Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K.R.
Siento el retraso en la publicación, pero como ya mencioné en algún que otro fic el ordenador no me funcionaba correctamente, así que me resultaba muy difícil poder usarlo. Pero por suerte ayer conseguí uno nuevo, así que espero poder recuperar el ritmo que llevaba. Pero no será pronto ya que entre el uno de agosto hasta el quince de agosto estaré de vacaciones y no sé si podré conectarme a internet.
Otra cosa es que el resto de fic regulares tardarán un poco ya que estoy volviendo a leérmelos. Ahora disfrutar del capítulo.
Tanto James como Marlene se quedaron en silencio cuando Stan les presento a Karen. Sin que ninguno de los dos lo pudiese evitar, sus ojos estaban puestos sobre las piernas de la chica. Ésta percatándose de ello, rió en voz baja y las oculto debajo de las sábanas.
—Perdonad, es que a veces se me olvida lo de las piernas —se disculpó usando una voz divertida.
¿Cómo se le puede olvidar eso? pensó James incrédulo. Stan simplemente rodó los ojos, como si estuviese acostumbrado a ello.
—Perdónanos a nosotros —dijo Marlene—. Fue grosero por nuestra parte mirarte de esa manera.
Karen le resto importancia al asunto con un movimiento de su mano.
—No importa —dijo ella—. Lo más seguro es que yo hubiese hecho lo mismo estando en vuestro lugar. Pero aparte yo habría añadido preguntas como: ¿cómo ocurrió?, ¿te duele? o ¿sientes como si tuvieses aún el resto de la pierna? Por cierto, las respuestas son en un accidente de coche, ahora no mucho pero antes sí y a veces.
—Karen, ¿te apetece dar una vuelta? —preguntó Stan en ese momento acercando una silla de ruedas a la cama.
—Sí —asintió Karen sonriendo como una niña pequeña—. Estoy aburrida de estar todo el día en la habitación.
—Debe de ser algo tedioso —murmuró James.
—Ni te imaginas —aseguró Karen dejando que Stan la cogiese en brazos para llevarla a la silla—. Stan, si me llevas a caballito te dejo que después me toques las tetas.
James y Marlene abrieron sus ojos sorprendidos, pero Stan simplemente se limitó a rodarlos, mientras depositaba a la chica en la silla de ruedas.
—Suena tentador, pero no son lo suficientemente grandes —Karen entrecerró los ojos y le dio un pequeño puñetazo en la pierna, antes de reír.
—¡Adelante, mi fiel caballo! ¡Lleva a tu dueña por las extrañas tierras llamadas jardín del hospital! —exclamó Karen apuntando a la puerta con gesto dramático.
La puerta del viejo motel se abrió y por ella entró una joven pareja. La chica había pasado sus piernas por la cintura del chico y se abrazaba a ella como un koala. Por su parte el chico recorría sus manos por debajo del vestido de ella.
—Aparta un segundo —le pidió el chico en un susurro. Ésta asintió mientras se apartaba y no mucho después él había retirado las bragas de ella, tirándolas a un lado de la habitación.
—Nos van a matar en cuanto sepan que nos hemos casado por nuestra cuenta, Louis —susurró Gwen Jordan, ahora Weasley, mientras reía divertida.
—Es posible —reconoció Louis con una sonrisa traviesa en su rostro—. Por eso quiero que ambos disfrutemos todo lo que podamos juntos antes de que mis abuelas, mi madre, mis hermanas, mis tías y mis primas me maten por no haber montado una boda en condiciones.
—Eso es enteramente responsabilidad tuya —señaló Gwen, retirando su vestido y tumbándose desnuda de espaldas contra el colchón.
—Por eso digo que hay que aprovechar ahora que estamos a tiempo para eso —replicó Louis quitándose su ropa y recostándose sobre Gwen mientras besaba cada centímetro de piel que sus labios hallaba—. Dudo que después de la bronca que me caerá tenga tiempo para eso.
Emily se ajusto la blusa que llevaba mientras esperaba pacientemente sentada en una vieja silla de madera. La habitación era pequeña y habían varias manchas de humedad en ella. Una simple vela, colocada en el centro de una desgastada mesa de piedra, iluminaba la estancia, de manera que ésta estaba en su mayor parte sumida en las penumbras.
Una enorme puerta de hierro, colocada en una de las paredes, se abrió y por ella entraron dos hombres, uno de ellos esposados. Uno de ellos era un chico de cabello rubio corto que contaría con unos veinticinco años como mucho. El otro hombre, el de las esposas, tenía el cabello negro, largo hasta la altura de los hombros, y unos apagados ojos azules oscuros que se iluminaron al ver a la chica que estaba enfrente de ella.
—Emily —su voz sonó con un tono ronco. Claramente no había hablado desde hacía tiempo.
—Papá —susurró Emily aguantando las lágrimas.
—Diez minutos —dijo el auror, saliendo de la habitación.
Padre e hija se miraron sin poder decir nada. La última vez que se habían visto había sido cuando Emily tenía cinco años y de eso ya hacía doce años. Ahora Emily Rivers era una hermosa chica de diecisiete años.
—Has crecido mucho —murmuró el señor Rivers al final—. Cada vez te pareces más a tu madre...
—Mi madre —susurró Emily con un nudo en la garganta—. Papá, ¿qué ocurrió? ¿De verdad mataste a mamá?
Los hombros del hombre temblaron levemente.
—Sí —murmuró al final. Emily cerró los ojos con fuerza.
—¿Por qué? —murmuró aún con los ojos cerrados—. ¿Por qué lo hiciste? —Emily abrió los ojos de golpe—. ¡Responde!
—Fue por culpa de un hombre —respondió el señor Rivers—. Tu madre tenía un amante —Emily dejó escapar un jadeo—. Los pille un día, a los dos. Empecé a discutir con tu madre y cuando quise darme cuenta, ella ya yacía muerta. Por supuesto el amante aviso a los aurores y aquí termine —el señor Rivers sonrió con tristeza—. Supongo que esto no es lo que querías oír.
—La verdad es que no —murmuró Emily con los ojos vacíos de expresión—. Creo que será mejor que me vaya.
El mismo auror de antes entró en la habitación y empezó a llevarse al preso de vuelta a su celda.
—¡Espere un momento! —exclamó Emily—. ¿Quién fue, papá? ¿Quién fue el amante de mamá?
—Sinceramente no recuerdo su nombre —susurró el señor Rivers—. Solamente que era italiano y su apellido era Spoto.*
—Hay una cosa que me tiene intrigada. ¿Cómo os conocisteis Karen y tú? —preguntó Marlene, mientras tomaban el autobús de regreso al centro de Londres. James, interesado, dejo de mirar por la ventana y la fijo sobre Stan.
Stan se mantuvo en silencio durante unos cuantos segundos mirando el suelo del vehículo.
—No tiene mucho misterio si somos sinceros —suspiró el chico—. Una de las clases que se dan en la escuela de sanadores es el ir a un hospital muggle para aprender sus métodos de trabajo. Fue allí donde la conocí. Normalmente esa clase de pacientes suelen estar decaídos, pero ella siempre estaba sonriendo y gastando bromas sobre sus piernas... como si la cosa no fuera con ella.
—¿Y allí empezaste a enamorarte de ella? —adivinó James.
—Se podía decir que sí... pero, siendo sinceros, no sé si de verdad Karen me gusta o es otra cosa...
—¿Cómo lástima por lo suyo?
Stan asintió en silencio. Los tres no hablaron por lo que quedaba de viaje.
—Adorable. Adorable. Adorable...
—¡Anne! ¡Quita de encima!
En ese momento estaba sucediendo una extraña escena en una de la estancias de la mansión Nott. Dado que no parecían avanzar mucho con el tema de la animagia, el señor K les dijo que en vez de ir tratando de cambiar todo el cuerpo a la vez, fueran de lugar a lugar para hacerlo. Así que de ese modo todos decidieron empezar por sus orejas.
Hugo fue el primero en conseguir que sus orejas se llenasen de pelos rojizos y se convirtiesen en las de un zorro. Después de eso todos los demás fueron consiguiendo que sus orejas cambiasen de forma. Primero fue Colin, cuyas orejas se convirtieron en las de un perro marrón, después las de Lisa, cuyas orejas se llenaron de plumas blancas de cisne, Marina en las orejas de una pequeña ardilla de pelaje castaño oscuro, Theo en las pequeñas orejas de un oso gris, Selene en las plumas verdes azuladas de un colibrí, Anne en las orejas de un conejo negro y por último Lily con unas orejas de gato de pelaje rojizo.
Fue en ese momento en que Anne dio un chillido y, sin perder tiempo, se abalanzó contra Lily tirándola contra el suelo y subiéndose encima de su abdomen para tocar las orejas de gato de su novia con una enorme sonrisa en la cara.
—Adora...
—Siento pena por mi cuñada —suspiró Selene viendo como su gemela seguía poseída por las orejas gatunas.
—Pues ayúdala —señaló Marina.
—¿Y morir? Mi hermana me mataría si la aparto de su novia medio gato ahora mismo —replicó Selene.
Al final consiguieron que Anne dejase en paz a Lily y pronto todos hubieron conseguido que sus orejas volvieran a ser simplemente humanas. Cuando todos salieron del salón, Hugo se acarició su oreja derecha antes de sonreír.
Acababan de dar el primer paso para ser animagos.
*: Si alguien no recuerda este apellido ya mencionado, que revise el capítulo 18.
Hola gente.
Trigésimo quinto capítulo con todos ustedes. En esta ocasión el capítulo me ha salido bastante más corto de lo que tenía planeado, pero con el tiempo que llevaba sin actualizar no quería tardar mucho más.
Cómo veis hice que Louis y Gwen se casen en privado. Siendo sinceros no quería que la cosa fuese de esa forma, pero mientras iba escribiendo los capítulos me iba dando cuenta de que no tenía donde poner la boda, así que lo hice así.
Por fin tenemos la reunión entre Emily y su padre, algo que quería poner desde hacía tiempo. Seguramente Emily se habrá llevado un duro golpe al pensar que su padre asesinó a su esposa por culpa de un momento de furia.
Siento que la explicación de Stan sobre como se conocieron Karen y él es bastante mala, así que tengo pensado poner en el siguiente capítulo el encuentro de forma más detallada. A decir verdad llevaba tanto tiempo sin escribir esta historia que este capítulo me ha costado lo suyo hacerlo.
Y por último tenemos las clases de animagia, las cuales ya empiezan a dar sus frutos.
En el siguiente capítulo acabaremos el verano y dará paso el quinto curso de los chicos.
Espero que os haya gustado.
Se despide,
Grytherin18-Friki
