Disclaimer: Harry Potter y demás es propiedad de J.K. Rowling, así pues sólo me atrevo a tomar prestados sus personajes e inventar a otros cuantos.
HUELLAS DEL PASADO
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No Necesito Otro Amor
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Fue un leve palpitar en mi pecho,
una congoja peculiar en mis pensamientos,
la simple constatación de un hecho,
que amenazaba con revelar mis sentimientos.
Fue la ausencia del aroma de tu cuerpo,
la extrañeza de dejarte un solo momento,
el deseo de detener el tiempo
para evitar ese incipiente sufrimiento.
Fue la incertidumbre de mi ser incierto,
la certeza de tu ser completo,
la consciencia al descubrir un secreto,
uno de tantos al saberme un ser imperfecto.
Fue la necesidad de ver tus orbes,
de perderme en la profundidad de tus ojos,
de navegar en esas puras pozas cristalinas,
hasta olvidarme de los qués y de los cómos.
Fue una tierna caricia en mi mano,
un casto beso sobre mis labios,
un solo murmullo delicado,
lo que dejó a mis sentidos extasiados.
Fue un titubeo extraño en mi persona,
una nueva sonrisa vaga y temerosa,
y el palpitar de mi pecho en agonía...
lo que me obligó a ver que te quería.
-Corazón-
- Debemos irr de inmediato a San Mungo- dijo Víktor preocupado por los heridos del presente grupo.
- ¿Quién está en condiciones de llevarr a alguien más?- preguntó Sam haciéndose cargo de la situación al ver que todos estaban demasiado conmocionados por los recientes sucesos.
- Nosotros podemos llevar a los heridos- habló Robert adelantándose un paso, aunque no pudo esconder una leve cojera.
- No, están heridos como todos y sería mucho esfuerzo caminar con otro hasta salir del perímetro de antiaparición- negó Günther con gesto pensativo, ella misma no estaba al cien por ciento.
- Debe de haber chimeneas por aquí...- sugirió Luna.
- No es prrudente viajar por la red flú en estas condiciones- negó Krum.
Mientras hablaban comenzaron a reunir a los heridos en un sólo lugar para tratar de sanar las heridas más superficiales. Unos minutos después, escucharon una explosión que los alertó pues el pasillo donde se encontraban había sido invadido por una docena de magos.
- ¿Llegamos tarde verdad?- soltó un hombre de cabello anaranjado- ¡Te lo dije papá!- reclamó.
- ¡No es justo! ¡Nos perdimos de nuevo el protagonismo!- se quedó otro pelirrojo idéntico al anterior.
Todos los demás sonrieron con alivio al identificar a sus amigos. Fred, George, Charlie, Arthur, Minerva, Owen, entre otros aurores, todos llenos de vendajes y con sus ropas un poco sucias, pero íntegros y justo a tiempo.
- Lamentamos la tardanza, pero teníamos que recuperarnos un poco- declaró Arthur Weasley con una sonrisa.
La directora de Hogwarts observó el escenario que se presentaba ante sus ojos con tristeza, pero con un brillo de triunfo al ver el cadáver de Voldemort. Aunque casi sufre de un ataque cardiaco cuando vio el cuerpo de Hermione inmóvil al igual que el de Harry, rápidamente se arrodilló al lado de la castaña.
- Hermione... ¿ella está...?- titubeó por primera vez en su vida. No quería decir las palabras, no podía ser verdad, no lo soportaría.
- Con vida, pero apenas. Necesita atención- la calmó Ginny con una débil sonrisa y sin dejar de sorprenderse ante la extraña faceta de Minerva McGonagall cuando de Hermione se trataba.
- Pues andando- la anciana suspiró aliviada al saber que su 'hija' estaba con vida. Levitó a la castaña al tiempo que los otros recién llegados hacían lo mismo con los demás heridos y servían de soporte para los que podían caminar, pero no sin ayuda.
Fue un trayecto largo y silencioso por la gran mansión, con el camino sembrado de los mortífagos restantes, mismo que habían sido descontados por el grupo recién llegado. Finalmente salieron del lugar para aparecerse en el Hospital San Mungo donde un pelotón de sanadores los recibieron alarmados ya que algunos de los heridos, apenas habían sido dados de alta. Al parecer estos magos eran propensos al peligro, a ese paso tendrían que darles una membrecía.
- ¡Por las barbas de Merlín! ¡¿Es que no pueden mantenerse sanos ni un momento?- exclamó el medimago de apellido Baldwin al identificar a sus usuales pacientes.
Harry y Hermione Potter fueron trasladados de inmediato a la sala de urgencias al ser los más graves. El grupo de slytherin fue enviado a sus habitaciones para ser atendidos lo más pronto posible. Ron fue trasladado a una habitación privada pues estaba sumamente adolorido y no era para menos, les informaron que tenía una fuerte contusión y su caja torácica estaba destrozada. Neville también fue atendido en el acto pues tenía unos cortes que no tenía buen aspecto, pero afortunadamente no estaban malditos, al parecer el hielo los había mantenido limpios.
Los únicos que lograron salvarse de la cama fueron los menores, Ginny y Luna a quienes solamente examinaron de pies a cabeza para asegurarse de que sus heridas eran meramente superficiales. Remus por otro lado fue arrastrado por Tonks hacia urgencias desde el mismo momento en que puso un pie en el hospital. Por otro lado, Günther y Krum se desplomaron en unas sillas para comer un poco de chocolate que una sanadora les había entregado con la finalidad de que recuperaran calor y fuerzas.
- Profesora McGonagall- llamó la voz de un hombre quien se notaba desconcertado pero sinceramente preocupado- ¿Qué ha pasado?-
- Se lo explicaré luego señor Ministro. Ahora necesito descansar un poco- declaró la mujer sin la menor intención de relatar historias en ese momento. Verdaderamente necesitaba tomar una siesta, no era para nada común en ella hacer semejante desplante, y en cualquier otro momento se hubiese prestado para contar a lujo de detalle lo que había acontecido, sin embargo la edad no pasaba sin dejar sus estragos. Luego de haber peleado en el Ministerio, después en Hogwarts y finalmente en la antigua mansión Malfoy, estaba exhausta.
Todos lo estaban.
Ese día, todos pudieron dormir tranquilamente por primera vez desde que las tragedias habían comenzado. Los que habían ido a la antigua mansión Malfoy sabían que Voldemort había sido derrotado definitivamente. Sabían que ya no habría quien los despertara por un ataque inesperado, o con la noticia de otra muerte. Ya no había peligro que no pudieran solucionar por la mañana, ni problema que les sacara el alma del cuerpo. Claro que el Mundo Mágico no lo sabía aún, pero podían esperar. Al otro día alguien mandaría traer el cuerpo de Draco Malfoy, uno que nadie robaría en esa ocasión.
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Parte de la familia de pelirrojos, llegó a la Madriguera al día siguiente y muy temprano, con el propósito de disfrutar de un desayuno decente.
- ¡Gracias a Merlín que están bien!- sollozó la matriarca Weasley llenando de besos y abrazos primero a sus nietos Bill, Frank, Lily y Sirius, para luego seguir con su hija Ginny, después con su nuera Luna y su yerno Neville. Todos se dejaron querer apreciando ese cariño como nunca antes.
- ¿Y nosotros qué?- reclamó Fred.
- Sí, nosotros también pudimos haber muerto- secundó George divertido.
- No seas tontos, por ustedes nunca estuve preocupada. Sé bien que vivirán mucho- los reprendió su madre con evidente cariño a lo que los gemelos sonrieron ampliamente.
Unas pisadas se escucharon en la parte de arriba de la casa y dos jovencitos aparecieron corriendo por las escaleras.
- ¡Sirius! ¡Lily!- exclamó James abrazando efusivamente a sus dos hermanos que le devolvieron el gesto de inmediato.
- Hola enano- sonrió Sirius contento.
- Oye jovencito- su tía Ginny lo miró- ¿No se suponía que tú debías de vigilar a tu imprudente madre?- inquirió en falso reclamo.
- Sí lo hizo, pero tía Hermione lo mandó aquí. Cuando subí a mi cuarto, encontré a James dormido en mi cama- lo defendió Sara aferrándose al brazo de su hermano Bill por un lado y al de Frank por el otro.
- Pero ¿dónde está Ron?- inquirió Molly cambiando de tema en busca del menor de sus hijos varones- ¿Y Harry y Hermione?- agregó preocupada.
- Ronald está descansando cómodamente en una cama del hospital, pronto lo darán de alta- la calmó Luna conociendo de sobra lo susceptible que era su suegra respecto a esas cosas, además también era para informarle a Sara el estado de su papá.
- Harry y Hermione también están internados. Pero no nos dijeron mucho- agregó Ginny con voz queda.
- Sólo venimos a decirte que estamos bien, que ganamos y...- comenzó Arthur besando a su esposa con ternura.
- ¡Y a desayunar!- intervino Charlie haciendo notar que también estaba presente.
- Luego regresaremos al hospital para saber cómo siguen sus padres- dijo Neville dirigiéndose al los tres Potter al observar su rostro lleno de preocupación.
- Todos iremos allá, desde luego- asintió Molly con decisión- Pero ahora siéntense, deben de tener mucha hambre luego de tanta acción- ordenó entrando en su modo alimenta-a-todo-ser-viviente-hasta-que-explote.
Los presentes sonrieron agradecidos por la dicha de alimentarse apropiadamente. Se sentaron en la gran mesa de la Madriguera para recargar sus energías con calorías. Todo el peligro había terminado ya, como le explicaron detalladamente a Molly, Sara y todos los que no sabían los detalles; sin embargo todavía les faltaba realizar la etapa más difícil luego de cualquier guerra: la recuperación.
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Ese mismo día, oficiales del Ministerio recogieron el cadáver de Draco Malfoy (Voldemort) y corrieron centenares de pruebas para verificar su muerte, no querían correr riesgos. La Confederación Internacional de Magos fue notificada y el mundo mágico puso respirar en paz. Los aurores extranjeros, que habían sido enviados como refuerzo, se retiraron finalmente; satisfechos de haber cumplido con su deber. Inglaterra estaba segura nuevamente.
Los desmemorizadores tenían mucho trabajo por delante al igual que los medimagos, así como el Wizengamot pues se debían llevar a cabo juicios para los mortífagos sobrevivientes quienes alegaban haber sido obligados a todo mediante la Promesa Inquebrantable, sin embargo nadie creyó en esa excusa si no tenían pruebas sólidas de ese servilismo supuestamente obligado.
En San Mungo, por otro lado, las cosas mejoraban un poco.
- ¡Papá!- una joven rubia se lanzó contra el cuerpo de su padre para abrazarlo feliz, a lo que todos los demás rieron al entrar a la habitación y ver la escena.
- Hola pequeña- sonrió el hombre ojiazul a su única hija.
- ¿Cómo te sientes?- lo miró la menor con un atisbo de miedo.
- Perfecto ahora que te veo- rió el hombre mientras su esposa lo besaba a manera de saludo y su otro hijo Bill se le acercaba para abrazarlo más delicadamente.
- ¿Qué te sucedió hijo?- inquirió Molly llenando de besos el rostro pecoso de su hijo más pequeño.
- Oh nada mamá, un Avada se atravesó en mi camino- confesó en tono de burla esperando que su progenitora ignorara el detalle.
- ¡¿Qué?- exclamó su padre sin dejar pasar el dato- Pero ¿cómo...?-
- ¿Sobreviví? Pues porque en realidad siempre he sido yo El Elegido o como Neville dijo El-Pelirrojo-Que-Vivió- rió el hombre recuperando completamente su sentido del humor.
- ¿Cómo es posible?- se extrañó su madre con una mano cubriendo su boca.
- No le hagas caso mamá. Es un presumido- intervino Ginny- Mi hermano sólo sobrevivió gracias a esto- les mostró el medallón abollado con una pícara sonrisa de triunfo mientras Ron le mostraba la lengua ante la risa de los menores.
- ¡Déjame verlo!- George se lo arrebató de las manos con gesto crítico.
- ¿Cómo funciona?- inquirió Fred acercándose a su gemelo sumamente intrigado.
- Luna lo hizo- acotó Neville como quien no quiere la cosa a lo que los gemelos miraron a la rubia con sorpresa y un gesto parecido al ¿respeto?
- Solamente usé un poco de esencia de krapot...- les explicó como si nada- Todos saben que los krapots tienen poderosas propiedades de protección- agregó soñadoramente. Su aire inocente había regresado poco a poco.
- Luna, Lunita- canturreó Fred emocionado.
- Queremos hacerte una propuesta- secundó George arrodillándose frente a la mujer junto a su gemelo. Todos miraron la escena con confusión ¿qué se proponían?
- Ya está casada- intervino Ron alcanzando desde su cama la mano de su esposa como estableciendo que era suya, ella le sonrió con indulgencia.
- No es eso hermano, tranquilo- rió Fred sin cambiar de posición.
- Queremos proponerte que seas nuestra socia inventora en Sortilegios Weasley...- inició George.
- ¡Eres un genio! Imagina lo que podríamos hacer juntos- terminó Fred.
- No empiecen chicos- les advirtió su madre jalándolos de las orejas para levantarlos del suelo mientras ellos protestaban.
- Lo siento chicos, pero la revista consume mucho de mi tiempo, no creo que pueda inventar cosas con ustedes- negó la rubia con calma.
- ¿Lo ven? Déjenla tranquila- ordenó Molly a lo que los gemelos hicieron un puchero muy infantil- Por cierto ¿dónde está Remus?- cambió de tema.
- Ni lo menciones, está en el cuarto de al lado pero Tonks no nos deja acercarnos ni un milímetro. También está con ellos Remus Jr.- informó Ginny en todo confidencial.
- ¿Cómo amaneció hoy señor Weasley?- la voz de un sanador interrumpió su charla. El hombre entró al cuarto como si nada reconociendo que no estaban solos- Ah, qué bien que todos estén aquí- sonrió identificando a los presentes.
- Doctor Baldwin ¿cómo están nuestros padres?- le increpó Lily sin poder contenerse a lo que sus hermanos la rodearon en señal de apoyo.
El medimago miró a los jóvenes con un gesto de sorpresa ante la determinación que vio en sus rostros, esos niños tenían una madurez inusual. Intercambió una mirada interrogante con los adultos quienes asintieron mudamente para que contestara sin reparos, era su derecho al fin y al cabo.
- El señor Harry Potter sigue en cuidados intensivos, pero esta misma tarde lo trasladaremos a una habitación privada donde podrán visitarlo. Tiene algunas heridas menores que curamos en lo posible, pero otras tardarán en sanar debido a su gravedad. El señor Potter realizó un gasto de energía mágica exorbitante, un mago normal estaría muerto, pero afortunadamente no es un mago común y se recuperará.- esbozó una tenue sonrisa.- Me da gusto decirles que está fuera de peligro, sin embargo le va tomar tiempo despertar puesto que no ha recuperado ni la quinta parte de su magia- agregó un poco más animado al ver los rostros aliviados de los demás.
- ¿Y mamá?- cuestionó Sirius en esa ocasión.
- Bueno, la señora Potter es otro asunto muy diferente- evadió el medimago frunciendo el ceño.
- ¿Qué tan diferente?- indagó Sirius sin dejarse evadir, los adultos se mantuvieron callados dando el manejo de la situación a los jóvenes Potter.
- La señora Hermione Potter es una hechicera sin duda excepcional- carraspeó el hombre un poco nervioso- Sin embargo todo tiene su límite y mucho me temo que ella sobrepasó el suyo al pelear con una herida tan grave y tan reciente- confesó.
- Pero va a estar bien ¿verdad?- preguntó James angustiado.
- No lo sabemos- soltó suspirando- Aún no recuperaba toda su sangre cuando se fue y perdió mucha más, no sabemos cómo hizo para moverse siquiera. Hay restos de una poción en su organismo que no conocemos. Además gastó mucha de su energía mágica, casi hasta la última gota, es por eso que su cuerpo es incapaz de producir la sangre faltante.- desvió la mirada- La mantendremos en cuidados intensivos para transfundirle toda la sangre necesaria esperando que su organismo pueda estabilizarse un poco. Pero si no lo hace...- calló.
- Ella no puede morirse ¿verdad que no?- Sirius buscó la mirada de su tía Ginny quien tenía los ojos húmedos.
- Claro que no Sirius, ella es la hechicera invencible- respondió Ron por su hermana al ver que ella no podría mentirle apropiadamente a su sobrino.
- ¿Podemos verla?- preguntó Lily con inmensa tristeza ante las noticias.
- Me temo que no. Cuidados intensivos es un área restringida- negó el medimago.
- Gracias por todo Doctor Baldwin- dijo Neville rompiendo el incómodo silencio.
- No hay de qué. Les avisaré en cuanto puedan ver al señor Potter. Con permiso- se despidió saliendo de la habitación.
- Ella estará bien, es fuerte- consoló Molly a su familia aunque ella misma estaba llorando- Además tiene que darme la receta de su pato al orange que me prometió- agregó arrancando una sonrisa a sus dos hijos gemelos.
Repentinamente, Luna se separó de su marido comenzando a escribir una carta.
- ¿Qué pasa amor?- cuestionó el ojiazul.
- La profesora McGonagall me pidió que le informara del estado de Hermione y Harry en cuanto supiéramos algo- declaró con un atisbo de tristeza.
- ¡Cierto!- saltó Neville- Remus me pidió lo mismo, voy a avisarle-
- ¡Cuidado con Tonks!- le advirtió Ginny al verlo salir con premura.
Los restantes se miraron con incertidumbre.
- Y ¿qué hacemos?-
- Ustedes dos tienen un negocio que reabrir. No dejaron Hogwarts para abandonar su negocio- les recordó Molly a sus hijos.
- ¡Cierto!- exclamaron los dos al unísono para salir rápidamente del lugar.
- Ginny hija ¿qué pasó con el Quidditch?- le preguntó Arthur.
- ¡Por Merlín! ¡Lo había olvidado!- exclamó la pelirroja- ¡Debo intentar convencer al Jefe de Deportes y Juegos Mágicos de que lo cancele!-
- ¿Qué? No puedes hacer eso mamá, será la única distracción...- replicó su hijo.
- ¿Cómo pretendes que los Cannons juguemos, Frank? ¡Una cazadora está muerta (Chang), el guardián está en cama recuperándose de una maldición asesina (Ron), el buscador y capitán está inconsciente (Harry) y yo estoy con los nervios de punta!- recitó su madre velozmente.
- Bueno ya, ve a cancelar el Quidditch- se defendió su hijo- Pero voy contigo para conocer al Jefe- agregó.
- Muy bien, sólo no le digas a tu padre- asintió.
Ambos Longbottom salieron del cuarto sin agregar más.
- En cuanto a ustedes...- Molly miró a los menores uno a uno- Tienen que regresar a la escuela-
- Pero abuelita, no la han abierto- objetó Sara con una cara inocente y sin separarse del lado de su padre.
- Minerva ya está preparando todo y mañana reabrirán Hogwarts- comentó Arthur.
- ¿Ven? Regresarán al Colegio- dijo Molly sonriente.
- ¡¿Cómo lo hace?- reclamó Ron indignado- ¡¿No puede dejarnos descansar ni un poco luego de una guerra?- agregó.
- Papá, tú ya no vas a la escuela- le recordó su hijo Bill rodando los ojos.
- Oh cierto, entonces mañana ustedes regresarán a clases- sonrió el hombre más aliviado.
- A clases no. No hay profesor de Pociones, ni de Aritmancia, ni de Transformaciones...- replicó Lily razonablemente.
- Además no nos iremos hasta que nuestros padres estén fuera de peligro- declaró Sirius muy seguro de sí mismo.
- Estoy segura de que Minerva ya pensó en eso- dijo Molly- Y no les permitiré que se queden aquí. Volverán a Hogwarts y los mantendremos informados- declaró.
- Oye, yo soy el padre de Bill y Sara, y digo que se quedan conmigo. Por lo menos Sara- intervino Ron.
- Ronald- Luna lo miró a manera de advertencia mientras Molly Weasley se tornaba roja de coraje.
- Tranquila querida, nuestro hijo sólo bromeaba ¿no Ron?- medió Arthur comenzado a temer por la inminente explosión de su mujer.
- Eh sí, sí mamá, sólo era una broma- mintió el pelirrojo al ver su vida en peligro.
Los demás soltaron risitas nerviosas al ver cómo Molly aceptaba la mentira.
- Parece que todo está dicho- murmuró James angustiado por una razón que nadie conocía. Además de la salud de su madre, él necesitaba saber una cosa, algo que sólo ella podía decirle...
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Pasada una larga y tumultuosa semana, Harry Potter despertó de su sueño. El ojiverde estaba sumamente adolorido y entumido, pero bien en general, lo más grave había ido sanando mientras dormía.
Al saber la noticia, su familia volvió a reunirse en su habitación y esta vez junto a Ron, Remus, Tonks y Remus Jr. Por lo que el lugar se encontró repentinamente repleto de gente con sus risas y murmullos.
- ¿De qué me perdí esta vez?- preguntó Harry colocándose sus gafas circulares mientras sus tres hijos lo abrazaban con delicadeza, pero sumamente felices de verlo despierto.
- ¡Soy el nuevo Ministro de Magia!- soltó Ron haciéndose notar entre la multitud.
Harry palideció en el momento mismo en que lo vio mientras su pulso se aceleraba ante el miedo de semejante aparición, su mejor amigo estaba muerto...
- ¿Estoy muerto?- inquirió temiendo por la respuesta.
- Por supuesto que no Harry querido- le sonrió Molly.
- Entonces... ¡Ron, estás vivo!- exclamó sorprendido pero alegre.
- Claro hermano, tiene sus ventajas juntarse con El-Niño-Que-Vivió- bromeó.
- Pero, yo vi cómo el Avada te travesaba- inquirió el pelinegro con incredulidad.
- Larga historia, luego te la contarán. Ahora ¿cómo te sientes?- intervino Molly sacando esa vena materna tan conocida por todos.
- Agotado- confesó el ojiverde sin borrar su sonrisa- ¿Y ustedes?- los miró de uno en uno.
- Bastante bien- sonrieron los gemelos pelirrojos desde atrás.
- ¿Chicos?- miró a sus hijos descubriendo que en sus rostros había alivio, pero también una inmensa tristeza- ¿Qué pasa?- se extrañó por esa actitud, pero de pronto notó que alguien faltaba- ¿Y Hermione?- preguntó buscándola por toda la habitación.
- Harry, cálmate- habló Neville al verlo comenzar a agitarse.
El ojiverde recordó de golpe lo último que había sucedido. La pelea, la mirada que compartió con su esposa, una mirada de entendimiento, de despedida...la explosión y luego, nada, obscuridad. Pensó que moriría ¿qué tal si ella...? No. Esa no era una posibilidad, no lo era.
- ¿Dónde está Hermione?- preguntó una vez más pero nadie le respondió- ¡¿Dónde está?- gritó tratando de incorporarse, pero unas manos lo retuvieron.
- Respira Harry, no te agites- le dijo Ginny.
- ¡Sólo díganme dónde está Hermione!- bramó histérico.
- Está en Cuidados Intensivos- confesó Luna con un tono vago.
Ante esa respuesta, el ojiverde se calmó considerablemente, estaba viva y eso era lo importante. Que estuviera en esa unidad indicaba su gravedad, pero vivía aún.
- Está delicada, pero saldrá de ésta hermano, como siempre. Es Hermione después de todo, hasta la Muerte misma es capaz de huir de ella- sonrió Ron desando que sus palabras fueran verdad.
- Es verdad Harry, ahora tú debes concentrarte de recuperarte- le sonrió Remus con cariño sin dejar de abrazar a su esposa.
- Todo terminó ¿verdad?- inquirió el ojiverde recostándose un poco más relajado.
- Sí, todo terminó-
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Los días que siguieron al despertar del ojiverde, fueron de intensa actividad. El Ministerio deseaba saber todos y cada uno de los detalles de la pelea final contra Voldemort, sin embargo las cosas se complicaron puesto que los medimagos habían declarado que el mago obscuro había sido asesinado por un Avada. Harry negó rápidamente haber sido el responsable, por lo que los aurores analizaron su varita para comprobar dicha declaración, y así era; por esa misma razón analizaron la varita de Hermione descubriendo que esa era la autora de la maldición asesina que había acabado con Voldemort. Nadie sabía cómo había sucedido, así que debían de esperar a que la susodicha despertara para aclarar las cosas.
Harry estuvo todavía más ocupado al ser el Jefe de Seguridad Mágica, pues debía coordinar a los aurores e inefables para restaurar el bienestar de la comunidad y atrapar a los mortífagos fugados, cosa que lo mantenía constantemente estresado a pesar de las recomendaciones de su sanador. Por fortuna, sus hijos estaban sanos y a salvo en el Colegio, una preocupación menos.
- Potter ¿qué hacemos con el caso Zabini?- le preguntó Lawson uno de esos días.
- Pues hacer el dichoso juicio- respondió un poco irritado.
- No podemos, sin la declaración de Hermione no tiene caso- objetó el hombre tocando el punto sensible del otro.
- ¡Pues Hermione no está disponible!- gritó- ¡Está muy grave por si no lo sabías! ¡Así que dejen de fastidiar!- vociferó llamando la atención de los demás.
- Lo sé y lo siento Potter- respondió Lawson ecuánime- Pero esto es urgente ¿qué hago con Pansy Zabini? ¿La recluyo en su mansión nuevamente?- insistió Mark con paciencia, no quería mostrarse desagradable ahora pues comprendía el sufrimiento del hombre, nunca le caería bien, pero tampoco lo odiaba.
- Haz lo que te parezca. Tienes mi autorización- bufó el otro retirándose del lugar.
Harry se encerró en su propio mundo al ver que pasaban dos semanas más y su esposa seguía en cuidados intensivos sin señales de recuperación. No podría soportar el perderla, no así. Gustoso cambiaría su vida por la de ella, ella era más fuerte que él. Si ella se iba, él la seguiría sin importarle nada, ni siquiera sus hijos, pues sabía que serían bien amados; pero si él se iba, ella resistiría su partida precisamente por sus hijos...
El Ministro había hecho una declaración oficial diciendo que no celebrarían la victoria hasta el momento en el que Hermione se recuperara, no antes...Eso a Harry no le había subido el ánimo en lo más mínimo, por él que hicieran sonar el Big Ben como loco, no le importaba. Por otro lado, tuvo que hacer el papeleo correspondiente por la muerte de Cho Chang, cosa que lo deprimió aún más pues sabía que de él había sido la culpa de su muerte, a pesar de que nadie lo acusó.
Su familia trataba de hacerlo olvidar un poco sus preocupaciones obligándolo a visitarlos muy seguido. Molly se esmeraba en hacer sus platillos favoritos bajo el pretexto de verlo demasiado desnutrido. Pero eso no lo animaba, nada podría hacerlo, sólo ella.
Un buen día, en medio de una de sus comidas familiares en la Madriguera, una lechuza moteada hizo acto de presencia depositando una carta justo frente al ojiverde, quien suspiró imaginando que sería trabajo y la abrió con desgana.
Señor Potter,
Requerimos de su inmediata presencia en el Hospital San Mungo. Ha habido cambios en las condiciones de la señora Potter. Gracias.
Atte. Dr. Baldwin
El aludido se levantó de golpe y, sin decir nada a nadie, se metió a la chimenea pronunciando con claridad su destino, luego desapareció entre llamas verdosas.
Aterrizó en el lugar señalado corriendo a toda prisa para ver al medimago que le había enviado la carta. Lo encontró regresando precisamente de la lechucería y lo interceptó rápidamente.
- ¡Doctor Baldwin!- exclamó- ¿Cómo está mi esposa?- preguntó directo al grano, no tenía tiempo de cortesías.
- Oh, señor Potter, no lo esperaba tan pronto- sonrió el hombre.
- ¿Cómo está Hermione?- repitió Harry comenzando a perder la casi nula paciencia que tenía últimamente, al ver esto el medimago sonrió un poco.
- Salió de Cuidados Intensivos. Su esposa está fuera de peligro- informó complacido mientras el semblante del otro se llenaba de alivio y sus ceño se ablandaba un poco.
- Gracias a Merlín- suspiró- ¿Puedo verla? ¿Dónde está? ¿Cuándo despierta?- lo bombardeó de preguntas.
- Tardará un poco en despertar, pero está en una habitación donde puede verla- dijo haciendo un gesto para que lo siguiera.
El ojiverde asintió de inmediato sintiendo a su corazón palpitar de emoción, como si supiera que finalmente vería su otra mitad, al amor de su vida. Por fin podía decir que todo estaría bien.
En cuanto Harry vio a su esposa recostada en la blanca cama de hospital, no quiso despegarse de su lado más que para ir al baño. Sus amigos lo obligaban a comer a punta de varita mientras sus hijos prometían quedarse con Hermione cada segundo posible, que no era demasiado pues seguían en la escuela, sin embargo les ayudaba el que su directora también pasara horas en el hospital.
- Herm, amor- la llamaba el pelinegro todos los días acariciando la mano de la aludida con cariño- Despierta amor, te necesito...tus hijos te necesitan. Tienes que despertar para que anules el divorcio...para que volvamos a amarnos como antes, como siempre...- le susurraba al oído- Te amo Hermione, abre los ojos...te amo- luego le depositaba un suave beso en la comisura de sus quietos labios, sin ser correspondido.
Por otro lado, los menores también le hablaban esperando que los escuchara en su aparente sueño eterno.
- Mamá, la escuela está regresando a la normalidad. Aunque todos extrañan a su profesora de Transformaciones, no es que la profesora McGonagall sea mala, pero ya nos habíamos acostumbrado a ti- le contaba Lily peinando su cabellera rizada con cariño- Además tienes que estar presente para fin de año porque me darán otro reconocimiento y quiero que lo veas, que te sientas orgullosa de mí...despierta mamá, por favor.- le decía con un claro tono de tristeza que le era imposible ocultar. Jamás había pasado tanto tiempo sin su mamá.
- Ya casi es la final de Quidditch, Gryffindor contra Slytherin, todo un clásico ¿no?- iniciaba su hijo mayor- Pero por primera vez, no me importa ganar o perder, porque entendí que hay cosas mucho más importantes que el orgullo...sé que he hecho muchas tonterías este año, pero ahora estoy tratando de redimirme. Y quisiera que me vieras hacerlo mamá...además quiero decirte que te quiero mucho, que te amo...perdóname por haberte mentido, no te odio...- murmuraba con los ojos llenos de arrepentimiento- Perdóname, perdóname y abre los ojos mamá, por favor...te necesito- decía como plegaria hacia la figura inconsciente.
James no hacía comentarios, pues tenía un profundo temor de hablar con su madre. Definitivamente quería que despertara y lo abrazara como tantas otras veces, pero...esa duda lo carcomía por dentro poco a poco, dependiendo de la respuesta a su duda, su vida cambiaría radicalmente...suspiró discretamente mirando la pálida figura de bucles castaños junto a la inseparable figura del hombre del cual había sacado su físico casi al cien por ciento. Pronto, todo regresaría a la normalidad, al menos para todos los demás, para él no lo sabía y tenía miedo de averiguarlo.
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El tiempo pasó lento para el mundo pues el reconstruir sus vidas, sus hogares y recuperar su serenidad no era sencillo. Además hubo demasiadas pérdidas por las cuales lamentarse y entierros en los cuales llorar; el Ministerio se había lanzado en una campaña de silencio pues no habían podido dar la versión oficial del final de la guerra, lo que había ocurrido en la antigua mansión Malfoy no podía concluirse sin el despertar de Hermione Potter. Los civiles querían saber la verdad y la Prensa no dejaba de presionar en pos de ella, tanto fue el escrutinio que unos aurores fueron posicionados fuera de San Mungo y los Potter, los Weasley y los Longbottom dejaron de salir en público por temor a ser acorralados.
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Un fin de semana de aquéllos, mientras James miraba a su inconsciente madre, y su padre y hermanos dormían, el milagro sucedió.
La castaña movió sus párpados terminando por abrir sus ojos de par en par mirando el blanco techo con ironía...el hospital seguramente estaría harto de ella y sus accidentes, deberían de darle una membrecía...
- ¿Ma..má?- susurró James sin poder creerlo, pero con una alegría innegable en la voz.
Como si hubiesen oído una orden, madre e hijo se miraron y hablaron juntos en una lengua que no fue oída por ningún hombre. La mujer esbozó una débil sonrisa tratando de tocar el rostro de su pequeño, sin embargo el cuerpo le pesaba horrores y no consiguió más que dolor por el esfuerzo.
- James- musitó con una voz tan ronca por no haber sido usada, que no parecía la de ella.
- Mamá...- el pelinegro derramó lágrimas de felicidad al verla despierta y llamándolo- Perdóname, pero necesito que me digas algo...es muy importante...- inició con voz queda y temblorosa para no despertar a los otros- ¿Acaso yo...? ¿Lo maté?- soltó con un hilillo de voz.
La ojimiel lo miró con sorpresa para luego sonreírle con dulzura y recordar lo que había sucedido aquél funesto día.
Flashback
Hermione vio cómo su hijo caía al suelo desmayado y supo, como sabía que saldría el sol, que todo había acabado. Supo que Voldemort no era ya una amenaza para ella ni para su familia. Observó cómo el cuerpo del rubio se movía nuevamente en un intento de sentarse en el suelo con un gesto abatido. Lo vio moviendo su varita en una perfecta floritura, pero no salió magia de ella, nada pasó. Vio cómo intentaba levantarse y seguir lanzando conjuros, pero no había magia, él no tenía magia...
- ¡NOOO!- bramó el falso Malfoy tirando con desesperación de su blonda cabellera.
- ¿Perdiste..algo?- dijo la castaña sin poder evitar un tono de burla en su cansada voz.
- No tengo magia...- respondió el hombre dejando traslucir en sus orbes escarlata un inesperado brillo de tristeza, profunda y desgarradora.- Soy un muggle...- agregó derrotado.- ¡¿Por qué? ¡¿Qué me hizo el mocoso?- bramó intentando otra vez sacar magia de su varita.
- Este es tu castigo..por todo el..mal que has..hecho- le dijo la mujer sin poder moverse de su lugar pero sosteniendo su varita firmemente.
- ¡Pero yo soy Lord Voldemort! ¡Amo de la Vida y la Muerte!- replicó el hombre mirándola con desespero.
- Nadie puede..ser amo de eso..sin pagar..las consecuencias...tu gloria..siempre fue ligada..a tu perdición- recitó sabiamente y con una chispa de lástima en la voz, ya no había nada por qué burlarse.
- Pero todo lo hice por un bien mayor...todo lo hice por ti- confesó el mago tenebroso acercándose poco a poco hacia donde la mujer estaba con un rostro cansado y sin esperanzas.- Todo lo que quería era tu corazón ¿por qué nunca me lo diste?- le preguntó con tristeza.
- Porque nunca fue mío...- dijo ella sin poder impedirle el aproximamiento, pero juntando fuerzas para un último hechizo.
- Malfoy te amó mucho...- inició sentándose frente a ella y levantando una pálida mano para acariciar su rostro, ella no pudo oponerse- Yo te amo demasiado...- agregó mirándola con fijeza- Déjame darte un último beso, uno donde sepas quién soy y que no sea influencia de la magia obscura, por favor- suplicó sin una pizca de orgullo, ya no le quedaba nada.
Hermione escuchó con sorpresa su ruego, pero vio que sus ojos resplandecían con un brillo platinado en medio del escarlata, entonces supo que no sólo Voldemort se lo pedía, Draco estaba ahí también, en algún lado un gramo de su esencia prevalecía. Entonces dejó que sus labios se juntaran.
La caricia duro apenas unos segundos, pero fue suficiente. El rubio cerró los ojos para atesorar el momento y le susurró suavemente.
- ¿Nos veremos en otra vida?- inquirió.
- No lo creo- respondió ella levantando su varita para apuntarle en el pecho.
- Adiós entonces Mía...- se despidió con única sonrisa sincera que había esbozado en su vida, nunca había sido amado, ni por su padre, ni por su madre, ni por sus abuelos, ni amigos, ni profesores, ni compañeros, ni súbditos, nadie lo había amado nunca. Y por primera vez había recibido un gesto cariñoso, uno sincero, así que sonrió.
- Avada Kedavra- murmuró Hermione lanzando la maldición que acabó definitivamente con la vida de ese mago obscuro, el cuerpo del rubio salió volando y cayó entre los escombros para jamás volver a ser habitado.
La castaña lo miró con pena, pero sabiendo que eso era lo correcto, luego cerró los ojos sin saber si sería capaz de abrirlos nuevamente, pero con la tranquilidad de saber que su mayor enemigo ya no podría hacer daño a sus seres queridos.
Fin del Flashback
- No- negó la mujer saliendo de sus recuerdos para responder la pregunta de su hijo menor- Tú..no..lo..mataste- confesó quitando un enorme peso de los hombros del menor que suspiró sonoramente.
- Pero no comprendo lo que pasó, apenas y recuerdo haber llegado contigo y...- comenzó a balbucear.
- Me salvaste y luego yo maté a Voldemort, nada más importa- le sonrió comenzando a recuperar un poco más su cadencia de voz.
Antes de que el infante pudiera agregar algo más, una atronadora voz llena de júbilo se dejó escuchar por toda la habitación.
- ¡HERMIONE!- vociferó Harry saltando del sofá donde dormía para correr al lado de la mujer de su vida, despertando a los mellizos en el proceso- ¡Gracias a Merlín que despertaste!- exclamó sumamente feliz mientras la rodeaba con sus fuertes brazos, pero muy delicadamente.
- ¡Mamá!- lo mellizos no esperaron más y también la rodearon con efusividad entre lágrimas de felicidad.
- Hola- los saludó la mujer con el cuerpo aún adormecido.
- ¿Cómo te sientes?- le preguntó su hija sin querer apartarse de su lado.
- Como si hubiera caído de una escoba- confesó haciendo reír a su esposo, eso ya le había pasado a ambos.
- Mamá- Sirius la llamó seriamente- Lamento mucho todo lo que dije e hice...- dijo.
- No hay nada que lamentar hijo, ya todo está bien- le sonrió ella con ternura a lo que el menor le regresó la sonrisa.
- ¿Vas a regresar a dar clases?- la apremió su hija sin poder evitarlo.
- No presiones a mamá Lily, apenas despierta de su siesta de un largo mes- la amonestó Harry pero sin dejar de sonreír.
- ¡¿Un mes?- preguntó la castaña agitándose un poco- Con razón me duele todo- bufó al saber que al recuperar sus funciones motoras, el dolor regresaría, justo como en ese momento, un mes...
- Iré por el doctor- se ofreció James saliendo tranquilamente del lugar.
- Estoy harta de estar en cama- suspiró la mujer mirando al techo.
- Y lo que te falta mamá, además seguramente querrán hacerte muchos estudios, eres un caso excepcional- sonrió su hija al ver la actitud tan infantil de la mayor.
- Con lo que me gusta llamar la atención...- gruñó la mujer con inconformidad.
- No creo que la retengan mucho, después de todo debe ir a la fiesta- sonrió Sirius.
- ¿Qué fiesta?- ella enarcó una ceja con curiosidad.
- La de la victoria desde luego- le informó Harry en el tono que usaba cuando algo no le gustaba mucho peor debía ir por compromiso.
- Pero eso ya tiene un mes ¿por qué no la han hecho?-
- ¿Cómo hacerla sin la heroína?- se burló Harry sonriente- El Ministro estaba esperando a que despertaras...ya sabes cómo son los políticos de lame botas- agregó.
- Pues me niego a ir. Estoy cansada y hambrienta, además ya llamo demasiado la atención- bufó incómoda y haciendo un pequeño berrinche.
- Así me sentía exactamente cuando tenía mi cicatriz, pero por fortuna tú me quitaste el fastidio de encima- bromeó el hombre a lo que la mujer le envió una mirada asesina.
- Muy gracioso Potter, si...-
- ¡Señora Potter!- una sonora voz la interrumpió- ¡Qué alegría el verla despierta! ¡Usted es sin duda una persona formidable!- exclamó el doctor Baldwin entrando en la habitación- Parece que sí es invencible después de todo- sonrió acercándose a examinarla- Debe de estar muy adolorida, pero no se preocupe que con unas cuantas pociones quedará como nueva. Pero eso sí, deberá cuidarse mucho- señaló con más compostura mientras agitaba su varita para examinarla a consciencia.
- ¿Cómo exactamente deberá cuidarse?- intervino Harry con interés.
- Más o menos como usted lo hizo señor Potter, nada de magia por lo menos durante tres meses y nada de esfuerzos físicos en un mes, además claro que debe de tomar sus pociones sin falta- declaró anotando los resultados del análisis en un pergamino.
- Entonces ¿qué voy a hacer?- se quejó la paciente.
- Podrá volver a enseñar, claro que solamente teoría y, para asegurarme de eso, le confiscaré su varita. Lo lamento, pero conociéndola...- terminó de revisarla- Tengo que ir a dar mi informe, pero regresaré. Me alegro mucho de su despertar y les deseo que pasen un buen día- se despidió saliendo de la habitación.
- No es justo- murmuró la adulta.
- ¡HERMIONE!- un coro de voces estridentes amenazó con dejar sorda a la castaña y después un montón de cuerpos amenazaron con asfixiarla.
- ¡Nos llegó la noticia de tu despertar y corrimos para acá!- soltó Ron abriéndose paso para rodear con sus brazos a su mejor amiga- Qué bueno que despertaste- murmuró con sinceridad.
- ¿Ro...Ron?- titubeó ella luego de salir del shock inicial de ver a su pecoso amigo con vida, pues la última cosa que supo era que un Avada lo había impactado, lo vio muerto en aquél lugar y el dolor que sintió en ese momento aún reverberaba en su pecho- Pero ¿cómo?- atinó a preguntar observándolo detenidamente para comprobar que realmente era él.
- Larga historia Herm- intervino Ginny quitando a su hermano del camino para abrazar a su amiga con delicadeza pero evidente emoción- Por un momento pensé que no volvería a verte tonta- lagrimeó sonriente.
- Yo también lo pensé, pero aquí estoy- le sonrió de vuelta la castaña decidiendo que luego averiguaría lo de Ron, pues lo principal era verlo con vida.
- Nos alegramos por eso, aunque yo sí sabía que despertarías hoy. Me lo confió un gnomo del jardín- habló Luna también abrazando a su amiga, los demás sonrieron, pero no se atrevieron a burlarse porque ya no sabían qué era verdad o mentira de lo que decía la rubia.
- Qué bueno que hayas regresado con nosotros- declaró Neville enseguida con un afecto sincero.
- ¿Y de qué me he perdido? En un mes seguramente pasaron muchas cosas- inició la ojimiel con una charla informal ansiosa por saberlo todo, le molestaba ignorar las cosas que pasaban a su alrededor.
- Pues...- iban a comenzar a contarle cuando unas voces les llegaron desde afuera.
- ¡Déjeme pasar! ¡Se lo advierto!- vociferó una mujer.
- Pero señora, ya hay mucha gente adentro...- intentó detenerla otra tímida voz.
- ¡No me importa! ¡Cómo si eso me pudiera detener! ¡Quítese de mi camino!- bramó y justo entonces la puerta se abrió dejando pasar a una regordeta pelirroja seguida de un hombre medio calvo y de dos jóvenes idénticos- ¡Hermione querida! ¡Qué alegría verte despierta!- exclamó abalanzándose a abrazar a la castaña mujer sin reparos y con lágrimas en los ojos.
- Mo...lly- musitó la ojimiel sintiendo su cuerpo totalmente molido mientras sus hijos se reían de ella descaradamente.
- Lo sé, lo sé, ya pasó- dijo la mujer sin soltarla.
- Querida, creo que Hermione quiere respirar...- su marido la apartó gentilmente para alivio de la castaña- Bienvenida- dijo Arthur con una afectuosa sonrisa.
- Estamos llegando a considerar que te gusta ser siempre la heroína...- comenzó Fred en lugar de saludarla como los demás.
- ...Y eso siempre conlleva algo de locura, como vemos en tu caso claro...- secundó George con una sonrisa traviesa ante la reprobatoria mirada de su madre y la expectante de todos los demás.
- Así que...- dijeron a coro- Inventamos un nuevo dulce que produce una especie de euforia hilarante- informaron.
- ¿Qué hicieron qué?- la ojimiel los miró con suspicacia pero sólo ella lo hizo, porque los demás ya sabían de ese nuevo invento y esperaban su reacción expectantes.
- Es delicioso Herm y completamente seguro, no te preocupes- intervino el ojiverde para calmarla un poco.
- ¡Sí y es todo un éxito!- exclamó Ron entusiasmado.
- Te trajimos una muestra- de inmediato un envoltorio llamativo, pero elegante, llegó hasta las manos de la mujer con una leyenda que decía: "Mionish, una deliciosa locura" para luego explotar y volver a aparecer.
- ¿Mionish?- preguntó en voz alta mientras su sien comenzaba a palpitar.
- ¿No es genial mamá? Llevan una variante de tu nombre, yo quiero algo así también- sonrió Sirius.
- ¿Los nombraron Mionish?- repitió recordando su apócope Mione y que sólo pocos empleaban.
- Respira mamá, traté de detenerlos pero ya conoces a los tíos...- comentó Lily con cautela.
Todos los presentes esperaban una explosión de furia por parte de la castaña, en cualquier momento. Después de todo era bien sabido que Hermione (con cualquier apellido) detestaba las bromas al estilo Sortilegios Weasley. Sin embargo, se llevaron una grata sorpresa cuando la aludida se soltó a reír estrepitosamente como pocas veces sucedía.
- Te dije que estaba loca...- murmuró George recibiendo un coscorrón por parte de su siempre vigilante madre.
- ¿Herm?- la llamó Harry extrañado por su actitud.
- ¿Qué puedo decir Harry?- le dijo ella entre risas- Supongo que me he ganado ese título- confesó recobrando el aire y emitiendo un suspiro, pues era verdad que a lo largo de su vida había cometido muchas locuras, que en su momento habían sido arriesgadas pero ahora le parecían divertidas y ya nadie podría quitarle esa dicha.
Liberada la tensión, los demás fueron libres de reír. Pasaron largo tiempo platicando y poniendo al tanto de todo lo acontecido a la recién despierta, eso hasta que la irrupción de un personaje los interrumpió.
- Señora Hermione Dumbledore de Potter- recitó la voz masculina de un joven hombre ataviado en una fina túnica grisácea con ribetes platinados- Es todo un placer verla con nosotros- sonrió mostrando su perfecta dentadura y abriéndose paso entre los demás como si nada, seguido muy de cerca por otro hombre de porte serio.
- Ministro Roderick- lo reconoció la aludida con una nueva seriedad.
- Por favor, insisto en que me llame Dereck, señora Potter- dijo el otro con extrema amabilidad.
- Preferiría mantener a cortesía ante todo Ministro- negó ella con extrema educación arrancándole una sonrisa a Harry y una risita a los gemelos pelirrojos.
- Como prefiera- carraspeó el hombre al no obtener la confianza deseada, pero no se inmutó- Además de venir a ver su estado de salud desde luego, he venido a tomar su declaración sobre esa última batalla. Como sabrá, esto es de suma importancia.- con un gesto hizo que su acompañante sacara su varita haciendo aparecer una especie de vuela pluma junto a un extenso rollo de pergamino.
- Dereck, este no es el momento- intervino el ojiverde con un gesto sombrío.
- Lo comprendo Harry, pero es que es realmente importante, no queda otro remedio- dijo el Ministro aún con suma amabilidad pero con una leve cadencia de autoridad en su voz, no era una orden, pero tampoco una petición.
- Desde luego que existe otro remedio- otra voz intervino de pronto haciendo a todos mirar hacia la puerta donde una estoica mujer hacía su entrada- Y es que usted señor Roderick, regrese mañana porque la señora Potter está demasiado cansada para papeleo. Esperar un día más en consideración a la heroína del Mundo Mágico no puede afectar ¿no le parece?- increpó la anciana mujer de lentes rectangulares y profundos ojos azules con voz severa y pose orgullosa. Hubo un momento de completo silencio.
- Tiene razón profesora, disculpe mi falta de consideración- accedió el hombre sintiéndose algo intimidado por su antigua docente- Regresaré mañana, con su permiso- y se retiró tratando de conservar su dignidad mientras el otro hombre lo seguía guardando la pluma y el pergamino.
- ¡No puedo creerlo! ¡Usted intimida hasta al Ministro de Magia!- exclamó Ron con una gran sonrisa en el rostro.
- Ronald- le reprendió su esposa al saber que así de efusivo era el pelirrojo.
- Tengo cosas que hablar con Hermione- declaró McGonagall impasible. Ante esto, todos comprendieron la indirecta por lo que uno a uno fueron saliendo de la habitación hasta dejarla vacía.
Por el tono de voz de la directora, su semblante severo y su mirada fría como témpano, Hermione supo que no iba con la intención de abrazarla y mimarla como todos habían hecho. Sin embargo, mantuvo la calma y respiró profundamente antes de hablar.
- Hola Minerva- saludó tranquilamente observando cómo la otra apretaba los labios con fuerza preparándose para hablarle.
- ¿Estás consciente de que estuviste a nada de morir?- le increpó lentamente a lo que la otra asintió como niña regañada- ¿Te pusiste siquiera a pensar en las consecuencias de eso?- la castaña volvió a asentir sin atreverse a hablar- Nunca más vuelvas a hacer una cosa así, te lo prohíbo Hermione. A la Muerte no se la engaña para siempre- espetó duramente y sin dejar de mirarla.
- Lo sé...- respondió la otra- Pero todo terminó- agregó.
- Me preocupaste mucho- la anciana relajó su expresión al haber ya descargado su preocupación en regaños. A continuación tomó asiento en la cama de la ojimiel con lentitud- ¿Cómo estás?- preguntó ya con un tono cálido.
- Adolorida, pero completa- respondió Hermione notando cómo un agradable ambiente de familiaridad las envolvía, esa mujer no podía mantenerse enojada con ella por mucho tiempo, tal como una madre con su hija, porque Minerva estaba ahí para ella.
- Eso lo sé, me refiero al aspecto emocional- aclaró sabiamente.
- Destrozada- soltó la otra con voz derrotada- Primero lo de mi matrimonio, Draco, mis hijos, los ataques, la pelea, el secuestro, otra pelea, lo de Chang, mis hijos de nuevo, la supuesta muerte de Ron, más pelea...es demasiado...- suspiró agobiada, era cierto que se estaba recuperando físicamente, pero su corazón estaba apaleado.
- Comprendo...-
- No, no puedes comprenderlo, nadie puede- negó cerrando los ojos con pesar- Tuve que matar una vez más y no me arrepiento, pero ¡por Merlín! ¡Fue a Draco! No me importa si sólo era su cuerpo, yo maté a Draco y a Voldemort...- tuvo que soltar unas lágrimas de dolor- Voldemort, lo maté justo después de descubrir que tenía un corazón...pudo haber sido todo diferente si tan sólo alguien le hubiese mostrado algo de cariño...- en ese punto su voz se quebró y Minerva la rodeó con sus brazos en un intento de consolarla.
- Pero eso es algo pasado, algo que no se puede remediar y tú no puedes arreglar la vida de todos- la consoló acariciando su espalda con cariño.
- Lo sé...créeme que lo sé, pero me siento fatal- lloró- Me sentí feliz, aliviada... ¡de matar!- soltó sin poder contener las lágrimas pues realmente le dolía, sabía perfectamente que el asesinato conducía a la partición del alma de una persona, de ahí el origen de los horcrux. Y ella había matado otra vez.
- No te alivió el hecho de matar, sino el de saber que protegías a tus seres queridos- le explicó la mujer de mayor edad- Lo que hiciste lo hiciste por amor, y no hay nada más noble que eso...el asesinato no se justifica con nada, pero tú no tuviste otra salida. No hiciste nada malo Hermione y si pudiera cargar yo con esas muertes, lo haría por ti.- confesó también con lágrimas en los ojos.
Hermione no pudo más que desmoronarse, se dejó consolar como la solía consolar su madre adoptiva cuando se caía y raspaba, o como lo hizo su abuelo Albus descubierto su parentesco, o como lo hizo Draco el día que su vida dio un giro terrible...no quería seguir siendo fuerte. Lloró de alivio, de dolor, de pena, de culpa, de alegría, de tristeza, de lástima...y cuando finalmente no le quedaron más lágrimas, miró a la mujer que había asumido el papel de madre para ella.
- ¿Qué hicieron con el cuerpo de Draco?- inquirió con esfuerzo.
- Nada aún. Lo mantienen en la Sala de Hibernación esperando a que des tu declaración, pero tampoco han revelado su identidad como el responsable de todo lo malo que sucedió.- informó para tranquilizarla un poco.
- No permitiré que el nombre de Draco sea ensuciado- declaró la castaña apretando sus puños con resolución.
- Eso será muy difícil, pero- le sonrió un poco- si te muestras amable y hablas en privado con "Dereck", estoy segura de que podrás llegar a un acuerdo con él.- insinuó a lo que la otra captó la indirecta y comenzó a pensar en un plan.
- Sí, esa es una buena idea...-
- También ¿qué piensas hacer con tu matrimonio?- cambió de tema Minerva sin dejar de lado la vida amorosa de la que era como una hija para ella.
- Hablar con Harry, muchas cosas quedaron inconclusas- decidió masajeándose las sienes, no llevaba mucho despierta y ya estaba llena de decisiones que tomar y problemas por resolver.
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El hombre de cabello color negro azabache se paseaba frente a la puerta de la habitación de su aún esposa con ansiedad. Desde el momento en que ella despertó, no había pasado mucho tiempo a su lado, ni siquiera habían podido hablar en privado y necesitaban hablar con urgencia. Muchas cosas habían quedado inconclusas entre los dos.
Sus tres hijos lo miraban con preocupación y cuando la puerta se abrió, se sobresaltaron un poco.
- Será mejor que hables con ella Potter- le dijo su antigua profesora con el tono formal al que ya estaba acostumbrado, jamás podría hacer que Minerva McGonagall lo dejara de ver como una amenaza a la felicidad de su alumna predilecta e hija en todo menos en sangre.
Harry se limitó a asentir, dio un paso hacia la puerta murmurando al oído de la anciana mujer un tenue 'gracias' para luego entrar a la habitación cerrando la puerta tras de sí.
- ¿Hermione?- la llamó.
- Tenemos que hablar- dijo ella invitándolo a acercarse.
El hombre aceptó el ofrecimiento dispuesto a terminar con el asunto de una vez por todas. Si ella insistía en el divorcio, ya tenía preparados mil y un argumentos para hacerla cambiar de parecer. La miró directamente a los ojos y supo, como por instinto, que no tendría que usar más de uno.
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- ¿Qué creen que pase?- preguntó el joven de cabello castaño sentado en el suelo del pasillo.
- No lo sé Sirius, pero me da la impresión de que será algo bueno- le dijo su melliza parada frente a él.
- ¿Desde cuándo se te da la adivinación?- inquirió el chico desconfiado mientras su hermana le lanzaba una mirada amenazante y James se limitaba a sonreír.
Pero antes de que pudieran decir algo más, la puerta de la habitación se abrió dejando ver a su padre.
- Pasen chicos, tenemos que decirles algo- ordenó con tono neutro por lo que los menores se apresuraron a obedecer deseosos de saber qué pasaría con el matrimonio de sus padres.
Una vez dentro, cerraron la puerta y se acercaron a la cama donde su madre aún reposaba con gesto indescifrable.
- Su padre y yo hemos aclarado muchas cosas...- comenzó la mujer- ...y concordamos en que ambos caímos en una despiadada trampa- suspiró cerrando los ojos durante unos segundos.
- E hicimos muchas cosas que nos lastimaron demasiado...- continuó el hombre por ella, poniéndose a su lado en señal de apoyo.
- Y debido a que nos lastimamos tanto, algo se rompió para siempre entre nosotros- siguió ella ante la mirada angustiada de sus hijos.
- Desearíamos que eso jamás hubiese pasado, pero no está en nuestras manos cambiar lo que ya sucedió. Sólo nos queda decidir qué hacer con el tiempo que nos queda. Porque tenemos la firme convicción de que hay otras fuerzas actuando en el mundo además de la maldad. El amor, por ejemplo- declaró Harry con sabiduría.
- ¿Nos quedamos con mamá entonces? ¿Cuándo te visitaremos, papá?- preguntó Sirius sabiendo que esa sería su decisión.
Harry y Hermione intercambiaron una sonrisa.
- Creo que malentendiste la situación- le dijo su madre obligándolo a mirarlos nuevamente- No intentaremos pegar lo que está roto, sino comenzar algo nuevo y mucho más fuerte- declaró la mujer mientras Harry unía su mano con la de ella y se apretaba con cariño.
- Eso quiere decir que...-
- Sí Lily, anularemos el divorcio- le sonrió su padre mientras los menores esbozaban una enorme sonrisa, pues eso era lo que habían deseado desde hacía tiempo y ahora finalmente todo parecía regresar a su cauce.
- ¡Maravilloso!- exclamó Sirius abrazando a su padre mientras que James corría en pos de su madre para refugiarse en sus brazos como de costumbre y Lily se quedaba parada frente a ellos disfrutando de la escena. Era el retrato de su familia que siempre le arrancaba una sonrisa, no podía pedir más...de pronto, un click sonó en su cabeza y unos ojos verdes cual pasto le borraron un poco esa sonrisa...
Lo que quedó del día, los Potter lo pasaron juntos disfrutando de su alegría, misma que formó un ambiente cercano al de los patronus. Ese ambiente lo sintieron cada una de las innumerables visitas que recibió la castaña, todos quienes la conocían habían acudido a verla a excepción de ciertos jovencitos de la casa de las serpientes. ¿Cómo estarían?
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'Toc, toc' la puerta sonó con suavidad.
- Adelante- concedió la castaña con amabilidad.
- Buen día señora Potter ¿cómo se siente el día de hoy?- inquirió la educada voz de Ministro de Magia que esa vez iba a visitarla sin compañía- Harry, buen día- agregó mirando al pelinegro que custodiaba como centinela a su esposa.
- Hola Dereck- saludó el hombre sin la menor intención de retirarse.
- Buen día Ministro, me siento mejor gracias- respondió la castaña en el mismo tono educado, decidiendo que debía de mostrarse complaciente si esperaba lograr lo que quería.
- En ese caso, ¿sería este un buen momento para tomar su declaración?- inquirió con cautela, pues lo que menos quería era provocar la furia de los presentes.
- Por supuesto. Harry- la mujer miró a su esposo significativamente a lo que el ojiverde se levantó para salir de la habitación con tranquilidad.
Una vez solo, el Ministro dejó escapar un suspiró.
- Lamento la insistencia señora Potter, pero es esencial contar con su declaración para cerrar este asunto de una vez por todas- explicó mientras hacía aparecer un pergamino en blanco y una fina pluma de fénix.
- Lo sé Ministro. Minerva puede llegar a ser muy sobreprotectora- sonrió gentilmente de la broma, y él otro rió relajándose cada vez más.
- La profesora McGonagall es una hechicera formidable, al igual que lo fue su abuelo Albus Dumbledore y como lo es usted misma- halagó el hombre tomando más confianza, haciendo relucir su encanto natural; no por nada había llegado a ser Ministro de Magia tan joven.
- Mucho hemos tenido que sacrificar para ganar ese reconocimiento- observó ella dramatizando un poco su tono.
- Comprendo señora Potter y créame cuando le digo que lo lamento- Roderick bajó la mirada con pesar- No muchos podemos destacar en poder mágico y nos enfocamos en otras áreas en beneficio de la comunidad- agregó como en tono de disculpa.
- Y usted hace un excelente trabajo con su parte- halagó esta vez ella- Por eso me atrevo a pedirle algunos favores que estoy segura no le costará nada cumplir debido a su importante posición- ella se incorporó un poco posando una de sus manos sobre la mano del hombre en cuestión, al tiempo que le sonreía cálidamente. El efecto de esas armas en contra de Dereck fue inmediato, sus mejillas adquirieron un saludable color carmín y su vista se desenfocó.
- Si está en mis manos concederle algo, lo haré- le respondió tratando de mantener la compostura, pero era complicado. Esa mujer, a la que hace unos segundos veía como la muy casada heroína del Mundo Mágico y madre de tres, ahora lo tenía nervioso. Ella era sin duda una mujer muy hermosa que, de hecho, fue su amor platónico durante su paso por Hogwarts.
- Como usted sabe, Pansy y Blaise Zabini ayudaron a nuestro bando en esta ocasión. Yo personalmente les debo mucho a ambos- comenzó sutilmente y sin dejar de sonreír.
- Oh, sí. Mark me comentó lo referente al juicio de la señora Zabini, que será realizado con ayuda de su declaración y yo personalmente me encargaré de que sea una sentencia justa- asintió racionalmente, eso no sería difícil.
- Gracias. Y con respecto al cuerpo de Blaise Zabini...- continuó ella con precaución.
- No podemos negar lo que fue ni lo que hizo, por lo que será enviado al campo maldito donde descansan los de su clase.- declaró como si fuese la respuesta esperada.
- Pero señor Ministro, él fue el que nos ayudó a encontrar a mis hijos...- alegó ella.
- No puedo dejar que se le entierre en un cementerio mágico ni muggle, me colgarían- objetó el otro sin dejar de mirar a la mujer.
- No le pido eso, sino que tenga la posibilidad de ser enterrado en los terrenos de la mansión Zabini con su familia-
- Eso es arriesgado, pero si son discretos creo que puedo autorizarlo- asintió el hombre.
- Gracias de nuevo. Y un último asunto, es sobre el cuerpo de Draco Malfoy...- aventuró sabiendo que eso ya no resultaría tan fácil de discutir, pero debía hacerlo.
- Ese cadáver será exhibido y destruido públicamente.- dijo endureciendo la mirada y apartando su mano bruscamente del contacto de la otra.
- Pero él no tuvo la culpa de todo el mal que pasó- objetó ella a lo que Roderick la miró cómo si se hubiese vuelto loca- Quiero decir, fue Voldemort el responsable, no Draco. Voldemort poseyó el cuerpo de Draco para vengarse de todos, pero el verdadero Malfoy murió realmente durante la Segunda Gran Guerra Mágica- explicó rápidamente.
- No tenemos pruebas de eso- espetó el otro entre sorprendido e indignado por semejante declaración.
- ¡Mi palabra! ¿No le basta con eso?- exclamó enojándose, sin embargo pronto se calló pues sabía que de esa manera no lograría nada- Por favor...- suplicó.
- No puedo, esto no puedo hacerlo ¿cómo negar a la comunidad mágica el cuerpo del mago obscuro que tanto les quitó? ¿Cómo negarles la satisfacción de verlo destruido?- inquirió paseándose de un lado a otro.
- Dígales la verdad que le acabo de decir, estoy dispuesta a declararlo a quien sea, a tomar incluso veritaserum ante un jurado, lo que sea...pero por favor no ensucie el nombre de Draco, fue un amigo muy querido y no se lo merece...- le rogó con los ojos cristalinos.
Al verla en ese estado, el hombre no pudo más que sentir una profunda tristeza. Esa mujer había pasado ya por muchas cosas, recordaba la muerte de sus padres adoptivos, de su abuelo, la ruptura con sus amigos, la muerte del que había sido su novio, sus problemas maritales, el ataque a su Colegio, el secuestro de sus hijos, la batalla donde casi pierde la vida...el mundo le debía demasiado y si él podía hacer algo por ella, lo haría, después de todo era el Ministro de Magia.
- Veré qué puedo hacer, se lo prometo- soltó finalmente sentándose a su lado sobre la cama.
- Muchas gracias Dereck- le sonrió ella con sinceridad sorprendiendo al otro por la calidez que desprendió en su voz y por la confianza con la que lo llamó.
- ¿Alguna otra cosa?- preguntó en tono de broma.
- Pues sí- rió ella- Quiero anular los trámites de mi divorcio- confesó más relajada.
- ¿Qué? Y yo que pensé que todo este coqueteo nos llevaría a alguna parte- la castaña tuvo la decencia de sonrojarse al verse descubierta, pero el hombre se limitó a reír al tiempo que hacía aparecer una serie de documentos con el sello del Wizengamot quemándolos como si nada- Está hecho, Gustav me ayudará si los warlocks reclaman algo, aunque no creo que lo hagan-
- No sé cómo pagarte lo que estás haciendo Dereck, gracias de verdad-
- En realidad, me gustaría que me hicieras un favor- comentó el aludido con astucia.
- Lo que sea que no tenga que ver con faltar a mis votos matrimoniales- ahora fue el turno del hombre para sonrojarse, la mujer le había devuelto la broma.
- No, sólo necesito tu declaración acerca de lo sucedido, luego darás una rueda de prensa acorde a ella y asistirás a la ceremonia por la victoria- enumeró amablemente y hablándole en segunda persona como viejos conocidos.
- Hecho- sonrió ella agradecida con el hombre y sabiendo que todo estaba bien.
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Los Zabini ¿villanos o héroes?
Siempre asumimos la culpabilidad de esta familia de sangre pura y desde su comienzo se le vinculó con el Lado Obscuro. Pero ¿realmente son culpables?
La heroína Hermione Janes Dumbledore de Potter la Hechicera Invencible asegura que Blaise Zabini salvó la vida de sus hijos a costa de la propia, además afirma que Pansy Zabini le estuvo proporcionando valiosa información durante la 3ra Guerra Mágica, misma que ayudó a la Orden del Fénix, liderada por Minerva McGonagall, a luchar contra los mortífagos. Asimismo, el único hijo del matrimonio y heredero de la fortuna Zabini, Robert Zabini, peleó en Hogwarts para defender a los demás alumnos junto a algunos de sus compañeros de la Casa de Slytherin.
Todo lo anterior, lo respalda la familia Potter, la familia Weasley y la familia Longbottom que, como sabemos, son personajes respetados en nuestra comunidad. Por lo que nos debemos preguntar si los Zabini merecen nuestro repudio o, por el contrario, nuestro agradecimiento...
Continúa en la página 5-7
¿Draco Malfoy o Lord Voldemort?
De acuerdo con las declaraciones hechas por los que se enfrentaron al Mago Obscuro, Draco Malfoy nunca regresó de la muerte. El antiguo Mago Obscuro Lord Voldemort fue quien estuvo detrás de todo esto, él se apoderó de la identidad del último de los Malfoy en un intento de regresar al poder y someter a nuestro mundo como en el pasado.
Sin embargo, Lord Voldemort se topó con la Hechicera Invencible quien declaró: 'Les pido por favor, que no ensucien el nombre de Draco Malfoy porque Voldemort es el único culpable. Draco murió como un héroe y sobre todo como un amigo entrañable y así debe ser recordado...'
Estas palabras dejan más que claro su sinceridad e inmensa tristeza. Por ello, el cuerpo del joven Malfoy será incinerado esta misma tarde en una ceremonia pública, pero con todos los honores.
Continúa en la página 2-5
Un Final Feliz para los Potter
Terminada la 3ra Guerra Mágica, Harry y Hermione Potter anunciaron la anulación de su divorcio pues afirman que todo fue un enorme mal entendido y que se aman profundamente.
Sus hijos familiares y amigos se muestran eufóricos por la reconciliación tan enigmática como su vida. La pareja declara que quiere ser feliz ahora que todos los problemas terminaron y el mundo ya no los necesita.
Continúa en la Edición especial de los Potter.
Ceremonia de la Victoria
El día de mañana, se llevará a cabo el evento más esperado por el Mundo Mágico: la Ceremonia de la Victoria. Ahí se rendirá homenaje a los héroes caídos y a los que caminan entre nosotros.
Se ha confirmado la asistencia de los Potter, los Weasley, los Longbottom y de varios representantes de los Ministerios extranjeros.
´Será una ceremonia inolvidable' afirmó el Ministro de Magia Dereck Roderick.
Continúa en página 2.
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- ¡Levántate ya dormilona!- exclamó una voz femenina entrando a la habitación si permiso.
- No grites, vas a asustarla- musitó otra mujer en tono soñador.
- ¡Por favor! ¡Levántate!- la ignoró la primera.
La castaña se negó a abrir los ojos, estaba cansada. Desde que se había despertado se sentía exhausta, según el doctor era normal por la enorme cantidad de energía mágica que había gastado y que sólo el tiempo la haría recuperarse por completo. Pero ya se le estaba haciendo un tiempo muy largo. Sintió un par de manos agitarla con insistencia, pero sin llegar a lastimarla, así que suspiró resignada.
- Ya estoy despierta, Ginny- murmuró mirando a la sonriente pelirroja con fingido rencor.
- Ya era hora. Dentro de poco será La Ceremonia- espetó la otra emocionada.
- En realidad dentro de doce horas- aclaró la rubia quien se mantenía al otro la de la cama.
- ¿Y por qué llegan tan temprano?- se quejó la castaña riendo internamente porque si todo fuera normal, Ron, y no ella, sería el autor de esa pregunta.
- Pues porque venimos especialmente para arreglar a la heroína (otra vez) del mundo mágico- le informó la pecosa como si fuera lo más obvio del mundo.
- Pero estoy convaleciente, seguramente nadia espera que vaya como si nada- alegó la de rizos con una actitud suplicante.
- De hecho, todo el Mundo Mágico está ansioso por verte y no creo que quieras presentarte en bata ¿o sí?- dijo Ginny.
- ¿Luna?- la castaña miró a su otra amiga en busca de ayuda, no quería ser arreglada.
- Los critoms me dijeron que le hiciera caso a Ginny el día de hoy- declaró la aludida con su perenne sonrisa igual a la de los viejos tiempos.
Y así, Hermione se vio en las garras de su querida amiga pelirroja quien le aseguraba sería la hechicera más bonita de toda la fiesta, luego de ella misma claro. Eso no compensó nada de la tortura a la que estuvo expuesta.
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- ¿Cómo te sientes?- le preguntó un hombre de gafas redondas e increíbles ojos verdes.
- ¿Cómo crees?- dijo la mujer que lo acompañaba en un tono sarcástico que hizo sonreír al otro.
- Todo irá bien mamá. A mí me gusta esto tanto como a ti- la consoló su hija haciendo una mueca de fastidio que sólo acrecentó la sonrisa de Harry.
'¡Los Potter!' se escuchó desde el otro lado de las enormes cortinas encantadas.
- Ya tenemos que salir- la mujer asintió y Harry le sonrió con cariño comenzando a avanzar a su lado.
En cuanto la pareja, seguida de sus tres hijos, salió, el público estalló en aplausos y ovaciones mientras cientos de flashes los acribillaban sin piedad. Los Potter se acomodaron en la parte central del pódium y a un lado de los Weasley y de los Longbottom quienes no se veían tan incómodos como ellos.
- En este día celebramos la caída del mal- comenzó a decir el Ministro de Magia con voz formal, pero imprimiéndole el justo entusiasmo- Celebramos el triunfo del Mundo Mágico. Pero, sobre todo, celebramos a los héroes que hicieron esto posible, porque sin su ayuda probablemente no habría nada qué celebrar- calló unos segundos para darle peso a su declaración- Sin embargo, no soy yo quien debe hablar de esto puesto que no estuve ahí, porque no soy un héroe...así que le cedo la palabra a Hermione Potter- agregó en medio de una estruendoso aplaudo mientras la mujer se adelantaba con paso lento hacia el centro de la plataforma.
La castaña llevaba el hermoso vestido rojo sangre que heredara de su madre como reliquia de Rowena Ravenclaw, se notaba serena y, cuando se detuvo, le aplicaron un sonorus para permitirle hablar cómodamente. Todos callaron.
- Quien tiene algo por lo qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo. Por esa razón es que estoy parada frente a ustedes y no tres metros bajo tierra- inició su discurso con dureza y mirada impasible- Todo lo que he hecho en la vida ha sido por amor, por defender a mis seres queridos. He visto magos morir, he matado...y créanme que eso no es nada heroico, nada poético- suspiró- En las guerras pasadas todos hemos perdido cosas muy valiosas e irremplazables y ni siquiera mil victorias nos las regresarán. Sin embargo, nosotros seguimos aquí para hacer de este mundo un lugar mejor, cada día; para que nuestros hijos tengan un legado, para recordar con amor a los que se fueron, y para disfrutar de la vida que tenemos- habló con fervor- Este día no pertenece a unos cuantos sino a todos. Reconstruyamos juntos este mundo para poder compartir los días de paz que espero sean muchos- finalizó retrocediendo un poco para reunirse con su familia mientras la multitud nuevamente aplaudía mezclando la nostalgia con la dicha.
- Sabias palabras que nos llevan a la culminación de este discurso.- siguió el Ministro- Hoy ha sido declarado como festivo y se le denominará 'El Día del Fénix' porque nos levantaremos de las cenizas- el hombre esbozó una sonrisita- Y además, porque al parecer es el símbolo de los Dumbledore- agregó como broma.
Hermione quedó sorprendida ante el nombre y ante la clara alusión a Fawkes, a la Orden y a su misma forma animaga. Sintió un apretón en su mano y miró a su esposo con los ojos cargados de emoción a lo que él le dedicó una de sus sonrisas favoritas.
- Y para inmortalizarlo, me enorgullece inaugurar estas nuevas estatuas- con un movimiento de la varita del Ministro, tres estatuas doradas aparecieron armónicamente alrededor de la Gran Fuente del Atrio del Ministerio de Magia.
La primera estatua era de un mago de porte estoico y prominente barba quien portaba unos pequeños lentes en forma de media luna. El hombre estaba envestido en una de sus características túnicas y en una mano sostenía su varita mientras que con la otra acariciaba la figura de su querido fénix. En la parte inferior podía leerse claramente: 'Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore. Gran héroe, vencedor del Mago Obscuro durante la Primera Gran Guerra Mágica' luego esas letras se desvanecían para mostrar: 'Son nuestras elecciones las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades'. Hermione no pudo evitar derramar lágrimas pues el rostro de la estatua era tan fiel al de su querido abuelo, que su sonrisa le dolía y en sus ojos hasta podía notar ese aire entre travieso y sabio que lo caracterizó en vida.
La segunda estatua era de una mujer hermosa, suavemente esculpida; poseía una elegante barbilla y una nariz delicada, tenía una mirada tan profunda y orgullosa que era casi imposible sostenérsela, pero que contrastaba con su amable sonrisa. Un rizo de su cabellera se escapaba de su tocado dándose un aire despreocupado. Poseía el aspecto y esbeltez de una muchacha joven, como de una princesa infinitamente dulce. Sin embargo, al mirarla detenidamente parecía más vieja, más llena de tristeza y pesadumbre, pero serena y sosegada. Estaba de pie con un libro abierto en su mano izquierda y su varita en la derecha en actitud relajada, pero elegante. En la parte inferior podía leerse: 'Hermione Jane Dumbledore de Potter. La Hechicera Invencible, vencedora del Mago Obscuro durante la Segunda y Tercera Gran Guerra Mágica', luego se formaba otra frase: 'El futuro aún no se ha escrito, nosotros hacemos nuestro propio destino'. Harry se sintió tremendamente orgulloso al ver a su amada esposa inmortalizada en la áurea estatua, y supo que nadie se lo merecía más que ella precisamente porque ella creía que no se lo merecía.
La tercera estatua mostraba varias manos diestras levantadas empuñando sus varitas hacia arriba y hacia un mismo punto de donde salía un elegante y majestuoso fénix con las alas abiertas en señal de victoria. Verla provocaba un sentimiento de felicidad y esperanza por lo que muchos de los presentes sonrieron. Abajo rezaba: 'La Orden del Fénix, héroes verdaderos', para desaparecer y formar otra frase: 'De las cenizas despertará un fuego. Una luz de las sombras brotará.' Ante esto, Minerva tuvo que reprimir una lágrima mientras que Moody gruñía como no queriendo la cosa y los demás miembros sonreían con orgullo.
Enseguida, más aplausos inundaron el inmenso Atrio donde la fiesta comenzó tal y como se tenía previsto.
- ¡Mamá! ¡Tienes una estatua!- exclamó Sirius en medio del bullicio.
- Y no entiendo porqué ¿por qué sólo yo?- increpó la aludida señalando con recelo a su marido y amigos.
- Sí tenemos una, somos parte de la Orden del Fénix- intervino un sonriente Neville, tratando de salvar su cuello.
- Pero no salen sus rostros- objetó la ojimiel sin conformarse con esa respuesta.
- Es que nosotros estábamos despiertos para impedirlo- bromeó Ron recibiendo un empujón por parte de su hermana.
- ¿Lo sabían?- ahora sí que se estaba enojando la castaña.
- ¿Y Lily?- cambió de tema Harry astutamente.
- Iré a buscarla- se ofreció Sirius de la nada.
- Mamá...- James jaló de la mano a su progenitora reclamando su atención para mirarla significativamente.
- Lo sé cariño, no te preocupes- le dijo ella mientras sus otros sobrinos terminaban de distraerla de su antiguo enojo por el asunto de la estatua.
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Lily se sintió orgullosa al contemplar la estatua de su madre sabiendo que era lo más adecuado que el Ministerio pudo ofrecerle.
Su mirada se dirigió al público casualmente, cuando un inconfundible brillo verdoso llamó su atención...era él. Estaba envestido en una fina túnica azul obscuro con ribetes plateados y con su quebrado cabello perfectamente peinado. Intercambiaron una mirada y él comenzó a caminar hacia la orilla de la multitud lo que ella imitó discretamente, necesitaban hablar con urgencia.
Los dos jóvenes se encontraron finalmente un poco apartados del bullicio, pero no dijeron nada. Simplemente se miraron fijamente, verde contra verde, y pudieron leerse a la perfección, así como ella notaba que él estaba feliz, triste, orgulloso y nostálgico, él sabía que ella estaba radiante a la vez que temerosa. La castaña esbozó una sonrisa y se lanzó a los brazos del joven que la recibió con naturalidad, como si eso fuera lo más normal del mundo.
- Tuve mucho miedo Robert- soltó ella sollozando en su hombro.
- Tranquila Lilian, ya pasó. Nadie te volverá a hacer daño- le susurró al oído con ternura.
- No es eso- se separó un poco de él para verlo a la cara- Tuve miedo de no verte otra vez y de no poder decirte algo muy importante...-
- Déjame decirlo a mí primero por favor- le pidió al suponer lo que ese algo era, ella asintió mudamente- Te quiero- declaró el pelinegro con tal sinceridad y con su sonrisa ladeada predilecta que ella sintió esas palabras en su pecho.
- Yo también te quiero- le correspondió ella, a lo que él la acercó hacia sí para besarla suavemente y sellar su mutua declaración.
- Zabini- llamó una voz con un toque de irritación. De inmediato, ambos jóvenes se separaron para verla figura de Sirius Potter parada frente a ellos con el ceño fruncido.
- Sirius, no te atrevas a...- el reclamo fue interrumpido.
- ¿Qué pasa Potter?- preguntó Robert con tono sereno y aferrando a la castaña por la cintura en una clara actitud de reto.
- No he tenido oportunidad de decirte algo. Lamento lo de tu padre, mañana nos veremos en el entierro ¿de acuerdo? - dijo el castaño para sorpresa de su melliza.
- De acuerdo Potter, hasta mañana- asintió Robert con una educada venia, mientras el otro daba media vuelta.
- Ah- se detuvo sin girar- Si la lastimas, considérate como el último de los Zabini- agregó metiendo sus manos en el pantalón de su túnica de gala para marcharse sin más.
Robert esbozó una sonrisa divertida ante la amenaza, sabiendo que el otro ya lo había aceptado o por lo menos se había resignado, por eso tomó una decisión.
- Lilian Potter ¿serías mi novia?- preguntó sonriente a lo que la joven parpadeó repetidamente para salir del shock anterior y entrar a uno nuevo.
- Sí- respondió finalmente plantándole un beso al joven slytherin.
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- Bien, se inicia oficialmente la apelación al juicio de Pansy Zabini neé Parkinson- habló el Warlock Supremo con autoridad ante los warlocks, los testigos, el público y la acusada quien se encontrada en la silla del centro designada específicamente a ella- La resolución anterior fue el de condenarla a arresto domiciliario perpetuo por sus crímenes de la Segunda Gran Guerra Mágica, esto teniendo por atenuante la existencia de su hijo Robert Blaise Zabini- recitó el hombre leyendo un pergamino- Ahora se discutirá el que Pansy Zabini haya violado dicha condena atacando a un auror, robando su varita para irrumpir en San Mungo y atentado contra el personal del mismo, todo esto evidentemente la haría merecedora a la pena máxima, sin embargo hay testimonios a considerar. Señor Lawson, por favor- pidió a lo que el hombre se adelantó.
- Como jefe del departamento de Aurores, me avergüenza profundamente la conducta de uno de mis elementos, Fitzroy como saben ya ha tenido su propio juicio en donde fue encontrado culpable de abuso de poder y acoso hacia la señora Zabini. Por lo que la conducta de la convicta fue meramente en defensa propia y lo subsecuente nada más que un acto desesperado al saber, de modo brusco, el estado de salud de su único hijo- señaló al chico entre el público.
- Gracias. Señor Potter- el pelinegro se puso de pie para rendir su testimonio mientras Lawson se sentaba.
- Nunca traté a Pansy Zabini mucho, a penas y la conozco- inició un poco incómodo, detestaba declarar cosas- Pero cuando irrumpió en San Mugo se notaba desesperada y sólo gritaba que quería ver a su hijo. Es cierto que atacó al personal, pero en defensa propia y nadie resultó gravemente herido; nosotros la contuvimos, pero cuando mi esposa llegó, su actitud cambió radicalmente y se mostró sumamente cooperativa. De hecho, me entregó la varita robada y fue puesta bajo vigilancia constante. Nunca intentó nada.- terminó.
- Muchas gracias- dijo el Warlock Supremo mientras todos hacías sus anotaciones y comentaban entre ellos- Por último, señora Potter, si es tan amable- le sonrió el hombre a la aludida.
- Como saben, conozco a Pansy desde el Colegio, pero la traté más durante nuestro séptimo año- se levantó la mujer iniciando con su relato- Ambas nos convertimos en mortífagas en ese entonces, siempre pensé que era una superficial cabeza hueca, que seguía los dogmas de sangre pura por mera imitación y no me equivocaba- en ese punto Pansy se permitió sonreír con ironía- Durante la Segunda Gran Guerra Mágica la vi muy poco, pero seguía siendo la misma sólo que más sádica y con esposo. Luego la arrestaron y no supe más de ella hasta que entré a trabajar a Hogwarts este año y conocí a su hijo Robert. Pansy me pidió en una carta que nos viésemos, al principio pensé en ignorarla puesto que no le debía nada, pero decidí arriesgarme y fui a su mansión. Los aurores en turno pueden atestiguar eso. Cuando la vi, no reconocí a la Pansy de nuestra juventud, más bien vi a una madre como yo y, cuando hablamos, descubrí que sabía leer y que tenía verdaderos sentimientos, me pidió ayuda con su hijo y accedí. Desde ese momento nos mantuvimos en contacto, ella me dio información de todo lo que sabía respeto al mago obscuro; gracias a su ayuda atamos algunos cabos sueltos y demás. Todos estos años nunca causó problemas, lo de San Mungo fue un acto de desesperación al saber herido a su único hijo, cosa que puedo comprender perfectamente al ser madre, además es clara muestra de que es humana como cualquiera, de que es capaz de amar...y aunque el estigma de ser mortífaga nunca la abandone, como a mí, ella ha cambiado y merece la oportunidad de demostrarlo- finalizó.
- Gracias. Señora Zabini ¿tiene algo qué decir?- inquirió el moderador mientras Hermione regresaba a su lugar.
- Amé a Blaise con toda mi alma y amo a mi hijo más que a la vida- declaró sin inmutarse pues era un slytherin orgullosa a pesar de todo y no suplicaría piedad, lo dicho ya estaba dicho y no había más.
- En ese caso, levanten sus varitas para dar a conocer el veredicto- todos los warlocks así lo hicieron apareciendo un pergamino en manos del moderador quien lo leyó en voz alta- Pansy Zabini neé Parkinson, el Wizengamot ha decidido absolverla de su condena con la condición de que preste servicio a la comunidad mágica y que encuentre un empleo honesto. Se le devolverá su varita so pena de que si realiza magia negra, esta será destruida para siempre- sentenció el hombre.
La aludida esbozó una sonrisa incrédula mientras su hijo se levantaba para ir a su lado y abrazarla sin importarle todo el público que tenían.
- Sé que son un par de cursis, pero debemos irnos- intervino una risueña castaña.
- Cállate Mione- le sonrió la pelinegra soltando a su hijo mientras una joven castaña se acercaba al mismo para darle un efusivo beso en los labios ante la estupefacción de la adulta recién liberada- ¿Qué...? ¿Acaso...?- miró a la ojimiel interrogante.
- Te lo dije- asintió la otra contenta- Es hora de irnos- la tomó de la mano dispuesta a correr, pero chocó contra alguien.
- Recuerda que nada de esfuerzos físicos- sentenció un pelirrojo al tiempo que cargaba a Hermione para llevarla en brazos- Esto es lo aceptable- agregó divertido.
- ¡Ron!- protestó la mujer ante las risas de los presentes.
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El grupo apareció en los terrenos de la mansión Zabini, donde el cuerpo de Blaise reposaba ya custodiado por dos aurores.
- Te corresponde- le dijo Harry a Pansy con neutralidad.
- Blaise...- comenzó la mujer acercándose al cuerpo de su esposo seguida de su hijo- Te amé desde el momento en el que miré tus ojos hasta el momento en el que te los cerraron para siempre...aún te amo y donde quiera que estés, algún día nos encontraremos de nuevo- murmuró con lágrimas en sus ojos.
- Padre, no tuve oportunidad de conocerte mucho, pero lo poco que lo hice lo atesoraré, porque me enorgullece ser tu hijo. Descansa en paz, papá- dijo Robert a lo que su madre sonrió levantando su varita para hacer la tumba, enterrar el cuerpo y poner un epitafio: 'Blaise Zabini, amado esposo y padre. Con su último aliento defendió lo que más amó.'
- Robert, que la fortaleza y el sentido del deber de tu padre sean una perdurable lección para ti- le dijo una mujer al menor tomándolo del hombro con cariño.
- Oh, arruinas el momento tía- le reclamó en broma Robert mirándola con sincero agradecimiento- ¿Acaso tener una estatua te hace un libro de frases?- preguntó maliciosamente.
- Más respeto jovencito, que soy tu tía y te enseñaré una lección- lo amenazó fingidamente.
- Ni se re ocurra Mione, que su madre está aquí para defenderlo- se interpuso Pansy entre ambos sacando su varita para seguir la broma.
- Qué miedo, me lo dice alguien que no ha hecho magia en 16 años o más- se mofó la castaña con una mueca puramente slytherin.
- Pues por lo menos yo sí puedo hacer magia- contraatacó la pelinegra, y eso fue un golpe bajo, los demás adultos y los menores, contemplaban la escena divertidos.
- ¿Ah sí?- la ojimiel se agachó lentamente y se incorporó como si nada ante la extrañeza de la otra- Pues yo no necesito de magia para vencerte- declaró arrojándole trozos de pasto y tierra que había tomado del suelo y que cayeron en el pelo y la túnica de Pansy.
- ¿Cómo te atreves? ¡Me ensuciaste!- chilló la pelinegra- ¡Ya verás! ¡Voy a decolorarte el cabello y le haré crecer pasto a tu ropa!- amenazó.
Hermione retrocedió unos pasos, un poco temerosa, cuando de pronto, sintió un jalón en su cintura y poco después se acomodó sobre una escoba y a la espalda de un hombre conocido.
- Tú caballero volador te ha salvado de la feroz criatura- bromeó Harry dejando atrás el suelo donde Pansy reclamaba que no era justo y los demás reían sin poder contralarse.
- Se lo agradezco caballero ¿qué puedo hacer para recompensarlo?- rió ella abrazándolo por la espalda con devoción.
- Hacerme sentir en un beso la fuerza de mil poemas de amor- recitó dramáticamente.
- Concedido- con esto, lo besó profundamente, con todo el amor que se profesaban saliendo por cada uno de sus poros, haciendo danzar sus leguas al mismo compás, amándose como lo harían aún después de la muerte, pues ya habían comprobado que nada los podría separar más.
Y que jamás necesitarían otro amor más que el suyo.
Eran sus respectivos soles.
Eran sus respectivos dioses.
Eran todo.
Eran uno.
Eran.
Son.
Serían.
Fin.
¿Epílogo?
Gracias a todos por leerme, prometo contestar comentarios pronto, pero a penas tuve tiempo de subir este capi...
