Disclaimer: Los personajes de Ruroni Kenshin no me pertenecen, son obra del maestro Nobuhiro Watsuki.
Capítulo 36
El máximo esfuerzo
Toc, toc, toc
Kaoru esperó en la puerta de la casa de Sanosuke mientras llevaba sus manos a las caderas y golpeaba impacientemente la suela de su zapato contra el suelo ¿Dónde demonios se había metido su mejor amigo? No había tenido noticias de él desde la pasada nochebuena, no contestaba a los mensajes y aquel día de año nuevo no había asistido con todos al templo.
Había tenido mucha paciencia para poder seguir el consejo que el señor Sagara le dio… entendía que la decisión que había tomado era difícil y lo conocía lo suficiente como para saber que tenía que dejarle su espacio… pero seis días sin dar señales de vida era demasiado.
Con el ceño fruncido y soltando un ligero gruñido, Kaoru decidió dejar a un lado las sutilezas.
— Tú lo has querido Sagara…— susurró antes de tomar el pomo de la puerta y abrirla.
Se internó en la casa de su mejor amigo como un remolino, pisando fuerte y apretando los puños, iba a sacarlo de allí y a darle su merecido ¿Cómo era eso de que se iba a los Estados Unidos? ¿Es que ese inútil cabeza de pollo no iba a tenerlos en cuenta? ¿Tan cobarde era que iba a salir huyendo de esa forma sin enfrentarse a Megumi?
— ¡Sanosuke!— gritó mientras se internaba en el pasillo y comenzaba a mirar en todas las estancias— ¡Sanosuke Sagara!— se dirigió al salón y abrió la puerta corredera sin ninguna delicadeza— ¿Tú crees que es normal que nos digas de repente que te vas a Estados Unidos, después desaparezcas durante seis días y no…?— la joven kendoka calló ante la imagen que tenía delante de ella.
Su mejor amigo la miraba sorprendido, estaba sentado en la mesa con kotatsu que presidía la estancia y tenía un libro abierto entre sus manos. Su pelo estaba desordenado y no llevaba su característica cinta roja, la mesa estaba llena de apuntes. Junto a su amigo, una Megumi ataviada con una de las camisetas de frutas Sagara y con su pelo recogido en un moño, estudiaba junto a él. La joven tenía la misma cara de sorpresa que Kaoru, esta enrojeció.
— Esto…— toda la fuerza con la que había entrado a la casa desapareció y miles de preguntas pasaron por su cabeza— Esto…— ¿Qué hacía Megumi allí?
— Kaoru— Sanosuke se puso en pie al ver entrar a su amiga en su salón.
— Yo… bueno… lo siento… no sabía que…— la pelinegra se llevó una mano a la cabeza, nerviosa— Será mejor que me vaya, estáis estudiando no hay duda… je je je— la joven salió del comedor completamente roja.
— ¡Espera!— Sanosuke salió tras su amiga, Megumi dejó su libro sobre la mesa y también se puso de pie— Kao-chan, siento no haberte avisado— Kaoru paró la marcha en el pasillo y se giró para mirar a su mejor amigo que también tenía las mejillas ligeramente enrojecidas— Esto…— se llevó una mano a la nuca ligeramente avergonzado.
— Kaoru— Megumi también salió al pasillo, sonrojada— Esto… bueno… resulta que me enteré de que…— expiró antes de seguir hablando, una fina sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro— El estúpido Tori-atama había decidido irse a los Estados Unidos— Megumi, a pesar de llevar una camiseta de la talla XL de frutas Sagara sobre sus jeans y tener su pelo recogido en un moño muy mal hecho, seguía poseyendo una presencia que llamaba mucho la atención— Cuando me enteré no pude evitar venir a regañarlo— la joven tomó la oreja del castaño y tiró de ella, Sano se quejó sorprendido— Le dije que ya se había matriculado para hacer el examen de admisión y que si no lo intentaba estaría demostrando a todos que no es un hombre y que está volviendo a huir como hace siempre ¿De qué le sirve aprender lecciones si luego vuelve a comportarse de la misma manera cuando algo se tuerce?
— Auch…— Sano intentó zafarse del agarre de la expresidenta— ¿De qué estás hablando Kitsune? ¡Al final fue decisión mía presentarme al examen de acceso!
— ¡Claro cabeza de chorlito! ¡Después de que viniese a decirte que espabilaras!— Megumi continuaba tomando a Sano de la oreja. Kaoru miró a la pareja con los ojos muy abiertos y acto seguido, comenzó a reír .
— Así que era eso…— la joven miró a la pareja que continuaba discutiendo con la mirada, no pudo evitar dibujar una enorme sonrisa en su rostro— Me alegro de que estéis bien— confesó a la vez que una enorme ola de alivio la inundaba al saber que Sano había recapacitado su decisión. Aquellas palabras hicieron que Megumi soltara la oreja del castaño y ambos la miraran con sorpresa.
— Bueno… supongo que era inevitable— Sano se llevó una mano a la nuca y rio nerviosamente. Megumi volvió a enrojecerse a su lado— ¿Quieres un té?
— Está bien— Kaoru amplió su sonrisa y se quitó el abrigo— Veo que os lo estáis tomando enserio… ¡Incluso el día de año nuevo!
— Juntendo no es una universidad que se distinga por su accesibilidad, y me he enterado de que el cabeza de chorlito lleva más de un mes sin tocar un libro…— Megumi volvió a dirigir sus pasos hasta el comedor mientras que Kaoru la seguía. Sano se dirigió a la cocina para preparar el té a su mejor amiga. La futura doctora recogió un poco los apuntes que se esparcían por la mesa y se sentó con las mejillas levemente sonrojadas. Le daba mucha vergüenza que la mejor amiga de Sano los hubiese descubierto de aquella forma.
— Gracias…
— ¿Qué?— Megumi miró sorprendida a Kaoru que le dedicaba una amable sonrisa.
— Gracias por querer tanto a Sano— las mejillas de la expresidenta adquirieron rápidamente un tono escarlata intenso. Kaoru no pudo evitar reír, nunca había visto a Megumi tan sonrojada— No hay duda de que has conseguido hacer que se quede ¿No?
— No me tienes que agradecer nada Kaoru— la joven se apretó las manos en su regazo— Sanosuke iba a irse por mi culpa… no podía permitirlo… había actuado de una manera muy egoísta y no me había dado cuenta…
— Sano te quiere— afirmó— y… supongo que habría sido muy infeliz si hubiese huido a los Estados Unidos.
— Lo sé… por eso no podía dejar que se fuese… no sin decirle mis sentimientos antes…
— Y… ¿Son fuertes?— Megumi alzó su mirada para posarla en los ojos de Kaoru, esta le dedicaba una dulce sonrisa.
— Más de lo que habría imaginado nunca— confesó.
— Entonces no lo dudes, Sano es un chico que merece la pena— la kendoka le guiñó un ojo— Sé de lo que te hablo, créeme.
— Lo sé— afirmó con determinación.
— Me alegro de que seas tú…— Kaoru sonrió— Ya te lo dije una vez… pero… gracias a ti Sanosuke ha podido cambiar… ha podido superar todos sus fantasmas y por fin lo veo feliz de verdad. Gracias— Megumi miró sorprendida a la joven que se sentaba enfrente de ella.
— Ya está listo— No pudo hablar, pues en ese momento Sanosuke se internó en la sala con una bandeja en la que había tres tazas de té y un plato con pastas. Kaoru sonrió a su amigo.
Pasaron una tarde amena. Kaoru pudo comprobar de primera mano cómo la idea de irse con su madre a estudiar a Estados Unidos, se le había ido totalmente de la cabeza y todo había sido gracias a Megumi. La joven pudo distinguir las miradas que su mejor amigo le regalaba a la que un día fue presidenta del Consejo Estudiantil y la que tantos dolores de cabeza le había causado durante tanto tiempo. Se sintió feliz, pues por primera vez fue testigo de las miradas que su mejor amigo le dedicaba a Megumi.
Estuvieron hablando de los exámenes de acceso y de los nervios que sentían ante el nuevo reto que se les presentaba aquel año en la universidad. Tendrían que esforzarse mucho por conseguirlo y así, poder mudarse a Tokio durante el próximo curso.
El sonido de la pelota de béisbol golpeando sobre la valla metálica de la zona del pítcher inundó la solitaria y nevada pista de béisbol del instituto Hiko.
Soujiro tomó otra de las bolas blancas con costuras rojas y miró con el ceño fruncido el lugar donde se debería de encontrar el bateador. Bajó la visera de su gorra y apretó la pelota en su mano. Se colocó en posición de lanzamiento y con un ágil movimiento la soltó. Esta volvió a dar contra la valla metálica.
Suspiró.
Hacía frío, pero el joven no lo notaba, llevaba su equipación blanca del equipo del instituto y estaba aprovechando los últimos días de las vacaciones de invierno para entrenar sus disparos. Cuando aceptó la beca deportiva, su nuevo equipo quería que hiciese un corto viaje a Sapporo para firmar el contrato y hacer una revisión médica de cara a su incorporación en marzo. Y quería estar al cien por cien.
Tomó otra pelota y la lanzó, esta se desvió un poco de su objetivo. Gruñó entre dientes. La imagen de Misao volvió a inundarlo, haciendo crecer su desconcentración. Dejó caer sus brazos a ambos costados y miró el cielo cubierto de nubes, el vaho salía de su boca y el silencio, roto por el cantar de los pájaros de invierno, inundaba aquellas pistas deportivas en las que tantas cosas había vivido.
Sonrió.
Con paso lento, se acercó hacia el banquillo y tomó una botella de agua de su bolsa, bebió saciando su sed y volvió a dirigir sus ojos al campo de juego. Lo iba echar mucho de menos…
Sin prisa, recogió el material y lo guardó en su sitio. Se cambió la equipación en el vestuario masculino y se dio una ducha de agua caliente. Sintiendo de nuevo sus articulaciones, se puso su uniforme escolar, su abrigo y colgó la bolsa deportiva a su espalda.
Salió de nuevo a las pistas deportivas y un nudo lleno de nostalgia le aprisionó el pecho. Dirigió sus ojos hacia el edificio del instituto y no pudo evitar que una sonrisa triste le surcara el rostro.
Como si se tratase de una fuerza invisible, el joven pitcher llevó sus pasos hacia las puertas del centro y se paseó por los desiertos pasillos del sitio que había considerado su hogar durante tres años. Caminó en silencio fijándose en cada detalle y recordando todos los momentos que había vivido allí…
Recordó su vida antes de Hiko, recordó a su tío y su infancia… y no se reconoció. Antes no sabía lo que era la felicidad, no sabía lo que era tener amigos, trabajar duro por alcanzar una meta, reír por algo absurdo y… enamorarse de una persona. Todo aquello lo había aprendido allí, en Hiko. Y… demonios, cómo iba a echarlo de menos.
A partir de marzo todo volvería a cambiar de nuevo.
Sus pasos lo llevaron hasta el último piso del edificio. Abrió la pesada puerta metálica de la azotea y el viento helado le dio de lleno en el rostro. Sintió sus fosas nasales arder al respirar el aire tan frío, pero a la vez, sus pulmones se abrieron recordándole que estaba vivo.
Caminó hacia la baranda que lo separaba de las vistas de la ciudad nevada y cuando llegó fijó sus ojos en aquel precioso paisaje invernal. Se permitió disfrutar de aquel momento y cerró los ojos escuchando el viento.
— ¡Así que estás aquí!— Soujiro se giró sorprendido al escuchar aquella voz proveniente de la puerta que conectaba con las escaleras.
— Sano…
— No sabes lo que me ha costado encontrarte…— el castaño caminó hacia él con las manos en los bolsillos de su pantalón. Llegó hasta su lado y se apoyó en la baranda que le regalaba las vistas de la ciudad nevada. Sano sonrió mientras el vaho salía por su boca— ¿Qué haces aquí arriba solo?
— Tú… ¿No ibas a tomar un avión a los Estados Unidos?— Soujiro miró al castaño con el ceño fruncido.
— ¿Yo?— el joven de la cinta roja lo miró con el ceño fruncido, seguidamente comenzó a reír— ¡Es verdad! Hace tiempo que no me comunico con nadie…— explicó— Al final, he decidido presentarme al examen de ingreso de Juntendo— aquellas palabras sorprendieron a Sou.
— ¿Qué?— preguntó anonadado— ¿Te quedas al final?
— Megumi— respondió— Nos hemos perdonado— confesó mientras sentía como sus mejillas adquirían un tono rojizo— Quiero ir a la misma universidad que ella y quiero convertirme en profesor… para poder merecer estar a su lado— Soujiro lo miró con sorpresa.
— Vaya… ¿Cuándo ha ocurrido eso?— se interesó.
— En nochebuena vino a buscarme— los ojos castaños de Sano se posaron en los del excapitán con una sonrisa— Gracias…
— ¿Qué?
— Megumi me contó que fuiste tú el que le dijo que me iba a los Estados Unidos… y aquello la hizo reaccionar… ya sabes que es una Kitsune con la cabeza muy dura…
— Bueno yo…
— Gracias a ti ella vino a verme— Sano amplió su sonrisa y volvió a dirigir su mirada al paisaje. Soujiro lo miró recordando la pasada nochebuena, cuando se encontró con Megumi sobre el puente que cruzaba la calle principal.
— Vaya… me alegro…— respondió, Sano puso más atención en su amigo.
— La Kitsune tenía que venir a buscar algo sobre el examen en la biblioteca y he decidido acompañarla para despejarme un rato de tanto estudio. Creo que me va a explotar la cabeza— dijo— Y… ¿Qué haces solo aquí arriba?— preguntó al fin— Te he estado buscado por las pistas deportivas, por los vestuarios y por el gimnasio— Soujiro se apoyó en la baranda y miró el horizonte. Sintió el aire frío del invierno dándole en la cara.
— Estaba intentando despejarme un poco— confesó.
— Este tiempo te viene bien para entrenar ¿No?
— ¿Por qué lo dices?
— En Sapporo hace mucho frío— Sano dibujó una sonrisa en su rostro— Megumi me lo ha contado, enhorabuena Sou— le dedicó una enorme sonrisa. Soujiro se la devolvió triste.
— Si… los Hokkaido Nippon Ham Fighters— susurró.
— ¡El mejor equipo de la liga del pacífico! ¿Cómo era eso que lo tenías tan callado?— preguntó.
— No quería decirlo hasta que no me lo confirmaran oficialmente… y también quería que Misao fuera la primera en enterarse…— confesó mientras suspiraba. Un aura triste envolvió al joven. Sano frunció el ceño.
— Y… ¿Se lo has dicho?— preguntó.
— Si…— respondió mientras inspiraba el aire frío— Oficialmente… me he rendido— Soujiro apoyó sus brazos en la barandilla y dirigió su mirada al horizonte— No he podido alcanzarla…— Sintió como Sanosuke se apoyaba de nuevo en la baranda justo a su lado— Lo mejor que puedo hacer por ella es apoyarla y apartarme… dejarla que sea feliz con Shinomori… He decidido que, si ella sonríe… con eso me basta— el joven suspiró.
— No puedo creerlo…— Sanosuke cerró sus ojos— Te dije que te iba a apoyar enano…
— Lo sé y lo agradezco… pero no puedo seguir haciendo sufrir a Misao de esta manera… ahora lo entiendo— dijo— Y la mayor demostración de amor que puedo hacer por ella es… dejarla ir— la brisa invernal removió el cabello castaño de Soujiro.
— Eres impresionante…— Sano tenía una sonrisa dibujada en su rostro mientras miraba las montañas cubiertas de nieve— Sencillamente impresionante…
— ¿Por qué?
— Por el gesto…— suspiró.
— No tengo nada de impresionante Sano…— Sou apretó sus manos— No dejé de insistirle… y en nochebuena la besé porque sabía que me iba a corresponder… sabía que Misao sentía algo por mí, no tan fuerte como lo de Shinomori, pero… Sabía que si me confesaba de nuevo y la besaba… sus defensas caerían. Al final fui yo el que le robó su primer beso… y eso fue injusto para ella— Sou sintió un nudo en su garganta— Por mi egoísmo la he estado haciendo sufrir… en vez de hacerme a un lado y apoyarla con Shinomori… yo…
— ¡Ya basta!— Sano se giró y lo miró con el ceño fruncido— ¿Qué demonios estás diciendo imbécil?
— ¿Qué?
— ¿Es que no eres humano?— Sano lo miró serio— Estás enamorado de ella y te has esforzado porque te correspondiera, no has hecho nada malo… simplemente Shinomori te ha ganado… ¿De verdad te arrepientes de haberte esforzado tanto?— Soujiro lo miró sin saber que decir— ¿No dices siempre que debemos de dar todo de nosotros en los partidos? ¿Qué a pesar del resultado lo importante es que nos hemos esforzado al máximo?
— Yo…
— ¡Pues aplícate el cuento Sou!— Sano lo miró serio— Lo que pasa es que no estás acostumbrado a perder, capitán…— El castaño dibujó una sonrisa en su rostro— Pero no te preocupes… la liga no se gana con solo un partido… aún te quedan muchos por jugar— Soujiro no pudo evitar reír.
— Eres increíble Sano…— el joven volvió a poner la mirada en el horizonte— Pero creo que el torneo Makimachi lo he perdido… definitivamente.
— Bueno… te has esforzado— dijo— Y Misao ha podido verlo… ahora… bueno, si tu decisión es apoyarla… hazlo.
— No me queda otra— una sonrisa triste se dibujó en su rostro.
— Pero nunca te arrepientas de haberlo intentado, Misao no te odia— aquellas palabras llamaron a atención del joven ex capitán— Y nunca te odiará.
— Lo sé…
— En realidad te la mereces…— el tono de Sanosuke era serio— Pero la vida es extraña a veces…
— Soy feliz mientras ella sea feliz… No pido más.
— Estoy contigo amigo— Sano le apoyó una mano en el hombro y le apretó— Sigue esforzándote como hasta ahora ¿Vale? Vas a ser un gran jugador de béisbol— Soujiro no pudo evitar reír a carcajadas.
— Y tú un buen profesor… Quién lo diría ¿eh?— Ambos se miraron con sonrisas— Gracias Sano, eres un gran amigo.
— No hay de qué.
Soujiro apretó la mandíbula y con un rápido movimiento abrazó a su amigo. Sanosuke abrió los ojos sorprendido, pero fue un segundo, pues acto seguido le correspondió al abrazo y le dio fuertes golpes en la espalda a modo de ánimo.
— ¡Quiero poder presumir en la universidad de que jugué en el mismo equipo de béisbol que Soujiro Seta!
— No te preocupes— Sou se separó de él mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos— ¡Lo harás!
— Sí— Sano alzó su puño. Soujiro, con una amplia sonrisa cerró su puño y lo chocó con el del castaño.
— ¡Sí!
Misao observó como el paisaje pasaba a toda velocidad por la ventanilla del tren, sentía como los nervios le aprisionaban su estómago haciendo que respirar se convirtiera en una tarea bastante complicada. Apretó entre sus manos la mochila azul que contenía varios apuntes de última hora y se mordió el labio sin despegar sus ojos verdes del paisaje que pasaba rápido por la ventana.
— Vamos Misao no te pongas nerviosa, va a ser peor— Kaoru estaba sentada justo enfrente de ella, acompañada de un Kenshin que también apretaba nervioso el libro de exámenes de la Kokushikan.
Era 22 de enero. Día del examen de acceso a la universidad en la Metropolitana de Tokio y en la Kokushikan. Misao, Kaoru y Kenshin habían decidido viajar juntos a Tokio aquella mañana temprano para poder darse apoyo moral de cara a aquella prueba que decidiría su futuro próximo.
— En esos momentos… odio con todo mi ser al cabeza de pollo— dijo la ojiverde con los dientes apretados.
El examen de Sanosuke y de Megumi fue el primero de todos. Ambos habían asistido la semana anterior a examinarse a Tokio y ya no tenían más que estudiar. Tan solo les quedaba asistir a clase y disfrutar de su último mes como estudiantes de preparatoria.
— Vamos Misao… no es culpa de ellos que su examen fuese antes que el nuestro— Kenshin habló con una amable sonrisa en el rostro— De todas formas, Juntendo es famosa por su duro examen… casi que prefiero tener más tiempo de estudio— Kaoru rio.
— No me puedo creer que Sano se haya presentado al examen de acceso a Juntendo— dijo aún incrédula.
— Sin duda Megumi le ha influenciado bastante— respondió el pelirrojo.
— Ahora solo queda que apruebe— respondió Misao.
Recordaron la noche que Sanosuke llegó de Tokio el día de su examen. Estaba acompañado por Megumi y ambos llevaban unos rostros de cansancio impresionantes. Misao había decidido invitarlos a cenar en el Akabeko para compensar su esfuerzo.
— A Megumi le salió bien— comentó Kaoru pensativa— con todo lo que ha estudiado es imposible que suspenda.
— Pero Sano…— Misao dibujó una mueca en su rostro.
— Yo confío en Sagara— Kenshin dibujo una enorme sonrisa en la cara— Lo he visto aparecer entre los cincuenta mejores del instituto estudiando un mes y asistiendo a la clase F, también ha conseguido subir su media en un solo semestre y… bueno quizás no sea de los mejores en el examen de acceso, pero creo que tiene serias oportunidades de acceder a la carrera de ciencias del deporte.
— ¡Si Sano ha podido, nosotras también!— Kaoru apretó los puños con decisión.
— Seguro— dijo Kenshin con una sonrisa.
— Próxima estación Shibuya, Tokio. Próxima estación Shibuya, Tokio— los altavoces del tren hicieron que Misao diese un respingo y que su estómago se removiese violentamente de nuevo.
— Tenemos que bajar aquí— anunció Kenshin con una sonrisa— Misao tú tomas un tren directo a la Metropolitana ¿No?— preguntó mientras se ponían en pie y observaba como el tren perdía velocidad y se adentraba en la estación.
— S… sí— respondió sintiendo como sus articulaciones se volvían rígidas.
Cuando bajaron del tren, la bulliciosa estación de Shibuya les dio la bienvenida a la capital. No era, ni mucho menos, la primera vez que iban a Tokio, pero les impresionó el trasiego de tanta gente que iba de un andén a otro durante la hora punta de la mañana.
El grupo de amigos se separó, Misao debía de coger un tren que conectaba directamente con su universidad y Kaoru y Kenshin debían de tomar otro que los llevaría al noreste de la ciudad, donde se encontraba el campus de la Kokushikan y donde realizarían su examen.
En aquel momento la joven se arrepintió enormemente de haber elegido una universidad a la que ninguno de sus amigos optaría por entrar. Colocándose bien la gruesa bufanda y apretando las asas de su mochila, puso rumbo hacia el andén donde tenía que hacer el trasbordo.
Se fijó en toda la gente que había a su alrededor, hombres y mujeres elegantemente ataviados para acudir a sus trabajaos, jóvenes vestidos con sus uniformes escolares cubiertos por gruesos abrigos, aspirantes a universitarios como ella que se encontraban nerviosos a la espera de tomar el tren y estudiantes universitarios que portaban carpetas llenas de apuntes y miraban sus móviles con aire relajado.
Pensó que, si todo salía bien, aquella sería su vida a partir de marzo. Tragó saliva al sentir vértigo por el enorme cambio.
El estruendo el tren inundó el andén y se adentró en el vagón seguida por la marea de gente que se encontraba junto a ella. Se vio rodeada de muchas personas y con un minúsculo espacio para agarrarse, a duras penas, en una de las barandillas de aluminio.
El viaje no duró mucho, los altavoces anunciaron la parada donde se encontraba el campus y salió del tren seguida de todos los estudiantes y aspirantes como ella. Con paso ligero salió de la estación siguiendo todas las indicaciones de los carteles y cuando salió a la calle, se sorprendió al ver justo enfrente de ella el impresionante edificio principal de la Universidad Metropolitana de Tokio, rodeado por enormes jardines. Se quedó paralizada mientras sentía como la gente la adelantaba y se introducía en el amplio recinto de la universidad.
Cuando se sintió lista, dio un paso al frente y siguió a la gente que, como ella, iba ataviada con el uniforme escolar de preparatoria. Se fijó que varios carteles les indicaban la zona donde se realizaría el examen.
Sacó de su mochila su convocatoria y su número de seguimiento. Siguió todas las indicaciones y llegó a una de las enormes clases del aulario con forma de anfiteatro. Nerviosa, accedió a ella y se sentó en el sitio que tenía asignado el número 2045.
Miró al frente y a su alrededor, agradeció no ser la única que estaba de los nervios, pues la mayoría de los presentes en el aula tenían rostros de circunstancia, se mordían las uñas o se movían nerviosos en sus sitios.
La ojiverde cerró los ojos e intentó tranquilizarse, recordando todas y cada una de las cosas que había estudiado con tanto es fuerzo. No pudo evitar recordar a Aoshi y como este se había esforzado por ayudarla a prepararse el examen. Sonrió, si su profesor había sido el mejor alumno del centro, iba a ser muy difícil que fallara en el examen ¿No?
Abrió los ojos y miró como la examinadora les daba los buenos días y sacaba los exámenes de un enorme sobre. No tenía nada de lo que preocuparse, no sabía que nota iba a sacar, ni cómo le iba a salir aquella prueba, pero lo que sí que podía decir era que… había dado su mayor esfuerzo.
La ojiverde sintió como el aire frío del invierno le daba de lleno en el rostro, trayéndola de nuevo a la realidad y saliendo del ligero estupor que le había causado estar concentrada en el examen durante más de tres horas. Abrió los ojos sintiendo un poco de dolor en sus sienes, pero estaba satisfecha. Sonrió.
Camino hacia la salida del campus mientras tomaba su teléfono de la mochila para escribirle a su mejor amiga sobre su examen, si ella y Kenshin también habían terminado, podrían aprovechar lo que restaba de día para hacer un poco de turismo por la capital.
Caminó con la cabeza gacha sin quitar su mirada de la pantalla de su teléfono, tuvo que parar la marcha porque casi se chocaba con un grupo de universitarios que caminaban por la zona de los jardines.
— Lo siento— dijo la joven y volvió a emprender la marcha guardando su teléfono de nuevo en la mochila. Se sintió muy pequeña al verse rodeada de alumnos tan mayores.
Emprendió de nuevo la marcha hacia la salida para esperar en la estación la respuesta de su amiga cuando algo llamó su atención. En la pared, junto a la puerta principal, se encontraba apoyado un joven ataviado con un elegante abrigo negro y con las manos dentro de los bolsillos de este. Su mirada azul, estaba clavada en ella. Misao sintió como su corazón se aprisionaba en su pecho.
Aoshi se separó de la pared lentamente y se acercó hasta la joven de los ojos verdes hasta colocarse a su lado sin dejar de mirarla.
— ¿Qué haces aquí?— preguntó Misao al verlo.
— Tenía que venir a Tokio a traer unos papeles para el examen de acceso— Explicó con su tono serio— Me pareció apropiado venir a buscarte— dijo mientras una fina sonrisa le surcaba e rostro.
— Yo…— Misao sintió como un incontrolable calor nacía de su pecho y se expandía por todo su cuerpo. No esperaba encontrarlo allí. Era verdad que, desde la nochebuena en el pasillo del instituto, Aoshi había cambiado la manera de relacionarse con ella, hasta tal punto que conseguía sorprenderla en muchas ocasiones, incluida aquella.
— ¿Qué tal ha ido el examen?— preguntó sin sacar sus manos de los bolsillos.
— Creo que bien— respondió mientras se llevaba una mano a la nuca— Por lo menos he conseguido identificar y entender las preguntas y eso es muy positivo.
— Me alegro…— respondió el joven de ojos azules mientras le tomaba la mochila y se la echaba a su hombro.
— No es necesario— dijo la joven mientras intentaba recuperarla.
— Vamos— Aoshi comenzó a caminar— Podemos ir a un sitio en el que no haga tanto frío y de paso puedes contarme lo que te han preguntado— Misao o siguió, Aoshi se caracterizaba por caminar bastante rápido gracias a sus largas piernas.
— ¡Espera Aoshi!— el joven paró la marcha y se giró para mirar a Misao, esta, con una sonrisa en su rostro se dirigió hacia él casi corriendo. No reaccionó cuando sintió como la joven Makimachi lo abrazaba en medio de la entrada de la universidad— Gracias…— susurró la joven con la mejilla apoyada en su pecho y rodeándolo con sus brazos fuertemente— Gracias por venir…— Aoshi alzó una ceja y miró a su alrededor sonrojado, varias personas los estaban mirando. Suspiró.
— No hay de qué… Makimachi— lentamente respondió al abrazo, aunque duró poco, pues la separó de él y tomándola de la mano, aún con las mejillas teñidas de rojo, salieron del campus rumbo a cualquier lugar donde pudiesen hablar tranquilamente sobre el examen de la joven.
El último mes de clase antes de las vacaciones de primavera pasaba muy rápido para los alumnos de 3º. La asistencia dejaba de ser obligatoria y las clases se convertían en futuras orientaciones para los jóvenes que iban a enfrentarse de lleno con la vida real. Todo el mundo había realizado ya sus respectivos exámenes de acceso y tan solo faltaba conocer algunas notas.
Los primeros en enterarse de su nota fueron Kaoru y Kenshin, ambos habían conseguido una plaza y la euforia de poder estudiar en la misma universidad juntos se unió al ambiente de felicidad que siempre les rodeaba. Misao también había sido informada hacía poco tiempo de su examen apto, causando que la joven de la trenza se volviera loca de alegría y celebrándolo en el Akabeko por todo lo alto.
Megumi caminaba aquella mañana de febrero por los pasillos del instituto con una enorme sonrisa en su rostro y con un trozo de papel en su mano. Miró por la ventana y vio que la nieve que había estado cayendo durante el mes de enero abandonaba las calles, siendo sustituida por el frío y húmedo viento proveniente del mar. Se fijó en como cinco estudiantes ataviados con sus uniformes hablaban animadamente sentados en un banco de hormigón que había junto a las fuentes de las pistas deportivas.
Amplió su sonrisa.
Con paso lento, se dirigió hacia las escaleras y bajó hasta llegar a la planta baja del centro. Sin dejar de cruzar sus brazos a la espalda y con su sonrisa en los labios caminó hacia a fuera.
Paseó por los jardines del centro y llegó hasta las pistas deportivas donde distinguió una cabeza de pelo castaño y revuelto, rodeado de sus amigos de la clase F y de Han'nya. Era un día soleado, por lo que las temperaturas eran bastante más agradables de lo que estaban acostumbrados en días anteriores.
— ¡Es impresionante Han'nya!— decía Beshimi con una enorme sonrisa en su rostro.
— ¡Has aprobado el acceso a la universidad de Tokio!— continuó Shikijou.
— ¡Por eso le gustabas tanto a Raijuta! Con tu inteligencia habrías llegado lejos en los Yakuzas— Beshimi lo miraba emocionado.
— Menos mal que eso quedó atrás ¿No?— Han'nya, que aquella mañana no llevaba su característica máscara se sentó en el banco de hormigón— Aoshi Shinomori también lo ha conseguido, está entre las diez mejores notas de acceso.
— Cuéntame algo que me sorprenda— Sanosuke tomó un tallo de una planta que crecía en el suelo y se lo llevó a la boca— Sou ha viajado esta mañana a Sapporo a hacer el reconocimiento médico— anunció— seguramente lo presenten como jugador del equipo esta misma semana— Beshimi sacó su teléfono móvil del bolsillo de su pantalón— Volverá en unos días para terminar el instituto y hacer la mudanza.
— Estaré atento a las noticias deportivas— dijo mientras tocaba la pantalla.
— ¡Tenemos un amigo que va a ser famoso!— comentó Hyoutoko con una sonrisa bobalicona en el rostro.
— ¿Y tú jefe?— Sano miró a Shikijou— Fuiste el primero en hacer el examen ¿Aún no sabes tú nota?— preguntó. Sano lo miró con una ceja alzada.
— Aún no…— dijo— Y no sé por qué, pero la Kitsune dice que cada universidad lleva su ritmo, en Juntendo hacen un examen especial y necesita mayor tiempo de corrección.
— Vaya…
Megumi amplió su sonrisa mientras los observaba desde la lejanía, decidió salir de su escondite y caminar hacia donde se encontraban Sano y sus amigos.
— Buenos días— saludó cuando se encontró junto a ellos.
— ¡Buenos días Kaichou!— gritó Hyoutoko cuando la vio aparecer, Megumi le dedicó una sonrisa.
— Han'nya, enhorabuena por tu acceso— dijo a su compañero de clase— Es impresionante, la universidad de Tokio es sin duda la más prestigiosa del país— Han'nya sonrió.
— Todo ha sido gracias a Shinomori— confesó— fue él que me instó a que me presentara con él… la verdad es que no ha sido tan difícil.
— Megumi-chan ¿Es verdad que aún no se sabe nada de vuestras notas?— la expresidenta dibujó una siniestra y fina sonrisa en sus labios.
— ¿Eso os ha dicho el Tori-atama?— preguntó. Sano se dio la vuelta para mirar a su novia.
— ¿Y ese tono Kitsune?— Megumi se cruzó de brazos mientras le entregaba el papelito que llevaba en la mano al castaño. Sano lo tomó y lo miró frunciendo el ceño.
— 0345— leyó— ¿Por qué me das tu número de seguimiento?
— Ya han salido las notas— informó.
— ¿Qué?— Sano dio un brinco del banco.
— Ya veo el interés que tienes por conocerla, seguro que ni siquiera te has metido esta mañana en la web de la universidad— la pelinegra lo miró con el ceño fruncido— Eres un desastre.
— ¿Eso significa que ya están?— preguntó.
— Sí— respondió la joven.
— ¿Y?
— ¿Cómo que "y"?
— ¿Megumi-chan has aprobado?— la pareja dejó de discutir y miró a Beshimi que estaba expectante por conocer la nota de la joven. Megumi suspiró.
— ¡Por supuesto que he aprobado!
— ¿De verdad?— Shikijou dibujó una enorme sonrisa en su rostro.
— ¡Toma!— dijeron los demás al unísono mientras tomaban en brazos a la expresidenta.
— ¿Qué? ¡Esperad, esterad!— dijo al ver como sus pies se separaban del suelo— ¡Bajadme!
— ¡Enhorabuena!
— Vas a ser médico
— ¡Aún me queda la entrevista personal!— informó mientras se bajaba de los brazos de Hyoutoko y se colocaba bien el uniforme con las mejillas levemente sonrojadas— Para acceder a la facultad de medicina no basta solo con la nota.
— Pero con lo buena que eres, seguro que no tienes problema en la entrevista personal— Opinó Han'nya con una sonrisa en su rostro lleno de cicatrices.
— ¿Y?— preguntó Sanosuke. Megumi alzó una ceja.
— ¿"Y"? ¿Qué?— preguntó.
— ¿Que en qué puesto estás?— la joven se sonrojó ante la pregunta, Sano la miraba serio, sabía lo importante que era para sus padres haber obtenido una buena nota.
— La décimo séptima— dijo casi en un susurro y sonrojada. La expresión de Sano cambió a una de alegría progresivamente.
— ¿La décimo séptima?— preguntó— ¿La décimo séptima mejor nota?— con un rápido movimiento se acercó hasta ella y la tomó en brazos sorprendiéndola.
— ¡Tori-atama bájame ahora…!— no pudo seguir hablando, pues sintió como Sano atrapaba sus labios y la besaba. Megumi abrió los ojos con sorpresa al ver que sus amigos se encontraban delante.
Se separó con vergüenza.
— Si… es muy buena nota— dijo.
— Estás contenta ¿No?— preguntó el castaño eufórico.
— ¡Claro que estoy contenta! Pero no he venido solo por eso— dijo, Sano alzó una ceja. Megumi le mantuvo la mirada unos segundos y suspiró.
— ¿Tú no quieres saber tu nota?— preguntó finalmente. Sano reaccionó.
— ¡Claro jefe!— dijo Shikijou— ¡Tú nota!
— ¡Es verdad!— el joven se llevó una mano a la cabeza y dirigió la otra al bolsillo trasero del pantalón gris. Sacó la cartera y abriéndola extrajo un papelito blanco exactamente igual que el de Megumi, a excepción de que en este aparecía el número 3004— ¿Dónde se mira?
— En la página web— dijo la joven. Sano se giró a sus amigos.
— ¿Alguno…?
— Es mejor conseguir un ordenador— Megumi se cruzó de brazos— ¿Vamos al Consejo?— Sano sonrió.
— ¡Vamos!
En aquel momento, Sanosuke Sagara, seguido de Megumi y de la que era conocida como su pandilla se dirigieron corriendo hacia el interior del edificio. Corrieron por los pasillos y subieron el primer piso sin guardar ningún orden.
— ¡Está prohibido correr por los pasillos!— gritó el profesor Saito cuando vio a aquel grupo de alumnos de 3º correr, pero enmudeció cuando reconoció a Megumi Takani entre ellos. Sano no pudo evitar reír cuando pasó corriendo junto a Saito. Total… le quedaba menos de un mes de estar allí.
— ¡Con permiso!— gritó el castaño cuando abrió sin ninguna delicadeza la puerta del Consejo Estudiantil, sorprendiendo a los miembros que se encontraban trabajando dentro.
— ¡Qué susto me ha dado Sagara-senpai!— dijo Tomoe Yukishiro que se encontraba trabajando con uno de los ordenadores con una mano en el pecho.
— Necesito mirar una cosa Tomoe— dijo Sano mientras se lo quitaba y lo colocaba en otra mesa.
— ¿Qué?— preguntó la joven sorprendida.
— ¿Qué ocurre?— preguntó Sayo al identificar a Megumi entre las personas que habían entrado en estampida en la sala.
— El cabeza de pollo necesita saber si lo han admitido en la universidad o no— informó con media sonrisa en su rostro y con los brazos cruzados. Sayo se colocó a su lado mientras lo miraba trastear en el ordenador.
— ¿Ya han salido las de Juntendo?— preguntó.
— Sí
— ¿Y usted senpai?— preguntó emocionada.
— Aprobé— respondió sin quitar sus ojos marrones de Sano.
— ¡Enhorabuena!— la felicitó Shozo con una enorme sonrisa.
— ¿Dónde demonios se mira esto?— Gruñó un enfadado Sanosuke que parecía no ponerse de acuerdo con la página web de la universidad. Megumi suspiró.
— Aparta— dijo mientras tomaba el ordenador y buscaba los resultados de los exámenes de acceso.
Un montón de cabezas se asomaron a la pantalla mientras que la expresidenta abría un documento con el logotipo de la universidad.
— Dame tú número de seguimiento— dijo, Sano se lo tendió.
Comenzó a pasar las páginas donde aparecían todos los aptos en las pruebas hasta que llegó al 2956.
2975
2979
2984
2987
2993
3001
— ¿Está el número del jefe?— preguntó Beshimi sin quitar sus ojos de la pantalla.
— Hay más páginas, esperad— Megumi bajó la pantalla y una nueva página apareció. Sanosuke abrió los ojos con sorpresa.
3004
— ¡Has aprobado!— gritó Shozo a su lado al comprobar que, ciertamente, el número de seguimiento de Sano aparecía en la lista de los aptos— ¡Has aprobado senpai!
— ¡Enhorabuena!— le dijo Sayo con una enorme sonrisa en su rostro. Megumi seguía sentada frente al ordenador, sin dejar de mirar el número de Sanosuke, una sonrisa fue creciendo en su rostro de manera progresiva.
— ¿He aprobado?— un ingenuo Sanosuke miraba la pantalla con incredulidad— ¿He aprobado?
— ¿No ves que sí?— Megumi se giró, la panda de Sano había comenzado a gritar de alegría alrededor del castaño— Creo que al final Juntendo no es una universidad tan prestigiosa si acceden a ella pandilleros de tres al cuarto— comentó irónica sin borrar la media sonrisa de su rostro.
— Pues Kitsune… creo que tendrás que aguantarme unos años más— Sano sintió como la euforia le recorría el cuerpo, veía a sus amigos contentos a su alrededor y no pudo evitar sentir el calor de su pecho.
— ¡Impresionante!
— ¡Es increíble Sagara-senpai!
En ese momento y sin previo aviso, la expresidenta se levantó de la silla y sin importarle quien estuviese alrededor de ellos se colgó en su cuello y lo besó en los labios sintiendo como la alegría la recorría de arriba abajo, Sano la abrazó por la cintura y le respondió al beso sin dejar de sonreír, haciendo que los presentes se sonrojaran ligeramente ante la escena. Pero no le importó.
Lo habían conseguido.
N.A.
¡Hola a todos!
Una semana más vengo con un nuevo capítulo. Ya quedan muy pocos cabos por atar, el final se acerca.
Muchas gracias por todo, por vuestros comentarios, por leer y por vuestra fidelidad.
¡Hasta la semana que viene!
¡Nos leemos pronto!
hp-931
Próximo capítulo
Capítulo 37. Graduación
