Editado en julio del 2019

Capitulo 34: Dime la verdad

"La sinceridad no obliga a decirlo todo, sino a que lo que se dice sea lo que se piense"

Ángel Ganivet

Luciana solía encender la radio por las mañanas cuando estaba de buen humor, saltaba descalza por toda la sala en su camino a la sala de armas, a la de entrenamientos o al patio para jugar con los lobos.

Recordaba que decía odiar a Taylor Swift, pero tarareaba a la perfección cada una de sus 'tontas canciones cursis'.

Era curiosa, más que eso ella era bastante nerd. Solía leer mucho, sobre todo. Historia, magia, mitología, sabía mucho sobre el mundo humano y el sobrenatural. Inclusive, habían tenido charlas sobre brujas y hechizos, el Pilar quería absorber toda la información que pudiera de ella.

Camille de Featt, sobrina de Suzan Pratt, ¿caballero de Luciana Daidouji, el Pilar de Infierno? No podía imaginar que alguien entendiera sus motivos, la razón por la que decidió aceptar.

"-Estoy buscando una bruja que se una a mí, como caballero"

No todas las brujas tenían el deseo de formar parte de un aquelarre, no todas creían en la unión hace la fuerza. Las brujas y magos practicantes de la magia negra creían en una sola cosa en esta vida: no puedes confiar en nadie más que en ti mismo.

"-Necesito alguien que cuide mi espalda y la de Kamuy en el campo de batalla. Un escudo"

Nació y se crió en el Este de Francia, su madre era una bruja poderosa en el arte de las maldiciones, personas de toda Europa recurrían a ella. Su padre murió cuando tenía cinco años, había sido atacado por un aquelarre del Sur de Italia que tenía problemas con su madre. Su tía, Suzan, se mudó con ellas por un año y la inició en la magia.

Las brujas Pratt eran independientes, fuertes y tenían el corazón de piedra.

Las brujas Pratt no necesitaban a nadie más que a ellas mismas, ni siquiera se necesitaban entre ellas.

"-¿Qué dices?"

Se mudó a Nueva Orleans a los quince, se hizo de renombre y aprendió todo lo que pudo, leyó cada libro y memorizó cada hechizo. Aprendió a mezclar hiervas, volver el agua veneno y matar a un hombre con sólo chasquear los dedos. Lo hizo todo sola, porque era una bruja Pratt y las brujas Pratt no necesitaban a nadie.

"-¿Por qué me uniría a ti? Soy una bruja, las brujas no necesitan a nadie. Nadie confía en una bruja, mucho menos un Pilar"

Mucho antes de beber de su sangre, antes de luchar espalda con espalda, ella había jurado lealtad a una mujer rubia y con los ojos tan rojos como la sangre que había derramado.

"-Todos necesitamos a alguien, somos animales sociales después de todo"

Luciana le había ofrecido una camarada, una amiga, una… familia.

…ella quiso saber qué era tener todo eso, incluso más.

-Cami, aquí estás.

A sus espaldas apareció Kamuy, ella ni siquiera pestaño ante su voz.

-Necesitamos hablar.

-Necesitas irte. -le dijo- Ahora.

-Camille, espera. -dio un paso hacia ella y una línea brillante se trazó a milímetros de sus pies. Una barrera.

-Si das otro paso, será el último. -advirtió.

-¡Maldición, Camille! ¡Escúchame! -bramó.

Volteó la cabeza, lo observó de reojo. Sus ojos castaños como dos rocas, duras y frías.

-Escuché suficiente, vete.

-No, vas a escucharme. -advirtió, firme- Sé cómo te sientes, estás herida.

-¿Tú crees? -ironizó.

-No tendrías que haberte enterado así… -se lamentó- Luciana no está aquí para aclarar la situación, así que lo haré yo. Te ocultamos información, sí.

Apretó los puños, se sentía como una estúpida ahora mismo. Una puñalada en la espalda, eso sentía.

-No te voy a mentir, no dijimos nada al principio porque no sabíamos si confiar en ti.

Se dio la vuelta, una sonrisa sarcástica en su rostro, Kamuy pasó una mano por su rostro al verla.

-Al menos ahora me dices la verdad, bravo. -dio tres palmadas y rió en voz alta- ¡En hora buena, Kamuy!

-¿Me dejas terminar? -no esperó una respuesta y siguió hablando- Empezamos con el pie izquierdo, Lu no sabía si te quedarías con nosotros. Tú eras una bruja solitaria, podrías hartarte e irte en una semana o dos. ¡Ponte en nuestro lugar, no te conocíamos!

-¡Yo tampoco los conocía y henos aquí! -abrió los brazos, su sonrisa sarcástica y venenosa no había abandonado sus labios- Nos equivocamos los tres, ¿no te parece?

Un auto la estaba esperando para llevarla de vuelta al aeropuerto, su vuelo salía en una hora. Una hora y estaría de vuelta en casa. Había cumplido su misión, aquél estúpido gato montés podría pensar lo que quisiera de las brujas, no le importaba, pero no volvería a referirse a ella como débil o traicionera, eso sí que no. Estaba a unos cien metros de su vehículo de traslado cuando una bola de pelos blancos la embistió, había salido de la nada y se había lanzado hacia ella. Su cabeza peluda chocó contra su estómago, la fuerza del ataque le sacó el aire de los pulmones. Cayó al suelo, rodó un par de vueltas y su cabeza impactó contra un contenedor de metal.

-Amárrala. -escuchó que dijo alguien a su derecha.

-¡Agh…!

Algo había pinchado su brazo, intentó llevar su mano a la zona herida pero no podía. Intentó incorporarse, pero le fue imposible, algo había envuelto su cuerpo desde sus pies hasta sus hombros. Se sacudió como un pez fuera del agua para tener una imagen clara de lo que la había apresado, era una especie de cuerda de color negra. No era simple hilo, podía sentir su frío helado contra su cálida piel.

-Malditos, van a pa-gar esto. -gruñó.

-No vamos a dañarte, Sakura.

Esa voz…

-Tú… ¿has venido por la revancha? -comenzó a luchar contra el agarre, pero sin magia eso parecía imposible y no podía hacer uso de su magia o la rastrearían los ancianos del Consejo.

-He venido por ti, voy a llevarte a casa.

-¿Casa? -se burló- A la horca, querrás decir.

-¿Horca? Aún me duele el cuerpo por nuestro encuentro en el desierto, pero no soy tu enemigo.

-Eriol, claro que tú estarías en esto. -lanzó una risa amarga- ¿Te duele el cuerpo? ¡Quítame esto de encima y te-

-Silencio.

Una pequeña mano cubrió su boca, siguió el camino de su brazo hasta llegar a su rostro pequeño y redondo. Ojos celestes cristalinos y cabellos castaño, un pequeño y lindo niño le estaba dando órdenes.

-Dulces sueños, princesa.

El infante retiró su mano y pudo ver como ésta estaba empapada en una especie de líquido morado. Pasó la lengua sobre sus labios, la había drogado.

-¿Q-qué hicis-te…?

Su visión se volvió borrosa, sus oídos captaron un gran pitido.

Sus pies estaban jugando en el pequeño canal que dividía el patio del bosque, la brisa traía consigo el olor dulce de las rosas blancas y las margaritas, la tierra fértil y el intenso aroma a pino. En su mano tenía su teléfono celular, en la pantalla podía verse una foto.

"-¡Sonrían, chicos!"

El último día de clases siempre era muy animado, todos sonreían y tonteaban. El verano y los adolescentes habían sido creados el uno para el otro. Kenji había tomado su celular y los había apuntado para tomarles una foto, ella sonrió y acercó más a su mejor amigo, Sakura se aferró fuertemente a Shaoran y todos pusieron su mejor sonrisa. Fue la última foto que les tomaron juntos, la prueba de que alguna vez los cuatro habían sido felices juntos.

-Tomoyo.

Bloqueó la pantalla y colocó el aparato a un lado, sobre el césped.

-¿Qué sucede? -puso su mejor sonrisa en su rostro y se volvió hacia su caballero.

-Nada. -respondió con simpleza y se arrojó al suelo, junto a ella- ¿Qué haces?

-Solo me refresco un poco. -le enseñó sus pies descalzos en el agua y el levantó una ceja- ¿Qué?

-¿Sabias que, cuando estás triste o enfadada, se hace un surco entre tus cejas? -con su dedo índice presionó la zona nombrada, ella sacudió su cabeza y su mano se alejó- ¿Qué te sucede?

-Nada, estoy bien.

-Mentira. -apoyó su mentón sobre sus manos, sus codos y estomago pegados al suelo- Dime, vamos.

-…estoy cansada, es todo.

-Está bien, no tienes que hacerte la fuerte, dulce. -le dijo suavemente- Eres una chica de sólo dieciséis años, después de todo. Si tu vida se cae a pedazos, es obvio venirte abajo también. -ella sonrió y volvió su vista hacia él- Me sorprende que no estés llorando.

-Si me pongo a llorar, no voy a parar nunca. -admitió- Vas a ahogarte en el mar de mis lágrimas.

-Se nadar muy bien. -ofreció- También tengo un hombro resistente, por si quieres llorar en el. -agregó.

-Descuida… -volvió a observar el bosque- Era una broma, no soy de las chicas que lloran. -admitió.

-Eres de las valientes que se guardan todo, ¿verdad? -rodó sobre su espalda y apoyó su cabeza sobre sus brazos. Cerró los ojos ante el brillo del sol del mediodía.

-Las valientes… que se guardan todo. -hiso chapotear sus pies en el agua- Sí… Supongo que sí.

Ambos quedaron en silencio por unos minutos, la brisa se encargó de seguir trayendo consigo los olores de las flores y los árboles, la corriente bajo sus pies siguió corriendo a la misma velocidad. No habían pájaros que trinaran, sólo la naturaleza siguiendo su ciclo de vida.

-Llora. -dijo él de repente.

-¿Qué…?

-Que llores. -repitió- Llora.

-T-te dije que-

-Entonces grita. -la interrumpió- Rompe algo. Golpéame. Haz algo, lo que sea.

-Estoy bien. -repitió.

-No, no estás bien. -abrió sus ojos y la observó- Te están persiguiendo tres ancianos malvados, tu prima pensó en sacrificarte al diablo, te devolvieron recuerdos de tus siete años dos gemelas que intentan matarse y que resultan ser otras primas tuyas. Tus amigos, tu familia, te alejaste de todos ellos para no ponerlos en peligro.

-Basta… -murmuró.

-Eres un Puen Tum, un ser extinto odiado por demonios y adorado por los inocentes. -continuó- No, no estás bien, dulce.

Sacó sus pies del agua y tomó su celular, se levantó del suelo y se fue pisoteando hacia la residencia que ahora era su casa.

-No te guardes todo dentro. -la tomó por uno de sus codos y la dio vuelta. Ahora estaban cara a cara- El dolor exige ser expresado.

-Suéltame. -pidió, no quería seguir hablando.

-Va a seguir acumulándose, Tomoyo. -le advirtió- La próxima vez que veas a Eriol. Si tienes que enfrentarte a Sakura. Cuando te cruces con Ángel o Luciana. ¿Cuándo explotarás?

-¡Suficiente! -estalló- ¿Crees que no lo sé? ¡Voy a explotar, lo sé! Es cuestión de tiempo para que me derrumbe.

-Entonces hazlo ahora. -exigió- ¡Apóyate en mí y explota!

-Henos aquí. -asintió él- La verdad es que ahora no puedo imaginarme en casa sin ti, Cam.

-Por favor… -frunció el ceño.

-Somos una pequeña y disfuncional familia de fenómenos, ¿no crees? .-dio un paso hacia adelante, la barrera lanzó una descarga eléctrica- Agh. -pero no retrocedió. Alzó sus manos y las apretujo contra la barrera, la electricidad quemando su piel- Cami, e-res mi fami-lia.

-Es tarde para decirme eso, ¿no crees? -preguntó, dolida, mientras se acercaba hacia la barrera también- No quiero una familia si esta me miente.

-Las-las familias no son per-fectas. -gruñó, más por el dolor que por sentirse ofendido- Come-ten errores.

-…¿y luego? -quiso saber- ¿Cómo remedian los errores, eh?

-Oportunidad. -soltó- Dame otra. -pidió- N-no te defrau-da-ré.

"-Incluso una bruja solitaria e independiente debe tener curiosidad sobre la magia detrás de la familia, ¿no crees?"

Chasqueó la lengua y bajó la barrera, el pelirrojo tropezó hacia adelante y le lanzó una sonrisa socarrona, ella reprimió la suya y volvió a darse la vuelta.

-Empieza a hablar, no hagas que me arrepienta, Kamy. -le advirtió.

-Voy a hablar, pero… -lentamente su sonrisa comenzó a desaparecer, la bruja lo miró por el rabillo del ojo, extrañada- Tú elijes quedarte o no.

Su ceño se frunció, sus ojos caramelo reflejaban la confusión en su mente. La bestia tomó aire profundamente y lo soltó con lentitud, llevó ambas manos al borde de su musculosa y tiró hacia arriba, por encima de su cabeza y lejos de su torso.

-Si antes había pasado o no, Luciana no lo sabía. -comenzó a explicar- Las memorias de un Pilar se pasan a su sucesor, son acumulativas.

Eso ella lo sabía, lo que no sabía era porque se estaba quitando la remera. No es que no lo hubiera visto semi desnudo, después de todo, Kamuy entrenaba a diario combate cuerpo a cuerpo y esgrima, muchas veces su remera sudada paraba en un rincón de la sala de entrenamientos o del patio.

-Tal vez ya había sucedido, seguramente lo hizo, y aquél o aquéllos recuerdos fueron bloqueados.

-¿Qué recuerdos…? -lo interrumpió.

-Los recuerdos de cuando las cosas se descontrolan y acaban así…

Kamuy se dio la espalda y Camille cayó en cuenta de el por qué se había deshecho de su ropa. No era la primera vez que la veía, había supuesto que era una herida previa a su paso a ser caballero, una herida grave que ni siquiera la sangre de Pilar pudo borrar.

-¿Esa herida te la hizo Lu? -preguntó, casi sin voz. Dio un paso al frente, luego otro.

-No a propósito, pero sí.

La espalda de Kamuy estaba rociada por pequeños y marrones lunares, constelaciones podían ser formadas si unías los puntos, seguramente Luciana lo había hecho ya. Pero no fue eso en lo que reparó la bruja. Sobre el omóplato izquierdo había una gran herida no cicatrizada, la piel bronceada del lobo del clan del Sur contrastaba con aquella herida roja palpitante. Era un patrón descendente, como si alguien hubiera sumergido si mano dentro de la piel y hubiera tirado hacia abajo y arrasado la piel a su paso.

-Esto no fue hecho con un látigo, Kamuy. -le hizo ver, preocupada.

-Así no es como funciona. -negó, divertido. Se dio la vuelta y volvieron a estar cara a cara- Son sus manos, no importa si nos arroja cien bolas de fuego o nos da mil latigazos, esas heridas sanan y no dejan cicatriz; si Luciana te ataca con su manos desnudas la herida tarda en sanar y no cicatriza.

-La sangre que nos hizo caballeros cura todas las heridas. -le recordó ella.

-Excepto las heridas que nos causan la dueña de aquella sangre. -le informó.

-No. -retrocedió un paso- Eso no fue lo que dijiste en el Pantano de la Cruz. -gruñó.

"-Sólo nosotros podemos herirlas de gravedad, ya que sus heridas tardan en cerrar y no cicatrizan"

-Funciona… funciona en ambas direcciones. -admitió- Así como ella puede dañarnos, -se volvió a colocar su remera- nosotros podemos dañarla.

-Los caballeros no podemos dañar a nuestro Pilar.-volvió a recordarle.

Antes de beber la sangre de Luciana y de aceptar convertirse en caballero la rubia le había explicado los efectos que su sangre producirían en ella.

"-Madre y amante, me verás como ambas"

Estarían conectados, todo su ser obedecería a su reina con placer. No se convertiría en un robot, tampoco cambiaría su personalidad o controlaría su conciencia a su antojo; lo haría por gusto propio, porque obedecer las órdenes de Luciana sería como un narcótico para ella, cumplir sus deseos y caprichos sería su objetivo. Jamás la lastimaría, podría odiarla y hasta discutir con ella, pero nunca levantaría su mano contra ella.

-Fue un accidente. -se defendió- Todo fue un maldito accidente, entonces descubrimos esto.

-Un momento… -hizo memoria- Luciana no tiene ninguna herida.

Todo aquél que hubiera visto a Luciana una sola vez en su vida se daría cuenta de inmediato el gusto de aquella mujer de usar escasa ropa. Si bien era una persona bastante sensual y parecía divertirse con ese hecho, no lo hacía para despertar el deseo de la gente. Había descubierto que Luciana Daidouji tenía la temperatura corporal más elevada de lo normal, literalmente ardía en llamas, entonces tener la piel demasiado cubierta le causaba incomodidad y más calor. Por esa razón también aguantaba bajas temperaturas con facilidad, aunque prefería evitarlas.

-Sí, la tiene. -asintió para sí mismo- Algo difíciles de ver, pero las tiene.

Esperó a que él continuara, pudo percibir que era un tema bastante sensible y duro de tocar.

-Estábamos en una misión, hace casi cuatro años, teníamos que encontrarnos con un sujeto en un acantilado. No éramos un buen equipo. -admitió- Ella era muy reservada, no estaba casi nunca en casa y me ordenaba quedarme a esperarla. Y, cuando me hablaba, no decía nada. Estaba cansado, aburrido y quería irme. Quise dejarla. -lanzó una carcajada- ¡Por Dios, quería irme a la mierda lejos de ella!

Camille no podía imaginar a Kamuy sin Luciana, y viceversa. Era una pareja dispareja, pero una pareja al fin y al cabo.

-El sujeto no llegaba, entonces pensé que sería un buen momento para decirle que iba a irme. No la había visto en dos semanas y no sabía cuando tendría otra oportunidad. -confesó.

"Ella estaba de espaldas a él, tenía su látigo fuertemente agarrado y parecía descontenta. Llevaban más de una hora esperando al sujeto, debía de ser un paquete importante para que ella siquiera esperara cinco minutos.

-Oye. -la llamó.

Ella apenas movió su cabeza hacia él, no dijo nada pero supo que tenía su atención.

-Voy a irme.

-Estamos en una misión. -le recordó ella, su voz neutral.

-No, me refiero a que me salgo de esto, muñeca.

Ella se dio la vuelta al fin, ahora estaban cara a cara. Él había estado en el suelo, descansando sobre el tronco de un árbol, se levantó y le sonrió airoso.

-Estoy cansado de esto, así que será mejor que encuentres a un nuevo perro guardián. -cruzó los brazos detrás de su cabeza- Yo estoy fuera después de esta misión.

Ella se quedó observándolo en silencio, al parecer se había olvidado de todo lo demás. Su ceño seguía fruncido, pero sus labios seguían igual de firmes y sus manos descansaban en su cintura"

-¿Podemos irnos? -chilló, incrédula. Esa era otra cosa que le habían dicho, caballero una vez, caballero por siempre.

-Podemos irnos, -asintió- es una mierda difícil y tal vez termines regresando, pero iba a intentarlo. -confesó.

-¿Cómo?

-Tu Pilar decide dejarte ir o no. Si lo hacen, no te buscarán. -pasó una mano por su rostro, cansado- Dicen que sientes un vacío enorme, deambulas sin destino por un tiempo y, si tienes suerte, regresas a la normalidad luego de unos años.

-¿Y si no…?

-En el mejor de los casos, terminas regresando con tu Pilar, en el peor, bueno… -se rascó la barbilla- Vagas toda la eternidad en busca de algo que llene ese vacío.

-¿Y estabas dispuesto a eso? -alzó una ceja, impresionada.

-Creí que podría hacer la diferencia, que no sería como esos pobres desgraciados. -sonrió, arrogante- Creí que podría irme y nunca ver hacia atrás, saldría airoso y nunca volvería a Luciana. -hizo una pausa-… Pero Lu nunca me dio la oportunidad de intentarlo.

-Pero… ¿qué?

-Por favor.

Cuando abrió la puerta de su casa no pensó que sería recibida con aquél escenario.

-Necesitamos los sellos de Mei. -pidió el chino.

-Kaho, por favor. -volvió a pedir Eriol.

Entre medio de sus ex estudiantes había un pequeño niño, Shaoran estaba cargando a una Sakura inconsciente entre sus brazos, Eriol estaba aferrado a los barrotes de su reja, pidiendo su ayuda.

-…está bien, pasa.

Les abrió la puerta y ellos entraron de prisa, cerraron las puertas mientras ella corrió por los sellos que Meiling había robado de la casa de las gemelas Daidouji hace algunos meses. Colocó una en la puerta, hace algunos meses. Colocó una en la puerta y los otro cuatro en las paredes, los sellos se activaron en cuanto terminó de colocarlos y su hogar era ahora un punto ciego para cualquier observador.

La bruja fue colocada sobre el sofá doble de la sala, su cuerpo se hallaba inmovilizado mediante uno de los hechizo de Eriol, una atadura.

En cualquier otro momento no hubiera funcionado, pensó la sacerdotisa, pero Aaron y Sakura están escapando del Consejo, eso significa no magia sin la protección de Micah.

-¿Sakura estaba en Tomoeda? -preguntó, sorprendida.

-En realidad, no. -confesó el mago de lentes- Fuimos por ella.

-Pues parece que tuvieron suerte esta vez. -los felicitó.

Se acercó hacia el centro del salón, Shaoran estaba sentado junto a su amada y el pequeño infante había tomado asiento en el sofá de una plaza frente a los castaños, Eriol estaba de pie entre ambos.

-Así que escuchaste sobre el desierto. -masculló Eriol, levemente sorprendido.

-Me preocupo por ustedes, mantengo un ojo cuando puedo. -le guiñó un ojo.

-¿Sigues trabajando para ellos?

-No. -respondió- Desde que Mei se fue, ya no paso informes. -frunció el ceño- Han querido que siga investigando a Tomoyo y a Sakura, pero ya no puedo seguirles el paso. Oí que tienen a alguien más siguiéndolas, pero no creo que encuentren nada.

-No creo que puedan seguir el paso de Sakura, no mientras siga con Aaron. -admitió él- Tomoyo no sale de su guarida.

-Estoy segura que recibe… visitas. -murmuró, confidente.

-Comienzas a ponerme nervioso, Kaho. -admitió, divertido. Ella sólo sonrió.

-Al menos Mei ya no anda metida en todo esto. -suspiró su primo- Espero que se mantenga a raya.

La sonrisa de Kaho se extendió, pero se dio vuelta para que su no tan joven ex alumno no se percatara. Esté donde esté, estoy segura que Mei tiene las narices metidas donde no debe.

-¿Listo? -inquirió el infante, se bajó del sofá y se acercó hacia la castaña- Una hora. -dijo, sacó de su bolsillo otra canica, esta vez de color blanca.

-¿Una hora? -Eriol se acercó- ¿Una hora para qué?

-Esto. -les enseñó la canica- Pa-ra-li-zan-te. -silabeo con dificultad- Ella habla, pero no podrá escapar. -explicó.

-Tengo curiosidad sobre su pequeño amigo, chicos. -comentó- ¿Quién es?

-Es el caballero de Ángel, se llama Jonás. -comentó brevemente- Una hora… -observó a Shaoran- Tenemos una hora.

-Una hora y Sakura volverá a escaparse, a irse lejos de nosotros. -frunció el ceño ante ese pensamiento, apretó sus puños y asintió- Hagámoslo.

El pequeño castaño de ojos cristalinos apretó la canica entre su dedo pulgar e índice cerca de la nariz de la bruja, ésta se rompió y liberó un humo blanco que Sakura inhaló.

-Despierta, princesa… -murmuró el cachorro de lobo.

Todos observaron como el cuerpo de Sakura comenzó a dar señales de estar despertando. Su ceño se frunció, sus brazos intentaron moverse a sus lados, sus labios se abrieron y, por último, se abrieron sus ojos.

-Shao… -murmuró- Shaoran.

-Sakura, aquí estoy. -murmuró él.

-… -las esmeraldas de ellas se enfocaron en sus lagunas chocolates- ¿Y quién eres tú?

No debería de haberse sorprendido, después de todo el día de ayer ella lo había herido con su propia espada.

-Tus amigos, Sakura. -intervino Eriol- Tus heridos y magullados amigos.

-Eriol… -gruñó ella- Tú, maldito seas. -intentó incorporarse del sofá y cayó en cuenta de las ataduras en su cuerpo y se desesperó aún más- ¿Esta es tu venganza por la paliza del desierto?

-No, esto es una intervención. -se acuclilló para estar a su altura- Queremos saber qué pasó. -ella puso una cara rara, sin entender lo que le estaba diciendo- Te fuiste sin decir nada y, luego, apareces en el desierto, luchando contra nosotros y en el bando de Aaron. -pellizcó el puente de su nariz- ¿Puedes? ¿Puedes decirnos qué pasó?

-Lo que pasó, Eriol, -comenzó, se acomodó lo mejor que pudo para sentarse en el sofá- es que ustedes se pusieron en mí contra. -frunció el ceño- Pero, no te preocupes. -le aseguró- Voy a encargarme de solucionar esto.

Kaho observó los ojos de Sakura, parecían envueltos en llamas. No reconoció a la pequeña e inocente bruja que cazaba cartas por toda la ciudad y que amaba a sus amigos. Aquella Sakura estaba pérdida en un mar turbulento, no había amor en sus ojos.

-Así que esta es la Sakura de Aaron

-Eres fuerte, Tomoyo. -declaró.

-No, no lo soy. -negó ella.

-Sí, sí lo eres. -le aseguró- Te frenas, te contienes. Crees que si te ocultas en un capullo, si escondes tus verdaderos sentimientos, estarás a salvo. Pero no. -le hizo ver- Sólo te hieres a ti misma. Te dañas.

-No lo hago por mí, ¿no entiendes? -gruñó- Si me dejo llevar por mis sentimientos, si no me alejo de ellos, saldrán heridos.

-Entonces, los dañas a ellos, también. ¿Acaso no lo ves?

-Prefiero herirlos yo, pero que estén a salvo. -admitió.

-No lo están, ¿no lo entiendes? -explotó, sorprendiéndola y no gratamente- Los ancianos, el Consejo, usará los medios que sean necesarios para que hagas lo que ellos quieren. -hizo una pausa, ella digirió la noticia- Hasta que no seas libre, ellos no estarán a salvo, dulce.

Ella retrocedió un paso, luego otro, luego… cayó al suelo de rodillas, las lágrimas amenazaban con caer. Lágrimas de rabia, furia, enojo. Impotencia.

-Por eso, no debes alejarte de ellos. -se acuclilló para estar a su altura- A su lado o no, su seguridad no está dada por sentado. Sé que quieres protegerlos, sé que no es fácil lidiar con esto. Estás enojada con Sakura, no te agrada que la defiendan, pero-

-No es eso, es no me molesta. -lo interrumpió, calma- Si no defendieran a Sakura, si no intentaran recuperarla… no serían las personas a las que quiero. Me molesta que ella siga lastimándonos así.

Amads se sorprendió ante aquella confesión. Lastimándonos, ella incluida.

-No, Amads. -volvió a hablar ella- Yo no soy fuerte, al menos no valiente. Tengo miedo. -confesó, las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas- Quieres que me libere y que grite, llore y me rebalse. Si lo hago, si yo hago todo eso que quieres, el miedo paralizaría mi cuerpo. -admitió- Tuve miedo, -recordó- miedo de los poderes que no podía controlar y de los cuales no sabía nada. Lloré, grité y luché, cuando fallé y me rendí, recibí la ayuda de Luciana.

-Yo estoy aquí para ayudarte, Tomoyo. -le dijo.

-Quiero… quiero hacerlo a mi manera. -comenzó a secar las lágrimas- Quiero, al menos, fingir que soy valiente y que puedo hacerlo. Que valgo la pena, que soy un Puen Tum y puedo hacerlo.

-¿Y tu manera es…?

-Sin ellos. -respondió- Voy a encargarme del Consejo. -él sonrió socarronamente- Lo haremos tú y yo. -él rió- Y, entonces, los mantendré a salvo de mis problemas.

-Dulce. -colocó una mano sobre su coronilla y acarició sus cabellos- Pequeña tonta… -la atrajo hacia su pecho y la abrazó- Puedes llorar, si el miedo te paraliza yo haré que tus piernas vuelvan a sostenerte, que tus brazos vuelvan a luchar y que tus ojos puedan ver el momento en el que triunfes. -le aseguró- Soy tu caballero, de mi seguridad no tienes que preocuparte. Deja que yo me preocupe por ti, Tomoyo.

Y las lágrimas siguieron deslizándose por su piel tibia, no tenían prisa por recorrer su camino, se tomaban todo el tiempo que necesitaban. Se sintió segura, allí, entre sus brazos.

"-¿Te vas?

-No me subí a este barco por voluntad propia, lindura. -le recordó- Y, definitivamente, no voy a quedarme sentado toda la eternidad a la espera de una rubia caprichosa. Soy un lobo, sí; no un perro, mucho menos una mascota.

Las comisuras de sus labios comenzaron a elevarse lentamente, el ceño de él comenzó a fruncirse al mismo tiempo. Ella dio un paso, luego otro.

-Eres un caballero. -afirmó ella- Eres lo que se me antoja, haces lo que te ordeno.

-Oh, querida… -comenzó él, estaba enojándose ahora- Estás muy equivocada si piensas eso.

-¡TÚ NO TE VAS A NINGUNA PARTE, KAMUY! – rugió ella- ¡Eres mi caballero, tu lugar es a mi lado! -dictó- Si te digo que esperes, esperas; si te digo que vengas, vienes; si te digo-

-Estás tan sola que debes obligar a la gente a quedarse contigo, que lástima me das. -la interrumpió, sereno. Ella quedó tiesa, sus ojos como los de un venado frente a las luces de un auto- Me largo, intento de Pilar. -afirmó con vehemencia- Búscate otra mascota.

Se dio la vuelta, le importaba una mierda la misión en la que estaban, ella podría volverse sola a su cueva. Él se iba a largar de allí, volvería al territorio del clan de Sur y, si su padre decidía exiliarlo por renunciar como caballero, vagaría como omega por donde se le diera la gana.

Sintió un crack, luego estaba cayendo por la pendiente con Luciana a cuestas"

-Estaba tan furiosa conmigo que se arrojó sobre mí sin recordar que estábamos al borde de un acantilado. -rodó los ojos, recordando aquella estupidez años atrás- Su mano estaba hirviendo, parecía estar hecha de lava y atravesó la ropa y mi piel como si nada… -cerró los ojos, aún podía recordar la sensación en su espalda, el olor a carne quemada- Piel, musculo, hueso… perforó mi pulmón izquierdo.

-Oh, Dios… -soltó la bruja, no podía imaginar el dolor de una herida como esa.

-Rodamos cuesta abajo, yo estaba perdiendo la conciencia cuando la sujeté por los ante brazos. Aquí. -extendió su brazo y señalo el interior de su bíceps- Y aquí. -extendió el otro- Mis garras quedaron impresas en sus brazos, cuatro garras delante y el pulgar en la parte trasera. -hizo una pausa- Son heridas pequeñas, casi imperceptibles… pero puedes verlas si sabes donde buscar.

-Entonces… entonces, nosotros. -no terminó su oración.

-Si Joel se convierte en el caballero de Luciana, él tendrá ese mismo poder sobre ella.

Kamuy se dio la vuelta y Camille frunció el ceño, curiosa ante aquella nueva persona que se unió a su charla privada.

-Por eso hay que traerla de vuelta con nosotros y deshacernos de él en el camino.

-¿Y tú quién eres? -inquirió la pelirroja.

-Soy Heimdball. -se presentó escuetamente- Al fin nos conocemos, Camille de Featt.

-Cami, éste es Heim. -intervino el caballero- Él está con nosotros.

Un caballero, fue la idea que cruzó por su mente, pero rápidamente la descartó. Aquel hombre de cabellos violetas y ojos rojos y pose relajada no tenía la presencia de un caballero. Tampoco le daba buena espina.

-No creí que tuvieras madera para esto. -dijo el extraño- Cuando Lu me dijo que quería a una bruja como caballero, me negué.

Camille frunció el ceño, pero no dijo nada.

-Me doy cuenta de mi equivocación. -hizo una pausa, sus ojos rojos y los castaños de la bruja se encontraron- Ahora veo que te preocupas de ella, me alegro.

-¿Quién es este sujeto, Kamuy…? -inquirió, su mirada no abandonó la del desconocido ni por un segundo.

-Es… ¿Cómo decirlo? -se preguntó a sí mismo.

-Soy su familia. -respondió él.

-La única familia que le queda es Ángel, y, ya sabes… -cruzó sus dedos frente a ambos muchachos- Son así de unidas.

-Sí, lo sé. -sonrió, le agradaba aquella bruja- La conozco de toda la vida, soy lo más parecido a familia que le queda con vida. Yo y Skull.

-Está con nosotros, Cami. -aseguró el lobo- Y va a ayudarnos a traer a Lu con nosotros. A casa.

Casa… pensó ella. Sí, a casa, con nosotros.

-Está bien. -aceptó, relajó su postura y se acercó a ambos- Manos a la obra, entonces.

Kamuy sonrió y pasó un brazo por sus hombros, trayéndola hacia un abrazo. Ella rodó los ojos pero sonrió, aquél lobo de dos patas era lo más cercano a un amigo. Él y Luciana estaban comenzando a ser importantes en su vida, le estaba tomando cariño, como había prometido la rubia, pronto serían su familia.

Mientras volvían a su casa se preguntó que habría pasado entre Luciana y Kamuy luego de aquella vez, ¿cómo había terminado aquella bestia del Sur tan hasta las manos con la rubia? Luego de aquél descubrimiento, de aquella pelea y de las heridas, ¿Cómo habían continuado hasta llegar a ser las personas que eran hoy? Tal vez, con el tiempo, podría llegar los a conocer más a fondo y conocer su historia.

-¿Ah, sí? -alzó una ceja- Si nosotros te dimos la espalda, cómo es que la que se fue, fuiste tú.

-¿Por qué iba a quedarme? -respondió con otra pregunta- ¿Para que me entregaran a los ancianos y así ellos pudieran deshacerse de mí y de las cartas? No, gracias. -rió- No tengo planeado morir todavía.

-¿Entregarte? ¿De qué hablas? -cuestionó Shaoran.

-No se hagan los tontos, esta treta no va a funcionar. -contestó observando a Eriol- Veo que la señorita Kaho se unió a ustedes, después de todo ella trabaja para ellos.

-Ya no trabajo para nadie, Sakura. -aseguró- Aunque sigo preocupándome por mis antiguos estudiantes. -le sonrió- De ti, sobre todo.

-¿De mí? -se rió con ganas, divertida- Ahora que lo menciona, no estoy muy bien. Me vendría bien su ayuda. -volvió a retorcerse entre su agarre para hacer hincapié en su problema.

-Yo creo que tu problema no son esas ataduras, tu problema está aquí. -señaló su propia cabeza- Alguien estuvo jugando con tu mente, Sakura.

-¿Ah, sí? -inquirió, siguiéndole el juego- No me diga, ¿quién podrá haber sido?

-Yo lo conozco como Aaron. -hizo una pausa, sus ojos se dirigieron hacia su ex estudiante transferido- ¿Lo conoces?

-No se haga la desentendida, maestra. -gruñó ella- Hace tiempo que usted nos abandonó, usted y todos ellos. -observó a Eriol y, luego, al castaño- Pueden recibir toda la ayuda que quieran, pero él y yo vamos a deshacernos de esos malditos ancianos. -hizo una pausa- Tú. -lo llamó- ¿Eres un caballero? -Shaoran no dijo nada, Jonás enfocó su mirada en la bruja- Responde, lo voy a descubrir de todas formas.

-¿Un caballero de Ángel, eso piensas? -inquirió Eriol.

-¿De quién más? -se burló, su atención ahora en el mago de lentes- Luciana desapareció del mapa y la única que está en mi contra es Ángel. -rodó los ojos- Bueno, Tomoyo no se ha unido a mí… todavía.

-Sakura… -la llamó, pero su voz salió como un murmullo y ella no logró oírlo.

-Pero va a recapacitar. -afirmó ella- Ella va a estar junto a mí, como siempre lo estuvo.

-Sakura. -dijo, esta vez más fuerte- Di mi nombre. -pidió.

El pequeño bajó la mirada, sus labios hicieron un pequeño puchero y comenzó a alejarse de los castaños y dirigirse al lado de Eriol en silencio. El mago inglés presionó el puente de su nariz, pensativo. La cabeza de Kaho se ladeó inconscientemente, desconcertada.

-¿Tu nombre? -repitió ella, extrañada- No sé, ¿Paul? ¿Leonard? -preguntó con seriedad, curiosa- Eres asiático. -pensó en voz alta- ¿Kuro? ¿Sanosuke? Da igual. -se rindió.

Rápidamente perdió el interés y comenzó a examinar la habitación en la que se encontraba, buscar una salida. Recayó en los sellos de la puerta y las paredes, por un lado, se alegró de estar fuera del radar del Consejo, por el otro, también la mantenían a ella encerrada.

Mientras ella analizaba una salida triunfante, el pequeño cachorro de lobo tiró de la manga de Eriol para llamar su atención.

-¿No sabe? -inquirió, confundido, cuando el mago se agachó a su altura- ¿No recuerda?

Aunque el infante lo inquirió en voz baja, fue audible para todos -menos Sakura- aquellas preguntas que rondaban en la mente de todos.

-Yo… no lo sé. -dijo Eriol, desconcertado.

El pequeño asintió, comprendió. Entonces, se volvió hacia la bruja.

-¿No recuerdas quién es él? -preguntó mientras señalaba al castaño, quien estaba tieso como una tabla frente a Sakura.

Ella volvió a la realidad y observó al pequeño castaño y frunció en ceño, confundida. Al parecer no había recaído en su presencia.

-¿Qué? -preguntó.

-¿Él? -volvió a señalarlo- Tú lo conoces, ¿lo has olvidado? -re preguntó- Si lo olvidaste, ¿por qué lo olvidaste?

-No lo olvidé. -aseguró ella- No lo conozco, no sé quién es él.

No sé quién es él

Cinco palabras que descolocaron a todos, que rompió un corazón ya rato miles de veces antes.

-¿Qué? -gruñó otra vez- Ni siquiera me moví y parece como si les hubiera dado un gran golpe. -se quejó, nadie dijo nada ante su comentario- Además de borrarles la memoria, les quitaron el sentido del humor. -masculló para si.

-Él es Shaoran. -comentó, feliz- Él te quiere mucho, te extraña… Está triste porque no lo recuerdas. -explicó con simpleza.

Ahora fue ella la que puso cara de espanto. Eriol puso una mano sobre la cabeza del pequeño y acarició sus cabellos, Jonás se dio cuenta de que había hablado de más, era el mismo gesto que hacía su padre cuando le platicaba a su madre sobre su enteramiento nocturno.

-¿Qué demonios, Eriol? -rugió, luego de recomponerse- ¿Qué clase de mierda es esa?

-Si me recuerdas a mí, ¿por qué no recuerdas a Shaoran? -inquirió él ante el silencio de su amigo- Kaho, los guardianes, Tomoyo e incluso Ángel. -gruñó él, sin entender.

-¡Yo sí recuerdo a Shaoran! -se defendió, ofendida. El castaño la observó, expectante- ¿Cómo… ¡¿Cómo siquiera te atreves a suponer que no recuerdo a la persona más importante para mí?! -bramó, furiosa.

-¿Y dónde está él ahora?

Fue Kaho quien realizó aquella pregunta.

-No aquí, por supuesto. -respondió con la misma intensidad- Y no en algún lugar que conozcan, por supuesto. -afirmó, orgullosa.

-¿Y dónde sí está él?

Aquél en preguntar fue el mismísimo Shaoran, quien se incorporó e irguió en toda su altura, aunque con sus hombros hundidos, al igual que su corazón.

-¿Así que todo esto es para conseguir información, eh? -comprendió ella- Perdieron su tiempo, porque yo no traiciono a quienes me son leales.

-Leal… -repitió- ¿Él te ha sido leal, Sakura? -ella lo observó, no dijo nada así que siguió hablando- Si él te ha sido leal, si él es el único que está de tu lado y que se preocupa por ti… -metió una mano dentro de su chaqueta y sacó algo- ¿Por qué yo tengo esto?

-¿De dónde sacaste esto? -se revolvió entre su agarre, intentó incorporarse pero su cuerpo aún se sentía pesado.

-Al menos la recuerdas. -pasó un pulgar por el contorno de la carta.

-Claro que la recuerdo, es mía. -masculló- ¡Dámela!

-No puedo. -confesó- Me fue entregada como seguro por mi persona mas importante. Tengo que cuidarla hasta que ella regrese a mi lado, sana y salva. -explicó con calma.

-¡Es mía! ¡Me la has robado! -se quejó- ¡Devuélveme a mi Esperanza!

-¿Es tuya? -inquirió, acercó la carta para que pudiera verla y ella volvió a sacudirse sobre el sofá- ¿Y por qué la tengo yo? -inquirió seriamente.

Eriol pudo observar como los engranajes en la mente de Sakura comenzaban a girar y girar, buscando una respuesta a aquella incógnita. ¿Cuándo? ¿Dónde? Su ceño se frunció, sus labios se abrigan y volvían a cerrarse con frustración.

-Tú me la diste. -respondió Shaoran, Sakura volvió a concentrarse en él.

-Falso. -discutió de inmediato.

-Es verdad… -aceptó- Se la diste a Ángel.

-…¿qué?

-"Si no vuelvo en tres días, dale esta carta a Shaoran" -citó sus palabras- Luego de tres largos días, luego de que no volviste, ella le entregó la carta a Shaoran. -volvió a guardar la carta en su abrigo- Y por eso la tengo yo, porque yo soy Shaoran, Sakura.

-¿Q-qué? ¡No-o! -intentó reírse, burlarse de las ridículas mentiras de aquél sujeto, pero las palabras se atoraban en su garganta, se resbalaban con su lengua y salían accidentadas.

-Tú lo conoces con otro rostro, ¿verdad? -siguió hablando- Con otro nombre, además del mío. Aaron.

-Él… él es-

-Un impostor. -la interrumpió.

-Es difícil de creer porque él jugó con tus recuerdos. -explicó la sacerdotisa-.

-No, ustedes... Ustedes mienten. -murmuró para si- Sí, ustedes…

-Explícame cómo es que tengo a Esperanza. -pidió, casi exigió- Si es que la robé, ¿cómo lo hice? ¿Cuándo?

Ella se quedó sin palabras.

-No me conoces, ¿o sí? -inquirió con acidez- No me has visto nunca, ¿verdad? -escarbó en la llaga- Y, aún así, dices que te la robé.

Ella crujió sus dientes, odiaba no poder soltarle una respuesta ingeniosa. O mejor, un buen golpe en su rostro.

-Eso es porque yo soy Shaoran, porque yo-

-¡Mientes! -chilló.

-No, el que miente es él. -debatió- Miente, es lo que hace mejor. Te manipula, te utiliza.

-¡Tú no lo conoces! ¡No sabes nada de nosotros! ¡Eres un extraño!

-¿Un… extraño? -repitió, incrédulo.

-No te conozco, ¡no sé quien rayos eres! -reiteró- No pretendas que eres él.

Retrocedió un paso, fue como un puñetazo. Un balde de agua fría. Sonaba tan… convencida. Estaba segura de sus palabras, segura de él.

-Sakura, aquí lo único que pretendemos es hacerte entrar en razón. -intervino Eriol.

-¿Cómo? ¿Pretendes que les crea por la bondad de su corazones? -se burló- Tienen a Esperanza, ¿y qué? La pudieron robar.

-¿Y qué me dices de la marca en tu pecho? -inquirió la dueña de casa- El sello. ¿Cuál es tu versión?

Aquél sello con forma de flama negra sobre su pecho izquierdo asomaba sobre su vestido, aquella prueba del pacto entre Sakura y Aaron. Aquél símbolo que la unía a él hasta su muerte.

-¿Mi sello? -frunció el ceño- Yo…

Los engranes volvieron a correr, buscó la respuesta para callarlos y enrostrarles lo mal que estaban y los idiotas que eran, pero…

-Hace tres veranos, -comenzó a narrar- tú moriste. -hizo una pausa para ver si reaccionaba.

-En el desierto solo hubo una cosa que dijiste que tuvo sentido. -dijo Eriol- Las cartas, las cartas que te cedió Clow, ellas debilitaron tu cuerpo.

-Yo no… eso no fue… -masculló- Las cartas, el Consejo…

-Para no morir hiciste un pacto con el diablo, donde te convertiste en su sirvienta para salvarte. -siguió- Ese diablo fue Aaron.

-N-no…

-Y él es quien te puso en nuestra contra. -aclaró Eriol- Sólo queremos salvarte de él.

-Y es él quien está contra el Consejo. -agregó- Por su culpa ellos están detrás de ti, por todas la cosas que te obligó a hacer. Las muertes, los engaños y las mentiras…

-Hace tres veranos…

El verde césped se manchó de carmesí

No quiero morir, no…

-Todo este… sacrificio no será en vano… -se juró – Aunque deba ser… egoísta y apartarlos de mi camino… Yo, yo voy cumplir mi objetivo

-Todo, absolutamente todo lo que él te hizo creer es una mentira.

Vio negro, rojo y, luego, una gran luz blanca.

-¡NO!

La adrenalina recorrió todo su cuerpo con gran rapidez, la misma velocidad con la que se desplazó hacia la puerta, arrancó el sello y huyó de allí.

SAKURA!

El tiempo se había acabado.