Hola, ¿me recuerdan? Con mucho odio, supongo. No he abandonado el fic. Todo lo contrario, sigo trabajando en su historia. Actualmente lo estoy reconstruyendo. Por lo que volveré a subir los capítulos nuevamente; no sé cuándo, pero lo haré (eso si no viene otro huracán y me deja sin luz por 7 meses). Luego seguiré con los nuevos que he creado. Mientras, me disculpo por haber desaparecido por tanto tiempo. Estos últimos 4 años no han sido fácil para mí.

A continuación les dejo un fragmento del cap. 38 que tengo escrito. De paso, hago una prueba con los guiones: / ― / — /

Xena cierra los ojos y antepone una de sus manos en cuanto Ares da muestras de querer acercársele.

—Ares, por favor, ya vete. Márchate y olvídate de que existo. Convéncete de que morí en esa hoguera y que hasta mi alma se desintegró en ella —le pide, sacudiendo en medio sus palabras el brazo en cuya muñeca aún llevaba el brazalete de perlas que él le colocó para su protección—. Y si es posible, quítame ya ésta cosa —añade, refiriéndose a dicha joya.

Ahora es Ares quien por unos momentos gira su mirada, impaciente, para después regresarla con la mandíbula algo de lado ante su querida guerrera.

—No soy dios de los deseos.

—Ni yo mendiga de ellos.

Unos instantes de silencio. Tiempo en el que Ares se queda mirando a los ojos azules de Xena antes de darle la espalda y alejarse con un par de pasos, buscando algún control que en su naturaleza podría resultar todo un milagro.

—Dicen que perdiendo uno también gana —comenta todavía de espalda. Pues bien, me marcho. Te dejo tranquila. Para que sigas tu camino. El que mejor te parezca. Después de todo, y sin importar cuál sea su curso, el río siempre vuelve al mar. No lo olvides, adorada mía. No lo olvides.