Capítulo
-34-
Sei la mia vita
x.x.x
Su voz se instala en la parte más profunda de mi estómago, como si en lugar de ello, tuviese plomo. La sensación es indescriptible porque simplemente me remonta a años que creí olvidados.
Alzo la cabeza y por entre el cuerpo de mis guardaespaldas, mirando de los pies hacia arriba, me encuentro paulatinamente con la mirada de ese hombre por mí no visto en años: Garret Pace. Ladino me sonríe cuando nuestras miradas se encuentran y yo no puedo evitar impresionarme. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Quién? Más de sietes días desde la última llamada y ahora se aparecía de la nada, con un comboy de hombres armados que amenazaban a los míos.
—Edward— me llama—, sabes que me gusta tener lo que quiero al instante. Ordena a que bajen las armas.
—Sam— llamo—, no hay problema. No estamos en peligro. Es mi tío.
—¿Tú quién? — inquiere sin bajar el proyectil y viéndome apenas—. Creí que tu padre es hijo único.
—Lo es. Ahora, baja el arma— le ordeno— Después te explico.
No confía lo sé, pero no le queda más remedio que obedecerme. Mientras tanto, los hombres que trae consigo Garret sonríen con suficiencia mientras un molesto Sam se abre paso y los demás me dejan la vista libre.
En la silla de ruedas, lo distingo abrir los brazos y sonreír abiertamente.
Una parte de mí se siente en total tranquilidad, por fin un rostro familiar y amable de antaño.
—Caro Edward figlio mio! Tanto tempo! (1)— me dice mientras se acerca a mí y sus hombres como sombras escurridizas lo protegen sin acercarse demasiado.
Eso me pone nervioso pero no me aparto. Garrett me da un fuerte abrazo y yo, desconcertado, lo acepto.
—Altro che, zio Garrett, sei lo stesso (2) — respondo mientras el hombre ríe con su característica voz gruesa y rasposa. Años atrás cuando era un joven, ese tono me ponía nervioso.
—El tiempo no hace mella en los viejos vampiros— se burla de sí mismo, por el viejo apodo por el cual es conocido. "El vampiro de Lugano", lugar donde reside irónicamente su casa que más bien parece un castillo y por el cual, se nombró de ese modo. Veinticinco años después— incluso antes de la muerte de mi madre—, "el vampiro" se había refugiado en ese frío lugar de Suiza, en un prestigiado lugar de estilo italiano. Un hogar en la nada.
—¿Cómo supiste que estaba aquí? — pregunto sin más.
Mis hombres, especialmente Sam, está completamente interesado.
—Recibí una llamada… De una donna.
—¿Qué? ¿Quién…?
Pero antes de que pueda seguir con mis preguntas, ya sé la respuesta: Isabella. Ella lo contactó por medio de mi móvil. ¡Con razón no lo encontraba!
—Su nombre es…
—Isabella Swan— completo por él.
—Ella misma— dice con suficiencia.
Yo niego, casi impresionado por la astucia de esa mujer.
—Lamento haberte recibido con hombres armados, como comprenderás— señalo mi espalda—, estamos en alerta.
—Y yo por no haber sido menos discreto. Pero por la misma razón, tu seguridad me importa, fligio mio. De ser por mí, hubiese venido solo, pero no me quise quedar con la desconfianza de llevarte a conmigo sin protección. Cuando te vimos bajar, creí que te retenían— miro de soslayo a Knox—, sobre todo porque justo ahora no parecen guardaespaldas.
Y es verdad. Nadie va vestido de un modo formal, parecen meros guerrilleros de combate que bien podrían pertenecer a la mafia. Llevábamos una semana en el hospital, no los culpo.
—No te preocupes, tío. Lo importante es que no es lo que creíamos el uno del otro.
El viejo Garrett tira una carcajada con su gruesa voz intimidante y me da una fuerte palmada en el hombro sano, el cual manda temblores y me hace gesticular de dolor.
—Qué pena que nos reencontremos en estás circunstancias… Pero después de diez años, pude haberte esperado de otro modo: siempre en problemas, granuja— se ríe—. Vamos, toma tus cosas, nos vamos para Suiza.
Yo niego.
—No podemos, no vengo solo.
Garrett alza una ceja.
—¿Entonces?
—La mujer que te llamó… Ella viene conmigo.
—Ah… La signorina Swan… No te preocupes por ella, tomó un vuelo hacia mi casa hace más de una hora. Yo le insistí que viniera conmigo, incluso su guardaespaldas de carácter frágil fue. Estarán en mi casa una hora antes que nosotros.
—¿Cómo?
—Supe dónde estaban hospedadas. Varios de mis hombres las escoltaron. La signorina estaba un poco nerviosa porque pensaba en que te molestarías por haber tomado tu celular y contactarme— ríe—, fue lo mejor que pudo haber hecho. Pedir ayuda para los dos. Me dijo que saldrías en una semana y pues… Vine por ti. Llegué justo a tiempo— dice ladino—. Así que no te preocupes por ella y tampoco le eches bronca, solo quería ayudar.
Yo suspiro.
—Me hubiese molestado más si hubiese hecho una estupidez.
Como tratar de intercambiarse a cambio de mi seguridad, pienso.
—¿Cómo qué? ¿Entregarse? — sonríe adivinando—. Pensé que no la menospreciabas. Ella no es tonta, sabe lo que hace— me guiñe un ojo—, vamos. El tiempo es vital.
Los hombres a su espalda hacen un movimiento coordinado y abren la puerta de la segunda camioneta y me levanto suavemente. Jared hacer por ayudarme, pero uno de los guaruras de mi tío le gana y me hace apoyarme en él. Noto la molestia de Cameron pero no dice nada.
—Irás conmigo y mis hombres. Los tuyos nos pueden seguir. Habrá espacio para todos en el avión pero como comprenderás, solo confío en los míos.
—Cullen — me taja Sam y yo lo miro a la cara antes de entrar al vehículo. Asiento, entiendo su preocupación por que no conoce a mi tío.
—Insisto en que Knox venga con nosotros.
Garrett deja de sonreír.
—¿No confía en mí?
Knox interviene.
—Mero protocolo de seguridad, señor. El señor Cullen está a mi cargo, es mi deber ser su sombra— dice con gesto serio y nada amigable, mientras observa en un escrutinio severo, el rostro de mi tío.
Toco el hombro de mi amigo y lo palmeo.
—Tranquilo, no estamos con el enemigo.
Sam me mira a la cara y asiente más tranquilo pero no relajado.
A Garrett no le hace gracia, de repente pierde el toque divertido de su cara y sube seriamente hasta la camioneta. Todos los demás ocupan sus lugares en los vehículos mientras que Pace y yo vamos delante de Ulley.
Avanzamos lentamente a las afueras de Capri. Recuerdos violentos golpean mi mente al ver los estragos de hace siete días en donde casi pierdo la vida desangrado. Mi tío lo nota y suspira. Garrett Pace no es como aparenta ser, siempre sonriente y feliz.
Detrás de su sonrisa, su voz es una clara advertencia de lo que en realidad es: un hijo de puta endemoniado cuando llega a encabronarse. Lo miro a la cara y lo recuerdo todo. Su casa los primeros años después de haberse mudado, en verdad parecía un castillo. Cientos de cuadros viejos, muebles de estilo colonial y siempre había música clásica, de orquestas, de óperas, la casa nunca estaba en silencio.
Lo que más me llamaba la atención era su estudio. Recuerdos turbios de mi madre visitándolo conmigo llegan a mí como una imagen borrosa pero perseverante. Un "no" constante al querer entrar en él, me hacen pensar en lo que verdaderamente me ocultaba y que había detrás de esa enorme puerta.
Mamá siempre me decía que debía respetar la privacidad de mi tío, pero la curiosidad era infinita. Ni siquiera cuando fui mayor pude acceder aquel misterioso estudio, casi un santuario para mi tío.
Las memorias de mí mismo corriendo por aquel enorme lugar, hacen de mi momento un lugar más tranquilo, el espacioso jardín que tanto amaba mi madre en primavera y de cómo mi padre nos acompañaba de improviso.
Me hacen preguntarme fuertemente si de verdad todo sigue igual.
Miro de nuevo por la ventana.
La gente se pasea por las calles y hay un nuevo ferri esperando en el lugar. Cuando llegamos a la orilla, nos bajamos para poder acceder a pie. Este — en comparación del otro— es pequeño y solo puede acceder personas y no autos. A nadie parece importarle mientras que los hombres de Garrett nos rodean e intimidan a los viajeros.
Pronto se identifican con la policía del puerto y ellos, acceden a dejarlos pasar. Diez minutos después, comenzamos un viaje hacia el puerto de Nápoles.
—Espero que te guste la idea de volver — murmura "el vampiro" mientras mira hacia el gua turquesa.
—La verdad— suspiro viendo la nada—, es que sí. Admito que estoy emocionado.
El hombre sonríe con satisfacción.
—La donna— cambia tácitamente de tema.
—Isabella— le recuerdo.
—Sí, la signorina— murmura con su voz rasposa e intimidante—, ¿Es tu amiga? — pregunta mirándome a la cara.
Yo evito su vista y carraspeo.
Le tengo una profunda confianza a este hombre y suspiro.
—Por así llamarlo— contesto.
—Ella… Me comentó algo — y yo lo miro a la cara—. No te estoy juzgando, Edward. Porque ella tampoco me supo explicar que sucedía, pero algo sucede…. Y es por ella que estás así.
—Tío.
—No, eres mayor. No tienes que darme explicaciones. Te quiero como mi hijo. Mi deber es cuidarte y protegerte a pesar de ser un hombre de casi treinta años— ríe—, siempre he estado contigo. En las buenas y…
—Más en las malas— recuerdo.
Él asiente.
—Pero me interesa saber en qué me estoy metiendo— dice con gesto serio—, sobre todo para estar preparado para cualquier situación o percance. ¿Crees que estuve tranquilo todo este tiempo que estuviste hospitalizado? Tu padre incluso me llamó para que viniera a buscarte… Pero esa señorita me llamó antes diciéndome en donde estaban. Le pedí que no comentara nada con nadie, que las paredes escuchaban— susurra viendo hacia los lados y luego mirándome fijamente a la cara—: y no me iba a detener si tus guardaespaldas no estaban de nuestro lado.
—Por Dios— jadeo—, ahora entiendo cómo se escucha alguien precipitado… Con razón Isabella a veces se asusta— río y entonces, esa breve felicidad se esfuma al recordarlo.
Mierda, la extraño.
—Ella— suspira—, es más que una amiga.
¿Cómo negarlo?
—Lo es.
—Ella parece especial— sonríe.
—Lo es— repito porque no puedo atreverme a mirarlo a la cara.
—Edward… Siempre has tenido la mala estrella de meterte en problemas… Me di la tarea de investigarla y yo no puedo evitar mirarlo de mala gana—. No te enojes, pero tenía que saber a quién iba a meter a mi casa, ¿No crees?
Yo me pongo serio viendo hacia el agua una vez más.
—Y sé que ella es mujer de Jacob Black.
Un bramido sale de mi pecho mientras fulmino con la mirada mi tío.
—Ella no es suya, ella es mía. ¡Mía! — Grito—. Nadie más puede decirse dueño de Isabella…
La mirada de Garrett Pace es un destello de preguntas y emociones.
—Mierda…
—¿Qué? — pregunto groseramente.
—Estás enamorado— niega con un gesto fatal.
De nuevo desvío la vista.
—No tienes que negarlo siquiera, te conozco. Pero sabes que esa mujer no es tuya, hijo.
—Basta, Garrett— le advierto a punto de estallar en furia.
Sus palabras me hacen encabronar a un punto que no creí capaz.
Niega de nuevo.
—Sé lo que ocurre… La quieren a ella, ¿No es así?
Fijo la vista en sus ojos azules y tranquilos.
—¿Tú sabes algo?
—No— dice distante y cortante—, no averigüé más de lo necesario. Tampoco es que la vida de los demás sea un libro que busques en cualquier biblioteca. Así que, estoy casi seguro de quien sabes quién es su abuelo.
—De no haber sido por ella misma, no lo hubiese averiguado.
Su rostro de mera sorpresa no tiene precio.
—Es más…
—¿De qué hablas?
—¿Cómo? Explícame — murmura—. Mira que tu vida es privada, Edward. Pero pensé que solo era sexo… Tú… Es decir… Apenas la vi vestida como estaba parecía una adolescente. Tan pequeña— frunce el ceño como rescatando un recuerdo vago de antaño—, y tú…
—¿Yo qué? — Frunzo el ceño casi adivinando sus pensamientos—. ¿Crees que no soy lo suficiente?
—Jamás dije eso— entorna los ojos—, pero tú tienes gustos peculiares. ¿Cómo es que ella accedió?
—Eso es privado.
—Naturalmente…
Garrett me mira a los ojos y su vista parece diez años más vieja.
—La amas.
Yo asiento.
—Pero ella no lo sabe.
—No.
—¿Y sí lo supiera? — me trata de animar y yo niego.
—No supondría diferencia alguna para conmigo, Garrett.
—Siempre siendo tan duro contigo mismo.
—¿Crees que me detiene solo la idea del rechazo?
—¡¿Es eso?! — se burla casi de mí—. Eres un maldito imán de vaginas— se ríe fuertemente—. Dudo que eso pase con esta bambina.
—Yo no creo que estén entendiendo.
Su sonrisa se desvanece y después de pone serio.
—Eso fue hace años.
—La he soñado constantemente, Garrett. Me persigue en sueños… No puedo soportar la idea de…
—No fue tu culpa.
—Negarlo no lo hace cierto— espeto con rabia.
—Tienes que dejarlo ir.
—No es fácil.
—Pensé que hace años lo habías superado.
Niego mientras un copo de nieve cae sobre mis palmas y el viento frio golpea mis mejillas. No es posible que las cosas se agolpen tan deprisa dentro de mi cabeza pero así es.
—También yo— respondo mientras el vaho se forma conforme mis palabras sellan mi realidad.
x.x.x
Llegamos al puerto de Nápoles casi dos horas después.
—Vayamos al aeropuerto, Edward. Llegaremos en unas tres horas a Lugano.
Yo asiento sin más y nos dirigimos al avión.
Tomamos un vuelo casi a las tres de la tarde. La tormenta de nieve retrasó un poco las salidas, aunado al hecho de que es inicio de año y que todo mundo quiere viajar de regreso de vacaciones.
Pronto, cuatro de mis hombres, ocho de los de Garrett e incluyéndonos, tomamos un vuelo hacia Suiza, un poco turbulento, que me mantiene ansioso por ver a Bella.
—Te quedarás conmigo un tiempo— interrumpe mis pensamientos mi tío—. Hablé con tu padre antes de subir al avión— confiesa—. Le comenté que tu celular no lo tenías por ahora.
—Gracias, ¿Cómo está?
—Mejor sabiendo que estás conmigo. Le pedí que acatara las normas de seguridad y que estarías bien. Quiere que lo llames.
Asiento.
—Carlisle es un poco nervioso.
—No lo culpo— susurra mientras una azafata nos sirve unas bebidas—. Yo estaría igual o peor. Hubiese desatado una puta guerra de haberte pasado algo. Eres como mi hijo…— dice.
Lo miro a los ojos.
Sí lo soy. Garrett Pace había encontrado a la mujer perfecta, el hijo, retrato casi mismo de esa mujer, pero que ya tenían padre y esposo.
No es para mí un secreto saber que estuvo enamorado de mi madre desde que eran adolescentes, porque habían asistido a la misma escuela. Nunca supe que pasó en realidad, solo que años más tarde, mi madre conoció a mi padre y tiempo después se casaron para posteriormente, tenerme a mí.
Desde que tengo uso de razón, no he sabido que "el vampiro" haya tenido alguna intención de formar una familia y mucho menos de buscar pareja estable. Quizá, aún sigue enamorado de Elizabeth Masen… No lo sé. Pero puedo entenderlo. Algunos hombres no quieren aceptarlo, pero en la mayoría de los casos somos viciados de obtener la atención de cuanta mujer nos cruce en el camino, sobre todo si es atractiva. Pero entonces, conoces a la indicada y el mundo deja de existir.
Ya no hay más que ella, antes y después de la muerte, supongo. Eso sucedió con mi padre, incluso con Garrett. La misma mujer los había marcado para siempre, como para no querer estar con nadie más, que no fuese ella.
Yo entendiendo perfectamente a que se refieren aunque no lo digan. Cuando un hombre se enamora de verdad, queda marcado, en esa faceta siempre, como un bucle infinito donde siempre caerás en espiral en el mismo lugar, la misma persona y el constante tiempo. Yo amaré por siempre a Isabella Swan. Yo amaré siempre a esa frágil pero valiente mujer.
Xxx
Cuando llegamos a Lugano, mi primera impresión es de asombro.
—Bienvenido a Suiza, Edward.
Lugano es una ciudad y comuna en el sureste de Suiza, en el cantón del Tesino de habla italiana, situada a 273 msnm y a orillas del lago homónimo. La ciudad también tiene un carácter italiano. El nombre Lugano probablemente proviene de la palabra latina Lucus, que significa madera o madera sagrada. Lugano es un lugar hermoso, vestido de nieve blanca en pleno invierno.
La gente va arropada por la calle mientras un auto de enorme volumen se acerca a nosotros.
—Es nuestro transporte— me dice Garrett.
Asiento y subo junto con él, del mismo modo en que subimos en la isla de Capri. Cuando comenzamos a avanzar, me doy cuenta de que toda la población se queda atrás y que entre más avanzamos el camino, más nos perdemos entre los árboles. No digo nada, porque realmente no lo recuerdo.
Me quedo en silencio viendo por la ventana y tras varios minutos, una enorme mansión se asoma en pico desde las montañas, que más bien parecería un castillo.
Es una fortaleza humana, asegurada y bastante lejos de la sociedad. Es alto y espacioso — ridículamente— para una sola persona. Podría albergar una enorme familia aquí sin problema alguno.
—Bienvenido al castillo, Edward. Este es mi hogar— sonríe.
Abre la puerta y baja antes de que alguien le ayude. Garrett es muy autónomo e independiente, no me sorprende que haya contratado hombres para cuidarme a mí — supuestamente — pero juraría que ahora mismo trae un arma.
Él es así. Es un hombre recto por naturaleza y sabe comportarse, pero enojado, cualquiera podría desconocerlo. Yo, personalmente, lo traté en sus peores momentos. Luego de que me metía en problemas y la policía tenía algo que ver, me daba las palizas de mi vida. Me las merecía, claro. Pero es en verdad algo para forjar carácter. Afortunadamente, no viví los suficientes años aquí.
Más de diez estaban ya por cumplirse. Y hoy que vuelvo, de verdad siento que estoy en un nuevo lugar.
—Baja— me ordena—, o se te congelará el culo— se burla.
Entorno los ojos en blanco y accedo.
La nieve bajo mis pies se hunde con mis botas. Sam me acompaña en todo momento y lo noto hablar por medio de un intercomunicador, insistiendo sin éxito alguno.
—¿Qué pasa? — le pregunto.
—No hay señal aquí— se queja—. Debe ser que estamos entre montañas.
Pronto Pace se reúne con nosotros, siendo espectador de la charla.
—¿Crees que le hacen honor de "castillo" a este lugar solo por la casa? Me mudé aquí porque aquí nadie tiene tanta tecnología para corromper la naturaleza— sonríe—, pero tampoco estoy tan loco. Dentro de la casa hay Internet, teléfonos, electricidad. Si necesitan usar algo, no duden en comentarlo. Aquí afuera no oirán más que el río y las aves.
Se gira dando la vuelta y los demás lo seguimos.
Pronto los hombres desaparecen cuando pisamos el umbral de la enorme mansión y "el vampiro" abre los brazos de par en par.
—Bienvenido a mi hogar— responde.
Definitivamente, nada ha cambiado. Las paredes están con los mismos cuadros, los muebles, podría jurar que son los mismos de estilo victoriano que mi madre tanto gustaba, incluso la alfombra de cuadros dorados y relleno rojo. La música es un fuerte murmullo. Reconozco la pieza es "The Doll's song". Suena vibrante rebotando en las paredes del lugar.
Hay una enorme lámpara de araña de finos cristales y de material plateado que cuelga perezosamente en el centro de la sala. Mis hombres miran por todos lados, intentando cuidar el perímetro. Pace lo nota.
—Pueden relajarse. Aquí nadie entrará.
Sam lo mira con seriedad. Sé que odia que le digan qué hacer en lo que es experto.
—No me saltaré el protocolo.
Garrett pone los ojos en blanco.
—Como quieras, hombre enorme— se burla—. Puedes verificar toda la casa, excepto el estudio. Nadie entra más que yo, ¿entendido? — inquiere con aire serio.
Knox lo mira por un momento a la cara y asiente.
—Vamos— dice a sus hombres y los cinco caminan por el lugar.
Cuando me quedo solo con mi tío, no puedo evitar preguntar.
—¿Dónde está Bella? Es decir, Isabella…
Garrett saca de su saco otro de sus puros y lo enciende.
—Ella está bien.
—¿Dónde? — insisto.
—Cálmate, Edward. Ella probablemente esté dormida en una de las habitaciones de la casa. Llegó muy cansada y con frío. La ropa que traía era por demás inapropiada para este clima.
Yo me siento con frío pero una parte de mí lo recuerda, así que no me cala directamente en los huesos.
—Necesito verla— me apuro a decir—. ¿Dónde subo?
"El vampiro" ríe fuertemente.
—La verás en la cena. ¡Santo Dios! De verdad estás enamorado.
Su comentario me hace sentir incómodo. Vuelvo a mi asiento.
—En serio necesito saber si está bien.
—Cuidas más de ella que de ti.
—Por supuesto— rectifico.
Sostiene el puro entre los dientes y esboza una sonrisa.
—Me recuerdas a mí.
Yo bajo la mirada.
—No te preocupes— continua—, verás a la signorina Swan en la cena. Que no demorará en unos minutos. Ella está perfectamente. Ya lo verás. Por mientras, deberías descansar, recorrer la casa si así lo prefieres. Yo debo trabajar antes de comer— se levanta—, hay que ganarse el pan— me guiñe el ojo—. ¿No crees?
—Naturalmente.
Se ríe y palmea mi hombro, esta vez no el sano. Un siseo de dolor se me escapa.
—Nos veremos en una hora, hijo. Trata de descansar.
—Gracias— respondo y entonces se pierde por un enorme pasillo.
Mi curiosidad es enorme, pero mi tío tiene razón. No importuno a Bella y comienzo a caminar por la enorme mansión. Me atrevo a mirar por fuera de la ventana y me doy cuenta de que el jardín trasero está marchito y lleno de nieve. No hay flores — es absurdo que hubiese—, pero tampoco hay tantos árboles como solía recordar. Me hace preguntarme si de verdad le da mantenimiento a ese jardín y desde hace cuánto. Hay enorme salón donde están los instrumentos. Me paseo lentamente por él y pronto recuerdo que de niño mi madre aquí cantaba para mí. La casa de Garrett Pace tiene más recuerdos suyos que la mía propia.
Me encuentro sin querer con una de las amas de llaves y me saluda.
Me dice que mi tío me ha dispuesto una habitación y que está lista para poder asearme si así lo deseo. Yo asiento, de verdad que me hace falta. Huelo a desinfectante de hospital y siendo honesto, me da asco.
Le doy las gracias y pronto me da las indicaciones de dónde es exactamente. Subo las escaleras con lentitud. Son de cedro con grandes destalles tallados en la superficie y no me pierdo de la sensación de sentirlos entre mis dedos.
Al final hay un mismo pasillo con dos direcciones. Tomo la derecha como me fue indicado y muy al final, me encuentro con una Leah firme al pie de la puerta. No sé por qué razón pero me siento alegre de tan solo verla.
—Señor Cullen— me saluda.
—Es bueno volver a verla, señorita Clearwater. ¿Todo está bien?
—Sí, señor.
—¿Isabella?
—Dentro. Está descansando.
—Espero no esté dormida. Iré a verla.
Yo hago un amago por querer entrar pero la mujer me lo impide.
—¿Qué hace? — le inquiero.
—Tengo ordenes explicitas de que la señorita Swan no debe ser molestada por nadie, señor.
—¿Qué? — pregunto casi estupefacto.
—Lo que dije, señor. Ella no quiere ser molestada— dice con gesto serio.
—¡Con una mierda! Esta es mi habitación también…
Leah niega.
—No es así, señor. Se le fue asignada una habitación para cada quién. El señor Pace les había dado una como usted lo dice, pero la señorita Swan pidió privacidad por el tiempo en que estuviesen aquí.
¡Maldita sea!
—Apártate, Leah. Voy a entrar a ver a mi mujer y exigirle hablar.
—Señor, por favor. Sólo estoy cumpliendo con mi trabajo.
—Tú jefe soy yo— tajo casi con furia.
—Mi protegida es la señorita Swan— responde con gesto serio, sin importarle el tono de mi voz.
—Hazte a un lado, Leah— murmuro al borde de la histeria.
—Le recomiendo que descanse, señor. De cualquier modo, verá a la señorita en la cena. Por favor, no me haga importunarla. Venía muy cansada del viaje y estos últimos días han sido difíciles para ella. Así que por favor— me pide—, vaya a su cuarto. Sam estará cuidando de usted.
Me siento como un niño pequeño caprichoso que lo han pillado portándose mal. ¡¿Qué mierdas pasa con Bella?! ¿Negándose a verme? ¡Eso no!
—Lo siento, Leah pero no puedo dejar que pases por encima de mi autoridad— espeto.
Y sin más la esquivo de un solo paso y trato de abrir la puerta pero esta no cede.
—Señor, por favor— me pide la agente.
—Isabella — hablo—. Ábreme la puerta, tenemos que hablar.
Nadie responde.
—Debe estar dormida.
Toco con los nudillos y apoyo casi la boca en la madera mientras insisto en abrir la perilla.
—Isabella, abre la puerta. No me iré de aquí sin poder hablar.
Dos, tres veces, insisto pero nadie atiende.
Yo no tengo más remedio que buscar el chantaje.
—Sí no abre la puerta, le daré de golpes con mi brazo herido hasta que se abra. No me importa desangrarme con los golpes.
—¡Señor! — grita Leah y a la par, me tiro contra la puerta una vez.
El dolor se extiende tan fuertemente que siento la herida contraerse.
Los golpes de la puerta no son sordos. Al tercero, la herida me empieza a doler tanto que un bufido se me escapa.
Cuando voy para el quinto, la puerta se abre precipitadamente y una Bella furiosa me mira con ojos inyectados en rabia. No puedo evitar sonreír. Lleva el cabello suelto, las puntas ya le llegan por debajo de los pechos y como dentro no hace tanto frío, porta una sudadera de color azul marino con un pantalón negro y botines. Se ve hermosa. El sol ha salido de nuevo después de siete días.
—¡Y a ti qué diablos te sucede! ¿Estás malditamente loco? — me pregunta con furia y aquello me causa gracia y ternura.
—Me abriste, que es lo importante.
—Estoy cansada, solo quiero dormir— espeta.
—También yo. Así que déjame entrar, es mi habitación también.
Sus ojos chocolates me miran iracundos.
—No, está es mía. La tuya es otra, búscala— me ciérrala puerta pero yo la impido—. ¡Leah! — grita pero yo me giro y entro a la recamara.
La guardaespaldas llega rápidamente.
—Como su jefe directo, le ordeno que se retire, agente. No le haré daño a Isabella y si ella se lo pide, rómpame el brazo en cuatro partes, sé que puede hacerlo.
Leah Clearwater mi mira confundida.
—No haría eso, señor.
—Pero Sam sí. Ahora, denos privacidad, ya.
—Leah…— insiste Isabella.
—Es una orden— repito.
—Lo siento, señorita — se disculpa y sale de la recámara.
Cuando cierra la puerta, Bella me da la espalda.
—Genial, ahora la pones en mi contra.
—No puse en tu contra a nadie, Isabella— explico.
—Pues si quieres hablar, hazlo ya. Estoy cansada y quiero dormir un poco.
—Vas a hacer todo lo que te plazca después de escucharme— le repito mientras miro su cuello fijamente.
—Pues adelante.
—¿Al menos me mirarías?
Suelta un bufido y se cruza de brazos. Se gira.
—Te escucho.
—¿Qué diablos te sucede?
Su gesto es de sorpresa pura.
—¿A mí?
—Si, a ti. Estás distante y por una mierda, ni siquiera me fuiste a ver al hospital.
Apuña las manos a cada lado suyo.
—Eres un imbécil.
—¿Qué?
—Lo que oíste. Eres un grandísimo imbécil, Edward Cullen. Primero me tratas como la mierda cuando recién despiertas y ahora me preguntas por qué no vine a verte, ¡si serás cínico!
—¡Estaba preocupado por ti!
—¡Y yo por ti! — Grita—. ¿Crees que tuve una fiesta de espuma en la sala de espera mientras se operaban? ¿Eh? ¿Crees que hice amistad con las enfermeras y les di mi número para quedar para las compras? ¡Eres un imbécil!
—¿¡YO!? — Levanto la voz—. Esto no hubiese pasado sino hubieses recordado a ese imbécil hijo de puta…— escupo con rabia.
Bella se talla la cara con ambas manos.
—¿De qué diablos hablas? ¡Ese es el problema! ¡Tú y tus estúpidas conclusiones rápidas! Yo no he pensado en Jacob Black como tú crees. De hecho, recordé tener el anillo para poder venderlo y así tener dinero para seguir viajando contigo, para escapar y dejar a todos atrás— escupe y su confesión me deja en shock—. Iba a huir contigo recién estuvieses sano. Ese cacharro me iba permitir costear los viajes para los dos. Al menos por unos días. ¡Pero no! ¡Siempre desconfiando de mí! ¿Me crees estúpida? ¡Pensé que me moría cuando te vi en esa fría camilla!— escupe con lágrimas y la voz quebrada—. ¡Dios! Si hubieses visto lo que yo vi, lo que sentí cuando me dijeron que había la posibilidad de que quedaras postrado. ¡La alegría que sentí cuando despertaste! Estaba contenta de que nada te hubiese ocurrido y sin más me acusaste de algo que ni siquiera cruzó por mi mente…— llora.
Yo me siento como un reverendo asno.
—Lo siento— apunto a decir—, discúlpame de verdad.
—Fuera de aquí, Edward — me pide.
Su rechazo me duele.
—Bella, es que no entiendes… Yo soy un animal, no quiero… No… Pude contener la rabia.
—Por favor, déjame sola— llora—. No quiero pelear más.
La busco y me rehúye.
—Basta de rechazarme.
—Tú lo hiciste primero, incluso te le insinuaste a esa otra mujer. ¿Crees que yo me sentí bien?
—Pues no…— murmuro apenado, dándole la razón.
—Pues entonces no me vengas a pedir que sea condescendiente contigo. Basta ya de hacerte caso. Basta de hacer lo que tú digas. Soy una mujer de veinticinco años ¿Crees que no sé lo que hago? ¡Maldita sea! Ni siquiera deberíamos estar juntos… Mi cercanía es un peligro… Mi cercanía podría matarte… Por eso mejor me marcho.
—No— jadeo—, no digas eso— estoy furioso—. ¡No lo permitiré!
—No soy una niña, Edward… No puedes ordenarme. Esto es mi vida, no te incumbe. Cumpliste con tu parte del trato y yo con la mía. No nos debemos nada y punto.
Escucho y me niego aceptarlo.
—¿Pero qué idioteces dices?
—No son idioteces. En cuanto amanezca partiré. Hablé con tu tío y me dijo que si necesitaba ir algún lado, él me haría l favor de llevarme, pero no accedió tan pronto en cuanto le dije que tú no podrías estar de acuerdo.
—¡Por supuesto que no!
—Pero entonces— camina por la habitación— le dije que ese no era mi problema. Que yo soy una adulta y que decido hasta dónde ir.
Niego, esto es una locura. No puede estar hablando en serio. No puedo dejar que se marche de mi lado ¡ES UNA PUTA LOCURA! ¡NO LO PERMITIRÉ!
—No irás a ningún lado Isabella— digo tomándola por lo hombros—. No quiero y no irás. Lo siento si fui un imbécil por cómo me porté pero en verdad no puedo dejarte ir.
Ella chasquea la lengua.
—No te dejes llevar por la culpa, ni siquiera me importa ya lo que hiciste. Sólo quiero que entiendas que no deseo ponerte más en peligro.
—¿Y a dónde carajos piensas ir? ¡No hay más lugar seguro que conmigo!
—¿Cómo lo sabes? Puedo viajar con mi madre… No lo sé.
—¡NO! — Grito.
—Edward— susurra—, baja la voz.
—¡Me importa una mierda que alguien me escuche! — vocifero tocándome el cabello nerviosamente—. ¡Me importa poco! Solo escucha las cosas que dices… ¡Es una locura, Isabella!
—¡Te hirieron! —Llora—. ¡Pudiste haber muerto!
—Maldita sea… ¡¿Crees que me importa morir?!
—Dios santo— niega.
—No me importa— niego frenéticamente mientras cubro mi boca con mis manos—. No me importa.
Bella llora en silencio.
—No es tu decisión— camina por la habitación y me da la espalda de nuevo—, y yo ya la tomé. Sólo me queda darte las gracias por lo que hiciste, Edward. De verdad, lo valoro mucho. De hecho, hiciste más de lo esperado y el trato terminó hace mucho tiempo.
Sus palabras me hieren, más que las putas balas.
—No digas eso… Yo no quiero que te vayas.
—¿Con qué propósito? — suspira entre hipeos.
El dolor se inflama en mi pecho de manera asfixiante. Dios, no puede alejarse de mí. Sé que he sido un reverendo imbécil y que de cierto modo no la merezco en lo absoluto pero no puede marcharse. Mi mundo se cierra y abre entorno a la mujer que tengo frente a mí. No puedo perderla, no puedo dejar que se marche porque se llevaría mucho más que su pequeño equipaje. Bella lo es todo, Bella hace que mi vida tenga razón para ser diferente. Bella es lo que hace que me despierte cada mañana.
—No los busques, solo quédate.
—No puedo — llora—. No está bien. Necesito resolver esto sola.
—No dudo en que no puedas, es que necesitas de mi ayuda— le pido acercándome a ella.
—Ya has hecho suficiente.
—Nunca será suficiente— me acerco, la acorralo—. ¿Crees que me quedaré tranquilo sabiendo que te marchas a tu suerte? Ni siquiera podrías intentar volar de Suiza a donde se supone que esté tu madre…
—Yo… Buscaré el modo— evita mi mirada—, pero la decisión está tomada. Lo siento.
—¡NO! —Grito furibundo y dándole vueltas a la habitación. Un puño se estrecha contra la pared y comienzo a golpearlo fuertemente. Me importa una mierda si Garrett me corre de su casa o si rompo algo, estoy tan encabronado que nada puede detenerme.
Golpeo sin parar con ambas manos. El dolor de la herida no es nada comparado con el de su despedida. De un lado a otro mueve los brazos, descargando la furia, cuando un hilo de líquido tibio se desciende por mi espalda.
¡Maldita sea! Si me quedo manco me importa un pito.
Isabella se posiciona a un lado mío y llora sin parar.
—¡Deja de hacerte daño! — me grita tratando de apartarme de la pared.
Entonces la miro y jadeo con los ojos casi bañados en lágrimas, no puedo creer que no me diese cuenta de que estoy llorando.
—¡Pues entonces deja de hacerme daño tú a mí!
—¿Qué?
—¡Sí! — Espeto con furia—. ¿Qué no ves lo que haces? ¿Qué no te das cuenta?, ¡maldita sea! Sí te vas te llevas más de media vida contigo, preferiría estar muerto antes que saber que ya no volveré a verte, preferiría morir al instante en que pusieras un pie fuera de esta casa para ya no volver… ¡Preferiría no haber sobrevivido a la bala de haber sabido que querías marcharte! — La tomo por los brazos y su espalda se recarga en la pared, mis ojos pican, las lágrimas ruedan gruesas y salvajes—. No sabes cuánto daño me hacen tus palabras, no sabes el dolor que me provocan… ¿Crees que no tengo una opinión? ¿Crees que me importa poco que te marches creyendo que eres un problema? ¡Mierda! Todo este tiempo jamás me había sentido tan vivo como me siento ahora… Como me siento desde que te conocí… Me sacaste de mi infierno personal… Me hiciste ser alguien distinto y ahora, como si nada, como egoísta, me quitas todo y nada cuanto poseí. Recibiría cien malditos tiros antes de que alguien te tocase… No puedes arrebatarme nada, Isabella… ¡Eres mía! ¡Mi mujer! No puedes no podrás irte de mi lado. Para tu mala o buena suerte, firmaste una sentencia cuando entraste a mi oficina, diciéndome que me pertenecías, que te entregabas a mí y cuando poseía tu cuerpo, sellaste ese trato casi indeleblemente…
Bella me mira sorprendida, desconcertada.
—¿Qué?
Sus ojos cafés me miran profundamente.
—¡Te amo, Isabella Swan! ¡Te amo como un puto loco! ¡Te amo hasta la muerte! Te amo más que a mi vida, más que a mi familia, más que a todo lo que me hace vivir… ¡Te amo y no voy a permitir que te marches de mi lado! No hay poder humano que me haga separarme de ti… ¡Tú eres mi vida ahora! — tomo su cara entre mis manos y recargo la frente contra la suya—. Prefiero que me mates esta noche antes de partir que despertar vivo y sin ti… Lo siento, soy así, posesivo, animal, ¡Un monstruo, una maldita bestia! —Susurro—. Io mi sono innamorato Di te. Ho perso la battaglia Con la mia Bestia interiore (3) Sei la vita mia. (4).
Y sin esperar respuesta alguna, sello aquella violenta confesión de amor con un profundo y desesperado beso, que intenta saciar mi sed de Isabella.
Traducciones:
(1) Edward, hijo mío. ¿Cuánto tiempo?
(2)No los suficientes, tío Garret. Sigues igual.
(3)Estoy enamorado de ti, he perdido la batalla con mi bestia interior.
(4)Se mi vida.
