Llegamos finalmente a la siguiente isla. Aún no entraremos de lleno al siguiente arco, pero es el comienzo, tengan paciencia. ¡Dejen reviews por favor!

One Piece, su mundo y sus personajes pertenecen a Eiichiro Oda.

La mañana siguiente era apacible en el Steeler. Los piratas no lo esperaban, pero, al parecer, el viaje hacia la siguiente isla no demoraría mucho, el mar estaba tranquilo y el clima estabilizado en un calor tropical, por lo que seguramente estaban ya muy cerca de su siguiente destino. Natsuki dirigía a sus compañeros rumbo a la dirección que el Log Pose le indicaba y todo parecía salir de buena forma. Incluso Blaze, tal y como Jet lo había predicho, no estaba ya enfadado por el asunto de la recompensa y aseguraba que cuando él mismo consiguiera una, sería tan grande que todos se asombrarían.

Pero había otra cosa que preocupaba al capitán. Según había visto en los periódicos, la tripulación del Sombrero de Paja, había desaparecido sin dejar rastro alguno. Sólo la actuación prácticamente estelar del mismo Monkey D. Luffy en la guerra de Marineford daba señales de que la banda estaba con vida. Era por ello que a Blaze le gustaba estar informado, para escuchar cualquier noticia sobre aquella tripulación a la que quería alcanzar.

De acuerdo a las estimaciones de Natsuki, quien para navegar si era bastante hábil, era posible que llegaran a la isla hasta la noche. Blaze dictaminó que la prisa no era algo que los invadiera y avanzarían lentos, pero seguros, para arribar hasta las primeras horas de la mañana siguiente. Al escuchar eso, Jet fue hacia donde Shinta platicaba con Osore. El tirador deseó que su compañero espadachín pasara de largo, pero en vez de eso, lo tomó de su camiseta y se lo llevó consigo ante la sorpresa del médico, quien prefirió no decir nada, aunque le quedó la duda.

La que sí replicó fue Fuu, al ver el modo en que Shinta era prácticamente arrastrado hacia el interior de la cocina.

–¿Qué le haces? ¿Por qué lo tratas así?

–No le estoy haciendo nada malo –respondió Jet– él se cree un hombre y sin embargo tiembla de miedo cada vez que me ve.

–Tal vez porque lo tratas de esa forma –dijo la princesa sin que Shinta hiciera alguna exclamación.

–Me teme desde que, en el bosque de tu isla, maté a alguien frente a sus ojos –explicó antes de mirar al tirador– pensé que ese asunto había quedado zanjado, pero veo que no.

–No puedes culparlo por eso –le defendió la peliazul– tal vez sea natural para ti, pero matar a alguien no es algo rutinario para todos.

–Ése no es el asunto. No importa si es natural o no, ¿crees que yo mate por placer? Como te dije Shinta, lo ideal es que nadie tuviera que hacerlo, pero si no actúo en ese momento, el que estaría muerto, serías tú –le señaló. El tirador no sabía qué decir. Su objetivo siempre había sido hacerse más fuerte, pero el rostro bañado en sangre de su compañero, era muy similar al de aquellos que habían asesinado a sus padres. No iba a decirlo de cualquier forma, pero no podía evitar sentir algo de temor. Justo iba a decir algo cuando Fubuki se le adelantó.

–Él tiene trece años, le llevas ocho, le tomará tiempo acostumbrarse, sé paciente

–Si lo defiendes así, jamás va a crecer –replicó el espadachín, pero pensó un poco antes de seguir– pero si tú lo dices, lo creeré. De cualquier forma –dijo mientras se levantaba de su silla– yo no dejaré de protegerlos, ni a ti Shinta, aunque me temas –y salió de ahí, dejando a Fuu con una pequeña sonrisa.

–¿Ves que no es malo? –le acarició ella la cabeza de forma maternal.

–Sé que no es malo –habló finalmente Shinta– me esforzaré. Él tiene razón, si quiero ser un hombre, debo ser diferente.

–Debes ver más allá de las cosas –intervino Fuu, sonriendo ampliamente– yo crecí en un palacio, no debe ser fácil crecer entre un montón de raros piratas. Ahora sal, que debo limpiar la mesa, sólo no dejes que Osore te haga una mala influencia.

Natsuki observaba el horizonte con su capitán como si esperaran ver algo más que sólo mar y cielo. El capitán tenía sueño, pero en ocasiones le gustaba platicar con sus tripulantes para variar. Él pensaba que si no lo hacía, ellos creerían que era un vago. Por supuesto, no disimulaba demasiado bien.

Natsuki preguntó lo que harían al llegar a la isla, pues necesitaba algo de ropa. Luego de algunos ruegos más, Blaze finalmente le dio algunos berries, aunque le pidió que esta vez sí buscara ropa seriamente y no sólo trajes de baño. El capitán tenía en mente tomar un descanso y pasarla bien.

De esa forma, la tripulación bajaba su ímpetu y adrenalina por la aventura una vez concluido el asunto de la isla de Yuki, ignorando que en el océano de Grand Line, ni siquiera hay que perseguir a los problemas, sino que éstos llegan hacia ti.

Esa noche fue una de las más tranquilas que habían tenido durante todo el viaje. Todos durmieron plácidamente, inclusive Jet, a pesar de que, como siempre, fue el último en hacerlo. De cualquier forma, fue un despertar satisfactorio para todos, el sol brillaba e inundaba la cubierta con luz y calor que ensanchaban los corazones de los piratas, sobre todo porque Osore había avistado la siguiente isla.

–Mi madre me dijo que su nombre es Kaprico y que no debería haber mucha vigilancia, por lo que estaremos bien –sonrió Fuu mientras servía el desayuno a sus compañeros, optimistas y contentos como pocas veces. Tras comer sus alimentos, los piratas se apresuraron a bajar las velas y dirigirse lo más rápido posible hacia la isla.

Tras cerca de una hora de camino, finalmente pudieron anclar en una bahía de la isla. Bajaron en su totalidad y subieron por una costa empedrada que estaba al pie de la movida ciudad de esta pequeña isla. Gente iba y venía por los establecimientos. Bares, tiendas, carpinterías, herrerías, armerías y muchos otros negocios tenían bastante vida y los piratas no sabían por dónde empezar. Fubuki sugirió que lo principal era preguntar el tiempo que tardaría en cargar el Log Pose y con ello en mente, el grupo se dirigió hacia uno de los bares.

El lugar era grande. Más que un bar parecía un desayunador. En las mesas habían varios clientes: tres en una, dos en otras, un grupo de cinco en una más, y en la mesa del rincón, una persona solitaria. Había luz suficiente como para que el negocio pareciera amigable y los piratas se acercaron a la barra, donde un hombre gordo, moreno y con un bigote ensortijado los veía ir hacia él al tiempo que limpiaba un tarro con un trapo húmedo.

–Buenos días, viejo –le saludó Blaze amistosamente, hablando en representación de su banda.

–¿Qué te sirvo, "viejo"? –le respondió el hombre con algo de sarcasmo, pero sin enfadarse.

–Bueno, dame un poco de whisky, y si no me equivoco, algo de ron para mi amigo que está a mi derecha, crema de whisky para la señorita a mi izquierda –se refirió a Jet y Fuu– vino para la otra señorita y agua para el chico. Osore, lo siento –le dijo a su más nuevo tripulante– pero no sé todavía cuáles son tus gustos en bebidas.

–Yo cerveza, por supuesto –le pidió sonriendo, sorprendido de que el capitán supiera ese detalle de todos sus compañeros, a excepción de él por el poco tiempo que llevaban juntos.

Tras beber el primer sorbo de vino, Natsuki no perdió el tiempo en preguntar acerca del Log y cuánto tiempo debían esperar en la isla para seguir su viaje.

–Usualmente son dos días, pequeña –le respondió– así que tendrán que pasar una noche aquí, pero no creo que les incomode mucho eso.

–¿Qué quiere decir con "usualmente"? –preguntó Fuu– ¿el Log no siempre se carga en el mismo tiempo?

–La cuestión no es ésa exactamente. Cuando su Log se cargue, ustedes se dirigirán a la isla Zarza, muy similar a ésta, aunque sin tantos negocios y más viviendas. Aunque –hizo una pausa para ponerse más serio– hay una posibilidad, muy baja, de una entre diez mil dicen, que el Log se cargue este mismo día, posiblemente por la noche.

–Lo dice como si fuera algo malo –replicó Osore quien ya se había terminado su cerveza.

–El asunto es que si eso sucede, no irán a Zarza, sino al G-12, una base marine –y cuando escucharon eso, el silencio reinó en la banda pirata– pero no se preocupen, que, como les dije, la probabilidad es demasiado baja y seguro que no les sucederá.

Tras intercambiar algunas palabras más sobre el asunto y terminar sus tragos, los piratas pagaron y salieron del lugar, mirando por un momento si el barco estaba bien y luego internándose en las calles de la ciudad. Dentro del bar, la figura solitaria se levantó y se dirigía también hacia la salida.

–No pierdes las esperanzas, ¿verdad? –le dijo sonriendo el encargado mientras pasaba un trapo por la barra. No recibió respuesta, pues aquel cliente siguió caminando y salió de ahí, buscando el camino que había seguido la tripulación.

¿Qué les espera a los piratas en esta isla? Tal vez no sean cosas tan malas como parecen, ¿o sí? Pues ya lo veremos en el siguiente capítulo Agradezco las lecturas hacia la historia y en especial al review de Ofidus a quien he respondido ya por mensaje. Saludos.