Año 36
Distrito 10
Chelsea Heller – 17 años
Cuando al fin logro ver la salida del laberinto, me angustia notar que para salir debo introducirme en un estrecho tubo y arrastrarme hacia el exterior, pero sé lo que viene detrás y no puedo ponerme melindrosa a estas alturas. Fuera del edificio casi se ha ocultado el sol por completo, al aire libre la temperatura es mucho más baja y nuestro uniforme no parece precisamente diseñado para mantenernos calientes aquí fuera.
Fue muy extenuante mantener el ritmo, tras darme cuenta de los animalejos que empezaron a perseguirnos incansablemente. En principio me parecieron perros, pero sus movimientos eran distintos, se arrastraban con una velocidad anormal, sus naricillas se movían inquietamente, olfateando en todas direcciones, su pelo gris y muy corto, la silueta más bien redondeada y el detalle que me reveló su verdadera naturaleza fueron sus colas rosadas, demasiado largas y delgadas. Resultaba difícil captar sus detalles cuando lo único que me importaba era huir y mantenerme con vida.
El banquete había resultado un verdadero fiasco, las seis chicas que quedamos en la arena no estamos a la altura de las aspiraciones de los vigilantes, hemos llegado hasta aquí por ser sigilosas y huidizas, no por imponernos ante los demás tributos. Y actuamos en consecuencia durante el banquete, sólo dos se enzarzaron en una pelea y esto porque la del 8 intentó llevarse el bolso con el número 5. Yo me limité a entrar a la habitación, coger mi mochila y salir pitando sobre mis pasos, para retirarme por el mismo lugar por el que llegué. En este inmenso laboratorio lo único que me resulta seguro es el almacén de mantenimiento donde me he refugiado los últimos días.
Pero la huida fue imposible, nos querían a todas juntas y no seríamos nosotras precisamente las que podríamos cambiar sus planes. Las compuertas se cerraron y de pronto gruesos paneles de cristal comenzaron a levantarse desde el suelo, convirtiendo el inmenso espacio en un complejo laberinto. De forma alucinante las paredes se materializaban de repente, bloqueándonos el camino.
Sobresaltada y desorientada, hice lo posible por mantenerme en calma y tomar decisiones inteligentes, hasta que reparé en los mutos que se incorporaban a la acción desde unos ductos por encima de nuestras cabezas. Ante su presencia mi piel se erizó por completo y una desagradable sensación me empujó a huir a cómo de lugar.
Era aterrador y a la vez confuso las paredes transparentes, pude ver sin ningún problema como la chica del Nueve quedó atrapada entre dos de las ratas gigantes, que la acorralaron en una esquina entre la pared que nos separa. Uno de los animales se replegó sobre sus patas traseras y saltó sobre ella, derribándola y atacando a dentelladas su garganta.
Un grito de absoluto terror brota de mis labios, mientras consternada retrocedo unos pasos sin lograr apartar la mirada. Tres roedores más se suman al festín. Las lágrimas nublan mi visión, pero de alguna manera logré desconectar y continuar corriendo.
Cuando logro salir del laberinto dos cañonazos me hacen estremecer. Con la mano sobre el pecho, intento recuperar la calma, parece ser que soy la primera en salir y, al menos que no haya reparado en alguna otra detonación, aún quedan tres chicas allá dentro. En pocos segundos la pequeña del 3 sale a trompicones de un agujero cercano al que yo he tomado.
Dos cañonazos más me hacen reparar en que he llegado, contra todo pronóstico, a la final.
La chica mira hacia el cielo un segundo, reconozco en su rostro el mismo miedo que me embarga a mí, pero aunque es más chica que yo en apenas un segundo recompone su expresión y me hace frente decidida. Tiene un arma, parece un palo de billar, aunque más contundente, yo apenas tengo un cuchillo y una nudillera.
Me desembarazo de la mochila, que nunca revisé y que seguramente ya no necesitaré, y me pongo en posición defensiva.
—Quiero volver a casa— Sisea antes de arremeter con la vara, buscando golpear mi abdomen.
Retrocedo de un salto, pero en un giro inesperado barre mis piernas con una de las suyas, haciendo que caiga pesadamente al suelo.
Sorprendida dejo escapar una larga bocanada de aire, nunca pensé que precisamente ella fuera una luchadora, tal vez sea la presión de la final, pero también yo quiero volver a casa. Ella levanta de nuevo la vara, para golpearme, pero ruedo sobre mí misma para evitar el golpe, mientras intento ponerme de pie.
Soy consciente que la ventaja la tiene ella, en ningún momento se pone a mi alcance. Fortuitamente golpea mi sien con brutalidad, me hace tambalear y caer nuevamente, bastante desorientada y adolorida. «No quiero morir aquí», pienso. Aunque mis posibilidades de salir se han reducido drásticamente en los últimos instantes.
Entre abatida y resignada espero el golpe final, pero no llega. La chica me mira con sus grandes ojos llenos de lágrimas y el arma en alto, cruzo mis brazos frente a mi rostro para protegerme, pero ella sigue inmóvil.
A nuestro alrededor comienzan a oírse gruñidos bajos y amenazadores. Esto se acaba ahora mismo, de la forma que sea, es claro que allá afuera se han cansado de esperar que actuemos por nuestra cuenta.
Me levanto con esfuerzo y echo un vistazo, en la oscuridad relucen los ojos amarillos de las bestias. Hay más de los que puedo contar. La niña da un chillido agudo, que me recuerda claramente a mi hermanita Hellen, cuando nota que nos están acorralando y ya no soy el foco de su atención, ahora esgrime el bastón contra ellos.
Cada vez son más, aunque se mantienen a cierta distancia, un nudo se forma en mi garganta al hallar la respuesta a la ecuación. Aprieto los dientes, reúno el poco valor que me queda y recorro la escasa distancia que me separa de la pequeña. La abrazo por la espalda, sujetándola con fuerza contra mí, ella intenta rebatirse, pero no hay como, pese a todo soy mayor, más alta y la he tomado por sorpresa. Sin demorarme más deslizo mi cuchillo de un lado de su garganta hasta el extremo opuesto. La sangre caliente me hace sentir náuseas, pero mantengo su cuerpo, ahora lánguido, aferrado al mío, interponiéndola entre los mutos y yo hasta que suena el cañón y lo imposible se convierte en realidad.
¡Hola! ¿Cómo les va, mi gente? A mí podría irme mejor, pero no me quejo…
Alpha, El destino de Faith no fue nada bueno. La mantuvieron en la celda hasta el día de la entrevista, eso sí para la misma la pusieron estéticamente a punto, pese a ello había perdido su chispa y decepcionó a la audiencia. Terminó siendo asesinada durante el baño de sangre, ocupando la posición N° 20. El D5 perdió a ambos participantes en el baño, también perecieron Neo, Raiza (la chica del 1) y Vera (la del 9).
El Vencedor de la Edición N° 35 fue Trevor Kelsey de 18 años, proveniente del Distrito 4.
Nos vemos en el próximo.
