Chapter 35:
A pesar de lo fúnebres que eran sus pensamientos, le sonrió: Tom había sido su maestro durante esos seis meses, enseñándole magia oscura, cómo protegerse y muchas cosas más que pondría en práctica en el momento en que los Merodeadores volvieran a atacarle.
Severus estaba completamente seguro de su destino, y del de Tom: ambos se pasaban horas inmersos en libros de magia negra, sacados de contrabando de la sección prohibida. Y los ojos de Tom le gritaban a leguas una sola palabra: Voldemort.
La mano de Tom aferró la suya, e incinerando sádicamente el avión de papel, le levantó, llevándole a la habitación compartida, sin importarle las miradas extrañadas de las pocas personas que se encontraban en la Sala Común a esas horas.
Tom cerró la puerta sin hacer ruido, con una sonrisa pícara en los labios, que fue totalmente correspondida por Severus. Y tomando el libro de éste, lo aventó lejos de la cama que ambos compartían, mientras violaba su boca con gentileza. El moreno se dejó hacer, moviendo a su compañero hasta el lecho, donde ambos cayeron mientras se besaban.
Las prendas desaparecieron de sus cuerpos con inusitada rapidez, siendo reemplazadas por sus lenguas traviesas y sus manos juguetonas. La boca de Severus bajó lentamente hasta la abultada erección de su pareja, y comenzó a trazar gruesas líneas de saliva por el tronco de su pene, desde la base a la cabeza. Tom gimió de satisfacción, y dio la vuelta a la situación.
Sus brazos apresaron a Snape bajo su cuerpo, y le abrió las piernas con delicadeza, mientras se untaba los dedos en aceite convocado mágicamente. Deslizó varias veces el índice por la abertura del muchacho, que gimió quedamente como protesta, y finalmente, introdujo dos de golpe.
Severus aulló, arqueando su espalda; aquello se sentía tan bien. Dejó que le lubricara con paciencia, soltando pequeños gemidos cuando tocaba algún punto en especial de su cuerpo. Y, finalmente, se introdujo en su cuerpo resbaladizo, llegando hasta el final.
Ambos adolescentes comenzaron a danzar, uno encima de otro, entrando y saliendo con rapidez, hasta que llegaron los dos al orgasmo con un gemido ronco y prolongado. Tom se tumbó a su lado, abrazándole con una sonrisa en los labios, y por un rato se quedaron callados, hasta que Severus preguntó en un susurro:
- Tom… cuando yo me vaya… ¿Me esperarás?
- Por supuesto, Sev. ¿Es eso lo que te preocupaba antes?- preguntó a su vez Tom, mirando su rostro ovalado. Mordiéndose el labio inferior, Severus murmuró como única respuesta:
- Es que… me dejarás de querer cuando te enseñe cómo soy en realidad.- tras unos segundos de silencio, Tom rió en voz baja, mientras le estrechaba entre sus brazos.
- Da igual cómo seas, Sev, yo te seguiré queriendo, pase lo que pase.- las mejillas del aludido se tornaron en un adorable color rojo, mientras le besaba tímidamente.
- Gracias, Tom.- murmuró, media hora después, cuando el muchacho de cabellos castaños cerró los ojos. Y Severus se durmió junto a él, abrazándole como si no hubiera un mañana. Porque llegaría el día en que aquello sería verdad.
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Severus se miró en el espejo del hotel en el que se había asentado, después de terminar el año escolar, hacía poco menos de una semana. El reflejo de un muchacho de piel cetrina, con una nariz torcida y los ojos oscuros le parecía todavía una ilusión.
Hacía unas horas que había tomado la poción, el filtro de las apariencias. Tom estaba dormido en la cama matrimonial, según pudo comprobar por el espejo. Su cuerpo había empezado a perder masa corporal, y la ropa le venía ya ancha, más que a su otra apariencia. Con cuidado, se tocó la mejilla, pasó sus dedos por su nariz, y finalmente, los posó sobre su cabello grasiento.
Resopló, antes de levantarse la camisa: la cicatriz que su padre le hiciera hacia ya tiempo continuaba allí, marcando su cuerpo. Suspiró con desaliento, antes de volver a poner la ropa en su sitio. Ahora vería si sus palabras eran ciertas, o solamente un sarta de patrañas.
Tocó en su hombro con delicadeza, y cuando se giró hacia él, desperezándose, se retiró, dejándole espacio. Tom se sentó en la cama y le miró, ya sin el velo del sueño en sus ojos. Severus observó con miedo como le escaneaba con la mirada, pasándola por su cuerpo, y deseó ver en sus ojos la aceptación.
- Tom…- empezó a decir, cuando su inexpresiva mirada cayó sobre sus oscuros ojos. Se revolvió incómodo en su sitio, mientras la mano de Tom se alzaba, pidiendo silencio. Lentamente se levantó de la cama y se acercó hasta él.
Severus le observó, a pulgadas de su rostro. La mano de Tom se alzó, y con suma delicadeza tocó su mejilla, allí donde minutos antes el muchacho de cabellos oscuros había tocado. Bajó su mano por su cuello, esbozando una sonrisa sincera, y la volvió a subir hasta el nacimiento de su cabello grasiento y negro como el carbón.
- Sigues siendo tú.- escondió su rostro en el cuello de Severus, y aspiró lentamente su aroma; seguía siendo igual, seguía oliendo a laboratorio, a cerrado.- Sigues oliendo igual.
Sus labios se unieron con delicadeza a los de Tom, mientras éste le llevaba a la cama. Y, por unos minutos, Tom se dedicó a mimarle, a recorrer cada una de sus cicatrices con los labios, a hacerle sentirse querido. Consumaron su unión en una marea revuelta de brazos y piernas, y ambos se quedaron callados, tumbados en la cama. Era la hora de irse,- pensó Severus, con tristeza.
N/A: ya ha llegado el final!
