Los personajes pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer. La historia es mía.
Capitulo Beteado por Irene Cullen, muchas gracias por todo linda :)
Edward
— ¿Por qué Edward? —Sollozó su cuerpo temblaba, como una hoja de papel. Y aquí estábamos otra vez, hundidos en una discusión frente a mi hijo. —Estoy harta de que te portes así, de que me restriegues en la cara que estás con Isabella, que has dejado de quererme… —Se dio la media vuelta, y antes de que procesara que estaba pasando, se hecho a correr
— ¡Jessica! —Grité corriendo tras ella —detente… —no hizo caso y aceleró su carrera, a travesó corriendo sin fijarse por el estacionamiento pero en eso… — ¡Cuidado! —Grité con más fuerza, Jessica se giró para verme, quedándose paralizada justo en medio de la calle. Cerró los ojos escuchando únicamente el rechinido de las llantas de un automóvil que venía a gran velocidad directo hacia ella...
**Edward POV**
Quedarme como una puta estatua no era lo más conveniente en estos momentos.
No importaba cuanto intentara alcanzarla, sería imposible que llegara a tiempo. De pronto me sentí en una película en la cual, yo era un simple espectador. No supe en que momento Alec apareció corriendo hacia Jessica, tirando de su cintura con fuerza y salvándola de ser embestida por el vehículo. Cayeron hacia un lado y Jessica se golpeó un poco uno brazo. Corrí hacia ellos y sostuve a Jess en mis brazos.
—Lo… ssiento. —Sollozó abrazándose a mi cuello, continuó temblando y luego comenzó a jadear con fuerza.
—Jess… cálmate todo está bien. —Aún estábamos en el suelo mientras yo sobaba sus hombros tratando de que se calmara. —Joder Alec, —musité aun sin aliento —muchas gracias.
—No hay problema. —Respondió poniéndose de pie. —Quizás sea conveniente que la llevé al médico… —Asentí.
La levanté en brazos sintiéndome alarmado por su extraña respiración, conduje directo al hospital, suponiendo que lo de su brazo no había sido tan grave como para que viniera así. Quería reprocharle su actitud pero eran ya demasiado sus sollozos. Tampoco hablaba y solo temblaba, respiraba agitadamente y de pronto… se desmayó. Aceleré el vehículo y al llegar entré con ella en brazos a la sala de urgencias.
— ¿Es familiar de la señorita Stanley? —Después de dos horas finalmente, un joven médico de cabello platinado salió.
—Sí. ¿Qué ocurrió? ¿Cómo se encuentra?
—La señorita está atravesando por un cuadro de ansiedad generalizada… tiene que quedarse hospitalizada unas cuantas horas más, en lo que logramos estabilizarla.
— ¿Por qué le pasó eso? —Pregunté desconcertado.
—Pueden ser muchos factores, pero particularmente algo detono su estrés. De momento, le está costando mucho trabajo controlar su estado, normal por así decirlo, estamos tratando de que no se haga… más daño. Hemos tenido que sedarla. —Solté el aire bruscamente.
— ¿Se estaba haciendo daño? —Pasé una mano por mi cabello.
—Será mejor que me acompañe, es necesario que hablemos de esto.
**Bella POV**
La chica en el espejo lucía el cabello largo cayendo en delicadas ondas por su espalda, los ojos cafés, lucían espectaculares con la sombra oscura y delineador negro, se veían profundos y sensuales. El vestido azul, enmarcaba su silueta, ensanchando sus caderas y mostrando un poco la piel de sus pechos, los tacones negros eran fácilmente de más de 12cm.
—Estás preciosa. —Angie me miraba con una gran sonrisa. Había hecho un trabajo maravilloso conmigo.
Ella se había puesto un ajustado vestido blanco que le llegaba justo arriba de las rodillas, su cabello corto y lacio por enfrente de sus hombros, y otro par de Louboutin que había comprado en la semana, negros y lucían en todo su esplendor.
Ben nos llevó al club. Edward nos estaría esperando allá. El ruido de las personas bailando y gritando era estridente. El mesero nos llevó hasta un palco privado, el calor era sofocante, las deslumbrantes luces brillaban por toda la discoteca en forma de láseres morados y verdes.
En el fondo pude ver a cinco personas: Félix y una mujer que me pareció haber había visto en las Vegas, Demetri y una hermosa rubia. Pero de verdad que hay ciertas cosas, que deberían de tener una leyenda de véase con cuidado, como el adonis que estaba sonriendo al fondo de la gran sala.
Los vaqueros oscuros, le sentaban de muerte haciendo lucir sus largas y marcadas piernas. La camisa blanca, estaba remangada hasta los codos y dejaba ver sus tonificados brazos, enmarcando su ancha espalda. Su cabello revuelto y cobrizo, apuntando en varias direcciones. Suspiré al ver que muchas miradas estaban posadas en él. Demetri lo codeó apuntando hacia nosotros, se giró en un elegante y disimulado movimiento, su sonrisa al verme podría matar a más de una, así fue cuando varias chicas lo devoraron con la mirada mientras caminaba hacia nosotros.
—Ben, Angela. —Elevó ligeramente el tono de voz por el ruido, estiró la mano para saludarlos y con la otra deslizó sus dedos por mi cintura acercándome hacia él.
—Feliz cumpleaños Edward. —Sonrió Angie.
—Gracias, —recibió el abrazo de mis amigos —pero pasen, en aquel lugar están mis amigos. —Apuntó hacia el rincón.
Ellos asintieron, luego Edward volvió la mirada inmediatamente hacia mí, sus ojos verdes estaban ligeramente oscurecidos mientras me repasaba el cuerpo con descaro, su mandíbula dura y sin una pizca de barba. En la muñeca derecha la pulsera que le regalé. Sonreí feliz de vérsela, yo también llevaba puesta la mía.
—Feliz cumpleaños, otra vez. —Murmuré tímidamente, subiendo los brazos hasta su cuello. Con los tacones tan altos, no era necesario que me pusiera de puntitas. Él sonrió y me estrechó con fuerza.
—Por suerte aquí no sirven pastel, por si te daban ganas de festejarme otra vez. —Susurró haciéndome sonrojar. —Te ves hermosa nena. —Acercó lentamente sus labios a los míos y me dio un beso ligero, pero cargado de emoción.
Sufran mujerzuelas. Sonreí al ver la mirada de varias chicas boquiabiertas. Edward rodeó mi cintura y me llevó a la mesa. El lugar era privado, estaba rodeado de sofás lounges, naranjas. En el centro, había una mesa redonda de cristal donde estaban varias botellas y bebidas de todos.
— ¡Hola Bella! —Demetri me dio un caluroso abrazo. —Luces genial.
—Lo mismo digo. —Respondí de pronto cohibida.
Demetri lucía una camisa azul marino y unos vaqueros oscuros. Era un hombre que llamaba la atención por su sonrisa, siempre estaba sonriendo. Si a eso le sumábamos que parecía que se ejercitaba en el mismo gimnasio que Edward, bueno… naturalmente tenía a la rubia que sujetaba de la mano babeando.
—Ella es Jane. —Demetri la acercó presentándonos a la chica. No dijo que era su novia… solo dijo así: Jane. Como yo para Edward; solo Isabella.
—Que tal. —Sonrió cálidamente hacia mí. Su cabello era largo y dorado. Su rostro, blanco y muy delicado, el vestido rojo le quedaba ajustado a cada una de sus curvas, era una chica bastante joven. Sus ojos eran azules, tan claros como el mismo cielo y sus labios coloreados de un brillo rosa pálido.
—Vamos a bailar, ¿aquí nos esperan? —Preguntó Demetri, Edward asintió y tomó mi mano para saludar ir hacia donde estaba Félix.
Félix, era otra cosa digna de ver. Era tan alto que parecía uno de los guardias de seguridad, de pronto se me hacía parecido a Emmett. Era muy blanco de cabello oscuro, hoy vestía una camisa negra remangada hasta los codos y un pantalón negro de vestir.
—Hola Bella, —me estrechó en sus fuertes brazos —que gusto verlos juntos. Te presento a mi novia, Carmen. —Abrí los ojos de par en par, a diferencia de sus amigos él no tenía que ocultar nada. Extendí la mano hacía la mujer.
—Mucho gusto. —Susurré.
Lucía preciosa, su piel era muy blanca con un toque de oliva. Su cabello castaño estaba peinado hacia un lado, le caía en una cascada rizada sobre un hombro. Su vestido verde oscuro, le enmarcaba su perfecta silueta, el escote en pico era muy pronunciado, pero elegante.
—El gusto es mío Bella. —Murmuró en español, sonreí al reconocer sus palabras.
—Carmen viene desde Colombia. —Félix la estrechó un poco más. —Pero ya tiene algunos años viviendo en Estados Unidos.
La noche estaba pasando tranquila, platicando con Félix y Carmen. Sin embargo Edward estaba un poco serio, parecía incluso ausente. Me sentí mal por haber sugerido venir aquí. Por la tarde fue al cementerio y cuando le llamé, por el tono en su voz, supe que no estaba de humor.
**Flashback**
—Cielo sólo te llamo para confirmar la hora…
—Hola Isabella… Yo… estoy en el hospital.
— ¿Por qué? ¿Qué pasó? —Pregunté alarmada.
—Discutí con Jessica, por lo de siempre, por… bueno… —suspiró —el caso es que Jess se sintió muy mal, sufrió un cuadro de ansiedad. Estoy en su casa… tuve que buscar una enfermera para que la cuide el día de hoy…
— ¿De ansiedad? —Susurré.
—Es una larga historia, la señora Stanley la llevará con un psicólogo… ¿Podemos ir un poco más tarde? ¿A las diez?
De pronto me sentí tan mal, que me tuve que sentar. Edward realmente estaba consternado, su voz se escuchaba tan cansada, que si cerraba los ojos podía verlo pellizcando el puente de su nariz. Me sentí tan mal por él, seguramente ir al cementerio no era fácil, para colmo lo que le había pasado a Jessica. Suspiré sintiéndome una idiota por estar proponiéndole una salida, cuando lo que realmente necesitaba era descansar. Ya lo había desvelado anoche con mis problemas, se me había olvidado por completo que él también cargaba con los suyos.
—Oh… —murmuré confundida —por supuesto, podemos ir otro día no te preocupes… ¿Te… te quedaras con Jessica? —Traté de sonar casual, pero fallé catastróficamente.
—No, aquí viene llegando la enfermera y voy para mi casa. Quiero que salgamos, necesito… necesitamos distraernos.
—Edward… no te preocupes cielo, lo entiendo. Otro día será… —No, definitivamente yo ya no quería ir.
—Por favor nena, necesito verte… no hagas más difíciles las cosas. Tuve un mal día y lo único que me apetece es estar contigo, tenerte en mis brazos. ¿A las diez está bien?
**Fin de Flashback**
Así que, aquí estábamos. Él intentando sonreír y yo intentando divertirme y no pensar en mis propios problemas, como la visita de Aro. Bastantes problemas tenía ya Edward, como para comentarle la amenaza que había recibido Mike por mi culpa.
Angie y Ben se unieron a la plática, ella estuvo contando algunas de nuestras vivencias en la universidad, también les contó cómo se conocieron ella y Ben. Entre pláticas y risas, los caballitos de tequila que nos estábamos tomando, me estaban haciendo querer bailar y gritar. Edward me sonreía cálidamente, me besaba de vez en cuando suavemente los labios. Mis amigos desaparecieron después de un rato, yéndose a la parte de abajo, querían bailar un poco. Félix y Carmen, también se pusieron de pie y bailaban cerca de la terraza.
—Hoy luces excepcional, fresas. —Murmuró Edward en tono seductor. Se acercó lentamente y pasó sus labios con sumo cuidado por mi cuello. —Y como siempre hueles delicioso.
— ¿Ya te sientes mejor? —Pregunté pasando los dedos por su suave cabello. Su cuerpo se tensó, fue un imperceptible movimiento pero ahí estaba. — ¿Qué fue lo que pasó en el cementerio?
— ¿Podemos no hablar de eso? —Pidió con voz ronca, suspiró y retomó su tarea, acariciando con suavidad mi cabeza y acercándome un poco más a él, volvió a besar mi cuello.
—Que calor, ¿tú… tú no tienes?
—Mmm… No. —Sus labios tersos tocaban mi piel.
—Esas chicas te están comiendo con la mirada. —Observé a la impresionante rubia que se devoraba a Edward con los ojos. La muy zorra, como dijera Angie, se atrevió a relamerse los labios fijando la vista en él. Bufé molesta, Edward también lo notó y se rió, en un rápido movimiento que me tomó desprevenida, tiró de mi cintura sentándome en su regazo. — ¿Qué haces? —Pregunté riéndome. Pero él no contesto, lentamente deslizó las manos por mis muslos, subiendo y bajando. Si antes sentía calor, ahora me estaba quemando. —Yo… cielo…
— ¿Mmm?
—Esa rubia te quiere en su alcoba. —Refunfuñé al verla otra vez, con ojos ahora visiblemente sorprendidos.
—Me gustan las morenas, de hecho, estoy pensando en una que me gustaría tener en este momento en mi alcoba. —Susurró deslizando los labios hacía mi oreja y tiró gentilmente del lóbulo con los dientes, me estremecí — ¿tú no la conoces? —preguntó en tono juguetón dando besos húmedos por mi mandíbula. —Creo que le dicen Bella.
—Yo… —Balbuceé algo más que acalorada. — ¿Quieres bailar? —Me puse de pie y me alejé un poco, él abrió los ojos sorprendido.
— ¿Hice algo mal? —Preguntó desconcertado. — ¿Te estoy presionando mucho? Lo siento yo… no era mi intención pasar por tu cuello yo…
—Por el contrario cielo, —extendí una mano hacia él —estás haciendo todo bien, ¡me vuelves loca! —relajo su postura y me dedicó una sonrisa de lo más sensual se puso de pie y tomó mi mano — ¿bailas conmigo?
—Vamos a bailar entonces.
**Edward POV**
Sujeté a Bella por su pequeña cintura, y la dirigí a la planta de abajo donde la música vibraba. Las personas bailaban eufóricas y nos empujaban al pasar complicando nuestro camino hacía la pista, era como un mar de personas. Bella lucía preciosa, el vestido azul demasiado corto, marcaba cada una de sus delicadas curvas. El corte de la parte frontal era cuadrado, dejando ver sus suaves pechos. Su cabello lucia finas ondas al final, sonrió por encima de su hombro viéndome mientras seguíamos caminando. Sus ojos bailaban divertidos y animados, se veía radiante.
No voy a negar que algunas mujeres, bueno algunas… bastantes mujeres, me miraban de una forma para nada buena. Suspiré, siempre había sido así, desgraciada o afortunadamente las chicas hacían eso desde que tengo memoria. Para que mentir, diciendo que no saqué mucho provecho de esto, pero hoy, la única mujer que me importaba era la hermosa criatura que estaba entre mis brazos.
Sabía que era buena idea haber venido aquí, teníamos que distraernos. Todo lo que había pasado con Jessica me tenía abrumado y consternado. Por un lado, le habían recetado antidepresivos, terapia y reposo. Por el otro sugirieron que yo tenía parte de la culpa, sumado a eso, pensar en mi bebé me ponía triste y melancólico.
Sacudí mi cabeza de esos recuerdos y miré a Isabella, se estaba divirtiendo, bailaba incluso mientras caminábamos, sonreía divertida hacía mí. ¿Cómo no iba a intentar olvidarme de todo por ella? Después del episodio que había tenido Bella la otra noche, tenía bien claro algo: me amaba como yo a ella. La quería ver así feliz y sonriente todos los días.
Varios hombres también la devoraban con la vista, respiré hondo y mi mano en su cintura se volvió más posesiva, fulminé con la mirada a más de dos. Un sujeto medio ebrio de cabello oscuro y rizado, se atravesó en nuestro camino y le susurró preciosa, sin importarle que viniera yo sujetándola. Un sonido ronco abandonó mi garganta, y toda la adrenalina que aún tenía acumulada en mi cuerpo por lo ocurrido en el cementerio, amenazó con consumir el poco control mental que me quedaba. Cristo, pero sí me quería convertir en un puto león cada vez que alguien acosaba a mi ovejita.
Quería golpearlo hasta que no pudiera levantarse, romperle la mandíbula para que no pudiera hablar en varias semanas, todos mis músculos se tensaron y al parecer, percibió todas esas ideas que cruzaban por mi mente. Al encontrarse nuestras miradas, retrocedió dejándonos pasar. Resoplé mientras acercaba a Bella un poco más a mi pecho y sentía su cuerpo vibrar mientras ella se reía. Echó la cabeza hacía atrás y tiró de mi cabello para murmurarme al oído.
—Contrólate cielo, no pasa nada.
No dije nada porque estaba seguro de que todo lo que saldría de mi boca sería un gruñido. En serio no quería hacer una escena, ella necesitaba seguridad y portarme como el maldito animal que rugía en mi pecho, no era una opción. Pero de verdad me moría por conseguir un abrigo y cerrárselo hasta el cuello para que nadie pudiera verla.
Me volvía loco pensar que alguien más pusiera los ojos en Isabella, me provocaba una repulsión intensa… temblé levemente y hundí la nariz en su cabello olor a fresas, tratando de una puta vez de calmarme. En el pasado era celoso con ella, siempre lo fui. Pero lo que sentía ahora, rayaba en lo absurdo. ¿Si se molestaría si ponía a Alec a cuidarla? Ella se había metido sin buscarlo, en un serio problema con ese bastardo millonario de James. Podía correr algún tipo de peligro, y si es que James había intentado perjudicarla antes...
— ¡Esa canción me encanta! —Gritó Bella ajena a todo lo que estaba sintiendo, soltándose de mi agarré y tomando mis manos. Caminamos entre las personas que bailaban, ella también iba bailando y caminando sensualmente hacia atrás hasta que chocó contra la pared.
— ¿Qué canción es? —Grité por encima del ruido.
—Se llama: Pursuit of happines… o algo así, ven —tiró de mi mano y la puso en su pequeña cintura. Comenzó a moverse de forma sensual recargándose contra la pared, sacudiendo levemente la cabeza a los lados, —Crush a bit, little bit, Roll it up, take a hit, feeling lit, feeling right, 2am, summer night, I don't care… —Abrí los ojos sorprendido, se veía irracionalmente sensual.
El cabello largo y oscuro se colaba por enfrente hacia sus pechos, las luces moradas y verdes jugaban haciendo sombras en su rostro, sus labios brillantes y carnosos. Y su voz, joder, me llamaba como el canto de las sirenas.
—No fresas, —susurré con voz ronca cerca de su oreja, arrinconándola contra la pared —no bailes así nena, me excitas demasiado… además ¿por qué no me habías dicho que cantabas tan bien? —Ella sonrió tomando mi rostro, seguía moviéndose al ritmo de la música.
—Tú eres el cantante juvenil. —Fruncí el ceño. —No me hagas caso, siempre quise venir a bailar contigo.
—Yo también. —Sonreí. —Nos hemos perdido tantas cosas…
—Vamos recuperándolas. —Se contoneó contra mis caderas, bailando animadamente.
La canción seguía mientras todos a nuestro alrededor saltaban y bailaban. Bella era una más en la pista, cualquier rubor que normalmente se instalaba en su rostro, hoy ni siquiera podía verlo. Me encantaba verla tan desinhibida, sexy, tranquila, contenta, bailándome justo como lo estaba haciendo ahora. Su frente estaba perlada de sudor, sus ojos maquillados en tonos oscuros, le daban un aire sensual. Elevaba los brazos al bailar, todo su cuerpo exudaba sexualidad, mordió levemente su labio perdida en la música.
— ¿Quieres que nos vayamos antes a casa? —Tomé su rostro entre mis manos y parpadeó sorprendida, estaba tan absorta bailando que en sus ojos noté el desconcierto por mi pregunta. Bajé el rostro a su altura. —Si sigues moviéndote así eso conseguirás. —Comencé a besarla con algo más que entusiasmo. Ella sonrió entre mis labios y lanzó los brazos a mi cuello.
—Te quiero tanto Edward.
Y como siempre pasaba, mi cuerpo empezó a prenderse al sentirla tan cerca. La ya conocida electricidad entre nosotros, comenzó a chisporrotear con intensidad. La estreché un poco con una mano y fui deslizando la otra a su respingón trasero. Ese vestido me estaba volviendo un condenado demente, haciendo estragos con mi cuerpo y mi mente. Profundicé el beso empujándola contra la pared, mordisqueándole el labio inferior. Pensé que se ruborizaría y me quitaría pero para mi asombro, se apretujó más en mis brazos.
Estar así con ella, me puso por las nubes. Cuando éramos amantes era igual de atrevida, y si algo me encantaba de ella, era justamente eso. Restregué las caderas con las suyas mostrándole lo angustiosamente excitado que estaba.
Ahogó un gemido en mis labios y mi sexo se estremeció de deseo, peor cuando enredó su lengua con la mía, hundiendo los dedos en mi cabello. Todo el aire a nuestro alrededor se volvió cargado y húmedo, hacía que me hormigueara la piel y mis instintos más animales quisieran salir a flote. Escuché a varias personas gritar cosas como: consíganse un cuarto, algunos silbidos… No me importaba nada, para mí era como estar en una burbuja.
La música cambio a una un poco más tranquila, distinguí la melodía. Rompí a regañadientes el beso para tratar de relajarnos, mordisqueé un poco su labio inferior y finalmente me separé. Su pecho subía y bajaba, sus mejillas sonrojadas, tenía los ojos vidriosos presa de la excitación, podía notarlo. Solté el aire bruscamente y di un beso en su frente.
—Tenemos que controlarnos nena, es un lugar público. —Susurré enterrando el rostro entre su cuello y el hombro. Inhalé su aroma a fresas, que ahora, era más intenso por la excitación. Ella me enterró los dedos debajo de la nuca.
—Siempre existen los baños, podemos perdernos en uno… —Elevé el rostro para mirarla asombrado.
— ¿No querrás repetir lo de Seattle?
—Pues... —Sonrió seductoramente, agitando otra vez mi poco control mental. Inhalé aire bruscamente.
—Te prometo que un día daremos una muestra de exhibicionismo. —Sonreí. —Pero no hoy nena, desde aquí puedo ver a Demetri y Jane. —Señalé hacía el fondo con un gesto de cabeza, dónde Demetri me miraba con una gran sonrisa. —Bastante mal nos irá por habernos besado así. Ahora imagina arrastrarte al baño para perderme en tu piel, significaría que tendrías que aguantar una lluvia de burlas de parte de mi amigo.
—Tienes razón. —Afirmó riéndose.
—Esta canción me gusta mucho. —Volví a hundir el rostro con cuidado en su cuello. A veces quería no hacerlo, siempre que lo hacía de cualquier manera se seguía tensando. Ella insistía en que solo así iba a poder superarlo, yo por mi parte no podía resistirme al olor a fresas que desprendía su piel. —Me recuerda mucho a ti cuando la escucho.
—Es de mi Ipod. —Sonrió — ¿Me la cantas?
—Está por terminarse.
— ¿Por favor? —Canturreó con una vocecilla tierna. Jamás la había escuchado hablar así, solo por eso comencé a cantar. Ella enredó los brazos a mi cuello.
—I think I could need, this in my life. I think I'm just scared… I think too much. I know this is wrong it's a problem I'm dealing, if you're gone…
Seguimos bailando lentamente, yo cantaba la canción de Matchbox 20 en su oído. Ella me estrechaba con fuerza. No quería que la noche terminara, no quería tener que separarme de ella.
— ¿Te quedas conmigo hoy? —Pregunté esperanzado. —Necesito algo de paz y sólo puedo encontrarla a tu lado… claro, no quiero que te suene a presión ni nada de eso aunque así parezca….
—Estaría bien…—siempre que me ponía nervioso, hablaba muy rápido, así que le agradecí que interrumpiera mis parloteos —si tú quieres… —susurró, sus ojos cafés brillaban prometedores.
—Por supuesto. —Sonreí. —Este ha sido el mejor cumpleaños que he tenido nunca.
**Bella POV**
Estar con Edward siempre era como estar en un sueño, un sueño del que no quería despertar.
— ¡Bella! —Angie apareció entre la multitud, tiró de mi brazo separándome un poco de Edward, rompiendo nuestra burbuja. Fruncí el ceño.
— ¿Qué pasa?
—Acompáñame al baño, no quiero ir sola. —Rodé los ojos, Edward se rió, lo miré y me perdí en su rostro alegre, en sus ojos llenos de calidez. Esto era lo que yo quería para él, no la tormenta en sus ojos cada vez que tocábamos el tema de su hijo.
—Ve con ella nena, Ben y yo estaremos arriba con Félix y Carmen.
—Está bien. —Musité decepcionada, quería seguir bailando.
En el baño la fila era enorme para poder entrar, que bueno que Edward no me siguió la corriente con eso de venir al baño para tener sexo.
—Tú y Edward lucen muy bien, Bells. ¡Te ves radiante! —Susurró Angie mientras esperábamos en la fila.
— ¿Tú crees? —Pregunté avergonzada.
—Te adora, lo puedo ver en la forma en la que te ve.
—Me ha pedido que me quede con él hoy…
— ¿Y qué le dijiste?
—Pues que sí. —Susurré sintiendo el rubor en mis mejillas.
— ¿Ya te aclaró que tipo de relación tienen? —Empujó un poco sus lentes y me observó con detenimiento, mordí mi labio — ¿Y bien? —Preguntó con impaciencia.
—Aun no me he animado hablarle de eso…
— ¡Lo sabía! —Interrumpió. —No seas cobarde Bella, tienes que hablarlo hoy mismo.
—No lo sé Angie, me siento nerviosa. Por algo no ha nacido de él pedírmelo…. quizás sabe que no tengo nada de especial. —Desvié la mirada hacía la rubia que se había comido a Edward con los ojos, y ahora estaba formada en la fila. — ¿Qué va a pasar conmigo el día que descubra que no le gustan las morenas? —Susurré.
—Bells, estás ebria.
— ¿Qué? —Pregunté desconcertada.
—No encuentro otra explicación para tantas tonterías que salen de tu boquita. ¿Cómo puedes saber si esto o si aquello? Simplemente no lo sabes. Pregúntaselo hoy mismo.
Suspiré, sabía que mi amiga tenía razón pero una vida llena de dudas no se iba a ir de la noche a la mañana. Saliendo del tocador fuimos por unos Martinis, yo ya no quería tomar me sentía incluso mareada, así que solo estaba esperando que Angie pidiera sus tragos. Me apoyé en la barra de bebidas y vi a Edward, muy cerca de mí.
Sonreí, seguramente me había esperado, los vaqueros oscuros resaltaban su camisa de seda inmaculadamente blanca. El cabello revuelto y cobrizo le daba un aire de sensualidad increíble. Parecía un modelo consagrado. Tenía boquiabierta a la chica que, hasta ese momento, me di cuenta que lo estaba comiendo vivo. Lauren. ¿Por qué estaba aquí? Ellos estaban hablando de algo, y luego ella gritó escandalosamente fundiéndose a él en un abrazo. No supe en que momento, me acerqué a ellos un poco.
—Estoy tan contenta de que me invitaras, luces… bueno guapo es poco… —Susurró entre los brazos de Edward.
¿Qué me invitaras?
—Gracias, tú también luces genial. —Edward terminó el abrazo, pero la sujetó de la cintura con una muy amplia sonrisa. —Por aquí están todos mis amigos.
Lauren lucía un diminuto vestido gris, el frente por supuesto que no dejaba nada a la imaginación mostrando sus pechos casi desbordándose, el cabello largo y brillante caía entre sus hombros, el vestido demasiado corto mostrando su piel bronceada, sus ojos verdes oscurecidos por los tonos de su vestuario, los zapatos tan altos que le llegaba a Edward más arriba de la barbilla.
— ¿Te acuerdas cuando vinimos? Bailabas como un profesional —sonrió seductoramente — ¿me invitas?
—Yo… bueno yo... —Edward estaba balbuceando, eso de ninguna manera era buena señal. —Vengo con Isabella. —Murmuró inseguro.
Sabía que no debía sentirme así, pero los celos me estaban comiendo viva, porque yo no era nada para Edward. Él podía bailar con quien quisiera, terminar la noche en la cama que quisiera y yo, simplemente podía terminar sola y con pesadillas. Era a lo más que podía aspirar.
— ¿Y eso qué? Anda vamos… una canción por los viejos tiempos…
— ¡Bells! —Angie gritó haciendo que ambos se giraran hacía mi —Oh… —Murmuró al llegar a mi lado. —No sabía que ya habías encontrado a Edward… ¿te espero arriba?
—No… — me giré dándole la espalda a Edward —vamos.
—Bella, —Edward sujetó mi mano —quédate conmigo. —Lauren frunció el ceño y me miró con una especie de mueca. Lo miré enojada, pero no quería montarle una escenita, como si fuera una adolescente.
—Hola Lauren. —Murmuré secamente, y respiré un poco más tranquila cuando Edward entrelazó nuestras manos.
—Invité a Lauren en el desayuno… —Me miró evaluando cada una de mis reacciones. —De hecho, Bella sugirió venir aquí por mi cumpleaños. —Se dirigió hacia Lauren.
—Ah… ¿y donde están sentados? —Inquirió la insulsa sin dejar de verlo.
—En la zona VIP, ¿vamos? —Preguntó Edward.
¿Vamos? Diablos, estaba a punto de salirme humo por la cabeza, no dije nada, lo miré furibunda y di grandes zancadas hacía la zona VIP. Suspiré hondo y agradecí, que no se escucharan mis resoplidos por el fuerte sonido. Edward solo se limitó sonreír y a sujetarme por la cintura mientras avanzábamos.
Llegando a la mesa, Jane y Demetri conversaban con Félix y Carmen. Ben y Angela platicaban y bebían en la terraza. Lauren venía con una chica muy blanca de cabello negro, supuse era su amiga, y no la había visto antes por estar molesta. Edward me miraba con una sonrisa que me estaban dando ganas de abofetearlo, mientras hacía pequeños círculos con el pulgar en mi mano.
—Sabes que nunca me fijaría en nadie que no fueras tú, ¿verdad? —Susurró tomando con suavidad mi mentón. Su toqué mando una corriente eléctrica por mi cuerpo, pero me negué a entregarme a esa sensación y desvié la mirada.
— ¿Estás seguro? —Pregunté molesta. —Por mi puedes irte a bailar con ella, se ve que no puede superar tus movimientos de aquel día. —Edward se rió.
— ¿Estás enojada? —Negué, pero por dentro deseaba fulminar a Lauren con la mirada. — ¿Entonces eres de las que sufren en silencio? —Preguntó con una media sonrisa.
—Podría decirse. —Espeté malhumorada, mis ojos se encontraron con los de la inoportuna y me giré furiosa. Edward tomó mi rostro.
—Únicamente tengo ojos para ti Bella, sólo quiero bailar contigo, estar contigo… te quiero… —se acercó y depositó suavemente sus labios en los míos, su aliento era mentolado y exquisito, cerré los ojos, adorando la suavidad de sus labios.
Ahora que Edward había descubierto que me derretía cada vez que me decía te quiero, se aprovechaba sin duda. ¿Cómo no iba a adorar la forma en la que lo decía? El tono dulce y aterciopelado, lo vulnerable de sus orbes verdes, sus titubeantes manos. Era como si cada vez que lo dijera, le costara la misma vida. Sin embargo recordé que debía estar enojada y me separé con todo el esfuerzo del mundo. Él me miró con el ceño fruncido.
— ¿Quieres que nos vayamos? —Preguntó. Asentí sin verlo. —Me despediré entonces.
Sabía que me estaba portando como una niña, estaba arruinando otra vez su cumpleaños. No debería pedirle que nos fuéramos, pero no podía controlarme. Quizás había bebido demasiado, miré hacia la esquina donde una Lauren visiblemente enojada murmuraba cosas con su amiga.
—Es mejor que se vayan a un cuarto, antes de que vuelvan a montar una escenita. —Dijo Demetri entre risas, los demás también se rieron, todos excepto Angela.
Ella me veía preguntándome con los ojos que estaba pasando. Por lo que me limité a sonreír y a despedirme. Edward fue a despedirse de Lauren y tuve que tragarme un bufido más, al escuchar sus gimoteos porque no quería que Edward se fuera. Al salir, los flashes me cegaron momentáneamente, quedé sorprendida y bastante confundida, nunca pensé que la prensa vendría a este lugar. Unos quince reporteros se abalanzaron hacia nosotros, la seguridad del club no parecía suficiente. Nerviosa, me pasé un poco el cabello hacia enfrente, en un tonto intento de cubrirme el rostro. Un reportero tiro de mi mano y casi entro en pánico.
— ¡Retírense! —Me pareció escuchar la voz de Alec. Venía junto con todo el personal de seguridad de Edward, entre toda la confusión no podía distinguir a nadie.
Edward sujetó con firmeza mi cintura y me condujo hacía el automóvil que ya nos esperaba.
—Edward dinos por favor ¿Quién es ella?
— ¿Dónde está Jessica Stanley?
—Supimos que tuvo un accidente…
—Señorita díganos su nombre…
Los reporteros gritaban miles de preguntas y se abalanzaban hacía nosotros, como una turba enardecida, parpadeé de nuevo presa de los flashes. Me sentía cohibida, cegada y tenía miedo, torpemente me moví junto con Edward. Alec nos abrió el auto y se apresuró a arrancar lejos de ahí.
— ¿Estás bien Bella? —Preguntó Edward barriendo el pulgar por mi mejilla.
—Sí… sólo… estoy sorprendida. —Susurré asustada. Dios mío, ojala que no hayan capturado mi rostro… Edward suspiró.
—Lamento que sucediera esto, debí imaginarlo. ¿Aún quieres quedarte conmigo? —Asentí.
El camino fue silencioso, y me refugié en los brazos de Edward. Cerré los ojos aspirando su loción y tratando de calmarme. Si quería estar con él, entonces tenía que acostumbrarme a todo esto; a los lujos, a los lugares privados, a los autos, a la prensa y sobre todo… a las mujeres. ¿Por qué habrían preguntado si Jessica tuvo un accidente? ¿Por qué rayos había invitado a Lauren? Miré por la ventana, solo para encontrar con que ya habíamos llegado.
Edward tomó mi mano y bajamos del auto. Me soltó para descalzarse y se tumbó sobre un enorme sofá de piel en tonos negros, encendió una pequeña lámpara cuadrada. No pude evitar sonreír al recordar todo lo que habíamos vivido aquí. Toda la residencia olía a él, a sándalo y jazmín, a esa particular loción suya y su fragancia natural.
Miré al suelo y no pude evitar ver que había quitado la suave alfombra de color blanca, ahora el piso era oscuro de madera y le daba una amplitud asombrosa al salón. Un enorme tapete en varios tonos de café, estaba debajo de los sofás. Había en las paredes de la estancia algunos cuadros modernistas, la silueta de una mujer desnuda, observando sus manos, en otro la silueta de un niño sentado, cruzado de piernas en medio de un bosque.
En otra sección donde era la sala, una enorme pantalla rodeada de un impresionante equipo de sonido. Caminé hacía una de las ventanas, decoradas con cortinas de un gris oscuro, daban una vista esplendida hacia el jardín rodeado de hermosos árboles. Dios mío, parecía un pequeño bosque.
Miré hacia la luna, estaba tremendamente grande. De color rojizo asemejando un eclipse. Suspiré, había arruinado nuestra velada. Pero es que amaba a Edward, tanto que dolía. No podía dejar de sentirme insegura con todo esto. Con las mujeres devorándolo con la mirada, con la sombra de Jessica rondándonos, con los lujos tan exagerados que lo rodeaban… ¿podría quererme lo suficiente para quedarse solo conmigo?
—Bella, ven aquí nena. —Pidió Edward con voz profunda. Me estremecí ligeramente pero no le hice caso. — ¿Qué te pasa? —En un segundo estuvo detrás de mí y rodeó mi cintura, para no perder la costumbre, me asusté.
—Nada.
—No me mientas fresas, —apartó el cabello de mi hombro y deslizó los labios con sumo cuidado por mi cuello —eres muy mala actriz. Dijimos que nos íbamos a contar todo.
— ¿Entonces por qué no me contaste que ibas a invitar a Lauren? —Espeté. Él resopló visiblemente cansado. — ¿Te acuerdas como te pusiste por lo de Jake? —Edward detuvo sus movimientos, y se separó abruptamente de mí, caminando hacia otro lado. —Debí invitarlo a tu fiesta. —Murmuré girándome para encararlo.
— ¿Qué tiene que ver él en esto? Odio que lo nombres Isabella. —Caminó hacia mí y sujetó con fuerza mis hombros, sus ojos brillaban salvajes. — ¿Por qué lo mencionas? eres mía. Dime que Black también lo sabe.
—Claro, igual que Lauren o Jessica saben que tú eres mío. —Refuté. Deseé tranquilizarme, poner algo cerca de mi boca para poder morderlo pero ya era tarde. — ¿Dime de alguien que sepa que eres mío? —me sacudí de su agarré y lo miré enfadada — ¿Nadie verdad? ¿Entonces porque me reclamas cuando ni siquiera sé que somos?
—Deberías saber perfectamente que eres para mí. —Me miró con posesión. — ¿Qué no te lo he dejado claro? Dios, —rodó los ojos y caminó hacia la puerta tirando de su cabello —a veces eres tan condenadamente cabezota.
— ¿Qué yo soy la cabezota? —Grité. —Perdóname por no entender tus señales de humo Edward. —Caminé hacia el sofá.
De pronto, las lágrimas empezaron a salir de mis ojos, y la garganta se me cerró en un doloroso nudo. Me sujeté el rostro con ambas manos sintiéndome tan ridícula, por haberle dicho algo que no debía, por estar llorando. Después de todo me estaba portando peor que una adolescente. No quería presionarlo, si de él no nacía pedirme que fuera su novia yo no iba a forzarlo. Edward caminó hacia mí y tiró de mis manos para que lo mirara. Se veía hermoso con su camisa blanca desabrochada de los tres primeros botones, su cabello cobrizo revuelto, sus profundos ojos verdes…
—Dios mío. —Me aplastó contra él colocando los labios sobre mi cabello. —No llores amor, lo siento. —Golpeé el puño contra su pecho, lo cual, tuvo el mismo efecto que si hubiese golpeado una roca.
— ¿Qué pasa contigo? ¿Tu si puedes salir con una mujer que te besó en mi cara y yo no puedo ver a mi amigo? —Pregunté entre sollozos. Él me estrechó con más fuerza.
—Bella… Lauren va a invertir en la empresa, lo sabes. Nuestra fusión logrará formar un gran capital y traerá grandes beneficios, ahora es mi socia…
—No me importa. —Farfullé. —El punto aquí, es que tú si puedes dudar de mí con cada paso que doy, con cada cosa que digo. Y yo... ni siquiera sé porque te estoy diciendo todo esto. —Sollocé
—Nena... —Sus labios se movían fervientemente por mi rostro bañado en lágrimas. —No sabía que te sentías así lo lamento, fui un tonto al invitarla, solo pensé en la unión de nuestra compañía. Ni siquiera recordaba haberla invitado hasta que la vi en la barra, este día no he hecho otra cosa que estropear todo. —No dije nada. Él me aferró a su pecho, pasaron algunos minutos antes de que volviera hablar. — ¿Quieres ser mi novia? —Murmuró con voz suave. Parpadeé confundida.
— ¿Y esperas que me crea que de verdad quieres eso? —Sus ojos verdes brillaron seductores al verme.
—Lo único que espero es que digas que sí. —Mordí mi labio y bajé la mirada. Tiró de mi mano haciendo que nos sentáramos en el sofá y yo quedara a horcajas sobre él, suspiré mientras enterraba muy lentamente el rostro en mi cuello. Su varonil aroma inundó mis sentidos. —Me encanta tenerte aquí, no sabes cuánto.
—Me gusta estar aquí. —Susurré y le regalé una tímida sonrisa. —Te quiero tanto Edward, que tengo miedo de todo esto.
—Esto es lo que soy nena. —Paseaba las manos suavemente por mis piernas. —Aún estás a tiempo de rechazarme, si todo lo que soy te abruma, si todos mis problemas te agobian…
—Shh… —puse un dedo en sus labios, sus intensos ojos lucían afligidos, claramente estaba malinterpretando todo —sé que esto es lo que eres, y lo quiero. Lo quiero todo de ti Edward, es simplemente que estoy celosa.
—No tengo ojos para nadie más Bella, sé que he cometido muchos errores… Antes vivía en... algo así como la oscuridad, a veces lograba ver algunos destellos en la fría noche, sin embargo cuando te conocí, fue como si un meteorito pasara por mi vida. Iluminando mi oscuridad por completo y cegándome a su paso. Aún lo sigo estando, sólo puedo verte a ti.
— ¿Me lo prometes? —Susurré como tonta, pero necesitaba saberlo.
—Te lo juro. —Dio un beso suave en mis labios. —Entonces ¿qué dice señorita Swan? —suspiré y sonreí levemente.
—Sí, quiero ser tu novia.
Sujeté su rostro con ambas manos y busqué su boca con urgencia, él me correspondió con la misma intensidad. Mi beso era demandante, quería fundirme en él, lo quería para mí, solamente para mí. Enredé la lengua con la suya y tiré de su sedoso cabello para acercarlo más. Edward deslizó las manos hacía mi espalda aprisionándome entre sus fuertes brazos, bajó dando besos húmedos y suaves por mi cuello.
—Lauren no significa nada para mí, tú eres todo lo que siempre he querido y mucho más. —Murmuró.
—Hum. —Me quejé molesta con los ojos cerrados disfrutando de sus suaves labios en mi piel.
—Me estaba felicitando por mi cumpleaños, eso fue todo.
—Le gustas. —Desabotoné su camisa. —Y le diste ilusiones al invitarla.
—Claro que no. —Resopló como si estuviera cansado de eso.
—Claro que sí, me quiso matar con la mirada cielo. —Sonreí lanzando la camisa a algún lugar.
—Alucinas. —No pude evitar rodar los ojos, a veces Edward podía ser tan ingenuo.
—Tengo miedo cielo, de que te aburras de mí, de que te des cuenta de que no soy lo que buscas... —Puso un dedo en mis labios y me miró con ojos verdes encendidos.
—Bella tú eres mi destino, yo no te busqué ni tú me encontraste, te necesitaba y llegaste…. Eres lo que necesitaba sucederle a mi vida.
Sus ojos verdes eran profundos y sinceros. Llenos de certidumbre y amor. Sonreí, realmente sonreí llena de amor y pasión por este hombre, lo amaba tanto. Busqué sus labios cargada de ardor otra vez. Él gimió eróticamente, cuando deslicé la mano entre nuestros cuerpos y toqué su enorme erección a través de los vaqueros. Sujetó mi rostro con ambas manos y me besó con desesperación. Sin perder el tiempo le desabroché los vaqueros, me ayudó elevando un poco las caderas para poder librarse. Aún con que yo estaba encima de él, pareció no costarle ninguna dificultad cuando pateó su ropa fuera. Luego, ahuecó las manos en mis pechos, masajeándolos y tirando de mis pezones a través de la ropa haciéndome gemir.
Así como le pasaba a él, también me pasaba a mí. Necesitaba de esa extraña sensación de posesión, sentir que era mío. Que ninguna mujer iba a separarnos nunca, verlo rodeado por tantas mujeres, hacía que todo el día me doliera el corazón, el dolor solo se calmaba cuando estaba finalmente conmigo. Sus manos recorrieron mis piernas y lentamente subió el vestido hasta mi cintura, yo quería tener esta vez el control, lo necesitaba. Por una vez en mi vida necesitaba tener el control de algo, aunque fuera de su cuerpo. Tomé su erección por la base, acariciándole de arriba a abajo, él contuvo la respiración mientras se estremecía debajo de mí.
Sus ojos claros, ahora estaban tremendamente oscurecidos y la noche solo los hacía lucir negros. Sonreí maliciosamente, yo también podía hacerle esto. Hacer que perdiera la cordura y la noción del tiempo. Lo apreté al principio delicadamente, subiendo y bajando la mano sin dejar de mirarlo un solo segundo. Algunas veces lo hacía de forma lenta, otras de forma rápida, buscando de qué manera le gustaba más, observando sus reacciones, deleitándome con sus jadeos o su piel suave y dura. De pronto se me ocurrió una idea, probarlo. Me deslicé lentamente por el sofá, hasta quedar hincada frente a su glorioso y desnudo cuerpo.
Por lo general no tenía tiempo de ver a Edward como Dios lo trajo al mundo. Siempre estaba cohibida, o debajo de él. Todo excepto, estar hincada frente a él, observándolo. Su pecho subía y baja con fuerza, sus ojos amenazando con devorarme, las manos apoyadas sobre sus rodillas, los labios entre abiertos.
—Bella no vayas a… —Antes de que dijera otra cosa y sin dejar de mirarlo, me acerqué a su erección, todo mi cabello cayó hacia adelante mientras sujetaba su miembro con firmeza y me lo llevaba a la boca, no pude evitar sonreír al escuchar como soltaba el aliento con los dientes apretados. —Mierda. —Siseó.
Quería hacer la danza de la victoria, hoy él no iba a decirme que hacer. Continué con mi tarea, subiendo y bajando mis labios por lo largo de su erección, jugando con mis manos, otras haciendo círculos con mi lengua. Elevó las caderas removiéndose inquieto, sus manos se colaron suavemente por mi cabello, le enterré las uñas en los muslos y chupé con más fuerza, lo escuché gemir y de pronto, tiró de mi cabello obligándome a parar.
—Hora de practicar. —Murmuró con voz ronca extendiéndome un preservativo. Lo miré un poco asombrada. —Pónmelo. —Ordenó. Tenía la mandíbula tensa, su rostro de adonis estaba bañado por la escasa iluminación, sus ojos me miraban salvajes. —Quiero que te subas arriba de mí a la de ya.
Así, sumidos en una profunda oscuridad, no lo pensé dos veces. La excitación que me provocaba verlo disfrutar, me estaba matando. Mordí mi labio, su tono de voz ronco no dejaba cabida a replicas. Me concentré en la última vez y de forma insegura, rasgué el envoltorio. Lo deslicé lentamente y mordí mi labio viendo que por suerte, me quedó muy bien. Levanté la vista con una sonrisilla de suficiencia pero al verlo me quedé sin aliento. Tenía los ojos tan oscurecidos y me miraba… como un depredador. Respiré hondo tratando de no perder el control en esto, me elevé y moví mi tanga hacia un lado, yo misma tomé su miembro y descendí lentamente sobré él. Todo mi cuerpo tembló ante su enorme invasión, cerré los ojos y gemí sintiéndome desvalida. No importaba cuantas veces lo hiciéramos, siempre sentía que me iba a partir en dos.
—Diablos Bella. —Resopló apoyando la cabeza en mi hombro. Todos sus músculos se tensaron. —Eres-tan-jodidamente-estrecha, y haces cada cosa…
—Es que te necesito Edward. —Comencé a ondularme sobre él, aferrándome a sus anchos hombros, en lo que mi cuerpo lo aceptaba del todo. —Necesito saber que sólo eres mío.
—Sólo soy tuyo nena… nunca lo dudes. —Siseó con palabras entre cortadas y acariciándome suavemente la espalda.
Inspiré profundamente y apresé mi labio mientras me movía de atrás hacia adelante, él elevaba las caderas entrando suavemente en mí interior, robándome audibles gemidos. Sujetó mi cintura, impidiendo que me moviera rápido. Otra vez estaba dominándome, marcándome el ritmo y hundiéndome en ese pozo del que nunca emergía con vida, todo mi cuerpo vibraba al borde del orgasmo. Al parecer Edward no tenía prisa, sus manos se paseaban errantes por mi cuerpo, sus labios eran dulces en los míos, sus movimientos lánguidos y sin urgencia. Pero no, hoy yo quería tener el control. Sujeté sus manos y las entrelacé con las mías, apoyé firmemente las rodillas en el sofá y comencé a elevarme con rapidez, deslizándome de arriba hacia abajo.
—Despacio Bella… —protestó entre dientes sujetándome las caderas —te vas a lastimar.
—No, despacio no Edward. Te necesito así y ahora.
Él me miró asombrado, como sí no esperara esto de mí y aprovechándome de su vulnerabilidad, bajé de nuevo apresando su miembro. Lo hice una y otra vez, experimentando un extraño dolor que resultaba exquisito, al notar que me penetraba angustiosamente demasiado, deleitándome con sus gruñidos roncos.
Edward no resistió mucho tiempo en su afán de llevar lentas las cosas. Llevó las manos al escote de mi vestido y tiró de él hacia abajo, mis pechos saltaron libremente hacía arriba.
—Eres preciosa Bella… sólo te puedo querer a ti…
Deslizó los labios a mis pechos, y tomó uno para succionarlo con avidez. Con el otro jugaba tirando de mi pezón. Apoyé las manos en el respaldo del sofá y tomé mayor impulso, sentía su erección llenarme por completo.
—Eres mi vida… —gemí —ninguna mujer volverá a tenerte.
—No, —jadeó —solamente tú.
Respiré violentamente, presa de todas las sensaciones que estaba sintiendo, encantada de que me dejara tener el control de su cuerpo. Edward nunca me imponía nada, entre nosotros, no existía esa necesidad de dominarnos el uno al otro. En nuestra relación, cualquiera podía tomar las riendas, y él otro se dejaba encantado. Lo miré y en sus ojos encontré deseo, apetito e incluso ternura. Él quería darme tanto, como recibir de mi parte. Comencé a moverme en círculos, el corazón tronaba con fuerza en mis oídos, mis movimientos eran desenfrenados. Extasiada busqué su boca mientras tiraba de su cabello, su lengua me saqueaba y sus grandes manos abarcaban casi toda mi espalda, estaba a nada de correrme.
—Abre los ojos. —Pidió con voz ronca.
—No puedo… —susurré y mi voz se escuchó lejana incluso para mis oídos.
—Sí… ábrelos… —jadeando, los fui abriendo lentamente.
— ¿Pa… para qué?
—Me gusta verte… —sujetó mis caderas, me dio una profunda estocada que casi hace que me quede inconsciente —cuando te corres…
La electricidad corrió por mis venas y gemí su nombre mientras parte de mi mente me abandonaba. Eché la espalda hacía atrás, tomándolo todo por completo, mis paredes internas se enredaron en él, exprimiéndolo con fuerza. Él soltó una maldición y elevó las caderas unas cuantas veces más, haciendo que mis rodillas se despegarán del sofá mientras el orgasmo nos consumía a los dos.
—Te quiero Edward… —susurré contra su pecho, sintiéndome agotada, incluso los ojos se me cerraban.
—Joder Isabella, —deslizó mi cabello húmedo detrás de mis orejas —recuérdame hacerte enojar más seguido. —Intenté golpear su pecho pero más bien pareció una caricia, tomó mi mano y me dio un suave beso. —Sería un tonto si mirara hacía otro lado teniéndote aquí. Te quiero nena, no tengo que buscar nada más, a tu lado me siento completo.
Hola nenas ¿qué tal su semana? Pues bien, aunque Jessica intente lo que intente, Bella va dando pasos lentos pero seguros, ahora ya por fin le queda claro su lugar en esta relación. Todo depende ahora de como Edward maneje todos los problemas que le rodean, por un lado una Ex manipuladora, por el otro una nueva y molesta socia.
Gracias a mis nuevas lectoras por agregarme a favoritos y alertas: ALEJANDRA MASEN CULLEN, Ale-55,MelLutz L, yrcl, ipodeve, eugiis19, nadia0290.
A mis nenas: Barbyblue qué te puedo decir nena me encantan los lemmons espero que te sigan gustando, estoy ya sabes asombrada de que me sigas también acá y pues bueno, espero me sigas diciendo si te van gustando los capis. AbiFanTwilight supongo que por allá ya será viernes, aquí te dejo otra "pequeña" demostración de amor esta vez cambie la técnica primero la tormenta y luego la calma para que no digas, jajaja espero que te haya gustado linda, que tengas buen fin de semana. Vale Potter, hellow esta vez Jessica no se accidentó pero eso de que se estaba haciendo daño… a ver si no chantajea a Edward con que se va hacer daño, es tan fastidiosa. Lauren por lo pronto se quedó con las ganas de bailar con Edward pero eso no lo salva de que trabajen juntos, a ver que se les viene, como siempre un gusto leerte. MaruChan linda ¿qué te parecio el capi? Espero estés bien. Kim Jajaja al final no la accidente… casi pero no, ya sería el colmo, Lauren intentando seducir pero creo que Bella es mejor seductora cuando se lo propone, ¿o tu que dices? Edu linda me morí con tu PM ahorita te lo respondo, por lo pronto pues bueno Bella ha puesto bastante en claro lo que piensa de que Edward ande como tonto de aquí para allá y aunque usted no lo crea le exigió sutilmente una respuesta y la obtuvo, oficialmente son novios, a ver si eso de las cámaras no le trae problemas más adelante con Renée te digo a la pobre cuando no le llueve le llovizna, jajaja como siempre un gusto leerte. Melania no lo sientas, Edward de pronto es un tonto jaja pero es que esta unido más a Jessica de lo que él mismo quiere darse cuenta, ya no tarda en ocasionarle un problema verdaderamente grande a ver que hace, sobre todo en cuanto Jess se enteré que oficialmente esta con Isabella, se va arrancar los cabellos, jaja ¿te gustó un poco más este capi? Espero que sip. Joselina hola hola, yo te comprendo cada día odio más a Jess, y pienso que conforme pasa el tiempo ella cada vez está más loca ojala que lo del psicólogo sea cierto porque la señora Stanley nunca ha estado al cuidado de su propia hija, a ver que pasa ¿te gustó el capi? Emily linda que barbaridad, si te dijera que me carcajeé a mandibula batiente con lo del camión de carga me creerías? Te pasaste en serio! Sé que quieres matar a Edward a veces yo también pero bueno esta vez Bella no andaba para jueguecitos y le pidió quizás inconscientemente que le dejara las cosas en claro y asi fue, Carverward ya sabes queriendo salir a flote pero esta vez Bella fue más celosa que él. Jess podrá aventarse a otro caminón y esperemos que no salga ilesa, con aquello de que se esta autodañando a ver si no sale con payasadas para enredar más a Edward, como siempre un gusto leerte espero que no necesites reanimación cardiopulmonar por este capi, ya sabes que me encanta el amor escrito y descrito jajaja te gusto? Tiuchis hola hola linda, pues veras en este capi varias tipas quisieron robarle a Edward algo más que un par de minutos pero bueno, la única que pudo fue Bella y salió con novio y toda la cosa, espero que te haya gustado. Cindy Cindy sabes que por tu culpa mi marido me vio horrible a mitad de la función por leer tu RR verdad? Como se te ocurre poner eso! Dios, ya no leere tus RR cuando este en silencio o en publico si no cuando este sola jajaja me matan de la risa, ojala el chofer se hubiera bajado a cachetearla hubiera estado genial. Edward bueno esta vez Bella se le trepo encima y él pues se dejo querer, ya sabes que a los hombres no se les da eso jaja y pues bien termino siendo abusado pero feliz. Jess volviéndose loca a ver que saca ahora y Laurent no se quedo para nada contenta ahí sin conocer a nadie en el bar, a ver si entiende que no la quieren o si por el contrario… se encapricha con Edward. Ojala que nop, gusto leerte y gracias por las pixs son lo mejor de mi día. Janalez hola nena, Jessica no tuvo accidente pero eso no significa que este bien, trae desordenes mentales y le urge atención ojala que si se la brinden. Renée pues bien esta tranquila recibiendo dinero pero no sé Bella que esta esperando para pagarle a Edward si ya junto el dinero. Marah Jajaja nooo calma, no hubo accidente pero eso no quita que Jess siga estando mal, Ed pues bueno tiene que aclararle bien a Bella el terror que siente de tener hijos y no la charla superficial que tuvieron el otro día, Lauren pues no logró nada pero desgraciadamente ya va a trabajar con Edward todos los días, así que,… pobre Bells tendrá que lidiar con eso. Como siempre un gusto leerte : ) Jupy hola nena pues no creo que Bella renuncie, necesita el dinero para poder callar a Renée, se ahorraría problemas contándole a Edward pero ya ves como es, te gusto el capi? Bueno me dices.
Saludos a todas mis lectoras fantasmitas espero que les siga gustando y que me lo hagan saber, IMaryG dónde andas missya, felycitas ¿cómo va la escuela? espero que todo bien. Bueno les adelanto que al igual que yo que tendre unas vacaciones, me gustarían unas vacaciones para Ed y Bells ¿cómo ven?
Nos leemos pronto :)
