CAPÍTULO 35 DESGARRÁNDOME LA VIDA PARTE I
Nunca imaginé que trabajar al lado de Edward sería así.
Su manera de trabajar se asemejaba en cierto modo a la forma en la que se entregaba al sexo; era devastador, demoledor, concienzudo y extremadamente perfeccionista. Todo eso eran cosas buenas, sexualmente hablando. No podía decir lo mismo de él en la oficina. Los siguientes dos días fueron los más largos y tediosos de mí vida. Si pensé que a Edward se le había pasado ligeramente la tensión con el tema de las empresas y las acciones me había equivocado por completo. Las siguientes cuarenta y ocho horas después de firmar mi contrato con su empresa fueron más que caóticos. Papeles en cantidades industriales, informes y llamadas por teléfono que eran cortadas de la manera más drástica, déspota y radical que mi Bestia podía ofrecer. Eso fue lo que viví.
Señoras y señores, este era Edward Cullen en vivo y en directo y con su esencia a flor de piel.
Decir que era un mandón consumado era quedarme corta. Ahora comprendía y valoraba muchísimo más el trabajo de Tanya; no sabía cuánto cobraba, pero lo que estaba claro era que a esa mujer deberían de incluirla un suplemento de peligrosidad en el trabajo.
Otro que se tenía el cielo ganado era James. No pertenecía a la empresa, pero tampoco se quedaba atrás.
Las llamadas a ese pobre hombre habían sido constantes y sin ningún resultado positivo para Edward; al parecer mi padre, o quien quiera que estuviera tras él y en sus negocios turbios, sabía guardarse muy bien las espaldas. ¿Qué demonios ocultas, Charlie Swan? ¿Cuánta mierda eres capaz de almacenar en tu corrompida mente? Esas preguntas sin respuesta se agolpaban en mi cabeza mientras miraba cómo semejante animal financiero trabajaba sobre su escritorio. En estos momentos su mirada era capaz de aniquilar y fulminar a quien osara cruzarse en su camino.
Por supuesto, me felicitaba a mi misma en silencio por no haberle dicho nada a Edward sobre el misterioso mensaje.
Añadirle a mi Edward otra preocupación más era inmolarme a mi misma. Sería tirar mi tranquilidad y la suya por la borda; bastantes preocupaciones tenía ya como para añadir una más. Quien quiera que fuera el emisario de esas palabras no había vuelto a enviar más amenazas. O avisos. Si lo pensaba fríamente no era nada nuevo que yo estuviera en el punto de mira. Toda mi vida, por una u otras razones, había estado marcada por el miedo.
Como pisar un jodido campo de minas e intentar no morir en el intento.
Primero, miedo a mi padre y a las posibles consecuencias si no le obedecía en todo lo que me ordenaba. Segundo, a Mike Newton, por razones más que obvias y explícitas. Y tercero…bien. Ahora mismo tenía miedo a muchas cosas. La lejanía de Matt y el hecho de poder perder a Edward encabezaban mi lista negra.
El tiempo pasaba horriblemente rápido.
Ya habían pasado más de tres meses. Tres meses. Casi cien días, una cuenta regresiva y odiosa que me hacía querer meterme en la cama, cerrar los ojos y esperar a que las manillas del reloj se pararan de una jodida vez. Lo malo de todo es que no podía hacer nada para remediar ese problema.
Un violento golpe en la mesa me trajo de vuelta al presente.
— ¡Joder! —miré a Edward. Había colgado el teléfono estrepitosamente por enésima vez para volver a marcar con una rapidez asombrosa. Uhm….Edward dedos rápidos….
— ¿Pasa algo? —me miró de soslayo mientras esperaba a que alguien le respondiera al otro lado de la línea.
—Me pasa de todo —gruñó. Oí el murmullo de alguien al otro lado de la línea —Sí, soy Edward Cullen, necesito hablar con Jacob Black —abrí los ojos sorprendida y me incliné disimuladamente para ver si podía escuchar algo de la conversación. Esto tenía pinta de ser más que interesante —Señora Smith, dígale con todo el respeto y la educación del mundo al señor Swan que me importa una mierda su opinión. Que le quede claro que el que manda aquí soy yo. No me interesa para nada hablar con él. Quiero hablar con el señor Black y quiero hacerlo ya —de imaginarme a la pobre señora Smith me estaba dando hasta lástima — ¿Jacob? Necesito que vengas cuanto antes a mi oficina —ordenó mientras se paseaba impulsivamente por la oficina —No, no podemos hablar por teléfono y menos estos temas —rodó los ojos —Estoy hasta los cojones de decir que me importa una mierda lo que diga Charlie. Te puedes imaginar por donde me paso sus opiniones —gruñó —Te enviaré mi jet privado para que estés aquí lo antes posible. Ya puedes ir preparándote porque tu vuelo llegará antes de lo que te imaginas. Y no dudes en llamarme personalmente si ocurre algún inconveniente —colgó el teléfono y suspiró.
— ¿Vendrá Jacob? —Edward se sentó en su sillón de cuero. Me miró con los ojos entrecerrados y asintió.
— ¿Tienes ganas de verlo? —fruncí los labios por el tono que había usado.
—Siempre es agradable volver a ver a un amigo.
—Como ya sabes, no me hace gracia tenerlo pululando por mis dominios, pero no me queda otra opción. James ha rastreado la jodida empresa de Charlie y lo único que saca en claro es que está registrada a su nombre. ¡Menudo puñetero descubrimiento!— ¿Has buscado la dirección social en el registro mercantil?— en medio de esa mezcla de sensaciones Edward esbozó un intento de sonrisa.
—No se te escapa una, ¿uh? Sí, hemos buscado en el registro. ¿A que no te imaginas lo que hemos obtenido?
—Supongo que habréis dado con una propiedad fantasma o algo parecido.
—Justo en la diana —murmuró mientras apoyaba su espalda en el respaldo del sillón.
— ¿Crees que Jake puede tener la clave para averiguar algo más?
—Jake —dijo con tono irónico —trabaja en el área de administración. Si tu amigo y James trabajan conjuntamente estoy seguro de que podemos hacer milagros.
Realmente esperaba que el milagro ocurriera.
Quería de verdad que la caja de Pandora se abriera de una maldita vez, quería que saliera la multitud de trapos sucios que mi padre guardaba en el interior de su podrida y corrompida mente. Quería que pagara por todo lo que le hizo al padre de Edward. Quería que pagara por lo que me había hecho a mí. Y por lo que me estaba haciendo. Que pagara por todo el daño que había infringido a personas inocentes.
Un día toda la ira del cielo caería sobre él. Y me encantaría estar presente en ese momento.
Regresé de mi mundo cuando me sentí observada; Edward me estaba mirando fijamente mientras yo estaba absorta en mis pensamientos pseudo psicópatas. Su gesto se había suavizado media décima. No podía sentirme más abrumada cuando me miraba de esa manera. El muy maldito hacía que mi mundo se parara en ese preciso instante en el que él posaba sus ojos en los míos.
—Tengo que decirte una cosa. En realidad debería de haberlo hecho hace un par de días…—me obligué a mi misma a desviar los ojos de sus labios y a prestarle la atención que se mecería.
— ¿Algo malo? —el gesto de Edward así me lo indicó — ¿Qué más podría ocurrir?
No me dijo nada. Se levantó y caminó lentamente hacia mi silla, se arrodilló frente a mí y me cogió delicadamente de las manos. Me mordí el labio inferior con miedo por lo que me pudiera decir.
—El juicio contra ese cabrón de Newton ya se ha celebrado —seguramente el gesto de mi cara cambió drásticamente a juzgar por el apretón de manos que me dio Edward.
— ¿Ya?
—Influencias —murmuró —Digamos que Carlisle ha hecho un poco de presión para que el juicio se celebrara lo antes posible… ¿Quieres saber lo que ha pasado?—asentí sin saber muy bien si lo estaba haciendo —Como era de esperar el juez aceptó las pruebas que Kate aportó. El abogado de Newton apenas pudo abrir la bocaza ya que las pruebas de ADN que se realizaron coincidían con el suyo. El juez y el fiscal le ofrecieron un trato, declararse culpable a cambio de una rebaja en la condena, pero como es un gilipollas redomado no aceptó. El resultado fue un culpable tan grande como este edificio y una condena de seis años en prisión —cogí una gran bocanada de aire.
—Seis años…No va a cumplir ni la mitad, ¿cierto?
—Es posible — susurró sin mirarme a los ojos —Si su conducta es la adecuada puede pasar el tribunal de la condicional, aunque tiene que pasar un mínimo de tres años —bien, muy bien….Me aseguraban tres años de relativa tranquilidad…eso si el culpable de la amenaza no era de su entorno. Edward me agarró de las mejillas —No te preocupes ahora por eso…Haré todo lo posible porque pase toda la condena en el cárcel, pequeña….
—Ni tu ni yo sabemos qué puede pasar de aquí a tres años, Edward. No sé donde voy a estar yo. No sé donde estarás tu — me mordí con fuerza el interior de mis mejillas para evitar por todos los medios que mis ojos se aguaran —Tampoco sé qué puede pasar cuando ese monstruo salga de la cárcel —me separó el pelo de la cara y me acercó aún más a él. Nuestras narices casi se rozaban, su aliento golpeaba mis labios incitándome a cerrar los ojos y olvidarme del mundo para perderme en ese sueño.
—No dejaré que ese cabrón vuelva a acercarse a ti, ¿me has entendido? Le arrancaré la cabeza si se atreve a mirarte de nuevo —mi labio tembló peligrosamente —No debes preocuparte por nada —se separó de mi dándome espacio suficiente para respirar aire libre de su aroma.
—No he leído nada en los periódicos.
—Ni lo vas a leer. Con toda seguridad papá quiere tapar los pecados de su hijito. Lo que no va a poder evitar es lo que seguramente le van a hacer en la cárcel. Espero que lo jodan bien jodido por violador de menores —me hundí en la silla. Edward me miró con determinación en los ojos —Sin remordimientos, princesa.
Por eso no había problema. Ni aunque me obligara a mi misma sentiría remordimientos por lo que ese cabrón pudiera pasar en la cárcel. Que le hicieran la vida imposible, que lo torturaran, que le hicieran pasar todo el miedo y el terror que por su culpa sufrí. Que pagara las consecuencias que esa violación aún pegaban fuerte en mí hoy en día…
Demasiada información para apenas ser las nueve y media de la mañana.
Después de eso más documentos, llamadas, y entradas y salidas al despacho. Dirigí rápidamente la información que Edward me había ofrecido más que nada por que no tuve la opción de sentarme ni cinco minutos en toda la mañana. A mis manos venían cifras de las empresas de Edward, informes del complejo hotelero del Pacífico y demás hojas que había que descifrar. Nunca pensé que diría esto, pero esperaba con ansia que me dieran un sitio en la empresa en el que poder trabajar, a ser posible alejada del despacho de Edward. Entre el café que ingería y la energía natural de este hombre era como una bomba de relojería.
Unos golpecitos resonaron en la sala de juntas, donde Edward prefería estar, a primera hora de la tarde.
—Pasa —dijo Edward tras mirar el reloj.
En la sala apareció James con una gran sonrisa en su boca y con un maletín en las manos que contenía un portátil. Con coleta, pantalones rotos y desgastados y su eterna chaqueta negra de cuero, ese hombre contrastaba severamente con el entorno en el que estábamos.
—Buenos días, señorita. Un gusto volver a verla —no pude evitar rodar los ojos cuando me cogió la mano con delicadeza y me besó en el dorso. Luego miró a Edward —Señor Cullen, preparado para la batalla —Edward alzó una ceja ante el despliegue dramático de su amigo.
—Vienes con ganas, ¿uh? —la sonrisa del rubio se amplió aún más.
—Oh, sí…perseguir empresas sospechosas y posiblemente culpables de fraude y vete tú a saber qué más es mi pasatiempo favorito —sin pedir permiso a nadie James sacó su portátil de última generación sobre la mesa, cortesía de Edward Cullen. Sacó una infinidad de cables, los enganchó y, tras terminar su tarea, se sentó a mi lado y cruzó las piernas encima de la gran mesa de madera noble. Sacó un palillo de uno de sus bolsillos y lo mordió compulsivamente.
—Ponte cómodo, James —dijo Edward con ironía.
—Por lo que veo tenemos que esperar a que vengan los refuerzos, ¿no? —chascó la lengua —Reconozco que no me gusta nada recibir ayuda. Me gusta trabajar solo, soy autónomo, ¿sabes? Me da rabia porque puedo sacar información de cualquier lugar, pero al parecer he dado con un hueso duro de roer.
—No te preocupes, James…a ese hueso lo haremos pedacitos en cuanto podamos —murmuró Edward.
Al parecer éramos varios los invitados a la "fiesta" ya que la puerta retumbó de nuevo., dos segundos después se abrió para dar paso a Norah y a Jasper. La cara de James al ver a mi amiga totalmente cómica y graciosa. Como si tuviera un resorte en el trasero bajó las piernas de la mesa de Edward y se puso de pie casi de un salto. Eso por no hablar del palillo que casi se lo traga. Se pasó las manos por la coleta y le estiró la desgastada chaqueta de cuero. Una sonrisa al más puro estilo Profident decoró sus labios. Norah miró atentamente al nuevo y desconocido integrante del grupo hasta que habló.
—Buenos días, señorita….
—Norah, llámame Norah —después nos miró a Edward y a mi —Sé que este no es Jacob Black más que nada porque Tanya nos acaba de decir que su vuelo está a punto de aterrizar en La Guardia. ¿Me podéis decir quién es este malote de barrio que tenemos en nuestras filas? —James se relamió los labios de manera arrogante.
—Bien…Norah…Soy James. Y como bien has dicho soy un malote de barrio en mis ratos libres y un hacker consumado y con pedigrí en mi horario laboral. Dime un nombre y te diré cuántos empastes tiene esa persona y el nombre de su jodido dentista —Norah asintió sorprendida por las palabras sinceras y directas del rubio.
Tras el cruce de palabras y frases ingeniosas por parte de ambos rubios me acerqué a Norah aprovechando que los tres hombres se habían enfrascado en una conversación laboral.
—Así que este es el amigo de Edward, ¿no? —asentí —No pegan ni con cola, pero si Edward confía en él por algo será —me miró a los ojos —Estaba preocupada por ti —alcé una ceja —Sí, en estos dos días apenas te he visto. Empezaba a pensar que el ogro gruñón ya te había comido —sí, bueno….en parte…. —Al menos te veo de una pieza. ¿A que ha sido agotador trabajar para él?
—Totalmente demoledor —murmuré —Aunque vengo todos los días con él no es lo mismo estar en el mismo despacho que él durante toda una mañana…Me acostumbraré, no me queda otra opción —miré de nuevo a Norah — ¿Y Alice?
—Creo que esta semana se reincorpora —suspiró —Está nerviosa y mi hermano no quiere que se altere por nada. En parte la entiendo —la miré extrañada —Sí, entiendo su estado de nervios. Está embarazada de dos meses y no está pasando por su mejor momento personal. Puede sonar un poco brusco, pero sólo me importa el bienestar de ese pequeño que aún no ha nacido. Ese bebé llevará mi sangre…—Edward se acercó a la puerta para asomarse interrumpiendo nuestra conversación.
—Tanya, ¿me puedes decir cuando demonios va a llegar Jacob Black? —un ligero murmullo nos indicó que la secretaria con cara de acelga, Tanya, le estaba contestando. Edward volvió a entrar y nos miró —Diez minutos y estamos todos.
Si Tanya hubiera cronometrado el tiempo no le habría salido más perfecto; Jacob Black llegó a la oficina de Edward puntualmente, diez minutos después. Tanya le abrió la puerta de la oficina en la que estábamos todos y entró. Vestido de manera mucho más formal, con traje oscuro y corbata…pero no vino solo. Un hombre alto de pelo castaño y unos vividos ojos azules y tremendamente apuesto lo acompañaba. Instintivamente se alisó las arrugas imaginarias de su traje impoluto y nos miró a todos. No sabía quien podía ser, no recordaba haberlo visto antes en la empresa de mi padre; de todos modos, si decía que conocía a todos los empleados estaría mintiendo. ¿Quién demonios era este hombre que parecía analizar todo minuciosamente? Miré de reojo a Edward; no parecía muy sorprendido por la presencia de este desconocido, pero tampoco se le veía cómodo. Al parecer, de nuevo me estaba perdiendo parte de la historia.
Jake no pareció ver nada más que mi cara. Me dedicó una enorme y radiante sonrisa de las suyas y, sin reparar en Edward y en el resto del grupo, avanzó hacia mí para abrazarme. El muy bruto me alzó del suelo y me estrujó entre sus brazos. Viva la exaltación de la amistad y de la efusividad. Correspondí brevemente el abrazo; cómo no hacerlo. Cuando nos separamos Edward miró a Jacob con una ceja alzada. Amigo, aléjate de mí…peligro inminente.
—Bienvenido, Jacob —dijo Edward con cierta ironía. Mi amigo le tendió la mano —Por cierto, ¿me puedes decir quien demonios es tu acompañante? —Jake sonrió…sonrió por no llorar. EL hombre que le acompañaba le echó una mano contestando por él.
—Me llamo Peter McCain. Se puede decir que soy de…confianza —rio como si se hubiera acordado de algo muy gracioso solo para él, evidentemente.
—Peter McCain —repitió Edward — ¿Vienes de parte de Charlie? —asintió levemente —Jacob, ¿por qué demonios no me he enterado de esto? ¿Por qué tienes que presentarte aquí con alguien que no conozco de nada y meterlo en mi oficina? —mi amigo puso cara de querer desintegrase por completo.
—Fue una decisión de última hora…de verdad. Estoy…estoy atado de pies y manos. Yo no tengo nada que ver con todo esto. Me ha llamado y yo he venido aquí para prestar toda la ayuda posible a pesar de que se supone que es el enemigo —suspiró cansado —Peter…Peter llegó a la empresa hace poco. De verdad, señor Cullen…no puedo saber el motivo por el que está aquí. Pero si está…es por algo —el tal Peter y Edward se miraron, se analizaron….
—Vamos. Empecemos de una buena vez cuanto antes.
Edward había dado su brazo a torcer demasiado pronto, lo que me indicaba que su cabecita ya había empezado a maquinar y a pensar en lo que debía y lo que tenía que hacer. Mientras tanto, Jacob sacó un montón de documentos y los puso sobre la mesa.
La fiesta comenzó.
La situación se había vuelto un tanto extraña. No sabía en realidad qué podía salir del surtido grupo que nos habíamos reunido en esa gran sala de juntas, éramos muy dispares y diferentes…aunque todos podíamos aportar algo. James y Norah comenzaron a trabajar en los ordenadores hombro con hombro mientras Jasper y Edward revisaban los documentos que mi amigo había traído. Peter observaba la escena con curiosidad pero siempre alejado del foco de atención. Reconozco que me sentía un poco intimidada cuando ese desconocido me miraba. Quizás yo estaba un poco extra sensible con el tema del mensaje anónimo; ahora más que nunca el recuerdo de esas palabras se hacía presente. No me sentía muy a gusto con personas que no conocía.
Supongo que mi incomodidad era evidente ya que Jacob se acercó a mí.
— ¿Cómo estás? —Me miró de arriba abajo —Aparentemente te veo bien…estás guapa…pero te veo tensa —le miré y asentí.
—Un poco. Estos días me ha pasado de todo. Sabes que trabajo para Edward, ¿no? —la cara de sorpresa de mi amigo me indicó que no tenía ni idea.
— ¿En serio?
—En serio —suspiré —Por eso estoy aquí y ahora justo en este momento. Jake… ¿Quién es Peter?
—Es de confianza —rodé los ojos.
—Eso ya lo has dicho y espero que así sea. ¿Mi padre le ha mandado aquí por algún motivo en especial? —me miró de reojo.
—El motivo por el que está aquí es por tu padre, eso sin duda alguna —se encogió de hombros —Ahora mismo estoy como tú, no se mucho más…de verdad. Pero lo que sí sé es que si está aquí es por algo…
Perfecto. La información de Jacob había sido brutal, irónicamente hablando. No sabía qué pensar. De verdad que me fiaba ciegamente de las palabras de mi amigo; si decía que era de confianza es porque así era. Pero sentía que tenía que mirar con lupa el suelo por donde pisaba y al lado de quien. Sentía que la visita de este hombre podía tenía que ver con las averiguaciones sobre las empresas de mi padre. ¿A qué había venido? ¿Estaría yo equivocada? ¿Quería vigilar o espiar? ¿O había venido a algo más?
—Bella… ¡Bella! —miré a Edward —Te necesito aquí en esta oficina. Deja lo que estés pensando para después —me regañó —Ve a mi despacho y tráeme aquí la carpeta que hemos estado revisando esta mañana.
Me escabullí de la concurrida sala de juntas y me fui al despacho de Edward. Era normal que mi jefe me regañara; en un momento tan serio y con tanta gente trabajando en el tema debía de estar al cien por cien para poder ayudar. Y no lo estaba haciendo debido a mis pensamientos fatalistas. Busqué de una vez la maldita carpeta que necesitaba Edward para volver lo más rápido posible a la sala de juntas. Cerré la puerta del despacho y me llevé el susto de mi vida cuando me choqué con alguien haciendo que la carpeta se me escapara de las manos. En el fondo de mi alma no me sorprendí cuando vi a Peter en medio de aquel pasillo. Se agachó elegantemente para recoger la carpeta y me la tendió sin curiosidad alguna por ver el contenido. En ese momento me di cuenta de un detalle que quizás era absurdo; noté que en sus ojos se formaban unas pequeñas arrugas cuando sonreía. Cogí la carpeta de las manos de ese hombre.
—Antes no nos hemos saludado, señorita Swan —cogió mi mano casi sin permiso y me saludó educadamente —He oído hablar mucho de usted. Y muy bien, por cierto —apenas sonreí.
—No creo que eso haya sucedido en la oficina de mi padre —dije sin pensar muy bien mis palabras.
—Se sorprendería gratamente de los elogios que se oyen hacia su persona —fruncí los labios.
—Tengo que volver. Me están esperando.
—Oh, por supuesto. No es mi intención entretenerla —sonrió dejándome ver su perfecta dentadura —En realidad me he perdido. Sólo buscaba los aseos.
—Al final del pasillo a la derecha.
—Cómo no lo he imaginado —sonrió de nuevo —Gracias, señorita Swan —pasé por su lado esquivándolo para huir lo antes posible de allí sin molestarme en contestarlo.
Sin mirar atrás para nada corrí hasta la puerta. Cuando entré de nuevo en la sala de juntas respiré algo más tranquila. Todos me miraron, cada cual con un gesto diferente en la cara.
—Parece que tenemos algo —me dijo Edward.
— ¿Habéis encontrado algo más sobre esa empresa misteriosa? —Edward negó.
—No, nada de eso…Hace tiempo tu padre tuvo una cuenta en un banco de Suiza —fruncí el ceño y me acerqué al ordenador que Norah y James estaban compartiendo. Como bien había dicho Edward, en la pantalla podía ver a plena resolución un extracto bancario de una cuenta con cifras estratosféricas.
—Nunca pensé que mi padre podría tener esa cantidad de dinero fuera de sus cuentas oficiales —negué —De hecho, antes de que se quedara en la bancarrota más absoluta sus empresas eran fructíferas, pero no tanto como para tener esa cantidad de dinero en un paraíso fiscal.
—Esa cuenta es de hace mucho tiempo, Isabella…Dieciocho años….
Me puse a echar cuentas mentalmente. Dieciocho años….Esa cuenta no era de mi padre, por mucho que ahí apareciera su nombre. Dieciocho años atrás había tenido lugar ese sangriento y cruel atentado del hotel que, supuestamente, el padre de Edward había sido el culpable.
¿Necesitamos más pruebas?
Ese dinero pertenecía a esas personas que estaban un par de escalones más arriba que mi padre. La gente que Edward decía que eran tan peligrosas. Esos que te podían poner con facilidad una diana roja en una foto tuya y mandarte a la mierda con facilidad.
— ¿Y ahora? ¿Habéis encontrado algo actual? —James negó.
—De momento no, nena. Los sistemas de seguridad actuales no tienen nada que ver con los sistemas de hace casi veinte años. Estamos hablando de bases de datos arcaicas, nada que ver con lo de ahora —se encogió de hombros —Dame tiempo. Rastrearé todos los lugares posibles en los que Swan pueda tener algo escondido —la puerta de la sala se abrió. Peter entró y nos miró a todos.
—Siento interrumpir —Edward ladeó la cabeza.
—No te preocupes, Peter…Ya hemos acabado por hoy. Mañana volveremos a reunirnos en mi despacho —Jacob asintió mientras se acercaba a mi.
— ¿Nos veremos mañana?
—Sí…te recuerdo que ahora trabajo aquí —sonrió tímidamente.
—Bien. Entonces mañana nos vemos.
Edward y yo observamos en silencio como todos y cada uno de los participantes de la reunión salían por la puerta. Peter se giró y me sonrió antes de marcharse. Edward cogió las carpetas que habíamos estado usando y las soltó sobre la mesa sin ningún cuidado. Le miré de reojo y suspiré.
—Las cosas no han salido como esperabas —afirmé.
—De momento, no. Pero todo se verá…No he encontrado al verdadero dueño de esa jodida empresa pero hemos encontrado algo mejor. Esa cuenta en Suiza de hace casi veinte años. Ahora puede haber más, voy a encontrar todo lo necesario para hundir a todo el que haga falta —me miró a los ojos y alzó la barbilla —No me gusta como te mira ese tipo. Lo hace como si te conociera de algo —negué.
—Lo he conocido al mismo tiempo que tu. No sé quien puede ser y tampoco sé cómo le dejas entrar en una reunión de este tipo sin conocerlo —Edward sonrió cínicamente.
—Parece mentira que no sepas como demonios trabajo. Sé lo que hago…
Si él lo decía es que era verdad.
Edward siempre iba un paso por delante; siempre guardaba un as en la manga, siempre tenía un plan B por si el plan A había resultado ser una mierda. Empecé a recoger mis cosas un poco más tranquila; no podía estar más segura al lado de Edward, eso lo tenía más que claro.
Al parecer todas las visitas y las noticias que habíamos tenido por hoy no habían sido suficientes; de hecho, apenas me sorprendí cuando vi a Esme Cullen en el pasillo al lado de la recepción cuando Edward y yo salimos de la sala de juntas. Como siempre elegantemente vestida con un traje de chaqueta gris y un exquisito maquillaje se acercó hasta nosotros para darnos un efusivo abrazo a cada uno. El instinto maternal de esta mujer arrasaba mis defensas cuando me abrazaba de esta manera; me abrazaba como la madre que en estos momentos faltaba en mi vida.
Cuando se separó de nosotros nos ofreció una de sus más sinceras sonrisas.
—Demasiado tiempo sin vernos —dijo mirando a Edward —tenía ganas de verte, hijo. Parece ser que si no vengo yo aquí no nos vemos —Edward frunció el ceño.
—Lo sé y lo siento, Esme…Demasiado trabajo —esta rodó los ojos para luego mirarme a mi.
— ¿Y tú como estás, cielo? —no pude evitar sonreír.
—Bien…más o menos. Me alegro de volver a verte.
—Pues espero que me sigas viendo…esta noche —su cara de niña tras hacer una travesura casi me hizo reír.
— ¿Esta noche? —preguntó Edward.
—Sí…esta noche. Quiero invitaros a cenar, llevamos mucho tiempo sin vernos. ¿Crees que me conformo con verte diez minutos en esta oficina? —Esme negó —No. Quiero hacer una de esas cenas familiares…quiero ver a mis hijos juntos de nuevo —Edward suspiró.
— ¿Crees que eso es buena idea justo ahora? Las cosas están un poco revueltas, Esme. No se…
—Edward, hazlo por mi y por Carlisle —dijo un poco más seria —Sólo queremos vuestra felicidad, sea del modo que sea. Quiero que mi hijo vuelva a llevarse bien con sus socios, quiero que mi hija deje de avergonzarse por algo que hizo, ya está hecho y no hay vuelta atrás. Quiero que conozca un poco mejor a Bella y sepa lo buena chica que es. No quiero tristeza en vuestras caras, Edward.
—Pides demasiado, Esme —murmuró Edward —No sé qué puede salir de ese encuentro.
¿Cómo resistirse ante el gesto de esta mujer? Miré de reojo a Edward para comprobar que su gesto se había relajado una décima.
—Sólo quiero veros juntos de nuevo —susurró.
—Por todo lo sagrado, no me pongas esa cara —espetó Edward. Dios mío….iba a aceptar la invitación. Y Esme lo sabía a juzgar por la tenue sonrisa que se había formado en sus labios. Se acercó a su hijo y le besó en la mejilla.
—Ve a casa, usa ropa cómoda y reúnete con nosotros en una cena familiar, hijo…La cena estará exquisita.
Esme fue lista; se giró y se marchó antes de que Edward pudiera contestarle. Ambos miramos cómo huía metiéndose con rapidez en el ascensor; parecíamos dos idiotas en medio del pasillo.
—No puedo creer que hayas hecho eso —susurré.
—Yo tampoco —me dijo en el mismo tono de voz —Aunque Esme tiene razón. No puedo estar toda la vida enfadado con mi hermana por culpa de los errores que haya cometido. Anda, vayamos a casa…esta noche tenemos diversión.
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Dicho y hecho.
Tras una rápida parada en el apartamento para quitarnos los trajes y ponernos cómodos, nos pusimos rumbo a casa de los Cullen. El camino fue tranquilo y silencioso. Edward apenas habló, supongo que estaba inmerso en sus pensamientos. La extraña empresa de mi padre, las cuentas de dinero manchado de sangre y, sobre todo, el inminente encuentro que íbamos a tener en apenas unos minutos.
Cuando llegamos al camino de grava de la gran casa ya había un par de coches aparcados, entre ellos el Lexus blanco de Norah. Al parecer ya estábamos presentes todos los invitados.
Bien. Súper bien.
Al menos tenía la certeza de que Edward no iba a aniquilar a Jasper; si no lo había hecho ya las probabilidades de que eso pasara eran muy remotas.
Esme salió a recibirnos. Carlisle, que estaba a su lado, nos saludó a Edward y a mí con una amable sonrisa en los labios y nos invitaron a pasar. Les seguimos por el largo pasillo de esa asombrosa casa hasta llegar al salón. Allí, la mujer del servicio estaba sirviendo bebidas y algunos entrantes a los demás invitados.
No sabía si reír o llorar.
Norah estaba sentada en uno de los sillones individuales con una copa de vino en la mano; no quitaba ojo a su hermano y a Alice, sentados en la otra parte del salón. Alice y Edward se miraron a los ojos hasta que esta apartó la mirada. Edward suspiró y se acercó hasta ella.
— ¿Cómo estás? —lo miró a él y luego me miró a mi.
—He estado mejor. No duermo muy bien y las mañanas me las paso vomitando. Esto se pasará.
—Bien —dijo Esme con efusividad — ¿Por qué no pasamos ya al salón? Cenemos antes de que se haga demasiado tarde.
Todos nos sentamos en la mesa alargada y exquisitamente decorada para la ocasión. Desde la mantelería a la cubertería de plata, todo estaba milimétricamente dispuesto. La silenciosa y eficiente mujer del servicio nos sirvió la cena, aunque apenas reparé en lo que tenía en el plato. Este momento era uno de los más firmes candidatos a ser añadido en mi lista de situaciones más surrealistas e incómodas.
Aún no lograba entender cómo Esme y Carlisle nos habían puesto en esta situación tan delicada; estaba completamente segura que lo habían hecho de todo corazón y sin mala intención...pero se habían estrellado con la idea. Me apostaba la mano derecha a que todos, absolutamente todos, teníamos ganas de salir de allí. Jasper miraba con fijación y devoción su plato mientras Alice y Norah se aniquilaban con la mirada. Edward tenía apretada la mandíbula hasta el punto de parecer doloroso y yo...yo aguantaba la situación como podía...
—Bella, hija...me he enterado hoy de tu incorporación a la empresa. Felicidades, de verdad —las palabras de Esme fueron suficientes para que Alice dejara de mirar a Norah para sonreír como una hiena. A saber lo que podría soltar por esa boquita...
—No sabía que Edward necesitaba contratar a alguien para que le lleve los cafés —dijo mientras jugueteaba con su comida —No sé qué otra cosa puede hacer esta chica.
—Alice —la reprendió Esme —Compórtate, por favor.
—Puedo afirmar que Bella es un descubrimiento en potencia —dijo Norah mientras bebía de su copa —Es una chica con bastante potencial en los negocios. Además, está ayudando mucho a Edward. En realidad, nos está ayudando a todos —miré a mi amiga y le sonreí.
—Eso es cierto —acotó Jasper ganándose una mirada envenenada por parte de Alice.
— ¿En serio? Oh, vamos —me miró mi y chascó la lengua —No sé en qué os puede ayudar. Yo no me fiaría de ella. ¿Quién te dice que no le está pasando información de tus empresas a su padre?
— ¡Nunca haría eso! Yo no juego a dos bandos —dije indignada. Esme carraspeó.
—Deberíamos de dejar el tema.
— ¡No! —Espetó Alice — ¿Qué has querido decir con eso de que tú no juegas a dos bandos? Si me estás queriendo decir algo respecto a mí te aconsejo que me lo digas a la cara y sin rodeos —Edward dejó la servilleta sobre la mesa con una calma tensa en exceso.
—Isabella no ha querido decir nada de eso —espetó.
—No te alteres, no es bueno para el bebé —dijo Norah desde el otro lado de la mesa. La cabeza de Alice se giró a la velocidad de la luz para mirar a la rubia.
—No me digas lo que tengo que hacer.
—Ya está bien, hija. Cálmate, por favor…sólo queremos pasar un rato en familia —dijo Carlisle. La cogió del codo con suavidad, pero esta se zafó de su agarre con violencia.
—Aquí hay personas que no son mi familia…ni lo serán nunca —Esme se tapó la boca con la mano en un gesto claramente tenso.
—No digas eso, hija —suplicó.
—En serio, no sé por qué demonios he venido a este intento de jugar a ser la familia perfecta —dijo Alice mientras se levantaba. Tiró la servilleta encima del plato sin importarle a quien salpicara —He venido por ti, mama —le dijo a Esme —pero siento que no encajo ahora mismo aquí. No me comprendéis como quiero que lo hagáis.
—Primero tienes que comprenderte tú misma, hija. No pretendas que los demás empecemos la casa por ti. Tú debes poner primero los cimientos. No debes enfadarte con el mundo sabiendo que tú también has hecho las cosas mal.
— ¡No me lo recuerdes! —Jasper se acercó a ella e intentó agarrarla por la cintura, pero se zafó de su agarre como lo había hecho con Carlisle.
—No sigas ese camino, hija. ¿De dónde ha salido tanto odio?
Alice apretó la mandíbula haciendo que los músculos de su cara se marcasen profundamente. Estaba pálida y a punto de llorar. Si hubiéramos estado en otras circunstancias me abría acercado a ella pero, sinceramente, no era el momento ni el lugar. Se giró con decisión sin decir nada a nadie; evidentemente, Jasper la siguió mirándonos a todos con una disculpa en la cara.
En el salón se hizo silencio cuando ambos se marcharon.
—Siento toda esta situación —dijo Esme visiblemente afectada.
—Tú no has sido la culpable, Esme —murmuró Edward —Sólo espero que se dé cuenta de que esta situación no la lleva a ningún lado. Es de humanos errar, así como también lo es darse cuenta de esos errores. Alice no ha madurado lo suficiente como para darse cuenta de eso.
—No te tortures, cariño —le dijo Carlisle a Esme mientras la cogía de la mano —Lo has hecho con buena intención.
Norah y yo nos miramos.
¿Cómo podía mirar esta escena sin que se me removiera el corazón?
Esta mujer era la bondad pura. Sólo quería que sus hijos a los que había acogido en tan malas circunstancias, esos a los que les había dado el amor que habían carecido se volvieran a llevar bien. Como antes…No puedes tender la mano a una persona que no quiere ser ayudada.
—Supongo que deberíamos irnos —dijo Norah —Yo también siento mucho lo que ha pasado. Mi relación con Alice no es la ideal ni de lejos…pero voy a intentarlo, al menos por el bien de mi futuro sobrino —Esme asintió mientras intentaba esbozar una sonrisa.
Nos despedimos del amable matrimonio y cada cual cogió su coche para salir de allí.
Esto se había convertido en una cadena de despropósitos. La idea había estado abocada al fracaso desde que salió de los labios de Esme. ¿Alguna vez se limarían las asperezas entre los integrantes de esa familia? Que Alice siguiera alimentando su odio hacia mi daba lo mismo; en unos meses desaparecería de su vida y la dejaría tranquila. El problema con el que se iban a quedar era duro de roer.
Llegué al apartamento presa de un cúmulo de sensaciones negativas.
Me daba pena por los Cullen, sobre todo por Esme. Me daba pena Norah, que intentaba hacer las cosas bien por ese bebé que venía en camino. Me daba pena por Edward y por el distanciamiento cada vez más profundo entre él y su hermana. Y todo por culpa de un embarazo. Un bebé siempre debía de ser motivo de alegría…lamentablemente no siempre era así.
—Estás muy seria —me dijo Edward mientras entrábamos al salón.
— ¿Cómo no estarlo? Me siento mal por lo que ha pasado en casa de tus padres.
—Esto se ha convertido en un puto juego de niños a ver quien es el más cabezón de todos —dijo Edward mientras se quitaba la chaqueta y la tiraba sobre el sillón —Reconozco que en el fondo de mi alma quedaba la esperanza de que esto se arreglara de la mejor manera y nos comportáramos como jodidos adultos, pero no. Parece mentira que Alice vaya a ser madre y se comporte de esa manera tan irracional —me acerqué a él y lo cogí del codo pero como siempre que se enfadaba, rechazó mi toque. Suspiré.
—Creo que la finalidad de este encuentro ha sido totalmente bienintencionada.
—Lo sé y lo siento por Esme. Pero hasta que la situación no mejore y todos pongamos un poco de nuestra parte no creo que haya acercamiento.
—Yo confío en que lo habrá —me acerqué a él despacio, muy despacio…sonreí interiormente cuando no se apartó ante mi nueva caricia. Sentir el calor de su piel simplemente a través de la ropa me hacía sentir mucho mejor —Tu hermana está viviendo un torrente de hormonas por el embarazo. Tiene demasiados sentimientos encontrados en su cabeza, quizás por eso se ha estado comportando de esa manera. Ella misma te ha dicho que no descansa bien…—Edward me miró. Comprobé como su ceño se alisaba poco a poco —Seguramente ni ella misma sepa lo que realmente le ocurre.
— ¿Por qué eres así? —susurró.
— ¿Así cómo?
—Después de lo que ha pasado en ese salón sigues intentando comprender y excusar a mi loca hermana —negó con la cabeza —Increíble, Isabella…Eres increíble —me mordí el labio nerviosa —Cuando creo que no me puedes sorprender ocurre la magia y vuelves a hacerlo. Lo que guardas en tu interior es jodidamente sorprendente.
Sin palabras.
Edward una vez más me había dejado sin palabras. Alargó su mano y, con una increíble delicadeza, apartó un mechón rebelde de mi cara. Ese pequeñísimo roce en la piel de mi mejilla hizo que todos los poros de toda mi piel clamaran por él. Estaban ansiosos y expectantes porque esas manos se posaran en los rincones más secretos e íntimos de mi cuerpo. Nos miramos a los ojos. Verde contra marrón.
Me relamí los labios y me acerqué a los suyos para perderme en ellos…
Pero el teléfono de Edward sonó. Algún día tiraría ese trasto por la ventana sin ningún remordimiento.
—No lo cojas, por favor —susurré contra sus labios. Sin moverse ni un milímetro de su sitio sacó con rapidez el maldito teléfono de su bolsillo. Su gesto cambió cuando miró la pantalla.
—Es Jasper —Edward se separó de mi para coger la insistente llamada — ¿Qué pasa ahora?
Observé atenta las reacciones de Edward mientras escuchaba en silencio a través de la línea. Me preocupé cuando el gesto de Edward pasó del inicio del enfado a la preocupación más absoluta.
— ¿Cómo? —gritó — ¿En qué hospital está? —me levanté rápidamente de mi asiento para ponerme a su lado — ¡Joder! Ahora mismo voy para allá. Cuida de mi hermana, Jasper.
— ¿Qué ha pasado? —Edward se guardó el móvil y se puso la chaqueta que minutos atrás habían lazado contra el sillón de manera despreocupada.
—Alice. Ha ingresado en el hospital hace unos minutos. Tiene una importante hemorragia vaginal —me quedé paralizada en mi sitio mientras veía cómo Edward avanzaba hasta la puerta. Cuando oí el click que anunciaba que Edward se iba volví al presente.
—Voy contigo —Edward negó.
—Tu te quedas —me ordenó.
— ¡No, y me da exactamente igual lo que tú digas! —grité —No voy a dejarte solo, ¿me oyes? —apretó los labios en un gesto de dolor —No voy a dejarte solo —repetí en un susurro.
El gesto de dolor no desapareció en ningún momento de la cara de Edward. Es más, parecía estar perdido en sus pensamientos más pesimistas. La noticia había sido dura y más después de haber tenido el encontronazo tan desagradable. Edward condujo como un verdadero loco por todo Park Avenue. Gracias a los cielos no había mucho tráfico; quizás también tenía que agradecer el hecho de no encontrarnos con ninguna patrulla de policía. Edward infringió todas y cada una de las normas de circulación posibles. En apenas diez minutos llegamos al Hospital Lenox Hill. Edward aparcó el Volvo de mala manera y de un salto se bajó para dirigirse a la entrada de urgencias. Casi tuve que correr para coger su paso por los pasillos hasta que llegamos a la sala de espera. Allí estaba Jasper sentado en una silla de plástico con la cara prácticamente tocando su pecho. Era la viva imagen de la desolación y la culpa.
— ¿Qué ha pasado? —Jasper levantó la mirada cuando oyó a Edward. Tenía los ojos rojos e inflamados.
—No…no lo sé. Alice ha salido un poco alterada de la mansión Cullen….de camino a casa ha empezado a encontrarse mal. No puedo explicar con palabras lo que he sentido cuando…cuando he visto toda esa sangre en el asiento del coche, Edward —sollozó —No quiero que le pase nada. Ni a ella ni al bebé —Edward se pasó la mano por el pelo y se sentó a su lado.
— ¿Qué te han dicho los médicos?
—Aún no han salido a decirme nada —negó con la cabeza totalmente abatido —Sangraba mucho…eso no es bueno. Sólo…sólo está de ocho semanas. Yo…no se…. —Edward le puso la mano en el hombro a ese pobre hombre. Supongo que eso era mucho más de lo que su persona podía ofrecer en esos momentos.
— ¿Familiares de Alice Cullen? — los tres miramos al portador de la voz —Soy el doctor Scott, estoy atendiendo a Alice —Jasper se levantó y se puso frente al médico.
— ¿Cómo está? ¿Y el bebé? —el doctor suspiró.
—De momento ambos están estables…pero no podemos saber la evolución del embarazo.
— ¿Qué quiere decir? —preguntó Edward.
—Hay peligro de aborto. Las próximas horas son cruciales. Sólo nos queda esperar, lo siento mucho. En unos minutos podrán pasar a verla, intenten no alterarla con nada —Jasper empezó a llorar justo cuando el doctor se marchó.
—Dios mío —susurró —Dios mío… ¿qué…qué le voy a decir a Alice si…si el bebé no lo supera? —le preguntó a Edward desesperado — ¡Qué voy a decirle! Apenas se entera de que está embarazada y pasa esto —se derrumbó sin ningún cuidado sobre la silla.
—Cálmate, Jasper.
— ¡No puedo! ¡No sabes lo duro que es esto, Edward!
Yo mientras tanto miraba paralizada la escena. Comprendía a Jasper y compadecía a Alice. Perder a un hijo era lo más horrible que le podía pasar a una madre. Era como arrancar parte de su corazón y hacerlo desaparecer en la más absoluta oscuridad. Encerrar una parte de ti en una caja y tirar la llave al mar dejando que la corriente la arrastrase. Era como dejarte vencer por el sueño y el dolor…desear despertar de una maldita vez de esa pesadilla. No querer vivir más. Así se sentía cuando perdías a tu hijo. Lo comprendía, sabía lo que era...aquella noche en el campo, cuando vi que no respiraba, cuando no lo oía llorar…Parte de mi se perdió aquella maldita noche cuando sostuve entre mis brazos a mi hijo muerto…
Espero que no me matéis por esto. ¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué os ha parecido la aparición de Peter? ¿Y el final?
Muchísimas gracias a Coudy Pattinson por betear y mejorar este capítulo
Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios
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Os agradezco todos los comentarios, alertas y favoritos, de verdad. Muchas gracias también a todos los que me comentáis por Facebook, mil gracias.
Nos leemos en diez días, más o menos. Un besote a todos.
PD: el adelanto será corto…pero contundente.
EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO
El médico venía puntualmente cada tres semanas a revisarme por orden expresa de mi padre, pero no me informaba de nada. Mi padre, el jodido Charlie Swan, me negó expresamente el derecho a saber lo que estaba pasando con mi cuerpo y con mi embarazo. Con mi hijo. El doctor que me revisaba se limitaba a decirme que aún era menor de edad y que mi padre era el que estaba al mando.
Soberano hijo de puta...
