Holaaa ke les sta pareciendo?

recuerden de ke nada me pertenece

Capítulo 35

Había recogido la mesa y la había arreglado cuando Edward llegó. La cocina olía a asado y a velas apagadas. Le encantaba oír sus enormes zancadas cuando se acercaba a la puerta de la cocina. Luego se paraba y se frotaba los pies en el felpudo. Abría la puerta, entraba una ráfaga de viento cortante y él se quedaba sonriendo en el umbral hasta que ella le daba un beso en la boca.

—Es más tarde de lo que esperaba.

—No importa. Alice se ha pasado por aquí y me lo ha avisado.

—Entonces, supongo que no necesitas esto.

Sacó un ramo de claveles de detrás de la espalda.

—No, pero sí que los quiero —los cogió—. Gracias. He pensado que podíamos probar este vino australiano del que hablaban en la revista... si quieres abrirlo.

—Muy bien —se volvió para colgar la cazadora del gancho. La vista se le clavó en el tiesto de geranios que ella había dejado en la encimera. Le dejó un poco perplejo, pero tras titubear un instante, fue a colgar la cazadora—. Me imagino que no lo has conseguido con fertilizantes.

—No —rodeó los tallos de los claveles con los dedos—. ¿Te importa?

—No me importa, pero una cosa es hablar de ello, incluso saberlo, y otra verlo —abrió un cajón para coger el sacacorchos—. En cualquier caso, no tienes que ir arreglando todos los desaguisados que yo haga.

—Te quiero, Edward.

Se quedó con el sacacorchos en una mano y la botella en la otra. Estaba paralizado y abrumado por las emociones.

—Me ha costado esperar a que me dijeras eso.

—Antes no podía decirlo.

—¿Por qué ahora?

—Porque me has traído claveles; porque no tengo que arreglar todos los desaguisados que hagas; porque cuando oigo que te acercas todo se revuelve dentro de mí; porque el amor es la magia más vital. Yo quiero darte la mía.

Edward dejó cuidadosamente el sacacorchos y la botella de vino en la encimera y le pasó delicadamente las manos por las mejillas y el pelo.

—He estado toda mi vida esperándote —le besó con ternura la frente—. Quiero pasar contigo lo que me quede de ella.

Ella no hizo caso de la punzada de aprensión que notó en el estómago y se concentró en su felicidad.

—Concedámonos el momento. Cada minuto es precioso —apoyó la cabeza en su hombro—. Hay que aprovechar cada minuto.


Cortoo? jeje lo sientoo el proximo sera largo lo prometo jejeje

espero reviews

bye