Capítulo XXXV

"You lost me"

La vio caminar hacia la entrada a la sala de espera. Sólo él notaba la pesadumbre de su mujer. Ella era simplemente elegante, imponente. Su figura resaltaba con aquellos tacones, la falda entallada y la chaqueta a juego. La camisa de seda le daba ese toque sensual, que sólo hacía desbordar ese elemento natural en ella. No podía resistirse a sus encantos, por más que tratara. Pero sin duda estaba profundamente dolido.

La observó detenerse justamente a las puertas de la sala, al tratar de abrirlas. Se observaron nuevamente. La tristeza de Regina no lograba aminorar la decepción de Graham. De repente, el teléfono de la mujer sonó, y lo atendió para seguir su camino.

Se dedicó a cuidar a Henry, verlo dormir detallando cada parte de su rostro infantil, de sus brazos, piernas. Tenía mucho parecido con su abuelo paterno, eso era casi innegable; y, en consecuencia, el niño se parecía a su padre.

No pudo evitar sentirse terriblemente mal. Llegó e estar mareado, sudando frío. No sabía qué hacer, pero peor aún, no sabría qué haría.

Tomó su teléfono, y marcó el número de su compañero y amigo

- ¡Aló! David…

- ¡Graham! ¿Cómo estás? – siempre contestaba con entusiasmo – ¿Qué tal va la chica? ¿Y Regina? Cuida a esa mujer, que se ve peligrosa… – se escuchó la risa franca al otro lado del teléfono

- Pues… De la chica aún no sé mucho, salvo que va a tener que ir a cirugía – hablaba con pesadez, mientras veía a Henry rendido en sus piernas

- ¡Vaya! Espero que no sea mayor cosa, y todo salga bien. Ella es la hermana de Regina ¿cierto? – hablaba desde su visión paterna reciente

- Si… Algo por el estilo… – Cambió la conversación – Y creo que es precisamente para evitar complicaciones en el parto normal, que le van a practicar la cesárea – decía, como si se tratase de cualquier cosa

- A bueno… ¿Y Regina cómo está? – Notaba raro a su compañero. Lo escuchó suspirar – ¿Pasa algo?

- No… o, mejor dicho, si… Pero es algo que me gustaría hablar en persona… – usaba ese tono de circunstancia

- ¿Debo preocuparme? ¿Regina está bien? – pasó por su mente que podría ser algo el caso de "El asesino de Omaha" – ¿Averiguaste algo más del caso?

- No… No se trata del caso… Y Regina está bien, por lo menos físicamente bien… – continuó con pesar – Es algo referente a nuestra relación… Pero prefiero comentarte en persona. ¿Crees que nos podamos quedar en tu casa el día de hoy?

- ¡Claro! Están cerca, y aún tu apartamento no está listo… – su amigo era solidario

- No, no lo está. Ayer recién lo pintaron – aclaraba

- ¿Vienen los dos? Mary Margaret va a estar feliz… Bueno, los va a marear con las cosas del bebé – estaba contento de compartir con el padrino de su hijo Neal

- No seremos dos, creo que seremos tres…

- ¿Cómo? – interrumpió los segundos de silencio que había precedido a la pregunta

- Pues, que vamos a ir… Vamos… – le costaba ignorar que era su hijo, pero no asimilaba que lo fuera – El ahijado de Regina, ella y yo… Que no se puede quedar aquí…

- ¡Claro! Cierto que ellos tienen un bebé…

- S…Si – sonaba distraído y contrariado

- ¿Qué pasa Graham? Ya me estás preocupando… – le hablaba con sinceridad

- David… Regina y yo… – pasaron unos segundos eternos, antes de que se decidiera a hablar – ¡Tenemos un hijo! – se dejó decir, mientras nuevamente unas lágrimas hicieron presencia en sus ojos

- ¡¿Qué?! – alzó el tono, visiblemente alarmado y extrañado

- No… No puedo hablarlo ahora. En lo que nos veamos te contaré… Por favor…

- Está bien Graham… – se encontraba desubicado por completo – Pero sabes que estaré aquí, por si decides contarme…

- ¡Lo sé! – Graham agradecía la discreción de su amigo – Gracias David. Nos vemos más tarde. Te estaré avisando

- ¡Ok! Nos vemos… – dijo David

- Adiós – estaba visiblemente y sensiblemente abatido

- Adiós – se quedó pensativo al otro lado del teléfono

Al colgar la llamada, sintió una parte de ese gran peso, salir de su cuerpo. Una especie de liberación para él.

Cuando echó su cabeza hacia atrás, para descansarla en la pared, giró el rostro hacia la entrada principal. Vio un rostro conocido, aparecer en el umbral.

La despampanante, exuberante y elegante rubia de ojos azules, lo miraba fijamente, con una especie de sonrisa de "la Mona Lisa". Tenía un leve aire de burla, y gesto sobrado. Luego, antes de que siquiera pudiese reaccionar, miró al bebé, se dio la vuelta, y siguió el camino que previamente había recorrido Regina.

Seguramente su mujer la había llamado. ¿Por qué la morena tenía esa dependencia de seguridad poco natural con la rubia?

La sola presencia de la rubia lo hizo alterar, pero el recordar que el bebé descansaba en sus piernas, lo obligó a calmarse.

Sin darse cuenta cuándo, Henry había despertado, y estaba mirando a su verdadero padre fijamente. Al encontrarse con la mirada de la criatura, éste último le dedicó una dulce y tierna sonrisa infantil, que le fundió el corazón a Graham. Lo alzó y la abrazó contra su pecho.

Justo en ese instante, una agotada Regina atravesaba las puertas que antes la ocultaron de la vista de su amante. Se retiraba un gorro desechable del cabello; se le había pasado retirarlo antes, al salir del quirófano.

Miró a Graham abrazando a Henry, como si la vida acabase en ese instante, y su corazón se llenó de pánico. Lo sabía: Graham ya no daría marcha atrás.

Se quedó paralizada mirándolo, y luego, al saberse descubierta, caminó lentamente hacia ellos, doblando en quinientas partes el dichoso gorro. Él no dejó de mirarla, mientras ella se acercaba. Henry permanecía quieto, jugando con las rallas de la pared.

- Es un niño muy tranquilo… – atinó a decir la morena, para poder romper el silencio

- Si… ¡Lo es! – Sus gestos, su tono de voz, todo era inexpresivo – Y es muy dulce… ¡Ahora lo sé! – se volteó a mirarla, de forma inerte, buscando en los profundos ojos marrones un "por qué"

- Pues… – bajó la vista, y la fijó en el dobladísimo gorro – … esa era la idea… – ahora bajaba la cabeza

Pasaron unos segundos que se hicieron eternos, ninguno hablaba. La tensión podía cortarse con un cuchillo. Los separaba una barrera invisible, sumamente rígida. Él no quería que ella se acercara. Ella lo entendía y lo aceptaba, dolorosamente. La morena trató de encontrarse nuevamente con la mirada de su hombre, pero se dio cuenta de que éste sólo se fijaba en la criatura, y en el espacio vacío frente a él.

- ¿Y cómo salió todo? ¿Emma y la bebé están bien? – suspiró antes de romper el silencio, de forma serena

- ¡Eh, sí, sí! – señaló, algo desubicada y fuera de lugar – Están bien… Se había complicado, de hecho, nos mandaron a salir. Emma perdió mucha sangre, pero gracias a Dios no hubo mayor complicación. La bebé si está en perfecto estado… Y bueno Emma ahora también

- ¡Mamá! – se volteó Henry, y le extendió los brazos para irse con Regina

- ¡Vamos campeón! – Graham lo alzó, y se lo entregó en los brazos a su verdadera madre. Se notaba que dudaba en hacerlo – Te reconoce… ¡Eso es importante!

- ¡Graham! Está llamando a su mamá, no a mí… – le dijo dolida. Observó cómo él recogía su cartera y las cosas del niño – Killian se va a quedar a cuidar a Emma hoy, y tienen todo lo necesario… – paró unos segundos, porque sabía que iba a desatar una tormenta – Yo debo quedarme con el bebé. Debo cuidar a Henry, espero puedas entender…

- ¡Regina! – levantó la mano en el aire, interrumpiéndola, y haciendo un gesto de pare. No la veía, sólo le hablaba – Entiendo perfectamente, y ya lo había previsto…

- Graham, yo… – Trató de hablar, pero él no la dejaba

- Yo sé que debemos cuidar de él por éstos días, mientras Killian esté acá cuidando a Emma, en lo que ella se recupera – acomodaba las cosas, la camisa del bebé. Miraba a cualquier parte – ¡Ya está todo arreglado! – insistió

- ¡Graham! – lo miró directamente a los ojos. Tuvo que agacharse un poco, para lograr el contacto visual, y maniobrar con Henry, para tomar al hombre por la barbilla – No te pido que te sometas a esto… ¡Simplemente no podría! – sus ojos brillaban cada vez más, bajo el efecto de las lágrimas que se aglomeraban, a punto de salir – Te entiendo… Entiendo todo lo que pasa por tu mente en éstos momentos… Por tu mente y tu corazón, y eso me aterra. Pero las cosas no pueden ser como esperamos… – Bajó la mirada, soltó el rostro de Graham y se concentró en Henry

- ¿Y eso qué tiene que ver con la situación de éstos días? ¿O qué tiene que ver con cuidarte… Cuidarlos? – tardó en decir esa última palabra, como si le doliera pronunciarla

- Que ya he arreglado irme a casa de Emma, mientras ella esté aquí con Killian – no podía mirarlo, creyó escuchar el sonido del corazón de Graham romperse, y sintió el suyo propio destruirse en su interior – Así todos estarán más cómodos, sobre todo Henry, y no te expongo más a ésta situación… – Respiró, y tratando de controlar las lágrimas, miró a Graham con decisión y fuerza

- ¡Ya va!... ¡¿Qué?! – no daba crédito a lo que acababa de oír

- Que no necesitas más de ésta incómoda situación. El bebé estará mejor en su casa, con sus cosas y en un espacio conocido… Y que por eso me iré para allá – estaba decidida a poner fin a la situación de Graham

- ¡Claro! ¡Al espacio qué tú le diste! – subió un poco el tono. Había reproche en su forma de verla y hablarle – Todo se trata de lo que tú decides… ¿O no Regina? – sonaba hiriente el comentario

- ¡Graham! Te suplico… que no lo tomes así… – trataba de mediar, pero sabía que era absurda su propuesta

- ¿Ah no? ¿Y cómo se supone que debo tomarlo? – estaba hablándole con ironía y dolor – Me dices que es mi hijo… ¿Para qué? Si igual decidiste que nunca lo sería, desde antes de nacer… – le dio la espalda – Me sorprende que lo hayas… – paró de hablar en seco

- ¡Graham! ¡No te lo voy a permitir! – la había herido de muerte – No lo podía tener, y aun así busqué la manera de hacerlo, sólo porque era nuestro, tuyo y mío… – casi rompe a llorar. Ahogaba sus incontrolables ganas

- ¡Nuestro! – se volteó a mirarla con rencor – Y no era… ¡Es nuestro! Y lo sabes… Yo no voy a renunciar a él, así como juré que no renunciaría a ti.

Se miraron unos segundos en silencio. Ella lo hacía con dolor. Estaba en shock, asustada en muchos sentidos, por la forma en la que Graham había hecho esa última afirmación. Él estaba visiblemente afectado; era como si Regina de pronto, le hubiese arrancado el corazón del pecho, y lo apretara con fuerza, mientras lo miraba a los ojos. Indiscutiblemente su relación era una bomba de tiempo. Todo lo maravilloso que fue su pasado, lo sería de incierto su futuro.

- ¡Me voy Graham! Te agradezco que trates de calmarte. Mañana hablaremos, cuando estés más sereno… – le dijo, tratando de disimular las lágrimas que rodaban libres por sus mejillas

- ¿Te vas? – unía a sus sentimientos a la sensación de extrañeza, ante dicha revelación

- Sí, me voy… Arreglé que Sarah me lleve hasta la casa de Emma – bajó la vista, y habló como si de cualquiera se tratase

- ¿Cómo? ¿Qué de paso te vas con… esa extraña? ¡Por no decir lo que me parece en realidad! – siempre era caballero, ante todo

- ¡Por favor! – se notaba que fingía perder la paciencia; pero le debía más de una explicación – Es una decisión tomada… Espero que lo entiendas, como el caballero que eres…

- ¡Regina! – la tomó del brazo que mantenía "libre" – Ni se te ocurra manipularme… Yo no soy un peón al que mueves en el tablero, según te conviene… Ni un peón, ni ninguna pieza de juego. Soy un hombre… Tú hombre… Y si decides irte, bien… ¡Pero asume las consecuencias de tus actos! – estaba siendo tan firme como era posible.

Observó a la rubia salir por la puerta, y dirigirse en dirección hacia ellos. Cuando evidenció la naturaleza de la conversación, se paró en seco. Permanecía alejada, con sus manos agarradas adelante

- ¿Ahora eres tú quién me amenaza? – estaba dolida, pero él también la había retado, y ella respondería

- ¡No! Esa no es mi costumbre… Tal vez sea la tuya, pero no la mía – Era duro con ella – No son amenazas, son certezas… Ten la certeza de que, si te vas ahora con ella… – señaló a la rubia, que lo miraba con ligero desprecio – … estarás decidiendo el destino de nuestra relación. ¡Se termina Regina!, sin derecho a reparación…

- ¡Graham! – estaba sorprendida – ¡Por favor! Yo…

- ¡Tú nada! – la interrumpió, y bajó el tono, notando como Henry lo miraba con atención – ¡Tú nada! Es más… Si no te vienes conmigo ya, para donde yo diga, según mis reglas… Puedes olvidarte del "nosotros", para siempre… Pero te aseguro, que de él… – señaló al bebé – … de mi hijo sí que no me voy a olvidar… ¡Cuésteme lo que me cueste!

- ¡Graham! – su miraba reflejaba la sorpresa de la reacción de su pareja, y del trato hacia ella

- ¡Es más! – la tomó con más fuerza del brazo, y la haló en dirección a la salida – ¿Qué opción ni qué demonios? ¡Nos vamos ya! – y se dirigió a la salida, llevando a Regina consigo, y ésta, a Henry.

La morena atinó a hacerle una seña a la rubia, para que dejara las cosas así, y que no se metiera. Su mirada bastó para que la mujer siguiera en su sitio, y entendiera cómo proceder. Anexo a esto, Regina moduló en la distancia una oración, sin pronunciarla: "Cuida a Emma"; la mujer pareció leer a la perfección.

Abrió la puerta de atrás, y no la del copiloto, y trató de ayudarla a montarse. Intentó sostener a Henry, pero ella no lo dejó; prácticamente lo ignoró, y él a ella. Guardó las cosas del otro lado, y se montó adelante.

Encendió el carro, y mientras esperaba los segundos reglamentarios, le enviaba un mensaje a David, para indicarle que ya se dirigía a su apartamento. Ella disimuló no estar curiosa por el mensaje, ni por el destino del mismo, tras un rostro de molestia.

Graham miraba de reojo a Regina y a Henry, a través del espejo. Ella le hablaba al niño con mucha dulzura, jugueteaba con él, le hacía payasadas y éste se reía, le hacía mimos y él le acariciaba el rostro. Llegó a sentir envidia, en el buen sentido de la palabra. Su ánimo de molestia se fue transformado, por la ternura de la escena, en una tristeza abrumadora.

En unos minutos llegaron a un conjunto residencial privado, bastante exclusivo. Graham abrió la ventanilla, y se dirigió al guardia

- ¡John! – Lo saludó con un gesto de la mano

- ¡Detective! – le hizo una seña de camaradería, mientras lo dejaba pasar

Graham avanzó con seguridad hasta el final de la calle, cruzó a la izquierda, y volvió a conducir hacia el fondo, dirigiéndose al único edificio que estaba allí.

- ¡Dime que no vamos con tu madre! – se dejó decir Regina, que no perdía detalle, aunque trataba de simular completa indiferencia – Tal vez no estoy en posición de pedírtelo… Pero, por favor, ¡no me hagas eso! …

- Pues justo vamos con mi Madre… – quería hacerla sufrir. Mientras, enviaba un texto a David, para informarle que estaba abajo – Ella estará encantada de recibirnos, y mi hijo podrá jugar con sus primas… ¡Imagínate la felicidad de mi Madre!

- ¡Graham! – apenas pudo pronunciar su nombre

- ¿Qué pasa Regina? ¿No puedes manejar la presión, o las consecuencias que pueda traer esto? – su mirada molesta e irónica, encontró la de la mortificada Regina, a través del retrovisor.

En eso, David apareció por el portal del edificio, y haciéndole un gesto a Graham, le indicó que pasara a través del portón eléctrico, mientras éste se abría accionado por el control remoto.

Graham no titubeó. Se dirigió, como era costumbre, al puesto de las visitas asignado a los Nolan. Se detuvo, se quitó el cinturón de seguridad y se volteó a ver a Regina mientras suspiraba.

- Venimos a casa de David… – la miró con indiferencia. Ella era una extraña para él – Era la opción más cercana, puesto que tienes que descansar, y ya has bregado mucho hoy

- ¿Por qué me dijiste que íbamos donde tu madre? – estaba dolida. Que la mirada de su marido la atravesara, era físicamente doloroso – No me mires como si fuese transparente Graham… ¡Me estás matando! – se secaba las recientes lágrimas

- Yo no te he hecho nada Regina… Tú, y sólo tú, nos has hecho… "esto" – con las manos repetía gestos, entre el espacio que los separaba – Ahora te pido, por Henry y por mis amigos, que tratemos de calmarnos y disimular. No hables demás con la esposa de David, porque ella no parará. ¡Déjame que yo lo maneje!

- ¡Está bien! – asintió, y se resignó por el momento.

Se bajaron del carro. Regina llevaba su cartera y a Henry en brazos, mientras Graham llevaba el bolso de ellos y de las cosas del bebé

- Mary acaba de tener a Neal… Bueno, eso ya lo sabes. No le des cuerda… – le hablaba neutral, disimulando ante la cercanía de David.

El hombre salió a su encuentro. Parecía entre alegre y curioso por la visita

- ¡Compadre! – le hablaba a Graham ansioso – ¡Qué bien que llegaron a tiempo para la cena! ¡Regina! – le dio unas palmadas en la espalda a Graham, mientras lo abrazaba. Luego se acercó a abrazar y besar a Regina, y entonces miró a Henry

- ¿Qué tal David? – ella notó la mirada del hombre, sobre su hijo. Primero inquieta, luego curiosa y luego de extrañeza

- ¿Cómo salió la joven? ¿Y su bebé? – era un caballero, como su compañero

- ¡Maravillosamente! – forzó una espléndida sonrisa. Sus sonrisas falsas no dejaban de ser hermosas – Gracias por estar atento… Tanto la madre como la hija están bien.

- ¡Vamos! – dijo Graham tratando de disimular su incomodidad

- ¡Sí, claro! – David confirmó que no todo estaba bien, y que ahora él debía disimular – ¿Y éste campeón? – le acarició la cabeza y el niño le sonrió

- Es el hijo de Emma y Killian… – se adelantó a asegurar Regina – Como ellos están solos aquí, y yo soy su único familiar cercano, me toca cuidarlo

- ¡Mamá! – a Henry le había dado por agarrar la cara de Regina, y tratar de darle besitos

- ¡Pero te adora! – señaló David avanzando por el corredor

- Si… – dijo avergonzada – Es que soy su madrina… Y pues, ¡es normal! – se concentró en Henry – ¡Si mi amor! ¡Muah! Muchos besos para mi príncipe… – Lo llenaba de cariños, mientras se moría por dentro, ante el mutismo de Graham.

Llegaron al elevador, y Graham dejó que entrara Regina con Henry, y luego miró fijamente a David

- Suban ustedes… Voy a buscar algo que se me quedó en la camioneta – Hizo gesto despreocupado, mientras le entregaba las cosas a David

- ¡Tranquilo! – disimulaba estar extrañado – Nosotros vamos subiendo… ¿Cierto Regina?

- Eh… Sí…. ¡Claro! – dijo, con un nudo inmenso en la garganta

- ¡Mamá! – Henry reclamaba la atención de Regina, y señalaba a Graham con cara de pocos amigos.

El ascensor se cerró, y con ello empezó el llanto de Henry, que parecía extrañar a Graham. Éste último notó el gesto de su hijo, y sintió nuevamente la ira y la tristeza mezclase.

- ¿Qué pasó bebé? Mami está aquí… Si mi amor… Papi ya viene… – se dejó decir de forma inconsciente, para tranquilizar al niño.

Las palabras parecieron lograr el efecto deseado

- Es que extraña a su mamá y a su papá – disimuló, pero David ya sospechaba por dónde venían los tiros

- Entiendo… Que no está en su zona habitual… – Le dijo comprensivo

- Si… – trataba de seguir con su actuación – ¡Vaya que éste es un bonito lugar!

- Para un policía… – David sonreía. No era la primera vez que la gente se asombraba de su nivel de vida

- Si… ja, ja, ja… – rio apenada, bajando la mirada – Para un policía… Pero después de Graham, no me sorprende tanto – rieron de forma cómplice

- Pues si… Viene por ahí… Ambos somos niños ricos, que necesitamos hacer trabajos mal pagados – obviamente era una broma clásica, que Regina captó de inmediato – Graham y yo nos conocemos desde la infancia…

- Es decir, que son muy unidos… – Regina sentía pena. Era como una copia de Graham, juzgándola

- Si… Bastante… ¡Ahora! Cuando jóvenes, él era el popular, y yo el nerd… Así que… apenas hace dos años que somos compañeros, gracias a mi transferencia, y pues… Ya sabes el resto…

- Entiendo… – le sonrió

Llegaron al apartamento, y los esperaba la mujer de David, arreglada como si fuese un domingo, y con su pequeño bebé en el cochecito, rendido

- ¡Tú debes ser Regina! – la saludó como si fuesen las mejores amigas. La abrazó y le plantó dos besos – ¿Y quién es este galán? – colocó la cara más tierna del mundo

- ¡Hola! Si… ¡Soy yo! – alcanzó a responder, ante la efusiva morena – Es mi ahijado, Henry…

- Aww… es un príncipe, muy hermoso – Lo acarició y el niño sonrió – Encantada Regina, soy Mary Margaret Nolan, y éste es nuestro pequeño Neal – Le dio la mano a Regina, y luego la llevó hasta el coche

La cara de Regina se enterneció ante la visión del diminuto bebé, de apenas un mes de nacido. Miró a Mary y le dedicó una sonrisa muy dulce. Luego acarició la barriguita del bebé con suavidad, para no despertarlo. Dejó que Henry se asomara y mirara al niño

- Mira Henry… Un bebecito pequeñito – lo mecía y tomaba su mano – Así es tu hermanita, un angelito hermoso…

- ¡Nené! – dijo Henry, sonriendo y señalando con su pequeño y gordito dedo índice

- ¡Ay es tan tierno! – Mary estaba derretida a la enésima potencia – ¡Tú eres muy tierna! ¡Eres perfecta para Graham!

- ¡Ay, gracias! – bajó la vista, fingiendo estar apenada, sin cambiar su sonrisa. Por dentro se estaba muriendo

- ¡Es cierto! – La tomó de la mano y la llevó hasta el sofá, indicándole que se sentara – Y ya… bueno, sé que es muy pronto… Pero deberían pensar en tener hijos… Uno, por lo menos… Es que se te da tan natural, y sé que a Graham le encantan los niños… Idolatra a sus sobrinas

- ¡Mary! Regina debe estar cansada… Vamos, ayúdame con la mesa – dijo David, tratando de disimular lo que sabía

- ¡David! – abrió los ojos como platos, mirándolo como si quisiera matarlo – Estoy conversando con ella, solamente eso… Y seguro que quiere arreglarse primero, darse un baño… ¡Qué sé yo! – se sentó al lado de la morena – ¿Y Graham? ¿Dónde está? – revisó el lugar con la mirada, extrañada

- Tenía que buscar algo que se le quedó… – se apresuró a adelantar Regina – Pero no te preocupes por mí. Primero me gustaría darle un baño a Henry, y luego darle de comer… después de eso, ya pensaré en lo propio…

- ¡Ves que eres una madre! – la sonrisa de ternura y suficiencia de Mary Margaret, taladraba el corazón de Regina – ¡Oh por Dios! – dijo sorprendida, mirando el anillo de compromiso, que ostentaba Regina – ¡Te lo propuso! ¡David, Graham y Regina se van a casar! – parecía una adolescente – ¿Tú lo sabías? – lo miró con gesto de sospecha

- ¡No! – abría los ojos como platos, y disimulaba que no tenía la menor idea – En realidad no me lo comentó… ¡Felicidades Regina! – le dio un abrazo, seguido de su esposa

- ¡Si! Gracias… Apenas ayer me lo propuso… – estaba sonrojada. Lo miró y lo movió ligeramente en su dedo, un par de veces.

Graham había regresado a la camioneta. Tardó varios minutos en saber qué hacía allí. Encendió la camioneta, puso la música a todo volumen, teniendo cuidado de haber bloqueado los vidrios, y se desahogó. Propinó varios golpes secos al volante, y dio unos cuando gritos de furia. Luego, simplemente bajó el volumen, y se quedó allí, sentado, mirando al infinito.

Las mujeres dispusieron el corralito de Neal, como cuna provisional para Henry, en el cuarto de huéspedes. David las ayudó, y luego continuó con la cena.

Bañaron a Henry, mientras Mary hablaba sin parar de sus experiencias maternas recientes. Reía una que otra vez, a causa de la ternura de Henry, y de cómo trataba de pellizcar a Mary.

Pasaron alrededor de cuarenta y cinco minutos, y Graham no volvía. Regina cada vez se sentía más incómoda. Le dio de comer al bebé, y lo dejó durmiendo plácidamente. Mary hizo lo mismo con el diminuto Neal.

Dispuso todo para darse un baño. Cuando por fin se dio cuenta de que no evadiría la cena, suspiró y se dirigió a la sala. Se sentó a la mesa, y observó a Neal, que estaba al lado de su madre, durmiendo en el coche

- Tu bebé es hermoso… – Regina lo decía sinceramente – Es un rubio hermoso y de mejillas rosadas… Provoca comérselo ja, ja, ja… – trató de relajarse, ante la ausencia de Graham

- ¡Ay, gracias! – se sonrojó – ¡Qué raro que Graham no haya vuelto! ¿No te dijo si se demoraba?

- En realidad… ¡No! – disimulaba. Ya estaba segura de que no volvería – Es que como estaba pendiente de Henry, tal vez no me enteré…

- ¡Y yo no le pregunté! – sentenció David – Pero igual es un placer atender a Regina, y tenerla aquí – le dedicó una sonrisa encantadora.

Terminaron de comer, y David arregló todo para que Mary no se interpusiera entre Regina y la soledad de su habitación.

Chequeó que Henry estuviese bien, se quitó la ropa, y todo lo demás, excepto el anillo de compromiso. Lo observó un par de minutos. Revisó que no fuese a caerse fácilmente, y se lo dejó puesto. Se metió a la ducha, y se desmoronó.

Trató de que su llanto fuese lo más imperceptible posible. Y allí se quedó. Se recostó contra la pared, dejando que el agua cayera por su cuerpo, desde la cabeza a los pies. Su frente sobre la mano, y ésta contra la pared. El agua en su cuello le brindaba un alivio que su alma no conseguiría alcanzar. Estaba agotada, física y emocionalmente.

Sintió un suspiro leve, y al voltear, observó a Graham recostado en el marco de la puerta. La observaba con expresión neutra, a través de la puerta de baño de vidrio. Se sobresaltó ligeramente, llevándose la mano al pecho. Por instinto se cubrió el cuerpo como pudo, con su otro brazo.

No pudo evitar mirarlo a los ojos y encontrar el vacío más profundo, al que nunca se hubiese enfrentado. Ese era su mayor temor: que Graham dejara de amarla

- ¿Todo terminó?, ¿verdad? – fue lo único que pudo decir. Llena de lágrimas, que se confundían con las gotas de agua.

Él no le respondió. Sólo se quedó allí mirándola, con ese gesto inexpresivo

- ¿Todo terminó? – estaba ahogada en llanto – Sé que no merezco nada… – le costaba mucho hablar. Le dolía respirar – Pero dime… ¡Te lo suplico!

Nada. Graham no se movía. Ella dejó de mirarlo, bajó la cabeza, y se llevó las manos a la cara. Rompió a llorar. Ya no podía contenerlo más. Estuvo segura de olvidar dónde se encontraba, o qué había pasado. Se sentía morir.

- Tú me perdiste Regina… – hablaba en tono robótico. Se escuchaba agotado.

Ella reaccionó, y lo miró entre asombrada y triste. No sabía cómo sentirse, aparte de abatida

- Tú siempre me has perdido… Cada una de las veces que me has dejado de lado… ¡Me has perdido!... Cada vez… – no hacía ninguna expresión

- Yo… – No podía hablar. Simplemente lo miraba suplicante. Con sus ojos le imploraba el perdón

- Tú… Todo se trata de ti… Y no tengo cómo negarlo… Si cuando entras a una habitación repleta de gente, es difícil no fijarse en otra mujer que no seas tú, en otra persona que no seas tú… Y entiendo que hayas estado así toda tu vida. Te acostumbraste a la atención, y a la presión que ella conlleva… A ser perfecta y a que se haga tu voluntad, pero a coexistir con las consecuencias… ¿Por qué ésta vez sería diferente?

- Graham… Yo… No… – negaba con la cabeza, pero el llanto no la dejaba hablar

- ¿Por qué sería diferente?... ¿Por mí? – se acercó a la puerta de la ducha y la abrió – Creo que eso no lo calculaste… ¿O sí mi Reina?

Ella se quedó paralizada. Con los ojos abiertos de la impresión. Su llanto se cortó abruptamente, al igual que su entrecortada respiración. Graham entró de repente a la ducha, y se fue sobre Regina, tomándola por los brazos

- No calculaste que yo pediría consideración… No calculaste que yo siempre he vuelto… Cada vez que me has perdido, de una forma u otra, he regresado a ti… Y tú a mí, aunque pienses lo contrario – le hablaba con intensidad. Había brillo en sus ojos, e impotencia es sus torpes gestos – No todo se trata de ti… No todo se ha tratado de ti, todo éste tiempo…

Terminó de acercarla contra su pecho. La abrazó con fuerza, como si quisiera cambiar el mundo con ese gesto

- ¿Por qué lo hago?... ¡No lo sé! – la alejó, tomándola de la cara, tocando con ambas manos las mejillas de Regina, dejándola a escasos centímetros de su rostro – Porque soy un hombre cursi y un caballero patético, anticuado… ¡No me importa ya!

- ¿Será, porque éste amor se nos metió hasta en los huesos, Graham?... No sabría cómo vivir sin ti… ¡No sabría! – se enterró en su pecho.

El agua empapaba la ropa de Graham. Ya nada importaba. Estaban muy lastimados como para que les importaran los detalles de lo cotidiano.

Se separaron un instante para mirarse, completamente en silencio. En esos segundos se dijeron todo lo que las palabras no alcanzaban a llenar. No hubo necesidad de más.

Graham besó a Regina con pasión y urgencia. Tenía que aferrarse a ella. La necesitaba, y entendía sus palabras anteriores como propias, "no sabría vivir sin ti".

Ella le respondió. Necesitaba saber que no la dejaría. Ella podía ser Regina siempre, podía estar sin Graham y vivir como antes. Esa vida que nunca la llenó, pero que medianamente la satisfacía. O por lo menos eso pensaba entonces. Pero al encontrar a Graham, todo había cambiado. Lo necesitaba, física, espiritual y mentalmente en su vida. Lo amaba con todo su ser. Era la misma Regina, pero una versión mejorada, a su lado.

Empezó a quitarle la ropa a Graham, y él la ayudó, mientras no paraba de besarla. Cuando ya no estorbaba la ropa, la volvió a abrazar con la urgencia del caso. La tomó de la mano, y observó que llevaba el anillo

- ¡Nunca me lo quitaré! No importa lo que pase… – lo miró con la intensidad de su afirmación – Así me dejes… Y yo no sepa cómo continuar en ésta vida. Aunque me lo merezca… Y eso mate por dentro… Nunca me lo quitaré, Graham. ¡Es una promesa!

La levantó de repente, y la tomó como a ambos les gustaba. Las piernas abiertas de Regina rodeaban el cuerpo de Graham, y el entró en ella con la furia de su ansiedad, por todo lo vivido.

Todo con Regina era así, intenso. Sentía que había vivido años en un par de meses. Una montaña rusa de emociones. La mujer era su droga; era un adicto sin posibilidad de rehabilitación. Ahora lo sabía.

Le pegó contra la pared, y mientras el agua los bañaba, Graham penetraba a Regina, una y otra vez. Entraba y salía de ella con fuerza. La morena se aferraba a su espalda, mientras daba gemidos ahogados, ante la conciencia de su ubicación.

Se besaban, y su ritmo intenso de pasión no paraba. Regina acabó antes de lo que su cuerpo habría previsto, dado el cansancio físico. Su mente dominaba, sus instintos prevalecían. Mordió el hombro de Graham en el proceso, para no gritarle su placer a los Nolan.

Pasó un rato, hasta que Graham derramó sus deseos dentro de Regina. Mientras esto ocurría, ella lo incitaba con pequeños mordiscos en los labios y besos intensos y profundos. Un juego de lenguas, que lograba excitarla nuevamente.

Sintió el clímax de Graham como el suyo propio. El peso de su amante, la hizo sentir viva, y en calma nuevamente. Así se quedaron unos minutos, manteniendo sus frentes unidas, hasta que él salió gentilmente de ella, como acostumbraban.

No dejaron de mirarse con deseo, con pasión, con una mezcla de ternura y amor. Habían pasado por una tormenta muy fuerte, y la calma sólo había conseguido fundirlos en una sola persona. Era un sentimiento poderoso, inesperado y revelador.

Se bañaron el uno al otro, y volvieron a hacer el amor, dulce y apasionadamente. Cuando regresaron al cuarto, en bata de baño, agotados, se asomaron por inercia al corralito, donde Henry dormía sin preocupación del mundo.

- Lo quiero Regina… Busca la manera de que estemos juntos – le dijo, sin mayor énfasis.

Ella entendió que no era un juego. Sabía que de eso dependía su felicidad. No tenía corazón para negarse, pero estaban lejos de su destino

- Dame tiempo… ¡Yo también lo necesito! – lo observó con dolor en su mirada. Se le antojaba infinitamente tierno.

No dejaba de mirar a su hijo. ¡Era su hijo! Regina se retiró sin hacer mayor ruido, y se dedicó a contemplar a su hombre mirar a Henry. Era la visión más dulce que nunca pudo imaginar.

Se puso el pijama que traía en el bolso, y se metió bajo el cubre cama, del lado opuesto a donde dormía Henry. Se quedó rendida contemplando a Graham.

Durante la madrugada, la risa de Henry la despertó. El cuarto estaba casi totalmente en penumbras, salvo por la luz de una lamparita, que supuso le habría dado Mary a Graham, mientras ella dormía.

El niño se había despertado, y jugaba con el móvil del corralito. La pequeña luz le había hecho descubrir el juguete al infante, y éste, había optado por jugar, en vez de llorar o seguir durmiendo.

Graham estaba rendido a su lado, y se veía agotado. Ella se deslizó y sin hacer ruido, se dirigió a la cuna improvisada. Henry siempre había sido un bebé inteligente, y sumamente tranquilo, desde su nacimiento

- ¿Qué pasó mi amor? – le susurraba – ¿No puedes dormir?

- ¡Mami! – El niño la vio y extendió automáticamente los brazos

- ¡A ver! – Lo sacó de la cuna, y revisó su pañal, mientras lo cargaba – Estás limpio y seco – le dio un beso – ¿Extrañas tu cuna? ¿O a mami? – por primera vez, decir eso la entristeció. ¿Qué le pasaba? Emma era la madre de Henry, por mucho que ella lo hubiese concebido y dado a luz – ¿Quieres dormir con mamá?

El bebé le halaba el pijama, y veía cualquier detalle.

Lo acostó entre ambos. Entonces, Graham abrió los ojos, para observar a Regina mirar a Henry, y mecerlo con la mano, para dormirlo.

Ambos barones, tanto el infante como su padre, quedaron nuevamente rendidos ante el arrullo de la morena.

- Yo también lo quiero Graham… ¡Los amo! – susurró. Y cerró sus ojos para dormir nuevamente.

Regina se sentía infinitamente feliz, como nunca había soñado. En ese instante, fueron eternos.

-xXx-

Al otro lado de la ciudad, Whale recibía los resultados de las pruebas realizadas al cuerpo de la última víctima encontrada, en la casa abandonada.

Tomó el teléfono, y en seguida se comunicó con uno de los interesados

- ¡David! ¡Buenas noches! – Era el último turno, así que era costumbre llamarse a esas horas

- ¡Whale!, dime… ¿Qué noticias me tienes? – el hombre siempre era atento, y agradecía la información que le suministraban

- Disculpa que te moleste, pero es para lo que me dijiste que te informara, apenas llegaran los resultados… – leía el informe, mientras hablaba y servía café

- ¡Sí, claro! – se disponía a bromear – ¿No me digas que vas a tomar café al lado de una víctima?... ¡no seas grotesco Whale! Ja, ja, ja…

- ¡No eres gracioso Nolan! – hizo una pausa en su escueta expresión de fastidio – Ya tenemos la identidad de la última. Aparentemente llevaba desaparecida cinco años

- ¿Cinco años? ¿y nadie la reportó? ¿Cómo se llama? – cada vez se ponía más complejo el asunto

Se levantó de la cama, y se dirigió al baño, para no incomodar a su esposa ni al bebé

- Hubo un reporte inicial… Pero luego fue desestimado… La verdad no entiendo bien por qué… Creo que es algo irregular – tomó una pausa para beber café – Su… Su nombre es Aurora Philips. La edad… alrededor de…

- ¡Treinta y dos años! – lo interrumpió, continuando la oración en tono robótico. David estaba paralizado

- ¡¿Cómo?! ¿Cómo supiste? – el doctor estaba ligeramente impactado, pues no sabía el trasfondo

- Es… Es que creo que conocía a la víctima… – Le costaba articular palabra

- ¡No! – ahora si se sobresaltó – No me vayas a salir con que fue tu novia, porque ahí sí que me espanto… Me lo dices, y de inmediato le asigno protección a mi esposa – no era broma. Hablaba en serio

- ¡No! – no podía hablar en ese momento – ¡Hazme un favor! No des la información hasta mañana que yo llegue. Vete a casa, descansa… ¡Ya te explicaré!

- ¿Seguro?

- Confía en mí… Hasta mañana que yo llegue, ni una palabra de esto a nadie… Ni al mismísimo Gold… ¿Entendido?

- Pero… – trataba de advertirle, que ya era demasiado tarde. Gold estaba copiado en el correo, donde informaban el envío de los resultados

- ¡Tranquilo Whale! – no sabía qué hacer

- David… ¿Quién es la chica? Sabes que puedes confiármelo… De todas formas, no creo que tarde mucho en saberse – el hombre estaba dispuesto a guardar el secreto, hasta que fuese revelado por la fuente indicada

- ¡Lo sé! – David quedó en silencio unos segundos – Es la exnovia de Graham, de la secundaria… ¡Esto no está bien!

oOo

Estoy de vuelta con otro capítulo. Nuevamente pido disculpas por la demora. En éste momento tengo muchas obligaciones, que me han quitado la oportunidad de Actualizar.

Les recomiendo la versión acústica de la canción "You lost me", de Christina Aguilera y Sia; la cual me inspiró.

Espero que les guste, y como siempre, espero sus comentarios…

¿Qué se les ocurre que podemos hacer con ésta historia?

Saludos…