Parte 37
—mientras Saeko hablaba los hermanos Daratrazanof llegaron. los cuatro, altos, de aspecto imponente, oscuros cabellos negros recogidos hacia atrás con tiras de cuero, las caras cortadas con el mismo molde clásico, anchos hombros, amplios pechos, caderas estrechas, la postura fuerte de un guerrero y movimientos gráciles y fluídos, Takeda, el hermano más joven, tan experimentado en batalla como el mayor, inteligente, astuto, capaz de hacer lo imposible, tenía los ojos oscuros de la raza de los Cárpatos y la mueca sebera que viene después de saber demasiado de la muerte, junto a el estaban Lucian y Gabriel, los gemelos legendarios que avían cazado y luchado por los Cárpatos. Gabriel esbozó una sonrisa al estrechar el brazo con Natsuki, Lucian y Takeda permanecieron inexpresivos aunque sus ojos tuvieron genuino calor cuando saludaron a su princesa.
La menuda mujer bajo el brazo de Lucian era su compañera Jacson, la cara de duendecillo, el cabello corto de color rubio platino, agudos ojos oscuros, avía sido policía, tal vez aún lo era pero ahora cazaba al vampiro junto a su compañero. Natsuki discrepaba violentamente con la idea moderna de que sus compañeras, aún las entrenadas y con habilidades para la lucha debían exponerse al peligro, pero Jacson no era su mujer. Ella pertenecía a Lucian, su guerrero más legendario y aún así él le permitía luchar a su lado.
Quizás fuera sutil arrogancia por parte del guerrero, confianza en que podía proteger a su compañera de cualquier peligro, pero Natsuki sentía que ella debía ser mantenida lejos de la vil criatura que era el no muerto. Las mujeres debían ser protegidas y apreciadas no puestas en peligro en un campo de batalla.
Un cazador no podía estar preocupado por la protección de una compañera cuando combatía al vampiro. En tiempos antiguos la mayoría de los compañeros abandonaban totalmente la caza, en ves de arriesgarse totalmente a la muerte para ambos, esto era una de las manzanas de la discordia principales entre los Kuga y los hermanos Tomoe y su abuelo.
Incluso entonces sus índices de natalidad avían ido disminullendo, ninguno de ellos avía creído que debieran permitir a sus compañeras luchar cuando ellas no portaban la ventaja que ellos tenían. No la fuerza, si no la oscuridad en si misma.
Natsuki ocultó sus verdaderos sentimientos detrás de una tranquila máscara mientras saludaba al cuarto Daratrazanof, Grégori segundo en la jerarquía después de Saeko, el hombre sin piedad en lo que se refería a los enemigos de la princesa, era un guardia feroz aunque conocido en todas partes como el curandero más dotado entre los Cárpatos, en ves de los brillantes ojos de ocsidiana de sus hermanos, él tenía relucientes ojos plateados que sopesaban y juzgaban a un hombre, parecía alto y sano, para nada pálido tras luchar por salvar a un humano de los parásitos —gracias por lo que hiciste esta noche por el amigo de Shizuka —dijo Natsuki —¿Cómo se encuentra? —un seño atravesó la cara de shizuru al darse cuenta de que la conversación otra vez se abocaba a la compañera de su Natsuki quien avía llegado para apartarla de su lado —hice todo lo posible por librar su cuerpo de los parásitos, pero cuanto daño hicieron es algo que no puedo decir, deseo una recuperación completa pero no la espero… su hermano se quedo con el y la propietaria de la posada lo vigilara de vez en cuando. Si necesita ayuda ella llamara —Grégori miro alrededor y se topo con los ojos rojizos de Shizuru — y ¿esta jovencita?. —es mi compañera —Nao se colocó protectoramente delante de Shizuru —bueno es un placer conocerla señorita… usted tiene un parecido a la compañera de Natsuki — de inmediato todas las miradas de los recién llegados se posaron en Shizuru quien se aferro de forma inconsciente al brazo de Natsuki —mi compañera es única —Nao la jaló hacia sí de forma protectora —nadie dijo lo contrario —la voz de Saeko se dejo oír por toda la caverna deteniendo la eminente pelea.
