo que había pasado en solo minutos.
–Él ya lo sabe todo, sobre Regulus. –Recordó asustada –¿Dónde están ahora?
Sirius miró la silenciosa y oscura casa que parecía deshabitada. Todo estaba muy tranquilo para Hermione.
–Sí, nos tendieron una trampa. –Se lamentó Sirius. Hermione recién reparaba en la sangre que cubría la mejilla de su esposo –Bellatrix intentó desaparecer y Dorcas junto a Moody la siguieron. No sé dónde demonios están. Y por lo que me contó James, Regulus junto a Voldemort también desaparecieron, dijo que se habían vuelto dos nubes negras y habían atravesado el cielo luchando a muerte.
La última frase salió entrecortada de los labios de Sirius.
–James lo enfrentó esta noche. –Comentó Hermione preocupada.
–Me lo dijo, él y Lily se fueron junto a Alice apenas Voldemort desapareció. Dijeron que todos los Mortífagos comenzaron a huir, creemos que es otra trampa porque fue sincronizado, era como una señal ver a su Señor Tenebroso partir. La idea no era quedarse. –Sirius suspiró apenado –Frank, Gideon y Fabian se están organizando con los Aurores para volver al Ministerio y comenzar a rastrearlos.
Sirius se paró y ayudó a Hermione. Ambos entraron a la casa de Alastor que estaba en ruinas. En el jardín de la entrada se sentían los murmullos de los Aurores.
–Me frustra no saber dónde están. –Se quejó con furia contenida Sirius –Es mi hermano, y no quiero imaginar lo que le harán…
Hermione se detuvo y comenzó a analizar la breve conversación que había tenido con Voldemort hace unos minutos solamente.
–Sé a dónde se dirigen. –Susurró repentinamente la chica y tomó la mano de Sirius esperanzada.
El cuerpo de Dorcas atravesó un hermoso cristal en donde se exhibían las escobas de última generación. Un trozo de vidrio atravesó su costado derecho a la altura de sus costillas. Respiraba agitadamente y conteniendo el grito que delataría su posición lo sacó. Lagrimas caían por su rostro lleno de dolor. Sostuvo la herida y reuniendo la poca fuerza que le quedaba se puso en pie.
Un hechizo la hizo retroceder y esconderse tras una estantería. Lanzó una maldición en la dirección de donde había venido el ataque, aunque esta vez no hubo represalias. Alguien salía del lugar, enfocó su mirada y reconoció a Moody.
–Por poco me matas, Black. Muy buen lanzamiento, muchacha.
La chica se sostuvo del Auror y juntos salieron del lugar.
–Lestrange cayó cerca de esa tienda y corrió al Callejón Knockturn.
–Estamos en el Callejón Diagon. –Dijo Dorcas reconociendo el lugar.
–Cambió de lugar cuando nos unimos a ella, sufrió una pequeña despartición, no podrá aparecerse de nuevo sin hacerse más daño. –Comentó con maldad el Auror.
–¿A dónde se dirigía primero? –Preguntó Dorcas quien apenas caminaba.
–No lo sé, solo pude ver una cortina roja.
La chica lo miró confundida y ambos apuntaron alertas con sus varitas cuando entraron al Callejón Knockturn.
Una ráfaga de maldiciones los recibió.
–¡Por supuesto que tendrías refuerzos, malnacida!
El grito de Dorcas estaba lleno de rabia y dolor por la herida que no paraba de sangrar. Alastor acababa de notarlo. Él quería acabar con Lestrange esa noche, pero si no salían de ahí Dorcas se desangraría.
–Debo llevarte a San Mungo. –Susurró Moody.
–No. –Respondió firme Dorcas –Solo con ella podemos llegar a Regulus.
–Voy primero entonces. –Ordenó Moody, a lo que la chica asintió.
Alastor salió primero y Dorcas lo siguió decidida. Tuvieron que luchar con al menos cinco Mortífagos que custodiaban celosamente la entrada a una tienda en donde seguramente estaba Lestrange.
Moody mató fácilmente a tres, esa noche no querían prisioneros, ya estaba cansado de juegos. Dorcas no se sintió capaz de matar a los dos jóvenes que le dieron pelea, así que simplemente los maldijo para que quedaran aturdidos.
Con precaución entraron a la tienda que comercializaba productos de magia oscura. Un quejido los alertó de la posición de Bellatrix. Encontraron a la mujer tras una estantería.
Dorcas la desarmó con facilidad debido a las heridas en su cuerpo y Moody la apresó contra la pared.
–¿Dónde está Regulus, Lestrange? –Exigió saber el Auror.
La bruja rio malvadamente y miró a Dorcas antes de responder.
–El Señor Tenebroso quería un final… dramático.
Dorcas miró a Moody horrorizada al ver que llevaba con ellos a Bellatrix.
–¡Es una trampa! –Gritó la chica.
–¡Así es! –Aceptó el Auror tomando a ambas mujeres de los brazos para desaparecer –Y vamos a activarla.
Gideon apareció en la entrada del Valle de Godric muy confundido pero determinado a cumplir su misión. Hermione le había dado una nota y le había pedido que la dejara en una dirección y saliera de allí lo más rápido posible.
Corrió por las desoladas calles y al llegar al lugar solo vio una vieja casa abandonada y en ruinas. Sacó el pergamino de su bolsillo y lo lanzó por una ventana rota. Dio media vuelta y desapareció camino al Ministerio, ahora debía dar el mensaje al Ministro.
Dentro de la casa, Gellert Grindelwald leyó la nota y miró en dirección a la biblioteca en donde Severus Snape leía tranquilamente un libro de magia oscura.
–Al parecer ha llegado tu turno para entrar en acción, muchacho.
Severus levantó la mirada del libro y sonrió imperceptiblemente. Tomó su túnica y desapareció.
Una enorme nube negra atravesó en tejado de un edificio en una calle residencial, pasó por unos cuantos pisos para finalmente desintegrarse en dos y desaparecer. Entre los asientos del salón principal de la A.M.A.D. cayó Lord Voldemort, mientras que el cuerpo de Regulus dio un golpe seco en el escenario en donde hace tan poco se había estado presentando con su grupo de teatro.
Se puso en pie enseguida y desvió el hechizo de Voldemort.
–¡Me estoy cansado! –Gritó furioso Regulus en dirección al Mago Tenebroso –¿Qué hay de las maldiciones? ¡Has estado toda la noche lanzando hechizos como un primerizo! ¿Acaso tus emociones te traicionan, Voldemort?
El aludido estuvo en un segundo al lado del chico y lo sostuvo del cuello mientras lo presionaba contra una pared. Su mirada era iracunda, pero había algo más, algo que Regulus conocía muy bien y estaba intentando sacar.
–Ahora nos vamos a los golpes, como un par de muggles. –Susurró el joven Black con una sonrisa malvada –No esperaba menos de usted, Mi Señor, sabiendo que por sus venas corre una sangre tan sucia como la de un muggle.
El grito colérico de Voldemort resonó en todo el lugar creando un eco. Soltó a Regulus y lo lanzó al centro del escenario. Dio un par de vueltas alrededor mientras sostenía su cabeza entre sus manos. Finalmente Lord Voldemort estaba vulnerable, confundido, decepcionado e inseguro. Jamás se le había visto tan humano.
–Teníamos planes… –Susurraba molesto y conteniendo un par de lágrimas que se acumulaban en sus ojos –Pudiste tomar mi lugar, eras como un hijo…
Se giró hacia Regulus que lo miraba divertido, indolente de lo que estaba sintiendo. El chico siguió cada uno de sus pasos, estaba alerta.
–Me decepcionaste más que Hermione… –Continuó susurrando Voldemort –Son unos tontos, unos soñadores, sucios idealistas que jamás lograrán nada.
–Me parece que el idealista fue otro, ni siquiera notaste que jamás estuve de tu lado, nunca compartí tu objetivo. –Respondió Regulus con seguridad –Solo fingía por un bien mucho mayor y colectivo. No podría compartir tu maldad, Lord Voldemort.
Voldemort soltó un hondo suspiro y tomó su decisión, a él no lo destruirían.
–Créeme que me dolerá mucho tener que asesinarte.
Dicho eso se comenzaron a maldecir, esta vez sin juegos, era una lucha a muerte que con cada hechizo que daba en sus cuerpos provocaba un corte o un dolor inmenso. El duelo se prolongó por lo que parecían ser horas. El Teatro estaba casi completamente destruido y se hacían de los escombros para continuar atacándose. El objetivo era claro, ser el primero en matar al otro.
Llegado un momento Regulus tenía a Lord Voldemort acorralado, sin embargo un montón de maldiciones de las que se tuvo que defender lo distrajeron. Era un puñado de Mortífagos que acababan de llegar para socorrer a su amo.
–¡Cobarde! –Gritó Regulus mientras luchaba contra todos –¡No eres capaz de luchar solo contra mí! ¡Siempre junto a tus vasallos!
Las maldiciones cesaron y por un instante de inocencia Regulus pensó que Voldemort le haría frente estando solo, pero solo se dio cuenta que el ataque se detenía porque los Mortífagos ahora luchaban contra Aurores que hacían acto de presencia.
Un Voldemort muy malherido se batía a duelo con Hermione, mientras Sirius corría en dirección a su hermano.
–Casi lo tenía. –Comentó Regulus adolorido.
–No tenía duda de ello. –Respondió aliviado Sirius.
Ambos salieron y se enfrentaron a Voldemort y el resto de los Mortífagos, entre ellos Severus Snape que había tomado posición al lado de su amo.
–Tienen a Bellatrix Lestrange, mi Señor. –Comentó Severus apenas pudo –Nos lo informaron los vigilantes del Callejón Knockturn y formamos un equipo para venir en su apoyo.
A Lord Voldemort esa información le cayó como un balde de agua fría, la única mujer y ser humano en la que podía confiar estaba presa de sus enemigos. Dio un vistazo general y vio a Lucius, Dolohov y un montón de otros Mortífagos, pero no estaba ella.
Continuaron luchando sin compasión.
En determinado momento llegaron James y Lily al lado de Sirius para prestar ayuda. La pelirroja quedó estática al ver a su antiguo mejor amigo lanzando una maldición a Hermione que caía al otro extremo del escenario.
–Severus…
Fue apenas un susurro, pero totalmente audible para Severus y Voldemort que se giraron en su dirección.
–¡Sectumsempra!
La maldición salió de la varita de Severus y dio directamente en Lily que fue a parar a los brazos de un iracundo James. La chica conocía la maldición, pero no por eso significaba que dolía menos.
Severus se giró como si nada hubiese ocurrido y siguió luchando al lado de un asombrado Voldemort. Él conocía la historia y pasado de Snape, lo había hecho investigar por Bellatrix. Era asombroso lo que acababa de ver, había sido capaz de lastimar a un ser querido por la causa, se había comportado como un Mortífago.
En el lugar de pronto aparecieron Alastor y Dorcas junto a Bellatrix.
Tanto Voldemort como Regulus tuvieron un momento de distracción del cual se recuperaron enseguida. Nuevamente eran ellos dos luchando el uno contra el otro.
Regulus lanzó una maldición que provocó una enorme herida en el brazo de Voldemort, quien se vio obligado a soltar su varita y sostenerse en el suelo.
Todos los Aurores luchaban por mantener a los Mortífagos a raya. Solo Sirius y Severus flanqueaban a Regulus y Voldemort, el resto era contenido, esa lucha debía terminar.
Alastor había logrado desarmar a Dolohov y ahora iba tras Malfoy. Dorcas recibió un golpe de Bellatrix directo en sus costillas, lo que provocó que la chica cayera en ese mismo lugar. Hermione dándose cuenta del estado de Dorcas fue con ella y nadie logró detener a Bellatrix, que si bien no estaba armada con su varita, poseía una gran determinación.
Milimétricamente y un segundo antes de que Regulus acabara con Lord Voldemort, sacó un puñal de su cintura y atravesó con el arma el estómago de su primo. La varita de Regulus cayó y poco a poco su cuerpo comenzó a ceder ante su propio peso. Cayó de rodillas ante la mirada incrédula de Sirius. Bellatrix sacó en un movimiento limpio el puñal del estómago y soltó el agarre del cual lo tenía preso por la espalda.
Se quedó de pie mientras Sirius sostenía y abrazaba a su hermano. Hermione y Dorcas miraban congeladas la escena y parecía que el tiempo se había detenido.
Bellatrix sonrió con su habitual locura y se dio lentamente la vuelta para recuperar su varita, sin embargo lo que nunca se imaginó fue que Orion Black atravesaría su pecho, a solo centímetros de su corazón con otro puñal, uno tan hermoso como los que a ella le gustaban.
Miró con lágrimas en sus ojos a los de su tío que le devolvía una mirada congelada por el odio y el sufrimiento. Su cuerpo se sentía increíblemente frío y dolía de una manera extraña.
–Es increíble lo rápido que actúa el veneno de Basilisco, querida.
Soltó el puñal que quedó clavado en el pecho de su sobrina que caía sin que nadie la sostuviera del golpe sordo que dio al chocar contra el suelo.
–¡Bellatrix!
El grito de Lord Voldemort no fue indiferente para nadie, tomó su varita e intentó maldecir a Orion, sin embargo se vio arrastrado por Severus en una aparición conjunta, en la que ambos desaparecieron.
Lucius y Dolohov alcanzaron a huir, y no fueron capaces de llevarse consigo a Bellatrix, estaban presos del miedo. El resto de los Mortífagos fueron apresados.
Dorcas se soltó de Hermione y corrió en dirección a Regulus que era sostenido por Sirius y Orion.
–Reg… –Dorcas sangraba tanto o más que su esposo, quien yacía en el suelo y respiraba con mucha dificultad.
–Tienes que prometerme, Sirius…
Sirius cortó a su hermano e intentó calmarse.
–Papá, debemos llevarlos a San Mungo, ahora. Dorcas y Regulus están mal, muy mal.
Dorcas se desmayó en brazos de Hermione, mientras Gideon y Fabian aparecían en el lugar para ayudar.
–¿Aguantarán una aparición? –Preguntó preocupado Fabian.
–Si no nos arriesgamos morirán de todas formas, las heridas son muy profundas. –Contestó Hermione histérica.
Fabian y Gideon tomaron entre los dos a Dorcas y presionaron muy fuerte la herida de la muchacha.
–Nos vemos allá. –Dijo Fabian esperanzado.
Solo les tomó un segundo desaparecer. Hermione miró a Regulus que seguía consciente.
–Estará bien. –Susurró Hermione mirando a Sirius y Orion que no reaccionaban.
Sirius presionó la herida de su hermano y Orion sacó un frasco de su túnica que tendió a Hermione.
–La quiero viva. –Pidió –Es el antídoto, me lo dio Dumbledore.
Orion ayudó a Sirius a sostener a Regulus y tras una breve cuenta regresiva también desaparecieron del lugar.
James se llevó a Lily con la ayuda de Frank.
La mayoría de los Aurores había desaparecido y solo quedaban los cuerpos de los Mortífagos que habían caído en combate, el resto estaba tras las rejas. Severus se había llevado a Voldemort y con eso tendría su confianza ganada.
Habían estado tan cerca.
La castaña miró a Alastor que se acercó y entre ambos dieron vuelta a Bellatrix que apenas respiraba, el veneno había actuado en casi todo su cuerpo.
–Después de todo lo que ha hecho no merece… –Moody fue interrumpido por Hermione.
–Merece pagar en Azkaban.
Hermione sacó lentamente el puñal de su pecho y vertió un poco del líquido transparente en la herida y otro poco en los labios de la mujer. Enseguida comenzó a hacer efecto y Lestrange tuvo mejor semblante.
Era increíble lo que hacía un poco de las lágrimas de un Fénix.
Alastor y Hermione tomaron a Lestrange entre sus brazos y se prepararon para aparecerse.
–¿A San Mungo? –Preguntó serio Moody.
–No la dejamos morir, Alastor, eso no quiere decir que le salvamos la vida. No merece tratos especiales. Al Ministerio.
Moody sonrió ante el comentario de Hermione y se dirigieron enseguida al Ministerio.
En cuestión de segundos estaban allí, parecía de día, los Aurores iban y venían. Dumbledore miraba desde una esquina sosteniendo a Charlotte que no entendía nada y se desesperaba cada vez más al no ver a Dorcas por ninguna parte.
Los Aurores ayudaron a Hermione y Alastor a llevar a Bellatrix Lestrange hasta la celda que sería su nuevo hogar y fueron en busca de un Medimago.
Finalmente tenían a un pez gordo entre manos y esta vez no la dejarían escapar.
Moody fue con Dumbledore y Charlotte hasta el despacho del Ministro y les contó todo lo ocurrido, también fue quien dio la declaración oficial que se presentaría luego en el Wizengamot.
Hermione ni siquiera necesitó tocar la puerta de la casa de Marlene, ya que la rubia no había dormido en ningún momento esperando noticias. Entró en la habitación donde Orion dormía plácidamente y se recostó a su lado, necesitaba descansar al menos una hora antes de enfrentarse a la realidad nuevamente.
Esa noche no solo habían estado a un centímetro de acabar con Voldemort, sino que también había quedado en evidencia el poder de Regulus, quien ahora se debatía entre la vida y la muerte con Dorcas. Lograron capturar a Lestrange finalmente, y Severus había entrado al círculo de hierro de los Mortífagos.
Esa noche habían ganado, por supuesto, pero a cambio de arriesgar demasiado.
Y ella había recordado nuevamente.
Al parecer estaba envuelta en más mentiras de las que era consciente.
…Travesura realizada…
Nota de Autora: ¡Hola mis chicas bellas! Tanto tiempo…
Ya sé, fue mucho tiempo sin actualizar, y realmente lo siento. Pero… no pretendo abandonar la historia, para que se despreocupen de eso. Es solamente que estos últimos dos meses he estado muy apremiada por mis responsabilidades muggles, entonces tiempo libre que tengo me quedo dormida de lo cansada que he estado. Es por eso que me tomó tanto terminar este capítulo, lo hice muchas veces porque sentía que como escribía por partes no quedaba bien, pero ya está y me gustó el resultado, espero que a ustedes también.
Quedan poquitos capítulos como ya saben y me comprometo a que no sea cada taaaaaanto tiempo la actualización. Apenas termine el otro lo subo.
Les agradezco mucho a todas las que leen, las que han estado esperando, a las que se suman día a día me agregan a sus favoritos, y también a todas las que comentan.
¿Me dicen qué les pareció el capítulo y qué esperan para más adelante? ¡Las leo preciosas! Me haría muy feliz un lindo comentario (aunque se aceptan hechizos también como réplica).
Mil gracias por el apoyo y espero de todo corazón que les guste mucho. Que tengan una hermosa semana.
¡Besos y nos leemos!
