DISCLAIMER: Arucol im ovlas, ecenetrep em nòicaunitnoc a otircse ol ed eidan in adan.

(INTRO)

Poco tiempo hay para dominar
la Cámara de Diputados que
no hacen nada para volver
en seis años otra vez…

¡ES YOBLADE! YOBLADE!

(FILL IN)

Hazlos votar siempre de ese modo
y así "hoy, hoy, hoy" deberás gritar
nuestro partido siempre ganará
no lo puedes evitar…

¡ES YOBLADE!
¡YOBLADE!

(FILL IN)

¡ES YOBLADE!
¡ES YOBLADE!
¡YOBLADE!
¡Vota ya!

Cuando estés en Roma… ¡manda una postal, pedazo de ingrato! .¡Y nada de que de recuerdo me traes una vil playera, capicci?.! (When in Rome… beyblade!)
Onde sale Quique y se pelellan por primera vez.

Tras varias circunstancias muy extrañas que no es mi intención relatar, pues no me pagan lo suficiente para hacerlo, los Bladefixers llegaron sanos y salvos a Italia… específicamente, fueron a Roma, donde el buen y fresa y afeminado Oli les dijo que encontrarían al buen y fresa y mujeriego Enrique. Aconsejados de tal suerte, los Bladefixers se dirigieron a la morada del tal Quique, y procedieron a tocar el timbre, como es incivilizada costumbre de las naciones modernas.

Lo que ellos no sabían (bueno, una de las tantas cosas que no sabían) era que en la morada del buen Quique ya estaban aleccionados sobre qué hacer en caso de que un desconocido indeseable osara molestar: habían colocado un timbre que no servía.

—¡DIN, DON, DIN, DON! —soltaba Max, sonriente, con el dedo pegado al antecitado timbre—. ¡WIIIIIIIII!

—¿Qué tanto se pueden tardar en recorrer los trescientos metros que hay de la puerta de la casa a la reja? —se quejó Bachoco, pues ya llevaba largos quince segundos esperando que abrieran.

—¿…están seguros de que es aquí? —preguntó Kenny, viendo a todos lados por si encontraba con sus inexistentes ojos alguna señal de que era la casa indicada.

—¿Acaso dudas de mi sentido de la orientación? —indignose Rei, con hartamente justa razón.

—No, para nada…

—No se ve a nadie —dictaminó Kori, oteando el horizonte del otro lado de la verja. Con "j", malpensados.

—…¿ya vieron ese letrero? —preguntó el buen camarada Kai, suspirando de resignación y señalando la pared, un poco arriba de la cabeza de Max.

—…¡eres un genio, Kai! —reconocieron los demás Bladefixers, mientras el buen camarada Kai soltaba otro profundísimo "mmmf" y pensaba que eran unos idiotas.

Lo que el buen camarada Kai señaló era un letrero pequeño que a lo mucho medía tres metros de largo por 2 de ancho, y que estaba muy opaco pues apenas tenía unos insignificantes dieciséis millones quinientos cuarenta y seis mil novecientos cuarenta y tres focos rodeándolo. Encima, era casi imposible leer las borrosas letras formadas con luces de neón.

Ciertamente no espero que ustedes puedan verlo, pues ningún mortal sería capaz de vislumbrar lo que esas crípticas letras versaban. Así pues, y usando mis binoculares con visión nocturna, puedo informarles que el letrero reza (no tan) claramente:

"NO SE MOLESTE EN TOCAR EL TIMBRE PORQUE NO FUNCIONA. NOS RESERVAMOS EL DERECHO DE ADMISIÓN. TENEMOS CÁMARAS, Y SI NO NOS GUSTA SU CARA, PUEDE IRSE LARGANDO, PORQUE NUNCA, ENTIENDA BIEN ESTO, NUNCA LE ABRIREMOS. Gracias por su visita".

—Entonces… el timbre no funciona —dedujo hábilmente Yemita.

—Tyson, Tyson, .¡Tyson! —sonrió Max, meneando la cabeza—. ¡Las cucharas NO existen!

—¿…y? —inquirió Tyson, notando la cara de total incomprensión del resto de sus compañeros de equipo (no infieran por esta línea que él pudo entender algo)

—No hay timbre —informó Max prestamente.

—¿…y?

—No hay nadie viviendo aquí.

—¿…y?

—No hay casa.

—¿…y?

—No hay ciudad.

—¿…y?

—No hay país.

—¿…y?

—No hay mundo.

—¿…y?

—Esto sólo es una ilusión enferma.

—¿…y?

—Y si nada de esto es cierto, tú TAMPOCO existes.

—Ah —asintió Bachoco por fin, como si hubiera entendido algo en realidad. Entonces notó algo de una simpleza portentosa—. Y si no existimos, .¿por qué sigues tocando el timbre?

—Na' más porque sí.

—Ah.

De repente, un chico rubio que vestía más o menos como Tyson (pero se veía infinitamente mejor, yes sir, aunque eso no sea mucho decir), se brincó la barda hacia afuera… y cayó encima de Kori.

—Caí sobre blandito —suspiró, aliviado, el individuo aquél, con su marcado acento fresa—. Gracias, güo.

—¡.¿OTRO CON LA PAPA EN LA BOCA?.! —clamó Yemita al cielo. Pero, como ya se sabe, no es que al cielo no le importe, sino que le vale progenitoras.

—Osea güo, tipo que perdóname la vida —indignose el de la papa en la boca, que tiene cara de llamarse Enrique (Quique para sus amigos fresones).

—¡NO! —dictaminó rápidamente Bachoco—. ¡MUERE! —gritó, lanzándose a ahorcarlo, e inmediatamente se inició un zafarrancho.

—¿…deberíamos detenerlos? —preguntó Rei tras un rato de patética seudo-violencia gratuita.

—Pueeess… —caviló Kenny.

—NO —respondió el buen camarada Kai con firmeza y serenidad absolutas—. Definitivamente NO.

—Déjalos jugar —Max se encogió de hombros.

—… ta bien —concedió Rei.

—¡DALE DURO! —clamaron los Bladefixers (a saber a quién se lo dijo el buen camarada Kai), y se sentaron a observar la pelea cómodamente, ingiriendo las botanas y refrescos que aparecieron de la nada.

—¿A quién se supone que estamos apoyando? —se preguntó Max de repente.

—Pueeesss… —meditó Rei.

—Ya se me olvidó —reconoció Kenny, sorbiendo refresco.

—Estamos del lado del fresa —habló el buen camarada Kai por sí mismo y su sombra.

—Aah… —asintieron los demás Bladefixers, y prosiguieron animando a su favorito—. ¡MACHÁCALO! .¡RÓMPELE LOS HUESOS!

—¡Que no quede ni aliento de él en todo el vasto mundo! —profirió Max, emocionado en demasía.

—Qué profundo… —se maravillaron los demás a su alrededor, incluidos los que estaban peleando.

—Copión —soltó el demontre, apareciendo de la nada a su lado.

—¿Y tú de dónde saliste?

—No es su asunto —respondió aquél y de repente no pudo ocultar una maquiavélica sonrisa que, mal rayo me parta por no poder dejar de notarlo, le sienta asquerosamente bien al muy bastardo—. Incitatio.

—De repente me han dado unas ganas de seguir peleando que no puedo con ellas —soltó el fresa.

—Igualmente —coincidió Tyson, y volvieron a sumirse en su flagrante demostración de violencia insensata.

Así duraron como tres minutos, pero lo interesante no fue la pelea en sí, sino lo que se comentó durante ella.

—Oye —comenzó Bachoco, al tiempo que daba un golpe—… y a estas —se agachó para esquivar—. ¿Tú sabes dónde está Enrique?

—¿Enrique?… ¿el que vive… en esa casa?… tengo entendido… que no está.

—Entonces no tiene caso seguir aquí —resolvió Kori, deteniéndose, y se volvió hacia sus compañeros Bladefixers—. ¡VÁAAMONOS!

Quique iba a dar un último golpe cuando Bachoco se retiró, lo que provocó que perdiera el equilibrio y se fuera rodando por la colina, al tiempo que hacía acto de presencia un mayordomo.

—¡SEÑORITO ENRIQUE!

—¡.¿ÉSE era Enrique?.! —sorprendiose Tyson.

—¿Quién? ¿El que estabas golpeando? —sugirió Rei.

—Sí, ése.

—Sí, sí era Enrique —confirmó Kenny.

—Y su mayordomo conoce 464 formas de karate, 213 formas de jujitsu y 42 de danza representativa —informó el buen camarada Kai.

—¿Cómo lo sabes? —quiso saber Max.

—Eso no te incumbe.

—Ah, bueno.

—…¡HUYAN! —se recomendaron los Bladefixers unos a otros.

—· / —·— / ·—

Más tarde, los Bladefixers iban caminando por la calle cuando escucharon una voz familiar a sus espaldas.

—Osea, eran como veinte los que alcancé a contar, güo, y me rodearon y osea obvio que noqueé a la mitad con un solo puñetazo, .¿ves? pero…

—¡ENRIQUE! —llamó Tyson, volviéndose intempestivamente.

—Aash, tenían que venir estos nacos… —comentó Quique con sus acompañantas, —-. Osea, .¿qué no tienen nada mejor que hacer?

—¡Te reto a una yobatalla! —clamó Bachoco.

—Mira güo, yo no tengo tu tiempo, osea, estoy ocupado, .¿ves?

—PUES NO ME IMPORTA.

—¡Aaash, naco pocofino! Está bien, para que dejes de fregar… síganme.

Acto seguido, Quique guió a los Bladefixers a su mini-coliseo particular, y tras un rato salió a la arena seudo-vestido de seudo-gladiador, lo que dejó impactados a los Bladefixers y al demontre revolcándose de risa en el suelo.

—¿Qué pasa? —le preguntó Kenny, shockeado por lo que veía con sabrá Neptuno qué órgano, pues no tiene ojos.

—¡LLEVA FALDITA!

—¡… ES CIERTO! —notaron los Bladefixers, y comenzaron a reírse también.

—Pagarán por eso… —gruñó Quiquito por lo bajo.

Y, osea obvio que Tyson perdió, el muy loser, pero de alguna manera subnormal convenció a Quique de que pelearan otra vez al día siguiente.