Disclaimer: Lo que les suene, es cosa de una señora del siglo XVIII-XIX.
¡Hola de nuevo! Como siempre, empiezo agradeciéndole a todas las que me dejaron reviews bonitos en el capítulo anterior (y perdón por ya saben qué): Las Letras de Anna, loremmac, Molita y Proud Vegetable. Sus palabras me ayudan a sentarme a escribir. También le doy las gracias a quienes han agregado esta historia a sus favoritas o a las historias que siguen. Y a quienes leen desde las sombras (las estadísticas de la historia los delatan).
Canción recomendada: "Bad Reputation" de Joan Jett.
Chocolate y café amargo
Capítulo 35
Lydia
—¿Qué dices? —Lizzie se levantó del banquillo del piano y se alejó un par de pasos. Por el rabillo del ojo pudo ver que Darcy la miraba con una ceja alzada—. ¿Qué pasó con Lydia?
—Desapareció. Esta mañana no estaba en su cama y había una nota diciendo que se había ido de casa —dijo Jane. Lizzie tuvo la impresión de que se estaba guardando algo, aunque no podía imaginarse qué era.
—¿Cómo?
—Esto… —Al otro lado de la línea, su hermana titubeó por un momento—. No desapareció sola, Lizzie. Está con Wickham.
—¿Con George Wickham? —Lizzie sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. De pronto, la situación parecía aún peor que en un principio.
—Sí, con él. ¿Y sabes qué más? Fui a preguntar en su trabajo por él, en la tienda de música… —Jane estaba evidentemente complicada con entregarle esa información—. Dicen que se robó la caja y arrancó con el dinero. Y parece que tiene deudas por todos lados. La policía tiene una orden de arresto para él.
—¿Y Lydia está con él?
—Eso parece.
Lizzie se llevó una mano a la frente, sin saber qué pensar.
—Acabo de hablar con papá y mamá, van en camino a Londres. Yo también voy a ir —añadió Jane rápidamente. Su tono de voz delataba lo nerviosa que estaba—. Creemos que están allá.
Por supuesto. Tenía sentido. Después de todo, Londres era una ciudad de más de ocho millones de personas. Perderse entre esa masa era perfectamente factible. El problema sería encontrarlos después.
—Vale. Empezaré a ver dónde puedo encontrarlos o algo así —musitó.
—Lizzie…. —dijo Jane desde el otro lado—. No es tu culpa.
—Nos vemos —replicó su hermana antes de colgar.
Sí que era su culpa. Ella sabía que Wickham no era de fiar hace semanas. Podía habérselo contado a su hermana y ella no se habría acercado a él. Lydia podía ser insensata, pero no era tonta. Seguro que lo habría pensado dos veces. Pero Lizzie se había quedado callada y ahora su hermana menor iba a pagar por eso. Por su culpa.
—Lizzie —la voz de Darcy le pareció lejana, como si viniera de otro planeta—. Lizzie, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado?
—Tengo que irme, lo siento mucho —musitó ella, cogiendo su bolso del suelo y empezando a caminar hacia la puerta. Pero Darcy la detuvo cogiéndola por los hombros, obligándola a mirarlo a los ojos.
—Lizzie, dime qué ha pasado. ¿Tu hermana está bien?
La joven sólo pudo negar con la cabeza. No, su hermana no estaba bien. Nada estaba bien. Y Lizzie no sabía cómo hacer que estuviera bien.
—¿Qué pasó? ¿Puedo ayudar en algo? —insistió él.
—No creo. No creo que nadie pueda ayudar —dijo ella por lo bajo. Darcy alzó las cejas.
—Vamos, cuéntame.
Su tono era sincero. De verdad quería escuchar a Lizzie y lo que había sucedido. Y de verdad quería ayudarla. Con cuidado, le indicó que se sentara en el borde del escenario en el que se encontraban, con los pies colgando hacia la audiencia de banquetas vacías.
Así que ella se lo contó todo. Que Lydia había desaparecido en la mitad de la noche, junto a Wickham —al mencionarlo, pudo ver cómo la mandíbula de Darcy se tensaba un punto más de la cuenta—. Le contó que Wickham se había robado la caja de la tienda en la que trabajaba y que la policía tenía órdenes de arrestarlo.
—Y lo peor es que pude evitarlo. Si le hubiera dicho a mi hermana qué clase de persona era… Si le hubiera hablado. Pero no, me dediqué a quejarme con todo el mundo porque mi hermana es un desastre con patas y nunca me di cuenta que de verdad me necesitaba… Lydia sólo quería atención…—Su voz se quebró y lágrimas aparecieron en sus ojos.
Darcy le pasó una mano por los hombros, estrechándola contra su pecho.
—No es tu culpa, Lizzie.
—Sí que lo es. Yo sabía que Wickham no era de fiar… —bufó Lizzie, sintiendo cómo la rabia la invadía al pensar en el joven. Y en lo tonta que había sido al confiar en él.
—Y yo. Pero ninguno de los dos hubiera evitado que se robara ese dinero y quizás se habría ido con otra persona.
—Eso es algo que no entiendo —masculló Lizzie—. ¿Por qué Lydia? ¿Por qué mi hermana pequeña?
—No creo que uno pueda entender por qué Wickham hace lo que hace —dijo él—. Pero supongo que tiene que ver con herirte o algo así. Siempre he pensado que es un narcisista no diagnosticado, cree que todo el mundo gira en torno a él y que le debemos cosas. Puede ser su forma de castigarte. O simplemente Lydia le ofreció ayuda y él decidió utilizarla. No sé si alguna vez sabremos por qué.
Lizzie asintió. Tenía sentido.
—Tengo que irme. Mis padres y Jane vienen a Londres. Creen que pueden estar aquí, pero no sé cómo se supone que los encontraremos. Me temo que si Lydia no quiere volver, no la podremos encontrar.
—Por supuesto. —Él se levantó y le ofreció la mano para hacer lo mismo—. Tu familia. No te preocupes, la encontraremos.
—No es necesario —respondió Lizzie, dándose cuenta de que él estaba completamente dispuesto a ayudar en la búsqueda.
—Quiero hacerlo —dijo él, clavando sus ojos azules en ella—. Además, creo que sé cómo podemos encontrarla.
—¿Seguro?
—Seguro. Ven, vamos a dónde tus tíos y esperemos a tus padres allá. Seguro que encontramos una solución. Todo va a estar bien.
Lizzie asintió débilmente, mientras salían del auditorio vacío. A pesar de que en esos momentos la vida parecía espantosamente negra, las palabras de Darcy eran tranquilizadoras. Si él decía que todo estaría bien, ella no podía dudar de eso.
Todo estaría bien.
Encontrarían a Lydia sana y salva. Ella podría disculparse por no escucharla, por no darse cuenta de que lo necesitaba, por ser la peor hermana del mundo. Necesitaba hacerlo.
-o-
El pueblo de los Bennet quedaba a unas cuatro horas de Londres, por lo que cuando Lizzie y Darcy llegaron a la puerta de la casa de los Gardiner, los señores Bennet acababan de llegar. Al cruzar el umbral, la voz de la señora Bennet les llegó desde la sala.
—No puedo creer que Lydia haya hecho algo así. Y con George, que un muchacho encantador. Estuvo en casa en Navidad y se comportó como un caballero. Lydia debe saber lo que esto le hace a mis nervios… Pero supongo que hay una explicación.
«Sí, que Wickham es un tipo despreciable y asqueroso», pensó Lizzie al escuchar a su madre. Esperaba no tener que contarle la verdad, porque estaba segura de que sería demasiado para su madre.
Justo en ese momento, la puerta de la sala se abrió, revelando al señor Bennet. Al verla acompañada de Darcy, esbozó una sonrisa incongruente con sus hombros caídos y expresión preocupada.
—Lizzie, por fin algo de sentido común. Me imagino que Jane ya te ha contado todo —dijo antes de darle un beso en la mejilla—. Y este joven es… —añadió mirando a Darcy, que le tendió una mano antes de contestar.
—Fitzwilliam Darcy. Soy… amigo de Lizzie. Y creo que puedo ayudar ahora —dijo rápidamente. El señor Bennet alzó las cejas y asintió.
—¿Sí?
—Digamos que Wickham y yo… compartimos historia.
El señor Bennet le dirigió una mirada rápida a su hija, que se limitó a mirarlo con una mueca que esperaba que sirviera para que su padre dejara de hacer preguntas.
—Ya veo.
—Sí. De hecho, creo que sé quién puede ayudarnos ahora —explicó Darcy—. Vive en Londres, así que supongo que puedo ir a hacerle una visita ahora mismo.
—Voy contigo —dijo enseguida Lizzie.
—Y yo —señaló su padre—. Necesito alejarme de tu madre por un rato. No se calló en todo el viaje hasta aquí.
—Papá, creo que sería mejor que te quedaras. Lydia podría llamar a casa o algo así. Después de todo, los únicos de la familia en Londres son los Gardiner. Si quiere volver a casa, seguro que viene aquí primero.
—¿Tú crees?
—Digamos que estoy sesenta por ciento segura.
—Está bien, puedo quedarme aquí. Estaré atento a cualquier novedad, Lizzie —dijo el señor Bennet con una mueca. Lizzie podía entender que quisiera salir de casa. La voz de su madre, ahogada por la puerta cerrada de la sala, no se había callado desde que habían entrado.
—Todo va a estar bien, señor Bennet. Le prometo que encontraremos a Lydia —dijo Darcy.
—Eso espero, muchacho —respondió el aludido. Se veía más viejo y cansado de lo que Lizzie recordaba haberlo visto nunca—. Eso espero.
Darcy y Lizzie volvieron a salir a la calle. Con su teléfono, Darcy pidió un taxi a su ubicación.
—¿A dónde vamos? —preguntó Lizzie. Si necesitaba un taxi, lo más seguro era que no fuera un lugar muy lejos de ahí—. ¿Quién puede saber dónde están?
Darcy arrugó el ceño. Evidentemente, le estaba costando decir lo que pensaba, a pesar de la situación.
—Una amiga de mi hermana. Bueno, una chica que fingió ser amiga de Gigi —replicó él con los labios apretados—. Era una chica del pueblo cerca de Pemberley, amiga de Wickham desde pequeños. Ella fue la que los juntó hace unos años… cuando…
—Oh.
Lizzie recordaba lo que Darcy le había dicho acerca de Wickham y su hermana. Que él se había acostado con ella y la había dejado cruelmente después. Al menos no había pasado a mayores, pero la había usado para vengarse de Darcy. Y la pobre chica se había dado cuenta demasiado tarde.
—Está bien. Creo que ella puede ayudarnos. Supongo que siguen siendo amigos. Wickham no es muy bueno manteniendo amistades.
—¿Y cómo sabes dónde vive? —inquirió. Mal que mal, tenía la impresión de que Darcy no era particularmente cercano a esa chica. Y con razón. Después de todo, ella tenía que haber sabido cuáles eran las intenciones de Wickham con Gigi.
—Bueno, tenemos algunos amigos en común, de los veranos en Pemberley. Cuando veníamos aquí, les pregunté si tenían su dirección y me respondieron.
—No tienes que hacer esto, ¿sabes? —musitó Lizzie, que se había llevado las manos a los bolsillos para evitar destrozarse las uñas con los dientes—. No es tu hermana. Esto es mi responsabilidad, no tuya.
—No. Pero te dije que quiero hacerlo —respondió él, justo en el momento en que un taxi aparecía en la distancia y se dirigía a ellos—. Es distinto. Nuestro transporte —dijo cuando el auto se detuvo delante de ellos, al tiempo que le abría la puerta a Lizzie.
—Nuestro transporte.
Él se subió detrás de ella, dándole al conductor una dirección al norte de Londres. El hombre los miró con una expresión curiosa, pero no dijo nada al configurar su GPS. Mientras las calles de Londres pasaban frente a sus ojos, Lizzie no podía dejar de pensar en lo que había pasado. Le parecía que habían pasado siglos desde que se había levantado por la mañana. Y siglos desde ese momento en el auditorio.
Era absurdo pensarlo en esos momentos, con todo lo que había pasado. Su familia estaba preocupada por una de ellos y ella estaba pensando en un casi beso con Darcy. Se estaba comportando como una idiota adolescente, en lugar de una adulta con las prioridades claras. Miró de reojo al joven que tenía a su lado, que parecía estar muy entretenido viendo algo en su teléfono y tecleando a toda velocidad.
Sus palabras no dejaban su mente: «quiero hacerlo». ¿Por qué? ¿Por qué estaba dispuesto a hacer tantas cosas por alguien que sólo le había mostrado desprecio? Lizzie era perfectamente consciente de que no había sido amable con Darcy en ningún momento de su corta relación. O de lo que fuera que tenían.
Ni siquiera lo tenía claro.
—Darcy… —le dijo suavemente. Él levantó la mirada de la pantalla de su teléfono—. Sólo quería decirte que gracias. De verdad.
Él le sonrió.
—De nada, Lizzie.
Bueno, tengo noticias. ¿Recuerdan que cuando volví después de un año sin publicar comenté que era posible que me fuera a vivir a Reino Unido en unos meses? Bueno, ahora es oficial: en septiembre me iré a vivir por un año a Edimburgo, en Escocia. En teoría, esta historia debería estar terminando o terminada. En caso de que no esté lista, puede que me atrase un par de semanas. Pero les avisaré cuando tenga mis planes más claros. Ya saben que no pienso dejarlas en la estacada y el suspenso de lo sucede. Sí, estoy muy emocionada y nerviosa. Cuando me fui de casa de mis padres para la uni, me vine a una ciudad en la que viven casi todos mis parientes. Ahora es irme a otro país donde no conozco a nadie (buenoooo, tengo un amigo que vive allá. Con un apellido muy similar al de nuestro héroe romántico preferido) y evidentemente eso me provoca bastante ansiedad. Pero es mi sueño y no voy a dejar que la ansiedad me lo arruine.
En fin, ya veremos a quién le pide ayuda Darcy para la próxima semana.
¡Saludos!
Muselina
