Ya se me acabaron las excusas ._. (remix)

Discúlpenme por venir con capítulos así de minúsculos, pero me sirve más para ir progresando y sacar esta historia hasta el final, así como siempre la planeé, y no terminarla nadamás al trancazo porque me estanco. La idea era tener uno o dos capítulos laaargos conformados por todos estos mini capítulos, pero nadamás no me sale. Al menos espero que los que leen esta historia desde cero le encuentren algo de sentido.

Espero que aún haya gente aquí que siga leyendo. Esto va para ustedes.


TO BE WITH YOU

By Delilah Lannister

Capítulo 35

No hay vuelta atrás

þþþþþþþþþþþþþþþþþþþþþþþþþþ

Ginny estaba en el aire volando a velocidad constante aferrando la escoba con ambas manos y al segundo siguiente estaba corriendo por los pasillos de San Mungo. Su percepción de la realidad, del tiempo, del peligro, de la vida, de todo se había deformado de una manera inexplicable. No pensaba nada, no decía nada. Sólo se movía guiada por los latidos de su corazón que amenazaba con salir por su garganta. Estaba siendo movida por instinto más que por otra cosa. Algo no tenía sentido ante los escombros que iba dejando tras sus pasos. El incendio había sido masivo, destructor. Las paredes se encontraban reducidas a ladrillos cayendo y todos los muebles estaban calcinados, apenas reconocibles. Había un olor penetrante, profundo. A Ginny se le revolvió el estómago, implorando en una parte de su corazón por que se hubiera alcanzado a desalojar San Mungo a tiempo y que ese olor no viniera de carne humana calcinada. De los restos de algunas habitaciones aún salían nubes de humo indicando lo reciente de aquella desgracia, sin embargo mientras más se adentraba en el edificio más se sentía perturbada por la falta de movimiento, de alguien, quien fuera. ¿Por qué estaba todo tan vacío? Incluso el sonido que hacían sus propios pasos era apenas imperceptible. Pequeños flashes de diversas escenas, recuerdos propios dentro de aquel lugar llegaban a su mente de forma brusca. El bullicio del flujo de sanadores y pacientes yendo y viniendo, contrastando con aquel devastador escenario. Nada, sólo obscuridad. Su pecho volvió a hincharse de una ansiedad incontenible que la hizo apretar el paso y aferrar la varita en su mano derecha. Su mano izquierda se cerró en un puño antes de que pudiera llevarla a su abdomen. No podía, no debía...

"Si dejo que las palabras se formen en mi cabeza estoy perdida"

Continuó su camino con firmeza, respirando profundo y dejando que nada más que la determinación la llenara por completo.

"Ya no hay vuelta atrás"

Llegó a el ala privada del ministro sin encontrar ni a una sola persona, ni amigos ni enemigos a la vista. Ni siquiera le sorprendió. Se suponía que debía haber varios grupos de aurores dispersos por el lugar, pero sólo había un silencio ensordecedor. Se encontró frente a la entrada de aquella ala y entonces se topó con la certeza que ya no podía evitar. No había forma alguna de entrar más que el personal indicado. No había forma de entrar, pero sí de salir. Su única oportunidad era esperar a que alguien saliera, si es que lo hacía. Tal vez todo lo que había dentro también estaba calcinado. Su estómago dio un vuelco más ante ese pensamiento y lo que implicaría. Cerró los ojos recargándose en la pared, respirando profundo y tratando de evitar las arcadas que amenazaban con hacerla vomitar. Pestañeó rápidamente, alejando las lágrimas. Intentó varios hechizos para abrirse paso al ala privada pero nada funcionó, lo cual ya se esperaba. Se alejó unos pasos, encontrando un muro tras el cual esconderse. Se sentó en el piso, ahogando los sollozos en silencio, apretando los puños.

"Ya no hay vuelta atrás"

Seguramente para ese entonces, en la madriguera ya se habrían dado cuenta que había desaparecido y no tardarían en buscarla, por lo que sus estúpidos esfuerzos no habían servido para nada. Sólo se había puesto en peligro estúpidamente, a ella y a...

Se levantó con el corazón palpitando por cada poro de su piel. No tenía sentido que San Mungo estuviera vacío, no después del ataque y de aquel colosal incendio. Con sumo cuidado se alejó de la entrada del ala del ministro y se dedicó a recorrer los demás pisos. No encontró nada. Tras meditarlo y a pesar de que no quería aceptarlo, resolvió que aquello implicaba algo raro, por lo que tendría que contactar a alguien en el cuartel de aurores. Sabía que aquello, el haberse presentado allí de manera inoportuna y sin avisar, iba a costarle más que un buen regaño, tal vez una prolongada suspensión; sin embargo no tenía más alternativas. Sacó su celular e ignorando el hecho de que no había llamadas perdidas (¿acaso Hermione no había notado su ausencia aún?), llamó a Tonks. Al no haber respuesta continuó llamando a otros aurores hasta que uno contestó.

-¿Weasley?

-Necesito hablar con Tonks - susurró a pesar de que no había señal de presencia humana a su alrededor.

-Lo siento, estamos ocupados intentand-

-¡Que me pases a Tonks!

-Si la interrumpo me va a matar. Lo sie-

-¡Es urgente! ¿Dónde están todos?

-Lo siento Weasley, estamos tratando de entrar a San Mungo - y entonces colgó.

¿Qué diablos? ¿Intentando entrar?

Acto seguido, volvió a marcar

-Te dije que-

-Cállate y escucha. Estoy dentro de San Mungo, ¿por qué no están aquí ustedes?

-¿Estás bromeando?

-¡Comunícame con Tonks!

Ginny escuchó varias voces y algo de ruido que no pudo entender. Escuchó los gritos de Tonks y agradeció por la insistencia de su interlocutor puesto que en un par de segundos tuvo a la jefa de aurores al teléfono.

-No estoy para bromas Weasley

-Estoy dentro de San Mungo, está todo quemado y no hay nadie aquí. ¿Dónde están?

-¿Cómo diablos entraste? La entrada tiene algún tipo de bloqueo que no nos permite cruzar.

Ginny buscó en su cerebro. No se acordaba cómo había entrado. Sabía que Tonks iba a matarla si le contestaba eso.

-¿Qué bloqueo? ¿Y Harry? ¿Y el ministro? - ¿Y Cedric? ahogó en su pecho sin decir ese último nombre en voz alta. Mientras Tonks le explicaba, Ginny intentaba recordar sus pasos, pero la verdad es que había llegado hasta San Mungo en modo automático, sin detenerse a pensar, sin analizar sus movimientos, sólo lo había hecho y lo siguiente que recordaba era estar recorriendo los pasillos en ruinas.

-El incendio nos empujó de vuelta hacia afuera, y aunque pudimos controlarlo y sacar a salvo a todos los pacientes, una vez controlado y que hemos estado fuera nos ha sido imposible entrar. Hay un escudo mortal, magia negra muy potente. Harry y el primer escuadrón están dentro pero no hemos tenido comunicación con ellos.

-Aquí no hay nada ni nadie. Está todo vacío y en silencio. No he podido entrar al ala privada...

-¿Cómo diablos entraste?

-Yo...

-¡Weasley, esto no es un juego!

-¡No lo recuerdo! Llegué como siempre... sólo entré

-¡Te debiste haber topado con tres escuadrones en la entrada! Me estás tomando el pelo...

-Te juro que no... Tonks, ¿cómo puedo entrar al ala privada del ministro?

-No puedes... necesitas al ministro mismo...

-¿Reconocimiento de identidad? -preguntó Ginny haciendo referencia al tipo de hechizo de seguridad

-Sanguíneo - negó su jefa exasperada - Weasley, ¡necesito que me digas cómo hiciste para entrar al maldito edificio! - Ginny cerró los ojos y respiró profundamente intentando recordar, sin embargo otro pensamiento ocupó su mente.

-¿Significa que puedo abrir el ala privada si tengo alguna conexión sanguínea con alguien adentro aunque no sea el ministro? - sin esperar respuesta comenzó a correr hacia esa ubicación dentro del edificio.

-¿Qué diablos Weasley?

-¡Sólo dime!

-Supongo que tiene sentido... pero ¿qué importa eso ahora? no tienes conexión sanguínea con nadie dentro... -Tonks se interrumpió y su tono se volvió sombrío- Weasley, sé que Diggory estaba operando al ministro en el momento del ataque - Ginny no contestó nada y sólo siguió moviéndose - Sé que ustedes... sé que su magia es compatible pero esto es diferente... -Ginny siguió en silencio - ¿Vas a decirme cómo mierda entraste? Espera ¿qué haces aquí? Granger me dijo que no tenías autorizado participar en la misión... pensé que estabas herida o algo... ¿qué está pasando?

-Voy a intentar abrir el ala privada.

-Pero eso no... no hay forma... a menos que... ¿Ginny, estás...? - Pero de pronto, al estar frente a la entrada de aquella sección, lo recordó.

-Hay una entrada secreta, especial para personal. Oficialmente está cerrada desde hace años pero varios sanadores, enfermeras y trabajadores la siguen utilizando. Es la entrada que he utilizado para visitar a Cedric.

-¿Dónde?

-Por la chimenea de la tienda de regalos, en el quinto piso.

-Ginny, te quiero fuera de San Mungo ahora, nosotros nos encargaremos de esto.

-Los espero aquí adentro -dijo ella determinada y entonces colgó. Sabía que sólo tenía cuestión de minutos antes de que llegaran a detenerla.

Empuñó su varita y comenzó a recitar un hechizo antiguo que nunca antes había utilizado. Haciendo uso de la conexión entre sus bebés dentro de su vientre y Cedric, el hechizo de seguridad le permitió pasar. Una vez dentro escuchó el ruido inconfundible de gente batiéndose en duelo, estallidos, explosiones, hechizos en murmullos y en gritos. Estaba considerando esperar a Tonks y a los demás aurores para asegurar que pudieran entrar también, pero en ese momento escuchó un grito de dolor que le heló los huesos. Sin esperar un segundo más, se dirigió con paso delicado pero firme, empuñando la varita con fuerza, hacia donde escuchaba a Cedric ser torturado.