Capítulo 37: Llevándote a casa
NdT: Sé que demoré un poco más, pero es que este capítulo estuvo muy extenso y me tomó tiempo revisarlo, disculpen si encuentran algún error, me quedé sin beta! Disfruten. A las que siguen mis otras traducciones de Sherlock Holmes además de esta: Actualizaré pronto!
Febrero, 1980
Remus miró a la multitud de hombres lobo reunidos en un círculo, miradas de sospecha y curiosidad dirigidas hacia él. Ellos le habían dado la oportunidad de hablar, y quería asegurarse de hacerlo bien porque hasta ahora esta era la colonia de hombres lobo más grande con la que se había cruzado. Remus se había recogido a propósito el cabello, para revelar su código de registro y su antigua cicatriz, asegurándose de que no tenía vergüenza de ser quien era. Necesitaba ganarse su confianza, ser respetado sólo por su apariencia.
—Vengo hacia ustedes esta noche en nombre de Dumbledore, pero déjenme decirles de antemano que mi mensaje es para todos ustedes —empezó Remus, irradiando confianza que hubiera sorprendido a todos los merodeadores—. Como sabrán, el poder de Voldemort está aumentando con rapidez y han habido asesinatos masivos en toda Europa. Entre muchos otros, los hombres lobo también han sido culpados por los varios ataques que han habido. Sean estas declaraciones verdad o simples rumores, no lo puedo saber. Lo que puedo confirmar es que nuestra especie está siendo culpada y asesinada por ello.
Hizo una pausa, esperando las distintas reacciones, estando atento a la furia, lástima, insolencia y más.
—Los periódicos no dejan de mencionar los triunfos del Ministerio sobre los hombres lobo; cientos de nuestros hermanos están siendo cazados y asesinados como animales mientras hablamos. Es hora, mis amigos, de causar un cambio en la mente humana, de considerarnos a nosotros mismos como iguales. ¡Es tiempo de que nosotros luchemos!
Hubo un bufido de burla del hombre que estaba al frente… el líder de la manada, Shikoh.
—¿Luchar? ¿Cuánto daño podemos hacer nosotros? Míranos —dijo, haciendo un gesto con la mano a todos los hombres lobo que estaban alrededor—. Vivimos en una casa abandonada, confinados por nuestro propio miedo de ser encontrados y cazados. Apenas podemos cuidarnos.
Remus sacudió su cabeza con lástima y remordimiento.
—Subestimas nuestro poder. Se nos ha otorgado una fuerza que ningún ser humano podrá poseer nunca, resistencia dominada por nuestras transformaciones cada mes, una especie de magia que los magos sólo pueden soñar conseguir. Aún así, ¿nos escondemos?
Sólo por un segundo, Remus pensó ver un rostro familiar entre la multitud y titubeó por la sorpresa de lo que quizás había visto. Pero el rostro desapareció tan pronto como había aparecido, y Remus negó con la cabeza, como aclarando sus pensamientos. ¿Tal vez la larga caminata estaba causando estragos?
Remus se limpió el sudor de su frente y continuó.
—Escondemos nuestras fuerzas del mundo, de Voldemort, de todos. Dumbledore los llama, mis hermanos; él les otorga una oportunidad de demostrar lo que valen. Les da una oportunidad de luchar contra lo que está mal y derribar la abominación que viene en forma de Voldemort.
Remus sabía que su odio por Voldemort ahora se mostraba; nunca se había sentido tan apasionado durante un discurso que había dado y esperaba que pudiesen ver lo que estaba tratando de decirles. Esperaba que esta misión, como todas las otras, no fuera un fracaso.
Remus respiró profundamente, su conclusión ya formándose en su cabeza mientras hablaba fuerte y claro.
—¡Yo, Remus Lupin, vengo a ustedes con una oportunidad de finalmente liderar nuestras vidas de la forma en la que nos la merecemos! Yo…
Hubo un jadeo colectivo de parte de la multitud y susurros apresurados que interrumpieron las siguientes palabras de Remus. Sonaban molestos, de hecho; muchos de ellos ahora le estaban dirigiendo miradas asesinas y observándolo como si fuera algo horroroso. Remus los miró, sorprendido, quedando de repente sin palabras; no había esperado una reacción tan violenta. Definitivamente no había esperado que se enojaran.
Remus dio un paso vacilante hacia Shikoh, queriendo preguntarle qué es lo que había hecho mal, y preguntarle el veredicto final. Apenas dio dos pasos hacia el líder cuando lo golpearon con fuerza en el rostro, mandándolo a volar hacia el suelo, la sangre esparciéndose sobre la piedra.
XxxxX
—Nos gustaría tener nuestros pedidos para hoy, por favor —espetó Lily a la mesera que parecía totalmente interesada en observar a Sirius sin siquiera fijarse en ella. Sirius, por su lado, parecía estar disfrutando la atención, regalándole una sonrisa indulgente antes de que se fuera—. Debería decirle a Remus que compre una correa más apretada. Honestamente, Sirius, ¿tienes que coquetear con cada mujer que te mire?
Sirius se encogió de hombros, recostándose en la silla.
—Bueno, todas me miran. ¿Qué otra cosa se supone que debo hacer? Además, no estaba coqueteando. Ella se me acercó. De todas formas, mi Lunático sabe que sólo tengo ojos para él.
Lily rodó sus ojos.
—¿Qué le vas a conseguir a tu Lunático para el próximo miércoles entonces?
Sirius alzó una ceja.
—¿Por qué? ¿Es su cumpleaños? No, espera, eso es en Marzo. ¿Es el día en el que regresa de su estúpida misión? Porque usualmente sólo follamos en ocasiones como esas.
Lily no estaba segura de si reír o llorar.
—Es San Valentín el próximo miércoles. ¿No hay algún tipo de regalo elaborado que hayas planeado para él?
Sirius frunció el ceño.
—¿Por qué? Nunca le regalé algo antes.
Lily tomó largas y profundas respiraciones para calmarse. La ira no era la mejor forma de llegar a un idiota cabeza dura como Sirius Black.
—Mira, no trates de buscar una razón, ¿sí? Quiero que le compres algo romántico a Remus para San Valentín que lo haga sentir especial y amado. Llévalo a cenar, vino, música, lo que sea, lo harás, ¿está claro?
—Pero…
Lily interrumpió las protestas de Sirius con una mirada severa.
—¿Está claro?
Sirius le dio un saludo de ejército como burla.
—Sí, señora.
Sirius hizo lugar para que la camarera pusiera la comida en la mesa, y le regaló una última sonrisa coqueta.
—¿Así que me vas a decir porque decidiste desayunar conmigo tan de repente?
—Tenía antojo de helado de chocolate y James está en práctica. Eras el único que podía llevarle —contestó Lily, tragando una cucharada de helado con voracidad—. Además, mi madre recién recogió mi primer informe de embarazo. Se suponía que debía haberlo obtenido antes, pero hubo una confusión masiva. Aparentemente, hay muchos Potter en el mundo. Estoy un poco nerviosa de verlo sola, ya sabes.
Sirius frunció el ceño con disgusto.
—Aún no sé porqué tu familia insiste en visitar esos hospitales muggles. San Mungo es el que tiene los sanadores más calificados del mundo y se debería confiar en ellos cuando te dicen que todo está bien. No ves a nuestros sanadores meter agujas y broches en las personas, ¿o sí? Te lo juro, si mi ahijado nace con un agujero en el rostro…
—Deja de joder, Sirius. Este hospital es el mejor de su clase. Es el mismo al que Petunia va, ¿sabes?
Cuando notó que Sirius no estaba comiendo su helado, se sirvió una cucharada y se la comió.
—Tienen los resultados del sexo del bebé en el informe; mamá pidió que los añadieran.
Sirius la miró con un interés renovados.
—¿Qué es lo que quieres? ¿Lo decidieron?
Lily negó con la cabeza.
—James dice que no importa siempre y cuando tenga habilidades en el Quidditch.
Sirius rió echando la cabeza hacia atrás.
—Ese bastardo presumido. Vamos, abre el sobre entonces. Veamos que es.
Lily tragó, asintiendo. Titubeando, abrió el sobre y sacó la pieza de papel que determinaría todo sobre el bebé… salud, vida, sexo… Sirius podía sentir que su piel se erizaba por la emoción. Incapaz de contener su emoción, sacudió su pie con impaciencia mientras veía los ojos de Lily escanear el papel, la sonrisa de su rostro haciéndose cada vez más grande cada segundo.
—Todo está bien —dijo finalmente—. ¡Es una niña!
Sirius saltó de su silla con alegría, haciendo un baile de felicidad y ocasionando que todos los de la tienda lo miraran como si se hubiera vuelto loco.
—¡Es una niña! ¡Es una niña! —cantó a la pequeña audiencia estupefacta que había adquirido.
Lily les sonrió débilmente con el rostro enrojecido de la vergüenza.
—Es su primera vez como padrino —explicó. La multitud asintió comprensivamente y alejó la mirada. Un par de ellos incluso la felicitaron—. Sirius Black, si no te sientas ahora mismo te voy a rebanar las piernas.
Sirius se sentó, sin aliento y sonriendo con alegría.
—Lily, será la pequeña niña de los merodeadores, después de ti, obviamente —dijo para tranquilizarla—. Pero, ¿qué es lo que quieres como regalo para la bebé? ¿Vestidos rosa, tutús? Oh, Remus y yo vimos un comercial en la TV el otro día que decía que "Dulce amor" era algo que toda chica debería tener. ¡No estoy seguro de que es aún, pero Remus dice que puede ser lápiz labial!
Lily gruñó.
—Y luego tendré que añadir un asiento de bebé en la moto, y esas nuevas escobas de bebé son simplemente…
Sirius de repente se estremeció violentamente en su asiento, sus desvaríos deteniéndose de golpe.
Lily lo miró con preocupación.
—Sirius, ¿estás bien?
Sirius parpadeó, frunciendo el ceño ligeramente. De repente se veía un poco pálido, y Lily puso una mano sobre la suya.
—Estoy bien —dijo tragando pesadamente—. Debe haber sido algo que comí.
Sirius sonrió de modo tranquilizador.
—Entonces, ¿en qué estábamos?
XxxxX
Remus no se quería levantar. No, eso no era; Remus no se podía levantar. Nunca se había sentido tan enfermo en toda su vida. Todo su cuerpo se sentía como si estuviera en llamas, y rezó por volver a perder la consciencia porque el dolor se sentía peor que mil transformaciones. No sabía dónde estaba. No sabía dónde estaba, qué es lo que estaba haciendo y cómo llegó allí, y porqué, porqué ese abrasador dolor no se detenía.
Alguien volvió a Remus de espaldas y lo hizo gritar de dolor, encorvándose como una firme pelota.
—¡Remus, despierta!
Quienquiera que fuera sonaba mucho como un ratón, o quizás ardilla, o puede que simplemente Remus tuviera sus oídos resonando.
—¡Remus! ¡Maldición, Garra, dame el antídoto!
Remus sólo tuvo el tiempo para cuestionar el nombre "Garra" cuando una mano abrió su boca a la fuerza y vertió un líquido amargo en su garganta. Su reflejo nauseoso se disparó casi instantáneamente, pero una fuerte mano mantuvo su boca cerrada, forzándolo a tragar cada gota. Pudo sentir el fluído bajar por su garganta, amargo y caliente, pero extrañamente relajante cuando disminuyó el agonizante dolor a algo más tolerable.
Remus abrió los ojos, queriendo agradecerle a quienquiera que fuera y se encontró con una conocida cabellera rubia rojiza.
—¿Rubel?
Parpadeó los ojos con rapidez, obligando a que su visión se aclarara y confirmara que nada de esto era un producto de su imaginación.
—¡Rubel! ¡Eres tú! ¡Pensé que estaba alucinando cuando te vi en el campamento! ¡Estás vivo! —dijo Remus en un solo susurro excitado, finalizando con un ataque de tos.
—Rubel.
Otra voz dijo con severidad, y sólo entonces Remus se dio cuenta de la otra presencia en la habitación, presuntamente el que se llamaba Garra. No tenía mucha pinta de Garra, para ser honesto. Era mayor, casi de la edad de Remus y se veía casi dócil con su cabello rubio, cálidos ojos marrones, y rasgos faciales pequeños.
—Rubel, si planeas hacer esto, necesitamos apurarnos. No queda mucho tiempo antes de que los otros se despierten.
Rubel asintió, estirando una mano hacia Remus para ayudarlo a levantarse. Remus la tomó, poniéndose inestablemente de pie y casi cayendo de nuevo al suelo sino hubiera sido sostenido por Garra.
—Has sido envenenado con plata —explicó Garra cuando forzó caminar Remus, empujándolo y jalándolo como si fuera un muñeco de trapo. Plata. Por alguna razón, el conocimiento no hizo nada en la ya descompuesta salud de Remus. De hecho, la comprensión hizo que su estómago se sacudiera y sus entrañas crearan la peor sensación de náuseas. Plata. Trató de distraerse mirando a otro lugar y, por primera vez, notó sus alrededores.
Estaban en un húmedo y polvoriento sótano, el suelo cubierto en muchos lugares por moho y hongos que no podía identificar. Todo lo que sabía era que olía horrible, como a cadáveres podridos, y era increíble como no lo había notado antes a través de todo el dolor que había sentido.
—Te hemos dado el antídoto, pero necesitamos sacarte de aquí antes de que haga efecto por completo y te haga muy débil. Necesitamos tiempo para montar una fuga —explicó mejor Garra, mientras casi arrastraba todo el cuerpo de Remus por la puerta, haciéndolo tropezar y trastabillar con sus pies. Vagamente, a través de toda la información, Remus registró que Garra era aparentemente fuerte.
—¿Por qué? —preguntó Remus, sorprendido por lo ronca que su voz sonaba—. ¿Por qué me envenenaron? Yo no hice nada.
Garra bufó como si no creyera en lo más mínimo a Remus.
—Eso es lo que Rubel también dice. Que eres inocente, que no eres la razón por la cual la mitad de nosotros somos huérfanos o indigentes ahora.
Remus parpadeó, sin entender mucho. Estaba a punto de preguntarle a Garra cuando Rubel habló por primera vez, sosteniendo la mano de Remus con fuerza.
—¡Lo es! ¡Te lo dije, Garra! ¿Por qué no me crees? —preguntó con la voz rota por la ira.
—Confío en ti, Rubel, es por eso que accedí a ayudarte —respondió Garra con rigidez. Empujó a Remus contra la pared mientras veía los pasillos por si había alguien—. Pero nadie del exterior conocía nuestro campamento, excepto él, así que no veo a quien más culpar que a Lupin por el incendio.
Remus cerró los ojos cuando otro ataque de náuseas invadió sus sentidos.
—Yo no lo hice —dijo con esfuerzo, mirando a Rubel a los ojos, deseando que el niño le creyera. No sabía porqué era importante que un niño de siete años creyera su inocencia, pero así era—. Sé que no me creen, pero Greyback los estaba usando. Los estaba usando a todos para ayudar a más.
Rubel asintió.
—Te llevaremos a casa, Remus —dijo sonriendo lentamente, jalando las manos de Remus como un niño impaciente—. Garra algún vez fue un mago; sabe cómo aparecerse. Hay un área cerca de aquí que no está cubierta por ningún escudo.
—Ven conmigo —espiró Remus—. Te busqué después del incendio, pero me dijeron que habías muerto. Puedo darte un hogar.
Garra rió en silencio, negando con la cabeza. Rubel, por otro lado, lo miró con añoranza.
—N-no puedo —tartamudeó con tristeza—. M-mi hermano de manada… Garra… está aquí y cuida de mí. Él me salvó y no lo voy a dejar.
El agarre de Garra en el hombro de Remus se apretó dolorosamente.
—No tenemos lugar entre los magos, Lupin. No ilusiones al niño con ideas tan ridículas.
—Dumbledore me dejó entrar; ustedes no son diferentes —razonó Remus mientras lo arrastraban y sostenían contra una pared cercana.
—Tú… mi esencia es diferente —respondió Rubel con tristeza—. No es como la tuya. No es buena… ni pura, como la tuya.
—Rubel...
—Dinos donde vives —interrumpió Rubel, con la voz extrañamente fuerte para un niño de su edad—. Garra te aparecerá allí.
—No —protestó Remus débilmente, sintiéndose desamparado por la situación física y emocionalmente. Aún así, incluso a pesar de estar mareado y angustiado, tuvo la suficiente claridad mental para no dar su ubicación. Si alguno de los hombres lobo decidía volverse en contra suya, entonces la vida de Sirius correría peligro, y Remus no quería aquello—. No, sólo apareceme en la ciudad. Me las arreglaré allí.
—Remus, perderás el conocimiento a medio camino. ¡Deja que Garra te lleve! —susurró Rubel con insistencia, apretando la mano de Remus con tanta fuerza que dolía—. ¡Por favor!
—¡No! ¡Cuanto más tiempo pierdan, será más difícil sacarme de aquí!
Remus descansó su mejilla contra la pared, permitiendo que la fría piedra calmara la migraña que podía sentir venir.
—Me estoy poniendo más débil cada segundo, y si no se apresuran, los encontrarán.
Rubel y Garra se miraron el uno al otro; Rubel se veía dubitativo de soltarlo, pero Garra no le dio oportunidad para protestar cuando agarró el antebrazo de Remus e inmediatamente los apareció en Londres. Remus no tenía idea de donde estaba, y ni siquiera tenía la fuerza para preguntarle a Garra antes de que desapareciese. Estaba demasiado oscuro para descifrar algún letrero con el nombre de la calle, y la visión de Remus y su mente deteriorada estaban demostrándole que no podía siquiera caminar dos pasos sin tropezar y caer.
Desde lejos, pudo divisar el amarillo letrero de un taxi dirigiéndose hacia donde estaba, y rápidamente estiró el brazo. El resto del viaje fue un borrón total para Remus. Ni siquiera estaba seguro de haber dicho la dirección correcta. Remus estaba seguro de que había perdido el conocimiento un par de veces, porque no podía recordar ninguna parte del viaje en el taxi, ni siquiera recordaba haberle dado dinero al conductor cuando salió del coche. No estaba ni seguro qué tipo de fuerza lo guió escaleras arriba al apartamento, porque definitivamente no estaba consciente y no sentía las piernas; colapsó ni bien llegó al dormitorio, al lado de la cama.
—Canuto —llamó Remus, su garganta dolía con cada sílaba. Deseaba simplemente poder dormirse, pero sabía que las cosas serían peor si lo hacía—. Sirius...
Sirius arrugó el rostro, alejándolo del de Remus.
—Mm, Lunático, ahora no; estoy cansado.
—Sirius, despierta, yo…
Remus se rompió bajo una tos ruinosa, salpicando sangre en sus manos y el suelo. Trató detenerla, controlarla, pero cuanto más se esforzaba peor se volvía.
—¿Lunático? ¿Volviste?
Sirius se sentó de inmediato, su mano yendo reflexivamente hacia su varita y conjurando un rápido Lumos.
—¡Remus, ¿qué… ¡puto infierno! —jadeó Sirius, saltando de la cama al lado de Remus—. ¿Qué pasó? ¿Qué es todo esto?
Remus pudo escuchar la respiración de Sirius acelerarse por el pánico, y puso una temblorosa mano sobre el hombro de Sirius para tranquilizarlo.
—Cálmate, estoy bien.
El sentimiento se perdió cuando Remus vómito sobre el suelo una mezcla de comida, bilis, sangre e incluso algo de plata.
—Oh, Merlín, oh mierda, necesitamos ir a San Mungo. Necesitamos… mierda, tengo que agarrar tus papeles. Están en el armario. Sólo los...
Remus agarró a Sirius de la manga de su camisa.
—No… San Mungo no… —jadeó, cada palabra costándole mucha energía. Tragó con fuerza, tratando de apaciguar el dolor en su garganta, entrañas y cada centímetro de su cuerpo—. Es plata… tomé el antídoto… está funcionando…
Sirius pareció a punto de desmayarse y acunó la cabeza de Remus en actitud protectora.
—¿Plata? ¿Cómo? ¿Quién te hizo esto?
—Mamá… necesito a mamá…
—Remus, este no es momento para pedir a tu madre. Podemos ir rápido a un hospital; puedo conseguirte un sanador en cinco segundos. ¡Que gran mierda; plata!
—Nadie debe saber… mamá puede ayudar —insistió Remus, queriendo explicar el porqué y el como, pero incapaz de encontrar la fuerza para hacerlo. Miró a Sirius con los ojos borrosos, dispuesto a que comprendiera y no perdiera más tiempo haciendo preguntas.
Sirius se mostró indeciso por un minuto y Remus estaba seguro de que las cosas iban a terminar horriblemente mal. Se estaba preparando para rendirse de que Sirius lo escuchara, dejando que sus ojos se cerraran y se rindieran a la oscuridad que estaba empezando a tomar el control de las esquinas de sus ojos. Sin embargo, sus párpados se abrieron de impresión cuando sintió el familiar jalón de una aparición y la incomodidad de un mal conjurado hechizo de levitación cuando Sirius se apresuró en dirigirse a la cabaña de los Lupin y golpeó la puerta frenéticamente.
—¡Sra. Lupin, abra la puerta! ¡Soy yo, Sirius!
La puerta chirrió al abrirse y Remus sintió que era empujado a entrar a la fuerza, el hechizo de levitación ya ido y sólo el peso de Sirius apoyándolo a subir las escaleras a un lugar que olía muy familiar… su viejo dormitorio.
—Sirius, ¿qué pasó? ¿Qué le sucede a Remus?
Remus ahora sólo escuchaba en su mayoría sonidos; sus ojos se habían rodado a la parte posterior de su cabeza, ocasionalmente otorgándole borrosas figuras de un consternado Sirius y su madre. Deseaba poder hablarles, explicarles todo y tranquilizarlos de que todo estaba bien. Quería decirles que ahora estaría bien, que quería venir con su madre porque ella sabía cómo reducir el dolor y hacerlo sanar incluso más rápido. Desafortunadamente, su garganta había dejado de funcionar hace mucho.
—Envenenamiento por plata. Dijo que tomó el antídoto, pero dios, está hecho un desastre. Está sangrando y vomitando, y no tengo idea de que es lo que quiere, pero dijo que tú sabrías qué hacer. Ayúdalo, por favor, por favor.
—Si está vomitando, es una buena señal. Significa que el antídoto está funcionando. Convoca una bolsa con tu varita. Es azul y tiene medicina; está en mi dormitorio. Rápido.
—Espera, estas son pociones. ¿Cómo sé que estás usando la correcta? Eres una muggle; podrías envenenarlo.
—Sé cómo cuidar de mi hijo, Sirius; pasó por lo mismo cuando recibió su código de registro. Mira, va a empezar a tener fiebre, así que necesito que traigas un termómetro así puedo frenarla antes de que sea fatal.
—¿Qué es un termo…?
—¡Tubo azul, gabinete del baño, ve ahora!
Le hizo tragar a Remus un líquido ardiente que agitó su garganta incluso más, haciendo que gritara en silencio. Las lágrimas corrieron por sus ojos, y buscó a su madre con la mano de puro instinto, buscándola y queriendo estar con ella.
Del sostuvo su mano, entrelazando sus dedos.
—Remus, no te asustes, ¿me escuchas? No te asustes.
Remus no estaba seguro si asintió con la cabeza o no. Definitivamente había sido su intención, pero su mente y cuerpo parecían estar enteramente trastornados y descoordinados. No te asustes, se dijo a sí mismo, preguntándose si sus ojos estaban abiertos o cerrados ahora. No te asustes. No te asustes. No te asustes. Manteniendo ese mantra en su cabeza, Remus dejó escapar un largo aliento y perdió la consciencia.
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Sirius se despertó, sintiéndose completamente miserable y gruñón por haber interrumpido su sueño. No podía saber exactamente qué es lo que lo despertó, pero cuando se volvió hacia un lado, estaba dispuesto a encontrar lo que hubiera sido y golpearlo. A ciegas, buscó la familiar calidez de Remus.
Fue cuando su cansado cerebro finalmente registró que estaba buscando en un espacio vacío que los ojos de Sirius se abrieron de golpe.
—Lunático.
Sirius se incorporó, parpadeando rápidamente, y de repente, su cuerpo entero se dio cuenta de todo lo que lo rodeaba. La falta de familiaridad del dormitorio a pesar de haber pasado varios veranos de su niñez allí; el frío que estaba asentándose profundamente en sus huesos, haciendo que sus dientes castañearan, el viento soplando a través de la hendidura de la ventana, y los sonidos amortiguados de alguien teniendo una discusión muy cerca. Sirius adivinó sin equivocarse que esa seguramente fue la razón por la cual se despertó tan abruptamente.
La discusión se estaba volviendo más ruidosa ahora, y aunque Sirius no podía comprender con exactitud las palabras que intercambiaban, reconoció la voz de Remus al instante. Asumió que la otra voz femenina era la de la Sra. Lupin.
Por un momento, Sirius simplemente se quedó allí, no queriendo moverse de su cómoda posición en la cama y salir al frío; pero la curiosidad finalmente lo derrotó y lo forzó a sentarse. Temblando, envolvió la sábana alrededor de él con fuerza y se pusó un par de pantuflas que probablemente eran de Remus, dado que Sirius había venido descalzo.
—Remus, ¿podrías por favor sólo escucharme?
Sirius se asomó por la rendija de la habitación de la Sra. Lupin en silencio, no queriendo que lo descubrieran espiando en un momento así. No podía ver bien donde estaba la madre de Remus, pero encontró a su amado inmediatamente, caminando de un lado al otro como un tigre merodeando. Vagamente, Sirius se preguntó si era saludable para él gastar tanta energía después del sufrimiento de anoche.
—¡No entiendo porqué siempre tienes que mencionar este tema siempre que vengo, mamá!
Remus pasó una mano por su cabello, retirando un mechón de sus ojos.
—¿Por qué simplemente no puedes dejarlo y aceptarlo?
—¡Todo sobre ti siempre ha sido aceptación, Remus!
Sirius pudo escuchar a la Sra. Lupin gritar desde algún lugar en la habitación.
—¡Acepté que querías ser un mago, acepté sin duda alguna que eras un hombre lobo, acepté que eras homosexual, acepté que amabas a Sirius; pero no aceptaré que vengas a la puerta de mi casa medio muerto! ¡No lo aceptaré, Remus!
—¡Fue un error! —espetó Remus, volviéndose de tal forma que Sirius no podía ver más su rostro—. ¡No fue su intención!
Hubo un sonido de algo estrellándose contra el piso, y Sirius finalmente comprendió de quien sacó Remus sus raras explosiones de ira. Era la primera vez que había visto a la Sra. Lupin tan enojada.
—¡Pisar el pie de alguien es un error! ¡Verter tanta cantidad de plata en tu sangre no lo es!
—Yo…
—No sé porqué me sigo tomando la molestia de discutir contigo, Remus. Nunca me escuchaste, y vas a conseguir que te maten sin importar lo que diga. Estás volviéndote tal y como tu padre.
—Bueno, ese es el problema, ¿no? —preguntó Remus con la voz rota, y Sirius sólo tuvo segundos para moverse hacia las sombras antes de que Remus saliera de la habitación lleno de ira.
Mientras veía a Remus correr escalera abajo, dos escalones a la vez, claramente angustiado y enojado, Sirius se preguntó si debería ir detrás de él. Hacerlo sería revelar que había estado escuchándolo, y por alguna razón, aquella idea no le parecía muy atractiva. Escuchó un sollozo ahogado desde adentro de la habitación, y entró, sintiéndose increíblemente incómodo y consciente de sus extremidades cuando vio a la Sra. Lupin llorar sobre sus manos.
—¿Se encuentra bien, Sra. Lupin?
Era la pregunta más estúpida que Sirius podría haber hecho; claramente se encontraba de todas formas pero menos "bien".
La Sra. Lupin alzó la mirada y sonrió débilmente.
—Estoy bien, Sirius. Siento que hayas tenido que ver todo eso.
Sirius se encogió de hombros, mirando sus pies.
—No estuve allí por mucho tiempo. Realmente no quise escuchar a escondidas.
—Está bien, cariño —respondió, limpiándose los ojos.
—Realmente lo siento —dijo, sintiéndose completamente inútil—. Por todo.
La Sra. Lupin negó con la cabeza.
—No es tu culpa, Sirius. Hazme un favor y ve tras él, ¿sí? Asegurate que no se haga daño.
Sirius asintió.
—Sí, señora.
Sirius no se tomó la molestia de correr sin rumbo por Remus; sabía que Remus no tenía lugar a donde escaparse, excepto al apartamento de Londres. Así que, Sirius simplemente salió de las barreras protectoras de los Lupin y se apareció allí instantáneamente.
—Lunático, estás…
Sirius ni siquiera tuvo tiempo para reponerse de la sensación de mareo que sentía siempre que se aparecía con rapidez, pues sintió su espalda colisionar contra la pared y su boca ser atrapada en el beso más brusco que Remus nunca le había dado. Las manos de Sirius trataron de empujar a Remus, pero fue en vano. Remus estaba sujetándolo con todo su cuerpo, una mano reteniendo el hombro de Sirius y la otra en su espalda baja, manteniéndolo con éxito atrapado en esa posición.
—Remus, suéltame…
Fue cuando las manos de Remus se deslizaron por debajo de sus pantalones de pijama que Sirius reunió la fuerza suficiente para sacárselo de encima.
—¿Qué mierda estás haciendo? —gritó Sirius, sintiendo la sangre y adrenalina pulsar y golpear su cabeza por la tremenda furia que estaba sintiendo. Le enfadaba incluso más que Remus lo mirara con una expresión de sorpresa—. ¡Nunca hagas eso de nuevo, Remus! ¡Nunca!
—Yo…
—¡No uses los sentimientos que tengo por ti como una especie de herramienta o para un polvo fácil!
—¡Ya no sé qué hacer! —gritó Remus, agarrando su cabello con fuerza—. ¡No sé!
Se veía como si estuviera a punto de llorar y Sirius encontró a su ira desvanecida ante aquella vista.
—Remus…
—¡Ella nunca me comprendió! ¡Ni siquiera cuando papá estaba aquí, pero hora ni siquiera hace el intento!
Sirius se acercó lentamente, tomando la mano de Remus y atrayéndolo en un abrazo.
—¡No importa lo que haga, Canuto, es como si simplemente estuviera esperando encontrar un error mío! ¡Lo he intentado, pero ya ni siquiera soporto estar con ella bajo un mismo techo!
Se aferró a la camiseta de Sirius, acercándolo más.
—Shh —susurró Sirius, pasando sus dedos por el cabello de Remus—. Ya está.
—Debo sonar como una persona horrible por decir esas cosas sobre mi propia madre.
—Estás hablando con la persona equivocada para decir eso —dijo Sirius, tratando de mantener su voz ligera. Remus rió débilmente sobre el cuello de Sirius.
—La amo, Sirius, como no te puedes imaginar, pero…
—Pero no comprende porque siempre estás tratando de matarte —dijo Sirius, su voz no dejando el desdén que sentía por Dumbledore, quien había mandado a Remus a otra misión mortal.
—Es mi…
—Trabajo, ya lo sé, ya lo sé.
Sirius meció sus cuerpos juntos lentamente, descansado su barbilla sobre el hombro de Remus.
—Siento haber… ya sabes… no fue mi intención hacerte daño. No sé que estaba pensando. Simplemente...
—Lo sé. Está bien. Sólo no lo hagas de nuevo, ¿sí? No me… sólo cuéntame y te ayudaré, ya sabes eso. Siempre estoy aquí.
Escuchó a Remus musitar en su oído, susurrando disculpas una y otra vez.
—¿Te sientes mejor ahora?
Sirius sintió que Remus sacudió la cabeza.
—¿Te gustaría ir a dar una vuelta? Podemos olvidarnos de todo lo que sucedió hoy día y desayunar por ahí.
Remus asintió.
—Tendrás que soltarme primero.
Remus negó con la cabeza, sosteniendo a Sirius con más fuerza, haciéndolo reír.
—Como desees —dijo antes de aparecerse en su pequeño garaje improvisado.
—Cambiaste el cuero —comentó Remus cuando finalmente soltó a Sirius lo suficiente como para ver la motocicleta.
Sirius miró su moto, brillante y encerada a la perfección.
—No tenía otra cosa que hacer, así que mimé a la moto por un rato. Cambié el motor, reforzé los encantamientos de levitación para un mayor control…
—Como si no te obsesionaras sobre la cosa lo suficiente conmigo aquí —dijo Remus sonriendo, pero Sirius creyó escuchar un poco de celos en su voz.
—¿Quieres manejar hoy? —preguntó Sirius, tomando sus guantes y casco de una percha.
Remus se volvió, sorprendido.
—¿Yo?
Sirius se encogió de hombros.
—Claro, si quieres.
Era extraño como Sirius estaba otorgándole el control de su amada motocicleta con tanta facilidad cuando no había sido más que posesivo cuando consiguio el suficiente dinero para comprarla. No había dejado siquiera que James la tocara, ni montara.
Remus miró a la moto con una expresión ilegible.
—Pero no sé como.
—Es por eso que estoy aquí —dijo Sirius, besando a Remus en la mejilla y poniendo el casco en su cabeza—. Estaré detrás tuyo todo el tiempo, así que no tengas miedo de caerte, ¿está bien?
Remus dejó que Sirius le pusiera los guantes.
—No tengo miedo de caerme. He estado antes en una moto… sólo que no de conductor. ¿Qué pasa si la estrello?
—Entonces te dejaré para siempre y nunca te volveré a hablar de nuevo —respondió Sirius completamente serio, y se echó a reír cuando vio la expresión incrédula en el rostro de Remus—. Vamos, sube —exigió, dándole una palmada en el trasero—. ¡Iré a abrir la puerta!
—¡Canuto, no, Sirius! —gritó Remus cuando Sirius presionó el acelerador e inclinó la motocicleta sobre una rueda antes de elevarla hacia el cielo—. ¡Canuto, es de día, joder! ¡Aterriza! ¡Todos los muggles van a creer que se han vuelto locos!
Sirius inclinó su cuerpo contra la espalda de Remus, guiando las manos de su amado por encima de los manubrios, mientras besaba su nuca.
—No te preocupes, amor. Instalé una cosa más mientras no estabas.
—Definitivamente no es un cerebro, eso puedo saberlo.
Remus giró a la derecha para evitar una paloma muy gorda.
—Palos y piedras, Lunático —contestó Sirius con picardía antes de estirar la mano por debajo del manubrio y presionar el escudo de invisibilidad—. Es brillante, ¿no? Somos invisibles para todos, menos para nosotros mismos. Si alguien mira haci arriba todo lo que verán es un pedazo reluciente de cielo.
—Y pensarán que el cielo está observándolos. Sí, es ingenioso —respondió Sirius con sarcasmo—. Mañana estaremos en la TV como OVNIS anónimos.
—¿Realmente lo crees? Nunca he estado en la televisión antes.
—¿En serio? Porque yo he sido una estrella de telenovela desde los trece.
Sirius rió.
—Ese es mi Lunático sarcástico. Es bueno tenerte de vuelta. Te extrañé, ¿sabes?
Presionó sus manos alrededor de Remus amorosamente incluso cuando no había más necesidad de que Sirius lo guiara; Remus estaba haciéndolo bien solo.
—Realmente me asustaste anoche.
—Lo siento.
Remus sonaba realmente arrepentido, aunque Sirius no encontraba una razón porqué.
—¿Cómo sucedió esto, Lunático? Creí que habías dicho que eran amigables, que estaban dispuestos a escucharte e incluso unirse.
Remus suspiró con pesadez.
—Fue un malentendido. Muchos de ellos fueron sobrevivientes del campamento de Greyback. Ellos creen que estoy detrás del incendio y de la multitud enfurecida.
—Mierda.
—No lo sabía, sólo hasta cuando me envenenaron. No fue una dosis muy grande.. sólo lo suficiente como para debilitarme por unos buenos tres días.
—Hasta la luna llena. Bastardos —susurró Sirius, juntando toda la información. Sentía un odio abrasador por esos hombres lobo que ni siquiera le habían dado una oportunidad a Remus para explicarse—. ¿Cómo saliste? ¿Cómo te escapaste?
—Prometí que no lo contaría, Canuto.
Remus soltó uno de los manubrios para estirar su mano hacia atrás y acariciar la mejilla de Sirius. El cuero se sentía pegajoso e incómodo contra su piel, y Sirius no pudo evitar sentirse un poco disgustado por la reticencia de Remus a darle detalles de nuevo. Como sintiendo su desdén, Remus continuó con su explicación.
—No es porque no confíe en ti, ya sabes eso. Dejaría mi vida en tus manos, pero la información que tengo concierne a más de una persona. Si fueras capturado, torturado, o incluso maldecido, Canuto, serían muchos problemas para muchas otras personas.
Una parte de Sirius sabía que lo que Remus decía era razonable, pero eso no significaba que tuviera que gustarle o aceptarlo. Podía, sin embargo, ignorarlo.
—Siéntate bien —advirtió Sirius antes de acelerar y volver la motocicleta en una vuelta de tresciento sesenta grados.
Remus gritó como una chica, tomado por sorpresa, y se aferró a la moto para salvar su vida cuando sintió moverse de cabeza a través del cielo durante diez segundos, los diez segundos más largos de su vida.
—¡Sirius, estúpido! ¡Te mataré! —gritó por encima de la risa de Sirius que era como un ladrido. Era emocionante, peligroso, vertiginoso y tan liberador de todo lo que había pasado en las últimas veinticuatro horas que Sirius no pudo contenerse así mismo de dar vueltas y vueltas una y otra vez mientras reía—. ¡Lo juro, te mataré cuando lleguemos a casa!
Sirius siguió riendo incluso después de enderezar la motocicleta con Remus aún temblando contra él.
—Divertido, ¿verdad?
Remus lo golpeó con fuerza en la pierna.
—Estaba demasiado ocupado en no morirme para notarlo.
Hizo un puchero y golpeó a Sirius de nuevo, y lo único que el animago hizo fue reír.
—Te odio.
—Lástima —dijo Sirius riendo, dirigiendo la motocicleta por encima de las nubes—. He escuchado que el amor no correspondido es una mierda.
XxxxX
Lily le dio a Remus su té.
—Pensé que Sirius vendría contigo.
Remus, James y Lily estaban sentados en la cocina del apartamento de los Potter, esperando a que Sirius llegara para poder cenar juntos. Remus nunca había visto el apartamento tan desordenado; no con Lily alrededor para siempre mantenerlo impecable. Habían cajas etiquetadas alrededor del suelo, ropas, y otros cachivaches tirados en todo el sofá. Parecía que James y Lily estaban tomando en serio su mudanza al Valle de Godric.
Remus le dio un sorbo a su té, quemándose la lengua en el proceso.
—Le dije que querías cenar la noche de San Valentín junto a nosotros, y me dijo que no era una razón tan importante como para faltar al trabajo
Lily musitó.
—Pero termina a las seis, ¿no es así? Ya son casi las siete; ya debería estar aquí.
Remus se encogió de hombros.
—Ya conoces a Canuto. Probablemente vio algo brillante en el camino y se distrajo.
James rió, pero Lily frunció el ceño con desaprobación.
—¿Crees que esté en problemas?
—Nah, ya lo hubiera sabido —dijo Remus, inclinando su silla sobre las patas traseras, en una forma que Lily vio como muy característica de Sirius—. Lo peor que puede suceder es que Canuto sufra una despartición por apresurarse.
James miró a Lily de manera inquisitiva.
—Remus —dijo lentamente—. Ehm, le conté a James… sobre tu conexión con Sirius. Pensé que podría ser capaz de ayudar.
Remus no pareció ofenderse por su confesión, y Lily llegó a la conclusión de que fue estúpido pensar que lo haría, dada la amistad cercana que él y James compartían. Remus miró a su mejor amigo con una ceja levantada.
—¿Fuiste capaz de… ayudar?
James negó con la cabeza.
—Me temo que no. Quiero decir, sabía que ustedes tenían esa conexión, incluso antes de que Lily me lo dijera.
Acercó su silla a Remus, como si se preparara para contarle un secreto.
—¿Recuerdas cuando estábamos en la escuela? Siempre sabías cuando Sirius estaba alrededor, ¿verdad? Nunca fuiste capaz de hacer eso con nadie más, y bueno, ¿recuerdas cómo me puse celoso por eso una vez?
Remus sonrió.
—¿Cómo podría olvidar el berrinche que hiciste?
James lo golpeó en la cabeza, y Lily de repente se sintió perdida entre ellos dos. Se dio cuenta lo mucho que admiraba la cercana amistad, Lily apenas sabía algo sobre los merodeadores. Se decidió interiormente averiguar más sobre ellos.
—Es más fuerte ahora que Remus y Sirius están, bueno… juntos —dijo Lily, interrumpiendo la pelea verbal entre los dos chicos.
James se encogió de hombros despreocupadamente.
—Sí, pero es seguro siempre y cuando se mantenga sólo como una conexión mental como dijiste. Quiero decir, si Canuto es herido, no hay razón por la cual Lunático tenga que estarlo también.
—El cuerpo no puede vivir sin la mente —discutió Lily—. Lo afectaría hasta cierto punto, creo.
—Miren, dejémoslo, ¿está bien? —espetó Remus, obviamente sintiéndose incómodo por ser el centro de la conversación—. Sólo es uno de aquellos misterios de la magia que nunca podremos resolver.
—¿Le pasa a Canuto también? —continuó James, sin prestarle atención—. No recuerdo que haya sucedido algo parecido cuando estábamos en la escuela.
—Remus cree que puede que sí, pero no estamos seguros aún. Dado lo distraído que es Sirius, probablemente ni lo haya notado aún.
—Hay un modo de descubrirlo —dijo James, con los ojos brillando por el entusiasmo—. ¡He estado pensando y queriendo probar la teoría desde hace milenios! ¿Qué dices, Lunático?
Remus se encogió de hombros.
—Claro, siempre y cuando no termine muerto, o peor, desnudo en plena carretera.
Lily miró a su esposo sospechosamente. Los experimentos de James raramente significaban algo bueno.
—No creo que debas hacerlo, James.
—Sólo es un pequeño corte en la muñeca, lo prometo. Si es algo que amenaza su vida, y Sirius realmente tiene esa conexión, lo sentirá.
—¿Estás loco, James? —gritó Lily, sorprendida por la sugerencia—. ¡Podrías romperle una vena! No, absolutamente no. Me rehuso a…
—Hazlo —interrumpió Remus, su rostro mostrándose extrañamente determinado—. No me importa.
—Remus, no.
Remus alcanzó uno de los cuchillos más pequeños de la encimera y lo presionó en las manos de James, evitando con poco tacto los ojos de Lily.
—No será muy profundo. Sólo romperé la piel, ¿está bien? —dijo James, balanceando el cuchillo entre sus dedos, y mostrándose un poco más indeciso ahora que finalmente iba a suceder lo que quería—. Dime si realmente duele.
Remus asintió, mirando como James llevaba el filo a su muñeca. Lily observó, horrorizada y sorprendida al mismo tiempo cuando la única indicación de dolor de Remus fue un pequeño tic en su mandíbula cuando el cuchillo atravesó su piel. El hombre lobo tenía que tener un sorprendente umbral de dolor para mostrarse tan impasible.
—James, detente —rogó Lily, tratando de no mirar el hilo de sangre que bajaba por la muñeca de Remus.
James alzó la mirada perplejo hacia Remus, quien simplemente negó con la cabeza.
—Estoy bien. Puedes cortar más profundo si quieres.
James inhaló temblorosamente, pero asintió, empujando el filo más adentro de la muñeca de Remus, haciendo que los dedos del hombre lobo temblaran ligeramente en respuesta. Movió el filo un poco más hacia adelante, hacia la piel intacta, obviamente no queriendo empeorar la herida que ya había hecho por si se volvía mortal. La mano de James temblaba como una hoja mientras lo hacía, y Lily podía saber claramente por la expresión de su rostro que una parte de él estaba aterrorizada y asqueada de lo que estaba haciendo.
—Lunático, yo…
El teléfono sonó de repente, rompiendo el silencio y sorprendiendo a los tres. Remus, James y Lily se miraron entre ellos simultáneamente. Sus expresiones eran un reflejo que mostraba con claridad el mismo pensamiento que pasaba por cada una de sus cabezas: ¿había Sirius sentido algo y llamado?
—V-ve a atender —dijo James a Remus tartamudeando después del cuarto timbrado. Recogió el trapo de la cocina, lo dobló en dos, y lo amarró con fuerza alrededor de la muñeca de Remus con dedos temblorosos—. Arreglaremos esto después, ve.
—Y ponlo en altavoz —recordó Lily justo cuando Remus respondió el teléfono con un tembloroso "hola".
—¡Lunático!
La voz de Sirius sonó con fuerza y con una certero tono de urgencia.
—¡Estaba esperando que justo atendieras tú!
Remus volvió la mirada hacia ellos con nerviosismo, flexionando su corte en la muñeca casi inconscientemente.
—¿Cómo estás? ¿Qué has estado haciendo, eh?
—Estoy bien, Canuto —respondió Remus, esta vez sonriendo, y Lily sintió que hubo cierta satisfacción en esa sonrisa por haber probado que todo era verdad. Como si leyera sus pensamientos, Remus miró a James con una ceja alzada.
—Bien, bien, sólo dame un minuto para que estos molestos se vayan. Están tratando de agarrar el teléfono y escuchar.
Vagamente, escucharon a Sirius regañar a alguien en el fondo.
—¡Oye, me dieron una llamada, y no quiero hacerla si es que van a estar escuchándola, ¿está claro?! ¡Vayanse!
Los tres parpadearon.
—¡Finalmente! —exclamó Sirius—. ¡Lunático, nunca vas a adivinar dónde estoy! ¡Adivina, adivina, vamos!
Lily tuvo la imagen mental más rara de Sirius saltando de un lado a otro emocionado mientras hablaba.
—¡Es un lugar realmente fantástico! —dijo como pista, con el entusiasmo apenas controlado en su voz.
Remus se encogió de hombros.
—Ehm, ¿el Caldero Chorreante?
—No, no, puedes hacer algo mejor que eso, Lunático —reprendió Sirius—. ¡Vamos! ¡Es la cosa más salvaje de todas!
Lily rodó los ojos, mientras James y Remus sonreían.
—Tal vez está en una de esas escaleras muggles —dijo James con amabilidad.
—O quizás está en la sección de primates en el zoológico de la ciudad y encontró a su hermano perdido allí —dijo Lily inexpresivamente.
—¡Estoy en una cárcel muggle! —exclamó Sirius con felicidad, hubo un silencio ominoso después de eso.
Fue roto por los sonidos estrangulados de Remus asfixiándose.
—¡¿QUÉ?!
—Lo sé, ¿no es fantástico? —preguntó Sirius, obviamente tomando incorrectamente el tono de la voz de Remus como entusiasmo. No ayudaba el hecho de que James se había caído al suelo riendo histéricamente mientras gritaba "¡Brillante" entre risas incontrolables.
—Siempre quise ver los interiores de este lugar —continuó Sirius—. Y los chicos son realmente amables aquí. ¡Tienen esposas, las reales! ¡Necesito conseguir un par para nosotros! ¡Será tan pervertido! ¡Creo que puedo engatusar a uno para que me deje llevarme una! Y estaba este tipo que…
—Sirius, ¿qué carajos estás haciendo en la cárcel? —interrumpió Remus, en una mezcla de sorpresa y furia.
Sirius se quedó callado por un par de segundos, y Lily tuvo otra imagen mental de él encogiéndose y mirando sus pies con vergüenza.
—Bueno, Lily dijo que debería comprarte un regalo para hoy —dijo rápidamente, tratando de evitar explicaciones embarazosas y llegar a la parte divertida—. Y vi estos chocolates cuando volvía a casa del trabajo. Esos que tu abuela solía mandarte sólo en ocasiones especiales; sé lo mucho que te gustan. Pero no tenía nada de dinero de papel encima, así que sólo le entregué un par de galeones a la cajera y le dije que podría cambiarlos cuando quiera, y empezamos una especie de pelea. ¡Esa zorra ingrata, después de pagarle mucho más del precio, llamó a la policía y me culpó de asalto!
Hubo un fuerte pitido al fondo que advertía que pronto su llamada llegaba a su fin.
—Oye, amigo, ¿tienes cambio? —preguntó Sirius a alguien que Lily sospechó que era el "molesto" que lo estaba vigilando. Sintió lástima por él—. Vamos, no he terminado de hablar. ¡Oh, jódete! Así que después —resumió Sirius su historia a un boquiabierto Remus a un ritmo incluso más rápido—. De alguna forma u otra, el tema de mi motocicleta salió a la luz y bueno… No tengo exactamente una licencia… muggle o mágica… así que me trajeron aquí y me dijeron que tengo una llamada para hacer y ninguno de nosotros tiene teléfono excepto Cornamenta, ¡así que llamé!
Remus se golpeó la frente y James prácticamente estaba teniendo un ataque de convulsiones ahora.
—Canuto, vamos a sacarte, ¿está bien? Siéntate y no hagas…
El teléfono hizo clic.
—... nada estúpido.
Remus se fijó en Lily, su expresión lista para matar.
—Tú vas a pagar la fianza, y a ti te voy a asesinar ni bien regresemos —advirtió con anticipación antes de arrastrar a James por el piso de los brazos y marcharse.
XxxxX
Muchos encuentran difícil de creer que el Oficial Shyam, a la edad de cuarenta y cuatro años, tenga una memoria excelente. Recordaba casi todos sus carceleros y a muchas personas que habían ido a la estación. También recordaba a la mujer de cabellera roja que había venido el año pasado, desconsolada buscando a un amigo quien ahora se encontraba a su lado junto a otro hombre (quien se presentó como James Potter), quien parecía estar teniendo problemas en mantener el rostro serio. Eso o es que estaba terriblemente constipado.
Ahora, si le hubieran dicho al oficial Shyam el año pasado que personas como aquella pelirroja y el Sr. Lupin (recordaba su nombre) estaban relacionados con alguien como Sirius Black, se hubiera reído en tu cara. Hoy, sin embargo, parecía que Black estaba causando la gran mayoría de las risas, pues trataba al muy bien mantenido (según el Primer Ministro) sistema de justicia como a un paseo en un parque de diversiones.
—Oficial, ¿cree que podamos hablar en privado?
Shyam desvió su mirada de Black para mirar a Potter y Lupin de pie allí, mostrándose ligeramente indecisos. Asintió, alejándose un poco del resto de los hombres y mirando con expectativa a Potter y Lupin.
—Ehm, puede que haya escuchado a Sirius decir algunas cosas ridículas —empezó Potter, y Shyam tuvo que soltar un bufido por la obviedad del milenio—. No nos gusta hablar mucho sobre el tema, pero mi hermano…
—¿Tu hermano? ¿En serio?
Aparte del cabello negro, Potter y Black no se parecían en nada. Si eso fuera la suficiente evidencia, entonces Shyam podría haber sido hasta el padre.
—¿Y supongo que el Sr. Lupin también es tu otro hermano?
Potter frunció el ceño y miró a Lupin.
—Sirius es en realidad mi primo, pero es parte de mi familia, ya sabe. Crecimos juntos como hermanos —explicó Potter con los ojos firmes y claramente diciendo la verdad, así que Shyam dejó el asunto de lado—. Remus es nuestro… enfermero.
Lupin empezó a toser, pero Potter continuó, inclinándose más cerca a Shyam con complicidad.
—Sirius delira un poco gran parte del tiempo. Tiene una imaginación demente y un sentido retorcido de… casi todo.
—Entonces, la verdad es que no debería tomar nada de lo que dijo en serio —finalizó Lupin cuando terminó de toser. Era la primera vez que Shyam había escuchado hablar al muchacho desde que habían entrado, y estaba sorprendido de descubrir que Lupin sonaba muy calmo y tranquilo para ser un chico que había estado lo suficientemente consternado como para escaparse hace sólo un año. Definitivamente no sonaba como alguien que se cortaría las muñecas, pero la sangre que manchaba el trapo que estaba amarrado con fuerza alrededor de su mano decía otra cosa. Puede que haya sido también un simple accidente, razonó Shyam. Potter puede que tuviera razón, incluso aunque Lupin no tuviera mucha pinta de enfermero. Aún así, su preocupación por Black se veía en su expresión que era una mezcla de querer asesinarlo y amarlo.
Shyam volvió su mirada hacia Black de nuevo, quien estaba ignorando a la Sra. Potter, quien lo regañaba por hablar con la otra oficial llamada Paula Yates. Sirius estaba preguntándole dónde es que estaban las donas.
—Black parece estar un poco desorientado —admitió Shyam a Potter, quien abruptamente volvió a tener la misma expresión de constipación. ¿Tal vez esa era su expresión de ira o desaprobación? ¿Tal vez Shyam lo había ofendido de alguna manera?—. Deberías vigilarlo un poco más —sugirió a Lupin tan gentil como pudo para no causarle molestia.
Lupin sonrió con sinceridad.
—Lo haré.
—Y deberá renovar la licencia de su motocicleta antes de la próxima semana o quedará confiscada, ¿está claro?
Potter le dio una palmada a Lupin en la espalda, quien miró con melancolía hacia la ventana, posiblemente a la motocicleta. Por alguna razón, la brillante moto negra no encajaba para nada con la personalidad de Lupin. Shyam no podía siquiera imaginar al muchacho pasar hora tras hora encerando la gran motocicleta hasta que brillara lo suficiente como para dejar a alguien ciego.
—Sí, señor. Tendremos más cuidado con Sirius de ahora en adelante, lo prometo.
—Vayan entonces, llévenlo a casa —dijo Shyam resignado, inseguro de cómo reaccionar cuando Black trató de agarrar la caja de chocolates que había robado de la tienda y recibió un golpe en la mano de la Sra. Potter en respuesta.
Sería un alivio librarse de Black. Shyam estaba honestamente cansando de que Black lo llamara "Inspector Jack Regan" a cada rato.
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—¿Cómo te cortaste la mano, Lunático? —escuchó Lily a Sirius preguntar cuando todos se dirigieron hacia la mesa que habían reservado para cenar—. Y no trates de negarlo. Puede que esté curada ahora, pero la vi en la estación.
James se tensó al lado de Lily, peor Remus mantuvo su rostro impasible.
—Fue un accidente. Lily estaba haciéndome cortar vegetales para el almuerzo de mañana.
—Y tu muñeca te pareció una lechuga, ¿no? —preguntó Sirius, alzando una ceja,
Lily se preguntó cómo reaccionaría Sirius si se enterara de que James cortó la muñeca de Remus sólo por el bien de un experimento; el muchacho de cabellos negros podía ser extremadamente posesivo y todo lo que incluía a Remus era mucho más susceptible.
—Aquí estamos —dijo Lily, esperando desviar la atención de Sirius. Se sentó en la silla de la derecha, frente a James y al lado de Sirius—. Se siente incompleto sin Peter, ¿no lo creen? —dijo Lily, acomodándose el vestido y mirando con tristeza la entrada del restaurante.
James se encogió de hombros.
—Es esa perra que se busco; queriendo pasar todo el tiempo con él a solas y demás. Dejar a sus mejores amigos por una mujer, honestamente, yo nunca hice eso contigo, Lily.
—No, tú solo hablabas sobre ella las veinticuatro horas del día hasta volvernos locos —respondió Sirius casualmente—. La verdad es que hubiera preferido que nos dejaras.
—No es solamente hoy día —continuó Lily, ignorando las miradas asesinas que Sirius y James compartían—. Parece estar volviéndose distante, ¿no lo creen? Quiero decir, ya sé que nos visita siempre que puede, pero ya no parece ser él mismo. Es decir, parece asustado siempre, todo el tiempo.
Sirius hizo a un lado su comentario con un movimiento de su mano.
—Colagusano siempre ha estado con un temor constante desde el día en que nació. Está en su naturaleza.
—Sólo estás viendo de más en cosas normales, amor —aseguró James con una sonrisa—. Relájate. Es San Valentín. Disfruta de mi eterno amor y atención.
Sirius se burló.
—Hm —respondió Lily sin comprometerse—. Sabes —continuó pensativamente, jugueteando con sus cubiertos. Deseaba que el mesero se apresurara en atender su mesa; su estómago estaba gruñendo dolorosamente por el hambre—. James nunca me contó como es que ustedes dos empezaron a estar juntos. Quiero decir, todo el mundo conoce nuestra historia, pero ¿cuál es la suya?
Remus miró a Sirius, quien se encogió de hombros.
—No creo que tengamos una —respondió Remus lentamente, mostrándose casi confundido.
Lily rodó sus ojos, exasperada en la falta de imaginación de los muchachos.
—Todo el mundo tiene una historia, Remus, sólo necesitas aferrarte a los detalles. ¿Cuándo fue que ustedes se sintieron atraídos el uno al otro?
Remus y Sirius parpadearon, y James bufó.
—Lo que deberías preguntar, mi querida Lily, es cuando es que estos dos no se sintieron atraídos entre sí —dijo James con un aire de superioridad—. Canuto estaba obsesivamente enamorado de Lunático incluso cuando estábamos en primer año.
—¡No es verdad! —respondió Sirius, poniéndose de pie abruptamente. Su rostro enrojecido por la vergüenza cuando notó que varias personas volvían la mirada hacia la mesa para ver de qué se trataba el escándalo. Se volvió a sentar
—¡Sí lo es, no lo niegues! —respondió James en voz baja—. ¡Recuerdo que siempre lo seguías y tratabas de hacerle bromas sólo para que se fijara en ti! ¡Colagusano y yo lo veíamos venir desde siempre!
Sirius farfulló indignado y Remus agachó la cabeza, escondiendo una sonrisa.
James se volvió hacia Remus.
—Y tú, Lunático, siempre sintiendo a Sirius cuando estaba cerca y siempre defendiendolo. ¡Lo hubieras defendido hasta de un asesinato!
—Los hubiera defendido a cualquiera de ustedes de un asesinato —respondió Remus a la defensiva—. Y creo que lo he hecho muchas veces también. Los quiero a todos igual, muchas gracias.
—Está bien, no peleen en la mesa de la cena —intervino Lily, colocando sus brazos entre ambos muchachos—. Haré otra pregunta, ¿está bien? ¿Cómo fue el primer beso? ¿Fue romántico?
—Lunático estaba tratando de arrojarme por la Torre de Gryffindor, así que lo besé —dijo Sirius sonriendo, guiñándole un ojo a Remus—. Fue divertido.
Remus apuñaló la mesa con su tenedor de mal humor.
—Me hiciste enfadar.
Sirius alzó una ceja.
—¿Y eso justifica que estabas tratando de matarme, no?
—Oye, ¿cómo es que yo no sabía eso? —preguntó James con petulancia, mirando a sus amigos—. ¡Creí que sabía todo lo que sucedió entre ustedes dos!
—Estabas dormido o algo, no lo sé —dijo Remus quitándole importancia—. Y no estaba tratando de matarte, Canuto, estaba amenazándote.
Sirius bufó con burla.
—Mentiras, puras mentiras, Lily, no creas ninguna palabra que diga. Nuestro Lunático es casi como un animal —dijo señalando un gran moretón que estaba en la parte interna de su brazo derecho—. Ves, esto lo hizo él.
Remus frunció el ceño.
—Canuto, ese moretón te lo hiciste la semana pasada con la motocicleta.
—Bueno, no lo tendría si hubieras cerrado la boca y dejado que me concentre. Siempre me estás diciendo que gire a la derecha y a la izquierda y…
—¡Y que no te estrelles contra el suelo y te rompas el cuello, bastardo! ¡Si no fuera por mí, ni siquiera hubieras recuperado esa moto hoy! Cornamenta dijo que yo era tu enfermero, ¿lo sabías? ¡Enfermero! Por…
Lily miró desesperadamente a James, buscando ayuda. Esperaba no ser la razón por la cual terminaran peleando el día de San Valentín.
Su esposo simplemente sonrió y alzó una ceja.
—Deberías saber, amor, que es por esto que nunca hablamos sobre la relación de Sirius y Remus —explicó James señalando a sus dos amigos quienes ahora discutían sobre quién pateaba más a quien en la cama—. Es letal.
Lily rodó sus ojos.
—¡Oh, callen, escuchen ustedes dos, discuten como un matrimonio de ancianos!
Las bocas de Sirius y Remus se cerraron con fuerza inmediatamente al escuchar el comentario.
—¡Ya son casi cinco años juntos y ustedes dos ni siquiera saben cómo es que empezaron a estar juntos!
—Pft, por supuesto que sabemos esa parte —dijo Sirius despreocupadamente—. Lunático y yo follamos el día que me escapé de casa.
—Luego Canuto se enojó cuando lo rechace y se cortó a sí mismo con el espejo del baño —continuó Remus, sonriendo ensoñadoramente, como si aquello fuera la mejor cosa que hubiera sucedido. Era eso o es que podía oler el filete que la mesa del lado estaba comiendo.
Sirius sonrió, descansando su cabeza contra una mano.
—Hice que Lunático se cagara encima del miedo, por supuesto, y se dio cuenta de lo maravilloso, guapo e irresistible que soy.
—También se dio cuenta que Canuto era lo suficientemente estúpido como para suicidarse en esa situación —dijo James con sorna, rodando los ojos al ver las miradas enamoradizas que sus amigos se daban el uno al otro.
Sirius asintió.
—Así que decidimos que la mejor solución a todo era dormir juntos de vez en cuando.
Le lanzó un beso a Remus, Desafortunadamente, la mesera detrás de ellos pensó que era para ella y se tropezó con sus propios pies, mandando su bandeja llena de vasos al suelo.
—Y continuamos haciéndolo porque un terapeuta es demasiado costoso para cualquiera de los dos —finalizó Remus, haciéndole un gesto impaciente a un mesero cercano—. Fin.
Lily se golpeó su frente. Por el rabillo de sus ojos pudo ver a su esposo reír y golpear a Remus en la espalda. James la miró y pronunció sin sonido la palabra "letal".
—Siento haber preguntado —gruñó Lily. Notó que las expresiones de ensueño de Sirius y Remus no flaquearon en ningún momento, y que de hecho, se estaban mirando el uno al otro con amor. Se dio cuenta con completo descontento y ligero disgusto que nunca comprendería a aquellos dos y a su esposo.
—La verdad que creo que son bastante románticos —dijo James con picardía—. Oh, y Canuto, esas son mías. Las bolas de Lunático están ligeramente más a la izquierda.
Remus se ahogó con su propia saliva y Lily escuchó a Sirius hacer un sonido de asco mientras se limpiaba con furia contra su asiento.
—¿Puedo tomarles su orden, por favor?
XxxxX
Sirius y Remus llegaron a su apartamento con los labios unidos y las manos revoloteando para tocar toda la piel que pudieran a través de la ropa. Remus sintió su espalda golpearse contra la pared, e hizo una mueca de dolor momentánea antes de perderse en el toque de los labios de Sirius contra su cuello.
—Dios, ¿tienes alguna idea de lo que me has estado haciendo esta noche? —murmuró Sirius contra la piel de Remus, mordiéndola con la suficiente fuerza para dejar una marca—. Volviéndome jodidamente loco.
Buscó a tientas el cinturón de Remus, gruñendo con fuerza cuando se complicó sacarlo. Sirius bajó los pantalones de Remus, revelando las largas y delgadas piernas y el bulto en los calzoncillos de Remus.
—Ni siquiera… podía hacer algo al respecto… en frente de Cornamenta y Lily.
Sirius agarró las caderas de Remus con fuerza, levantándolas de tal forma que aquellas hermosas piernas largas se vieran obligadas a envolverse alrededor de su cintura.
—Canuto, espera… —protestó Remus débilmente, echando su cabeza hacia atrás y gruñendo cuando colisionó dolorosamente contra la pared.
—No —dijo Sirius entre besos, mientras le sacaba el suéter a Remus—. He esperado suficiente. Te quiero AHORA.
—Canuto, vamos. ¡Canuto!
Remus agarró a Sirius de las muñecas, deteniéndolo con éxito.
—Déjame bajar, ¿sí? Tengo algo para ti.
Sirius, quien había considerado la cacería de sus manos como un estímulo para poner su boca a todo dar, se detuvo y alzó una ceja.
—¿Tienes un regalo para mí?
Remus sonrió.
—No tanto así. Sólo es algo pequeño por San Valentín, supongo. Quiero decir… es la primera vez que lo celebramos, ¿verdad?
Sirius musitó, dejando que Remus se bajara de sus brazos con indecisión, y sintiéndose ridiculamente vacío por hacerlo. Parte de lo que sentía también era culpa por no haberle conseguido algo a Remus en este supuesto "día especial". No era que no lo había intentado, pero solía meterse en problemas y causar lío en cada lugar que iba. Además, Lily pudo haber sido un poco más específica sobre qué es lo que se suponía que se le regala a un "novio" en San Valentín. No era como si Sirius pudiera regalarle joyas a Remus.
Sirius pudo escuchar a Remus rebuscar en las alacenas y el tintineo de botellas de cerveza cuando el refrigerador se abrió y cerró. Suspiró, bajando la mirada a su entrepierna y comparando a como se veía sólo hace unos segundos.
—Sabes, Lunático, estás matando las ganas aquí.
—Feliz San Valentín —dijo Remus cuando volvió con un pequeño pastel con forma de corazón. Mientras se acercaba, Sirius pudo ver que la parte de arriba estaba decorada con glaseado de vainilla con las palabras "Para Canuto" escritas en una sinuosa caligrafía y con un par de corazones distorsionados dibujados con rapidez a los costados. A uno de los corazones Remus lo había perforado con una vela y toda la cosa se veía más como un…
Sirius tosió.
—Es bastante rojo —comentó, no seguro de que decir cuando Remus se sentó a su lado con el pastel en su regazo.
—Lo sé —respondió Remus, lamiendo el glaseado de su dedo.
Sirius lo observó, fascinado por un momento antes de volver a la realidad.
—Lily te obligó a comprarlo, ¿verdad?
Remus se frotó el cuello, sonriendo con vergüenza.
—Sí. En realidad me arrastró de la cama para ir a comprarlo. Encuentra difícil de creer que nunca hayamos celebrado San Valentín antes.
Sirius se encogió de hombros, soplando la vela.
—No es como si pudiéramos caminar por Hogsmeade de la mano. Además, siempre pensé que era un poco tonto, incluso cuando salía con esas chicas ridículas.
—Yo aún creo que es ridículo —dijo Remus pasando su dedo índice por el pastel y poniéndolo en su boca—. No es de chocolate, pero aún así está bueno. Deberíamos dejar que Lily escoja nuestros pasteles más seguido.
Sirius sonrió, sosteniendo el brazo derecho de Remus y besando su palma.
—Siento que mi regalo no salió bien. Sé lo mucho que amas esos chocolates.
—Es la intención lo que cuenta —respondió Remus, cerrando sus ojos un poco cuando Sirius besó más arriba de su brazo.
—No lo dices en serio.
—No, la verdad es que no. Realmente amo esos chocolates.
Sirius lo golpeó ligeramente.
—¡Cabrón! Podrías haberlos tenido si me hubieras dejado sacarlos de la estación. Ninguno de esos oficiales muggles no estaban viendo. Apuesto que ahora se los están comiendo, disfrutando la suave, cremosa y rica textura…
Sirius se encontró a sí mismo escupiendo crema cuando Remus le estrelló un puñado de pastel en el rostro.
—¡Bastardo!
Remus rió, evadiendo el intento de Sirius de llenarlo de pastel y terminando siendo golpeado en el cuello.
—¿Crees que es gracioso, no? —preguntó Sirius, moviendo sus cejas peligrosamente antes de lanzarse encima de su amado. El pastel quedó olvidado en el sofá cuando ambos chicos quedaron acostados, Sirius alzando una mano y sosteniendo ambas muñecas de Remus sobre su cabeza. Lamió el pastel del cuello de Remus con un simple movimiento de su lengua—. Mm… sabe mejor así. Pastel de Lunático.
Sirius se rió de su propia broma.
Remus se burló mientras forcejeaba el agarre de Sirius.
—No fue mi primera opción como regalo, ¿sabes?
—¿No?
—No. Mi primera opción fue sin Lily, pero luego vio lo que compré y tuvo un ataque histérico.
—¿De esos que su rostro se vuelve del mismo color que su cabello? —preguntó Sirius, dejando que Remus se sentara debajo suyo.
—No de los otros…
Sirius dejó escapar un ladrido de risa.
—¿Entonces cuál?
—Bueno, fui obligado a un sermón de tres horas de que era un novio inconsiderado, de que no tenía sentido de qué regalar en absoluto, y de que cómo podía considerar que eso era romántico, y de porqué querría darte algo como eso el día de San Valentín, así y más. Aparentemente, mi regalo apesta.
Sirius frunció el ceño con desagrado.
—¿Me conseguiste medias o algo así? Suena espantoso.
Remus se encogió de hombros.
—Dejaré que lo decidas tú.
Diciendo eso, buscó su varita en el bolsillo de su camisa y convocó un paquete negro del dormitorio.
—Vamos, adelante, abrelo.
Cuando Sirius se mostró indeciso, le dio un ligero empujón con su pie.
—Es lo mínimo que puedes hacer después de no conseguirme un regalo.
Sirius abrió el paquete con cuidado con la punta de sus dedos. Sus ojos se abrieron cómicamente cuando el paquete reveló un collar de cuero con tachas plateadas.
—¡Lunático, mocoso pervertido! Y pensar que siempre creí que tú eras el inocente.
El collar era tan delgado como un dedo y cuando Remus ayudó a que Sirius se lo pusiera, apenas era visible por debajo de su camiseta.
Sirius jadeó cuando Remus puso un dedo por debajo del collar y tiró ligeramente.
—Ves, no creo que apeste en absoluto.
Tiró de nuevo, acercando su rostro cerca, de tal forma que prácticamente compartían el oxígeno.
—Pensé mucho en ti cuando lo compré.
Sirius sonrió de lado, pasando un dedo por encima de los labios de Remus.
—Los pensamientos son inútiles si no se ponen en acción.
