No tengo cara, señoras y señores, para pedir perdón. Poca inspiración, a veces pasa. Es un capitulo corto… sé que no esperaron tanto para esto.
Belle Star: si, es N. Sanity. Yo me equivoque. La rusa sí que tiene derecho, pero… bueno, es cuestionable ciertas cosas.
Tiburi: Ni yo me preocupo por Brio, pobre hombre, jajaja. Te juro que me reí cuando vi tu comentario.
Crystal Chan: ¡JAJAJAJAJA! Mierda que es verdad! Por eso soy poco específica en mis summary. Ni yo sé adónde van a parar. Sí, tengo mucha creatividad, eso sí, pero escribirlo es otra historia
Estoy jugando Silent Hill 3. Esta bueno… lo estaría más si mi control anduviera mejor.
Capitulo 34
La búsqueda de Neo
Neo sabía perfectamente lo que iba a pasar cuando llegaron al hospital. Le iban a preguntar por qué demonios Nina estaba con una semejante herida en su pecho. Tropy mintió por él y le dijo a los médicos que estaba escalando un árbol bastante alto y había caído encima de una reja. Tal vez la mentira no fuera suficiente, pero bastaría por el momento. Lo que si no podrían explicar serian las prótesis de las manos de Nina. Para eso no tenían explicación posible.
—Lo único que importa es que la están atendiendo y que pueda recuperarse —dijo Neo, sentado en una de las sillas de la sala de espera. Tropy estaba a su lado, apretándole la mano.
—No se tu, pero yo no quiero que me encierren —el viajero del tiempo alzo su cabeza al techo inmaculadamente blanco—. Esa mujer todavía está dando vueltas por ahí. Presos no vamos a conseguir nada.
—¿Qué quieres decir con eso, Tropy?
—Me temo que tendremos que irnos antes de que la policía nos arreste. Dudo mucho que los médicos hayan creído una historia tan inconsistente como la que dije.
—Vete tú. Yo de aquí no me muevo hasta saber cómo esta Nina. Además, puedes teletrasportarte. Jamás te encontrarían en tu casa —Neo se mordió levemente el labio. Tropy cambio de posición en la silla, algo nervioso.
—Podríamos avisar a los Bandicoots. La chica trabaja para el Servicio de Inteligencia Australiana. Ellos podrían quedarse aquí y nosotros iremos en búsqueda de Marishka, ¿entiendes, Neo?
—Tal vez funcione. Pero no sé como comunicarme con ellos.
—Coco tal vez esté en su casa razonó el viajero del tiempo, frotándose la cabeza—. Solo ve hacia allí y háblale de la situación. Yo me voy a quedar hasta que regreses con ella.
—Pero Nina, ella…
—No voy a permitir que te arresten. Podrían sacarte la tenencia. Además, tienes razón. Podré escapar fácilmente de la policía.
Neo se apretó el puente de la nariz con una mano. Estaba muy cansado. Se echó a los brazos de su amigo, aguantando las lágrimas.
—Soy un pésimo padre —murmuró, clavándole su frente en la clavícula del viajero. Tropy le dio unas torpes palmaditas en la espalda.
—No, no lo eres. Y ya vete.
—Bien —Neo se separó, algo abochornado. Se levantó y comenzó a andar por el pasillo, con las manos en los bolsillos. Tenía que buscar un lugar solitario y sin cámaras de seguridad para poder irse sin llamar la atención. Su mente buscaba una solución cuando escucho una voz que lo llamaba:
—¡Cortex! ¡Alto!
Neo giró la cabeza para ver a dos policías caminando a toda prisa hacia él, ansiosos por ponerlo bajo arresto. El único pensamiento que se le ocurrió fue ir hacia el baño. Allí no habría cámaras y tendría un cubículo donde nadie podría verlo. Corrió por el pasillo, mirando hacia los costados hasta encontrar la dichosa puerta. El lavabo de hombres al fin estuvo al alcance de su vista y entro sin vacilar.
No había nadie. Entró al primer compartimento y cerró la puerta de un golpe. Se llevo una mano a la cintura y tocó el botón que lo teletransportaba a la casa de los Bandicoots
Sintió alivio al sentir el terreno arenoso a sus pies y el calor sofocante de la isla N. Sanity. En frente de la casa de los Bandicoots, Crash estaba sentado en la puerta, con la mejilla apoyada en su mano y sujetando una manguera. La palmera calcinada y los cadáveres de las gallinas, le hizo suponer que algo malo había pasado. Al ver al científico, se puso de pie de un salto y corrió a sus brazos.
—¡Neo! —le dijo, abrazándolo con tanta fuerza que casi cayeron al suelo—. Neo, hay cosas que tengo que contarte, yo…
—Si, yo también —le dijo, separándose de él—. Pero necesito ver a tu hermana. Es urgente.
Crash frunció un poco el ceño, pensativo
—Ella se fue esta mañana y no ha regresado —Crash repentinamente pareció aterrado—. ¿Y si ella fue atacada…?
—No lo creo —intento tranquilizar al chico, aunque en el fondo creía lo contrario—. Tal vez este con N. Gin. Voy a buscarla.
—¿Para qué la quieres?
—Tengo que hablar un asunto con ella —evadió el científico, apretándole cariñosamente el hombro—. Cuídate mucho.
—¿No puedes quedarte conmigo?
Neo se aferró a la cintura del menor. Le levanto la barbilla y capturo sus labios en un beso suave, pero profundo. Crash se aferró a los hombros del científico con fuerza, demostrándole lo mucho que lo había extrañado. Neo le mordió ligeramente el labio antes de separarse del chico.
—No puedo ahora, Crash. Pero voy a regresar, lo prometo —le dijo dándole la espalda y caminando unos pocos pasos. Toco su cinturón y se teletransporto al acorazado.
Sus pies aterrizaron en la cubierta y se metió casi corriendo dentro del barco, en busca de Coco, N. Gin o Collins. Pero solo se cruzó con La Morsa, quien, al verlo, se acerco casi corriendo hacia él.
—¡Que bueno que este usted aquí, Dr. Cortex! Su laboratorio fue destruido…
—No importa eso ahora —lo interrumpió el Dr. Cortex, con impaciencia— ¿Coco esta aquí?
—Si, ella está en la cocina con N. Gin.
Sin perder el tiempo, el científico se dirigió hacia donde estaban, casi chocándose con los marineros que le interrumpían el paso. N. Gin y Coco tomaban una taza de té en la vieja mesa desvencijada. El almirante se puso inmediatamente en pie al verlo.
—¡Neo! —exclamó, abrazándolo— ¡Que suerte que estés vivo! ¡Casi creo que…
—Si, si, gracias —torció la cabeza hacia Coco—. Necesito que me hagas un favor, niña.
Coco clavo su mirada en la de Neo, con desprecio
—No tengo por qué ayudarte, Cortex.
—¡Coco, basta! —la retó el almirante.
—Te lo suplico —rogo el científico, acercándose un poco a ella—. Van a apresarnos si no nos ayudas y Nina será enviada a un orfanato. No quiero que eso pase. Haría cualquier cosa por Nina. Lo que sea.
Coco bajo la cabeza para posar su mirada en la taza de té, como si este pudiera darle una respuesta apropiada.
—¿Qué necesitas, Cortex? —dijo al fin. Neo soltó un suspiro de alivio.
—Evitar que metan a Tropy a la cárcel por si lo capturan, con ayuda de tus contactos en el Servicio de Inteligencia Australiana y que eviten que Servicios Sociales se acerque a Nina.
—No te prometo nada, pero lo voy a intentar, ¿está bien?
—Gracias, Coco.
—Neo —N. Gin reflexionaba con la espalda apoyada sobre la mesa—. ¿No pueden traer a Nina aquí? Tenemos un excelente personal médico aquí.
—Ya está en un hospital y la policía está allí. Y no voy a arriesgarme a trasladar a Nina, cuando está en un estado de salud tan delicada, N Gin.
—Podríamos tomar por asalto el hospital y sacarla de allí —sugirió el almirante. Neo negó con la cabeza.
—No sin saber si está en condiciones para ser trasladada y podría tardar días para que esté estable.
—¿No podrías infiltrar a Collins en el hospital, Nicholas? —sugirió Coco —. Es el único humano en este barco que podría hacerse pasar por un enfermero.
N. Gin, que se había ido a buscar una taza de té para Neo, respondió:
—Es lo mejor que podríamos hacer —puso un saquito de té en la taza y tomó una tetera de hierro—. Él podría monitorear su estado día a día y sabría cual es el mejor momento para trasladarla y terminar su recuperación aquí.
Neo asintió mientras su amigo vertía el agua hirviendo en su taza
—Es una excelente idea… pero también quiero averiguar sobre Tropy. Si está preso hay que sacarlo.
—Yo me encargo de Tropy —se ofreció Coco, ya levantándose con brusquedad—. Dime el nombre del hospital y veremos una manera de infiltrarnos.
Neo les dijo el nombre del lugar donde Nina estaba internada.
—Ese hospital está en la costa o eso creo —murmuro el almirante—. No puedo confiar mucho en mi memoria, ustedes saben.
Los ojos de Neo se abrieron desmesuradamente. Había estado tan ocupado de Nina, que se había olvidado de algo muy importante
—Mi madre —murmuró, en voz muy baja —¿Ella como está?
Nadie le respondió. Neo tragó saliva y sus labios empezaron a temblar.
—¿Cómo está mi madre? —volvió a preguntar, con voz ahogada. N Gin tomó la palabra, dubitativo:
—No la… No la hemos encontrado todavía. Mis hombres están en ello. Sólo encontramos a Nitrus Brio, que está en el hospital del barco.
Neo apoyó la cabeza en la mesa y tomó su cabeza con ambas manos. Las lágrimas mojaron la gastada madera, sin que nadie pudiera verlas. N Gin palmeó la espalda de su amigo:
—Tardaremos unos días… pero rescataremos a Nina y a Tropy.
