Capitulo 37 - Baño
Bella POV
Al final no nos alejamos tanto. En vez de adentrarnos en el bosque nos escondimos detrás de una roca. Estaba segura de que nos habíamos alejado por mi, porque a Alice o a Rosalie les daría igual cambiarse delante de sus esposos. En cuanto a mi, si viera a Edward cambiarse delante de mi…seguramente me daría la vuelta, dándole intimidad y escondiendo mi vergüenza.
Alice me había dado un bañador, de color negro y azul, con una espalda muy descubierta. Suerte que estaba depilada, aunque imaginaba que si no lo hubiera estado Alice hubiera hecho algo al respecto.
Las chicas ya estaban preparadas y me esperaban. Rosalie llevaba un bañador blanco que dejaba la mayor parte de su abdomen al descubierto, ya que la parte de arriba con la de abajo comunicaban con unas tiran alrededor de su abdomen. Sorprendente y preciosa, así era Rosalie. Alice me esperaba con un bañador, uno de esos que se cortan encima del pecho, de palabra de honor y con la espalda tan destapada que creía que cuando se agachara se le vería alguna nalga. El bañador era de un tono rosa suave. Dulce, muy dulce, así era Alice.
Y luego estaba yo, con mi escote en forma de corazón, pero sin nada que valiese tanto la pena, por lo menos, no igual que ellas.
Nos dirigimos de nuevo a donde nos encontrábamos antes. Los chicos ya estaban listos.
Por el camino estuve pensando en que Edward estaría en bañador, pero una cosa era pensarlo y otra cosa demasiado diferente era verlo con mis ojos.
Podía verle tan nervioso como yo, pero sin ese color rojo que seguramente coloraría mi piel. Su pecho, sus brazos, sus piernas, estaban al aire libre, dejando ver su figura musculosa, aunque no tanto como el gran Emmet, porque cuando lo vi de refilón casi di un saltito, era imposible que tuviera más musculo del que aparentaba, pero esa era la verdad.
Edward se acercó a mi, ya que yo me había quedado parada. Estaba sonriente, pero aun algo nervioso, y cuando se acercó y me tocó la mejilla, una corriente eléctrica me recorrió todo el cuerpo. Lo que daría por que en este momento estuviéramos solos.
No me moví, porque temía que si lo hacía me abrazaría a él y a partir de ese momento, toda yo sería un caos.
-¿Bella?
-¿Mmmjmmm? – contesté, aun perdida en sus ojos y en la corriente
-¿Qué estás pensando? – era como si no tuviese fuerzas para articular palabra, que con solo mirarle me bastara, y es que era así, pero me obligué a contestarle.
-Te ves…hermoso – dije, sin poder mentir.
-Creo que no hace falta decir que tu te ves mil veces mejor que yo ¿verdad amor? – sonrió y me cogió de la mano.
-Vale ¿qué hacemos? – dijo Jasper. Me fijé en él. Me fijé en las cicatrices de su piel, las que se dibujaban en su musculada espalda y en sus fibrosos brazos.
-Detrás de la cascada hay una cueva. Hay que traspasarla.
Jasper, Emmet y Edward se miraron y sonrieron. Corrieron hacia el agua y se tiraron en bomba.
-No pueden evitarlo – dijo Rosalie antes de saltar al agua.
-¡Vamos Bella!- me dijo Alice antes de entrar a agua de cabeza.
Me mordí el labio, no es que fuera muy hábil en estas cosas. Flexioné mi pierna y meti el pie en el agua – estaba fría. Cuando subí la pierna para colocarla de nuevo en el suelo me destabilicé y caí al agua. Saqué la cabeza del agua y empecé a dar saltos, el agua estaba muy fría. Oia risas. Mi cabello estaba por toda la cara y en vez de intentar apañármelo con las manos me metí de nuevo de en agua y lo dejé todo detrás de mis orejas.
Cuando salí del agua y abrí los ojos, delante mia estaba Edward. Esta vez, si me preguntaba algo si que no podría contestarle. El agua le llegaba por la cintura y de su pelo, ahora un poco más oscuro, caían gotas, igual que de su cuello resbalaban gotas de agua. No me atreví a ver como avanzaban esas gotas, porque el solo hecho de imaginármelo ya me hacia sentir ansias de tocarle. Tragué saliva. Lo raro es que él, aunque en su cara hubiera una sonrisa pícara (de esas que me hacen desfallecer), parecía igual que yo, o eso es lo que me trasmitían sus ojos.
De momento Edward abrió los ojos sorprendidos y luego alguien carraspeó
-Bueno, ¿estamos a lo que estamos? – dijo Emmet.
Avanzamos por el agua y a unos pasos estuvimos todos juntos. Alice y Jasper tomaron el primer lugar, seguidos de nosotros y detrás nuestra Emmet y Rosalie y sus risas complices . A saber que estarían haciendo, que estarían tocando.
Atravesamos la cascada y me di cuenta de que detrás de esta había un espacio entre la pared de piedra y el agua y delante de nosotros, en la pared, había un gran hueco negro. La cueva, o la entrada a ella.
-Vamos a tener que sumergirnos – dijo Jasper
-¿¡Cómo!? – dije alarmada
-Tranquila, yo puedo llevarte – me dijo Edward al oído. Los cuatro se sumergieron bajo el agua y entraron en la oscuridad. Edward me miró.
-¿Cómo lo hacemos?
-Súbete a mi espalda y coge aire.-hice lo que me dijo, y me agarré muy fuerte, poniendo mis manos en sus pecho, haciendo círculos sobre su piel con un dedo de mi mano.
-Edward – dije antes de sumergirnos- ¿Por qué te sorprendiste antes? Cuando pusiste los ojos en blanco
-Emmet, Jasper y sus pensamientos…supongo que entenderás si te digo que pensaron "ataca" – rei, él sabia que yo sabia de qué habían hablado. – Coge aire, no tardaremos mucho.
En un rápido momento estábamos en el otro lado. Casi no me habia enterado del viaje. La cueva estaba iluminada haces de luz, ya que entre las paredes, que parecía de rocas apiladas, se colaban rayos de luz. El agua se veía translúcida, de un color azul hermoso, era un lugar que encandilaba.
-Otra vez wow…
Pasamos un rato en la cueva, pero salimos cuando empecé a temblar. Por muy bonita que era la cueva, el agua seguía igual de fría. Aunque, cuando salí del agua y me permití echarle un vistazo a Edward me di cuenta de que el frío que habia pasado habia merecido la pena, ¡y tanto!
Alice sacó toallas de las mochilas y me puso tres encima, mientras que ellos se iban pasando las toallas para secarse. Luego sacó ropa y nos vestimos.
-Puedes dejarte en bañador, no hace falta que te cambies. – Alice me pasó un vestidito negro suelto. – Creo que es hora de volver, ya es la hora de comer.
Esta vez no fuimos caminando a paso humano, sino que yo me subí a la espalda de Edward y él corrió tan rápido que los árboles eran manchurrones verdes en nuestro camino.
-¡Mi libro! – gritó Emmet al llegar al claro donde se encontraban todas nuestras cosas- ¡Lo habia dejado aquí!
-¿Estás seguro?- preguntó Jasper. Él miró a Edward sin que Emmet se enterara.
Por supuesto, yo entendía aquella mirada. Edward y yo habíamos sido los primeros en llegar y, aun conmigo a su espalda, habia cogido el libro de chistes de Emmet y lo habia enterrado.
-Esto es el destino Emmet, alguien no quiere que cuentes chistes.- dijo Rosalie
-Donde está ese alguien ¡¡¡¡que lo voy a machacar!!!!- todos nos reimos. Emmet estaba de aquí para allá buscando.
Los demás nos sentamos alrededor del mantel con la comida. Alice, igual que por la mañana , sacó muchísima comida. Ensalada, pastel de carne en cuadraditos pequeños, macarrones…
-Alice…
-Tienes hambre, tienes que tenerlo, el deporte lo da ¿no? Pues venga- tenía razón, tenia hambre, pero no tanto.
Cuando terminé de comer, Emmet aun seguía buscando su libro. Alice y Jasper estaban al otro lado del mantel, ella tenia su cabeza apoyada en el hombro de él. Rosalie estaba en el lado izquierdo, mirando a Emmet, que se tocaba la cabeza, pensando. Decidí tumbarme y apoyé mi cabeza en el regazo de Edward, que me miró y me regalo una gran sonrisa. Me apartó el cabello que se me habia movido y que se habia puesto en mi cara.
-Este es un buen lugar para echar una cabezadita – dije mientras pasaba sus dedos por mi frente
-¿estás cansada? Puedes dormir si lo deseas – me contestó
-No, aun no lo estoy, pero es un lugar relajante
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Aquííííííí!!!!!!!!!!!!!- gritó Emmet- ¡¡¡¡lo encontré!!!! – vi como Edward apretaba los labios.
-¿Dónde estaba? – preguntó Rosalie
-Estaba enterrado-dijo Emmet mientras miraba a Edward
-¡Y por qué no lo dejaste ahí! – gritó ella
-Porque es ¡mi! libro. Y ahora…Edward, levanta que no quiero hacer daño a Bella.
-¿Quieres pegarme Emmet? – dijo Edward, entre divertido y desafiante.
-No, quiero patearte tu duro y blanco culo. ¡Has robado mi libro y lo has enterrado!¡He seguido tu aroma! – Edward solo sonrió. Le vi en los ojos que estaba deseando levantarse y jugar-pelear con Emmet.
Miré a Jasper, él tendría que impedir que se hicieran daño ¿no? Pero él estaba igual de emocionado. Así, que si quería que no se pelearan, debería ser yo la que hiciese algo.
-Espera, no os peleis.
-Tranquila Bella – me dijo Jasper, seguramente notando mi preocupación – siempre están así, parece que van en serio, pero luego terminan los dos en el suelo riéndose, son unos 'rajaos' – al terminar, se rio
-¿¡Que somos qué!? – gritaron los dos hermanos.
-Ya me habeis oído, ¡rajados! – grito Jasper riendo y poniéndose de pie
-Bella, vuelvo en seguida amor, voy a demostrarle a algunos que lo que piensan es erróneo.
-Vale, pero tener cuidado. – Los tres rieron ante mi comentario.
Me sente y crucé mis piernas, viendo el espectáculo, al igual que Rosalie y Alice. Los tres, apartados de nosotras por unos metros se movían y volaban por los aires mientras las risas los inundaban.
Pensaba que Emmet era el que saldría mal parado de esto, porque de los tres era él el único que no poseía un don, pero la fuerza bruta estaba de su parte.
-Como niños – dijo Alice
-¡¡Peor!! – grito Rosalie riendo. Nos unimos a sus risas.
Pasaron como media hora jugando a darse porrazos y luego, como predijo Jasper, los tres estaban sobre la hierba riéndose juntos. Luego se sentaron con nosotras.
-¿Quién ha ganado? – preguntó Rosalie
-Yo – dijeron los tres a la vez y volvieron a reir. Edward paso su mano por mis espalda y la colocó en mi cintura, mientras yo me maravillaba viéndole reir sin parar. Igual que cuando mi padre reia parecía más joven, Edward parecía más humano.
-Sí, sería gracioso – dijo él a mi lado
-¿Gracioso el qué? – pregunté.
-A Emmet se le ha ocurrido hacer bromas telefónicas.
