Creo que tarde un poco más, las vacaciones me hacen perder por completo las nociones del tiempo. ¡Estamos cada vez más cerca del final! Nos quedan tres capítulos... ¡Muchas gracias por todo su apoyo y sus lindos reviews!
Bere Lestrange, este capítulo es para ti sweetie (:
Capítulo 34: Siempre el océano.
Cree en mí como yo creo en ti – Smashing Pumpkins
Draco Malfoy era muchas cosas. Rápidamente podía admitir que era grosero, sarcástico, petulante y difícil. Podía elevarse en el aire, y moverse como si fuera el centro del universo, y mirar a todos con inferioridad sin razón alguna.
En general, era tranquilo, inteligente, seguro de sí mismo. Raramente se ponía en situaciones en las que no tuviera el control, y en las raras ocasiones en las que sucedía, aún tenía suficiente información como para imaginar cómo actuaría la gente, como avanzaría la situación.
Había tenido dos años para imaginar el momento en que le diría a Hermione lo que había hecho. Al principio, no estaba muy preocupado por su respuesta. Pero entre más la observaba, iba tomando más consciencia sobre sus actos, aunque nunca lo suficiente como para ganarle a su deseo de sobrevivir y completar su misión.
Después de que ella se mudó a la casa, las cosas cambiaron. Su tremenda fuerza, ante la creencia de que sus padres habían sido asesinados por él, lo había afectado más de lo que había anticipado. Entre más tiempo pasaban juntos, más se interesaba por ella, y eventualmente, en cómo se sentiría una vez que supiera la verdad.
Al tiempo que enfrentarse a Voldemort se acercaba, Draco empujó esas ideas fuera de su cabeza. Tenía preocupaciones más inmediatas. Pero había pensado mucho en ello antes de eso, y nunca había llegado a una buena hipótesis.
Después de la muerte de Voldemort, la reacción de Hermione era lo único en lo que pensaba. Una cosa de la que estaba seguro era que estaría enojada. Además de eso, no sabía nada a ciencia cierta.
Ella era tan… imposible de definir. No encajaba en ninguna categoría. En un momento creía que ya la conocía, y entonces recordaba algo que ella había dicho o hecho y contradecía su definición.
En resumen, tenía miedo de mirarla después de que terminó su historia. Sin importar lo que ella hiciera, o que tan enojada estuviera, tendría que soportarlo. No había nada que pudiera decir –que debería decir. Ella tenía todo el derecho de sentir lo que quisiera, y Draco no tenía intenciones de negar nada.
No fue sino hasta que sintió el opresivo peso del silencio en la habitación que notó que había dejado de hablar. Durante toda la historia, Draco había mantenido la mirada fija en algún punto de la pared detrás de los padres de Hermione. Con gran trepidación, se atrevió a mirar a Hermione. Literalmente lo estaba mirando con la boca abierta. Si la situación no fuera tan seria, se hubiera reído.
Cuando sus ojos se encontraron, ella pareció salir de su trance. Cerró la boca, pero continuó mirándolo como si le hubiera salido una cabeza extra. Y después alejó la mirada.
Draco rompió la mirada y miró a sus padres. Jane le sonreía amablemente, mientras que Steve miraba a su hija. Draco no quería nada más que escuchar la voz de Hermione. Había estado hablando por más de un hora y media, con sus padres interviniendo ocasionalmente, pero dejando que él relatara la mayor parte.
Cuando el silencio se volvió demasiado, se aclaró la garganta. Los ojos de Hermione lo miraron de nuevo y parpadeó.
Entonces Jane puso una mano en el brazo de Hermione.
–¿Todo bien, cariño?
Hermione miró a su madre, con lágrimas en los ojos. Sólo pudo asentir y después recargó su cabeza contra su madre, quien puso un brazo en los hombros de su hija y la acercó a ella.
–Hermione… –dijo Draco, esperando no sonar muy desesperado. Necesitaba saber qué era lo que pensaba, cómo se sentía, qué pasaba por su cabeza.
Hermione apretó los ojos fuertemente y tomó varios respiros.
–¿Hay algo más? –preguntó suavemente, con los ojos aún cerrados.
Su tono carente de emoción hizo que algo doloroso se retorciera dentro de Draco. Cualquier cosa hubiera sido mejor que eso –gritarle, llorar, hechizarlo. Pero ella mantuvo los ojos cerrados, esperando a que él continuara.
Draco asintió.
–Volví a mi casa y tomé la poción de la bodega de mi padre, y entonces regresé a tu casa. Tus padres se acomodaron como tú los encontraste y después tomaron la poción. Espere a que llegaras, después de haber lanzado la Marca Tenebrosa sobre tu casa. Sabía que llamarías a la Orden en cuanto la vieras, pero también sabía que no estarías sola cuando entraras.
–Encontré que funeraria usarías y obtuve un empleo ahí. Me aseguré de estar en turno cuando llegara el momento. Una vez que todo termino, y que todos estaban afuera listos para el entierro, entré en la habitación, les di a tus padres la poción y puse costales de tierra en los ataúdes antes de sellarlos. Fui al cementerio para asegurarme de que el plan ocurriera sin problemas, y después traje a tus padres aquí.
–Encontré esta isla unos días después de sus "muertes" y del funeral, y la compré. Pasamos un mes construyendo esta casa, y han estado aquí desde entonces.
De nuevo, Draco miró a Hermione, pero ella miraba a la puerta.
–¿Estuviste ahí? ¿En el "funeral" de mis padres? –preguntó.
La mente de Hermione, que se había rendido inútilmente durante la historia de Draco, ahora comenzaba a volver a la vida lentamente. Pero todo lo demás seguía confuso, y esto era algo en lo que se podía enfocar. Sin mirar nada, forzó a su mente a recordar el día en que enterró a sus padres. Forzó a su mente a recordar cada detalle posible; la habitación, los colores, la gente –antiguos maestros, Harry, Ron y el resto de los Weasley, la mayoría de la Orden, los amigos de sus padres… seguramente hubiera recordado a Malfoy si hubiera estado ahí. Aunque claro, tal vez se había cambiado la apariencia. ¿Tal vez su usual alter ego de cabello oscuro y ojos azules? Buscó en su mente, pero sólo había una gran neblina. Apenas recordaba haber despertado, vestirse, y haberse metido en el carro; no recordaba a cada persona que asistió. Suspiró en frustración y miró a Draco.
–No te recuerdo.
–Exactamente no fui y me presenté contigo.
Ahora la mente de Hermione corría a una velocidad impresionante. Él había falsificado la muerte de sus padres. Había falsificado sus muertes. No tenía sentido. ¿Por qué? ¿Por qué?
–¿Por qué? –demandó calmadamente. –¿Por qué hiciste todo esto? ¿Por qué falsificaste sus muertes? –Entonces se sentó y miró a sus padres. –¡Y no puedo creer que hayan hecho esto! ¡No puedo creer que me hicieron pasar por todo eso! –Hermione se sorprendió de estarle gritando a sus padres.
–Oh, cariño. –dijo Jane, dándole a su hija una dolorosa sonrisa. –Sabíamos que sería difícil, pero no tuvimos opción. Draco nos dio muy pocas opciones, él se negó a falsificar tu muerte. Dijo que no te quedarías tranquila.
Hermione continuó mirando a su madre.
–¡Y claro que tuvo razón, maldición! No me hubiera quedado tranquila. No puedo creer que llegaron a considerarlo. No hubiera respondido amablemente al ser aislada del mundo por dos años. –Sus ojos brillaban mientras hablaba, pero el fuego rápidamente se extinguió y se convirtió en tristeza mientras miraba a su padre. –Pero… no entiendo, ¿por qué no pudieron haberme dicho?
Draco habló.
–Si hubieras tenido alguna idea, si hubieras sabido, entonces nos hubieran encontrado. Tú se lo hubieras mencionado a alguien más, o te podrías haber delatado por tu comportamiento. Estabas siendo vigilada, sabes. Por… nosotros. –Pasó saliva. –Si hubieras ido con tus padres, si hubieras dicho la palabra equivocada, alguno de los mortífagos pudo haberlo notado y lo hubiera reportado al Señor Tenebroso y tú y yo hubiéramos muerto.
–¿Pero… no mis padres?
–No, ellos estaban bajo el encantamiento Fidelius. Sólo yo podía revelar su localización. Si yo muriera, sin embargo, la protección hubiera desaparecido. El Señor Tenebroso podría haberlos buscado o no.
–Oh. –respondió Hermione, ligeramente apagada. Simplemente era demasiado.
–Draco nos mantenía actualizados constantemente sobre tu bienestar. –dijo Steve.
Hermione se giró hacia Draco, sus ojos brillaban de nuevo.
–¡¿Qué?! ¿Estuviste en contacto con ellos? –Su mente estaba gritando de nuevo y fragmentos de conversaciones que tuvieron comenzaron a tener sentido. Lo miró sorprendida. –Espera, ese pájaro… Nueva Zelanda… ¡Navidad! –puso su cabeza entre las manos y dejó salir algunas lágrimas en frustración.
Oh, como odiaba Draco el lastimarla.
–¡Comienza a hablar, Malfoy! –demandó.
Draco tomó otro respiro, para darse impulso.
–Estuve en contacto con tus padres todo el tiempo. Me avisaban cuando necesitaban algo y yo se los mandaría o traería. En septiembre, tus padres me pidieron el saber si había alguna forma de verte, así que organicé esa cena en Nueva Zelanda. Estuvieron escuchando toda nuestra conversación.
Ante esa revelación, Hermione jadeó y puso una mano en su boca.
–¡Oh! ¡Eso fue horrible! ¿Es por eso que preguntabas sobre mi trabajo y vida personal?
–Sí, para que ellos pudieran saber un poco más de tu vida.
Hermione cerró los ojos fuertemente, e intentó recordar esa noche. Sabía que ella y Malfoy habían peleado; siempre lo hacían. Y por supuesto, ella lo había hecho gastar 1200 libras. Miró a su padre.
–Oh, papá, ¡siento tanto haberme comportado tan mal! No tienen idea de cómo éramos Malfoy y yo. Es decir, les dije lo mal que nos llevábamos en la escuela, pero…
–Está bien, cariño. –dijo Jane suavemente. –Draco nos advirtió que ustedes no se llevaban bien. Claro, no teníamos idea de lo mucho que eso quería decir, pero está bien. Tú pensabas que él nos había matado, y él te llevó ahí, y… nosotros entendimos.
Steve rió.
–Esa jugarreta que le hiciste. Me hiciste sentir orgulloso.
Hermione le forzó una sonrisa a su padre, entonces se giró hacia Draco.
Lo tomó como su pista para continuar.
–Y Navidad. Pasé dos Navidades aquí, deseando que tú estuvieras en mi lugar.
Hermione lo miró tristemente. Recordó lo que él le había dicho cuando le preguntó si tenía algún lugar para ir en navidad. Y una pequeña parte de ella, la parte que estaba intentando recordar que en verdad se preocupaba por Draco, y que incluso lo amaba, estaba feliz de que él estuviera con gente que en verdad lo apreciara.
–Y ahora, para responder a tu pregunta anterior. ¿Por qué? No estoy seguro de que tenga sentido. Sabía que preguntarías eso, y tuve mucho tiempo para pensarlo en Azkabán, y esto es lo mejor a lo que pude llegar.
–Tus padres me dieron esperanza, un pequeño hilo de esperanza esa noche. Ellos me dieron la razón que necesitaba para mover mi vida en una nueva dirección. Llegué a mi punto más bajo esa noche, tanto que no podría descender más. Hubo un momento, aunque breve, en el que pensé en sólo… detenerme. Renunciar.
–Oh. –dijo Hermione suavemente, y Draco la miró brevemente. La expresión en su rostro era de dolor.
–Pero tampoco podía hacer eso. Pensamientos como esos me asustaban, y me alejaba de ellos tanto como podía. Pero estaba en un lugar terrible. Y bastante profundo. Y sólo podía ver una luz encima de mí. Podía quedarme en el fondo de ese hoyo, sin alivio ni final, o podía subir hacia la luz y dejar todo atrás. Así que me aferré a esa luz, y cuando desperté la mañana siguiente, me sentí diferente. No cambiado, no "reformado", pero diferente. Era una pequeña diferencia: no jadeé cuando sentí la luz del sol colarse entre mis cortinas. Eso fue todo. Hice mi plan esa misma mañana, antes de comer, vestirme, o de cualquier cosa, para salir de la prisión que yo mismo había construido. Esa esperanza me movió. Me empujó a continuar.
–Estudié magia más de lo que alguna vez imaginé, tantas ramas como pude y especialmente aquellas que se enfocaban en la mente, incluyendo Oclumancia y Legimerancia, para poder protegerme de mi amo y de su mente. Estudié para encontrar sus debilidades, y la de mis compañeros. Aprendí de ellos todo lo que pude; hice mi camino entre los rangos con inteligencia e ingenio, probando que era valioso para mi Amo en muchas cosas. Sólo desde arriba podía evitar tareas como matar o torturar. Y sólo desde ahí podía estudiar al Señor Tenebroso y aprender sobre él.
–Gradualmente ese hilo de esperanza creció hasta que se volvió una realidad. Por un año y medio trabajé para ponerle un fin al Señor Tenebroso, y finalmente mi trabajo estaba terminado. Trabajé y pensé en cada ángulo, cada posibilidad. Hice planes; te escogí a ti y a Harry para ayudarme. Tú, en parte porque tenía encargado el protegerte, y podía hacerlo mejor si estabas cerca. Y sabía que en cuanto el Señor Tenebroso supiera de mi deserción no podría moverme tan fácilmente para cuidarte. Había creído que lo había dejado para siempre; sin embargo, las impulsivas acciones de mi padre como matar a esa familia de Aurores, demandando mi regreso, me forzó a usar el plan de respaldo que había planeado. Estoy seguro de que lo recuerdas.
Draco alzó la mirada y Hermione asintió mecánicamente.
–Tenía que asegurarle al Señor Tenebroso que mi ausencia para debido a otra deserción. Harry era una opción obvia; había escuchado sobre las profecías de él y el Señor Tenebroso, y sabía que sin importar lo mucho que aprendiera, no sería capaz de lograr algo así. Cuando todo estuvo listo, me dirigí al Ministerio e intenté convencer a Harry de que se uniera a mí.
Hermione otra vez se quedó sin habla. Él hablaba con semejante poesía, gracia, y fervor; no pudo evitar quedar atrapada en sus palabras. De nuevo su cerebro se enfocó en una cosa de su explicación. Protección.
–Tú hablas de protegerme. Les prometiste a mis padres que lo harías. Sin embargo, nunca te vi durante ese tiempo, ni una vez.
–Esa era la idea. –repentinamente Draco necesitaba moverse. Sus piernas comenzaban a entumirse y su garganta a doler. –¿Hermione, te gustaría algo de tomar?
Hermione parpadeó.
–Uhm, sí, por favor. –dijo, notando su garganta seca.
Jane comenzó a levantarse, pero Draco la detuvo.
–Necesito estirarme un poco, Jane. Yo traeré las bebidas. ¿Les gustaría algo? –ella sacudió la cabeza. –¿Steve?
–No, gracias, Draco.
Draco se movió a la cocina y sacó dos copas. Miró al fregadero por un momento, y después llenó las copas con agua y regresó a la sala. Le dio a Hermione una copa y en lugar de sentarse, decidió permanecer de pie.
–Esa era la idea. –dijo, continuando donde se quedó. –Tú no hubieras estado muy contenta de saber que yo estaba cerca de ti. Simplemente me aseguré que llegaras y salieras de tu departamento a salvo, y a todos tus destinos. Te observé desde lejos. Nunca tuve que abordar a un muggle durante mi cuidado, o a un mago o bruja, que era lo que esperaba que pasara. Muchos mortífagos le sugirieron al Señor Tenebroso el tomarte a ti o a Ron para atraer a Harry.
–Sabía que él no te atacaría mientras creyera que eras de uso, pero eventualmente, decidió ir tras Ron.
Hermione jadeó.
Draco asintió, sabiendo lo que ella estaba pensando.
–Estuve ahí cuando fue herido. Hice todo lo que pude para mantenerlo vivo. Estoy seguro de que puedes entender lo cuidadoso que tenía que ser durante esa batalla. Cuando lo vi peleando con Rabastan, le mandé una maldición a mi tío. No lo mataría, pero nadie sabría de donde fue originado.
Se detuvo y tomó un gran respiro. Hermione no tomaría bien las siguientes palabras.
–Me equivoqué y golpeé a Ron en su lugar, y el cayó al suelo.
Hermione jadeó y se llevó una mano al rostro.
Draco continuó rápidamente, esperando terminar con todo.
–Rabastan estaba a punto de matarlo cuando corrí y lo llamé. Por la forma en que se veía Ron, era difícil decir si estaba vivo o no; tenía que asumir que seguía vivo, porque no había intentado matar a Rabastan. Envíe chispas desde donde estaba Ron cuando vi que alguien de la Orden se acercaba.
–Oh, Draco. –susurró Hermione. Se había preguntado si él había estado ahí cuando Ron fue herido, pero nunca imaginó que él había sido la causa. Y saber que él había sido la causa, sin importar que no fuera intencional, fue difícil. Pero Merlín, ella lo había perdonado hace mucho y por peores cosas y nada se interpondría en su camino.
–Por la mayor parte, el Señor Tenebroso tenía planes más grandes para Potter. Él veía a Harry como una molestia pequeña, nunca como una amenaza seria, hasta que le dije de su supuesto proyecto. Por un tiempo, se preocupó por Harry, pero cuando nada pasó inmediatamente, eliminó a Harry como una amenaza inmediata. Con Dumbledore fuera del camino, no veía nada que le impidiera llevar a cabo sus planes. No se preocupaba mucho por Harry Potter, habiendo peleado con él un par de ocasiones y encontrándolo fácil de vencer.
–Cómo discutí con tus padres, tenía que convencer al Señor Tenebroso de que tú eras más valiosa viva que muerta, para prevenir mi propia muerte, y por consiguiente, la tuya. Inventé una historia de algo que había encontrado en tu habitación la noche que fui a matarlos, un archivo de tu trabajo que describía un proyecto que estaba realizando el Departamento de Misterios.
–Yo no trabajaba para el Departamento de Misterios. –lo interrumpió Hermione.
–Ya sé eso. Le dije a mi Amo que estabas involucrada con el proyecto y que eras parte primordial de él, y que este proyecto consistía en un aparato, un hechizo, o una poción, que aumentaría la fuerza de Harry, su precisión y poder, para ayudarlo en sus batallas con el Señor Tenebroso. Y que ayudaría a Harry a vencerlo.
Hermione rió.
Draco frunció el entrecejo.
–¿Qué te divierte?
Hermione lo miró intensamente.
–Si piensas en ello, tú fuiste el proyecto secreto.
Draco parpadeó y dejó que la observación lo golpeara. Entonces asintió.
–Eso es… cierto. No lo había pensado antes. Lo convencí de que a través de ti, podía aprender más detalles del proyecto y reportárselos a mi amo. Él me creyó; no puedo decirte lo asustado que estaba de mentirle, dado que esto fue al día siguiente de la muerte de sus padres.
–¿Nunca le habías mentido antes? –lo interrumpió Hermione.
–Nunca.
–¿Y… él no supo?
–Tenía algo de habilidad de Oclumancia en aquel entonces, gracias a la insistencia de Lucius. No dijo nada inmediatamente después de que terminé, pero atribuyó mi miedo ante el hecho de no haber completado mi misión que por el estar mintiéndole.
–Suena… horrible.
Draco asintió y miró a Jane. Ella y Steve estaban tranquilos, pero Draco así había esperado que estuvieran. Ellos sabían que Draco tenía muchas cosas que decir y lo estaban dejando, que contara la historia a su forma.
–Me puso a cargo de vigilarte como mi castigo por no haberte matado, lo que quedaba perfecto con lo que tus padres me habían pedido. Tenía que reportarle todas y cada una de las actividades referentes a ese proyecto.
–Durante estos dos años, le he dado información falsa información sobre ese proyecto. Después de un tiempo, cuando nada se materializó, sacó la idea de su mente. Tenías cosas más importantes en las que pensar. Sin embargo, aún le daba algún reporte cada dos meses, lleno de mentiras. De esa forma, aún podía convencer al Señor Tenebroso de que te mantuviera viva.
–Tan pronto como supe que me había creído ese primer y terrible día, arreglé las cosas para tus padres. Como dije antes, los saqué de la casa funeraria, fuimos al cementerio y después los traje aquí. Donde ya había traído lo necesario para un mes.
–Después de unas semanas, regresé y comencé a trabajar en esta casa. No creo que haya dormido en ese mes; cuidándote, construyendo esta casa, trabajando para el Señor Tenebroso, y asegurándome de que él no se enterara y me matara.
–Está muerto, sabes. –lo interrumpió Steve.
Todos lo miraron.
–Draco, hemos escuchado como te has referido a él como "El Señor Tenebroso" y tu "Amo" por dos años. Él ya no es tu amo.
Hermione miró a Draco.
–Tiene razón, sabes. Puedes decir su nombre.
Draco la miró.
–Eso… llevará algo de esfuerzo. Ya es difícil decir tu nombre.
Hermione se sonrojó y bajó la mirada hacia sus manos.
Draco miró a Steve.
–Pero gracias por recordarme eso. Tienes razón; ya no tengo nada que ver con él.
–¿Aun tienes la Marca? –preguntó Jane.
Hermione alzó la vista de nuevo, esperando.
Lentamente, Draco levantó la manga de su camisa.
–Eso no tiene sentido. –dijo Hermione. –Antes, la Marca había desaparecido. Es la razón por la que no habían podido identificar quien era un mortífago y quién no.
Draco se encogió de hombros.
–Pero él no murió la última vez. Sé muy poco sobre este hechizo en particular. Sin embargo, sigue siendo bastante visible.
–¿Te… te dolió? ¿Cuándo murió, pudiste sentirlo? –preguntó Hermione.
–Sí, y sí dolió. Sentí como si mi brazo se estuviera quemando. Pero no pensé mucho en ello en el momento porque tenía que ayudar a Harry. El dolor pasó muy rápido.
–Eso es bueno. –dijo Jane.
Hermione sacudió la cabeza.
–Yo… no… ¿Harry te creyó? ¿Fue esto lo que le dijiste a Harry ese día en su oficina? ¿Qué no habías matado a mis padres?
–Sí, la mayor parte. Al principio, cuando le dije, se rió de inmediato, como esperaba. Pero logré convencerlo para que se callara y me dejara hablar. Le dije todo lo que pasó esa noche, y lo que había estado haciendo durante ese año y medio antes de ir con él, incluyendo todo lo que había hecho por ti. Él estaba… sorprendido. Aun así, no me creía, seguía diciendo que era una trampa. Había llevado una foto conmigo ese día al Ministerio, una foto muggle que tomamos aquí en la isla. Eso fue lo que finalmente lo convenció.
Así que Harry lo había sabido, todo este tiempo, y no había dicho nada. Hermione cerró los ojos fuertemente.
–Recuerda que Harry tomó el Juramento Inquebrantable. –dijo Draco. –No podía decirte.
Hermione asintió.
–No lo hace más sencillo.
–Cúlpame. –dijo. –No te enojes con Harry.
Hermione sollozó. Era más fácil decirlo que hacerlo. Sentía tantas cosas hacia Draco en ese momento, que no estaba segura de qué era real.
–¿Qué hay… sobre el hechizo? –preguntó.
–El hechizo de Unión. –dijo Draco asintiendo. –Lo hice para protegerte, dado que no podía estar a tu lado todo el tiempo. Te uní a mí para que pudiera saber si estabas en peligro. El hechizo sintió tu miedo. Así es como Harry y yo fuimos a rescatarte cuando mi padre te atacó. –Se sentó y miró a Hermione intensamente a los ojos. –Y si no hubiera estado durmiendo, hubiera sabido mucho antes y hubiéramos prevenido que te lastimara más. Lo siento.
Hermione sacudió la cabeza, confundida.
–¿Pero cómo hiciste ese hechizo? Se supone que deben participar ambas partes.
Draco sonrió ligeramente.
–Yo… hice lo que pude. –dijo. –Hice lo que tuve que hacer para poder hacerlo.
–Pero aun así, –protestó, sacudiendo la cabeza. –Tú me necesitabas. ¿Cómo lo hiciste?
–Por favor, olvídalo. –dijo Draco, casi rogando. Aunque no tenía intenciones de mentirle a Hermione, había un par de cosas con las que aún no se sentía cómodo contarle. –Fue… bastante complicado. Sé que quieres entender, y en verdad quiero explicarlo todo, sólo… no ahora.
–¿Por qué no? ¿Estás diciéndome todo siquiera? –preguntó testaruda.
Draco suspiró.
–No intento escabullirme, en serio. Tal vez… mañana puedo darte los detalles, antes de que regrese a Inglaterra, pero sólo tengo que decirte que tuve que modificar el hechizo para que pudiera hacerlo sin tu expreso consentimiento. Requirió de la forma más básica de la magia, así como gran conocimiento teórico. Tuve suerte, con todo y ese efecto secundario.
–La energía, como tú dices. –Hermione se estremeció ante la última vez que se tocaron. El beso había sido increíble; sentía que pudo haber explotado de las sensaciones.
–Esa es mi única teoría. Retiraré el hechizo ahora si así lo deseas.
Algo dentro de ella la hizo hesitar. Temía que fuera el primer paso hacia el final, que él fuera libre de salir de su vida.
–No ahora. Dime como supiste lo de Harry y Ginny.
–Oh, claro. Eso fue bastante sencillo, comparado con todo lo demás. Una noche después de que llegaste bien a tu casa, los vi caminando hacia tu departamento. Me quedé a una distancia prudente en la que aún pudiera escuchar. Lo mencionaron; Ginny quería decirte, pero Harry no la dejó.
–¿Eso es todo? –preguntó, casi decepcionada. Una vez más parecían estar al final.
–Eso es todo. No muy emocionante.
Hermione se sentó en su asiento, incontables emociones y pensamientos corrían en su mente. Sus padres estaban vivos. Draco no los había matado. Él los había cuidado, así como a ella, y sus padres en verdad lo querían. ¿Pero por qué lo había hecho?
–Estoy… intentando comprender todo completamente. –dijo Hermione. –Tú hiciste esto; tú falsificaste la muerte de mis padres, ideaste un plan para matar a Voldemort, me cuidaste; todo tu solo. Para alejarte de tu vida porque ya no querías eso para ti. ¿Por qué lo hiciste de una manera tan complicada?
Draco se encogió de hombros.
–Simplemente pasó de esa manera, supongo. Tú sabes en lo que estaba involucrado, tú sabes las consecuencias de intentar salir. La noche en que fui a tu casa, estaba listo para que algo cambiara y estaba a punto de llegar al punto en el que nada de importaba. Tus padres me dieron un nuevo comienzo, y me dieron una razón para seguir viviendo: tú. Tu madre tenía razón, cuidarte y protegerte me sacó de los momentos más difíciles.
Hermione lo miró. Había admitido que estaba interesado en ella. Era algo, al menos, dado que nunca daba indicación alguna de sus sentimientos. Se habían besado, y ella pensaba que se preocupaba por ella, pero escucharlo decirlo… a pesar de todo lo que había escuchado que él había hecho, tuvo que pelear para mantener la sonrisa en su rostro.
–¿Cuándo comenzaste a… uh… interesarte? Por mí.
Draco se sonrojó y se tomó el resto de su agua. No podía mirar a Steve y a Jane (e incluso a Hermione) y de nuevo miró a un punto en la pared.
–Yo… supongo que, uhm, comencé a interesarme en ti (o mejor dicho a lo que te pasaba) durante el tiempo que te vigilaba. No al principio, claro, pero comencé a entenderte un poco. Comenzó a importarme el que estuvieras triste o feliz, y genuinamente me interesaba lo que pasaba en tu vida. Pero no pude soportar estar junto a ti una vez que Harry y tú se mudaron conmigo. Te comportabas como siempre, aunque no esperaba algo diferente. Lo soporté porque recordaba como eras cuando nadie te veía. Excepto yo, por supuesto.
Hermione lo miró sorprendida.
–¡Eras como… como…un acosador!
–¡No, no, no! –dijo rápidamente, sacudiendo la cabeza, agitado. –¡No, para nada! No te observaba todo el tiempo, en tu departamento, nada de eso. –dijo Draco, sonrojándose. –Solo me aseguraba de que llegaras a salvo a tu casa. Pero a veces te detenías en las tiendas o cosas parecidas en el camino. Ahí es donde aprendí sobre ti. –Estaba horrorizado ante lo que ella estaba pensando. –No, no, nada de eso. Por favor, créeme.
Hermione asintió, un poco insegura.
–Okay, está bien. –dijo débilmente.
–Hermione, –dijo Steve. –Nosotros confiamos tu seguridad en él. Yo le creo, y también lo hace tu madre.
–Es algo que siempre le ha preocupado, que cuando finalmente te enteraras, lo vieras de esa manera. –añadió su madre.
–Pero… no, Hermione. Nunca. –insistió Draco.
Hermione asintió de nuevo, más tranquila.
–¿Uhm, es todo entonces?
–Eso creo. –dijo Draco con un pesado suspiro. Sólo cuando notó que el sol se había puesto, y que la cena que Jane había preparado estaba más que fría y que sólo unas cuentas velas iluminaban la habitación. Hermione y sus padres notaron esas cosas también.
–Quitaré el hechizo ahora. –dijo. –Afuera.
Hermione asintió vacilante y lo siguió afuera. Se sentía débil, en todos los sentidos. Estaba sorprendida de que sus piernas pudieran soportarla y moverla aún más.
Afuera el cielo comenzaba a ponerse de color azul oscuro, los últimos toques de sol fuera de vista. Una brisa fría corrió e hizo volar su cabello. El aire olía como el mar de Hake's Edge y cuando cerró los ojos, casi podía imaginarse ahí. El sonido de las olas no era tan violento; pero seguía siendo tranquilizador, sólo que de diferente manera. Aunque Hermione prefería el violento y gris mar de Gales, pero este tranquilo y cálido mar era hermoso también.
Draco cambió su peso y el sonido la hizo salir de sus pensamientos y abrir los ojos. Él la miraba extrañamente, escépticamente.
–¿Qué?
Draco sacudió la cabeza.
–Nada. –tomó una pequeña piedra de su bolsillo. Apuntó su varita a la piedra y murmuró "De Adnexus". La piedra se desintegró, dejando atrás polvo y algunos cabellos. Él giró la mano para que la gravedad hiciera su efecto y vieron como el polvo cayó en la arena. Entonces Draco miró a Hermione y extendió su mano hacia ella, con la palma mirándole.
Hermione la miró, confundida, pero lentamente levantó la suya para juntarlas. Cuando se tocaron no hubo una corriente de energía, como siempre había habido, pero había algo más y ambos lo sintieron. No era tan poderoso, pero era igual de intenso, sino es que más. Hermione evitó los ojos de Draco y alejó su mano.
–Creo que tenías razón sobre el efecto secundario. –dijo, abriendo la puerta. Draco asintió. Cuando ya estuvo adentro, se giró. –¿Uhm, Draco?
–¿Sí? –preguntó, encontrando difícil el respirar.
–Voy a necesitar algo de tiempo. Para digerir todo esto.
–Lo supuse. Toma todo el tiempo que necesites. Dormiré afuera esta noche, tú puedes quedarte en la otra habitación.
–¿Qué tienes tú con las casas pequeñas? –preguntó, sonriendo un poco. –Esperaba una enorme casa con doce habitaciones y un perfecto jardín inglés.
Draco miró hacia adentro y vio a los padres de Hermione platicando entre ellos tranquilamente.
–No te puedes sentir solo en una casa pequeña.
Hermione lo miró y se preguntó mil cosas a la vez; como había sido su vida al crecer en una casa tan grande, fría y vacía; como esperaba que fuera su vida ahora; si regresaría a Hake's Edge o se mudaría a algún lugar una vez que su sentencia se terminara. Sin embargo no dijo nada, muy cansada como para poder expresar sus sentimientos correctamente. Hermione le regaló una pequeña sonrisa.
–Creo que dormiré afuera. Ya sabes que me gusta hacerlo.
–¿Estás segura? Porque en verdad no me importa.
–Sí, tú toma la habitación.
–Okay.
Hermione abrió la puerta para dejarlo entrar a la casa, pero Draco le dijo que necesitaba caminar. Sabía que ella necesitaba tiempo con sus padres y sabía que sería mejor si ella sabía que él no estuviera cerca para escucharlos.
Draco esperó un par de horas, incluso durmió un par de minutos en la hamaca, antes de entrar a la casa. Hermione y sus padres estaban hablando tranquilamente en la sala. Él asintió, dijo buenas noches, y fue a su habitación. Se sentó en el borde de la cama y su mente comenzó a regresar a su conversación con Hermione. No había sido tan mala como pudo haberlo sido; Hermione no le gritó, no lo maldijo o lloró. Pudo haber sido mucho peor. Aun así, en realidad ella no había dicho nada. Sólo había hecho preguntas y absorbido respuestas. ¿Pero qué había esperado en realidad? Le llevaría tiempo digerir todo, y él se lo daría. Y espacio.
Se recostó en la cama, mirando al techo. Miró a la cómoda donde estaba la fea y pequeña escoba de Harry, apuntó su varita y la echó a volar por la habitación. Brillaba y hacía sonidos, haciéndolo sonreír un poco. Draco observó volar a la escoba hasta que sus ojos dejaron de enfocarla.
Un gruñido en su estómago lo hizo regresar a la realidad. Notó entonces que no había cenado, y estaba decidiendo que hacer al respecto cuando alguien tocó la puerta. Se puso de pie y la abrió un poco. Hermione estaba de pie del otro lado, sosteniendo un plato.
–Pensé que tal vez tendrías hambre.
Draco sonrió y abrió la puerta por completo.
–Justo estaba pensando en comida. Gracias. –Draco tomó el plato y se sentó en la cama para comer.
Hermione miró la habitación, pensando en lo pequeña que debía de ser en comparación con lo que había crecido. Entonces notó la escoba volando.
–¿Qué es eso? –dijo, apuntando.
Draco alzó la vista.
–Es el regalo que me dio Harry en Navidad. Es algo fastidiosa a veces.
–Eso creo.
Hermione permaneció de pie mientras Draco comía. Él notó que al parecer ella no se quería ir.
–Eh… puedes entrar si quieres, ponte cómoda. Siéntate, si quieres. –Comenzó a ponerse de pie, para que ella se sentara en la cama, pero Hermione sacudió la cabeza y fue y se sentó en la ventana, aún sin hablar.
Después de un momento, Draco se aclaró la garganta.
–¿Hay algo de lo que quieras hablar?
–¿Qué? –dijo, mirándolo. –Oh, bueno, no lo sé. ¿Parece que así debería ser, no crees?
–No lo sé, ¿qué quieres decir?
–Es decir, después de todo lo que ha pasado, de todo lo que me has dicho… parece como si debiéramos tener esta gran conversación.
–Estoy dispuesto a discutir lo que quieras. ¿Hay algo en particular? –preguntó.
–Ese es justo el problema. –dijo Hermione, riendo. –No tengo idea de qué decir, o dónde comenzar.
–Creo que necesitas más tiempo. –ofreció Draco.
–¡No estoy segura! Simplemente no lo sé. Un momento pienso que necesito más tiempo, pero al siguiente siento que no puedo esperar más.
–¿Esperar para qué?
Hermione sacudió la cabeza.
–A lo que venga después. Y no tengo idea del qué será. Tú respondiste todas mis preguntas; es sólo que siento que estoy lista para avanzar, pero no estoy segura de hacia dónde voy. Y no tengo idea de que cómo llegar ahí.
–¿Cómo qué?
–No lo sé, sólo es… algo. –dijo, sintiéndose ligeramente frustrada. Se giró y miró por la ventana. El constante sonido de las olas la tranquilizaba. Miró de nuevo a Draco. –¿No lo sientes?
–Bueno, sigo esperando a que me lances un hechizo o que me grites, así que se podría decir que sí.
Hermione sonrió.
–No te voy a hechizar. O gritarte. Creo. No lo sé. ¿Hay algo que haya faltado decir?
Draco la miró incrédulo. Entendía que ella tal vez no quisiera hablar sobre… todo lo que aún continuaba sin decirse entre ellos, pero seguramente al menos debía saber. Él también tenía preguntas que necesitaban respuesta. ¿Podría ella perdonarlo? ¿Lo odiaba? ¿Lo querría en su vida? ¿Lo besaría alguna vez de nuevo? ¿Serían amigos siquiera?
Sacudió la cabeza. Ciertamente no ayudaba el pensar en besarla. Incluso aunque en el momento, ella estaba sentada junto a la ventana, bañada por la luz de la luna, con su largos rizos moviéndose con el viento, y con una tranquila expresión en su rostro –el momento perfecto para decirle de nuevo– lo mucho que lo sentía, lo mucho que significaba para él, y lo mucho que él quería significar para ella.
No sabía que decir. Le dijo eso.
Hermione suspiró.
–Supongo que no habrá una gran conversación.
–Supongo que no. –repitió, con una extraño sentimiento de decepción. Pensó que tal vez… –Si puedo, me gustaría hacerte una pregunta. –dijo después de un momento.
–Claro.
–¿Qué les dijiste a tus padres sobre mí?
Hermione frunció el ceño y ladeó la cabeza.
–¿Qué quieres decir?
–Cuando fui a tu casa esa noche, dijeron que les habías contado sobre mí. ¿Qué dijiste?
Hermione lo miró sorprendida.
–Oh. Eso. Bueno… a veces hablaba sobre el trabajo. –dijo, sin mirarlo.
–¿Y?
Hermione suspiró.
–Y… tú eras parte del trabajo. Aunque había hablado más de ti que de los otros casos, aun así no fue mucho. Una noche, después que terminó nuestro sexto año, Harry y Ron me visitaron, y comenzamos a hablar sobre la noche en la Torre, y mis padres me preguntaron que había sido de ti.
–¿Por qué? –preguntó.
Hermione se encogió de hombros.
–No estoy segura, aunque si tuviera que adivinar, diría que es porque se interesan mucho por la gente en general. Y… discutimos teorías sobre ti mientras ellos escuchaban. Qué no pensábamos que fueras completamente malo, que no habías matado a Dumbledore, que habías sido forzado.
Draco pasó saliva.
–Oh.
–Claro, tan pronto como tu nombre comenzó a aparecer en El Profeta, ligado a la rutinaria actividad de los mortífagos; asesinatos y torturas; dejamos de decir cosas buenas de ti. Pero… ellos siguieron preguntando.
Oh.
Draco apartó la mirada y se sintió enfermo. Había hecho cosas tan terribles… bajó el tenedor y miró a la nada.
–Gracias.
Hermione se puso de pie.
–Supuse que tendrías hambre.
–Estoy… contento de que al menos no me odies. Dado que te aseguraste de que fuera propiamente alimentado.
Hermione rió un poco.
–No te odio. –Se puso de pie y caminó hacia él. –Yo me llevaré el plato.
–Claro. –se lo dio, y ella dejó la habitación sin decir otra palabra.
