Diclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a J. K. Rowling

N/T: xCailinNollaigx es la autora de este fic. Yo, Tabetaira, soy la traductora.

Drive until you lose the road (Conduce hasta que pierdas la carretera)
Or break with the ones you've followed (O para con los que has seguido)

Where did I go wrong, I lost a friend (Donde hice mal, perdí un amigo)
Somewhere along in the bitterness (En algún lugar con la amargura)
And I would have stayed up with you all night (Y me hubiera quedado despierto contigo toda la noche)
Had I known how to save a life (Si hubiera sabido cómo salvar una vida)

"How to Save a Life" - The Fray (Cómo salvar una vida -The Fray)

Capítulo treinta y seis: How to Save a Life

Dumbledore

Teniendo en cuenta el ambiente y la situación actual, Dumbledore pensaba que las cosas estaban yendo tan bien como podían. Con respecto a los herederos, las cosas avanzaban rápido y de manera eficiente, como estaba planeado desde el principio. Afortunadamente, finalmente se estaban desarrollando lazos entre los cuatros y pensaba que la presencia de los amigos de los herederos también estaba ayudando a la causa. No había tenido la oportunidad de hablar en privado con los herederos, aunque lo que necesitaba decir no era urgente y podía esperar unos días.

Hogwarts necesitaba a Dumbledore y él se encontraba en un dilema. Habían muchísimos que estaban abandonando, padres que sacaban a sus hijos como respuesta al último ataque de los mortífagos y, por supuesto, a los peligrosos ataques a la misma escuela Hogwarts. Si no hubiera sido por Luna, podría haber sido un suceso incluso más trágico.

Sin embargo, Dumbledore no podía resolver qué hacer. No era la norma para Albus, pero se preguntaba qué podía hacer para asegurar el lugar de los estudiantes en la escuela. Harry ya no estaba en la escuela tampoco y muchos pensaban que era una razón importante para marcharse. Si Harry Potter ya no estaba, debía de pasar algo malo. Esa era la conclusión de muchos padres.

Aunque Dumbledore no era engreído, sabía que su presencia era la razón por la que muchos estudiantes todavía iban a Hogwarts.

El asunto de la rivalidad entre casas también continuaba y la tensión entre los estudiantes estaba llegando a niveles tan ridículos que el mismo Dumbledore estaba decepcionado. Había cuestiones mucho más importantes en aquel momento que la casa a la que pertenecías o quién "se suponía" que tenía que desagradar a quien.

Era por esto por lo que Minerva había sugerido fusionar las casas hasta que la guerra terminara. Albus pensaba que la idea estaba acabada. Sería arriesgado, con los estudiantes y los padres en contra de abolir las elecciones de los fundadores, pero sería temporal. Dumbledore se aseguraría de que, una vez que terminara la guerra, las casas se restablecieran.

No estaba seguro de si crearía más hostilidad o la disminuiría. Sus pensamientos se inclinaban por lo último, pero si podía convences a los estudiantes, despertarles para que pudieran ver la destrucción de los alrededores del castillo, podría funcionar. Irían con más cuidado y prestarían atención al periódico de las mañanas y se darían cuenta de que la enorme cantidad de muertes que ocurrían mientras dormían profundamente. Asumiendo que no durmieran profundamente, tenían un lugar para dormir. Algunos no, especialmente ahora.

Fusionar las casas era una manera de deshacerse de la rivalidad y las clases ahora eran suficientemente pequeñas. La casa con más estudiantes, como era de esperar, era Gryffindor, seguida de Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Slytherin había perdido a muchos estudiantes como resultado de los sangre pura elitistas que se involucraban en las actividades de mortífagos y otros que huían por miedo de que se lo pidieran.

Había muchas razones para no fusionar las casas, pero los mayores argumentos a favor eran más fuertes y Dumbledore sentía que necesitaba jugársela. Las clases eran demasiado pequeñas y también los profesores podían disminuir las horas si las fusionaba, lo que le daría más tiempo a la Orden y a las reuniones para hablar de Voldemort.

Cada vez estaba más agotado, pero, como todo el mundo decía, era por el "bien superior". Un cliché, pero pensaba que se ajustaba a la situación.

Podía ser a costa de su vida, pero si Dumbledore sabía que hacía algo para ayudar al mundo a deshacerse de Voldemort, moriría en paz.

Justo cuando iba a informar a McGonagall de su decisión en el castillo de los herederos, alguien atravesó la puerta corriendo y Dumbledore volvió a sentarse.

—Ah, señorita Parkinson. Siéntese. —Movió la mano hacia el asiento y luego hizo un gesto hacia su bol—. ¿Un caramelo de limón?

Pansy

Pansy sostuvo la cabeza entre las manos mientras se balanceaba de delante a atrás en el suelo y los sollozos sacudían su cuerpo y ahogaban los sonidos que salían de ella. Estaba sola, pero si alguien se hubiera cruzado con ella, Pansy no se habría dado cuenta.

Quería huir, desvanecerse. Quería dejar todo atrás y no volver nunca. Pansy tenía la ligera sensación de quererse morir.

Riéndose con amargura con el hecho de que casi quería suicidares, Pansy se frotó los ojos. En serio tenía que recomponerse porque estaba rozando lo patético con todo lo que lloraba últimamente.

Las lágrimas se le derramaron otra vez cuando se dio cuenta de lo que acababa de pasar, de lo que había aguatado. El recuerdo estaba grabado a fuego con su mente y Pansy deseaba poder lanzarse un obliviate.

Pansy notó el agua salada en su boca y, despacio, procesó con disgusto que estaba bebiendo sus propias lágrimas. Echó un vistazo por la habitación, vacía. Las paredes eran de un gris apagado sin decoración o luces. Había una única vela en medio del suelo, pero el resto de la Sala de los Menesteres estaba vacía. Nunca la había visto así.

Como un embase vacío se sentía ella.

Pansy, ignorando el asco que le daba, aspiró por la nariz y se limpió las lágrimas con la manga, que se quedó empapada. Que le pidieran que usara un cruciatus no era solo algo que Pansy temía en sueños; ahora plagaba también su realidad.

Si Pansy fuera sincera, que no lo era, admitiría que lo esperaba, pero por ahora, Pansy sentía que era lo más inesperado que le había pasado nunca. La maldición cruciatus era algo que Pansy no podía asimilar y, mucho menos, lanzársela a un conocido. El horror se magnificaba cuando lo hacían ellos en su lugar y la forzaban a mirar antes de apuntarla a ella por negarse a obedecer.

Los gritos de Daphne todavía hacían eco en sus oídos con el dolor insoportable escrito en toda sy cara. Después de aguantar durante diez minutos, Daphne cayó inconsciente. Pansy no sabía lo que le habían hecho a la chica después de eso, pero a ella la tuvieron bajo el hechizo dos minutos, aunque le pareció una vida entera. Los días parecían pasar mientras se retorcía en el suelo y suplicaba para que pararan entre chillidos.

Aquel no había sido el final. El primer encuentro con el Señor Oscuro había sido terrorífico y acompañado de su tartamudez y los siseos enfadados de Voldemort. No se había infiltrado entre los herederos; no había descubierto si Draco estaba vivo, cosa que Voldemort afirmaba que sabía sin importar lo que Cornwell decía. Pansy no había completado su tarea para el Señor Oscuro y le habían dicho que lo pagaría.

Pansy no pensaba que le quedara otra cosa que su vida para pagar. Su familia estaba muerta, su casa en ruinas y la casa de Slytherin la ignoraba. Su familia no había sido una gran pérdida porque la odiaba, pero aún la perseguía que murieran pro culpa de sus fracasos.

Pansy deseaba volver a quinto curso, cuando todavía era una chica inmadura y cruel y lo peor que podía hacer era molestar a los Gryffindors. Ella aún no había cometido un crimen como tal, pero ver como el Señor Oscuro y los mortífagos torturaba a una chica de su curso, con la que había compartido una habitación y secretos durante años y de la que se había hecho amiga en el tren de Hogwarts en primero, era crimen suficiente para ella.

Habían obligado a Pansy a crecer en muy poco tiempo y había dejado atrás su inmadurez y estupidez forzada que pensaba que otros encontraban adorable. Todo lo que veía ahora lo hacía a través de una mirada cínica y una mente pesimista. No podía imaginarse siendo normal otra vez y tenía la fuerte sensación de que moriría en esta guerra.

Lo que más la asustaba era que lo había aceptado y que solo esperaba que pudiera redimirse a sus propios ojos antes de que eso pasara.

El último encuentro con el "lado oscuro" la estaba obligando a dirigirse a donde iba ahora. Después de levantarse y dejar la Sala de los Menesteres, sus pies habían caminado por sí solos a su destino. La carta de Draco solo había logrado fomentar lo que estaba haciendo y sabía que él tenía razón. No podía quedarse como mortífaga principiante; no podía ver cómo cometían crímenes atroces. Pansy no podía aguantarlo ni tampoco lo apoyaba.

El año pasado, Pansy habría animado a que se torturaran a los hijos de muggles, pero al ver lo que en realidad los sangre pura hacían con ellos, Pansy no quería saber lo que soportaban.

La ignorancia da la felicidad, decían.

Pansy había estado más que aliviada al saber que Draco estaba vivo y bien porque, a pesar de la insistencia de Voldemort de que él estaba vivo, ella había tenido sus dudas y preocupaciones. Draco y Corwell nunca se llevaron bien y no la habría sorprendido si hubiera matado a Draco.

En quinto año, aquella época tan simple, Pansy había dado indicios todo el tiempo de una relación con Draco y parecía posible que ocurriera este año, en sexto, pero ahora Pansy ni siquiera la quería. No quería que nadie se acercara a ella o tener que volverse vulnerable e intimar con alguien. Ahora Pansy tenía miedo.

Si, en algún momento, alguien era lo suficientemente valiente como para intentar repararla… Pansy deseaba con todas sus fuerzas que así fuera.

Pansy murmuró la contraseña que Draco le había dicho y continuó escaleras arriba cuando las gárgolas se movieron.

Esto podría ser su libertad, su salvavidas.

Si solo pudieran liberar y salvar a Pansy de sí misma.

El despacho era como Pansy había esperado, aunque quizás un poco abarrotado. Sacudió la cabeza para deshacerse de pensamientos tan triviales y miró de nuevo al director, esperando desesperada a que empezara. Acababa de correr hacia la puerta de la libertad sin molestarse en tocar o recordar quién estaba dentro. Simplemente le había puesto el nombre de "Libertad" en lugar de director y Pansy ahora se arrepentía bastante.

Entonces, él habló.

—Ah, señorita Parkinson. Siéntese. —Señaló al asiento y ella se sentó. Luego hizo un gesto hacia un bol de caramelos y preguntó con una sonrisa—: ¿Un caramelo de limón?

A Pansy casi se le cae la mandíbula, pero se mantuvo serena.

—N… no, gracias. —Esto era otra vez como con Voldemort.

—¿No quieres un caramelo de limón?

O quizás no exactamente no lo mismo.

Ella negó con la cabeza.

—Profesor, te… tengo problemas.

—Lo sé. ¿Es por eso que estás aquí? ¿Buscas guarecerte de tus problemas? —Pansy se mantuvo en silencio—. No veo ningún problema en ello, señorita Parkinson, ¿pero estás aquí porque temes a la muerte o a la muerte de otros en tus manos?

—Lo último. —Los ojos de Pansy se endurecieron—. No tengo miedo a la muerte; sería una salida.

—Pero morir para huir de la vida es la salida del cobarde; tienes que luchar hasta el amargo final.

Ella asisntió.

—Lo haré, pues para eso estoy aquí. Avergonzada, busco ayuda y refugio de Quien-Usted-Sabe y sus mortífagos, pero también hago un juramento de lealtad con la luz y lucharé hasta el final con ellos. No soy una santa, profesor, y no afirmo serlo, pero los mortífagos… Ellos no… ellos no… —Su voz se ahogaba y Pansy se golpeó interiormente por semejante muestra de debilidad—. Yo… No es el tipo de vida que quiero llevar, o seguir. Es… es horrible y solo quie… quiero dejarlo. ¿Sa… sabe cómo se siente? —Sus ojos azules que se llenaban de lágrimas sin derramar le suplicaban—. Es como… usar un hechizo explosivo en un espacio abierto. La explosión matará a gente que no te gusta, pero también a tus seres queridos. Y te va a matar a ti también. Todo lo que puedes hacer es esperar, pero sientes el dolor, el abrasador e increíble dolor que se extiende por todo tu cuerpo y deseas no haberlo hecho tú todo. Deseas no haberles dado este destino a otros sin importar quiénes son. No te importan quienes son ya, pero deseas que poder parar el dolor que empezaste—. Su voz se volvió menos audible y rota—. Y… y ves cómo tu amigo cae frente a ti, suplicándote que pares el dolor. —Pansy levantó la vista hacia él, sacudiendo la cabeza mientras las lágrimas corrían por su cara. Mientras terminaba, titubeó—. No puedes.

—Has experimentado la maldición cruciatus y mirado cómo un ser querido la sufría.

Era una afirmación, no una pregunta, pero Pansy contestó.

—Desearía… poder salvarla.

—¿Ha fallecido, Pansy?

La joven miró a otro lado, pero el director pudo ver el ligero asentimiento de su cabeza. La miró mientras se ponía la mano sobre la boca, incapaz de parar los audibles sollozos.

—La guerra es un asunto despiadado y malicioso, uno que no perdona a los seres queridos por el bien de la felicidad de alguien. —Se levantó, la rodeó t puso la mano en su hombro—. Tú no eres mala, señorita Parkinson, ni tampoco has cometido errores que no puedan ser perdonados. Me gustaría que recogieras sus pertenencias y entonces iremos al castillo en el que residirás durante la guerra. Date prisa. Quiero que veas a los otros antes de que se retiren a dormir.

Pansy, todavía nerviosa, se levantó temblorosa y salió por la puerta. Paró y se dio la vuelta.

—Muchas gracias.

Había sido un susurro, pero consiguió expresar la emoción pura que sentía en ese momento. Estaría lejos, en un castillo desconocido donde nadie sabría donde estaba, incluidos los mortífagos.

N/T: ¡Bien! He actualizado rápido :D Este capítulo era más bien corto, así que no tardé mucho en traducirlo. Disfrútenlo :)