Haruno Nohina: Juro hacer un fanfic donde Sakura no sea tan perra jiji
Brendakou: Saludos :)

Tuve una fiesta y el tiempo dejo de existir para mi, desde el viernes, morí.

Bueno, en disculpa les traigo el capitulo y uno extra.

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Las extraño Humpty y Sasu :'(

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No quiero recordar lo que hice ayer, Nanami Hara


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Cuando le dejé muy en claro a Temari que NO iba a ver a mi madre, dijo que estaría conmigo hasta que estuviera lista.

La subestime, en serio, lo hice terriblemente.

Mi cena con Itachi fue la cosa más incomoda del mundo, con Temari comiendo entre nosotros, ladrándome que me fuera, sin oportunidad a ninguna clase de conversación, en un restaurante elegante, con su vestido más cortó que los de Ino—Ufff—, e insultando el clima.

—Ponte más ropa y deja de escupirme la comida, traga antes de abrir el hocico—le dije entre dientes cuando tuve suficiente.

—¡HA!—se burló de mi.

Tuve que disculparme con Itachi, dijo que se divirtió, probablemente así haya sido porque como bien dijo Sasuke, fumó cuando nos llevo de regreso a casa.

Intenté cerrarle la puerta en la cara, pero es una mujer dura y la batalla nos duro 10 minutos con la mentada puerta. Abre, cierra, abre, cierra.

Naruto estaba tan asustado de ella que fue a dormirse con Sasuke—él no daba un bledo por lo que pasaba—.

Se irá mañana cuando se cansé, pensé.

¡Por supuesto que no! ¡Oh vaya ingenua que fui!

Me siguió como una sombra, Sasuke se burlo de mí pero no hizo nada por ayudarme. Claro que el gusto le duro poco a media semana cuando yo me la había vivido con Temari y con nadie más, y él andaba caliente como una estufa.

No hizo nada activamente, solo la miraba de mala manera cuando nos cruzábamos con él.

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—Temari, dame un descanso—le rogué—estoy haciendo del baño. ¿Ni siquiera puedo hacer eso?

Escondí mi cara entre mis manos llorando lágrimas de cocodrilo. Hasta el baño me había seguido, mirándome sentada sobre la bañera.

—Ya conoces las reglas.

Tuve que llamar a la abuela Chiyo y prometerle que iría a visitar a mamá en año nuevo, cuando terminaba mis asuntos en la ciudad. Me advirtió que mamá estaba de viaje y que eso era lo único que me salvaba de ser arrastrada de las greñas por la rubia excéntrica. Se le ordenó a Temari regresar, con la promesa de volver y arrastrarme hasta aclarar "ciertos puntos" con Madre.

Fueron dos semanas de la visita de Temari que me había torturado sin descanso. Por fin, el viernes, pude descansar al verla irse. La despedí con una sonrisa hipócrita en la cara, esperaba que no volviera.

Gracias al cielo, solo había tenido unas cuantas advertencias en esos meses con lo referente a mi progenitora, pero se acercaba el tiempo en el que no era suficiente justificarme con deberes escolares.

Ya tenía una idea de lo qué quería hablar conmigo, pero entre más pudiese evitarlo, mejor.

—¿Sasuke has sabido algo de Itachi? (pásame ese libro)—me entregó el libro con mala cara.

—¿Por qué preguntas?

—Después de la cena que tuvimos volvió a su trabajo y me dijo que tenía un pequeño viaje, pero se suponía que regresaba ayer y no ha contestado mis mensajes

—Parece que tienes una buena relación con mi hermano. Incluso podría decir que sabes más de él que yo. Y respondiendo a tu pregunta: No, no he sabido de él desde hace meses.

Rodé los ojos y seguí con mi tarea de patología, parecía que nuestra apuesta había quedado en el olvido después de una sesión de sexo sin descanso por dos días—Bien se le notaba que me había extrañado por culpa de Temari—, porque había días en que por mis deberes me era imposible hacer un tiempo para cumplir sus caprichitos de esclava, por lo que él hacía una —deplorable—cena.

Aun me faltaban varias páginas por redactar, pero Sasuke acomodó un emparedado de jamón con queso frente a mí, haciendo a mí estomago rugir. Él ya había terminado con sus deberes, la loquera que le dio por estudiar fue después una ventaja, ahora todo le parecía tan fácil.

—Eres realmente lenta

—¿Disculpa? Soy la Hermione Granger de la facultad de medicina.

—Y el Neville de literatura ¿Qué con tus libros para puberto?

—Muérete, sabes quienes son los personajes

—Por las películas—se encogió de hombros mordiendo su propia cena. Naruto entró por la puerta de nuestro apartamento con el correo en la mano y su morral con libros cayéndosele del brazo.

—Estoy muerto, me voy a dormir—y con unas ojeras de muerto, desapareció por el pasillo arrastrando los pies.

—¿Qué le pasa?—pregunté luego de uno segundos en silencio viendo el ya, vacio pasillo.

—Su semana de vacaciones en Alemania le costó más a él que a ti. Se retrasó mucho y ahora esta hasta el cuello de deberes—por su mirada misericordiosa supe que se sentía tan mal por el rubio como yo.

—Alcánzame el correo ¿quieres?—frunció los labios como niño pequeño renegando. Me reí y le di un pico la boca para que dejara lo infantil.

Aun con sus pucheros se levantó por el correo que Naruto dejo arrumbado en el velador junto a la puerta.

Me los lanzó al regazo el muy ridículo.

—Muy maduro Sasuke. Si sigues así de malcriado te vas a dormir en una cama fría y sola—le advertí. Me retó con la mirada, solo sonreí—Después, cuando termine mi tarea—volvió a hacer un gesto y bostezo.

Sentada en la alfombra frente a la mesita de café y con la espalda contra el sofá, sentí al moreno acoplarse a mi espalda, con sus piernas envolviendo las mías, abrazándome por la cintura, descansando la cabeza en mi hombro.

Volvió a bostezar.

No pude evitar pensar en lo mucho que había cambiado nuestra relación paulatinamente, Sasuke hacia todo lo posible por estar sobre mi constantemente, aunque eso solo pasaba cuando no estábamos en la universidad, pero ahora me daba de comer en la boca cuando tenía demasiados deberes para dejar de hacerlos —lo cual era adorable de su parte, pero prefería callármelo antes de decírselo y que dejara de hacerlo—me abrazaba, le gustaba que lo abrazara por la espalda cuando dormíamos—Yo le hacia la cucharita a él, jeje— e incluso había pasado algunas noches en mi departamento cuando cenábamos con Naruto. Y eso hablaba muy bien de él, quería decir que no había alguien más "poderoso" en la relación, había aceptado entrar en mi terreno sin problemas.

Todo era demasiado raro.

Era malditamente definitivo, Sasuke me gustaba. Y aunque yo no estaba segura si el sentimiento era mutuo, tenía mis sospechas. Mejor no arriesgarse, por ahora funcionábamos bien.

Teníamos nuestras típicas discusiones que solo añadían algo picante a nuestra interacción, pero cada vez eran más los momentos que pasábamos simplemente disfrutando el uno del otro.

Pero había algo malo en todo, yo seguía llamando "relación" cuando Sasuke me había dejado claro—indirectamente, casi siempre—que nosotros no éramos nada.

A veces me decía que era su amiga, y aunque la idea de intentar "algo formal" con Sasuke era cada vez más tentadora, nunca era lo suficientemente seductora como para pensar en mencionarlo siquiera. Ahora también era mi amigo, mi amigo que me gustaba.

Revisé el correo, encontrando algo interesante; Una invitación para una cena de beneficencia como la acompañante de "El señor Itachi Uchiha".

¿Por qué no?, me dije.

Con Sasuke roncando sobre mi hombro, decidí enviarle un mensaje a Itachi con mi repuesta.

"Si"

Era todo lo que había puesto en el mensaje y sabía que era suficiente para él.

Dentro de dos semanas. Fuuf, tendría que usar un vestido elegante, zapatos, pedrería, peinado maquillaje…¡Ag! Solo de pensarlo me entraba la flojera, pero pasar un rato con el mayor de los hermanos siempre era interesante. Valdría la pena.

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Los miércoles, Sasuke, Naruto y yo teníamos una hora libre en común, en la que podíamos ir a la cafetería juntos, pedíamos algo y nos sentábamos a charlar sobre nimiedades. Esta vez, Naruto tuvo que ir a su infierno personal, la biblioteca. Tenía un proyecto que entregar para el día siguiente y decidió pasar todo su tiempo libro metido entre libros—que probablemente ni comprendía—.

Solos los dos, caminábamos lado a lado, hablando sobre la cena. Llegamos al comedor como siempre y pusimos en nuestra bandeja lo que mejor identificábamos. Nos sentamos en alguna mesa vacía, empezamos a comer, en medio de una discusión por su barba—que no había querido rasurarse desde hacía dos días y picaba como erizo—, estaba tocando su barbilla con la mano. Regañándolo, diciéndole que pensara en mí, lo que en un principio fue completamente erótico, ahora me dejaba los muslos rojos y sensibles.

Un carraspeo nos distrajo de nuestra charla. Varias chicas, pequeñas, con cara de ingenuas, con libros en los brazos, nos miraban expectantes. De primer año, chismosas como pocas.

—¿Si?—dije lo más amablemente posible

—Disculpen…¿Son ustedes novios?

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Dios

Cuanto odiaba a las de primer año.

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Bye-bye.