Capítulo 37.- "Permiso para casarse"

El bolígrafo volvió a caer al suelo debido al agarre flojo de los dedos de Kakashi y tras el sonido del impacto, el Hokage se puso sobre sus pies mientras apoyaba sus manos en la superficie del escritorio.

Sus ojos seguían muy abiertos y no estaba seguro de lo que debía decir. Hizo un movimiento que luego se vio truncado por la mano derecha de Nashira, quien extendió su brazo y su palma apuntó hacia el hombre que se quedó inmóvil.

—¡Espere, quédese ahí! —Ordenó sin quitar su mirada seria. Kakashi tragó saliva sin comprender lo que ocurría—. Siéntese, señor Hokage.

—Nashira ¿qué es todo esto? Sólo quiero-

Volvió a levantar su mano.

—¡No, no! Sentado, tranquilo. Dije que traje mi solicitud, ¿puede usted por favor tomarse el tiempo de leerla?

Kakashi estaba demasiado angustiado. Una parte de él gritaba de felicidad por volver a ver a Nashira, pero la otra no procesaba lo que ella pedía. Sin poner más resistencia, lentamente se fue sentando y la mujer sonrió al ver que la obedeció.

Kakashi se hundió en el asiento y su expresión era como de niño reprendido. Tomó la hoja que Nashira gustosamente le llevó y aclaró su garganta antes de leer.

—Nashira Kitayaka, soltera, sin hijos, treinta años de edad. Habilidades: Costura, conocimientos básicos de agricultura y defensa personal. Experiencia en servicio al cliente y administración. Ocupación: Escritora.

Kakashi quitó los ojos del papel y miró a Nashira, ella sonrió.

—Esto parece una solicitud de empleo.

—Siga leyendo, Excelentísimo Señor.

Su rara actitud le estaba preocupando mucho al hombre tras el escritorio.

—¿Por qué quiero ser la esposa de Kakashi Hatake? —Leyó y su voz se volvió tímida— Porque me gusta su espantosa personalidad y su gusto por leer novelas eróticas —Kakashi tragó saliva—; además quiero ser la dueña y señora de su cuerpo.

Nashira se mordió el labio inferior de forma coqueta y al percibir el enrojecimiento de las orejas de Kakashi, sintió el dulce sabor de su victoria.

—¿Qué me hace mejor que las demás candidatas? —El shinobi tuvo un déjà vu— El Sexto Hokage aprendió a besar gracias a mí.

—¿Y bien, señor Hokage? ¿Qué piensa?

Kakashi puso la solicitud encima de unos papeles y tomó el sello para entintarlo, luego lo estampó contra la hoja y se levantó.

—Autorizado.

Nashira amplió su sonrisa mostrando sus dientes y Kakashi por fin abandonó su lugar para ir hacia ella y abrazarla con fuerza.

La sensación de su cuerpo y el dulce perfume de su cabello era todo lo que él necesitaba para estar seguro de que no era un sueño.

Sus manos acariciaban la espalda de la mujer y pronto pudo percatarse de cómo Nashira con sus brazos lo rodeaba por la cintura correspondiéndole.

—Te extrañé —soltó junto con un suspiro.

—¿Mucho? —Preguntó ella.

—Demasiado.

—¿Cuánto es demasiado?

Se despegaron y Kakashi mantuvo ambas manos en sus hombros mientras se veían a la cara.

—Al punto de que estaba volviéndome loco y pensé en ir a buscarte.

—Qué romántico es usted mi señor Hokage.

—No me digas así, quiero oír mi nombre de tu boca.

—Uy pues quién te entiende, antes querías que te llamara señor Hokage.

Kakashi acarició la mejilla de Nashira.

—Estás más gordita.

—¡¿Qué dijiste, reverendo idiota?!

Kakashi se empezó a reír y ella frunció el ceño retrocediendo.

—Más de cinco meses sin verme y eso es lo único que sabes decir. ¡Eres horrible, Kakashi!

—Lo siento —decía entre carcajadas—, es que esa era la única forma de hacer volver a la antigua Nashira.

Ella se sacudió la ropa.

—Definitivamente eres un masoquista. Devuélveme la solicutud, ya no quiero casarme contigo.

—Qué lástima señorita escritora, porque ya la sellé —Kakashi tomó la hoja y la guardó en un cajón—. Entonces... ¿Cuándo será nuestra boda? Debo decir que no esperaba que tú me propusieras matrimonio.

—Si me quedaba esperándote nunca lo ibas a proponer tú —se cruzó de brazos—. Además, antes de casarnos todavía hay cosas que debo hacer.

—¿Qué tipo de cosas?

Nashira se dio la media vuelta y se puso a ver las fotos de los Hokages.

—Pedir formalmente tu mano.

—¿Eh?

—Ya sabes, ir a la tumba de tu padre y decirle que te haré mi esposo.

—Oye, oye, un momento. Eso debo hacerlo yo, yo tengo que ir a hablar con tu tía y visitar la tumba de tu padre y hermano.

Nashira giró sobre sus talones.

—Mi tía ya sabe que nos casaremos. Y mi padre no se opondría, él siempre quiso que consiguiera un buen marido.

—¿Cómo es que tu tía lo sabe?

—Porque se lo dije, le dije que vendría a buscarte y a pedirte que te cases conmigo.

—¡Oh, por las células de Hashirama! ¡Va a casarse, Kakashi sensei!

Una voz masculina hizo que ambos miraran hacia la puerta, ahí estaba Naruto con la boca bien abierta y detrás de él estaba Shikamaru casi del mismo modo que el rubio.

—Naruto...

—¡Ah! ¡Señorita Nashira, ha vuelto!

Entró de lleno a la oficina y se acercó a la pareja, entre risas burlonas le dio un codazo a Kakashi, éste sólo cerró los ojos con resignación.

—Entonces Kakashi sensei... ¿Cuándo es la boda?

—Aún no lo decidimos —Nashira se adelantó a responder—, ya que todo ha sido tan repentino todavía tenemos que hacer muchos preparativos.

A Naruto le brillaron los ojos.

—¡Voy a traer el mejor regalo de bodas, dattebayo!

—Naruto, estás apresurando las cosas —Kakashi habló con pereza—, cálmate ¿quieres? Si es posible, es mejor que no digas nada de lo que has oído. No quiero que todos empiecen a hacerme comentarios incómodos.

Shikamaru carraspeó y el Hokage lo miró de reojo, luego volvió a verlo al notar una mueca de preocupación en su rostro.

—De hecho... Creo que es un poco tarde.

Los ojos de Kakashi viajaron hasta la puerta donde Genma, Sai, Ebisu, Anko y Chiharu estaban observándolos. El Sexto no sabía si había más gente porque el ángulo sólo le permitía contar cinco personas. El palillo de Genma cayó al suelo cuando éste abrió la boca por el impacto que le ocasionó saber que Kakashi se casaría.

—¡Ups! —Naruto soltó.

—Oh no, por favor.

Kakashi apretó sus ojos y se preparó para el más largo y atormentador sermón de cada uno de los espectadores. Nashira sonrió de medio lado cuando vio la actitud del Sexto.

(...)

Más enérgico que nunca y sin detenerse siquiera a descansar, Kakashi andaba de un lado a otro llenando y firmando papeles. Los empleados le veían con admiración pero todos se cuestionaban el porqué el Hokage estaba tan apresurado por terminar sus deberes.

Le había pedido a Nashira que no se fuera porque temía perderla una vez más, pero ella insistió que lo mejor sería verse una vez que su jornada terminara. Por ese motivo, Kakashi había decidido que apuraría su trabajo para irse al menos media hora antes.

Estampó el sello en una hoja y cerró la carpeta para luego entregársela a la mujer que estaba frente a él.

—Aquí está, es todo así que me voy.

—Se-señor espere.

—No tengo tiempo Chiharu —agarró su mochila y la abrió, allí guardó un libro y metió la solicitud de Nashira—. Lo revisaremos mañana.

—Señor, sólo quería preguntar algo.

Kakashi finalmente la miró a los ojos.

—Dime.

—Sé que no es de mi incumbencia y no es mi intención meterme en su vida privada —estaba sonrojándose—, es sólo que la mujer de antes... No recuerdo su nombre, lo siento.

—Nashira —dijo Kakashi sin vacilar—, ¿qué hay con ella?

—Bueno, es que como ha entrado a su oficina saltándose el filtro, quiero decir, sin solicitar permiso para verle... Sería absurdo decir que no sé que ella es su futura esposa así que... Me preguntaba si no hay problema si ella simplemente viene.

Kakashi se masajeó la frente con una mano.

—Lo que tratas de decirme es si no voy a regañarte por el hecho de que Nashira entra como si nada a mi oficina sin que te des cuenta ¿verdad?

Chiharu asintió.

—Eh... ¿Cómo te lo digo? —Se cruzó de brazos— Nashira solía ser mi asistente, por ciertos motivos ella dejó el puesto. Es por eso que vas a encontrarte con empleados que la conozcan pero descuida, todo está bien si Nashira viene y sube a verme. No voy a reprenderte por algo como eso.

Chiharu suspiró aliviada y abrazó el portapapeles que traía en sus manos.

—Gracias señor, y perdone por favor mi imprudente cuestionamiento.

Antes de abandonar la oficina, Kakashi recordó algo importante. Miró por encima del hombro a su asistente.

—Voy a pedirle a Shikamaru que te entregue un teléfono inalámbrico.

Ella arqueó sus cejas con sorpresa y poco entendimiento, justamente la reacción que Kakashi quería ver.

—No sabes lo que es ¿cierto? —Ella negó—. Bueno, no te preocupes... Le pediré a Yamato que te ayude a entenderlo.

Sus dedos se enroscaron alrededor del portapapeles.

—¿El capitán Yamato? Pero él debe estar muy ocupado, dicen que no trabaja cerca de aquí.

—Por eso mismo es bueno que todos estemos en contacto ¿no?

Luego de regalarle una amable sonrisa, Kakashi bajó la escalera y solicitó a su consejero que consiguiera un teléfono para Chiharu pero se asegurara de sacar antes el instructivo de la caja. Si las cosas surgían como lo planeaba, Chiharu y Yamato tendrían un mayor acercamiento y ella no haría lo que Nashira, quien aprendió por su cuenta cómo utilizar el nuevo dispositivo quitándole toda la emoción a sus enseñanzas.

Kakashi subió la colina. Miraba discretamente a todos lados para ver si encontraba a Nashira y al adentrarse ligeramente entre los bosques, la miró de cuclillas frente a la tumba de Sakumo Hatake. Una flor blanca y una varita de incienso fueron rápidamente identificadas por el Hokage; sus pasos captaron la atención de la mujer y al voltear a verlo se puso de pie.

—No pensé que estarías aquí.

—Te dije que iba a pedir tu mano ¿no? —La mujer estiró su brazo para indicarle que pusiera su palma sobre la de ella.

Kakashi soltó una risita y accedió sin más. Luego caminó los pasos restantes para estar a su lado y con los dedos entrecruzados, ambos miraron hacia la lápida con el nombre del padre de Kakashi.

Nashira respiró profundo y comenzó a hablar.

—Señor Sakumo Hatake, soy Nashira Kitayaka y quiero presentarme ante usted.

Kakashi seguía viendo la flor sobre la tumba y sus oídos estaban atentos a la voz de su mujer, quien de verdad se escuchaba nerviosa como si estuviera mirando de frente al hombre.

—No soy una kunoichi, no soy médica ni la hija de ningún hombre importante; soy una simple pueblerina del Valle Rocoso. Aunque ahora estoy desempeñándome como escritora profesional, sigo siendo la misma mujer de siempre.

Kakashi sintió que el agarre de la mano de Nashira se aflojaba ligeramente. Incluso su voz sonaba un poco apagada.

—Estoy aquí porque quiero casarme con su hijo, y era justo y necesario que usted lo supiera. Quizás no soy la mujer más adecuada para él —sonrió con pena—, pero de verdad lo amo y le prometo que voy a hacerlo muy feliz.

Kakashi apretó la mano de Nashira.

—Papá —repentinamente él habló y Nashira se quedó viendo hacia las letras grabadas sobre la piedra—, ojalá pudieras estar aquí para que me dieras consejos de cómo ser un buen marido y quizás, cómo ser un excelente padre.

Nashira sintió que se hundía sobre el pasto, había olvidado la idea de tener hijos y se estaba poniendo de nervios.

—Pero sé que podré hacerlo, porque soy tu hijo, soy Kakashi Hatake y sé que Nashira y yo haremos un buen equipo juntos.

—¡Santo Monje, Kakashi quiere bebés! —Seguía pensando y sus manos se tornaban más frías que de costumbre.

Kakashi soltó la mano de la mujer y le pasó una mano por el hombro para pegarla a su cuerpo, ella tragó saliva pero ambos mantuvieron su vista sobre la tumba. Nashira sentía la firmeza que ejercía la mano del Hokage sobre su hombro, no era doloroso, se sentía bien.

—Así que, Nashira y yo pronto seremos marido y mujer.

Los labios de Nashira se abrieron pero titubearon y sólo pudo decir "sí". Después hicieron una reverencia.

—Bien, ya hemos cumplido con esta parte. Ahora vamos a casa de tu tía.

—Kakashi, espera, espera —ella tomó una bocanada de aire—. Estoy a punto de desvanecerme, no había considerado tan claramente la idea del matrimonio sino hasta ahora.

—¿Eso qué significa? ¿Estás arrepentida?

—No, no —movió sus manos—, es cierto que quiero que seas mi esposo.

—¿Por qué no dices que quieres ser mi esposa?

—Lo he dicho.

—No, has dicho que quieres que yo sea tu esposo, pero no dices que quieres ser mi esposa.

—Es igual, Kakashi. En el momento que te conviertas en mi marido, yo seré tu esposa ¿no?

Kakashi se puso las manos en las caderas.

—Pero no suena romántico en lo absoluto.

—No me hagas una escena frente a la tumba de tu padre. Lo que quería decirte antes... Bueno, es que has dicho algo extraño.

Kakashi puso ambas manos en sus costados y buscó la mirada de la mujer.

—¿Qué he dicho?

—Algo sobre ser papá —ella siguió viendo a todas partes excepto a él.

—Ah... Bueno, sólo ha sido una posibilidad. Tú... No quieres hijos ¿no es así? Yo respeto tu decisión.

Nashira se rascó la cabeza.

—No es que no quiera, es que —jugó con sus dedos y sus cejas se arrugaron—... Me da miedo. Además, soy un desastre para ser hogareña y no sé cambiar pañales, y me gusta dormir mucho y si el bebé despierta a mitad de la noche quizás yo no sepa qué hacer y lo tire por la ventana ¡no puedo ser madre, Kakashi!

Kakashi se empezó a reír y ella hizo un mohín.

—Calma, calma. Hablas como si ya fueras mamá. A ver, este tema lo discutiremos después, ahora vamos a la casa de tu tía que tenemos mucho de qué hablar.

La empujó por los hombros y bajaron la colina.

—Oye, ¿qué piensas decirle a mi tía? Sabes que soy una mujer adulta.

—Sí, pero es por educación.

(...)

Los gritos de emoción de la anciana, sonaron por toda la casa e inclusive algunos vecinos se percataron de ello. Nashira le pidió casi de rodillas que dejara de hacer tanto escándalo pero era inevitable ya que la mujer mayor no tenía tiempo para callar su felicidad. Aunque ya sabía que su sobrina tenía decidido casarse con Kakashi, estaba extasiada de escuchar de la propia boca del Hokage el anuncio de su matrimonio.

Tomó las manos de Kakashi y lo miró a los ojos mientras el shinobi se daba cuenta que ella tenía lágrimas asomándose.

—No, no debe llorar.

—Es que estoy muy feliz —respiró fuertemente—. Por favor, cuide bien de mi sobrina, ella puede ser torpe, brusca, a veces también es floja —Nashira rodó los ojos—, y odia lavar ropa, pero es una buena mujer y sé que serán muy felices.

Kakashi asintió y liberó sus manos para abrazar a la anciana, la mujer abrió mucho sus ojos por el repentino movimiento.

—¡El Sexto me está abrazando!

Nashira se dejó caer en el sofá mientras se preguntaba por qué su tía no era normal.

—Es usted una buena persona, y ha cuidado bien de Nashira. Muchas gracias —Kakashi se inclinó con respeto—, puede estar tranquila de que la protegeré con mi vida.

—Sexto, por favor denme muchos nietos.

Nashira empezó a toser y Kakashi sonrió.

—Cuente con ello.

—Bueno, dejando de lado las formalidades —Nashira se levantó y caminó hacia un mueble de la sala del cual sacó una cinta métrica—, es hora de trabajar.

—¿Qué vas a hacer con eso? —Preguntó el Hokage.

—Voy a tomar tus medidas, mi amor —una sonrisa malévola se dibujó en los labios de Nashira y su tía juntó sus manos agradeciendo al Monje.

—¿Para qué? ¿Qué pasa?

—Señor Hokage, ¿sabe? En la aldea del Valle Rocoso tenemos una forma muy singular de celebrar una boda según nuestras tradiciones. Mi sobrina quiere encargarse de hacer la ceremonia bajo nuestros estatutos religiosos.

—Lamento no habértelo dicho, pero supongo que no te molesta ¿verdad?

Kakashi se sobó la barbilla.

—No realmente pero desconozco el ritual o las cosas que se tengan que hacer.

—Por eso no te preocupes, que aún tenemos tiempo suficiente. Además, tengo que hacer tu traje y el mío.

Nashira pasó la cinta métrica por todo el brazo de Kakashi; mientras ella tomaba medidas, él la observaba tranquilamente pero luego, un recuerdo vino a su mente y la inquietud hizo su aparición. Todavía tenía que hablar con Nashira de un asunto importante.

Esperó hasta que ella terminó de medirlo y le pidió acompañarlo fuera de la casa de la tía Madoka. La noche estaba llegando poco a poco y el cielo se tiñó de azul oscuro; Kakashi y Nashira se sentaron en una banca del parque a observar el paisaje.

Ella respiró hondo y luego sonrió.

—Huele a carne —soltó con un gesto de hambre.

—Eres demasiado diferente a las mujeres que conozco.

Ella se enderezó y lo miró.

—¿Te estás burlando de mí?

—No, de hecho era un cumplido. Cerca de aquí hay un restaurante BBQ, es por ello que de pronto las corrientes de aire atraen el aroma a carne asada.

—Deberíamos ir.

—Primero me gustaría hablar contigo sobre algo que considero necesario.

Nashira dejó de mover sus piernas y se quedó atenta observándolo. Kakashi apoyó sus manos sobre el regazo y dispuso la dirección de su mirada hacia la fuente del parque.

—¿Y bien? ¿Qué eso tan importante?

—Yo te hice algo horrible hace muchos años.

Ella ladeó la cabeza.

—Nos conocimos hace poco, ¿por qué dices eso?

Kakashi negó con su cabeza.

—Aunque es verdad que no nos conocimos el año pasado, por azares del destino tú y yo hemos estado involucrados en una misma situación hace trece años.

—¿En serio? ¿Cómo?

Kakashi se puso triste y apenado.

—Cuando te acusaron de asesinato huiste y te escondiste en un bosque.

—¿Cómo sabes eso? ¿Sasuke te lo dijo?

—Sasuke vio a través de tus memorias pero se negó a darme detalles sobre tu vida. Si sé esto es porque Keito me lo dijo y para confirmarlo, lo leí en el reporte de una misión.

Ella guardó silencio y su mirada se volvió nostálgica.

—La razón por la que no te busqué después de que te operaron, fue por vergüenza de mí mismo. Por la atrocidad que cometí contigo. Hace trece años fui encomendado para completar la misión de capturar a una fugitiva que se resistía a su arresto. Aquella noche cuando te escondías, lancé un kunai y escuché tu grito, hiciste un movimiento que me permitió detectarte y fue de modo que encontré tu localización... Yo di el aviso de tu escondite y entonces te atraparon para llevarte a Iwa.

Nashira estaba recordando la escena, se había quedado muy seria y Kakashi finalmente la estaba viendo a la cara pero ella por su parte, veía al suelo.

—Lo siento, de verdad lo siento. No debí haber hecho eso, sufriste tanto por mi culpa. Llevas esa marca por mi soberbia.

—Kakashi —interrumpió—, llevo esta marca por culpa de una mujer rica que mató a su marido y me culpó. Tú no tienes nada que ver, sólo obedeciste órdenes.

—Sí, pero si yo hubiese investigado más la situación, si hubiera buscado la razón por la que te culpaban, no habrías pasado esos años en prisión.

—¿Quién pasó años en prisión?

Kakashi se quedó sin habla, sólo miraba el brillo en los iris violetas de la mujer que ahora lo observaba y sus labios se curvaban.

—Si no mal recuerdo, mi historial está limpio y no tengo ningún crimen. Mi registro ha sido borrado y tengo un certificado de no antecedentes penales.

—Nashira...

—No recordemos ese pasado doloroso, al final ¿no crees que todo sacrificio tiene su recompensa? Lo importante es que tú y yo nos hemos encontrado en este laberinto de tragedias.

La mano de Kakashi acarició la mejilla de Nashira y contempló a la mujer con cariño.

—Aunque si un día nuestro hijo ve la marca en mi espalda y pregunta qué significa, no sé lo que le voy a contestar —rió al decir eso pero Kakashi continuó observándola.

—Le diremos que es el número que representa tu nombre.

—¿Eh?

—El tiempo que no estuviste, leí un libro de astronomía y encontré un dato interesante —explicó con su grave voz—. Nashira es la cuarta estrella más brillante en la constelación de Capricornio. Así que de ahora en adelante, le pondremos otro significado a tu marca.

Nashira quiso reprimir la sonrisa que nacía en sus labios pero fue imposible de ocultar.

—Bájate esa máscara que me urge darte un beso.

—A la orden, señorita.

Una suave caricia y tierno beso fue el toque perfecto para esa noche estrellada. A penas se separaron, el Hokage volvió a subirse la tela a la mitad del rostro.

—Por cierto, hay algo que me gustaría saber —dijo él—. Escribiste esa novela "El héroe de leyenda" ¿verdad?

—Por supuesto, y gracias a ella es que pude juntar mucho dinero para darte un patrimonio.

Nashira se rió y Kakashi puso los ojos en blanco, ella amaba burlarse de él.

—Pero no me explico por qué si se trata de ti, tus obras nunca llevan tu nombre. La antigua novela que escribiste, tiene como autor a K.T.

—¡Cielos, Kakashi! ¡Tira esa novela! —Ella se cubrió el rostro— Es horrible y espantosa, además —tragó saliva—, ya debes saber que la escribí pensando en Keito.

Kakashi se cruzó de brazos y se recargó en el respaldo de la banca.

—Sí, y no te negaré que me dieron celos y la he tenido en un cajón bajo llave desde que me enteré de eso.

Nashira se mordió el labio y arrugó la frente.

—Pero explícame entonces ¿por qué K.T.?

—No quise poner mi nombre porque no tenía buena reputación y nadie querría comprar mi historia así que puse las iniciales de mi padre: Kitayaka Tamashi.

Kakashi asintió comprendiéndolo.

—¿Y ahora por qué has puesto H.N.?

Ella sonrió con malicia y también se recargó en el respaldo, luego miró hacia el cielo.

—Porque puedo ver el futuro.

—¿El futuro? —Kakashi alzó una ceja.

—Sí. Y mi futuro me dice que pronto me llamaré Hatake Nashira.

Kakashi estaba pasmado viéndola sonreír. Sin que ella pudiera predecir ese futuro, él la rodeó con sus brazos y la atrajo a su pecho en un cálido y amoroso abrazo. El rostro de Nashira estaba muy cerca del cuello de Kakashi y podía oler la fragancia de vainilla que tanto amaba.

—Gracias por ser grosera conmigo ese día y hacer que la señora del mercado te despidiera.

Ella rió.

—Gracias por ver mis melones y decir que era los mejores.

—Sabes que yo hablaba de la fruta.

—¿Y quién ha dicho lo contrario?

Kakashi se puso rojo, había caído otra vez en una broma llena de albur. El abrazo terminó pero siguieron muy de cerca y Nashira le depositó un beso en la tela que cubría su mejilla.

—¿Deberíamos invitar a Brujaru a nuestra boda?

—La lista de invitados la discutiremos después, por ahora tenemos que enfocarnos en nuestra relación y en llenar ese estómago tuyo que está haciendo ruido.

Kakashi se levantó de la banca y le tendió una mano para que ella también se pusiera de pie.

—¿A dónde vamos?

—A ese restaurante de BBQ.

—Pero Kakashi... Luego no me va a quedar el vestido.

Kakashi le dedicó una mirada de reproche por hacerle recordar a Kazumi. Nashira se aguantó la risa y luego lo tomó de la mano.

—De acuerdo su Majestad, usted gana. Vamos a comer hasta salir rodando.

—Nashira.

—¿Sí?

—Gracias por el pastel.

—¿Cuál pastel?

Kakashi empezó a caminar y ella no tuvo más remedio que seguirlo, pues iban estrechando sus manos.

—¿Cuál pastel, Kakashi?

—Trata de recordarlo —dijo con pereza haciendo caso omiso a sus insistencias.

—¡No me dejes con la duda! ¿De qué pastel hablas? ¡Kakashi!