Una decisión puede cambiar tu vida

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Capitulo 85: Un inesperado adiós.

El estruendo volvió, Kagome tomo el mismo camino por el cual había pasado el monje, pero no había ninguna señal de él, había corrido más aprisa que nunca, además de que Kagome había tenido una gran distracción allá atrás, una distracción que todavía le daba vueltas en la cabeza y le causaba una gran incertidumbre, deseaba que las cosas se tranquilizaran y de una vez por todas poder encontrar todas las respuestas a sus interrogantes, pero aquel día estaba aún lejos de ocurrir y faltaban sucesos importantes antes de poder encontrar la verdad de todo ese embrollo que se había tejido en su vida. Se estaba acercando al lugar donde se despedían unos destellos que coordinaban con los estruendos, Kagome tenía intenciones de llegar prontamente, pero aquel objetivo era impedido por la muchedumbre que corría en sentido contrario, trato de abrirse paso con mucha paciencia, la mayoría de los aldeanos había corrido a refugiarse por orden de Tei, aunque aún quedaban unos cuantos curiosos que a pesar de querer contemplar lo que estaba pasando, preferían mantener la distancia adecuada en caso de que la situación se pusiera realmente fea. Un nuevo estruendo, la cúpula entera templo sobre los refugiados, pero se negaba a ceder ante los continuos golpeteos de la arena solidificada de Kuo-Chiu, quien estaba siendo resguardado por toda la tropa de los inmortales.

- ¡Estamos perdidos! - Chilló Shippo desesperanzado

- El campo de energía no resistirá por mucho tiempo más… - Habló el monje preparándose mentalmente para lo que vendría.

- Debemos hacer algo, de lo contrario todos los aldeanos terminaran muertos - habló Sango con su vestimenta de exterminadora y con Kirara transformada a su lado.

- Antes de preocuparnos por los aldeanos deberíamos preocuparnos por si nosotros saldremos vivos de esta - comentó Tei.

- ¡Cierra la boca, saldremos de esta, ya lo veras y me reiré en tu cara! - Gruñó Inuyasha.

- ¡¿Alguien puede explicarme quienes son esos sujetos?! - Koga alzo la voz con molestia.

- Son los inmortales… - Se oyó la voz de Kagome detrás de ellos, todos se voltearon a mirarla.

- ¿Con que son ellos? ¡Entonces más vale que se preparen para la paliza que tengo pensado darles!

- Ni el pobre de Inuyasha pudo con ellos y vas a poder tú - comentó Tei desabridamente.

- ¡¿Qué dijiste?! ¡No me compares con ese perro sarnoso que a diferencia de él yo soy un youkai! ¡Y soy capaz de acabar con cualquier que se me ponga por el frente!

- ¡Ey! ¡¿Quién te crees?! ¡Seas lo que seas, yo soy mucho mejor que tú aunque te cueste admitirlo!- se burlo de Koga para luego dirigir su atención a Tei - ¡Y tu deja de decir eso que he demostrado que si puedo con los inmortales!

- Puedes con todos menos con el que realmente importa.

- Eso no será por mucho tiempo.

- Basta con tu testarudez, asume de una vez por todas que él esta completamente por encima de ti.

-¡Eso jamás!

- ¡¿Pero de quién diablos hablan?! - Interrumpió el lobo - ¿Del tipo que está golpeando el campo de energía? ¡De seguro yo puedo derrotarlo en un dos por tres!

- No se refieren a él… - Habló la voz melancólica de Kagome.

- ¿Ah no? ¿Entonces a quién?

- Se refieren a… Ellos hablan de… De… - Pronunciar el nombre constaba más de lo que pensaba.

- Kiseki - contestó Tei al notar el trabajo que le estaba llevando responder a Kagome.

- ¡Chung Li Ch'uan! - Corrigió Inuyasha - ¡Ese Kiseki siempre fue una patraña!

- ¡¿Alguien está hablando de mí?! - Interrumpió la poderosa voz saludando tras el escudo. Todos dirigieron su mirada desafiante hasta el rostro de la sarcástica sonrisa - ¿No sería más divertido hablar conmigo?

- ¡Estamos muertos! - Chilló nuevamente el pequeño zorro desde el hombre del monje.

- ¡Cierra la boca Shippo! - Le grito un enfadado hanyou.

- El hibrido tiene razón, cierra la boca, eso no pasara por el momento, sólo queremos que nos devuelvan lo que nos pertenece - pudo verse algunos rostros de disgusto entre los inmortales ante las palabras de "eso no pasara por el momento" - así que… ¿Por qué no se deciden a quitarse el caparazón?

- ¡Eso sería suicidio, tonto! - Volvió a chillar el pequeño asustadizo.

- ¿Algo que te pertenece? ¿Qué es lo que se supone que te pertenece aquí? A mi parecer estás gravemente equivocado, como siempre… - Habló Tei.

- Veo que te pones valiente detrás de tu burbujita, vejete.

- ¿No vas a responder?

- Valiente respuesta, deberías cuidar más de lo que hace tu lengua - una ligera sonrisa torcida se formo en su rostro - de lo contrario eso podría hundirte en el hoyo más rápido de lo planeado.

- ¿Debo considerarlo una amenaza? - Habló Tei con seriedad, se notaba el choque amenazante entre ambas miradas.

- No tengas ni un segundo de duda al respecto.

- Descuida, no la tuve… Pero anda, dinos qué es lo que supuestamente les pertenece.

- ¡Te estás pasando anciano! - Habló molesta la voz de la única presencia femenina en el bando del mal.

- ¡¿Tú me estás hablando de límites a mí?!

- ¿Despechado acaso? - Rió burlesca antes de ser interrumpida por su líder.

- Basta, no tengo tiempo ni ganas de quedarme escuchando discusiones de la patética desilusión de la cucaracha de Tei. Y en cuanto a tu pregunta, la respuesta la sabes muy bien… ¡Las joyas!

- Hemos venido por las joyas y no nos marcharemos sin ellas- Apoyó Tung-Pin.

- ¡Las joyas no les pertenecen! - Gruño Tei con enfado.

- ¡Son nuestras, así que devuélvanlas! - Rugió Hsiang-Tzu.

- ¡Como si eso fuese a pasar! - Ataco Inuyasha.

- Esas piedras le pertenecen a la señorita Kagome - Habló el monje.

- ¿A mí? - Preguntó extrañada ante el comentario de su amigo.

- Por supuesto Kagome, aunque no tengamos en mente ese método, las joyas siguen siendo tuyas - contestó Sango con una sonrisa.

- ¡Eso es mentira! - Chilló Hsiang-Ku.

- ¡Eso es cierto y ustedes no tienen ningún derecho sobre ellas! - Contestó Tei.

- ¡Mátalo, mátalo ya Chung! - Gruñó histérica.

- Cálmate, no quieras hacerme pensar que me estás dando órdenes - su voz ligeramente amenazadora fue suficiente para poner en mute a la mujer, pero no calmo las discusiones entre ambos grupos.

- …No te entregare las joyas - se oyó la voz de Kagome, todos guardaron silencio.

- ¿No? - Una de sus cejas se elevo ligeramente mientras la desafiaba.

- …No, no lo haré.

- ¿Te has dado cuenta de que eso no depende de ti? - No parecía inmutarle las palabras de la muchacha.

- Depende completamente de mi - contestó sin vacilar – tu nos estás amenazando, piensas que por miedo nosotros accederemos a tus exigencias, pero no es así, la verdad es que estás del otro lado, imposibilitado de cruzar a este, imposibilitado a conseguir lo que quieres, por lo que usas el único recurso que te queda… La intimidación. Pero no, no te funcionará, no vamos a entregarte algo que sabemos que puede llegar a destruirte…

Después de eso nadie se atrevió a decir nada, el atrevimiento de Kagome había llegado demasiado lejos y todos los presenten lo sabía a la perfección, estaban esperando la respuesta del malvado insultado, pero no llegaba, tenía su mirada puesta fijamente en la chica mientras su rostro está inexpresivo. La sorpresa fue tremenda cuando en vez de que Chung Li Ch'uan estallara en rugidos, terminara estallando en carcajadas de burla.

- ¡¿Qué es tan gracioso idiota?! - Gritó Inuyasha fastidiado.

- ¿Ese sujeto realmente es el mismo de antes? - Preguntó Koga dudoso.

- Lamentablemente, sí… - Le contestó Sango.

- ¡Te he preguntado qué es lo gracioso! - Volvió a gritar el hanyou al notar que no tenían intenciones de responderle.

- ¡Ella, ella es la graciosa! - Contestó ahogando la carcajada de forma repentina - ¿Crees que la joyas pueden llegar a destruirme? Me decepcionas Kagome, pensé que podías llegar a ser un poco más astuta - se burló - aunque me quites la inmortalidad no voy a dejar de ser quien soy, siendo inmortal o no, unas cucarachas como ustedes jamás podrán destruirme.

- ¿Quitar la inmortalidad? - Interrumpió Tei - ¿Y tienes cara para llamar a Kagome poco astuta? - Chung lo miro serio, pero no dijo nada, quería escuchar qué tenía para decirle - las joyas no te quitaran la inmortalidad Li Ch'uan, las joyas te mataran, te mataran a ti, a tu tropa y a todas las fuerzas malignas que pisen la tierra - por primera vez el rostro del malvado se vio ligeramente perturbado.

- ¿Qué? - Tung-Pin necesitaba la aclaración de ese punto.

- Han tenido una mala perspectiva del poder de las joyas, ellas arrasaran con todo lo maligno que encuentren.

- ¡Debemos hacer algo! - Chilló la alterada mujer gato.

- Sabía que las cosas eran peor de lo que aparentaban… - Comentó sin expresión facial Li T'eih-Kuai.

- Ssssfff ¿Qué vamos a hacer? ¡Yo no quiero morir! Sssfff

- ¡Yo tampoco, así que más vale que alguien tenga algo en mente! - Gruñó el lobo.

- ¡Chung! - Chilló desesperada Hsiang-Ku - ¡Chung!

- ¡¿Qué?! - Respondió fastidiado.

- ¡¿Qué vamos a hacer?! ¡¿Lo has oído, has oído lo que dijo?!

- ¡Por supuesto que lo oí, no estoy sordo!

- ¡Entonces has algo al respecto!

Aquel grito fue la gota que rebalso el baso, sin dar ninguna señal, Chung Li Ch'uan utilizo su rapidez para aprisionar el cuello de la histérica mujer y lo apretó tan fuerte que nadie dudaba que en ese instante Hsiang-Ku no estuviera respirando.

- ¡Te dije que dejaras ese tono! - Rugió.

- ¡Suéltala, el problema son ellos no ella! - Alzó la voz Kou-Lao, pero antes de que pudiera darse cuenta, el enfadado líder había hecho lo mismo con él, ambos estaban siendo estrangulados por Chung.

- ¡¿Qué parte de no usen ese tono conmigo es la que no entienden?! - Gritó antes de soltarlos con brusquedad.

Ambos inmortales se quedaron de rodillas sin parar de toser, Hsiang-Ku estaba temblando, sólo ese maquiavélico sujeto era capaz de causar aquella reacción en ella, estaba asustada, mientras que el hombre de ojos blancos se guardaba su rabia ya que sabía a la perfección que no era rival para el personaje que tenía al frente.

- Son patéticos, lo único que demuestran es cuan grande es su debilidad ¡Me avergüenzan!

- Es evidente que se lo tomaran de esa forma si les dicen que sus destinos están en manos del enemigo - argumentó Tung-Pin.

- ¡No me interesa! Si siguen hablándome así, sus mediocres destinos terminan aquí.

- Sólo nos gustaría saber cual es tu plan - se oyó la voz de Li, el hombre de los ojos rojos que podía cambiar de apariencia.

- Exactamente el mismo que teníamos antes de llegar aquí - contestó como si nada - recuperar cada una de las joyas, sólo que ahora se volvió algo más urgente.

- ¡Hablas como si realmente pudieras hacerlo! - Gruñó Koga desde dentro de la cúpula, Li Ch'uan giro la vista hacía él, lo miro de pies a cabeza como si fuese la peor de las escorias.

- ¿Y quién vendrías siendo tú?

- ¡¿Cómo?! ¡¿Te atreves a decir que me olvidaste?! - Aquello lo había molestado.

- ¿Olvidar? ¿No crees que para eso debería haberte visto alguna vez? De hecho, realmente ni siquiera me interesa saber tu nombre… - Respondió con cara de aburrimiento.

- ¡Soy Koga, líder del clan de los hombres lobos y…! - No logró terminar.

- ¡Espera! - Kagome había chillado de repente.

- ¿Qué ocurre Kagome? - Preguntó el hanyou con preocupación, mientras todos los ojos se fijaban en ella.

- ¿De verdad… de verdad que no recuerdas a Koga? - Su respiración estaba agitada, por alguna razón estaba ansiosa ante la posible respuesta de su enemigo, por unos momentos sus ojos se llenaron de esperanza, Li Ch'uan lo notó, sus ojos se agrandaron en un milisegundo, descubrió el error que había cometido y la posible deducción que había sacado la chica, por un momento fugaz los nervios se apoderaron de él, pero supo disimularlo a la perfección, nadie logró notar el pequeño cambió que había surgido en él, sólo Kagome pudo ver el drástico cambio que habían tenido sus ojos, aunque las siguientes palabras del inmortal cerraron toda ventana hacía la luz.

- La verdad es que sí lo recuerdo, pero me avergüenza decir que guarde espacio en mi memoria para tan poca cosa como él

- ¡¿Qué has dicho?! - Gritó el ofendido.

- Es lo único en lo que podría mostrarme de acuerdo con él… - Susurró Inuyasha sin que nadie lo escuchara.

- Lo que oíste. Ahora basta de conversaciones, dennos lo que vinimos a buscar y quizás, sólo quizás, podría concederles unos cuantos días más de vida - sonrió con burla.

- ¡No tendrás nada! - Gritó Tei.

- ¿Cuánto quieres apostar Tei? ¿Tu vida?

- La mejor de tus artimañas es la intimidación, pero esta vez no funcionara, lo has comprobado tú mismos, el campo de energía que han formado el monje y Kagome es demasiado poderoso, no puedes entrar.

- Está bien, acepto que hicieron un buen trabajo ¡Felicidades! Pero dime ¿Realmente creen que será suficiente?

- No eres capaz de entrar, por eso aún te mantienes del otro lado, sólo estas tratando de engañarnos - habló Kagome - todos alguna vez llegamos a nuestro limite.

Aquellas palabras causaron una pequeña incomodidad en medio de la frente del líder inmortal, incomodidad que fue creciendo a escalas alarmantes.

- ¿Limites…? - Habló con un serio tono de incredulidad.

- Limites - recalcó Inuyasha notando el desagrado que causaba en Chung.

Hubo un silencio sepulcral, el silencio que sólo los inmortales sabían que auspiciaba a la calma antes de la tormenta, una sonrisa apareció en el rostro de Chung Li Ch'uan, pero no era como las otras, era una de no poder creer lo que sus oídos captaban, su cabeza negaba levemente y sus ojos se centraron en la lejanía. Finalmente estallo la bomba.

- ¡¿LIMITES?! – Rugió - ¡En mí no existen límites! ¡No hay nada! ¡Nada que yo no pueda conseguir! ¡Nada!

Su ira se impregno en los oídos de los presentes, la ira de ese sujeto podía sentirse con absolutamente todos los sentidos, sus ojos se volvieron de un rojo intenso mientras que una energía demoníaca del mismo color surgía desde su cuerpo y aireaba sus ropas y los platinados en su cabeza, los tatuajes no tardaron en brillas, de hecho, parecían estar palpitando. El resto de los inmortales sonreía abiertamente a misma vez que retrocedían y guardaban su distancia para mantenerse apartados de la materialización de la furia de Chung Li Ch'uan. Sus ojos se abrieron aún más y sus dientes se transformaban en filosos colmillos, las alas de su espalda nacieron súbitamente, mientras que le crecían sus cuatro extremidades junto con las garras, hubo un grito profundo, el miedo se apodero de los que estaban bajo la protección de la cúpula aún sin saber qué era lo que estaba pasando, pero pronto lo sabrían, el maquiavélico personaje estaba perdiendo todo rastro de su figura humana y la energía que emanaba de su cuerpo aumentaba de una forma considerable, pronto esto fue gatillante de una explosión energética, los observantes cubrieron sus cabezas temiendo que esto quebrara el campo creado por la sacerdotisa y el monje, pero no fue así, la cúpula seguía intacta, aunque aquello no evito el impacto que se formo al ver tras ella a un inmenso y temerario dragón.

Era un dragón gigantesco de escamas platinadas, tenía un hocico alargado con una pequeña barba en la punta inferior y en la unión de cabeza y cuello había una barba escamosa más grande, su cuello era largo y grueso, siempre manteniéndose en una posición que hacía ver superioridad, su cuerpo era grande y macizo con unas extremidades acordes a él, aunque las delanteras eran ligeramente más cortas que las traseras, pero ambas tenían una firme musculatura, un pequeño cuerno en los codos y temerarias garras. Habían gruesos cuernos como estacas que brotaban abundantemente en su cabeza, pero a medida que iban bajando por la parte posterior del cuello se tornaban en fila hasta más de la mitad de su poderosa cola, las alas de murciélago nacían por detrás del final de su cuello y se extendían abiertamente y majestuosamente hacía el cielo. La furia del dragón era notoria debido a la clara muestra de sus filosos y abundantes colmillos, Chung Li Ch'uan se había deshecho de sus rasgos humanos, pero sus alargados ojos eran los únicos que permanecían intactos, aunque claro, con el ligero detalle de que ahora se veían incluso más demoniacos. La verdadera figura del poderoso inmortal era atemorizante, un peligroso dragón gigantesco y aterrador, pero que aun siendo de esta manera, seguía siendo la criatura más esplendorosa que hubiesen visto jamás en sus vidas. De su garganta nació un rugido que expulso hacia el cielo, miro fijo y furioso a las personas dentro de la cúpula, volvió a preparar su garganta e Inuyasha comprendió que la situación se había vuelto completamente en contra.

- ¡Retrocedan! - Gritó un poco antes de que el dragón soltara las intensas llamaradas de su hocico.

El fuego aumento la temperatura de toda la cúpula, y por ende, también aumento la temperatura dentro de ella, todos los aldeanos que se habían quedado a observar los acontecimientos estaban corriendo y gritando desesperadamente, no había ninguno que no lamentara la estupidez de quedarse en ese lugar cuando pudieron ir a buscar refugio junto a los otros. Finalmente el campo de energía se trizo y estallo en pocos segundos, ya no había nada que los defendiese del nuevo mundo ni mucho menos de los seres que lo reinaban en ese momento.

El dragón se separó del suelo para lanzar bolas de fuego desde las alturas, la aldea estaba siendo incendiada sin dificultades, rápida y dolorosamente, sin importar si quedaba alguien oculto en alguna cabaña, no, el dragón sólo destruía todo lo que tenía a su paso, no había compasión, su orgullo había sido herido y nadie le sacaría de la cabeza que aquellas insignificantes personitas necesitaban aprender una lección.

- ¡Basta, basta, lo estás quemando todo, basta! - Chilló Kagome al ver el desastre que se había formado en tan corto tiempo.

- Es tú culpa, tú fuiste la tonta que creyó que él podría tener limites - habló Kou-Lao entrando junto a toda la tropa de inmortales dentro de lo que hasta hace no mucho era una fortaleza.

- Dennos las joyas si no quieren que esto se ponga peor… - Dijo Tung-Pin con la mirada fija en Kagome.

- ¡¿Qué es lo que entienden ustedes por: no?! - Gruñó Inuyasha.

- Entonces han sentenciado el final de aquellas personas… - Respondió el inmortal observando la dirección que había tomado el poderoso dragón, causando que todos se voltearan para mirar.

- ¡Se dirige hacia donde se refugiaron los aldeanos! - chilló Sango con desesperación.

- ¡NO! - Gritó Kagome comenzando su maratón para llegar al lugar.

Por supuesto fue seguida de inmediato por todo su grupo, Inuyasha la alcanzo, y haciendo una maniobra rápida logro cargarla en su espalda y correr junto con ella. Pudieron ver a la criatura descender de las alturas, esto acelero los corazones de los que estaban corriendo hacia aquella dirección, tenían que hacer algo, no podían dejar a esas pobres personas enfrentar solas a esa maquiavélica criatura que había aparecido para atormentar sus vidas. A medida que se acercaban podían oír con mayor intensidad los gritos desesperados de los aldeanos y, aunque Inuyasha no quiso mencionarlo en voz alta, podía identificar claramente la sangre humana en el aire. Finalmente habían llegado, como esperaban, el lugar estaba repleto de intensas llamas, pero había algo aún peor, algo que a nadie se le cruzó por la cabeza mientras se trasladaban hasta allá, Kagome quedo paralizada, no podía creer lo que sus ojos estaban observando. La terrorífica criatura estaba ahí, en medio de todo el escenario, bajo sus garras habían unos cuantos hombres esperando el desafortunado turno, la sangre aún tibia escurría por su hocico mientras sus colmillos trituraban los últimos pedazos de carne inerte, luego continuó con los que estaban a la espera, los gritos desgarradores volvieron a ser ahogados por el filo de sus navajas, al igual que todos los otros, ellos fueron tragados como si fueran simples manzanas.

- ¡DETENTE! - Chilló Kagome al darse cuenta que el dragón pretendía buscar unas nuevas víctimas.

Éste se volteó para ver a los pequeños seres que lo miraban con horror, pareció como si una sonrisa se posara en su cara, los ojos demoniacos estaban fijos en la sacerdotisa que había gritado para que se detuviera, la chica podía sentir claramente el odio que despedía esa mirada, las rodillas le temblaron y la saliva paso dificultosamente por su garganta.

- ¡Maldito monstruo! – Gruño Inuyasha - ¡Te haré pagar por todo lo que has hecho! - Desenvaino su espada y comenzó a correr en dirección a la criatura.

- ¡Inuyasha, no! - Lo llama Sango inútilmente.

- ¡Yo estoy con él, hay que derrotarlo! - Habló Koga con firmeza mientras se echaba a correr detrás del hanyou.

- ¡Deténganse los dos! ¡¿Qué no ven la situación?! - Gritó Miroku sabiendo perfectamente que nadie era competencia para el enemigo que tenían que enfrentar.

- Déjalos, no entenderán incluso si se lo explicas con dibujitos - habló Tei.

- ¡Pero hay que hacer algo! - Chilló Shippo.

- No, Shippo, lo único que nos queda es encontrar el momento adecuado para huir… - Habló Miroku con impotencia.

- ¡Viento cortante! - Gritó Inuyasha desde las alturas luego de dar un gran brinco frente al dragón.

Pero el ataque no sirvió de nada, tan sólo con una agitada de sus alas, el dragón pudo devolverle su propio ataque al hanyou, quien logró refugiarse tras su espada y salir casi ileso de la experiencia, cayó duro contra la tierra y se levanto rápidamente al recordar la situación, aunque la decisión más sensata era quedarse donde estaba y muy quieto, ya que el humor de la criatura no estaba para gente indeseada, por lo que, en cuanto vio a Inuyasha ponerse de pie listo para seguir actuando como una mosca molesta, éste se adelanto y con un golpe de su cola lo lanzo a varios metros incrustando al hanyou en la corteza de un árbol. El inmortal pensó que ya no habría nadie que se atreviera a imaginar que pudiese llegar a derrotarlo, pero estaba equivocado, había un segundo demonio que se tenía la confianza necesaria como para atreverse a enfrentarlo, el lobo Koga, aunque claro, le tocaría pagar muy caro por semejante atrevimiento. Antes de que siquiera pudiese hacer algo, Chung agarro en el aire al youkai con una de sus patas, lo aplasto fuertemente contra el suelo y, llego a tanto su furia, que le arranco con sus colmillos el brazo derecho, el grito de dolor retumbo en los oídos de Kagome, quien mantenía sus ojos bien abiertos negándose a creer que lo que estaba contemplando era real.

- ¡Esto no puede continuar así! - Gritó Miroku corriendo en dirección a la criatura y olvidando, con la desesperación, que acercársele era el peor error que podía cometer.

- ¡Excelencia! - Lo llamó Sango en llantos, pero no hubo caso.

El agujero negro de Miroku se abrió con la intención de absorber al enorme dragón que los estaba atacando, Chung lanzo una enorme bola de fuego que fue succionada por la mano del monje, luego, opto por lanzar una llamarada sin fin, de su hocico no paraba de salir fuego, un fuego intenso y sobre todo uno de los de mayor temperatura en el mundo, Miroku estaba absorbiéndolo todo sin problemas, estaba esperando que su contrincante se cansara o ya no pudiese lanzar más llamas, pero aquello no ocurría, todo lo contrario, el fuego cada vez aumentaba más su temperatura, la mano del monje comenzó a sufrir serios daños, sumado a que la temperatura sobre él era diez veces mayor de la que un humano pudiese soportar, se sintió acabado, no podía creer que de esta manera se acababa todo, ya no podía seguir absorbiendo semejante energía y en el momento en que dejara de hacerlo su cuerpo quedaría carbonizado en un solo segundo, era el fin, sintió como su brazo se rendía, la imagen de Sango se clavo en su memoria, hubiera deseado tanto ver su hermoso rostro antes de encontrarse con la cruda muerte, sí, el monje ya estaba resignado y había olvidado que Inuyasha aún estaba por ahí y, como era de esperarse, hizo su aparición cuando más necesario era, sostuvo el brazo de Miroku y luego lo agarro para que con un brinco se alejasen del fuego.

- ¡No te rindas Miroku, esto aún no a terminado! - Lo reprendió una vez que estuvieron a salvo, su amigo no pudo evitar dar una pequeña sonrisa de alivio.

- Realmente desearía tener tu fuerza, Inuyasha…

- No es momento para hablar de esas cosas, ahora tenemos que… - No alcanzo a terminar, no supieron cómo, pero el inmortal estaba justamente detrás de ellos y, antes de que siquiera pudieran pensar en hacer algo, una pata los envió a 500 metros de distancia.

- ¡Excelencia! - Volvió a gritar Sango, esto hizo que la vista del dragón se desviara en aquella dirección.

- Esto no está bien… Tenemos que huir - susurró Tei agarrando el brazo de Kagome para que lo siguiera, pero ésta se mantuvo rígida en su posición.

- Hay que ir por su excelencia, Inuyasha y Koga ¡No podemos huir! - Alegó Sango preocupada por su enamorado.

- ¡Sí, no podemos! - Apoyó Shippo.

- ¡¿No entienden que si no nos movemos nos mataran?! - Gruñó.

- ¡Eres un egoísta, si fuera Kagome la que estuviera en aprietos no huirías! - Declaró Sango con una mirada de rabia.

- ¡Es Kagome, tonta! ¡Todo esto es por Kagome! ¡¿Cuándo lo vas a entender?! - Contestó furioso - ¡Kagome vamos, te sacare de aquí…!- la jalo del brazo, pero ella se zafo de él con brusquedad.

- No… No dejare a nadie atrás - lo miró fijamente a los ojos para hacerle entender sin que hubieran objeciones de su parte - no dejare a nadie atrás.

Tei comprendió que no tendría caso seguir insistiendo, la única manera de salir de aquella situación era sobreviviendo esperando que los demás lo hicieran contigo, esperando que nadie falte al final…

Aún estaban en la mira del dragón, los ojos de éste y los de Kagome se toparon algo desafiantes, la muchacha había decidido que tenía que ser valiente, valiente por ella y aún más importante por todas las personas que tanto amaba y que ahora sus vidas se encontraban colgando de un hilo.

- Sango… ¿Podrías ir a ayudar a Koga? - Susurró sin despegar la vista de los ojos platinados

- Amor. Yo vi amor, amor en sus ojos, sincero y puro amor, Kagome.

Kagome no pudo evitar recordar las palabras de Koga, dio una sonrisa amarga y melancólica mientras sus ojos seguían enfocados en el odio y repulsión que despedían los ojos del Dragón que alguna vez sonrió, la miro a los ojos y le dijo la peor de las mentiras.

- Supongo que ahora te habrás dado cuenta de lo equivocado que estabas ¿No Koga? - Susurró con un amargo sabor, luego habló para que Tei la escuchara - Quizás debas mantenerte alejado…

- Nunca.

- Quiero que lo hagas… Si a ti te llegase a pasar algo…

- Tú tendrías que seguir tu camino.

- No podría, si tú te fueras, encontraría el límite de mis fuerzas.

- No, Kagome, eso es imposible, tu fuerza es más gigantesca que el poder de cualquier inmortal, tu podrías con cualquier cosa que se te presentara- sonrió tratando de animarla, ella no pudo imitarlo.

- … Te equivocas, hace mucho tiempo que ya me siento acabada… - En el preciso momento en que lo dijo, el peligroso dragón fue consumado por la rabia acumulada hacia aquella joven mujer - ¡Aléjate! - Le grito a Tei, aunque éste, de forma testaruda, se negó a moverse siquiera un centímetro - ¡Vete! - Volvió a gritar Kagome al ver que el dragón estaba cada vez más cerca, pero está vez no espero que hubiese una respuesta de parte del hombre, sino que uso su propia energía para alejarlo de un solo impulso justo en el momento en que Chung había llegado para atacarla.

Al parecer, su primera intención había sido devorarla tal cual lo había hecho con los aldeanos que no habían logrado huir de sus garras, ya que ataco directamente con su hocico enseñando la afilada dentadura, pero Tei siempre tenía razón, Kagome tenía una fuerza de envidiar, y, sin saber de dónde ni cómo, saco fuerza y dio un brinco que la salvo de la mortal mordida, pero que la hizo caer entre los dos ojos platinados del demonio, él la miro con furia, sacudió su cabeza sin lograr que ella se soltara de uno de los cuernos de su cabeza, aquello lo puso aún más molesto de lo que estaba ¡Bien! Si no quería soltarse le haría ver que ese no era el lugar para juegos. Bruscamente echo su cabeza hacia atrás para impulsar a la intrusa hasta su cuello, la muchacha se lastimo con las púas, pero aun así no se soltó, sabía que en ese momento el mejor lugar donde podía estar era sobre él, de lo contrario, terminaría entre sus colmillos. Chung Li Ch'uan extendió sus enormes y esplendorosas alas, dio un rugido y se distanció de la tierra, Inuyasha llego justo en ese momento, trato de correr para lograr subirse en él y rescatar a Kagome, pero no lo logró, su grito se transformo en un eco perdido en el viento.

Chung voló en línea recta hacia lo más alto del cielo, por un momento Kagome pensó que sostenerse no sería un problema, pero la velocidad que había cogido él era tanta, que el viento la estaba golpeando con demasiada violencia, de hecho, sus dedos comenzaron a resbalarse, se soltó por unos segundos, pero volvió a agarrarse nuevamente de otros cuernos del cuello. El demonio finalmente se canso de la línea recta, por lo que giro dándose una vuelta hacía atrás, tal como si fuera un mortal, comenzó a hacer circulo de esta forma causando que a su pasajera se le dificultara cada vez más el mantenerse firme, sus gritos podían oírse con claridad en tierra firme, se sentía como si estuviese atrapada en una montaña rusa descompuesta, Chung comenzó a dar todo tipo de piruetas en el aire, las daba de una forma abrupta con toda la intención de que Kagome se cayera y se encontrase con el duro suelo.

- ¡Sango, debes prestarme a Kirara! - Pidió el hanyou con desesperación

- ¿Qué?

- ¡Tengo que ayudar a Kagome y Kirara es la uni…!

- ¡No! - Negó rápidamente con la cabeza al entender el punto del hanyou - ¡Por ningún motivo, no te dejare!

- ¡Sango, tengo que ayudar a Kagome!

- ¡Él no la matara, estoy segura que no la matara!

- ¡Pero le hará daño, Sango!

- ¡Pero no la matara! - Volvió a gritar para luego romper en llanto - a Kirara sí la va a matar, se la podría comer como se los comió a todos… A él no le importa nada, se comió a los aldeanos ¡¿Qué más le va a dar un demonio?!

- ¡Pero…!

- Por favor no lo hagas, no me pidas que envíe a Kirara a la muerte porque no puedo - lo interrumpió abrasando la cabeza de su fiel acompañante - ¡No me pidas algo así!

Inuyasha se resignó, era evidente que nada haría cambiar de opinión a Sango, estaba demasiado asustada como para actuar con el valor de siempre y de nada serviría si se ponían a discutir mientras Kagome estuviera en el aire junto a esa espantosa criatura, no había más que hacer que esperar pacientemente en la tierra y ayudarla cuando al fin estuviese a su alcance.

Mientras Chung Li Ch'uan mantenía su vuelo peligroso, Kagome volvió a cometer el error de soltarse, rodó hacia atrás logrando esquivar las púas, pero otro brusco movimiento hizo que su caída cesara y quedase plantada sobre su propio estómago, se agarró firmemente de las escamas para poder aguantar los repentinos movimientos, el viento tiraba de sus cabellos y ropas y, helaban su rostro y dedos, extrañamente la brusquedad seso y Kagome encontró la oportunidad para ponerse de pie, tuvo algunas dificultades, pero finalmente lo hizo con éxito, contemplo la espalda y las alas que se batían en ambos lados, realmente era una criatura majestuosa, lastima que estuviera causando tanto mal en el mundo. Por un momento encontró paz, imagino que la vista era la del verde vivo que había antes de que las puertas del infierno fueran abiertas, cerro sus ojos, extendió sus brazos, sintió e inhalo la esencia del viento e imagino que la criatura majestuosa que la transportaba no era el feroz inmortal, sino, que era el sencillo demonio Kiseki que se había decidido a mostrarle su ultima y mas asombrosa habilidad, nada más alejado de la realidad y, fue él mismo quien se encargo de hacérselo ver, había girado su largo cuello, la estaba mirando con sus penetrantes platinados llenos de odio, Kagome se asusto, un sentimiento de inseguridad le recorrió las vértebras, algo le decía que debía despegar sus pies de la superficie y comenzar a correr con toda la energía que guardaba su cuerpo, era el instinto de supervivencia, el cual le estaba gritando que su enemigo estaba próximo a atacar. El dragón enseño sus enormes colmillos y abrió completamente su hocico, una descarga eléctrica recorrió el cuerpo de la chica, se giro y comenzó a correr justo en el instante en que las llamas salían desde la boca del inmortal, Kagome tubo que bajar por todo su lomo para evitar quemarse viva, las llamas la siguieron por un largo trecho, de hecho, tuvo que correr hasta más de la mitad de su cola evitando caerse al vació, finalmente tropezó justo cuando ya casi llegaba a la punta y el fuego desapareció, se abraso con firmeza contra la cola y cerro sus ojos para no tener que enfrentarse con la panorámica de la alejada superficie, cualquier movimiento en falso y lo más seguro es que caería sin remedio, y por supuesto, el personaje dueño de aquella extremidad lo sabía muy bien, por lo que comenzó a sacudir su cola en todas las direcciones posibles, pero Kagome estaba determinada a no soltarse, lo cual hizo enfurecer aún más a la bestia, sus planes no estaban funcionando como él lo deseaba y como siempre la culpa la tenía esa pequeña garrapata que estaba aferrada a su cola, pero todo se acabaría pronto, estaba cansado de ese juego, la paciencia se le había agotado desde hace mucho y está vez no tenía intenciones de ser amable como lo había sido hasta ahora, tomo una determinación, dejo de mover su cola y dio un repentino vuelo en picada, Kagome mantenía su abrazo con todas sus fuerzas, la velocidad fue tanta que en un momento su piernas se separaron del cuerpo escamoso, desde la tierra firme podían oír como se acercaba el grito ensordecedor de Kagome, Inuyasha y los otros se prepararon, sabían que la resolución de aquel encuentro estaba muy cerca. Li Ch'uan se detuvo de golpe antes de tocar el suelo, le dio un fuerte movimiento a su cola para que Kagome se soltase y cayese de forma diagonal hasta el suelo y, exactamente, fue así como sucedió, aunque para su pesar Inuyasha logró atraparla en el momento preciso, evitando que sufriese cualquier tipo de daño físico.

La figura del demonio comenzó a brillar tal como lo había hecho hace rato atrás en su forma humana, sus proporciones comenzaron a disminuir de a poco hasta que finalmente regresaron las facciones recordadas, todo estaba en su lugar, desde la sonrisa sarcástica hasta sus ropas, parecía mágico.

- Supongo que la palabra límite ya no está en sus mentes.

Fue observado con seriedad, nadie se atrevió a decirle nada, quizás así las cosas se terminarían y él decidiría irse junto con su tropa, bastante daño ya había causado, pero claro, ellos no se imaginaban que para él nada era suficiente. Antes de que alguien se diera cuenta, Chung se había trasladado hacia donde estaba Tei, lo tomo de un hombro y lo lanzo alejándolo del grupo, luego con la misma rapidez fue hasta donde había aterrizado.

(Muse- Map of the problematique)

- Ahora es tiempo de deshacerme de ti… - Susurró con frialdad.

- Entiendo, finalmente piensas darle fin a todo esto… - Habló Tei mostrando gran seriedad desde el suelo, Chung sonrío suavemente.

- Aquí se acaba - alzo su mano, todo indicaba que con tan sólo una llamarada acabaría con su más antiguo enemigo, pero no fue así… Kagome apareció por detrás encaramándose sobre las espalda del inmortal, aquello fue totalmente sorpresivo, la chica se estaba sujetando de su cuello y lo jalaba tratando de alejarlo del hombre hincado en la tierra.

- ¡Bájate! - Gruñó.

- ¡Aléjate de Tei! - Gritó mientras lo golpeaba en la cabeza.

- ¡Kagome! - Inuyasha corría hacía la escena de los hechos para tratar de ayudar a la chica.

- ¡Te dije que me soltaras! - Rugió Li Ch'uan lanzando a la chica lejos de él.

El inmortal vio como Inuyasha se acercaba a ellos, se enfureció aún más de lo que estaba, nuevamente tendría que soportar su palabrería en vez de darle una lección a la estúpida mujer que insistía en vérselas con él, era una atrevida y lo tenía cansado con eso, era el momento para darle una lección que nunca olvidaría y no permitiría que un débil demonio volviese a entrometerse. Desde su brazo lanzo una larga llama que termino por impedirles totalmente el paso a todos los que estaban en la mitad del campo, o sea, Inuyasha y compañía, exceptuando a Kagome y a Tei.

- Que te quede claro, este día nadie te salvara- aseguró mirando fijamente los ojos de la chica que aún estaba adolorida con la caída.

- ¡No me interesa nada que tengas que decirme, sólo quiero que te alejes de…! - Pero antes de que pudiera terminar él se había adelantado, la agarro del mentón, le dio una bofetada y la volvió a lanzar.

Kagome no había podido reaccionar, fue tan repentino y rápido, totalmente fuera del alcance de su capacidad, estaba hablando en serio… trato de reincorporarse, pero nuevamente fue sorprendida, él se adelanto y le dio una patada en el estomago que causo que ella perdiese todo el aire.

- ¿Decías algo? Cuándo vas a aprender que el único que puede decidir algo aquí… - La miro con repugnancia - ¡Soy yo! – Gritó dándole otra patada que la hizo rodar.

- ¡Déjala ya! - Gruñó Tei corriendo para socorrerla, pero Li Ch'uan era demasiado veloz, lo golpeo contra el suelo antes de que llegase a la mitad del camino.

- ¡Tú no te metas!

Kagome tosía mientras se sostenía el estomago, jamás un golpe le había dolido tanto como ese, realmente no estaba jugando, se estaba ensañando con ella por todo lo que le dijo, había desatado su furia y al parecer ahora lo lamentaría.

- ¿Creíste que podrías decir lo que se te diera la gana? ¡¿Creíste que estabas a salvo porque nunca te haría nada?!- termino por rugir acercándose nuevamente - ¡Ponte de pie! - Ordenó, ella tuvo miedo de hacerlo - ¡Ponte de pie he dicho!

Lo hizo con suma dificultad, su estomago aún le dolida de una manera inmensa, pero a él no le importaba en lo más mínimo, con la mano derecha y suma brusquedad tomo su cuello y con la otra mano saco la bolsita que ella guardaba en su bolsillo.

- ¡Esto me pertenece a mi! - Gritó frente a su rostro - ¡Cada una de las joyas es mía y tu nunca volverás a poner ni un sólo dedo sobre ellas!- Kagome mantuvo siempre sus parpados muy apretados, pero ante las siguientes palabras su reacción de sorpresa lo cambió todo - porque yo me encargare de que después de hoy tú no vuelvas a poner tus dedos sobre nada.

Estaba hecho, él acababa de decir que la mataría, que hoy era el último de sus días y no había nada que ella pudiese hacer al respecto, y, aunque pareciese estúpido, estaba sorprendida, en el fondo nunca pensó que ese día llegaría tan pronto, siempre pensó que él se seguiría divirtiendo cruelmente con ella hasta que todo lo que estaba a su alrededor pereciera, aunque… de cierta manera hubo tranquilidad en su interior, alivió, todo terminaría, ya no tendría que permanecer en su lugar manteniéndose firme como un árbol mientras la ventisca arrasaba con todo y trataba por todos sus medios de arrancarla de su raíz, no tendría que luchar más, no más noches sin dormir, no más días sin vivir, no más respirar doloroso, adiós a los recuerdos invasores, adiós al vació… Adiós al vació.

- … No estás asustada… - Lo escuchó, pero pareció más un pensamiento que no pudo guardar a algo que quiso decir.

Ella lo miró con la misma tristeza que poseyó su mirada desde el día en que lo perdió, lo dejo algo desconcertado, no podía entender a esa mujer, definitivamente está más allá de sus capacidades, su agarre se suavizo un poco.

- …Si vas a matarme - habló mantenido las pupilas fija en las suyas - … Al menos… Al menos se capaz de decirme por qué… Se capaz de decirme por qué me odias… Quiero que lo digas.

Sus ojos lo buscaron, pero no fueron capases de encontrar la tranquilidad que encontraban cada vez que veían los ojos platinados de aquel rostro, no, aquel refugio ya no estaba, se había perdido no hace mucho, pero pareciera que llevara siglos sin saber de ellos, siglos en los que nada más pudo tranquilizar su alma como lo hacía esa mirada, la mirada perdida…

- ¿Por qué te odio? - Mostró un cansado desinterés en ella, y, aunque pareciera algo irracional, Kagome encontró tristeza en su rostro - fácil… - Algo cambió en él, parecía que no la estuviese mirando a ella, que había alguien más ahí, alguien al que él miraba y hablaba con el odio más puro e innato del mundo - tú mataste mi vida.

Entonces lo comprendió, comprendió la razón por la cual él actuaba de esa manera, por la cual estaba lleno de odio y resentimiento. Era su luz, su luz interna y desconocida había sido dañada, no sabía cómo, pero era lo que ocurría y ya no había caso en seguir luchando por encontrar su luz, porque aunque llegase a saber cual era, no serviría, porque debido a la misma era que él actuaba como actuaba, su luz lo hacía ser malvado, su luz era la que lo estaba sepultando.

- ¡Espero que te haya quedado claro! - Gruñó soltándola con brusquedad, ella lo miró fijo.

- …Estás perturbado, te he hecho recordar algo que no querías… - Por primera vez era ella quien lo observaba con lastima, sintiéndose mal por lo que a él le pudiese estar dañando.

- No estoy perturbado - respondió de forma agresiva, no le gustaba como lo estaba mirando.

- Sé que no lo aceptaras, te entiendo…

- ¿Qué puedes entender tú? ¡No tienes idea de nada!

- La tengo… Entiendo lo que es recordar cosas que no deseas que te recuerden… - La imagen de un Kiseki sonriente se apareció en su cabeza.

- ¿Qué te hace pensar que eso es lo que sucede?

- El dolor en tu rostro es el mismo dolor que siento al recordar… - Sonrió con amargura, la visión de Kiseki la estaba apuñalando - … Qué tan intenso… ¿Qué tan intenso es el vació?...

Aquella pregunta fue demasiado, ataco el punto más vulnerable del inmortal, el vació, el vació que sentía en su pecho y que por más que quisiera arrancarlo no podía, estaba ahí para permanecer por toda su inmortalidad e incluso más allá, el vació, algo que compartían, algo de lo que ambos desearían deshacerse, pero no había nada que pudiese contra él, estaba ahí y había echado firmes raíces, raíces que llegaban hasta el centro de su alma… Se enfureció más que nunca, la cólera lo lleno con la fuerza de un volcán ¿Cómo se atrevía? ¡¿Cómo se atrevía a tratar de consolarlo?! ¡¿Cómo se atrevía a compararse con él?! ¡Ella no tenía idea, no tenía idea de nada! ¡La odiaba! ¡La odiaba!

- ¡Cállate! - Gritó al momento de golpearla - ¡No hace más que hablar estupideces, ya es tiempo de que dejes el parloteo y te pongas a pelear!

- Muchas veces te he dicho que no pelearía contigo…

- ¡No te lo estoy preguntando, te lo estoy ordenando!

- Aun así no puedes hacer que pelee contigo…

Si ya su voz lo hacía rabiar, las palabras que decía lo estaban haciendo colapsar, levanto a Kagome del suelo con la única intención de volverla a botar de un golpe.

- ¡Si no lo haces vas a morir de la manera más patética posible! - Gruñó esperando una respuesta que nunca llegaría - ¡Ve por tus flecha, usa tus poderes de sacerdotisa, lo que sea! ¡Hazme frente de una puta vez!

- No… no lo voy a hacer - respondió con la respiración agitada.

- ¡Lucha! - Gritó volviendo a descargar su ira con ella.

- …No.

- ¡¿Tan cobarde eres que no puedes expresar abiertamente tu odio por mí?!

- ¡Te equivocas! - Contestó de inmediato olvidando todo malestar - yo… No te odio, no te odio… - Aquello lo hizo enojar aún más.

- ¡¿No me odias?! ¡¿Qué estupidez es esa?! ¡Claro que me odias!

- No, no te odio… - Contestó mientras se ponía de pie con dificultad - jamás… Jamás podría hacerte daño, a pesar de lo que has hecho, no puedo hacerte daño y no lo haré…

- ¡¿Por qué?! ¡Ya he hecho bastante! ¡Deberías odiarme! ¡Todo el mundo me odia, todo el mundo quiere matarme! ¡Tú no eres la excepción!

- La soy…

- ¡NO! ¡Tú no eres la excepción de nada! ¡Ahora dime por qué! ¡¿Por qué no me odias?! - Rugió.

- … Créeme que si yo supiera la respuesta a eso… Todo sería mucho más fácil… - Acabo por decirle con una sonrisa.

Una sonrisa, aquel fue el ultimo de su larga lista de errores frente a él, la tomo con brutalidad de ambos brazos y la miro de tal forma que le fue imposible respirar, estaba aterrada como nunca antes, y con toda razón, la cordura de ese sujeto ya no funcionaba, de repente, Kagome comenzó a sentir un intenso ardor de donde Li Ch'uan la tenía agarrada, un ardor que de un segundo a otro se hizo sumamente intenso, las manos del demonio estaban de un rojo fuerte mientras ella gritaba por el dolor que estaba sintiendo, lo único que quería en ese momento era que la soltara, que alejara el fuego de ella y que no lo volviese a traer, pero él disfrutaba, disfrutaba viéndola sufrir y gritar, sabía perfectamente lo mucho que dolían las quemaduras que él provocaba, había tenido siglos de experimentaciones.

- ¡Kagome! - Gritaba un desesperado hanyou con la angustia de no poder ayudar a la persona que más amaba en el mundo.

Finalmente Chung la soltó de golpe ya tan rápido como lo hizo la afectada retrocedió alejándose de él, llevo sus manos a las partes de piel quemada y apretó los labios para aguatar el dolor, había dolido, había dolido mucho, pero seguramente no tenía comparación con lo que le dolería después.

- ¡Si no puedes odiarme! - Rugió creando una gran llama en su mano derecha - ¡Entonces es momento de pulverizarte!

Era su fin, ya no quedaba más, el fuego iba directamente a su rostro, pensó que moriría de la peor manera, incinerada, pero no fue así, algo se interpuso entre el camino del fuego y el fin de Kagome, o mejor dicho, alguien… Un pergamino estaba siendo sostenido frente al fuego e impedía que éste se atreviera a tocar a la joven sacerdotisa, Chung miró la escena con seriedad, nuevamente alguien se interponía en sus planes, aunque si lo pensaba con detenimiento y la frialdad que lo caracterizaba, nada pudo caber mejor en sus planes que lo que acababa de ocurrir.

- ¡Tei! - Chilló Kagome - ¿Qué estás haciendo? Es demasiado peligro ¡Vete!

- No, por ningún motivo voy a permitir que esta aberración de la naturaleza siga lastimándote, ya ha hecho suficiente como para querer continuar.

- Pero…

- ¡Pero nada! ¡No voy a moverme, no voy a dejar que él se acerque un centímetro más a ti!

- ¿No me vas a dejar acercármele? - Rió con burla

- ¡Lo que oíste! ¡Sobre mi cadáver la vuelves a tocar!

- Dijiste que no sabías por qué no me odiabas… - Repentinamente se dirigió a Kagome - quizás no tengas que encontrar el por qué no me odias, sino que necesitas una razón para odiarme.

Kagome lo miró con miedo, algo en su fría manera de hablar le decía que las cosas estarían peor de lo que ya estaban.

- Y yo con gusto te daré esa razón.

(Billie Jean- Chris Cornell)

Era un adiós.

Tan pronto como él término de pronunciar la ultima silaba de la palabra razón, su mano atravesó sin vacilación el pecho de Tei hasta que las garras salieron por su espalda. Kagome no pudo respirar, fue tan repentino que ni siquiera podía razonar si realmente era real, no podía entender si realmente lo que se encontraba frente a sus ojos estaba sucediendo o había sido producto de una mala alucinación. La mano se retiro del cuerpo que a pesar de todo continuaba firmemente de pie, pero aquello no había terminado, sin que un solo músculo se moviera en el rostro del inmortal, éste volvió a introducir sus garras en el cuerpo de Tei, aunque esta vez de forma exitosa, su mano había hallado lo que había estado buscando la vez anterior, lo sostuvo con firmeza mientras le mostraba una risa endemoniada al propietario de ese cuerpo, luego, sin una pizca de culpabilidad, le arranco el corazón de un solo tirón dejando que el cuerpo cayese sin vida. Kagome no reaccionaba, estaba paralizada aún tratando de averiguar si se encontraba en la realidad o no, pero él, gustoso, se encargo de hacérselo saber, extendió su mano y le enseño lo que aún palpitaba sobre su mano.

- Observa, estos son los últimos latidos de tu querido Tei.

Sin embargo, no conforme con eso, detuvo los latidos aplastando el órgano entre sus garras, luego el fuego se apodero de los restos.

- ¿Has obtenido tu razón? - Dejó caer los restos tal como si fuesen basura y emprendió el camino hacía otra dirección

- ¡TEI! - El grito desgarrador finalmente había podido salir de su garganta.

Se agacho junto a él implorándole que por favor despertara, que no la dejara sola, que era lo único que tenía y lo único que le hacía tener fuerzas, pero no había caso alguno, el cuerpo estaba totalmente tieso y poco a poco iba perdiendo su temperatura, estaba muerto, Chung Li Ch'uan le había arrancado el corazón del pecho.

- ¡TE ODIO! - Gritó con furia en sus venas - ¡TE ODIO!

- Eso quiere decir que está todo como debería estar - contestó el inmortal deteniendo su caminar.

- ¡Lamentaras este día, te lo juro! - El odio de Kagome jamás había estado tan concentrado como hasta ese momento.

- ¿Lo lamentare? - Preguntó incrédulo observado a la descompuesta mujer.

- ¡Yo misma haré que pagues por todo! ¡Me encargare de sepultarte en lo más profundo de la tierra!

- ¿Debo tomarlo como un "quiero matarte"?

- ¡No voy a descansar hasta verte muerto! ¡Muerto! ¡Voy a deshacerme de ti para siempre! ¡Estarás muerto! ¡Muerto!

- Esto es una guerra, tú y yo a muerte, el que aniquile primero al otro será el vencedor. Vas a morir… - Luego, desapareció.

La suerte ya estaba echada, la amenaza de muerte estaba en curso y ninguno de los dos tenía intensiones de retroceder, el tiempo final se estaba acercando a pasos agigantados y la tragedia ya era inevitable.

Ambos se odiaban a muerte.

Continuara...


La próxima semana comienza la etapa final. Saludoos y dejen sus comentarios! :)