Capítulo 36

"Muchas gracias por toda su ayuda" dijo Arturo a los caudillos reunidos para despedirlos a él y a sus compañeros.

Ya había amanecido. Después de hablar con Iseldir y Elac sobre el viaje de Arturo al Corazón de la Magia, los druidas habían insistido en que el grupo de Camelot pasara la noche en el campamento. Tras una breve discusión con los caudillos y los demás caballeros, Arturo accedió a salir a primera hora rumbo al lago de Avalon.

"Tengan por seguro que los compensaré por todo" dijo el rey mirando todavía los daños que habían ocasionado los andsaca. Quizás los druidas renegados no sabían de su presencia en el campamento y por tanto lo sucedido no era su culpa, pero se sentía responsable por irse y dejar solos a los druidas ante la crisis. Después de todo, ellos también eran su gente.

"No se preocupe, majestad" respondió Iseldir con una sonrisa "Ya lo hizo".

"Nos veremos nuevamente, señor" agregó Elac.

"Viajen con cuidado" aconsejó Vrisa "Tal vez está no sea la última vez que escuche de los andsaca".

"Estaremos vigilantes. Adiós, y gracias" dijo Arturo montando en su caballo y dirigiéndose hacia las afueras de Aldorner seguido de los caballeros y el joven Galahad rumbo a la última etapa de su misión.

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Era el segundo día de viaje, y el grupo se había detenido para darle de beber a los caballos en un arroyo cercano. Durante su trayecto, Galahad se había mantenido frente al grupo guiándolos sin hablar más de lo necesario. El joven druida era bastante reservado. No hablaba con el grupo a menos que le dirigieran la palabra directamente. Por lo general se mantenía apartado del grupo, pero siempre vigilante.

La mayor parte del tiempo los caballeros se mantenían en silencio, a excepción de Gwaine, quien todo el tiempo se encontraba interrogando a Arturo tratando de sacarle más detalles sobre sus visiones y lo que había visto ahí, a pesar de la constante negativa del joven rey de hablar de su viaje.

"¡Vamos princesa!" rogó el caballero "¿De qué hablaron tú y Lancelot?"

"¿Qué?" dijo Arturo sorprendido al mismo tiempo que los demás caballeros los miraban con curiosidad.

"Dijiste que Lancelot estuvo ahí para mostrarte algo" contestó Gwaine "Lo que te mostraron fue sobre la Purga y lo que llevo a Morgana ser una enemiga, ¿qué tenía que ver Lancelot con todo eso?"

Arturo miró atónito a su caballero. Deliberadamente él se había negado a mencionar la revelación de Lancelot y la traición de Gwen. Consideraba que eso era algo que tenía que hablar con ella a solas, y eventualmente con sus caballeros. Gwaine había resultado ser más perceptivo de lo esperado.

"Como ya te lo he dicho antes, Sir Gwaine, hablaré de todo una vez que todos los de la Mesa Redonda estemos reunidos. No antes" respondió el Rey.

"¿Ni siquiera una pista?" volvió a pedir Gwaine.

"Galahad, ¿falta mucho?" preguntó el rey al joven druida ignorando a su caballero.

"No mucho, majestad" respondió el joven druida "Si cortamos por el Valle de los Reyes Caídos podríamos llegar al lago mañana mismo".

"Muy bien, avancemos" respondió el rey poniéndose en marcha rápidamente.

-oOo-

El Valle de los Reyes Caídos estaba tranquilo. Habían entrado apenas hace unas horas. Arturo era consciente de que esta parte de Camelot no era una de las más seguras. El lugar era un bastión para los bandidos y malhechores. Muchas patrullas habían sufrido ataques en esta zona, incluyéndolos a él mismo y a Merlín.

De haber estado aquí, Merlín habría dicho que era una pésima idea entrar en este lugar. Generalmente el brujo se sentía muy incómodo en el valle. Incomodidad que Arturo aprovechaba para burlarse de él. Pero no hoy. Hoy no estaba Merlín con ellos, y más ahora el rey lo echaba en falta.

"Ojalá hoy no suframos un ataque" dijo de repente Gwaine mirando a su alrededor atentamente.

"No seas pesimista Gwaine" contestó Arturo igual de vigilante que los demás caballeros.

"Bueno, princesa, nuestra suerte nunca ha sido la mejor cada vez que pasamos por aquí" replicó el caballero recordando sus aventuras pasadas en el valle.

"Ahora que lo mencionas" dijo de repente Elyan "Merlín siempre tenía un mal presentimiento cada vez que entrabamos aquí".

"Lo sé" contestó Percival "Esa era una señal de advertencia para todos".

"Pero ahora él no está aquí. Estén atentos" ordenó Arturo recordando los presentimientos de su amigo, que siempre estaban en lo cierto al final de cuentas. Seguro eso era también parte de su magia. ¿Cómo nunca hizo la relación?

Después de un rato, el grupo se detuvo en un pequeño arroyo donde dejaron a los caballos beber un poco de agua, al mismo tiempo que ellos llenaban sus odres de agua. "Saben, este camino por el valle es demasiado fácil" dijo Gwaine de repente.

En el momento en el que el caballero terminó de hablar, una flecha salió de entre la maleza clavándose a los pies de Gwaine. Gritos enfurecidos salieron de la vegetación seguidos de un grupo de bandidos. Los caballeros reaccionaron inmediatamente sacando sus espadas para defenderse.

"¡Tenías que abrir la boca, Gwaine!" se quejó Percival mientras detenía el golpe de uno de los bandidos.

Los caballeros se veían superados, pero no esto no era un reto para ninguno de ellos. Arturo esquivó el golpe de uno, aprovechando para golpearlo en el costado con su espada. El bandido cayó con alarido.

"¡Pongan a salvo a Galahad!" ordenó Arturo mientras derribaba a otro enemigo.

"No creo que eso sea necesario, señor" dijo León de repente poniéndose espalda contra espalda.

Confundido por las palabras de su Primer Caballero, Arturo miró al joven druida quien se estaba defendiendo hábilmente con un bastón derrotando a sus contrincantes. Galahad era bastante ágil, y contaba con unos reflejos bastante rápidos. Arturo archivó esto para averiguarlo después.

Tras ser superados en destreza y perder a varios miembros de su grupo, los bandidos huyeron internándose en la vegetación del valle. "¿Todos están bien?" preguntó Arturo una vez que se hubiera cerciorado que el peligro había pasado.

"Sí" jadearon los aludidos al unísono.

"Será mejor que salgamos de aquí. Podrían volver" dijo Arturo montando a su caballo seguido de los demás.

-oOo-

"Eso fue increíble Galahad" dijo Gwaine de repente "No sabía que podías luchar".

El grupo se encontraba reunido alrededor de una fogata. Hacía unas horas que habían salido del Valle de los Reyes Caídos. Comenzaba a oscurecer, así que el grupo se detuvo para acampar y descansar. El joven sonrió nerviosamente ante el cumplido del caballero

"Creía que los druidas no luchaban" dijo León mirando con curiosidad al joven luchador.

"Bueno, yo no soy un druida" contestó Galahad un tanto nervioso.

"¿No lo eres?" preguntó Arturo sorprendido "¿Entonces qué hacías ahí?"

"He vivido con los druidas desde que tengo memoria" contestó el joven.

"¿Qué?" contestaron los camelotianos bastante sorprendidos ante las palabras de su compañero.

"Mi madre es sanadora" contó el joven "La mayor parte de mi vida la he pasado viajando junto con ella, hospedándonos algunas temporadas con los druidas. Así he logrado conocer la mayor parte de los clanes de Albión".

"Pero si has vivido con druidas tanto tiempo, ¿dónde aprendiste a luchar así?" preguntó León bastante sorprendido "Ellos son pacíficos y no pelean. Ni siquiera con su magia".

Galahad sonrió "Aprendí cuando estuve en el norte viviendo con los clanes de Bernicia y Northumbria. Los norteños son mucho más combativos que los del sur".

"¿De verdad?" preguntó Percival bastante curioso. "Conviví con los druidas durante la mayor parte de mi vida, y nunca mostraron inclinación para la lucha. Creí que todos eran iguales".

"Por lo general evitan el conflicto, pero si es necesario no dudarán en luchar" respondió Galahad "El norte de Albión es más complicado que las tierras del sur. Allá son terrenos un poco más escarpados, además de las constantes invasiones pictas y de otras tribus. Me temo que no hay más opción que saber defenderse".

"¿Por qué decidiste aprender a luchar?" preguntó Elyan con curiosidad.

"¿Se necesita una razón para proteger a los tuyos?" preguntó Galahad mirando inquisitivamente al caballero.

"¿Los tuyos?" preguntó Arturo sin entender del todo.

"He vivido con los druidas toda mi vida. No formo parte de su pueblo, pero los considero mi gente. Han sido cazados y perseguidos durante mucho tiempo, y como son pacíficos, nunca levantarán una mano en contra de sus agresores. Alguien tenía que protegerlos".

"Lo que hizo mi padre no tiene excusa, al igual que lo que he hecho yo" dijo Arturo de repente "Pero hace tiempo que Camelot tiene un pacto de no agresión contra los druidas".

Galahad resopló incrédulo. "El pacto de no agresión es entre la Corona y los druidas. Sólo aseguró que no serían perseguidos por sus caballeros. ¿Pero qué hay del resto de la gente de Camelot, señor? Todavía hay muchos que ven con desconfianza a los druidas. Incluso al punto de agredirlos".

Arturo y el resto de los caballeros asimilaron con sorpresa las palabras de Galahad. Ninguno sabía que todavía había agresión contra los druidas. Ingenuamente, todos habían creído que con la declaración del pacto de no agresión que había hecho Arturo habría detenido la animosidad de su gente. 'Claramente las cosas no han cambiado mucho' pensó amargamente Arturo mientras recordaba los eventos del Festival de Primavera en Camelot. 'Todavía hay un largo camino que recorrer para cambiar las cosas'.

-oOo-

La noche había pasado sin complicaciones. Después de un desayuno rápido, el grupo se había puesto en camino nuevamente. Galahad les había avisado que llegarían al lago de Avalon para el medio día.

Arturo se sentía ansioso conforme se acercaba a su destino. Estaba cada vez más cerca para traer de regreso a su amigo. Pero incluso con la alegría que le ocasionaba el terminar exitosamente esta misión, él no podía evitar sentirse preocupado con lo que pasaría después.

Él había amenazado a Merlín. Incluso lo llegó a herir físicamente. Las cosas no podrían ser como antes, pero, ¿qué tan distintas serían? ¿Qué se revelaría al final? ¿Qué pasaría con ellos y su amistad? ¿Se reconstruiría?

"Ya estamos cerca" dijo Galahad de repente, sacando a Arturo de sus pensamientos. El rey miró hacia el bosque cubierto de neblina, donde su guía estaba centrado. Él no veía nada distinto, pero el joven lucía ligeramente tenso. Iseldir dijo que era un lugar protegido por la magia. Quizás el joven podía sentirla a su alrededor.

"No se separen" dijo Galahad mientras se adentraba en el neblinoso bosque seguido de los caballeros.

"¿Qué puede pasar si lo hacemos?" preguntó Elyan un tanto nervioso. La niebla era bastante espesa y confundía sus sentidos haciéndolo sentirse perdido e inquieto al no poder lograr orientarse.

"Nada grave" contestó Galahad avanzando seguro entre los ocultos senderos "Eventualmente saldrías del bosque sano y salvo, más no llegarías al lago de Avalon".

Los caballeros permanecieron en silencio siguiendo de cerca a su guía. Incluso con la promesa de Galahad de que estarían a salvo, Arturo y los caballeros no podían evitar sentir un creciente temor que los impulsaba a querer dar la vuelta y salir de aquí inmediatamente.

'No es raro que los druidas hayan elegido este lugar como refugio' pensó Arturo 'La sensación de querer retroceder es abrumadora. Ninguna de las patrullas se ha de atrever a entrar aquí'.

Pronto los árboles comenzaron a disminuir hasta que llegaron al borde un hermoso lago. Era tal y como lo recordaba Arturo de sus visiones. Los caballeros estaban completamente asombrados. Aunque ellos no tenían magia, podían sentirla en todo el lugar. Era una sensación de calidez y protección que los invitaba a calmarse y a sentirse libres de todo peligro. Era sorprendente como la magia podía sentirse así.

"Bienvenidos al lago de Avalon" dijo Galahad mirando con aprecio el lugar. El último de los santuarios de la magia en todo Albión.

"Es impresionante" dijo León recibiendo palabras de acuerdo de sus compañeros.

"Bueno, ¿y ahora qué?" preguntó Gwaine mirando atentamente a Arturo.

"No lo sé" respondió Arturo "Después de las pruebas vi este lago, y de repente había una luz cegadora que venía de las aguas".

"Quizás debas de entrar y buscar en sus profundidades" sugirió Gwaine.

"No es momento de bromas" respondió molesto Arturo.

"No era una broma" contestó el caballero "¿O tienen una mejor idea?"

"El lago es la puerta hacia Avalon" dijo Galahad atrayendo las miradas de todos los presentes "Declara quien eres y a lo que has venido, señor".

Arturo miró inseguro al joven quien parecía bastante confiado en sus palabras. Los demás caballeros se encogieron de hombros. Ninguno tenía una mejor idea que la de Galahad. El joven rey dio un paso adelante hacia el lago, dejando que las aguas del lago mojaran suavemente la suela de sus botas. Sintiéndose un poco tonto por dirigirse hacia un lago, habló:

"Soy Arturo Pendragon, Rey de Camelot. He pasado las pruebas a las que me sometieron para mostrar mi valía ante el Corazón de la Magia. Enfrenté mi temor y vencí a mi propia oscuridad. Ahora vengo aquí buscando el Grial para sanar a mi sirviente Merlín, mi amigo".

En el momento en el que el rey terminó de hablar, las aguas del lago comenzaron a agitarse como si estuvieran ebullendo hasta que de ellas surgió una joven de cabellos oscuros cubierta de un elegante y hermoso vestido violeta.

"Bienvenido Actual y Futuro Rey Arturo Pendragon" dijo amablemente la Dama del Lago con una amplia sonrisa.