35. Norn

Dos días de caminar sin detenernos más que para comer, dormir, refrescarnos y dejar que la naturaleza digital hiciera de las suyas, parecía que por fin estábamos dejando el camino para internarnos en un espeso bosque. Al menos podíamos descansar del sol, no así del cansancio físico que todos teníamos.

-Ah... -contestó Rina algo cansada. -¿Cuánto más hay qué caminar?
-Si seguimos a este ritmo, -contestó Hiroshi. -llegaremos a un pueblo costero.
-Pueblo costero... -contesté. -Entonces estamos cerca de los terrenos de Yggdrasil. Según dijo el Digimon de mi padre...
-¡Ya estoy cansada! -gritó Mizuki.
-¿Se encuentra bien, ojou-san? -preguntó V-mon llevando una enorme hoja para cubrir del sol a mi hermana.
-Sí, estoy bien. -contestó.
-Creo que será mejor que descansemos. -dijo Hiroshi. -Las mujeres están agotadas.
-¿Qué? -protesté eufóricamente. -¿No vamos a ver a Yggdrasil? No falta mucho para llegar al siguiente pueblo...
-¿A alguien no le parece como un dejavú lo que está pasando ahora mismo? -preguntó Akio.
-¿A qué te...? -pregunté antes de reaccionar y darme cuenta de la indirecta demasiado directa que estaba lanzando.
-¡Por favor! -gritó Hiroshi tratando de detener una próxima pelea. -¡Paren su pleito! ¿Es que no puede pasar un día sin que ustedes dos se peleen?
-¡Él comenzó primero! -gritamos ambos al mismo tiempo.
-¡Akio-san! -gritó Gaomon reprendiendo a su amigo. -¡No sea así con el líder Daisuke!
-¡Yo no lo acepté como el líder del grupo! -gritó entonces. -¡Si he aceptado las decisiones del grupo anteriormente, ha sido para no hacerlos a un lado! ¡Pero esto se pasa de la raya! ¡Hubiera preferido al norteamericano que no habla siquiera! ¡Pero esto cae en lo absurdo!
-¿Sabes? ¡Me da igual lo que pienses! -grité. -¡Porque yo tampoco acepté ser el líder así de la nada!
-¿Daisuke! -dijo Motimon intentando calmarme. -¡No caigas en esa clase de provocaciones!
-¡Bien! -grité. -¡Si van a descansar, entonces yo iré al pueblo a buscar comida y agua!
-Heh... -dijo Akio mirando hacia otro lado en señal de desaprobación. -Como dije antes, esto suena sospechoso.
-Basta. -dijo Rina levantándose del suelo. -Si tanto desconfías de Daisuke, entonces iré yo a acompañarlo.
-No es necesario, Rina... -dije para tratar de no continuar con la pelea. -Motimon irá conmigo... digo, quizás a él le tienen más confianza...
-¡Está bien! -gritó Akio levantándose del suelo. -¡Daisuke! ¡Te acompañaré!

Nos despedimos del grupo para llegar al poblado y encontrar un lugar dónde descansar sin tener problemas de estar al aire libre en la noche.

-No camines tan rápido. -lanzó Akio.
-Sígueme el paso. -dije serio. -Finalmente tú te ofreciste a seguirme, ¿o no?
-Heh. -protestó. -Sólo lo hago para evitar que intentes hacerle algo a Rina o a alguna de las niñas.
-Akio-san. -dijo Gaomon tirando de la camisa de su amigo. -Por favor, no es necesario que siga discutiendo, Daisuke-kun no quiere discutir.
-Tengo hambre, Daisuke. -contestó Motimon apachurrándose sobre mis brazos.
-Pronto llegaremos al poblado, y comerás hasta reventar, como siempre lo haces. -dije sin hacer caso a las quejas de Akio, el cual no paraba de pedirme que caminara más lento.

Entre ese ambiente tan helado entre nosotros, llegamos al poblado, cuya arquitectura en las casas y comercios hacia recordar a aquellas épocas del Japón antiguo sumergido entre conflictos de tierras y valientes guerreros con armaduras. Pero eso se quedaba atrás cuando se veía el ambiente de un día rutinario en alguno de los poblados de nuestra era y nuestro mundo, una gran mezcla entre lo antiguo y lo que conocíamos como la vida moderna.

-"Bienvenidos a Shin Jipangu". -contesté leyendo el letrero de bienvenida. -Se nota que eligieron muy bien el nombre para el pueblo.
-Y mucho. -contestó Gaomon señalando una fila de motocicletas aparcadas en la calle.

Pero a lo lejos, los cuatro pudimos percibir un enorme griterío en los alrededores. Al llegar al lugar, pudimos ver todo un grupo de Goblimon rodeando una inmensa bodega.
-¿Qué pasa aquí? -pregunté curioso al llegar.
-¡A ti qué te importa! -gritó uno de ellos volteando hacia nosotros.
-Déjame pelear, Daisuke... -contestó molesto Motimon.
-No lo haré. -contesté. -Estás débil aún...
-¡Miren! -gritó otro de los ogros, a lo que siguió la burla de los demás. -¡A ese Digimon lo están cargando como bebé!
-¡Por favor, Daisuke, déjame pelear! -gritó totalmente molesto por ese comentario.
-Deberíamos irnos. -contestó Akio.
-¿¡Y tú eres su novio! -preguntó otro ogro, a lo que siguió la carcajada del resto del grupo.
-¡Ya sacaste boleto! -bufó furioso Akio, provocando que Gaomon evolucionara en Gaogamon, y por consiguiente la huida de los provocadores.
-Gracias por ahuyentar a esos malvivientes de nuestro hogar. -logramos escuchar.
-¿Eh? -preguntó Akio. -¿De dónde viene esa voz?
-De aquí. -logramos reconocer al mirar hacia abajo.

Un Digimon de armadura amarilla, al igual que el resto de su cuerpo, se encontraba medio enrollado tirado en el suelo aún asustado.
-¡Armadimon! -dije.
-Ummm... -contestó Akio con un tono de desagrado. -¿Algún día sabremos de un Digimon del que no conozcas su nombre?
-¿Y algún día sabré del instante en que no protestes por todo? -pregunté.
-¡Gracias por salvarme! -dijo Armadimon levantándose del suelo. -Pensé que esos Goblimon me harían daño.
-¿Y esos quiénes eran? -preguntó Gaomon.
-La banda motorizada de Goblimon. -contestó Armadimon sacudiéndose el polvo. -No entiendo cómo pudieron venir para esta fecha.
-¿Motorizada? -preguntó Motimon. -¡Ah!
-¿Qué pasa? -pregunté volteando hacia donde miraba mi amigo rosado.

Menuda sorpresa nos llevamos al ver que ninguna de las motocicletas que encontramos aparcadas cerca de la calle, se encontraba allí.
-A eso me refiero. -dijo Armadimon estrechando la mano de Gaomon. -Seguramente se enteraron del premio y quisieron robarlo.
-¿Premio? -preguntó Gaomon.

Sin embargo, Motimon y yo no dejábamos de mirar a la calle y sus alrededores. Por algún extraño moitivo, no dejábamos de notar que la calle principal de Shin Jipangu estaba comenzando a ser decorada con motivos de carrera de motocicletas, banderas de cuadros blancos y negros por todos lados, las refaccionarias comenzaban a abrir, y lo mejor de todo: restaurantes por doquier.
-Esto se va a poner bueno. -le intenté decir a mi amigo.
-Tengo hambre... -contestó Motimon de nuevo apachurrándose sobre mis brazos.
-Puedo recompensarles por lo que hicieron. -dijo Armadimon.
-¿De verdad? -preguntó Motimon recuperando algo de fuerzas.
-Pero somos siete personas y siete Digimon. -dijo Akio. -No creo que...
-Eso no importa. -contesó Armadimon yendo hacia su taller. -Donde come 1 comen 15.

Distraídos por el bullicio del pueblo, notamos entre la multitud de Digimon, una figura un tanto extraña entre todas ellas. Cabello rubio, vestido blanco muy vistoso y una cesta en las manos, parecía ser un año o dos mayor que nosotros...
-¿Una niña? -pregunté al verla mezclada entre la multitud.
-¡Yo también la veo! -gritó Motimon.
-¿De qué hablan? -preguntó Gaomon.

No sé si ella se dio cuenta de nuestra presencia, pero podría ser, ya que volteó hacia nosotros, e inmediatamente comenzó a correr en dirección contraria a donde nos encontrábamos. Llamado por la curiosidad, tomé a Motimon entre mis brazos y corrí para tratar de alcanzarla.

Aquella niña se mezclaba entre la multitud, corriendo en zig-zag entre ellos, saltando obstáculos y escondiéndose entre las lonas de los puestos de comida. Afortunadamente podía llevarle el ritmo, pero parecía ser inalcanzable, hasta que llegó un punto en el que decidió desviar el camino y tomó la ruta de un callejón sin salida. Allí, en ese punto, nos pudimos mirar los dos cara a cara.
-Veo que pudiste reconocerme, "Proyecto". -contestó sonriendo.
-¿Quién eres tú? -pregunté alarmado por aquella confesión. -¿Cómo es que sabes de...?
-Mikihara Norn. -dijo estrechándome la mano.

Tomando su mano, llegué a sentir una calidez acompañada de un extraño escalofrío. Era como describir una luz sombría.
-Seguramente nos venías siguiendo desde que...
-Sí. -contestó interrumpiéndome. -Desde que naufragaron en las costas de WWW.
-¿Eres aliada de...? -pregunté.
-No. -dijo interrumpiéndome de nuevo. -Veo que como estratega eres muy bueno, pero tus habilidades deductivas son extremadamente malas.
-Humm... -dije molesto.
-Sólo estoy aquí porque veo que sabes que debes llegar a la morada de Yggdrasil, pero no sabes cómo hacerlo.
-Debe ser fácil. -contesté.
-No tanto. -dijo. -Seguramente sabrás que detrás de Shin Jipangu, hay un río lo suficientemente ancho que podría simular un mar.
-¿Y eso qué?
-Nadie que se haya aventurado a cruzar ese río, ha regresado con vida.

Me sorprendí al escuchar dicha historia. Había oído de palabras del Digimon de mi padre, que llegar hasta Yggdrasil era muy arriesgado, y podía creerle ya que mi padre había llegado hasta allí, pero...
-Debes estar mintiendo. -dije.
-No me creas. -contestó. -¿Pero arriesgarías la vida de Motimon y de tus amigos?
-Bueno... yo... -dije titubeando...

No sabía cómo contestarle. ¿Podría arriesgarme a llevarlos a una muerte segura? No... no lo haría ni por vencer a mi más grande enemigo...
-¿Y qué es lo que quieres que hagamos? -pregunté.
-Esto. -dijo tomando de entre su canasta un cartón enrollado.

Al desenrollarlo, pudimos notar un vistoso barco dorado, con motivos decorados de Leomon en la cubierta, y la cabeza de un Seadramon justo en la punta de la quilla.
-Con eso, podrán llegar a su destino. -dijo. -Ese barco es especial, y sólo funcionará si los tres servidores de Yggdrasil llegan juntos con el barco.
-¿Quiénes son esos tres servidores? -pregunté.
-"Proyecto", "Designio", y Royal Knight. -contestó.
-¿Royal... Knight? -pregunté.
-¿Podrías dejar a Motimon en el suelo? -dijo tratando de cambiar la conversación.
-¿Para qué quie...? -pregunté.
-Sólo déjalo allí. -contestó.

Norn dejó la canasta en el suelo, cerró los ojos, y alzando levemente sus brazos con la palmas hacia arriba, no entendía qué pasaba cuando un rayo de luz me cegó momentáneamente, y después de ello, vi a mi amigo de roca volviendo a la normalidad.
-¡Qué bien, Gotsumon! -grité corriendo a abrazarlo.
-¡Ah! -gritó Gotsumon señalando hacia el lugar donde se encontraba Norn, ya no estaba allí, ni siquiera su canasta.
-¿A dónde fue? -pregunté.

Todo esto era muy extraño, incluso para mí, quien por antigüedad, llevaba más tiempo conociendo sobre el Digital World. Se suponía que éramos siete, según las palabras de Yggdrasil, él mismo me lo había confirmado. ¿Cómo era posible que hubiera otro humano de nuestro lado? Era más que imposible que hubiera venido con nosotros o después que nosotros, pues escuchando su apellido era notable que era japonesa. Nadie que viniera de Japón podía ingresar al Digital World.

-¿A dónde te vas, Daisuke? -gritó molesto Akio habiéndonos alcanzado a Gotsumon y a mí.
-¿Pasa algo, Daisuke-kun? -preguntó Gaomon.

Miré hacia donde se encontraba Norn hacía unos segundos, dudé de confesar lo que había visto, así que sólo pude responder con un...
-No, nada.
-De acuerdo. -contestó Akio no muy convencido. -Armadimon-san nos invitó a comer, y dijo que podemos traer a los demás. Así que iré a buscarlos.
-No hay problema. -dijo Gotsumon.
-Podría ir a la bodega de Armadimon-san y acompañarlo. -dijo Gaomon.

Y así lo hicimos, fuimos a la bodega de Armadimon, primero a saludarlo, y luego a acompañarlo adentro de la bodega. Nos presentamos y nos dimos un saludo un tanto formal.
-¿Por qué querían atacarlo esa banda de Goblimon? -pregunté para romper el hielo.
-Quieren el trofeo del Digimon Rally. -dijo.
-¿Digimon... Rally? -preguntó Gotsumon.
-Es una carrera de motociclismo en pareja. -contestó el dueño de la bodega. -Se hace todos los años en WWW, y esta vez nos tocó en Shin Jipangu. Y por supuesto, me tocó ser quien ofrezca el premio para el ganador.
-¿Y esos Goblimon van a participar? -preguntó Gotsumon.
-Lo más probable. -le dije. -Son motociclistas, después de todo.
-Seguramente escucharon del trofeo, e irán tras él. -dijo Armadimon.
-¿Qué clase de trofeo? -pregunté deteniéndome frente a una enorme lona que cubría un inmenso "algo".
-Éste. -contestó Armadimon brincando descubriendo lo que estaba debajo de la enorme lona.

Al ver lo que se encontraba ahí, Gotsumon y yo saltamos un grito de sorpresa.
-¡Eso! -gritó Gotsumon.

Yo, al contrario, no podía pronunciar ninguna palabra. Un enorme barco dorado, con la decoración de la cabeza de Seadramon en la punta de la quilla, casi del tamaño de la bodega entera, se mostraba frente a nosotros. El mismo barco que la niña Norn nos había enseñado.
-¿Sucede algo? -preguntó Armadimon ante la misteriosa reacción que tuvimos.
-Es... es enorme... -dije tratando de disimular que sabíamos algo sobre ese trofeo. -Seguramente debe valer una fortuna...
-¡Ya traje los ingredientes para la comida, Armadimon-san! -logramos escuchar en la entrada de la bodega.
-Espero que hayas traído un poco más. -contestó Armadimon. -Vamos a tener a un enorme grupo comiendo en unas horas.
-Esa voz... -dije en voz baja mirando a Gotsumon. -La he escuchado antes...
-Lo intuí. -contestó aquella misteriosa voz. -Por eso regresé al mercado a comprar lo suficiente para 10 humanos y 10 Digimon.

Armadimon regresó junto a nosotros, y dijo.
-Daisuke, Gotsumon... Les presento a Mikihara Norn, dice que es de Japón al igual que ustedes.
-¿¡Norn! -gritó Gotsumon.

Gotsumon y yo volteamos hacia la entrada, y después de un segundo, logramos notar la figura que se encontraba en la puerta.
-¡Tú! -gritamos mi amigo de roca y yo al mismo tiempo.

Continuará...