Niña de mi alma.

Cap.37:Abismo.

EdwardPOV.

Aparqué el Volvo brutalmente en la entrada de la mansión Cullen, con el motor echando humo y las gomas casi carbonizadas. Adentro todo estaba en silencio y sabia ya de ante mano que todos estarían en la sala, algunos preocupados y otros enojados, mirándome como si yo fuese el problema en ese lugar. Las cosas se me escapaban de las manos.

Me senté en la mesa de caoba a la derecha de Carlisle, noté enseguida que mi hermana ya los había puesto en corriente a todos y mi madre ya tenía un discurso plenamente organizado.

-Bien –comenzó Carlisle-. Yo se que ninguno de ustedes se esperaba esta charla tan pronto, pero debemos respetar los sentimientos de Bella y aclarar las cosas antes de que regrese.

-Es mi culpa –le interrumpí-. Nunca le di a entender nada, seguramente ella tenía en su mente un futuro muy diferente al que yo me imaginaba.

Esme suspiró. Ya se esperaba eso de mí.

-No es culpa de nadie Edward –dijo ella.

-Si, mamá tiene razón. Ella es una pequeñaja muy inteligente, no le costó atar los hilos. Era obvio que iba a terminar pensando que sería…, bueno, como nosotros –dijo Emmet.

Me refregué la cara con las manos en un intento de calmarme. El caos no tardo en estallar a mí alrededor. Rosalie mantenía firmemente que este no era un destino apropiado para Bella, tal como pensaba yo, igual que Jasper, aunque él solo pensaba que era aun muy joven para decidir lo que quería hacer y mucho más aun para hacer el cambio.

Emmet seguía con su loca idea de que ya era tiempo de que la transformáramos, que si esperábamos más tiempo ella se pondría mal al estar congelada en el tiempo siendo "mayor" que nosotros. Algo ridículo, yo tenía cien años mas que ella.

Alice se mantenía callada, y nuestros padres intentaban mantenernos en silencio.

-¡Chicos por favor, solo tranquilos por un momento! –decía Esme.

Carlisle se levanto de la mesa y nos callamos enseguida.

-Se que todos quieren tener voz en este asunto tan importante. Pero yo creo que debemos respetar la decisión de Bella, nadie puede negar que ella sabe muy bien lo que implica ser vampiro.

-Eso es una estupidez –dijo Rosalie-. Es solo una niña. ¿Qué pasará cuando madure realmente dentro de diez años más? ¿Seguirá queriendo lo mismo?

Alice la miro con mala cara y hablo por primera vez.

-¿Estas insinuando que toma malas decisiones? Discúlpame contradecirte pero Bella es muy, muy madura para su edad.

-Yo no dije eso. Pero todavía está dominada por impulsos adolescentes. Ahora que se lo negamos lo quiere con más ferocidad pero eso no garantiza que lo desee en el fondo de su corazón.

-Rosalie yo creo que esto no lo quiere nadie en el fondo de su corazón –le replicó Jasper.

Esme sacudió la cabeza.

-Es imposible llegar a un acuerdo de esta forma, Bella tiene que estar presente.

-Por supuesto que no- le dije rápidamente.

Lo único que me faltaba era que Bella estuviera en esta discusión, tenía miedo de que ganara sinceramente. Ella siempre ganaba de una manera u otra.

Carlisle volvió a hablar muy convencido:

-Es una buena idea, ella está lista para participar en las charlas familiares, hay que plantearle el asunto con mucho cuidado y esperar a que tome su decisión definitiva.

-¡No Carlisle! –Le grite- ¿Cómo vas a explicarle con palabras todos los sacrificios que significan esta existencia maldita?

-Ella tiene la capacidad de entender Edward, además lo haré yo mismo y no habrá ningún peligro.

Sus ojos dorados reflejaban la ira de los míos. Podía sentir mi cuerpo tensionado sobre la silla, listo para más pelea.

-No estoy de acuerdo- dijo Rosalie.

-Ni yo –le siguió Jasper.

Me levante de la mesa y camine lo más calmado posible hasta afuera, donde el aire fresco me aclaraba la mente. Esto sí que era un problema, y uno bien grande.

¿O era yo el del problema? Era cierto que mi ángel era la adolescente más madura, adorable e inteligente que existía, entonces ¿el problema era que me negaba a mi mismo dejar ir su humanidad?

Cerré los ojos e ignorando a mi familia mientras seguían conversando sin mí, vi su rostro tras mis parpados, la primera vez que me tope con ella en el supermercado, amenazándome con su navaja y cuando volví a buscarla desesperadamente hasta encontrarla por casualidad trepada en las ramas de un árbol.

Su hermosura y magnificencia era palpable a la vista, su dulzura e inteligencia que hacían que mi pequeño mundo girara en la órbita de su gigantesco universo. Con tantos recovecos oscuros y otros tan iluminados…

Con curvas de galaxias ardientes, todo comprimido en una persona. En una mujer que me complementaba y seria mi compañera ¿para toda la eternidad o para toda su vida? ¿Cuál era la respuesta correcta?

Alice se acerco a mí a paso vacilante, podía escuchar el murmullo bajo de su mente inquieta.

-Estoy bien Alice –suspiré-. No necesito ni a Jasper ni ninguna sesión psicológica.

Ella bufó y se dejó caer a mi lado ágilmente, tenía el seño fruncido y la mente distraída, sin pensar en algo en específico, ni tampoco en la discusión que habíamos tenido dentro con toda la familia, simplemente estaba pasando el momento tenso descansando un poco la mente.

Me relaje cuando me di cuenta que no iba a comenzar ninguna conversación y también me concentre en cosas triviales para poder deshacerme de la rabia y la frustración que tenía en ese momento.

Pero como la maldita existencia estaba siempre en mi contra no transcurrieron los dos minutos completos cuando Alice intento ver como estaba Bella en la fiesta de cumpleaños. Digo intento porque lo único que alcanzo a ver fue un túnel de oscuridad inmensa, hasta sus propios sentidos se nublaron dentro de su visión.

-¿Alice? –Jasper se acercó rápidamente por la puerta.

Yo la agarre de su pequeño hombro y la sacudí brevemente para sacarla del transe, ni siquiera podía leer su mete para saber qué era lo que había ocurrido. Pero me asustaba su reacción, me asustaba el futuro de Bella.

-¿Qué paso con Bella, está todo bien? –sentía algo dentro mío retorcerse aun mas.

No, algo no estaba bien.

-No puedo Edward, no veo su futuro –me miro aterrada-. No puedo ver nada…

-¿Serán los perros de la Push? –Rosalie y la familia entera ya estaban fuera, en una posición amenazante.

Mire fijamente a mi pequeña hermana.

-Edward, no es eso, es como si hubiese…

-no –la corte antes de que lo dijera y me levante de un salto-. No, estas equivocada, sabes que lo estas.

Carlisle me puso una mano en el hombro. Debía mantener la cabeza fresca, todos estaban igual de alterados.

"Por favor no…" rezaba Esme con sus manos sobre el corazón.

-Rápido, vayamos a ver –nos dijo Rosalie y todos comenzamos a movernos.

Yo iba corriendo a la cabeza junto con Carlisle, trataba de no dejar a mi familia detrás, pero la preocupación hacia de mis piernas volaran por si solas.

"No puede ser que no vea nada." Se lamentaba Alice en su mente.

"Esto no está pasando, esto no está pasando…" Repetía Emmet una y otra vez.

Todos tenían que decir y qué opinar y eso no me ayudaba en nada con mis nervios. Sentía el miedo agazapado en piel, impregnando cada poro y cada musculo de mi ser.

No quería darle vueltas al asunto de las visiones de Alice, lo único que me importaba era la seguridad de mi ángel. Aunque tenía que pensar en positivo no podía quedarme tranquilo esperando lo mejor. Simplemente no era mi estilo.

Tal vez mi hermana tenía razón y fueran solo los sabuesos de La Push que pasaban por allí, atraídos por el sonido de la fiesta. No podían atacar a Bella, estaba fuera de su ideología e iba contra cualquiera de sus creencias sobre la preservación de la vida humana.

Tampoco podían atacarla por accidente, había demasiada gente del pueblo en esa casa como para que los perros estuviesen bebiendo y bailando a sus anchas. Además, en los años que llevábamos en Forks jamás habíamos oído que los Quileutes y los pueblerinos se mezclaran en alguna celebración.

¿Qué probabilidades había que fuesen ellos? Tenía que ver a Bella con mis propios ojos para asegurarme que nada había ocurrido. Esa era la única forma de quitarse ese peso aplastante de mi pecho.

Nos faltaba menos de medio kilometro para llegar al lugar donde era la fiesta cuando notamos que nada iba bien.

-Oh no… -jadeó Esme al ver la nube negra de humo alzándose por encima de las copas de los arboles.

-Maldición –gruñí yo junto con mis hermanos.

La humarada se elevaba alta por el cielo oscuro, y el viento característico expandía la extensa manta negra por cientos de metros.

El aroma a madera carbonizada nos llegó a la nariz como una avalancha, mientras los gritos y el ruido de sirenas nos penetraban en los oídos como si fuese ácido. Todos teníamos un solo pensamiento: Bella.

Mi mundo cambió de tamaño considerablemente, veía caerse en pedazos toda mi felicidad, toda mi existencia, siendo reemplazada por un miedo que me abrumaba y me hacía temblar las piernas.

Cuando por fin el bosque terminó nos paramos en una calle adoquinada, a media manzana de donde había dejado a Bella hacia unas horas, donde ahora justamente, la casa era atacada por vivas lenguas de fuego que había devorado todo a su paso. Las cortinas de seda derretidas volaban en filos hilos que se enredaban en los arbustos, los bomberos intentaban controlar al fuego que se había extendido a las casas vecinas y los policías ayudaban a cargar a los adolescentes en las ambulancias abarrotadas de gritos, llantos y olor a carne quemada.

La madera crujía con espasmos y el césped ya estaba marchitándose por el calor. Desde donde estábamos todos, paralizados con la escena, nos llegaba la caricia de la elevada temperatura.

Alice volvió a entrar en su acostumbrado trance del pánico que sentía, aunque se topó con aquella oscuridad infinita, igual que la visión que tuvo en el porche de nuestro hogar.

-¡Oh mi nena! –estalló Esme con un sollozo.

Eso fue golpe suficiente para impulsarnos a todos hacia delante a toda velocidad y sin que nadie nos viera nos distribuyamos alrededor de la casa, pero era inútil. No había ni rastros de Bella, ni una sola gota de su aroma había cerca de allí.

La casa estaba vacía, ya habían logrado sacar a todos los pequeños tontos que, al estar tan idos de bebidas, no podían ni pararse con sus propios pies.

El incendio era impresionante y yo, masoquista hasta el infinito, no dejaba de mirar como la madera se consumía, los muebles se convertían en ceniza y el techo se tambaleaba sobre las precarias paredes.

-Edward, los policías –me ordenó rápidamente Carlisle.

Cerré los ojos y me lancé de lleno a los pensamientos caóticos de los oficiales para tener una mejor perspectiva de lo que había pasado allí.

Al parecer el incendio había comenzado con el estallido del horno en la cocina, incendio provocado entonces, los jóvenes que se encontraban allí eran los que tenían heridas en peor estado y ya estaban camino al hospital.

Había sido una experiencia muy traumática para los chicos de la fiesta y para todos los adultos presentes de allí que tuvieron que ayudar a sacar a algunos de la casa y a consolar a otros. Hasta ahora no había informes de ningún fallecido.

Muchos rostros y expresiones había dentro de sus cabezas pero la que yo quería ver no estaba por ninguna de sus mentes. ¿Cómo podía ser que nadie la hubiese visto? ¿Dónde estás ángel mío? Dentro de la casa seguro que no, estaba seguro de que hubiese olido su fragancia diez veces más fuerte, amplificada por el calor…

Jasper me sacudió el hombro.

-Ven por aquí Edward, Rosalie encontró un rastro de Bella.

Lo seguí rápidamente por una calle que estaba a la derecha, solo ocupado por los coches de los policías. Las ambulancias se alejaban con sus ruidosas sirenas por la calle de la izquierda.

Me reuní con mi familia y en el acto sentí una leve fragancia de mi Bella. Y algo mucho más inesperado: el leve rastro de un vampiro. Su olor era concentrado, podía apostar mi Volvo a que tenia gasolina encima de la ropa la última vez que había pasado por aquella calle, tenía una colonia fuerte y barata, usaba mucho cuero encima, y el aroma dulzón característico de los de nuestra especie estaba hasta pegado en una de las paredes cercanas, junto con el de Bella.

El terror y la furia me invadieron tan de repente que no poda identificar cual de los dos había sido primero. ¿Qué diablos podía estar haciendo un vampiro allí con mi Bella? Si mis pensamientos eran los correctos…

"Los vampiros que no mantienen nuestra dieta solo vienen a los lugares poblados para una cosa…" pensaba Carlisle.

Negué con la cabeza lentamente, siguiendo el rastro de Bella desesperadamente tanto como la capacidad de mi nariz podía llegar. El rastro se perdía, desaparecía y volvía gradualmente. ¿Por qué?

¿Y por qué Alice no había visto nada?

Jasper se puso a mi lado.

-Están en un coche, Edward –me dijo observando hacia donde la calle se alejaba en la oscuridad-. Es la única explicación de por qué su rastro apenas se siente.

-Esto es una locura –susurre casi derrotado.

Vamos, no podía ser cierto. Mi ángel no podía tener tan mala suerte. Las visiones en negro de Alice, la desaparición de Bella, el incendio…

Nada encajaba. Tenía la sensación de que ese vampiro no se acercó a la fiesta por una simple –aunque me costara admitirlo- "comida", antes de seguir con su camino.

-Perdemos tiempo ¡Quiero a mi hermanita! ¿Podemos intentar seguir el rastro? –preguntó Emmet.

Sin esperar respuesta se puso a correr lo más rápidamente posible pero sin perder el rastro. Todos los seguimos, pero seguía siendo difícil no perder el olor que flotaba precariamente en el aire, teníamos que tener cuidado.

-Hay que prepararse para una inminente lucha –nos advirtió Jasper.

No tenía ni que decirlo.

Encontraría a Bella, y descuartizaría a quien se hubiese atrevido a ponerle las manos encima…

BellaPOV.

Me desperté cuando el dolor en mi cuerpo se hizo insoportable, los temblores que me recorrían los músculos me tenían ya agotada y lo único que sentía era dolor en la cabeza y frio. Mucho frio.

No quería pensar, no quería creer las imágenes que me golpeaban la cabeza una y otra vez. Esos ojos…. Solo recordaba esos ojos.

La posición salvaje de sus hombros, la quietud de su cuerpo, la palidez de su rostro, ¿Cómo había sido tan tonta?

Quería volver a casa, quería que mi familia me abrazase, estar con Edward y no discutir nunca más. Amarnos, simplemente eso, no importaba de que manera o cuanto tiempo, apreciaría cada segundo.

Abrí los ojos pesadamente, parpadeando ante la luz que me llegaba desde arriba. Intente taparme la cara con el brazo pero no pude hacerlo. Me impaciente, moviendo mis extremidades de un lado a otro, sin lograr ningún resultado. Estaba atada a la superficie helada.

Mire hacia un lado, enfocando la vista en una mesada de mármol desquebrajado inundado de cosas llenas de polvo, a un lado había una vieja heladera color turquesa y las paredes tenían azulejos blancos muy sucios.

Me recorrió un escalofrío, aunque no sabía si de miedo o de frio. Seguramente lo primero.

Mire hacia el otro lado, rodeado de camillas vacías y cajas de madera. Todo estaba igual y diferente a la vez de como lo recordaba.

Cerré los ojos mientras se me escapaba un sollozo. No podía estarme pasando esto de nuevo, tenía que ser una maldita pesadilla, apenas si parecía ayer que me había despertado en ese mismo lugar, solo con mis braguitas y mi patético brasier amarillo. Mientras él me tocaba y me inyectaba y…

Abrí los ojos y levante la cabeza, sip, estaba atada con las mismas correas de cuero, desnuda exactamente de la misma forma. A lo lejos en una mesa podía ver mi ridículo disfraz de chica militar que me había puesto en la fiesta de Molly.

¿Cómo rayos había aparecido allí? ¿Hacia cuanto que estaba inconsciente? Recordaba a Ivhan golpeándome la cabeza y también recordaba cuando me había metido en la cajuela. Un viaje nada cómodo. Me había quedado dormida en un momento al darme cuenta que, no importase que tanto gritase y pateara su asqueroso coche, él no iba a parar y dejarme ir.

Aunque tampoco me había interesado mucho la idea de enfrentarme a un vampiro. Todavía no podía creer mi suerte, un vampiro aparecía de la nada en la fiesta de disfraces de mi amiga, extrañamente ni Edward ni Alice se dan cuenta, él me secuestra a mí y me lleva no se a donde, terminando atada a la misma camilla de hacía cinco años.

¿Acaso trabajaba para ese hombre? Un momento, ¿Era un hombre aquel que había experimentado conmigo? Ahora también existía la posibilidad de que fuese también un vampiro. Maldición, ¿Qué yo solo vivía para enfrentarme a vampiros?

Me tense como una cuerda de guitarra al escuchar pasos que bajaban una escalera. Enseguida mire aterrada la misma puerta de hacia tanto tiempo, exactamente tal y como la recordaba. Se abrió lentamente, y solo llegue a ver sombras y la silueta de alguien alto y con uniforme, como si llegara de trabajar.

Me mordí los labios para no gritar. Sentía que me podía hacer pis encima en cualquier momento, no moví ni un musculo, hasta había dejado de respirar del miedo que tenia.

Por dios, era él. Tanto tiempo había pasado de aquella vez, miré sus ojos, los mismos faros oscuros y diabólicos que me atormentaban en mis pesadillas, recordé todo. Las veces que me había espiado en las noches en el orfanato, la vez que me había secuestrado y llevado a ese mismo lugar, humillada de la misma manera, y había experimentado no se qué cosa conmigo. Y ahora volvía a hacerlo, mi peor miedo se volvía realidad. Él había regresado, tal y como había prometido, no sirvió de nada ocultarme en un pueblo lejano a Portangels, el muy maldito me había encontrado igual.

Era increíble que mi cuerpo reaccionara tal y como él quería. Me quede inmóvil, tratando de que mis lagrimas no provocaran ningún sollozo indeseado, recordaba claramente cómo reaccionaba si me ponía histérica, hasta recordaba como amaba el silencio. Lo recordaba todo.

Y yo pensaba que lo había superado gracias a Edward. No podía haber estado más equivocada.

Me sonrió lentamente, casi como si me hubiese extrañado y entro caminando a la habitación, dejando que la luz lo resaltara desde todos los ángulos. No podía negar que estaba asombrada, seguía igual que antes, su forma de caminar, como si fuese el dueño del mundo, su ridículo peinado francés, la asquerosa manera de acomodarse el cuello de la camisa, la palidez de su piel y sus horribles ojos oscuros.

Se movió en silencio, dándome la espalda mientras se lavaba las manos en el destartalado fregadero. Luego se giró hacia mí.

-Hola Isabella, cuánto tiempo –me saludo cortésmente.


Buenas noches a todas mis lectoras: aca estoy tardecito, muuuy tardecito publicando el capi correspondiente. Como siempre, mil disculpas por los retrasos pero lamentablemente es algo que no puedo acelerar. Eso si, no me canso de repetirles que NO voy a abandonar mi fic.

Espero ansiosa los comentarios sobre que les parece este capi, estamos cerca del final, ya falta poco y me entran ganas de llorar cuando pienso en eso :´) no puedo imaginarme vivir sin Edward y Bella y sin su apoyo y hermosas palabras.

Nos vemos en la proxima.

Cariños.

Flor.